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Greenpeace "Verde Profundo"

Greenpeace "Verde Profundo"
Rex Weyler fue el primer Director de la Fundación Greenpeace, el editor del primer newsletter de la organización, y el cofundador de Greenpeace Internacional en 1979. Fue también fotógrafo y reportero en las primeras campañas de focas y ballenas de Greenpeace y ha escrito una de las mejores y más exhaustivas historias de la organización, “Greenpeace” (Raincoast, 2004). Su libro, “Sangre de la Tierra, una historia del Movimiento Indoamericano”, fue nominado al Premio Pulitzer. “Verde profundo” es la columna mensual de Rex, que muestra las raíces del activismo y el ecologismo, y nos acerca al pasado, presente y futuro de Greenpeace.

Capítulo 1: Los orígenes.
greenpeace
Cuando el primer barco de Greenpeace navegó a través del Golfo de Alaska en 1971 hacia las Islas Aleutianas, lugar donde Estados Unidos estaba realizando pruebas nucleares, la tripulación y sus seguidores en Canadá no imaginaban que esa campaña sería el comienzo de una organización global. Irving Stowe, el líder cuáquero del Don’t make a Wave Comitee (Comité No hagan una Ola) que lanzó la campaña, pertenecía a una docena de esos grupos y creía que después de esa actividad el grupo debía disolverse. Su idea de mantener las cosas simples y a nivel local tenía su mérito, pero como sabemos, no fue así como resultaron las cosas.

El bote cuáquero Golden Rule inventó la protesta desde el mar en 1958 cuando intentó entrar en el sitio de pruebas nucleares de Estados Unidos en el atolón Eniwetok. El Capitán Albert Bigelow y su tripulación fueron arrestados y pasaron 60 días en una cárcel de Honolulu, pero su historia publicada en varios medios llegó a Earle y Barbara Reynolds, quienes navegaban a bordo de su velero, Phoenix. Ellos cambiaron su curso hacia Eniwetok y al llegar a la zona de pruebas fueron también arrestados. Para 1969, estas protestas habían inspirado a los activistas por la paz de Vancouver, quiénes estaban relacionados a los Cuáqueros y al Sierra Club. En 1972, el ad hoc Don’t Make a Wave Comitte cambió su nombre a Greenpeace y contempló un problema mucho más complejo que la simple detención de la guerra.

Ecología: Una idea subversiva

Aunque hoy resulte difícil de imaginar, la ecología no era una idea común en los 60’s. Los hippies que plantaban comida orgánica y vivían vidas simples eran vistos como fanáticos. No obstante, un gran despertar ecológico venía creciendo con fuerza desde hacía un siglo. El naturalista alemán Ernst Haeckel acuñó la palabra “ökologie” en 1866 para describir su idea de un “hogar” global y una familia de seres humanos conectados. Casi simultáneamente, Ellen Richards, la primera mujer admitida en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), propuso la radical idea de que el medio ambiente incidía en la salud humana. Tan claro como se nos presenta a nosotros ahora, Richard fue ignorado.

Cuando la M.D. de Harvard Alice Hamilton descubrió en 1923 que General Motors intentaba comercializar gasolina con plomo, ella predijo calamidades de salud pública masivas, identificó alternativas, y llamó al ingeniero de GM, Charles Kettering, “un asesino” por permitir que el plan prosiguiera. Los ejecutivos de la industria automotriz ridiculizaron a Hamilton. Tomó 50 años, hasta 1975, que la gasolina con plomo fuera prohibida en Norteamérica y en Europa. El combustible tóxico todavía es utilizado hoy en las regiones más pobres del mundo, en la China Industrial y para el combustible de aviación.

Mientras tanto, los derrames de petróleo, los suelos tóxicos y los ríos en llamas hicieron a la ecología más evidente. En los Estados Unidos, Barry Componer descubrió estroncio-90 de pruebas de bombas nucleares en dientes de niños pequeños. En el diario Biociencia, en 1964, Paul Sears llamó a la ecología “La materia subversiva”, porque iba a derrocar las presunciones de la sociedad humana en salud, economía, política, todo. La humanidad estaba despertando a los límites del consumo. Estas revelaciones dieron forma a la temprana evolución de Greenpeace.

Enterate

En las primeras reuniones de Greenpeace - habitualmente realizadas en mesas de cocina, en cafés o en pubs - nos dimos cuenta que incluso aunque pudiéramos frenar las pruebas de bombas nucleares, todavía debíamos enfrentar el devastador momento de civilización industrial en sí mismo. ¿Cómo haríamos para salvar a la humanidad de sus propios hábitos destructivos? No podíamos levantarnos contra la guerra solamente, teníamos que protestar por algo, por la vida misma. Ben Metcalf, brillante periodista y pionero estratega de medios de Greenpeace, creó el primer “banner” de la organización mediante el alquiler de 12 carteleras que atravesaban Vancouver con este mensaje: “¿Ecología? Enterate. Vos sos parte”.

humanidad
Haciendo un recorrido sobre los casi 40 años de campañas en Greenpeace, deberíamos preguntarnos: ¿Hemos progresado? Greenpeace efectivamente ha ayudado a hacer de la ecología una preocupación cotidiana y una palabra de moda en la política. Desde los 70’s, la humanidad ha limpiado ríos y el aire de las ciudades, ha instalado sistemas de reciclado y ha protegido algunas especies en extinción. Entonces, ¿es la sociedad humana ecológicamente más sana de lo que lo era en 1971? La respuesta incluye sombras de “sí” y “no”.


Después de todos estos años

La tendencia más grave y de mayor peso es el crecimiento vertiginoso de la población humana, de aproximadamente 3,7 mil millones en 1971, a 6,7 mil millones en la actualidad, casi el doble y en aumento. Agregamos una red de 75 millones de personas al planeta cada año- una población equivalente a 10 ciudades de Nueva York- que en su mayoría vive en la pobreza o en paisajes degradados. La presión de la población humana sobre cada ecosistema en el mundo crece con nosotros.

Mientras tanto, los ricos se hacen más ricos y consumen más. Las ciudades más desarrolladas intentan mejorar la vida de sus ciudadanos a través del crecimiento de sus economías industriales, y difícilmente podemos culparlos. Actualmente, cerca del 15% de la humanidad consume el 85% de los recursos. Ya consumimos la mitad de los grandes bosques y el petróleo barato, y al menos el 90% de las especies más populares de pescado. Necesitaríamos seis planetas más para brindarle el estilo de vida europeo o americano al resto del mundo. Algo tiene que cambiar.


