La madre Teresa de Calcuta�


La Madre Teresa, conocida en todo el mundo por su incansable trabajo en favor de los pobres, los enfermos y los moribundos, dedicó su vida a dar esperanza a los desheredados en más de ciento veinte países. Nos inspira la manera de trasladar nuestras creencias espirituales a nuestras acciones cotidianas. ¿Cómo es posible que una mujer haya llevado a cabo tantas cosas? ¿Cuáles son las directrices que han permitido a esta humilde monja tener un efecto tan profundo en la vida de millones de personas?
Con sus propias palabras, la Madre Teresa comparte los pensamientos y experiencias que le sirvieron para llevar a cabo esa extraordinaria labor de caridad. Con un sincero vistazo a su vida diaria, a su mera sencillez y abnegación que le proporcionaron una fuerza que mueve montañas, Camino de sencillez nos da a conocer ese extraordinario espíritu que ha dedicado su vida a los más pobres de nuestra sociedad.
La Madre Teresa fue reconocida como líder en lo que respecta a la paz mundial y apareció a menudo en las listas de las mujeres más admiradas del mundo. No obstante, ella nunca se consideró nada extraordinario, ni a sí misma ni tampoco al trabajo que desarrolló.


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Pero ¿qué sabemos realmente de su filosofía y de su trabajo? Si nos tomamos la molestia de profundizar más allá de su imagen pública, descubriremos que su fe y la claridad de los objetivos que persigue nos brindan poderosas lecciones en cuanto a formas de amar, servir y respetar a los demás seres humanos, especialmente a aquellos que viven en la pobreza. Ella practica lo que predica. Defiende un camino de sencillez que cualquier persona puede seguir.
En tiempos pasados aparecieron líderes espirituales extraordinarios en momentos en que el mundo necesitaba con urgencia el liderazgo de algún guía espiritual. Estas personas, dotadas de una enorme fuerza espiritual, se hallaban claramente conectadas con Dios y, en muchos casos, sus enseñanzas fueron revolucionarias. Una de estas figuras fue el carismático san Francisco de Asís. Nacido en la Italia del siglo XII, Francisco de Asís vendió todas sus posesiones para obedecer a la llamada de Cristo que le instaba a restaurar su Iglesia. En un principio se dedicó a vivir en la pobreza (no llevando más ropa que una tosca túnica), mendigando comida y cuidando de leprosos y otros marginados. Más tarde fundó una orden de frailes y tuvo gran influencia en la reforma de la por entonces rica y próspera pero frecuentemente mal gobernada Iglesia católica. Cuando le llegó la muerte, había reunido a más de cinco mil monjas, sacerdotes y monjes profesos, para que continuaran la tarea que él había emprendido. La orden franciscana ha llegado a ser una de las órdenes religiosas más importantes del mundo.
San Francisco fue un radical en su tiempo - fue acusado incluso de hereje - porque ofrecía una nueva visión de la vida cristiana, al vivir como mendigo, creer en la Providencia y seguir estrictamente las enseñanzas del Evangelio. Pero el dato poco mencionado de su biografía se refiere al hecho de que reformara su propia religión desde dentro de la Iglesia institucional, en lugar de optar por escindirse de la misma. La vida de la Madre Teresa presenta muchas similitudes con la de san Francisco.
El camino de ésta discurre también a través de la pobreza, la austeridad y su adhesión a las enseñanzas de Jesucristo, motivo por el cual ha sido considerada progresista en el actual marco fundamentalista de la Iglesia patriarcal. Con todo, ella predica el amor y la paz en la acción, en un mundo todavía carente de líderes femeninos carismáticos y desde una de las ciudades más grandes, pobres y contaminadas de Asia.
La Madre Teresa recibió la llamada de Dios que la instaba a servir a los más pobres entre los pobres en 1946, y empezó a pequeña escala, cuidando de una persona enferma y agonizante que encontró en las calles de Calcuta.
Misioneras de la Caridad, es una congregación religiosa que fundó con la bendición de la Santa Sede en 1950.
Las hermanas y hermanos Misioneros de la Caridad sobrellevan su vida de pobreza con una fe absoluta en que va a acercarlos a Dios. Confían y creen en su Providencia y, al igual que san Francisco de Asís, viven y trabajan únicamente gracias a la generosidad de terceros. Asimismo, como san Francisco, viven de acuerdo con las enseñanzas que predican, lo cual implica no poseer nada que no posean los pobres a los que sirven. Su alimentación es frugal y sus pertenencias se reducen a dos mudas de ropa, un par de sandalias, un cubo, un plato de metal, los utensilios básicos y escasa ropa de cama. Su vida de comunidad está construida en torno a las palabras del Evangelio: la vía cristiana de la oración, el amor, el perdón, el abstenerse de juzgar, la humildad, la verdad y la total entrega a los demás.

