Pescetti - Historias de los señores moc y poc

Me diran infantil pero este post es un gran recuerdo de la niñez que lo disfruten




Las enemigas naturales de la Luna
—Perdón, Poc, ¿puedo hacerle una pregunta?
—Sí.
—¿A cuánto queda la Luna?
—¿De ahí donde está parado usted o de donde estoy yo?
—A ver, déjeme pensar.
—De donde estoy yo.
—¿Quiere saber en horas o en libras esterlinas?
—Bueno, había pensado en kilos, pero me da lo mismo.
—Yo calculo que a unos quince litros.
—¿Litros por segundo o por minuto?
—Por kilo, ¿por qué?
—Estaba tratando de calcular el tamaño en relación con el Sol.
—¿Por qué le preocupa eso?
—Si la Luna se cayera, quisiera estar seguro de que lo haría en dirección al Sol y no en dirección a mi casa.
—Podríamos pensar que es la Tierra la que se va a caer encima de la Luna.
—Perdón, no entiendo el vuelco de su razonamiento.
—Siendo la Tierra más grande que la Luna, la que saldrá lastimada será ella y no la Tierra.
—Sí, pero... ¿qué pasa si yo me caigo encima de la Luna? Al ser más pequeño, ¿no seré yo el más lastimado?
—En ese caso, sí. ¿Ha notado alguna tendencia a caerse hacia arriba?
—Bueno, no es exactamente eso, pero la semana pasada me cansaba al subir tres pisos por escalera... y, ayer, subí seis pisos como si nada.
—Caramba...
—Incluso llevaba una bolsa cargada de naranjas, quizás unos tres kilos.
—¿No serán las naranjas las causantes de su ingravidez... o las que lo vuelven atractivo para la Luna?
—No lo había pensado... déjeme ir por un par y hacemos un experimento (entra en su casa).
—(Regresa con dos naranjas.) Veamos, usted debe controlar. Primero saltaré sin ninguna naranja. ¿Quiere tenerlas, por favor?
—Prefiero no hacerlo hasta no estar seguro de que ellas no son las causantes.
—Lo comprendo. Las dejaré en el suelo (deja las naranjas).
—(Da un salto.) ¿Cómo estuvo?
—Normal, diría que un salto común y corriente.
—De acuerdo, ahora veamos con una naranja (la toma).
—(Da otro salto.) ¿Y ahora?
—Bueno, no quiero asustarlo, pero casi le podría asegurar que fue un poco más alto.
—Qué terrible. Y yo, cargando naranjas como nada. Sigamos con la que falta (la toma).
—... (Da otro salto.)
—¡No puedo creerlo! Fue evidentemente más alto. Se confirma mi hipótesis.
—(Apoya una mano en el hombro del señor Poc.) Estimado amigo... le debo la vida, jamás hubiera sospechado que estaba siendo atraído por la Luna.
—¿Usted cree que a la Luna le gustan las naranjas?
—Quizás no le gusten, pero tiene poder sobre ellas.
—Tal vez las naranjas son a nosotros lo que los anzuelos a los peces.
—¡Qué horror! Si no hubiera sido por su oportuna intervención quién sabe, quizás en un par de meses, o días, ya estaría flotando, elevándome irremediablemente.
—No quiero alarmarlo, pero... ¿ha comido mucha naranja últimamente?
—Tiene razón. Sí, como postre, en jugo, en ensaladas de frutas, en mermelada, pato a la naranja, lomo de cerdo a la naranja... estoy en peligro.
—No desespere, debemos pensar algo. Tiene que haber alguna solución.
—¿Ponerme pesas en los pies? No, sería peor; por un lado, me atraería la Luna y por otro, me sostendrían las pesas. Moriría descuartizado.
—No, estaba pensando en otra cosa, debemos contrarrestar el efecto de las naranjas. Las naranjas, el color naranja en sí, usted sabe, está formado por...
—La combinación de rojo y amarillo.
—Que son colores cálidos, ¿cuál es el color frío opuesto?
—El azul.
—¡Perfecto! ¡Debe comer cosas azules!
—Nuevamente me sorprende, es brillante. Veamos, debo comer cosas azules, pero no cualquier cosa, sino frutas azules. Eso es, frutas azules... ¡Las uvas!
—Exacto. Las uvas son las enemigas naturales de la Luna.
—Por favor, acompáñeme al mercado a comprar naranj... perdón, quise decir uvas, fue un lapsus.
—No. Aún está bajo su poder y lo estará por un tiempo. Las naranjas lo tentarán de manera irresistible y sentirá que las uvas son feas o malintencionadas, sucias. Debe cuidarse.
—Tiene razón, le juro que comeré uvas aunque muera aplastado contra la Tierra.
—No, las uvas son buenas. Ellas nunca le harían eso. No permita que se filtren pensamientos negativos, ¿quiere flotar disparado hacia la Luna?
—Por supuesto que no.
—Entonces recuerde que las uvas son las enemigas naturales de la Luna. Dígalo.
—Las naranj... ¡Caramba! ¡De nuevo!
—¡Inténtelo! ¡Usted es más fuerte que las naranjas!
—(Con mucha dificultad.) Laa...as uu-vvvass... ¡Oh, siento que me hierve la sangre!



—¡Siga! ¡No se rinda!
—... Ssoonnnn lass ennemmmigggass... natturales... dddee la Luuunnaa.
—¡Bravo! Vayamos al mercado.
—¡Quiero una naranja! ¡Por favor! ¡Quiero ir a la Luna!
—No se rinda, amigo, vamos al mercado por uvas.
—¡Agh! ¡Qué asco! Pero tiene razón, vamos por uvas antes de que sea demasiado tarde.


Música
Los señores Moc y Poc son vecinos y amigos. Uno de ellos toca el violín y el otro, el piano. El señor Moc tiene un perro al que saca a pasear. Cuando el perro está cansado u ocupado en algún asunto, de todos modos el señor Moc sale, pero por otras razones.
El señor Poc coloca un plato con semillas y otro con agua, para que los pájaros coman, se bañen y beban, aunque ha ocurrido que las aves, acostumbradas a temer a los humanos, al ver eso tan confortable sospechan que se trata de una trampa, un hotel carísimo, algo así, y no quieren bajar.
Cuando los señores Moc y Poc van a un zoológico se niegan a pagar la entrada porque sería colaborar (dicen). Se detienen enfrente de cada jaula. Se ponen tristes porque sienten que es una lástima, una gran lástima. Saludan a los animales y, sin querer, se les escapan unos chorritos de amor absurdo, porque nadie supone que los animales aprecien eso, pero la lógica del amor no es la de saberse apreciado, sino que se lo deje correr por las paredes y el patio, como un perro que recibe a su dueño (los perros son maestros del amor contento). Qué más quisieran los chorros del amor que no los critiquen ni los aplaudan, porque ellos de lo que más saben es de bailar en compañía y no de que los miren con ojos de turista.
Los guardias tratan de evitar a los señores Moc y Poc. El director del zoológico hace decir que no está. Cuando se van, lo más probable es que lo hagan pensando que el zoológico es una metáfora de una parte de la vida que tendría que correr como una hormiga loca pero está enjaulada; y de esa otra parte de la vida que envidia y teme a las hormigas que corren como locas, y las enjaulan.