Todavía estamos tratando de salvar a las ballenas después de 30 años de moratoria. En 1973, Greenpeace eligió a las ballenas como nuestra primera campaña ecológica, no sólo porque afrontaban su extinción, sino también porque ellas representaban todo lo que es magnífico en la naturaleza. Ellas son inteligentes, sociables y creativos seres humanos que nos recuerdan el valor inherente de la naturaleza salvaje en sí misma.

¿Ganando terreno o vendiendo humo?

Greenpeace logró una prohibición para el vertido de desechos al océano en los 80’s, pero después del Tsunami del 2004, enormes bidones de toxinas de 4 metros lavaron las playas de Somalia. Alguien, probablemente de Europa, en secreto había estado vertiendo la basura radiactiva y tóxica de la costa africana durante años. Cada pieza de legislación ambiental enfrenta el continuo asalto de aquellos que pueden anular o simplemente ignorar esas leyes.
contaminación
Utilizar a los medios de comunicación para contar la historia de la Tierra ha sido el sello de Greenpeace desde el comienzo. Sin embargo, ahora enfrentamos la creciente consolidación de la propiedad de medios. Los dueños de las corporaciones han aprendido cómo hacer de su agenda una noticia, ignorar al medio ambiente y enterrar los derechos humanos. En algunos casos, Internet ha salvado a los movimientos ecológicos y a favor de la paz de un completo vacío en los medios.

Mientras tanto, los charlatanes del marketing han aprendido a atribuirle “verde” a sus productos como una nueva característica de venta. Somos testigos de ganancias de 100.000 dólares en autos deportivos y en las secciones “verdes” en Wallmart, mientras la humanidad consume la naturaleza salvaje a pasos acelerados. Los contaminadores han aprendido a manipular el discurso ecológico para continuar con sus negocios de siempre. Entonces debemos preguntarnos: ¿Estamos ganando terreno o simplemente vendiendo humo?

Eterna vigilancia

Finalmente, hoy enfrentamos el calentamiento global que ya avanza más allá del control humano, mientras los imperios industriales – principalmente China y los Estados Unidos – ignoran los hechos de la ciencia climática. El sueco Baptiste Fourier describió como la atmósfera de la Tierra atrapa el calor en 1824. El químico Svante Arrhenius calculó que el calentamiento global se debía al acumulamiento de CO2 en 1894, y el científico americano Glen Thomas Trewartha acuñó el término “Efecto Invernadero” 70 años atrás.

Un gráfico del crecimiento exponencial de carbón en la atmósfera fue colocado en una pared de la oficina de Greenpeace en 1978. Sin embargo, los intereses automotrices y petroleros han intentado mantener al público confundido. La sociedad tiene inercia, y se necesita mucha fuerza para cambiar su curso.

Greenpeace es una pieza clave de esa fuerza. La eterna vigilancia es la tarea de aquellos que ven, mientras otros permanecen ciegos. Es por esta razón que Greenpeace tomó vida, para levantarse, ser testigo de la verdad, servir a las futuras generaciones y preservar el milagro de la naturaleza, la tierra viviente.

- Rex Weyler

Capítulo 2: Enverdeciendo al Titanic.
La revista Elle anuncia que las modas ecológicas son la última tendencia y publica unas sandalias de seda veganas de Stella Mc Cartney a 495 dólares, las cuales andarían bien para una cita en un auto deportivo eléctrico Tesla de 100.000 dólares. “En esta época de calentamiento global”, declaró la consultora de la Guía Verde de Moda online, Anne Wallace, “la caída de las reglas de la moda está supeditada al cambio climático: está bien usar botas de caña alta de piel sintética con una remera liviana de algodón y un pulóver de lana”. La revista Vogue aconseja: “preparate para un clima imprevisible poniéndote un chal más abrigado arriba de algo corto”. Lo que denota es que en algunos casos lo que se acorta es la visión sobre la importancia del problema.

Para ser justo, los miembros de los movimientos ambientales hemos deseado por décadas que la ecología se vuelva popular, por lo que apenas podemos quejarnos de que lo sea. Las elecciones de los consumidores afectan al medio ambiente y deberíamos regocijarnos en que el público consumidor esté al tanto de esto. No obstante, cuando el consumo en sí mismo encuentra su raíz en nuestra crisis ecológica, debemos preguntarnos: “¿Quién está ganando terreno realmente y quién está vendiendo humo para promocionarse?”

Deep
El discurso verde

Cuando compramos un descapotable eléctrico o un 4x4 híbrido, la mitad de la energía consumida por este vehículo durante su vida útil ya fue utilizada en su minería, fabricación y transporte alrededor del mundo. Cuando compramos aguacates de los trópicos y zapatos baratos en lugares donde los trabajadores son explotados, estamos calentando el planeta y desperdiciando recursos, no importa cuan “verde” sea el producto. Para acercarnos a una armonía social y ecológica, las naciones sanas deben consumir menos, no más, pero ese es un mensaje que ningún político o gigante medio de venta publicitaria querría comunicar.

Los directores de marketing actualmente dominan todo, desde las salas de redacción a los candidatos políticos. Ellos son los cerebros que han arrastrado a la gente al lento suicidio del tabaco, y han convencido a millones de hombres de que tendrán más sexo si usan la correcta máquina de afeitar. Vender algo nuevo es la meta de estos genios, cualquier cosa nueva. El verde está de moda. Pero si la conciencia ecológica es una tendencia de la moda, qué ocurrirá cuando los editores piensen que ya no es más cool.

En nuestros años de conciencia ecológica, los peores contaminadores han mutado de la negación al discurso verde. Los departamentos de publicidad corporativa ya no llaman “relaciones públicas” a esto, el nuevo concepto es “gestión de la reputación”. Esto significa salvaguardar la equidad de la marca corporativa, no la Tierra o las generaciones futuras.

El rey moderno de la gestión de la reputación es Frank Luntz, el spinmeister ("maestro en la manipulación de la información" estadounidense para los “servicios de salud” de Pfizer y los “expertos en nutrición” de Mc Donald’s. En el 2003, Luntz hizo circular un memorando que explicaba a los clientes corporativos cómo “ganar la batalla de las comunicaciones ambientales”. La primera regla de Luntz para el discurso verde: “Convencelos de tu sinceridad y preocupación por el medio ambiente”. ¿A quiénes? A nosotros.


Nunca digas “calentamiento global”, advierte Luntz, ya que “connota consecuencias catastróficas”. Mejor, decí “cambio climático”. Vamos, el clima está en constante cambio y Luntz nos asegura que es “menos que un desafío emocional”. Usá principios claros e inexpugnables. Decí: “Todos queremos ir hacia un futuro más sano y más seguro”. Luntz también les recuerda a los mercaderes de la industria siempre “mostrar a la comunidad científica como dividida”.

