¿Sexualidad o Genitalidad?

¿Sexualidad o Genitalidad?


1
Hay una anécdota, viene de los primeros días universitarios, épocas en que empezábamos a leer Freud y realmente no sabíamos nada y eso, eso: era bueno.
Era bueno, digo, porque era claro que nadie sabía nada, y frente a preguntas desesperanzadas tales como ¿Qué es la sexualidad ? los profesores se deslizaban con arte por la obra freudiana y lo que hacían finalmente -y a modo de respuesta- era: hablar.
Según esa lectura, la sexualidad quedaba ligada al habla de los que no sabían, pero cuya ignorancia se mostraba con arte.
Esto puede discutirse y ¡mucho! -además la idea que motoriza-ba esa lectura puede producir variaciones muy interesantes; no obstante, dejaremos esas apreciaciones para más tarde y, mientras, diremos que para esa pregunta parecía no haber una respuesta, una definición, que no fuera, desde el vamos, una que se hacía desde la negación: “Para Freud la sexualidad no es la genitalidad”

Entonces ¿cómo quedaban los tantos?
¿Qué es la sexualidad? .................................. No es la genitalidad.
Sin embargo, parecería también que aquello no dejaba las aguas calmas.
(Digo calmas que no es estancas.)
En el mejor de los casos producía tormenta, en el más penoso agua podrida.
Quizá, por eso, frente a la posibilidad de responder con el movimiento del lenguaje que no ancla nunca del todo, ciertas desesperanzas se convirtieron en desesperaciones y la gente psi. -inquieta como angustiada- (por no decir rara como encendida) empezaba a fijar ideas, a quitarles su atributo de flujo, su movimiento, su onda. Y así encontraban libros y hallaban frases para subrayar sus necesidades morales y como buenas palabras bíblicas -regordetas de sentido- fueron tomadas y recibidas como hostias que acallaban las bocas y tapaban las orejas.
Y muchos fueron creyentes, dignos hijos de dios.

(Esto ocurrió siempre, la anécdota ha sido una excusa.)

2
El núcleo que haríamos polvo se llama ¿SeXualidad? (acéptese el tiempo verbal) (-Ya hablaremos de esa X que no guarda proporción; que interrumpe la armonía-.)
Nótese que estamos interrogando una palabra. Ahora NO decimos: ¿Qué? ni ¿Qué es? Ni ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Con qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?
Está en el orden de lo coloquial: tiene una intensión, (CON ESE de sopa) por ejemplo, alguien viene hablando, dice sexualidad y el interlocutor se sorprende y remarca:
-¡¿SeXualidad? !
Quiero acentuar ese momento.
Después vendrán las preguntas.

2.1
Entonces se interroga el contexto, el campito en el que se piensa apoyar el “núcleo”; otros interlocutores colaboran: ¿Por qué en Versiones?,¿por qué no en Malestar? ¿o en Amor?
Creo que son buenas preguntas pero no es el tiempo de contestarlas porque: no lo sé y pareciera necesario aceptar el tiempo del no saber; digo es probable que hagamos base en Versiones y lleguemos a distintos lugares, de hecho, en este núcleo que hoy comienza ya tenemos tres derivaciones hechas a: Transdisciplina: Amo y esclavo (ver Las redes del poder. M.Foucault) y otras dos a Transdisciplina (ver Transexual de J.Baudrillard e Introducción Rizoma por Deleuze y Guattari).
Sin embargo las preguntas no van quedando en el camino como si fueran piedras; mas bien, son como los pájaros que siguen el barco en alta mar, alimentándose de algunos restos, o sabiendo que ahí va a haber un resto seguro y entonces mientras ellos crecen, nosotros avanzamos hacia un primer destino.
El movimiento y la transformación es para ambas partes.

(Admito que para la figura anterior prefiero pensar un pájaro a un plesiosauro)

3
Para Agamben cada cultura es una experiencia del tiempo.
Experimentar el tiempo, entiendo, sería algo más que vivenciarlo; probablemente implique un decantar y un saber qué hacer con aquello que sedimenta en cada quien.
La manera de hacer una revolución supone modificar la experiencia del tiempo, llevar el plano del tiempo y sus sedimentos a otra parte, para interrumpirlo, detenerlo, romperle la continuidad, dejar que nos sedimente en otro punto: bancarse ese tránsito del tiempo fuera del tiempo de los otros y reconocer el placer finito e intenso de ese acto en la transformación inevitable que propone esa experiencia.

El tiempo del placer se las trae y hace de cada quien un otro a cada instante.

