relaciones entre víctimas y victimarios

fuente:http://www.clarin.com/diario/2004/11/17/conexiones/t-870134.htm
Expuesto a situaciones límites, el instinto de supervivencia lleva al ser humano a recurrir a impensadas formas de preservar su vida: desarrollar lazos de afecto con aquel que la amenaza es una de ellas.

Síndrome de Estocolmo:
en 1973, la imagen de un hombre y una mujer besándose conmovió al mundo. La fotografía no hubiera causado sensación si no fuera porque fue captada durante la liberación de la toma de rehenes en un banco de Estocolmo, Suecia; y tuvo como protagonistas a Kristin y Olafson, secuestrada y secuestrador respectivamente. Tiempo más tarde, la prensa dio a conocer un final de telenovela: la mujer había roto su compromiso matrimonial para unirse definitivamente a su ex captor.

Debido a este hecho, los extraños y paradójicos lazos de afecto e identificación que establecen víctimas y victimarios fueron bautizados como Síndrome de Estocolmo y así se conocen desde entonces. A nivel psicológico los especialistas lo explican como “una estrategia inconsciente de supervivencia que se da en casos de extrema indefensión”. Las guerras, dictaduras y grandes genocidios son, quizás, las situaciones límites que mejor ilustran la definición del término. Según la Licenciada Alejandra Bo de Besozzi, psicoanalista especializada en catástrofes colectivas, “en estos casos el ser humano llega a adaptarse a cualquier circunstancia en pos de preservar la vida. Ya no están en juego los valores o la ética, sino el instinto de supervivencia”.

Los psicólogos coinciden: cuando existe Síndrome de Estocolmo, el oprimido tiende a sentirse agradecido hacia su opresor porque éste le perdona la vida y termina, sin darse cuenta, identificándose con sus conductas y pensamientos.“Esta identificación tiene que ver con una situación de extremo desamparo psíquico”, explica la Licenciada Bo de Besozzi, “a nivel inconsciente, se produce una regresión al desvalimiento del nacimiento, un apego emocional a la figura del opresor para mantener la vida”. El captor toma una figura paterna: es el que da de comer, el que “cuida” y el que establece los límites. Una vez que están libres, los rehenes que pasan por este estado suelen también relativizar los hechos o justificarlos.

Para la Licenciada Mónica Dohmens, especialista en psicología jurídica y victimología y especialista en Violencia Familiar de la UBA cualquier persona puede padecer este síndrome. “Una personalidad más lábil va a estar más expuesta, pero nadie está exento porque la imposición del otro es muy fuerte. Uno queda sometido ciento por ciento a sus decisiones: mi vida o mi muerte están en sus manos”.

El concepto de Síndrome de Estocolmo se usa también para describir la situación de una mujer víctima de la violencia familiar (Síndrome de Estocolmo Doméstico, SIES-d); o para referirse a las sociedades que son víctimas – pero cómplices- de gobiernos autoritarios.

“En el ámbito doméstico, el encierro no siempre es metafórico”, asegura la Licenciada Dohmens, “incluso puede llegar a darse el cautiverio. A veces un marido golpeador encierra a su mujer con llave”. El denominado SIES-d presenta además la particularidad de darse en el seno del hogar, con actores unidos por un vínculo previo. “Pero sigue siendo una relación basada en el abuso de poder del que manda -en este caso, el marido- que es el que fija la ley, como el secuestrador en el secuestro”. La especialista resalta que en ambos casos se observan características en común: cautiverio (aún si la persona no está literalmente encerrada pide permiso para todo), dependencia emocional, sometimiento y una relación ambivalente afecto- violencia.

El victimario, por su parte, recurre a diferentes métodos para manipular a la víctima -el marido para obtener información sobre su mujer y el secuestrador para pedir dinero, ver con qué integrante de la familia le conviene hablar o ejercer presión.”