“Astroturfing”: una espontaneidad simulada.

Los trucos de la gestión de la reputación incluyen el “astroturfing”, una estrategia que pretende dar una impresión de espontaneidad a reacciones favorables a un producto deliberadamente construidas. De esta manera logran que los grupos de soporte de la industria parezcan verdes.Los spin-doctors ("manipuladores de información" de Burston-Marsteller iniciaron esta táctica en los años 80 con los “Grupos Compartidos” y las “Alianzas Forestales”, ambos fundados y controlados por la industria forestal internacional.

“Ventriloquia” es la práctica en la que se paga a personas que parecen creíbles para que utilicen un discurso favorable al producto, como por ejemplo los “doctores” que impulsan remedios en avisos televisivos. Gigantes industriales como Monsanto, Newmont Mines y Wal-Mart ahora emplean a “ambientalistas” para que vendan sus proyectos alrededor del mundo.

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Una información cuidadosamente seleccionada finge ser ciencia mientras promueve un sólo punto de vista. La técnica “Cámara de Eco” hace resonar la información que prefiere comunicarse y resultados finales a través de las organizaciones que hacen astroturf hasta que el mensaje corporativo se viraliza públicamente. Los spin-doctors demonizan a diario las voces rivales, se apropian de la retórica de vanguardia, y enmascaran argumentos con “cortinas de humo” donde los datos objetivos nunca salen a la luz.

Cuando una corporación lo arruina todo sin posibilidad de reparaciones - como la Unión Carbide en Bhopal, la planta nuclear Windscale en Inglaterra, o Arthur Anderson, encontrado con las manos en la lata de Enron - la táctica preferida es eludir responsabilidades, vender los activos en peligro a otras corporaciones, o simplemente cambiar de nombre. Unión Carbide vendió Bhopal a Dow Chemical, quien hizo caso omiso a su responsabilidad para con los ciudadanos envenenados. La avergonzada Windscale cambió su nombre a “Sellafield” y Arthur Anderson dividió su lucrativa división de consultoría y la llamó “Accenture”. Las ganancias nunca se pierden.


Lo mínimo indispensable

En 2003, Co-op America, eligió a Starbucks como uno de las 10 peores empresas en su conducta ecológica por su reticencia a reducir el desperdicio de papel y a comprar café elaborado en el marco de un comercio justo. La empresa respondió con avisos anunciando su intención de agregar “más de un 10%” de material reciclado en sus tazas de café “en un término de 5 años”. A pesar de no pedir autorización, la compañía inició una revisión en la Administración de Comidas y Fármacos, lo que agregó 2 años al proceso de desarrollo.
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En enero del 2006, antes de que la primera taza con un 10 % de reciclado llegara a las manos de un cliente, Starbucks ganó un premio de la Coalición Nacional de Reciclaje, y le hizo honor anunciándolo alegremente en un nuevo aviso de campaña. Para ser justos, su política de ofrecer un descuento a aquellos que traigan su propia taza es una idea correcta, “pero un contenido de un 10% de reciclado es minúsculo”, dijo el Dr. Allen Hershkowitz, científico del Consulado de Defensa de Recursos Naturales.


Coca- Cola también adoptó “la solución del 10%” al aceptar usar esa porción de reciclado en sus botellas. Las corporaciones masivas, quienes crean la mayoría de los bienes de consumo, parecen creer que el 10% es la fórmula mágica, suficiente para decir que se preocupan. Para mí, suena como generar un 90% de basura. La historia no nos está llamando para posar o hacer lo mínimo indispensable sino para cambiar radicalmente el modo en que producimos y consumimos.

Uno en miles

La gigante corporación de comercio minorista, Wal-Mart, descubrió que los productos “verdes” incrementan sus ventas. Ahora coloca algunos árboles en su terraza, tiene una sección de comida orgánica y bingo: domina otro barrio y desplaza a otros 100 negocios locales que sostienen a una comunidad. En 2007, TerraChoice de Canadá estudió 1.018 productos presuntamente “verdes” disponibles en las grandes góndolas de los supermercados. Se encontró con una rotunda mentira: lenguaje vago, reclamos insustanciales e irrelevantes, y rasgos ecológicos irrisorios ocultando preocupaciones ambientales auténticas. De los 1.018 productos, 1.017 fallaron el simple test de autenticidad de TerraChoice. Sólo una marca de toallas de papel ofrecía información certera en su envasado, la respaldaba y recibía certificación independiente.
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Hace algunos años, Greenpeace analizó la fabricación de computadoras en relación a las toxinas en sus productos y reciclado. Sorprendentemente, la empresa de última tecnología Apple terminó casi última. Greenpeace instó a Apple a eliminar los retardadores de fuego brominados y el cloruro de polivinilo de sus productos y a lanzar un programa de “reutilización y reciclado” a nivel mundial.


Greenpeace le pidió a los usuarios de Apple que le escribieran a la compañía. Los abogados de responsabilidad corporativa presentaron a los accionistas dos resoluciones –para resolver los temas del reciclado y las toxinas- en la Reunión Anual General de Apple del 2007. De cualquier manera antes de que las resoluciones llegaran a sus destinatarios, Jobs cambió su postura y prometió un Apple más verde. Un año después, Apple todavía no ha colocado un producto completamente no tóxico en el mercado y su programa de recuperación todavía no está disponible a nivel mundial.

Las cámaras Canon se promocionan a sí mismas como la compañía fotográfica “de la naturaleza” por excelencia. El CEO de Canon Fujio Mitarai es el actual presidente de la Federación Japonesa de Negocios (Nippon Keindanren). Greenpeace Japón le ha pedido al influyente CEO que reactive la imagen que tiene su compañía de preocuparse por la naturaleza ayudando a los ambientalistas japoneses y al gobierno a terminar con la caza de ballenas en el Santuario Ballenero Austral. Hablar es fácil. Las empresas que ostentan una reputación verde deben conducir y conseguir resultados.

Hacé la cuenta

Un sexto de la humanidad –cerca de mil millones de personas- consume cinco sextos de los recursos. Este nivel de consumo hace virtualmente imposible para los pobres del mundo mejorar sus condiciones de vida. China planea convertir a 700 millones de granjeros en consumidores urbanos, pero aunque logre un éxito parcial, el plan pondrá en bancarrota a los recursos mundiales. La producción global de combustible líquido ha llegado a su pico máximo y de ahora en adelante comenzará a decaer. Cada año el planeta pierde 12 millones de hectáreas de bosques y 20 mil millones de toneladas de suelo productivo, mientras envía 20 mil millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera y agrega 75 millones de personas, quienes en su mayoría viven en la pobreza y en los más degradados entornos ambientales. Nada de esto aporta a una vida mejor para las futuras generaciones.