Plop!
Moc y Poc van a un lago, están sentados en una lancha que se está hundiendo.
—¿Me permite hacerle una pregunta?
—Sí.
—¿Todas las cosas se hunden?
—De preferencia las que están en contacto con el agua.
—Me refiero, ¿todos los barcos se hunden?
—Los que no se hunden no.
—Pero nuestra embarcación es de las que se hunden.
—Sí... debemos hacer algo.
—Propongo que averigüemos por qué se hunde.
—De acuerdo. Veamos, ¿qué otras cosas se hunden?
—Las piedras. Uno arroja una piedrita al agua, hace ¡plop! y se hunde... ¿A qué se deberá?
—¿Que haga plop?
—No, que esta embarcación se hunda igual que una piedra.
—Bueno, yo observo que nuestra barca tiene un agujero por el que entra el agua.
—La piedra que yo digo no tiene un agujero pero se hunde.
—(Piensa.)... Pero por este agujero entra agua.
—Por el agujero de la canilla también entra agua en una casa... y no por ello la casa se hunde.
—O sea que hay cosas con y sin agujeros que se hunden, y agujeros que dejan entrar el agua a cosas que se hunden o no.
—Veamos otro ejemplo.
—A mí una vez se me cayó un reloj y también hizo plop.
—No, ejemplos de cosas que se hundan aunque no hagan plop.
—Mi reloj hizo plop y además se hundió.
—¿Sería de piedra?
—No creo. ¿El cuarzo es una piedra?
—Es como arena.
—La arena es como una piedra molida.
—Entonces sí.
—¿Se hunden cosas de todos los tamaños?
—No, sólo si son más pequeñas que el recipiente. Una moneda se hundiría en un vaso, pero este bote no.
—¿Y si pusiéramos ese vaso debajo del bote?
—No conviene, tengo monedas en los bolsillos y se hundirían en el vaso. Por cierto, noto que el agua ha cubierto nuestros pies.
—¿Será que la barca se hunde o que entra el agua? Digo, ¿puede hundirse algo sin que le entre agua?
—(Piensa.)... A la piedra no le entra agua. El hecho de que entre el agua tampoco tiene que ver con que se hunda. ¿Ha notado de qué manera tan silenciosa nos hundimos?
—¿Será que el silencio tiene algo que ver?
—¡O el ruido! Los transatlánticos y esos barcos, que raramente se hunden, tienen grandes sirenas que se oyen desde lejos y no se hunden.
—¡Exacto! El plop que hace una piedra no es ruido suficiente para flotar.
—Permítame arremangar un poco mi pantalón, pues el agua ya lo está alcanzando.
—... Sí (absorto en su pensamiento hace unos dobleces a su pantalón)... pero, nuestra barca es sumamente silenciosa y, sin embargo, se hunde lentamente.
—(Piensa.) Bueno, pero sobre la piedra no hay gente conversando.
—¡Es verdad! O sea que, en el caso de los transatlánticos, al tuuut de la sirena hay que agregarle las conversaciones de los pasajeros...
— ... Y la música de la orquesta, exacto. El peligro de hundimiento es casi nulo: tendrían que detenerse los motores, no sonar la sirena... (con una sonrisa).
—(También sonríe.)... Estar durmiendo todos los pasajeros, incluida la tripulación y los músicos de la orquesta. ¡Algo que, por lógica, es casi imposible que suceda!
—Me sorprende que el reloj, a pesar de su tictac, se haya hundido.
—Quizás se hundió pero no llegó hasta el fondo.
—Verdad... (piensa) jamás hubiera imaginado que el sonido es el responsable de la flotación.
—La naturaleza es sabia.
—¡Caramba! El agua está llegando a mi cintura, y está algo fría por cierto.
—Sospecho que nuestra conversación es insuficiente, como un plop o un tictac.
—¿Cómo hará el agua para diferenciar plops y tictacs de una sirena?
—Por la Física, evidentemente; es la ciencia que se ocupa de esos fenómenos. El agua sigue subiendo... quizás deberíamos hablar de sirenas.
—Una sirena es una mujer con cola de pescado.
—Ulises se hizo atar al mástil para resistir el canto de las sirenas.
—No tengo un solo disco de sirenas cantando.
En ese momento el agua termina de llenar la pequeña embarcación que se sumerge hasta apoyarse suavemente en el fondo, ya que están en una parte poco profunda del lago. El agua sólo les llega al pecho.
—¡Es una maravilla! ¡Ha funcionado!
—Mire, al lado suyo pasa un pez.
—¿Por qué flotan si no hablan?
—Tienen cola de pescado.
—Como las sirenas.
—Exacto.
—Es un buen truco.
Moc y Poc se ponen de pie y regresan caminando a la orilla.




Características
Para que conozcan mejor a los señores Moc y Poc, ponemos a disposición de los interesados estos datos. Marquen lo que sea correcto.
□ Los dos son altos.
□ Los dos son bajos.
□ Moc es alto y Poc es bajo.
□ Poc es alto y Moc es bajo.
□ Bajo es alto y Moc es Poc.
□ Tienen bigotes.
□ No tienen bigotes.
□ Son calvos.
□ No son calvos con bigotes.
□ Son peludos.
□ Son sin bigotes y con pelo calvo.
□ Usan zapatos diferentes para el pie izquierdo y para el pie derecho.
□ Llevan salsa de manzana en los bolsillos.
□ Tienen un pollo cerca.
□ Tienen brillo de la Luna en su patio.
□ Tienen cuatro ojos entre los dos.
□ Tienen la mitad de ocho ojos entre los dos.
□ Apenas tienen dos ojos cada uno.
□ Son muy elegantes.
□ Son muy elefantes.
□ Son herbívoros.
□ Son ricos.
□ Son pobres.
□ Son ni muy muy, ni tan tan.
□ Son ni clan pink, ni tuiiiiiiiiiiiiiiing tannnnng.
□ Son divertidos.
□ Tienen el color de su piel.
□ Son muy viejos.
□ Son muy lejos.
□ Todavía no nacieron.
□ Tienen una edad normal para gente de su edad.
□ Tienen alas.
□ Son sin alas como todo el mundo, menos las aves.
□ Tienen flores en la amabilidad.
□ Parecen tímidos hasta el cansancio.
□ Parecen audaces hasta la coronilla.

A continuación, agreguen otras características. Gracias.














El terreno
El señor Moc camina con un vendedor de bienes raíces y éste, con mucho orgullo, le describe las cualidades del lugar.
Vendedor: —Como usted puede ver, la carretera pasa muy cerca de aquí...
Moc: —Bueno, de hecho, los que pasan cerca son los coches...
Vendedor: —... Sí, claro...
Moc: —... La carretera está quieta.
Vendedor: —... Bueno, es una manera de decir, se entiende que uno está hablando de lo cómodo que es llegar a este terreno, que, también...
Moc: —Sería como decir que el lecho de un río pasa muy rápido, cuando lo que corre es el agua.
Vendedor: —... Eh, sí, tiene razón, era sólo una expresión... quisiera mostrarle...
Moc: —¿Como ¡ay! que es una expresión de dolor, o como esto (da un salto) que es una expresión de alegría?
Vendedor: —No, eh, no quise decir que fuera una expresión de sentimiento sino que es un modo de hablar, si usted se fija...
Moc: —O sea que usted usó una expresión como una manera de decir que era una manera de decir...
Vendedor: —... Eh, sí... ¿Qué le parece si caminamos hasta esos árboles? La vista desde allí es maravillosa.
Moc: —De acuerdo.
Vendedor: —... Además hay ardillas.
Moc: —¿Para qué?
Vendedor: —¿Cómo para qué?
Moc: —Claro, ¿para qué hay ardillas?
Vendedor: —Bueno, no es que estén por algún propósito en especial, ya se encontraban desde antes. Siempre estuvieron.
Moc: —¿El fin depende del tiempo?
Vendedor: —¿Perdón?
Moc: —Digo que si las cosas que están desde más tiempo pueden prescindir de tener una finalidad.
Vendedor (abrumado): —No lo sé.
Moc: —Usted acaba de afirmar eso.
Vendedor: —Sólo comentaba que hay ardillas porque es gracioso verlas pasar, es bonito.
Moc: —Si nadie las viera pasar, ellas de todas maneras estarían.
Vendedor: —Lo sé, quiero decir: no es que estén porque es gracioso verlas, supuse que a usted le gustaría observarlas.
Moc: —Me encanta ver ardillas...
Vendedor: —Por eso... mire, le propongo que...
Moc: —... y la naturaleza en general, me parece un espectáculo maravilloso.
Vendedor: —Perfecto, ¿qué le parece si firmamos el contrato, entonces?
Moc: —Claro, ¿cuántas ardillas calcula que hay por aquí?
Vendedor: —¡Mi Dios! (Suspira.) No lo sé...
Moc: —¿Cuántas ha visto pasar usted?
Vendedor: —Bueno, no todas las veces pasan.
Moc: —Digamos, ¿una de cada dos veces?
Vendedor: —... Eh, sí.
Moc: —¿Y cuántas pasan?
Vendedor: —... ¿Dos o tres cada vez?
Moc: —¿Y cuántas veces vino usted?
Vendedor: —Unas veinte veces.
Moc: —O sea que hay entre cuarenta y sesenta ardillas.
Vendedor: —... ¿Sí? Sí, quizás (un poco mareado).
Moc: —Perfecto.
Vendedor: —Qué bueno que ya hayamos averiguado eso, ¿por qué no firmamos?
Moc: —De acuerdo... o bien podría ser la misma ardilla que haya pasado entre cuarenta y sesenta veces, ¿no cree?
Vendedor (suspira abatido).
Moc: —¿Cual será la razón para que una ardilla pase tantas veces?
Vendedor: —No lo sé.
Moc: —Veamos: o bien ella es muy inquieta o el lugar no es tan cómodo como parece.
Vendedor: —No, yo creo que... es la ardilla que está loca, el lugar es maravilloso.
Moc: —¿Y por qué habrá enloquecido?
Vendedor: —Nno... no lo sé.
Moc: —¿No será que usted viene demasiado seguido?
Vendedor: —Por eso, ¿por qué no lo compra y así no vengo más?
Moc: —¡Al contrario! Creo que a la pobre le gusta la tranquilidad de su hogar y no que se lo vendan sin saber quién lo comprará.
Vendedor: —Mire, es una ardilla, yo no creo...
Moc: —¡Allí pasa! Pidámosle disculpas.
Vendedor: —¿¿¡¡ ... !!??
Moc: —Le ruego, señora ardilla, que acepte nuestras excusas.
Vendedor: —Eh... no creo que nos haya oído, ya está lejos, ¿no?
Moc: —Corramos tras ella, todavía podemos alcanzarla (empieza a correr). ¡Señora ardilla! ¡Permítanos disculparnos!
Vendedor (corre detrás del señor Moc): —Oiga, ¿y si firmamos y listo?
Moc (corre): —En caso de comprar este terreno, créame que la tendría como su legítima dueña.
Vendedor (corre agitado): —Sí, ardillita, dígale que lo compre.
Moc (se detiene): —¡No le hable así! La está presionando. Mire cómo corre. Creo que sin duda está con los nervios destrozados.
Vendedor (agitado).