Calcuta


Una breve mirada a algunos de los acontecimientos clave en la vida de la Madre Teresa contribuye a arrojar alguna luz sobre las múltiples facetas de su personalidad, así como sobre el propósito de su trabajo. La Madre Teresa, nacida en Agnes Gonxha Bojaxhiu en Skopje, entonces Albania, vino al mundo el 26 de agosto de 1910: era la más pequeña de una familia con tres hijos. Disfrutó de una infancia feliz: su padre era contratista de obras e importador y su madre era una persona estricta pero cariñosa que tenía una profunda fe. Tras la muerte prematura de su padre, la vida se hizo más dura y, para ayudar a su familia, la madre de Agnes montó un negocio de venta de telas y brocados. En la adolescencia, Agnes entró a formar parte de un grupo de gente joven de su parroquia local conocido como la Hermandad, y a través de las actividades que allí se llevaban a cabo, bajo la tutela de un sacerdote jesuita, Agnes se interesó por el mundo de los misioneros.
La primera revelación de su vocación como misionera católica le llegó cuando contaba dieciocho años y la impulsó a entrar en una congregación irlandesa, las hermanas de Loreto, bien conocidas por su trabajo en las misiones, especialmente en la India. Desde muy temprana edad la Madre Teresa deseaba trabajar en el subcontinente indio, pero primero marchó a Irlanda, con la intención de aprender inglés para después ser transferida en calidad de maestra a la Escuela superior del convento Loreto de Santa María en Calcuta. Eso ocurrió el 6 de enero de 1929, y cuando hizo los votos como hermana de Loreto, el 24 de mayo de 1931, eligió el nombre de Teresa en honor de santa Teresa de Lisieux.

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Tanto la decisión de dejar su patria y marcharse al otro extremo del mundo como la de adoptar el nombre de Teresa como nombre de religiosa constituyen dos claves esenciales para comprender la fuerza, el carácter y los objetivos de la Madre Teresa, su fervor, no sólo por convertirse en religiosa, sino también por decantarse claramente hacia la labor de misionera, "para salir a la calle y ofrecer a la gente la vida de Jesucristo"; así se refiere ella a esta primera llamada.
En Calcuta, la Madre Teresa enseñó geografía y catequesis en el colegio de Saint Mar y aprendió el hindi y el bengalí; en 1944 fue promocionada al cargo de directora de su escuela. Corrían tiempos muy duros, con racionamiento de alimentos y cre-cientes cargas de trabajo, y la Madre Teresa, que no era de por sí una mujer fuerte, cayó enferma de tuberculosis. Ello la incapacitó para continuar como profesora y hubo de ser enviada a Darjeeling, para reponerse al pie de la cordillera del Himalaya.
Le llevó un par de años obtener permiso para reorientar su servicio en las misiones, pasando de maestra a servidora, de vivir en una comunidad segura y confortable a no poseer nada más que una fe excepcional y una visión extraordinaria.
La Madre Teresa dijo una vez de sí misma: "Mi sangre y mi origen son albaneses. Pero soy de ciudadanía india. Soy monja católica. Por profesión, pertenezco al mundo entero. Por corazón, pertenezco por completo al corazón de Jesús." Ella define su papel a la hora de abarcar el mundo diciendo: "Nuestra tarea consiste en animar a cristianos y no cristianos a realizar obras de amor. Y cada obra de amor, hecha de todo corazón, acerca a las personas a Dios." Su compromiso de misericordia radica en repartir amor por el mundo mediante el alivio del sufrimiento ajeno, a través de una congregación de monjas y monjes que sirven a una comunidad en su mayor parte no cristiana, y que no obliga a las personas atendidas a convertirse a la fe católica.

El fruto de la fe es el amor


La peor enfermedad que acecha hoy en día al mundo occidental no es la tuberculosis o la lepra; es el hecho de no ser deseado, de que nadie nos ame ni se preocupe por nosotros. Las enfermedades físicas pueden curarse con medicinas, pero el único remedio para la soledad y la desesperación es el amor. Hay muchas personas en el mundo que se mueren por un trozo de pan, pero hay muchas más que se mueren por un poco de amor.
Yo siempre digo que el amor empieza en casa: primero la familia y luego nuestro pueblo o ciudad. Es fácil amar a personas que se encuentran lejos, pero no siempre resulta fácil amar a los que viven con nosotros.
Jesús dijo: "Amaos los unos a los otros como Yo los he amado" y también dijo "Lo que hagas a mi hermano menor me lo estará haciendo a mi"