El mundo es finito. No vamos a cambiar esto con zapatos vegetarianos o autos híbridos, ni importa cuán verdes sean. Necesitamos hacer de los zapatos de segunda mano y el transporte público nuestro manifiesto de moda.

Un mundo más sano debe abrazar un dramático cambio de paradigma para lograr una cultura humana sostenible. La unidad de la supervivencia en la naturaleza no es de individuos o siquiera de especies, sino más bien de especies dentro de un medioambiente. Hemos construido un sistema económico basado en las recompensas privadas, en el crecimiento ilimitado y en la indiferencia a la naturaleza y a la comunidad, las únicas dos cosas que pueden sostenernos. En la naturaleza, las curvas exponenciales no crecen para siempre, o encuentran un escenario sostenible o colisionan. Esas son las únicas dos opciones. De otra manera, sólo estamos enverdeciendo al Titanic.

Capítulo 3: El señor de las moscas

La historia demuestra que la sociedad puede cambiar si alguna fuerza moral (derechos civiles, derechos de las mujeres) desafía las convenciones sociales. De cualquier manera, antes de poder ser optimistas sobre la resolución de la crisis ambiental, debemos ser realistas. De otra forma, nuestra confianza es ilusoria.

Los analistas luchan por evaluar nuestro dilema de vivir dentro de una experiencia que aún estamos tratando de entender. Somos la variable de más rápido cambio en este experimento. Seis mil años representan sólo un parpadeo en la historia de la Tierra, aunque esos milenios comprendan la historia completa de la humanidad, desde un millón de cazadores y recolectores a 6 mil millones de humanos disputándose recursos cada vez más escasos. Desde dentro de esta oleada humana, particularmente en el marco de la duración la vida de un hombre, es muy difícil presenciar las fuerzas que erosionan la civilización. Debemos dar un paso atrás.


Adiós tomate.
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En mi clase de Biología del secundario, pusimos una docena de “moscas de la fruta”– machos y hembras- en un frasco junto a un tomate. Las moscas se multiplicaron día tras día. Contamos y graficamos la población, y los datos formaron una elegante curva que registré en un papel de dibujo: veinte, cuarenta, y de repente cientos de moscas alimentándose del tomate. Después de un mes el frasco estaba lleno de moscas y el tomate a medio comer. Nos fuimos a casa por el fin de semana y cuando regresamos a la clase el tomate había desaparecido y las moscas estaba muertas.

El pequeño experimento ilustra el crecimiento exponencial en la naturaleza. No hay ningún caso en que ese crecimiento continúe para siempre. Ninguno. La economía global no puede duplicarse cada 20 años para siempre. El planeta no puede soportar ni siquiera que el 1% de la población crezca indefinidamente.

Un aspecto importante de la lección del experimento de las moscas de la fruta es que por un mes, todo aparentaba ser excelente en Tomatelandia. El colapso llegó en un instante. ¿Somos más inteligentes que las moscas? Ya comimos más de la mitad de nuestro tomate, la Tierra, y el tiempo de despertar a esta realidad es ahora, ha sido “ahora” desde hace cientos de años, pero los que lideran a las moscas insisten en que todo está bien y podemos seguir con la fiesta. ¿Pueden suficientes personas salir de la histeria del consumismo y alertar a la multitud de que “el tomate” no es infinito?

¿En qué tenía razón Malthus?

Al final del 1800, Thomas Malthus predijo que el crecimiento exponencial de la población humana iba eventualmente a sobrepasar el suministro de alimentos. “Una muerte prematura visitará de una manera u otra a la raza humana”. Él citó la guerra, las enfermedades, el hambre, a lo que nosotros debemos agregarle la muerte de los ríos, la erosión de los suelos, la desertificación, el cambio climático, el aumento del nivel del mar, entre otros problemas ambientales.

En el siglo veinte, los industriales instalaron la noción popular de que Malthus estaba equivocado. Él había fracasado, y la teoría se usó en beneficio de las ganancias de una tecnología – combustibles baratos, fertilizantes, pesticidas, ingeniería genética y la llamada “revolución verde”- que nos iba a permitir escaparnos de las leyes de la naturaleza.

Pero la tecnología sólo nos ayudó a comer el “tomate” de una manera más eficiente. Al final, las leyes de la naturaleza prevalecieron. Una población que crece exponencialmente con demandas que crecen de igual manera, no puede sostenerse por sí misma en un planeta fijo.


Todo alcanzó su nivel máximo

En los 70´s la industria pesquera mundial se vio sorprendida por una serie de eventos inesperados. Por cientos de años, la humanidad había aumentado la productividad de los océanos con botes más rápidos, redes más grandes y sonares de avanzada. Sin embargo, en 1970 la producción en el océano se estancó en 65 millones de toneladas métricas (mmt) por año. Descubrieron que los avances de la tecnología no podían crear más peces. La pesca de la anchoa peruana cayó en picada a mediados de los 70’s y nunca se recuperó. La pesca del bacalao del Atlántico Norte fue devastada y continúa así.
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Escribiendo sobre esto en 1977, Paul Ehrlich predijo que la industria pesquera “desplazaría la cadena alimentaria un escalón más abajo” llevando a generar una producción extraída desde lo más profundo con peces y fitoplanctons más pequeños. Además señaló que existirían menos peces por persona a causa del crecimiento de la población. Esto es exactamente lo que ocurrió. La tecnología pesquera se hizo más fuerte con grandes cantidades de biomasa oceánica, pero la producción de peces per cápita declinó un 80%. Es decír, había más peces, pero con menor calidad y cantidad por persona.

Olvidemos las discusiones sobre si el petróleo ha alcanzado su pico máximo. Todo ha llegado a su pico máximo. No hay ningún recurso disponible hoy en el planeta del cual vaya a haber más en el futuro, excepto quizás el calor. La producción mundial de petróleo ya ha alcanzado su pico más alto y si le sumamos los factores de “energía neta”, ya está decayendo. La energía neta de petróleo per capita llegó a su cima 3 décadas atrás, en 1979.