Moc: —Mejor pospongamos la compra, no parece un momento adecuado para discutir con los más afectados.
Vendedor (agitado).
Moc: —¡Hombre! Mire cómo respira, sin duda fue usted que le transmitió sus nervios a la pobre ardilla, le recomiendo que no vuelva por aquí hasta que se le pase esta agitación.
Vendedor: —¿No va a comprar entonces?
Moc: —Si hubiera estado menos pendiente de vender y vender, habría pensado más en la ardilla, cuidándose de venir tantas veces. Ella no estaría alterada y yo lo hubiera comprado con mucho gusto, pero en estas condiciones... usted me entiende.
Vendedor: —Sí... claro (agitado).

Explicación de los terremotos
Los señores Moc y Poc son amigos desde la infancia.
Cuando eran pequeños creían que los ruidos de un terremoto (en verdad ellos nunca habían vivido uno, pero se lo imaginaban como truenos muy fuertes) los producía un señor que estaba dentro de la montaña sacudiendo una lata con una piedra.
De grandes supieron la verdad y desde entonces se preguntan qué será de la vida del señor encargado de los ruidos de los terremotos, ahora que ya saben que no es él quien los produce.



Carta que el señor Poc escribió al Presidente de una línea aérea


Línea aérea ...
Estimado señor Presidente:

Me dirijo a usted como señor Presidente pues supongo que su línea aérea debe tener un Presidente, además de pilotos que vuelan sus aviones, ya que de hecho sería tan raro que existiera una línea aérea sin Director como un Director de línea aérea sin línea aérea, aunque, por cierto, conozco una orquesta de cámara que no tiene Director y a un Director de orquesta que no dirige una en especial y viaja invitado a todas partes. Quizás yo debiera preguntarle: ¿usted dirige su propia línea aérea o va dirigiendo aquí y allá según lo inviten? En cualquier caso espero que esta carta coincida con que usted esté dirigiendo allí donde la envío. Por otra parte, espero que no tome a mal que lo llame señor sin conocerlo, pues no debo suponer que es un truhán o encabezar mi carta con un "Pedazo de tonto...", pues para llegar donde llegó puede ser cualquier cosa menos tonto, a menos que sea un tonto que otros más inteligentes ponen en ese lugar para gobernar la línea aérea a su gusto. Si éste es el caso, le ruego que no se moleste en contestar mi carta, ya que no es de tontos dar respuestas inteligentes y, si no brillantes al menos correctas, a menos de que sean respuestas sobre cosas muy simples y aún así no me fiaría. Si usted no es un tonto al servicio de gente más inteligente, le agradeceré, entonces sí, que conteste simplemente con la verdad a una pregunta que quiero hacerle. Si es un truhán, le ruego que de todas maneras me conteste, pues si un truhán me contestara como si fuera un hombre honesto, yo correría el peligro de que usted me mintiera pero, como mi pregunta no afecta sus intereses (ni a los del grupo de gente más inteligente a cuyo servicio está usted, en caso de que sea tonto y haya seguido leyendo porque es típico de un tonto no hacer caso de una advertencia o solicitud), creo que no le importará responder a una inquietud que pasa más por aspectos técnicos.
Le escribo esta carta ya que si la mandara en blanco o con puras rayas y dibujos incomprensibles usted sabría que alguien quiso comunicarse pero no por qué motivo, o también podría pensar que es una mala broma o una amenaza, en cuyo caso me enviaría dinero para que no lo siguiera molestando y yo seguiría con mi duda técnica y avergonzado de recibir un dinero por haber sido tomado por un delincuente. Me vería obligado a devolverlo y es probable que su temor le hiciera pensar que voy porque esa suma no es suficiente, con lo que usted me daría más, aún antes de que yo abriera la boca, y eso me haría sentir más avergonzado. Insistiría en devolvérselo y usted en aumentar la suma y quién sabe cuánto tiempo pasaría hasta que yo saliera huyendo por la vergüenza y usted interpretará eso como que fui a buscar refuerzos. Muchas gracias.

ATENTAMENTE.
Señor Poc



El señor Moc atiende el teléfono
(Primer llamado.)
Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Hola?
Señor: —¿Adonde hablo?
Moc: —Disculpe, no sé dónde se encuentra usted.
Señor: —No, yo quiero saber adonde estoy hablando.
Moc: —Bueno, al micrófono del teléfono.
Señor: —¡Click!
Moc: —...
Teléfono: —Tut tut tut...
Moc: —¿Hola?
Teléfono: —Tut tut tut...
Moc: —Extraña pregunta.
(Segundo llamado.)
Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Sí?
Señorita: —¡Por fin consigo comunicarme! ¿Está Rosa?
Moc: —¿Dónde?
Señorita: —¿No es la casa de los Pérez?
Moc: —¿Cuál?
Señorita: —¿¡Quién contestó!?
Moc: —Ordene sus pensamientos, señorita, ¡ya van tres preguntas diferentes!
Señorita: —¿Raúl? ¿Es usted que me hace una broma?
Moc: —O es Usted o es Raúl, una de dos.
Señorita: —¿Carlos? ¿Es Carlos?
Moc: —¿Quién?
Señorita: —Usted.
Moc: —¿No decía que Usted era Raúl?
Señorita: —No, yo soy Juana.
Moc: —¿Y Usted quién es?
Señorita: —Juana, ¿no le digo?
Moc: —¿Y Raúl?
Señorita: —¿No es usted?
Moc: —Ah, usted tampoco sabe.
Señorita: —¿Me podría decir a qué número hablo?
Moc: —Al que marcó.
Señorita: —Ya sé, pero adonde me comuniqué.
Moc: —A mi casa.
Señorita: —¡Sí, ya sé! ¿¡Pero quién es usted!?
Moc: —Mire, si Usted no es Raúl, supongo que será Carlos.
Señorita: —Carlos, por favor, ¿es usted que me hace una broma?
Moc: —¿Carlos se disfrazó de Usted?
Señorita: —¡Dígame de una buena vez! ¿¡Hablo con la familia Pérez o no!?
Moc: —Mire, si quiere hacerlo, hágalo.
Señorita: —¡Usted es un tonto!
Moc: —Dígaselo a Usted, ¿para qué me lo dice a mí?
Señorita: —¡Click! Tut tut tut...



