Sabias que el 75% del territorio argentino tiene problemas de desertificación entre moderados, graves y muy graves? Y el 35% de los continentes es desierto?.

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Desertificación
No es casualidad que nuestro planeta se llame TIERRA; toda la vida terrestre depende de la frágil y friable corteza de suelo que recubre los continentes. Este manto precioso, se forma con una extrema lentitud, pudiéndose destruir con asombrosa rapidez; la acumulación de una sola pulgada de suelo fértil puede tardar siglos, pero los vientos y el agua pueden llevársela o disolverla en unos pocos años. Sin esa capa fértil, los seres vivos nunca habrían salido de los océanos, no habría plantas, ni cosechas, ni bosques, ni animales...ni seres humanos.
En los dos últimos decenios el problema de la degradación de tierras ha seguido empeorando y aumenta a un ritmo alarmante, erosionando gravemente la apreciada reserva mundial de tierras productivas.
En el pasado las tierras se recuperaban con facilidad después de las sequías y/o períodos secos prolongados; sin embargo en la actualidad la vida moderna nos muestra que estas tierras tienden, cada vez más, a perder su productividad biológica y económica.
¿Por qué?, ¿quién es responsable? y ¿qué hacemos?, son algunas de las tantas preguntas que se formulan no sólo los afectados, sino también los investigadores de este flagelo que hoy nos afecta a todos.
ecologia
Existen, de modo general, cuatro actividades humanas que suelen ser las causas más inmediatas de la desertificación: el pastoreo excesivo que destruye la capa de vegetación que protege al suelo contra la erosión; el monocultivo que lo empobrece y agota; la tala indiscriminada de árboles que deja al desnudo los frágiles suelos en que se asientan los bosques; el drenaje defectuoso de las aguas de riego que produce anegamiento y salinización de las tierras cultivables.
Si bien hay fuerzas en la naturaleza que provocan lo que se denomina erosión geológica, la mayor parte de los fenómenos de erosión registrados son producto de la actividad del hombre. Una mezcla de ignorancia, descuido y urgencia hace que la explotación de muchos ecosistemas impacte negativamente en la envoltura del suelo. Se trata de una etapa muy avanzada de un proceso de deterioro de carácter más amplio, que es la desertificación.
Por desertificación se entiende el proceso por el que un territorio que no posee las condiciones climáticas propias de los desiertos, acaba por adquirir las características de éstos, como resultado de la destrucción de su cubierta vegetal y de la erosión del suelo.
La desertificación se asemeja a una enfermedad de la piel. Primero aparecen pedazos de suelo empobrecidos, a veces a miles de kilómetros del desierto más cercano. Poco a poco esos pedazos crecen y se juntan, creando condiciones semejantes a los desiertos. La sequía a menudo la agrava o desencadena.
La desertificación ha influido incluso, en el desencadenamiento de diez de los conflictos armados que se desarrollan en tierras áridas. Es causal de hambre, desintegración social, inestabilidad política y de que se gasten cuantiosas sumas de dinero en actividades de socorro y ayuda humanitaria.
medio ambiente
La degradación de las tierras es tan vieja como la propia civilización, desde las llanuras de la China hasta las cumbres del Imperio Inca. El primer relato escrito, es una epopeya sumeria, la cual cuenta que un hombre, por cortar los bosques de Mesopotamia, atrajo una maldición; la población no hizo caso de la parábola y siguieron cortando árboles. Con los años, su gran ciudad "Estado de Uruk" que producía cosechas de rendimiento comparables a las de Norteamérica hoy, se fue transformando en una loma de arena.
Ya Platón, escribió en el siglo IV a.C.: "Nuestra tierra , comparada con lo que era, es como el esqueleto de un cuerpo consumido por la enfermedad". Otro viajero, y quizás el más conocido, Cristóbal Colón dijo: "Nunca contemplaré cosa tan hermosa como los bosques que cubrían los cerros de Haití", esos mismos cerros están hoy erosionados.
Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el 35% de la superficie de los continentes puede considerarse como áreas desérticas. Estos territorios acogen a unos mil millones de personas que sobreviven en condiciones persistentes de sequía y escasez de alimentos.Cada año, la desertización se cobra aproximadamente 6 millones de hectáreas en todo el mundo que se pierden sin esperanza de recuperación. Otras veinte millones de hectáreas por año quedan debilitadas como para servir de base para actividades productivas de agricultura o ganadería. Miles de millones de hectáreas se encuentran en algún lugar de la escala de degradación continua, entre el extremo de las tierras totalmente productivas y el de las desertizadas fuera de toda esperanza.
esperanza
Pero es la pobreza la causa principal, pues obliga a los campesinos a sacar lo más posible de sus tierras para dar de comer a sus familias en lo inmediato, aunque con ello estén echando a perder su subsistencia a largo plazo.