Había una vez 8 mil millones de hectáreas de bosques en la Tierra. Ahora solo quedan 4 mil millones con bosques de menor calidad y con menos madera por hectárea. Mientras tanto, cada año perdemos 20 mil millones de toneladas métricas de humus, emitimos 20 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en la atmósfera y creamos 2 millones de hectáreas de nuevos desiertos. Nada de esto es remotamente sustentable. Estamos a mitad de camino del tomate. Tic-tac, tic-tac…

Población y consumo

Cada año la población mundial aumenta en 75 millones de personas, un equivalente a 50 ciudades con el tamaño de Amsterdam o Vancouver. Energía, alimentos, agua e infraestructura quedan detrás de esta aglomeración de gente. Tomemos el ejemplo del agua:
profundo


Cerca de 1, 3 mil millones de personas – un quinto de la humanidad- carece de agua potable segura, y cada año este número aumenta en 150 millones- dos veces la red de crecimiento poblacional. Drenamos ríos y acuíferos a costa de la sed de la gente. Este escenario cumple con la predicción estudiada en los 70’s llamada “Límites para crecer”, que decía que los recursos en declive se encontrarían con una población creciente. El resultado: el hambre, las sequías, los desiertos, los refugiados y las guerras por los recursos.


Reducir el crecimiento poblacional representa un desafío delicado. Gobiernos y hasta grupos ambientalistas con frecuencia evitan esta cuestión. El consumo excesivo es de hecho un factor grave, pero el crecimiento de la población pone la presión en los recursos del planeta. China, India, Sudamérica y el resto del mundo en vías de desarrollo anhelan la prosperidad de Europa y América. Las desposeídas moscas codician las fortunas de las moscas codiciosas, pero nada de esto crea más tomate.

Aprendimos el mes pasado que el programa de alimentos de las Naciones Unidas, que intenta alimentar a cerca de 73 millones del billón de personas desnutridas, no puede lograr sus objetivos debido al aumento de los precios de los alimentos a nivel global. ¿Y qué es lo que está haciendo crecer estos precios?

1- El aumento en los precios del petróleo para el transporte marítimo

2- La desertificación y la pérdida de humus

3- El uso de tierra agrícola para sembrar maíz del etanol, combustible para los consumidores ricos con “conciencia ecológica”.


Las Naciones Unidas muestran que el consumo desproporcionado en los países ricos les saca la comida de la boca a los pobres. La Tierra es finita. La tecnología no puede cambiar las leyes de la naturaleza, la humanidad debe consumir menos y nosotros debemos frenar y revertir el crecimiento poblacional.

Otra de las teorías preferidas de los industrialistas es que la “generación de la riqueza” reducirá la población y aumentará los ingresos. Esa es una teoría conveniente porque es parcialmente verdadera, pero la consolidación de la riqueza es la meta real de estos planificadores sociales, y la población esta superando al crecimiento económico. Agregamos más gente hambrienta y sedienta cada año. El intento de China de crear 700 millones de consumidores urbanos está destruyendo su medioambiente y el de sus colonias imperiales.

De cualquier manera, allí existen dos auténticas soluciones al crecimiento de la población: (1) mejorar los derechos de las mujeres y (2) hacer que los anticonceptivos sean accesibles para todas. Estos objetivos deberían ser la prioridad de las naciones ricas.


¿Dónde hay esperanza?

El gasto militar global excede los 1,2 billones de dólares. Los Estados Unidos gastan la mitad y Europa un cuarto. Los grandes consumidores tienen todas las armas. Lo que podemos ver de todo esto es que la paz mundial, la justicia social y la ecología siguen íntimamente relacionadas.

Las moscas más ricas están defendiendo su derecho a consumir la mayoría del “tomate”, especialmente ahora que han vislumbrado que los recursos son limitados. China ahora se ha sumado a América y Europa en la puja por comer el tomate antes de que alguien más lo haga. ¿Somos más inteligentes que las “moscas de la fruta”?

Un amigo insiste en que soy demasiado pesimista, que no creo en la ingenuidad humana para resolver nuestras crisis. Él confunde realismo con pesimismo. Yo no pienso que lo carecemos de ingenuidad, lo que nos falta es la compasión, el sentido común y el coraje. No vamos a construir nuestros caminos fuera de esto. El cambio necesario requiere de un nuevo y radical paradigma. Debemos adoptar una forma de vida ecológica y rechazar el consumo excesivo así como la civilización denuncia la esclavitud y el sexismo. Estamos tratando de enverdecer nuestro consumo sin cambiar realmente nuestros hábitos. Esto no funcionará. Me recuerda a aquellos que proponían leyes para mejorar las condiciones de vida de los esclavos.


El optimismo que poseo proviene del conocimiento de que los seres humanos compasivos y valientes – Gandhi, Rosa Parks, Aung San Suu Kyi – en una crisis, se levantarán por la verdad y la justicia. Estos son los verdaderos guerreros de la humanidad, los que no se ven intimidados por las consecuencias de actuar según su conciencia. La valentía humana para hacer frente a los hechos es nuestra esperanza. Imaginen si cada uno de nosotros eligiera un problema y no descansara hasta que se resolviera. Esa es nuestra esperanza.

Capítulo 4: Yendo más profundo.

Desde el último Pleistoceno, 100.000 años atrás, cuando unos cientos de homo sapiens exploraban África, Asia y el Mediterráneo, la población humana se ha redoblado 22 veces. Sólo podría doblar su número una vez más, eso es todo. La población humana probablemente se nivelará en 10 a 14 mil millones en algún momento cercano al 2100, excediendo la capacidad poblacional de la Tierra. El hambre masivo ya está en camino en ambientes degradados.

Los economistas creen que el consumo medio va a incrementarse, por lo que debemos considerar un crecimiento económico mundial anual proyectado de 1,5% en las naciones ricas y un 10% en China y otros países en vías de desarrollo. Los economistas consideran todo aquello que sea menor a un 3% del crecimiento económico global para señalar una “recesión” mundial.


La humanidad está atrapada en un dilema. Nuestras teorías económicas sugieren que no podemos frenar nuestro crecimiento sin que se produzca un colapso económico, pero el crecimiento ilimitado conduce al colapso. No podemos reescribir las leyes de la naturaleza y los cálculos según nuestra conveniencia.

El crecimiento exponencial – cualquier porcentaje de crecimiento en la naturaleza, incluyendo poblaciones, economías o un molde en una placa de petri- se hunde por alguno de estos dos caminos: (1) el organismo en crecimiento sobrepasará los nutrientes y la base de energía de su huésped* y colapsará, o (2) descubrirá una homeostasis con su huésped y se adaptará a vivir de la capacidad de su ambiente, en simbiosis con todo lo que ha encontrado un nicho.