Segunda carta que el señor Poc escribió al Presidente de la línea aérea


Línea aérea ....
Estimado señor Presidente:

Tengo el agrado de dirigirme a usted ya que después de releer, en el transcurso de esta semana, una copia de la carta que le envié (yo sé que estaba dirigida a usted y no a mí, por lo que le pido mis más sinceras disculpas por leer cosas dirigidas a usted). Después de releer atentamente, le decía, noté dos cosas.
Primero, que a lo mejor usted no es un varón sino una mujer y debería haber puesto señora Presidenta. También que, quizás, su línea aérea sea una empresa familiar que creció y ahora la dirigen un par de tíos o varios hermanos, ninguno de los cuales es más Presidente que el otro, y no quisiera ser el motivo de pelea entre gente que ha llevado toda una vida de esfuerzo conjunto, por lo que le ruego de la manera más atenta que, si éste es el caso, le agregue una "s" al final de casi todas las palabras terminadas en vocal y de esa manera el plural abarcará a la familia tan digna a la que usted pertenece. Por el contrario, si es una sola persona y es una dama, también le ruego que acepte mis disculpas y, que en lugar de agregar una "s", reemplace la vocal que corresponda por una "a" y listo. En caso de que sean varias hermanas o un grupo de mujeres, hagan las dos cosas. Muchas gracias.
Lo segundo es que, en mi primera carta, omití hacer la pregunta que era el objeto por el cual le escribía, o sea que le mandé una carta sin objeto. Le ruego que tome el objeto de esta carta y se lo agregue a la anterior. Error. Mejor agregue la pregunta que sigue a la carta anterior, pues el objeto de ésta es pedir disculpas y completar la otra y el objeto de la otra era la siguiente pregunta:
Habrá notado usted que un barco se hace en tierra y se arroja al mar, y, por lo general, el lugar en el que se hace está más elevado que el agua. Por otra parte, habrá notado que los aviones también se hacen en tierra y sin embargo se elevan. Ahora bien, ¿por qué, cuando una embarcación se rompe, se hunde hasta tocar el fondo del mar y, cuando un avión se rompe, no asciende hasta tocar el techo del cielo?
La simple observación de los hechos nos muestra que, cuando un coche se rompe, queda en la superficie por la que se deslizaba, y que cuando un barco se rompe, se hunde. La lógica indica que, si un avión se rompiera, debería subir y subir hasta que alguien lo arreglara. Sin embargo, les da por imitar a los barcos. ¿Por qué? ¿Hay una razón lógica o ilógica para algo que va en contra de la lógica?
Desde ya le agradezco la molestia que usted, o uno de sus primos o hermanos, se tome al contestar esta pregunta motivada en que viajaré en avión por primera vez en mi vida y lo haré por otra línea aérea, a la que jamás se me ocurriría hacerle esta pregunta dado que, como seré su pasajero, ellos sí pensarían en sus intereses (los de ellos, no los de usted) a la hora de contestarme.
ATENTAMENTE.
Señor Poc



Lo semejante llama a lo semejante
Moc está sentado en un sillón. Poc, por alguna razón, lleva un largo rato con las piernas cruzadas en una incómoda posición.
—¡Oh, no! ¡He perdido mi pierna!
—¡¿...?! ¿Cuál le falta?
—La que no está, por supuesto.
—Pero se ven las dos, digo, ¿usted antes tenía otra pierna?
—¡Dos, como todos! Será una ilusión óptica, una me acaba de desaparecer.
—¿Usted no la ve?
—A ver... sí, sí... la veo cruzada encima de la única pierna que me queda... pero puede ser una doble ilusión óptica, algo del aire, un espejismo o tal vez sólo quedó la cáscara.
—Las piernas no tienen cáscara.
—¡Qué terrible! ¿Ni siquiera eso quedó?
—Qué momento... Veamos, ¿cómo sabe que desapareció?
—Porque ya no la siento. Tal vez se evaporó mientras conversábamos.
—¿La puede tocar?
—A ver, sí. La puedo tocar y ver, pero no la puedo mover ni sentir.
—Dos contra dos... digamos que sólo desapareció la mitad, y la mitad menos grave, sería peor si la pudiera sentir y mover pero no la pudiera ver ni tocar.
—Bueno, aún no sabemos, quizás es algo progresivo hasta que se evapore completamente.
—Tal vez no es que se evapora sino que se está yendo. Veamos, ¿qué se hace cuando algo se va?
—Se lo busca hasta encontrarlo...
—... o se lo llama hasta que regresa.
—Intentemos, ¿cómo se llama a una pierna?
—No debemos llamar a toda la pierna porque le quedaría una pierna y media, llamaremos solamente a la mitad que se perdió. Pensemos cómo... las cosas se llaman por su nombre...
—Jamás se me ocurrió ponerle nombre a mi pierna.
—Supongo que se llamará como usted, Poc.
—¿Puede una parte llamarse como el todo?
—Veamos, ¿usted se sigue llamando Poc, sin su pierna?
—Sí, a lo sumo: el rengo Poc, pero sí.
—¿Hasta qué punto podrían desaparecerle partes y usted seguiría siendo Poc?
—... Bueno, yo estaría dispuesto a tolerar que me desaparezca un par de cosas, pero no estoy seguro de cuál depende mi nombre: Poc.
—O sea que si la pierna no tenía un nombre especial no la podemos llamar por su nombre, ya que si empezáramos a gritar: ¡Pierna, pierna!, no podríamos estar seguros de que la que viniera sea la suya. ¿Cómo se puede llamar a algo si no es por su nombre?
—¿Haciendo pst pst?
—Peor, se acercaría cualquier tipo de cosas.
—¡Ya sé! Hagamos como en la caza, si alguien quiere que se acerque un reno, imita el ruido de los renos, lo semejante llama a lo semejante.



—¡Excelente! Empecemos a llamar el movimiento.
—¿Cómo, si no la puedo mover?
—Imitando el movimiento de su pierna, por supuesto, permítame mover su pierna. A ver, así... bien... así.
—¡Ay! ¡Oh! ¡Siento un horrible hormigueo!
—Imposible, no estoy imitando a las hormigas.
—Pero las hormigas... tienen patas... ¡Oh!
—¿Estaré imitando el movimiento de las patas de una hormiga?
—¡Sería horrible que me viniera una pata de hormiga! ¡Ay!
—Mejor no sigamos hasta no saber qué estoy imitando. ¿Cómo la siente?
—El hormigueo sigue un poco, pero puedo moverla.
—¡Acertamos! Maravilloso.
—Ya se está pasando el hormigueo. ¡La que regresó fue mi pierna!
—Tuvimos suerte, Poc.
—Gracias, Moc, le debo una pierna.
—Sólo la mitad, por favor.


Diccionario onomatopéyico de los señores Moc y Poc
NUEVA EDICIÓN ORDENADA ALFABÉTICAMENTE

Aaaaaaah: sirena de bomberos (en funcionamiento).
Aará aará aará: sirena de la policía (el "rá" debe cantarse un poco más agudo).
Bang: disparo.
Bum: explosión.
Clink: vidrio cayéndose.
Crash: vidrio rompiéndose.
Din dong: timbre de casa o departamento.
Ffsssss: viento que se filtra por una ventana o puerta que no cierra bien.
Fiiiuuuuuu: algo que se precipita.
Glup: tragar.
Hiiiiiiic: frenada.
Kabum: disparo de cañón.
Ñaaaaaannmm: vehículo que pasa a toda velocidad.
Paf: cachetada / sopapo / zape / golpe de palma en la cara de quien acaba de ofendernos.
Pim pam pum: golpes de puño (cara y maxilar).
Plaf plaf: aplausos (dos).
Ra ta ta ta ta ta ta ta: disparo de repetición.
Riiing: timbre del teléfono.
Splash: algo cayéndose al agua.
Ssshhh: huevos friéndose / lluvia intensa oída a través de una ventana.
Tacatán tacatán tacatán: caballo al galope.