(¡hay que ver si estamos en condiciones de bancarnos – soportarnos, aceptarnos, sedimentarnos tras decantar- eso! Eso que tiene mucho que ver con un devenir, con un ser en movimiento anclándose y desanclándose; algo así como saberse en una identidad enlazada a sus propia diferencia)

De alguna manera la idea de sedimento-devenir, me lleva a pensar en las marcas, en las huellas. Cuando el autor plantea que hay una incapacidad para traducir en experiencia la existencia cotidiana, que además es insoportable, parecería estar indicándonos que no por mucho suceso que haya uno puede pescar algo, digo: no porque pase un exceso de cosas por segundo a nivel planetario y galáctico a uno le va a pasar algo, puede que no le pase nada, puede no inscribirse nada.
La nada en el mejor de los casos produce en la angustia algo.
Pero solo en el mejor de los casos produce algo que haga sedimento, huella, marca y transformación.

La idea de la destrucción de la experiencia -cosa que toma o retoma de Walter Benjamin- nos haría pensar en la idea de la destrucción del tiempo, cuestión que los humanos también experimentamos a medida que envejecemos. El tiempo es veloz, cada vez más inasible. Nos vacía, pero es cierto: la vivencia del placer hace otra cosa con el tiempo y también con los cuerpos.
Hay algo irremediable e irrevocable en el tiempo del placer, quiero decir que semejante experiencia es herramienta –liberación- para re significar lo vivido.

3.1
¿Por qué era necesario aclarar que la sexualidad no era la genitalidad? ¿No era obvio?
Llega otra anécdota:
en estos días alguien me cuenta que cuando era niña había ido al almacén; una vez allí le pide a la almacenera jamón cocido; la almacenera naturalmente le responde:
-no tengo jamón cocido, pero tengo queso de rallar.
¿?
Llegamos a una particular y primera idea:
entre sexualidad y genitalidad existe la misma relación que entre un jamón cocido y un queso de rallar cuando alguien va a un almacén de infancia -o en la infancia- y pregunta por una cosa pero le ofrecen otra que se supone sustituta; o se ofrece lo que se tiene porque lo que no se tiene se ofrece de esa manera.
Esta es una versión de la sexualidad.
Ni la primera, ni la última.

3.1.1

La respuesta -no es genitalidad- aludía a lo biológico. Desde lo biológico, mejor dicho desde la lectura biológica que tiene más prensa, hay macho y hembra; pene-vagina (nadie dice pene-vagina) mamas -para amantar cachorros, ano, ombligo...
Pero con este mapa no resolvemos nada de lo humano; más bien nos deja hermanados a lo animal; y si hacía falta aclarar una obviedad era sólo porque en un punto la sexualidad quedaba totalmente ligada al acto de la procreación por macho + hembra.

Hay que reconocer que el discurso de la iglesia ha sido muy fuerte, aun hoy es devastador, a tal punto que atravesó todas las ciencias detentando (e inventando previamente) lo que sería el “saber biológico” como un legado de la creación divina. En principio, diremos que Animalizar lo humano, en ese orden, pareciera dejar la “pajarera” humana sin alboroto, bajo semblante paz, todos en gracia, navegando el diluvio dentro del arca de Noe.

Entonces necesitamos introducir una primera diferencia, diremos que lo humano está alborotado desde el preciso momento en que el instinto tomó la forma de la pulsión.
Salto –si acaso en la mítica del origen de las especies lo hubo- irrevocable.

Creeríamos que en ese punto el discurso religioso queda separado del nuestro.
Dado que cualquier “¿seXualidad?” fuera de lo pro-creativo se encontraría en falta, sin gracia, desviada del plan divino.

Se supone, entonces, que no habría posibilidad de pertenencia en el discurso religioso;
ni tampoco pertenencia de lo religioso en el discurso psicoanalítico.

No nos vamos a quedar con esto, pero la idea, en principio freudiana, en la cual no hay lazo predeterminado entre la pulsión y el objeto, implica la condición humana.
O sea lo humano es variado, la naturaleza humana admite –consiste- en la diversidad de objetos.

¿Esta idea ha sido practicada? ¿Que le pasó a Freud con esto? ¿Lo sostuvo? ¿Se le cayó? ¿Estuvo –con el resto de su obra- a la altura de semejante planteo?
¿Y sus hijos?
¿Y sus hijastros?

3.1.2
()
(¿Por qué el psicoanálisis es acusado de homofóbico?
No es una acusación menor.