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El calor de nuestras manos
El amor no consiste en amparar y la caridad no está hecha de compasión, está hecha de amor. La caridad y el amor son una misma cosa; haciendo caridad uno está dando amor; así pues no nos limitemos a dar dinero y en lugar de eso, tendamos nuestra mano al necesitado.
He llegado a la conclusión de que la ayuda práctica puede, en realidad, llegar a humillar a las personas que la reciben a menos que esté animada por el amor.
El amor no tiene sentido si no es compartido. El amor tiene que ser puesto en práctica. Debemos amar sin esperar nada a cambio, hacer las cosas por amor, no por lo que puedan aportarnos. Si esperamos algo a cambio, entonces no se trata de amor, porque el amor verdadero no pone condiciones ni alberga expectativas.
En realidad es bastante sencillo. Los moribundos se conmueven cuando reciben amor, y éste puede consistir en actos tan simples como estrecharles la mano, traerles un vaso de agua o conseguirles aquel dulce que desean. Basta con traerles lo que nos piden para que se sientan satisfechos.
Como nosotros no predicamos, sino que nos limitamos a hacer las cosas con amor, ellos se sienten tocados por la gracia de Dios.
En cierto modo, el servicio es simplemente una vía para expresar que estamos a favor de una persona y aunque en el caso de los más pobres a menudo no podemos aliviar del todo sus problemas, estando con ellos, estando por ellos cualquier cosa que hagamos es importante. El mensaje que procuramos trasmitir a los más pobres entre los pobres es el siguiente: "No podemos solucionar tus problemas, pero Dios te ama aunque estés discapacitado, aunque seas alcohólico o padezcas la lepra; te cures o no, Dios te quiere lo mismo, y nosotros estamos aquí para expresarte ese amor.
Si invertimos tiempo en una persona, eso constituye lo mismo una expresión de amor que el hecho de hacer algo por ella.
¿Miramos a los pobres con compasión? Ellos tienen hambre no sólo de comida, están hambrientos de ser reconocidos como seres humanos. Están hambrientos de dignidad y de ser tratados como nos tratan a nosotros. Están hambrientos de nuestro amor

El fruto del amor es el servicio

Tómate Tiempo

Tómate tiempo para pensar,
es la fuente de poder

Tómate tiempo para rezar,
es el mayor poder sobre la tierra

Tómate tiempo para reír,
es la música del alma

Tómate tiempo para jugar,
es el secreto de la perpetua juventud

Tómate tiempo para amar y ser amado,
es el privilegio que nos da Dios

Tómate tiempo para dar,
el día es demasiado corto para ser egoístas

Tómate tiempo para leer,
es la fuente de la sabiduría

Tómate tiempo para ser amable,
es el camino hacia la felicidad

Tómate tiempo para trabajar,
es el precio del éxito

Tómate tiempo para hacer caridad,
es la llave del cielo


La plegaria en la acción es el amor y el amor en la acción es servicio. Hemos de procurar dar de forma incondicional lo que una persona pueda necesitar en un momento dado. La cuestión es hacer algo (por nimio que sea) y demostrar a través de nuestras acciones que nos preocupamos, ofreciendo nuestro tiempo. Hay quienes opinan que si nosotros damos caridad a los demás eso hará disminuir la responsabilidad de los gobiernos para con los pobres y los necesitados.
Oraciones favoritas de la Madre Teresa
Haznos merecedores, Señor, de ayudar a nuestros compañeros del mundo que viven y mueren en la pobreza y el hambre. Dales a través de nuestras manos, el pan de cada día y, a través de nuestro amor y comprensión, concédeles paz y alegría.
Papa Pablo VI

La madre Teresa de Calcuta�


El fruto del servicio es la paz
Las obras de amor son siempre obras de paz. Cuando compartes el amor con los demás, percibes la paz que se apodera de ellos y de ti.
Cuando hay paz, hay Dios: es así como Dios toca nuestras vidas y nos muestra su amor llenando nuestro corazón de paz y alegría.
Sé feliz en el momento, con eso basta. El momento presente es todo lo necesario, nada más. Sé feliz ahora y si con tus acciones muestras que amas a los demás, incluyendo a los que son más pobres que tú, también les darás felicidad a ellos. No cuesta mucho: puede ser simplemente ofrecerle una sonrisa. El mundo sería un lugar mucho mejor si todo el mundo sonriera más. Sonríe, entonces, muestra alegría y celebra que Dios te ama.
A continuación ofrecemos la oración de paz escrita por San Francisco de Asís que decimos todos los días.
Señor, conviérteme en tu canal de paz para que:

Donde haya odio, pueda llevar amor;

Donde haya mal, pueda llevar el espíritu de perdón;

Donde halla discordia, pueda llevar la armonía;

Donde halla error, pueda llevar la verdad; donde haya duda, pueda llevar la fe;

Donde haya desesperación, pueda llevar la esperanza;

Donde haya sombras, pueda llevar la luz; donde haya tristeza, pueda llevar la alegría.

Señor, permite que desee dar consuelo más que recibirlo.

Entender que ser entendido;

Amar que ser amado.


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