Pero no todo ha sido siempre destrucción. Aquellos habitantes de las tierras secas habían ideado métodos para vivir de sus frágiles suelos sin explotarlos mucho; los nómades de las estepas de Argelia, por ejemplo, recorrían kilómetros para aprovechar al máximo la sucesión de las estaciones y las variaciones climáticas, reduciendo al mínimo los daños a los suelos, dándoles así la posibilidad de recuperarse.
Desierto
Según el PNUMA se calcula que la desertificación cuesta al mundo 42.000 millones de dólares al año. Solamente Africa pierde cada año unos 9.000 millones de dólares. El costo humano se traduce en la subsistencia de más de 1.000 millones de personas (una quinta parte de la población mundial) que ahora están en peligro. Más de 135 millones de seres humanos pueden verse obligados a emigrar. Nadie sabe cuántos han tenido ya que hacerlo, dado que sus tierras quedaron improductivas, pero seguramente son varios millones. Si no se detiene o revierte la desertificación, la producción de alimentos en muchas áreas afectadas disminuirá, lo que puede causar desnutrición y en última instancia, hambrunas.
Detener el avance de la desertización no es una tarea fácil. La población crece a un ritmo vertiginoso en algunas de las regiones más amenazadas por la desertización. El desafío es recuperar y cuidar la tierra y, al mismo tiempo, satisfacer las necesidades básicas de una cantidad cada vez mayor de personas. En distintos lugares del mundo se planean estrategias, se las somete a prueba y se demuestra el potencial que tienen.
Los esfuerzos más prometedores se refieren a medidas que concentran la producción en la tierra más fértil y menos susceptible de erosión; que estabilizan los suelos en laderas y en otras tierras marginales y que reducen la vulnerabilidad al fracaso de las cosechas mediante la diversificación de las opciones ingreso-producción en toda una región.
Lograr una victoria permanente sobre la degradación de la tierra, a nivel mundial, seguirá siendo un sueño lejano hasta que no se apliquen reformas sociales y económicas que puedan asegurarles a los habitantes del campo la posesión de su tierra y el acceso a los recursos que necesitan para mejorarla y protegerla.
La desertificación socava la productividad de la tierra, contribuyendo al aumento de la pobreza. Las primeras víctimas son los recursos básicos (la superficie fértil de la tierra, el manto vegetal y los cultivos naturales), siendo uno de los primeros afectados el hombre, ya que cuando los suministros de alimentos y agua comienzan a escasear, y en casos extremos experimenta hambrunas, comienza una migración en masa a los centros urbanizados con la esperanza de alcanzar allí una mejor calidad de vida. Pero esta explosión de familias, trae aparejada consecuencias no deseadas, ya que no todos los centros urbanizados están preparados para recibir a esta nueva población, viéndose afectados los centros de salud, los establecimientos educacionales, el espacio físico para la construcción de viviendas y lo más importante, el consumo de alimentos.
Si a esto le sumamos los factores naturales, como los vientos y las lluvias con sus consecuentes efectos sobre los suelos (formación de hondonadas, eliminación de nutrientes vitales, suelos salinos, marchitez de plantas por ráfagas de polvo que pueden enterrarlas o dejar peligrosamente expuestas sus raíces, etc.), llegamos a la conclusión que la desertificación es un problema ambiental mundial. Dado el vínculo entre la degradación de tierras y la producción alimenticia, los esfuerzos hasta el momento se han concentrado más en los síntomas que en las causas.
cambio climatico
Artículo publicado el 1º de Diciembre de 1999 en el Diario La Opinión Austral de Río Gallegos (Prov. de Santa Cruz)
Bibliografía Consultada:
-Ciencia Ambiental y Desarrollo Sostenible. Enkerlin, Ernesto C.; Cano, Gerónimo; Garza, Raúl A.; Vogel, Enrique. Internacional Thomson Editores. México. 1997.
-Ecología- Colección Oxford Joven. Michel Scott. Ediciones EDEBE. 1995. Barcelona
-Guía de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación.UNEP- PNUMA
Fuente:
Dirección de Conservación de Suelos
Dirección de Investigación y Extensión
Consejo Agrario Provincial
Nodo Provincial Santa Cruz del SIAN
cita: http://www.santacruz.gov.ar/recursos/educacion/desertif.htm
mas info: http://www.mincyt.gov.ar/comunicacion_y_prensa/iciencia/Iciencia_16.pdf


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