¿Qué experiencia del tiempo transita la cultura “psicoanalítica” para ganarse dicha crítica?
Ojalá podamos llegar a ese punto)

4
Para Longo –novelista del siglo II, ¿Isla de Lesbos?- el comienzo del amor enferma; es una enfermedad cuyo misterio duele, y pareciera doler en el cuerpo. La entrada al amor -en realidad sería Eros entrando en alguien, es de arranque un no saber qué pasa con uno y con el cuerpo:

“Una desazón continua se había apoderado de su alma...”(Longo, Dafnis y Cloe, libro 1, 13, 5)

“Ahora estoy enferma, pero ignoro cuál sea mi mal. Tengo una dolencia y no sufro herida alguna. Estoy llena de pena y ninguna oveja se me ha muerto. Me abraso y estoy sentada en plena sombra...” (Longo, Dafnis y Cloe, Libro 1, 14)

“Pero Dafnis, como si lo hubieran mordido y no besado, tomó de inmediato un aire taciturno, sufría continuamente escalofríos, trataba de contener el palpitante corazón y no quería sino mirar a Cloe, aunque al mirarla se cubría de rubor...” (Longo, Dafnis y Cloe, Libro 1, 17,2)

Por ahora diremos que Eros no es fuera del cuerpo.
Y también diremos que de movida –de comienzo- hay algo que se presenta al cuerpo y al “alma” como de no adecuación en ese encuentro intenso de no saberes.

(Esta particularidad de Eros en el cuerpo, nos vuelve a alejar de la “exactitud” biológica.)

En los lugares comunes del amor, la singularidad de cada amor está velada, amordazada, imposibilitada. Dicho de otra forma: los lugares comunes, son tan comunes, que no dicen nada de la singularidad y del no saber de cada amor.

(No obstante pareciera irremediable la búsqueda por reconocer esos lugares en los semejantes. Que otro venga a decir lo que alguien ha sentido alguna vez, que otro venga a cantar o a recitar que dispone de un saber compartido –comunitario-común- o a compartir, pareciera no dejar tan sola a la gente, pese a que tal vez no se hayan enterado de mucho (conjeturo que esto podría ser una explicación posible para comprender el éxito “arrollador” de ciertos productos de TV, música, etc)

En los lugares comunes del amor, se cuida un saber masivo; un saber para todos, un saber ortopédico.
En los lugares comunes del amor se alza una estatua que protege a todo desdichado, se forma una comunidad de sentido:
nosotros, los que nos amasamos amándonos de la misma manera.
Un canto a la ¿igualdad?
Lejos, muy lejos, desterrado, exiliado aquel que ha dicho: el amor es un horrible desprendimiento (Artaud)

El Eros se propone cosas muy distintas a las cancioncitas de amor tarareables y recordadas por todos; inoculadas a todos y en todos o por todos los medios de comunicación.
Eros se propone –sin propósito humano, por cierto- romper todo saber a priori de la masa, hacer masita, miga, partícula.
Eros es una experiencia en cada quien.
Hace de cada cuerpo una nueva geografía; de cada cuerpo un mapa distinto.

Entonces pareciera tratarse de la diversidad y en la diversidad: cada amorcuerpo -(permítase, por ahora, esas palabras enlazadas).

Dudo que la magnitud de lo diverso pueda leerse desde un solo lugar- o dispositivo- creería que en los cruces de los diversos –múltiples- discursos sociales, artísticos, filosóficos... digo: en esos cruces y en esas pérdidas irremediables y necesarias que producen los cruces podríamos atender-leer-escuchar-respetar- transdisciplinariamente a las formas humanas del amor -y al dolor que cada amor produce.

Quedarse varado en un solo discurso frente a la diversidad nos arroja a una peligrosa ignorancia que no admite preguntas a la hora de establecer una práctica clínica o social o artística.

Para comenzar este trabajo de versiones: ¿SeXualidad? cito la expresión de una idea que me conmovió;

“Cada concepción de la historia va siempre acompañada por una determinada experiencia del tiempo que está implícita en ella, que la condiciona y que precisamente se trata de esclarecer. Del mismo modo, cada cultura es ante todo una determinada experiencia del tiempo y no es posible una nueva cultura sin una modificación de esa experiencia. Por lo tanto, la tarea original de una auténtica revolución ya no es simplemente “cambiar el mundo”, sino también y sobre todo “cambiar el tiempo”.

(Agamben, Infancia e Historia)





FUENTE

¿Sexualidad o Genitalidad?�


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7 comentarios - ¿Sexualidad o Genitalidad?

@rodrigoperezdj Hace más de 5 años
muy largo...
@ramiro77 Hace más de 5 años
Aprendan el habito de leer, no tiene nada de largo el texto.
@beaboop Hace más de 5 años
La gran revolucion freudiana fue justamente ampliar el concepto de sexualidad, reducida hasta ese momento a lo biologico y genital y tomarlo como un eje central, estructurante y singular de la vida del sujeto. Como dice el texto no hay formulas posibles..
Eros es una experiencia en cada quien.
Hace de cada cuerpo una nueva geografía; de cada cuerpo un mapa distinto.

A mi me regusto el texto!
Gracias!!
@melan007 Hace más de 5 años
interesante Tonny!