Uno de los rehenes tomados en la sucursal Flores del Banco Itaú en julio de 2001, contó públicamente que las pizzas que él y el resto de los rehenes compartieron con sus secuestradores fueron como una comida entre amigos. Ese no fue el único absurdo de las cinco horas que duró el encierro. Uno de los captores dejó salir a una chica que tenía un parcial en la Facultad y hasta se mostró preocupado porque su rehén no había estudiado. Otro integrante de la banda ofreció $100 a uno de los cautivos para pagar la cuenta del celular que le había usado y le pidió que atendiera los llamados de la madre y la tranquilizara.

Vale aclarar que los asaltantes recalcaron en todo momento que “le estaban robando al banco y no a la gente”. Incluso, de acuerdo al relato de un testigo, uno de ellos explicó que “le faltaban $3000 para terminar de construir la casita”. La Licenciada Bo de Besozzi, afirma que “en la Argentina influye, además, una identificación que tiene que ver con ‘ponerse del lado de’, porque hay una subjetividad social que vale para todos: todos nos sentimos vulnerables a la exclusión social. Esa implicancia hace que todos nos sintamos amenazados y el capturado termine hermanándose con el sentimiento de su captor”.

La identificación de la víctima también puede ser de tipo ideológico, tal como sucedió con las italianas Simona Toretta y Simona Pari, secuestradas por un grupo de iraquíes mientras desarrollaban tareas humanitarias en Bagdad, Irak. Sanas y salvas, declararon públicamente compartir las ideas de sus captores y se mostraron comprensivas con los motivos de su propio secuestro, calificado “de guante blanco” por el trato “cordial” que recibieron.

Cualquiera sea la causa del Síndrome de Estocolmo, las consecuencias son muy similares. “Muchas personas empiezan a padecer pánico o agorafobia, por miedo a que el episodio se repita”, explica la Licenciada Dohmen. Pesadillas, flashbacks, insomnio y reclusión también son comunes a quienes han vivido la experiencia de mantener un vínculo estrecho con sus victimarios. “Algunos secuestrados necesitan asistencia, pero otros no quieren hacer un tratamiento, y finalmente se recuperan” explica Dohmen. En cambio, para Bo de Besozzi “la persona se adaptó a cosas que violentan la autoestima y provocan humillación, vergüenza. Por lo que estos hechos no pueden ser narrados a nadie, excepto al terapeuta, por la valoración social negativa que implican”. En todos los casos, el tratamiento parece ser el mejor camino para evitar que los efectos postraumáticos se prolonguen en el tiempo y el patrón del vínculo se repita en situaciones futuras.

3 comentarios - relaciones entre víctimas y victimarios

@machithor
muy buen post señor. lo felicito, y le dejo mis 10 de hoy,
ademas de algunos pensamientos...

Cuantos recovecos q tiene la mente humana chamigo... es increible.
me gusto la idea de los ladrones... \"le robamos al banco y no a la gente...\" es un choreo con cierta nobleza, al fin y al cabo los bancos son CORPORACIONES y sus \"dueños\" ganan gracias a la usura, y vaya a saber cuantas otras operaciones con el sucio dinero...

Tan alejado del tipo q labura todo el dia para tener unos mangos en el bolsillo... y q la empresa de telefonia celular, o los bancos se encargan de sacarle al tipo...
o nunca putearon contra las empresas de telefono?
o porq el banco te aumento el mantenimiento de cuenta?
QUE VIDA PUTA QUE LO RE PARIO...
@MarianoLucas
machithor dijo:muy buen post señor. lo felicito, y le dejo mis 10 de hoy,
ademas de algunos pensamientos...

Cuantos recovecos q tiene la mente humana chamigo... es increible.
me gusto la idea de los ladrones... \"le robamos al banco y no a la gente...\" es un choreo con cierta nobleza, al fin y al cabo los bancos son CORPORACIONES y sus \"dueños\" ganan gracias a la usura, y vaya a saber cuantas otras operaciones con el sucio dinero...

Tan alejado del tipo q labura todo el dia para tener unos mangos en el bolsillo... y q la empresa de telefonia celular, o los bancos se encargan de sacarle al tipo...
o nunca putearon contra las empresas de telefono?
o porq el banco te aumento el mantenimiento de cuenta?
QUE VIDA PUTA QUE LO RE PARIO...


jajajaja TENES TOOODA LA RAZÓN, LA PUTA MADRE