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Fuimos advertidos. Thomas Malthus- maldecido por los entusiastas del crecimiento infinito por su falla al no predecir los combustibles fósiles y los pesticidas- hizo la cuenta correcta 200 años atrás. El petróleo y las tecnologías agrícolas retrasan el punto de quiebre, pero no anulan las leyes de la naturaleza. El Club de Roma advirtió a la humanidad en 1972 en el informe Limits to Growth (Límites al crecimiento), documento que también, según se dice, fue refutado por los economistas del crecimiento. William R. Catton escribió Overshoot (Sobrepasado) 30 años atrás, explicando diligentemente todo esto. Rachel Carson, Paul Ehrlich, Greenpeace, y muchos otros señalaron que vivimos en un planeta finito, sujetos a las reglas de los sistemas vivos.

Si asumimos una taza de crecimiento económico anual “baja” de 3,6%, entonces la actividad humana se doblará en 20 años (72 dividido por el % de crecimiento = doble tiempo). ¿Es posible esta duplicación? Quizás una vez. ¿Podríamos doblar la economía dos veces más, hasta cuatro veces el consumo actual, en 40 años? No es probable. ¿La tecnología hará esto posible? No. ¿Se acuerdan de cuando las computadoras iban a ahorrar papel? Nunca ocurrió. Las computadoras no han salvado ningún río, ni han combatido la erosión de los suelos, ni la desertificación. Tampoco la tecnología ha aumentado la energía, de hecho gasta energía. A través de toda la historia humana, incluyendo la era de las computadoras, las nuevas tecnologías aumentaron el agotamiento de los recursos. El sueño de la “tecnología salvadora” representa una negación ecológica.


¿Qué es tan profundo en la ecología?

La palabra “profundo” fue asociada por primera vez con la ecología por el naturalista y filósofo noruego Arne Naess en la Conferencia sobre el futuro del Tercer Mundo en 1972 (Greenpeace recién había nacido). Naess remarcó que el ambientalismo ya se había dividido en (1) un movimiento “profundo” (“deep ecology”), ecocéntrico y a largo plazo que defendía el respeto a la naturaleza por sus valores intrínsecos; y (2) una ecología “superficial” (“shallow ecology”) y antropocéntrica que trataba a la naturaleza como un “recurso” para la economía humana.

Dolores LaCapelle, Paul Shepard, Gary Snyder, Lynn White, entre otros, construyeron sobre este tema la idea de que la naturaleza posee un valor intrínseco independiente de las necesidades humanas. Algunos ambientalistas se sintieron insultados al ser catalogados como “superficiales”, y criticaron al movimiento ecologista “profundo” por ser elitista. De cualquier manera, Naess simplemente intentó distinguir los valores ecológicos esenciales de las preocupaciones humanas. Se refirió a su enfoque como “ecotopía”, un acercamiento a una sabiduría en la forma de entender la naturaleza.


Paul Sears en 1964 habló de la ecología como “la materia subversiva” porque significaba un cambio en la conciencia que podía revolucionar todas las actividades humanas: la economía, la política, la biología, los mitos culturales, la ingeniería y todo lo que tuviera que ver con la presencia humana en la Tierra.

O entendemos la ecología profundamente o experimenta-
mos un choque drástico. Y cuando hablo de “entender” la ecología, no me refiero a tazas de papel con un 10% de reciclado, a paneles solares en refugios de ski, ni a autos híbridos. Me refiero a que debemos entender que seguimos siendo una especie natural que debe encontrar su lugar, en paz con su huésped, y en total integración con los sistemas que la sostienen. Esto significa rediseñar las tecnologías humanas a una escala apropiada para una Tierra viviente. Aprender sobre la naturaleza requiere cambiar el foco puesto en el consumo hacia las auténticas cualidades de la vida.

Naess sintetizó esto muy bien hace décadas en “medios simples, metas valiosas”. Ivan Illich, en la misma época, escribió Tools for Conviviality (Herramientas para la “Convivencialidad”), obra en la que defendía la necesidad de pasar de una sociedad tecnológica con sistemas masivos y centralizados, a otra en la que el hombre contara con herramientas simples que favorecieran una “eficiencia independiente”. Illich representaba a la tecnología humana óptima en, por ejemplo, la bicicleta.

La llamada conciencia ecológica “profunda” propone el reencuentro de la humanidad con la naturaleza. Somos animales, y más allá de las tecnologías, vivimos de la generosidad de nuestro hábitat natural. Aunque aprendamos acerca de la ecología y las leyes del crecimiento exponencial, todavía no podemos manipular o “manejar” un planeta únicamente para el beneficio humano.

Durante la campaña de ballenas en los 70’s, Greenpeace no trabajó por la protección de las ballenas y las focas para que los humanos lo disfruten. Nosotros remarcamos que las ballenas tienen valor en sí mismas, sus propias comunidades y sus propias necesidades vitales. Protegimos a las ballenas, las focas y los bosques en primer lugar por su propio beneficio.


Un renacer ecológico no significa diseñar un planeta para 12 mil millones de personas, extraer los nutrientes de cada acre de suelo, drenar cada río y quemar el último depósito de carbón. Un renacer ecológico significa honrar la naturaleza y experimentar la dicha de ser un ser natural en un paraíso que alguna vez se alimentó sin la necesidad de granjas, petróleo o chips de computadoras.

12 puntos sobre el pensamiento ecológico

Alguna de las ideas detalladas abajo fueron articuladas por Naess, Chellis Glendinning, Rachel Carson, Aldo Leopold, el cofundador de Greenpeace Bob Hunter, entre otros. Un resumen de sus valores, asociados con una conciencia genuinamente ecológica no centrada en el ser humano, incluye:
ambientalismo
1. El valor inherente de la naturaleza, lo salvaje, la diversidad, la simbiosis y la complejidad, independiente de los deseos del hombre y de su existencia.

2. Sistemas: Todo en la naturaleza existe en sistemas interconectados. Ninguna especie opera independientemente. La unidad de supervivencia de la evolución es “una-especie-en-un-entorno”, evolucionando en conjunto con todos los demás sistemas vivos.

3. Un yo ecológico: El sentido humano del “yo” ampliado para incluir a estos sistemas vivos. La noción popular de economía que afirma que los hombres son perseguidores “privados” de la “felicidad” encierra un trágico orgullo, destinado a fracasar.

4. Biocracia: Ampliar la idea de que todas las cosas tienen “derechos”, y de que, lo que es más importante todavía, el sistema ecológico en sí mismo los tiene. Por esta razón hay que limitar la interferencia humana en la naturaleza.

5. La naturaleza no es un “recurso”: Los elementos de la naturaleza a los que llamamos “recursos” también brindan recursos a todo lo que vive y poseen valor en sí mismos, in situ. Un río es una parte viva de un sistema, no simplemente un “recurso” para propósitos humanos.