Tactac tactac: pasos.
Tictac tictac: reloj a cuerda.
Tiiin: copas brindando.
Tíiruu tíiruu: sirena de ambulancia
Títip títip títip: alarma de reloj de cuarzo.
Toc: golpe (ver: Tuc).
Toc toc toc: alguien llama a la puerta.
Toiinnnng: algo que rebotó.
Tuc: golpe (ver: Toc).
Zgrshhmmn... pac: ruido de origen desconocido.
Zoc: golpe seco (estómago).
Zuum: objeto que nos pasó cerca.

Respuestas sin preguntas
—Moc, ¿puedo hacerle una pregunta?
—Bueno, supongo que sí, ¿a quién se la quiere hacer?
—A usted.
—¡Oh! Adelante.
—Gracias, después de usted.
—No, no tengo ninguna pregunta.
—Es una lástima, si usted tuviera una pregunta sería un placer ofrecerle una respuesta.
—Caramba, qué descortesía de mi parte, va a parecer que rechazo sus respuestas...
—No, de ninguna manera.
—... que las estoy despreciando.
—Por favor, Moc, no lo tome así.
—De todas maneras, permítame aceptar sus respuestas aun cuando no tenga una pregunta como es debido.
—Amigo Moc, no quiero importunarlo con respuestas que usted no necesita.
—No, no, no, no, no... una buena respuesta es siempre necesaria, más vale pájaro en mano que cien volando.
—... Bueno, eso siempre y cuando uno no quiera ver cómo vuelan los pájaros. Si uno es un ornitólogo...
—... O un pajarístico.
—... O un pajarístico, y quiere estudiar la costumbres migratorias de ciertas aves, tener una en la mano le sirve de poco...
—... De muy poco.
—... Mejor dicho de nada.
—Imagínese si llega el día en que debe presentar el resultado de su estudio sobre migraciones de aves y usted se aparece con un pájaro en la mano.
—Bueno, el jurado va a tener que elegir entre el dicho popular o la investigación.
—Si es gente muy estricta, lo expulsan.
—Pero si aún no había sido admitido.
—Bueno, lo aceptan y lo expulsan.
—En fin, de todas maneras, ¿cuál era su pregunta?
—En eso estábamos cuando le ofrecí unas respuestas, aunque usted no tuviera preguntas. ¿Le interesan respuestas sobre algún tema en especial, Química, Historia, actualidad o, así, en general?
—... Mmm, prefiero respuestas en general.
—Bien, aquí van algunas: veinticuatro... fueron ellos... a las cinco y media... todavía no sabemos... cinco kilómetros más allá... azul con algo de verde... sí, la película me gustó mucho... ¿Está bien con ésas?
—¡Excelente! ¿Puedo ofrecerle algunas yo?





—¡Por supuesto!
—A ver qué le parecen: en el año 1969... con un poco de perejil... no tan profundo... trescientos cincuenta gramos... dos pesos con veinte...
—Estupendas. Le propongo que pongamos un servicio de respuestas.
—Excelente idea.




Este servicio ofrece una amplia gama de respuestas para toda ocasión. Incluso para cuando nadie las necesita o espera, y uno puede caerse con un ramillete de respuestas frescas y desencadenadas de cualquier pregunta. Han sido tomadas del Movimiento de Respuestas Libres, que es una agrupación bastante reciente surgida a partir de que las respuestas tomaron conciencia de sí mismas. Al verse siempre atadas a una pregunta decidieron emanciparse ofreciéndose de manera independiente. Su argumento es que, si al salir de camping la gente lleva una canasta con comida, aun cuando en ese preciso momento no sienta hambre, con más razón, al salir a la calle, tendría que llevar dos o tres respuestas, aunque en ese momento tampoco tenga dudas o preguntas. Podemos estar de acuerdo en que es algo que cae de maduro. A quién no le ocurrió que le viniera una respuesta a la mente cuando ya había pasado la ocasión. A ese mercado apunta, básicamente, el Movimiento de Respuestas Libres. Y así les va.
Necesarias o innecesarias
• En Júpiter se dificultaría la floración de las gardenias.
• Dos cuadras más allá.
Obvias
• Los caballos van a pie.
• El pulpo está crudo.
Inespecíficas
• Parecido pero distinto.
• Algo como así.
Correctas o incorrectas
• Redonda como esa pelota.
• Sí, el Sol es cuadrado.
A tiempo o retrasadas
• Hace dos días.
• Pasado mañana.
Completas o incompletas
• Una pala y...
• Mil doscientos cuarent...
Respuestas con forma de pregunta
• ¿Ah... sí?
• ¿Le parece?

Geografía
Los señores Moc y Poc sostienen que la palabra Geografía quiere decir escribir sobre la tierra y, como la tierra absorbe la tinta y arruina las lapiceras, lo hacen con pequeños palos, ramas o un alambre. Los mensajes duran hasta que sopla el viento, pasa un coche o gente caminando, o llueve. Pero a algunos no los quieren perder y a esos los escriben en barro con forma de ladrillos. Luego cuecen esos ladrillos y hacen una pared, agregan un cuarto o una pieza en el patio de la casa de alguno de los dos. De modo que ellos saben que esas paredes están realmente escritas y eso les encanta porque así conciben al mundo, lleno de palabras.
Realmente creen que todo en el mundo se puede leer. Que un árbol es una palabra, sólo que con forma de árbol. Que un erizo, un teléfono, una goleta o un ábaco son palabras, sólo que con forma de teléfono, de erizo, de ábaco y de goleta.
Que hay palabras muy delicadas, como hipocampo o heliotropo. Otras mágicas, como exuberante o enramada. Graciosas, como teleférico y rubicundo; o tristes, como ahondar y humedad. Y que por eso los diccionarios son libros verdaderamente maravillosos, porque si tienen todas las palabras tienen al mundo de alguna manera (como agujeros por los que se puede mirar el mundo).
A los señores Moc y Poc les encanta leer diccionarios, abrirlos al azar y ver qué parte del mundo están recorriendo. Pueden pasar horas en eso.
De pronto nos explican que en los diccionarios los verbos están en infinitivo, porque son las acciones quietas. Si estuvieran conjugados, los elementos escaparían de los diccionarios. Uno los abriría y desbordaría una catarata o saldría un caballo corriendo o se caería una fábrica. Cualquier cosa. Cuando uno les comenta que hay diccionarios de verbos conjugados, ellos reconocen que sí, pero que en esos no hay cosas, son solamente diccionarios de acciones, pero no de cosas; y que, por lo tanto, al haber acciones, pero no cosas, no hay cosas en acción y que gracias a eso es que todo está tranquilo. Y uno debe reconocer que tienen razón.

