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Sólo un bajo porcentaje de Femicidas tiene una patología

María Eva Sanz: sólo un bajo porcentaje de los femicidas tiene una patología


Sólo un bajo porcentaje de Femicidas tiene una patología

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Casi todos los golpeadores son hombres “comunes” que inician una escalada a la que no saben ponerle freno, dice la especialista.

Cada vez que un hombre asesina a la mujer que fue su esposa o su pareja, suelen escucharse comentarios del tipo “debe estar loco” o “debe estar enfermo”. 
Para la especialista en masculinidades con problemas de violencia de género, María Eva Sanz, sólo un bajo porcentaje de los femicidas tiene patologías como las que les atribuye el común de la gente.
 
En diálogo, Sanz dijo que “el número de femicidas que tienen una situación psicopática, esos hombres de los que la gente dice ‘están locos’ o ‘están enfermos’, es bajo. En la mayoría de los casos, los protagonistas son hombres comunes con algún aprendizaje disfuncional, que entraron en una escalada de violencia a la que no le ponen un freno, y que terminaron asesinando a la persona que probablemente querían”.
 
  La especialista bonaerense lidera el grupo de trabajo que desde hace algunas semanas fue contactado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Provincia de Córdoba y por la Secretaría de Lucha contra la Violencia a la Mujer y Trata de Personas para que elaboraran una propuesta de tratamiento específico para los 72 femicidas que albergan las cárceles locales.
 
 
Con experiencia de 18 años de trabajo en cárceles federales, Sanz reiteró: “Lo de que los femicidas son ‘enfermos’ es parte del mito, de las creencias erróneas”.
 
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–¿Por qué, entonces, un “hombre común” puede llegar a matar a su pareja?
–La conducta violenta tiene que ver con una construcción con múltiples causas: causas en el microsistema que incluye las relaciones familiares, los modelos de masculinidad, lo que le ha pasado en la vida al varón violento: cómo piensa, cómo siente, cómo actúa y cómo se relaciona con los demás. También hay causas en el exosistema: qué instituciones participaron en la vida de esa persona para que se así: escuela, Estado, trabajo, medios de comunicación, sus creencias religiosas. Y también en el macrosistema, es decir, en la cultura, en la historia y en la política; lo que determina qué es ser “un buen hombre”, cómo debe ser un buen padre, cómo debe ser la relación de pareja.
 
–Una persona violenta con todo ese aprendizaje disfuncional, ¿puede cambiar?
–Sí. Sí pueden cambiar. Y en eso trabajamos. Porque muchas conductas disfuncionales las aprendió, y como las aprendió puede desaprenderlas, sobre todo para resolver conflictos de manera distinta a lo que está acostumbrado a hacer, sin violencia, sin la carga de machismo que aprendió y sin el abuso de poder que alguien o algo le enseñó alguna vez.
 
–¿Ha visto casos concretos de hombres que eran golpeadores y dejaron de serlo?
–¡Claro! Los hombres no son todos iguales, y tampoco los que son violentos o golpeadores. Hay que ayudarles a encontrar lo que los lleva a esa violencia. Muchos tienen fallas en su socialización, y eso se trabaja. Necesitan ayuda.
 
–Y en el caso de la mujer que es víctima de violencia, ¿puede salir de ese círculo sin ayuda?
–La mujer sola no puede salir del ciclo de la violencia. Necesita las instituciones, el Estado, las vecinas, la familia. La mujer tiene que ser consciente de la situación en la que está, y poder revisar sus estereotipos tradicionales que suelen ubicarla en ese lugar de dependencia o de sumisión, en un lugar desde el que hay cosas que no se ven, como puntos ciegos donde no se ve la realidad. Es el mismo trabajo que tienen que hacer los varones: advertir los puntos ciegos en los que no se dan cuenta de la violencia.

 

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