6. Diseño ecológico: Nuestras herramientas deben imitar los hábitos, leyes y diseños de la naturaleza y trabajar de acuerdo a ellos: 100% de reciclado, el uso mínimo posible de la energía, sistemas vivos integrados, bajo impacto y así sucesivamente.

7. Tratamiento del trauma humano: La destrucción de la ecología protectora ha traumatizado a la humanidad y eso se debe no sólo a la pobreza y la desolación entre los pobres, sino a la ansiedad, la adicción, y la violencia entre los ricos. Hay que presenciar la “fiesta” de una montaña, una playa, o de un bosque como una automedicación para este trauma. Mientras escribo, estoy mirando una pareja de aves de Wilsonia que han anidado en el matorral de atrás de mi casa. No puedo calcular cuan terapéutico es esto. Cada espacio de naturaleza perdido reduce al ser humano.

8. Justicia social, igualdad de géneros y paz mundial: la guerra, el sexismo, el racismo y la injusticia no sólo causan un sufrimiento directo sino que contribuyen a las catástrofes ecológicas.


9. Reducción de la población humana: Una civilización que entienda que la naturaleza limitará lo que interfiera ante ella reduciendo sus números. Un paso positivo sería establecer una meta (podría ser en el término de dos siglos) de reducir la población humana, por decir, a mil millones, un número similar al de la población del 1800. ¿Los derechos de la mujer y los anticonceptivos contribuirán a lograr esto? La discusión demográfica apela al temor por los derechos humanos y culturales, el racismo y la inmigración. ¿Quién tiene el derecho de decirles a los demás que no se reproduzcan? La respuesta es que la naturaleza tiene ese derecho y va a imponerlo si nosotros no lo hacemos. Una población humana excesiva reduce la calidad de vida de los hombres y de todo lo demás.

10. Simplicidad: aprender a elevar la calidad de vida con los medios más simples y la menor interferencia en la naturaleza. Esto requiere un cambio en las expectativas, para lograr redescubrir la dicha de la simplicidad y de un ambiente protector -la dicha de la naturaleza, la paz, la comunidad, la familia y la creatividad. Cuantas menos cosas poseamos, más paz mental tendremos.


11. Acción: No resolveremos nuestro problema con filosofía y slogans. Una nueva sociedad ambientalista requiere de acción en todos los niveles. En primer lugar, necesitamos una protección masiva de la naturaleza y una relocalización de la supervivencia humana.

12. Valorar el milagro: Desde el advenimiento de los imperios, la agricultura, y la vida urbana, la humanidad ha buscado el paraíso en los lugares equivocados, en la riqueza, el poder, el dinero y en reinos invisibles más allá del tiempo y el espacio. La humanidad parece poseer un sentido innato del misterio y de lo sagrado de la vida, pero hemos fallado en la valoración- “atribuir valor a”- de lo único que nos sostiene, la Tierra.

Una larga carrera

Si proclamamos que trabajamos por la Tierra o si pretendemos negociar con los gobiernos y las corporaciones en nombre del cuidado de la naturaleza, le debemos absoluta lealtad a nuestro cliente. No podemos regalarla. Si los ecologistas representan la voz de la Tierra en el estrado de la sociedad, debemos mostrar que la naturaleza tiene sus propios valores y propósitos. No importa cuan poderosos e inteligentes parezcamos, no decidiremos la manera en que la naturaleza evolucionará en la Tierra.

Los ecologistas deben ayudar a preparar a la sociedad para la profundidad y la amplitud del auténtico cambio al alcance de la mano: La naturaleza posee valores, leyes, y límites más allá de los propósitos humanos. Un diseño sabio es esencial, pero no podemos hallarnos fuera del dilema económico sin antes cambiar nuestros hábitos de consumo excesivo. No nos conduciremos a nuestra libertad etiquetando como “verde” a cada empresa como si fuera una posdata. Las leyes propias de la naturaleza serán nuestra primera guía.

La ecología continúa siendo la ciencia subversiva. La humanidad puede florecer en una larga carrera con la naturaleza, pero no lo logrará sin una revisión de la sociedad como una invitada benigna de los sistemas vivos de la Tierra.


Capítulo 5: El fin del precio.
Weyler
En los ‘80, los pescadores capturaron al último esturión beluga salvaje en el Mar de Azov, fuente del preciado caviar, y los esturiones salvajes del Mar Caspio dejaron de reproducirse. La pesca de esturión cayó un 95 por ciento, y el costo del caviar subió. Tal extraordinario crecimiento de los precios es conocido como "hiperinflación", o como lo llama el economista Eric Sprott, "el síndrome del caviar”.

Esto puede parecer trivial con respecto al caviar, pero la hiperinflación se vuelve crítica en lo referente a los productos básicos como el petróleo, el gas, el cobre, el zinc, el agua, o la madera dura fina, todos los cuales se están tornando escasos a escala mundial. La civilización industrial ya ha agotado los mejores y más accesibles de estos recursos. Los esturiones podrían recuperarse si los dejáramos solos, pero el cobre y el petróleo no se reproducen a sí mismos.
Mientras la humanidad busca minuciosamente recursos hasta en la última región del planeta, entramos en un nuevo período histórico en el que determinados productos básicos vitales ya no tienen un precio de mercado tradicional vinculado a la oferta y la demanda, sino más bien al costo de acceso.


Chocando contra la pared

En abril, 500 patos migratorios aterrizaron en un estanque de desechos tóxicos de arena bituminosa de la petrolera canadiense Syncrude y perecieron. El Presidente de Syncrude, Tom Katinas, dijo estar "muy apenado" por este episodio, y rápidamente le prohibió la entrada al lugar a los medios de comunicación, y emitió un memorándum interno: "Es nuestra responsabilidad garantizar que los mejores intereses de Syncrude sean mantenidos." Para que quede claro, el interés más importante de la empresa petrolera es el flujo de dinero, no los patos.
Greenpeace "Verde Profundo"
Las arenas bituminosas canadienses, alguna vez presentadas como las salvadoras de la crisis mundial del petróleo, ahora se muestran anémicas. Shell Canadá ajustó recientemente sus estimaciones de producción de arena bituminosa de $ 7,3 a $ 11 mil millones de dólares canadienses, un brusco aumento del 50 por ciento de los costos.