El chiste
—¿Me permite que le cuente un chiste?
—Sí, claro.
—Verá, se lo diré tal como me lo refirieron, aunque no me quedó claro por qué la persona se rió en un momento dado.
—De acuerdo.
—Esta persona me contó que venía alguien...
—¿Alguien que él vio?
—No, al parecer es una historia inventada.
—Entiendo.
—Sí, bien. Venía alguien por una gran avenida, conduciendo en sentido opuesto...
—Un peligro.
—Fue lo que comenté, pero él me pidió que esperara hasta el final.
—Curioso.
—Bien, este conductor imprudente enciende la radio de su automóvil y oye que un locutor, sumamente exaltado...
—... Alterado.
—... exacto, alerta sobre que, precisamente en esa avenida, venía un coche a contramano, entonces el conductor exclama uno no, son miles, y ahí la persona que me contó el chiste se rió mucho hasta que vio que lo miraba con sorpresa.
—Ajá.
—A lo cual comenzó a alegar que yo no había entendido el chiste.
—Una tontería, por supuesto.
—Es lo que sostuve, el relato era muy simple.
—¿Y qué le dijo, entonces?
—Que yo no había entendido la gracia.
—¿La gracia?
—Sí, la parte graciosa del chiste.
—¿Cuál era?
—Supongo que ésa en la que se rió.
—¿Podría repetirla?
—Cómo no... Uno no, son miles... Y ahí se rió.
—Ajá.
—Sí.
—Pues, a decir verdad, yo tampoco le encuentro la gracia.
—¿Verdad que no?
—¿Está seguro de que era esa cantidad, así, miles?
—Caramba.
—¿No recuerda si le dijo uno no, son cuatrocientos cincuenta y nueve... o alguna otra cifra?
—Podemos confirmarlo, tengo su tarjeta. ¿Me permite que haga una llamada?
—Sí, claro... (espera).
—(Disca, espera, atienden.)... Buenas noches, mire, soy el señor Moc, la persona a la que esta tarde usted le contó un chiste y acá, con mi amigo el señor Poc, tenemos una duda... Ah, entiendo... Estaba durmiendo... Mire, en realidad es una pregunta muy simple, no necesita despertarse del todo. ¿Cuántos eran los que iban a contramano?... ¡Oh!
—¿Qué pasó?
—(Cuelga.) Cortó la comunicación. ¿Lo habrá molestado la llamada?
—O la pregunta.
—¿Le parece?
—No estaba seguro de la respuesta y eso lo puso violento, lo cual es una manera cobarde y poco social de pretender ocultar la ignorancia.
—Sin embargo esta tarde se mostró muy seguro del final, me lo repitió varias veces.
—Entonces vuelva a llamarlo y dígale que no se trata de que lo estemos examinando, sino sólo de confirmar nuestro dato.
—Buena idea, disculpe un momento.
—Sí, claro... (espera).
—(Disca, espera, atienden.)… Buenas noches, soy el señor Moc, quien le acaba de hablar hace un momento... Ah, me recuerda; mire, decíamos con mi amigo que no debe sentir que dudamos de la cifra... ¡Oh!
—¿Nuevamente?
—Sí, cortó, y luego de unas expresiones poco corteses.
—No tiene idea y teme haber sido descubierto en una mentira.
—Pero era tan sólo un chiste, no lo voy a denunciar.
—Quizás eso es lo que tema.
—Tal vez está en su casa, nervioso, sin poder dormir.



—Moc, ¿no me dijo usted que estaba durmiendo?
—Tal vez recurrió a algún barbitúrico para poder conciliar el sueño.
—¡Esas cosas pueden ser dañinas! ¡Llamémoslo inmediatamente!
—Sugiero que le hable usted.
—(Disca, espera, atienden.) ¡Deténgase! ¡No tome esas pastillas! ¡Puede poner en peligro su vida y acá mi amigo le da su palabra de que no hará ninguna denuncia...! ¡Oh!
—¡Cortó!
—Sí.
—¡O se le cayó el teléfono porque ya están haciendo efecto las pastillas!
—En su tarjeta está la dirección, ¡vayamos a salvarlo!
—Llevemos herramientas por si hay que romper una puerta o una ventana.
—¡Bien pensado! ¡No perdamos tiempo!


Miscelánea ética de los señores Moc y Poc
Pedir disculpas es un acto de humildad ante el otro, y exige tanto una sincera espontaneidad como un mínimo de ritual. La espontaneidad la dejaremos al cuidado de cada cual y consideraremos los otros aspectos.
Es imposible pedir disculpas si no se tiene aunque sea un poco de aprecio por la otra persona, si no nos importa su cariño ni su cuidado; pero, sobre todo, es imposible pedir disculpas si no se ha cometido algún tipo de falta previamente. Las faltas son imprescindibles porque si no, ¿de qué nos disculparíamos? ¿De algo bueno? ¿Y qué hay de malo en algo bueno? Nada, por lo tanto, no se puede uno disculpar de nada. Y si la disculpa es un acto de humildad, ahí ya se ve que lo bueno, al no ofrecer nada de qué disculparse, no da nada para ser humilde, por lo tanto es un acto de orgullo. El problema está en que lo humilde, por su condición de humilde, jamás se atrevería a señalar que es mejor que el orgullo, porque entonces ya lo diría con orgullo y dejaría de ser humilde. Con lo cual sería una trampa que algo cambie su condición al hacer un acto malo porque, entonces, lo malo tendría que hacerse cargo de todas las cosas malas y quedaría para lo bueno la gloria permanente de que se le atribuyan todas las cosas buenas. Lo justo sería que si lo bueno actúa mal, no pase a ser malo, sino que siga siendo bueno, para que sea lo bueno responsable de lo malo, también. Porque, ¿qué culpa tendría lo malo de eso malo que ha hecho lo bueno? Como si un día lo malo hace algo bueno, no por eso tendría que pasar a ser bueno. Pues, ¿qué mérito tiene lo bueno ahí, si no estaba haciendo nada y le cae como llovida del cielo la recompensa de lo bueno que acaba de hacer lo malo?
Pero, entonces, si no es lo humilde lo que elige como mejor a lo humilde antes que a lo orgulloso, ¿quién lo elige? Uno Mismo, claro. Pero Uno Mismo, ¿elige con humildad, con orgullo o con neutralidad? Si elige con neutralidad, no es confiable, porque, ¿sobre qué base elige? Si elige con humildad puede que no se atreva a elegir la humildad, ya que parecería vanidad reconocer la humildad y elija el orgullo, para hacerse cargo de la parte menos apreciada. Si elige con orgullo, puede que elija con el orgullo de ser humilde, con lo cual arruina lo humilde con su orgullo.



De manera que primero observamos que lo correcto no da la oportunidad de ser humilde, y luego, que lo humilde no permite ser elegido. Por lo tanto, lo correcto es inútil. ¿Y a quién le gusta ser inútil? A nadie. Por consiguiente, dado que no puede haber una conducta actuada por nadie, lo correcto y lo humilde son acciones imposibles.
Perdón, queríamos sostener lo contrario. Les rogamos que, a pesar de las evidencias en contra, sean humildes y correctos.

El señor Poc ayuda a que alguien encuentre una calle
Señor: —Buenas, ¿me podría decir dónde queda la calle 16?
Poc: —Sí.
Señor: —...
Poc: —...
Señor: —Dígamelo, por favor.
Poc: —Queda en esta ciudad.
Señor: —¿En dónde exactamente?
Poc: —A la altura del suelo, como todas.
Señor: —Ya sé, pero ¿cómo llego hasta allí?
Poc: —Así nomás, caminando.
Señor: —Pero caminando hacia dónde.
Poc: —Hacia ahí, hacia donde está la calle.
Señor: —Por eso le pregunto, porque no sé dónde queda.
Poc: —Perfecto, si yo no supiera haría lo mismo.
Señor: —¿Entonces? ¿Me va a decir dónde queda la calle 16?
Poc: —En un mapa que tengo en casa, ahí está... dibujada.
Señor: —Pero necesito ir a la calle de verdad, no a un mapa.
Poc: —En mi mapa está la calle de verdad, nada más que dibujada.
Señor: —Mire, tengo que comprar dos metros de género en una tienda que está en la calle 16.
Poc: —Muy bien, y yo, casualmente, iba a tomar un café a casa de mi amigo Moc.
Señor: —¿Vive cerca de la calle 16?
Poc: —No, para nada.
Señor: —Entonces vende género...
Poc: —¿¡Moc!?
Señor: —Sí.
Poc: —¿Desde cuándo?
Señor: —No lo sé, usted es su amigo, tendría que saber.
Poc: —Nunca me contó.
Señor: —¿¡Y por qué me dice que lo siga!?
Poc: —¿¡A quién!?
Señor: —A usted.
Poc: —¿Usted me quiere seguir?
Señor: —¡No! Yo dije que quería comprar género y usted me contó que iba a lo de su amigo Moc.
Poc: —¿Y por qué quiere ir a tomar un café en vez de ir por el género?
Señor: —No quiero tomar un café.




Poc: —¿No le gusta?
Señor: —Sí, me gusta, pero lo que necesito es ubicar la calle 16, ¿por qué mencionó a su amigo?
Poc: —Usted me contó qué iba a hacer, entonces yo también le conté.
Señor: —Mire, sólo estoy perdiendo tiempo, usted no sabe dónde queda.
Poc: —Sí, sé. Tiene que ir hasta esa esquina y va a encontrar una diagonal a media cuadra...
Señor: —Espere un minutito porque quiero anotar... gracias.
Poc: —... va a encontrar esa diagonal que lleva a una callecita que sube y a otra que baja. La que sube no es tan linda, pero la que baja tiene unos árboles preciosos, ¿está anotando?
Señor: —Sí, gracias.
Poc: —Si va por ahí unas cuatro cuadras, a mano derecha encontrará una panadería que tiene una cosa así como para sentarse...
Señor: —... Sí...
Poc: —... entonces, si ahí dobla a la derecha...
Señor: —... ¿Está la calle 16?
Poc: —No.
Señor: —Ah.
Poc: —... Si ahí dobla a la derecha y sigue y sigue...
Señor: —Sí.
Poc: —... y sigue y sigue...
Señor: —¿Tanto?
Poc: —... no puede perderse, es una cuadra muy larga y después tiene curvas, usted siga las curvas hasta que termine esa calle y se tope con otra, ahí va a encontrar una estatua de dos perros, ¿sí?
Señor: —¿Y ésa es la calle 16?
Poc: —No, la 16 es la callecita que sube en la diagonal... pero no es tan linda.
Señor (suspira): —... Deje, mejor la encuentro solo.
Poc: —Si la podía encontrar solo, ¿para qué me preguntó?

Expresiones para toda ocasión
Para prolongar o terminar conversaciones sin importancia, silencios incómodos o cuando el interlocutor espera que uno diga algo, y otras, que los señores Moc y Poc han observado.
¡Aaaah...!: (agregar algo de "n" a la pronunciación de la "a" para cuando finalmente entendemos que no entendíamos bien.
Ahá...: (separar los labios) para cuando uno no quiere ni afirmar ni negar.
Efectivamente... exacto...: (con un corto movimiento de cabeza y sin ninguna expresión en la cara) para cuando un desconocido nos da la razón (en México: "Pos, sí".
¡Eh!: (levantar las cejas) cuando compartimos la aseveración del otro.
En fin...: (dejar caer las manos sobre las piernas) para cuando percibimos que acabó la conversación o el tema.
Mira, vos... / Anda... / Órale... / Mira, tú...: (abrir los ojos) cuando nos sorprende lo que nos cuentan.
Mm...: (acentuar la segunda "m", es como el "ahá" para cuando no creemos la explicación o excusa que nos ofrecen.
Mmmm...: (fruncir el ceño hacia arriba y con una leve sonrisa) indica que algo nos gusta mucho.
Mmmm...: (fruncir los labios y juntar el ceño) muy útil para olores y sabores desagradables.
No no no no no no no...: (repetir rápidamente) que no (en México: "Pos, no".
... ¡No te creo!: (con un pequeño suspiro antes) quiere decir que nos creen.
Parece mentira: (hacer que sí con la cabeza) que creemos algo.
Pero claro...: (mostrar las palmas de las manos al decir "claro" para cuando alguien conocido nos da la razón (en México: "Pos, sí".
Por mí...: (levantar los hombros) cuando no nos importan las consecuencias.
¡Qué tal... ¿eh?!: (un solo gesto de afirmación con la cabeza y con la comisura de los labios hacia abajo) cuando nos enteramos de que alguien logró algo para lo cual no lo creíamos capaz.



Sí, jajá: (con un leve golpe de la cabeza hacia atrás) cuando no damos crédito a lo que esperan que creamos.
... Sí, qué vamos a hacerle: (puede ser con los ojos cerrados y una leve sonrisa) resignación que decide pasar a otra cosa.
Ver para creer: (se puede decir, incluso, cerrando los ojos) cuando admitimos algo sorprendente.
... Y bueno: (mirar al suelo y negar con la cabeza) si bien parece una expresión de resignación, en realidad se usa para salir de una conversación que ya no ofrece más.
Y... no se crea: (levantar las cejas, mover la cabeza hacia un costado, con los ojos fijos en el interlocutor) que sí, que lo crea.
... Y punto: (poner una mano a la altura del pecho y luego mover el brazo hacia un costado) señala que ésa va a ser la última vez.


Una simple cuestión de óptica
Ellos sostienen que si pudiéramos apoyar nuestros pies en la bóveda celeste (para el caso no importa cómo) veríamos todo completamente invertido. De manera que, lo que en la Tierra nos parecía alto, así nos parecería hundido, y lo que en la Tierra veíamos como bajo, así nos parecería elevado. Si apoyáramos nuestros pies en la bóveda celeste, dicen, veríamos cómo el Cielo se hunde, y eso es lo que antes conocíamos como montañas. Veríamos cómo el Cielo se eleva y eso es lo que conocíamos como valles o pozos. Ya puestos en eso, continúan entusiasmados, nos parecería que el Cielo sería la Tierra y la Tierra donde apoyar nuestros pies sería el Cielo. Podríamos dibujar las constelaciones con tiza, uniendo una estrella con la otra, y sería mucho más fácil. "¿Qué?", podemos preguntarles. "Todo, todo", responden. Según ellos, en lugar de ver salir el Sol, veríamos aparecer, no sé, un campo de tomates, plantado en algún lugar de la Tierra que giraría sobre nuestras cabezas. Al ser la Tierra nuestro Cielo y el Cielo nuestra Tierra, la Astronomía sería la nueva Geografía y la Oceanografía sería la nueva Astronomía. El único problema es que los cohetes chocarían y se hundirían en el Cielo (o sea nuestra vieja Tierra) y convendría dirigirlos hacia el suelo (nuestro viejo Cielo) para que sigan su viaje hacia el espacio; pero entonces ya no podríamos explorar el Cielo. Después se les ocurre que si los pájaros quisieran volar muy alto, se rasparían sus cabezas contra la-vieja-Tierra-el-nuevo-Cielo y que, entonces, para volar libremente, deberían ir más abajo de nuestros pies, y la gente empezaría a preguntarse: "Oye, ¿qué les ocurre a los pájaros?". Sí, hay que pensar en algo, dicen, cuando llegan a esa parte (lo dicen como si ellos fueran responsables de encontrar una solución, y no los ingenieros o los técnicos, que para eso estudiaron).

El señor Moc atiende el teléfono
(Tercer llamado.)
Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Sí?
Señor: —¿A qué teléfono estoy hablando?
Moc: —Al que está en su casa.
Señor: —No. Quiero saber con qué teléfono me comuniqué.
Moc: —¡Ah! Con el que está en mi casa.
Señor: —Sí, pero yo le estoy preguntando quién es el abonado.
Moc: —El dueño de una línea telefónica.
Señor: —¡Ya sé! Pero, ¿quién vive ahí! ¿Quién me atendió?
Moc: —Yo.
Señor: —Pero... ¿¡Quién es usted!?
Moc: —El abonado.
Señor: —Óigame, ¿usted es gracioso o se hace el gracioso?
Moc: —¿Se refiere a si soy realmente gracioso o sólo simulo serlo? ¿O bien, a si mi gracia es espontánea, o la voy pensando?
Señor: —¡Váyase al diablo!
Moc: —¡...!
Señor: —¡Click! Tut tut tut...
Moc: —(Cuelga). El diablo no es un lugar.

(Cuarto llamado.)
Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Hola?
Señorita: —¿Con la casa del señor Moc?
Moc: —No, con el señor Moc.
Señorita: —¿El señor Moc, por favor?
Moc: —¿Sí?
Señorita: —Digo... ¿Se encuentra él?
Moc: —Nunca me perdí a mí mismo.
Señorita: —¿Hablo con el señor Moc?
Moc: —En este momento sí.
Señorita: —Bien, le hablo para avisarle que ha recibido un premio.
Moc: —No es cierto.
Señorita: —¿Cómo no?
Moc: —A mi casa no ha llegado nada.
Señorita: —No, me refiero a que usted ha sido premiado y lo llamo para eso.
Moc: —¿El premio era una llamada?
Señorita: —No, la llamada es para darle la noticia.
Moc: —¿Era un premio o una noticia?
Señorita: —Quiero decir... lo llamo para comunicarle esa noticia.
Moc: —Bien...
Señorita: —...
Moc: —...
Señorita: —¿Perdón?
Moc: —Démela, déme la noticia.
Señorita: —La noticia es el premio.
Moc: —El medio es el mensaje.
Señorita: —¿Qué?
Moc: —Usted dijo una frase y yo respondí con otra.
Señorita: —¿No me va a preguntar de qué se trata?
Moc: —¿Quién?
Señorita: —El premio...
Moc: —¿Está en tratamiento?
Señorita: —... Disculpe, estoy un poco confundida, ¿puedo hablarle en otro momento?
Moc: —Sólo si marca mi número.
Señorita: —Ssí, gracias.
Moc: —No, gracias a usted.
Señorita: —Al contrario.
Moc: —Usted a gracias, no.
Señorita: —¡Click! Tut tut tut.

(Quinto llamado —un bromista—.)
Teléfono: —Ring ring...
Moc: —¿Sí?
Joven: —Hola, je je, sí, estee... je je, le hablo desde Saturno.
Moc: —Bien, dígame.
Joven: —¡...! Usted no me oyó, le estoy diciendo que le hablo desde Saturno, je je.
Moc: —Lo oigo perfectamente.
Joven: —¿...? Del planeta Saturno, ¿entiende?
Moc: —Sí, sí, aquí la Tierra, adelante.
Joven: —Pero... ¿usted sabe dónde queda Saturno... el planeta?
Moc: —Entiendo que queda en el sexto lugar de nuestro Sistema. ¿Por qué? ¿Hubo algún cambio en su posición?
Joven: —¡...!
Moc: —Quizás se le gastó la órbita o algo así. ¿A qué se debió el cambio de posición?
Joven: —¡No hubo ningún cambio!
Moc: —¿O sea que me llama desde el sexto lugar de nuestro Sistema Solar?
Joven: —Oiga, ¿¡cómo le van a hablar desde el espacio!?
Moc: —No sé, dígamelo usted que es el de la llamada.
Joven: —¿De verdad se lo creyó?
Moc: —¿Por qué no?
Joven: —Porque se lo dije para hacerle una broma.
Moc: —¿Me habla desde otro planeta?
Joven: —¡No lo llamo desde ningún planeta!
Moc: —¡Caramba! ¿¡Una llamada desde una estrella, quizás!?
Joven: —Le hablo desde su misma ciudad.
Moc: —Mi ciudad queda en el planeta Tierra y usted antes dijo...
Joven: —Bueno, sí, le hablo desde la Tierra.
Moc: —Entiendo, me llama desde la Tierra porque es más barato, desde Saturno no sería llamada local.
Joven: —¡Lo de Saturno fue una broma!
Moc: —¿Perdón?
Joven: —¡Una broma! ¡¿No entiende?! ¡Le dije eso para hacerle una broma!
Moc: —¿Me llama desde la Tierra para hacerme una broma?
Joven: —¡Usted es un tonto!
Moc: —No, un terráqueo.
Joven: —¡Click! Tut tut tut.




Semblanza
El señor Moc sonríe como una mermelada de naranja, se alisa el pelo como el sonido de una moneda cayendo al agua y camina como una trompeta apoyada encima de un avión.
El señor Poc viaja en tren como si fuera un bolsillo lleno de ventanas, compra frutas como un herrero golpeando en el yunque y estornuda como un pelícano que sabe un chiste.
El señor Moc se abrocha la camisa como un perro ladrando a una computadora, se lava las manos como una banda mientras desfila y hace preguntas como un dentífrico.
El señor Poc habla como un castillo, bosteza como el botón de una escalera automática y cuando se olvida de algo pone cara de sandía que espera al cartero.
La casa del señor Moc queda enfrente de una calle y en medio de dos casas que, a su vez, están en medio de dos casas que quedan en medio de otras dos. Estas casas quedan en una cuadra que está en medio de otras cuadras de una ciudad que está en medio de otras ciudades, y así siguiendo hasta que el señor Moc dice: "El mundo es algo sorprendente".
Si uno llegara a su ciudad y quisiera encontrarlos bastaría con preguntar: "¿Cómo está su familia?". "Muchas gracias, muchas gracias".



Preocupación de los señores Moc y Poc sobre algo que le sucede al autor
Estimados lectores, cuando el autor de este libro nació, nosotros teníamos veinte veces su edad (lo cual es normal, pues él apenas acababa de nacer). Pero cuando cumplió diez años, tenía la tercera parte de nuestra edad. La cosa empeoró cuando cumplió veinte, ya que alcanzó la mitad de nuestra edad. Nuestra alarma, se debe a que, ahora que tiene treinta y siete años, llegó, aproximadamente, las cuatro quintas partes de nuestra edad. Como ustedes entenderán, está creciendo a un ritmo aceleradísimo y no pasará mucho tiempo hasta que nos alcance y nos sobrepase también. ¿Alguien sabe qué podemos hacer al respecto? Muchas gracias.

La velocidad
—Moc, ¿me permite hacerle una pregunta?
—Por supuesto.
—¿Qué cree usted que es más rápida: una cosa roja o una cosa caliente?
—... Caramba, es una buena pregunta. Veamos, ¿usted se refiere a una cosa roja fría y a una cosa caliente que no sea roja?
—¿Le ayudaría si le doy un ejemplo?
—Por favor.
(El señor Poc va hasta la esquina, ayuda a cruzar la calle a una anciana y regresa.)...
—Un excelente ejemplo de civismo.
—Gracias.
—¿Podría darme un ejemplo relacionado con lo que hablábamos?
—Tenía uno muy bueno, pero acabo de olvidarlo.
—Si me dice de qué se trataba, quizás pueda ayudarlo a recordar.
—Era el ejemplo de una bola de billar roja y una hoja de papel quemándose.
—Bien. ¿Le sirve si le digo bola de billar, papel?
—¿A ver un poco más?
—¿Papel quemándose?
—¡Ya, gracias! Era el ejemplo de una bola roja de billar y una hoja de papel quemándose... allí la cosa caliente es más lenta que la roja.
—¿La roja se movía?
—No me fijé.
—¿La hoja se quemaba y se movía... o estaba quieta?
—Estaba apoyada sobre una mesa, en un tren en movimiento.
—Entonces era más rápida que la bola de billar.
—Menos en las estaciones, allí el tren se detenía.
—Pero la bola de billar no, evidentemente.
—¡Por supuesto! ¡No me imagino que recogiera pasajeros!
—¡Ni pensarlo! ¿¡Quién querría viajar sobre una bola de billar!?
—Una hormiga... o un loco.
—¿En qué otra cosa se parecerán una hormiga y un loco?
—Hay un problema: una hoja de papel se quema bastante rápido, por lo tanto no alcanzaría ni siquiera a llegar a la primera estación sino es convertida en cenizas.
—¿Sugiere que las cosas que duran son más rápidas que las que no duran?
—Exacto. Usted puede tomar un coche para llegar más rápido a un lugar pero si se descompone a los cien metros, ir a pie habría sido más rápido que en coche, en términos de llegar a ese lugar.
—¿En qué otra cosa se parecerán una hormiga y un loco?
—Que nadie piensa que una hormiga esté loca porque se mete en un hormiguero.
—¿Y bien?

7 comentarios - Pescetti - Historias de los señores moc y poc

@francisco340
lo tengo y es muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu...y gracioso
@lardhat
Lo copiaste a mano?

Si lo tienes en formato digital, pasalo.
@jero_02
Que lindo libro !!
La verdad es admirable Pescetti, tiene muchísima imaginación !!
Te aconsejo que le pongas colores al post
@Chody
Es excelente.
@veri13
me encanta!!
no pude evitar matarme de risa!!
mi profesora nos lo recomendó en segundo año