Luego, el mes pasado, un geólogo de Imperial Oil, Clement Bowman, insistió en que el gobierno de Canadá se comprometiera a invertir miles de millones de dólares para resolver "los enormes problemas ambientales asociados con el recurso", es decir, las emisiones de dióxido de carbono, la desviación del agua, una planta de energía nuclear para hervir desechos, los patos muertos, y un ecosistema de praderas en extinción. Bowman destacó que, a menos que estas cuestiones ambientales se resuelvan, "el uso de arena bituminosa casi ha chocado contra una pared."

Ahí lo tienes. La "pared" es la rentabilidad. La estrategia de "libre mercado" para esquivar esta pared es el bienestar público: socializar los costos y privatizar las ganancias.
Los costos ambientales y sociales totales de hacer negocios nunca son reportados en los presupuestos de estas empresas millonarias. El dinero público y los lagos tóxicos no aparecen en los balances. ¿Por qué? Porque no sería rentable. Las inversiones del público y de la naturaleza no tienen participación accionaria, pero los magos del mercado libre necesitan de estas inversiones para evitar chocar contra la pared.

Grandes potencias

Desde el 2003, EE.UU. ha gastado más de un billón de dólares, y matado a más de un millón de personas, para asegurarse el suministro de petróleo de Irak. El costo público de la guerra a largo plazo hoy se proyecta que alcanzará los 2 ó 3 billones de dólares, lo que equivale aproximadamente a un subsidio de 30 dólares/ barril por cada gota de petróleo iraquí en las reservas de petróleo comprobadas.

Las naciones han librado guerras por el petróleo durante un siglo, desde 1912, cuando la Marina Británica abandonó el carbón por el petróleo y Winston Churchill declaró: "Tienen que encontrar el petróleo... comprado habitualmente y a bajo precio en tiempos de paz, y con una certeza absoluta en tiempos de guerra." Dichas tácticas no se han perdido en China. "El mayor poder le pertenece a aquél que controle más recursos", escribió Wenmu Zhang, un investigador del Instituto Chino de Relaciones Internacionales Contemporáneas, y "nunca ha habido un caso en la historia donde esta búsqueda se haya realizado en paz".


Para obtener acceso a los bosques y yacimientos de petróleo, China financia a matones en Birmania y Sudán, tal como los EE.UU. han respaldado juntas mortales en El Salvador y Chile, o en las provincias en Rusia. China ha alcanzado a los EE.UU. y a Europa en consumo, ahora usando más de una cuarta parte del cobre y el acero del mundo, y la mitad del cemento. Noten que ahora estamos planteando un uso de los recursos en grandes fragmentos del suministro total de la Tierra.
Se han detenido proyectos de construcción en los países más pobres simplemente porque no hay suficiente cemento o acero a ningún precio.

Los costos crecientes de obtener petróleo- la guerra, los subsidios, el insumo de energía, y el auxilio en casos de desastre ecológico - aumentarán el precio de todo. Los economistas llaman a esto inflación "cost-push" (“inflación de precios”), una cepa más virulenta que la inflación que comúnmente conocemos. Los bancos centrales son incapaces de manipular una inflación “cost-based” (“basada en los costos”) con tasas de interés bancarias u ofertas de dinero. Este estado de las cosas es la conclusión lógica de una economía que crece en un planeta fijo calentado por una modesta estrella.


Una guerra de ofertas

En 1979, geólogos soviéticos descubrieron el depósito de cobre sin explotar más grande del mundo en Afganistán. Los talibanes armados por la CIA echaron a los rusos, y en 2005, las empresas del Reino Unido, EE.UU, Canadá ofertaron por los derechos del campo de cobre afgano Anyak. Las ofertas llegaron a unos 1,2 millones de dólares, incluidas las infraestructuras, carreteras, una central eléctrica, y un margen de beneficio aceptable para los accionistas.

Pero entonces, en el otoño de 2007, China ofreció a Afganistán 2,8 millones de dólares por el cobre, más del doble del valor real de un solo golpe. A través de la financiación de la deuda comercial de los EE.UU., China tiene un puñado de dólares en baja que preferiría cambiar por recursos, petróleo sudanés, cobre afgano, o franjas del norte de Alberta. Las casi 12 millones de toneladas de cobre del campo Anyak - la mayor reserva conocida en el mundo- abastecerán a China durante cuatro años.
greenpeace
Ninguna empresa orientada a las ganancias podría haber igualado la oferta china por el cobre, porque no dejaba ningún beneficio. De la noche a la mañana, el mundo de los precios del cobre ya no se trata de la oferta y la demanda, sino del acceso. Desde 2003, el precio del cobre se ha disparado de $ 0,81 centavos de dólar por libra a más de 3,90 dólares, un aumento de aproximadamente el 38 por ciento anual. La teoría económica tradicional nos dice que el aumento de los precios de los productos básicos reduce el consumo y aumenta la oferta al hacer los depósitos marginales más rentables. Sin embargo, lo contrario ocurre ahora con el petróleo, el cobre y otros productos naturales limitados. A medida que el precio se acelera, la demanda mundial sigue creciendo y las reservas recuperables disminuyen, desatando la hiperinflación.

El sufrimiento humano también tiene su auge con los precios de los productos básicos. El escritor económico de “Noticias del Golfo” Sean Kelleher sugiere, "estamos en un nuevo paradigma”. El aumento de los precios de los productos básicos, escribe, "bien podría ser una bendición para los inversores, pero será una carga para el extremo más pobre de todas las sociedades". La creación de la riqueza tradicional revela su lado oscuro. El diario chino “Southern Metropolis” informa que el comercio libre de niños esclavos hoy prospera dentro de China. Los directores de las fábricas comercian niños "como coles" en los mercados callejeros de Sichuan y los embarcan al corazón del delta industrial Pearl River, siguiendo la tradición de las fábricas textiles inglesas, los comerciantes de caucho belgas en el Congo, o los magnates del algodón americano.

Ahora vemos el verdadero rostro del industrialismo moderno: saquear los bienes públicos, enriquecer a los ricos, explotar a niños esclavos, arrasar hábitats naturales, el diseño de lo obsoleto, y vender productos de mala calidad en grandes tiendas “asesinas de comunidades” . Sobre el papel, todo es rentable. En la realidad, el barco de la industriaavanza a todo vapor como el Titanic.


La tecnología soluciona

Otra de las teorías favoritas del crecimiento de los economistas es que la "tecnología" va a salvarnos del agotamiento de los recursos. El etanol sustituirá al petróleo. Vaya. Hemos olvidado que el maíz crece en el suelo que una vez sostuvo a los bosques y a los alimentos.

Los innovadores, oímos, al parecer van a encontrar alternativas para todo, pero el cobre y el petróleo, por ejemplo, poseen propiedades únicas. La tubería de agua del cobre es fuerte y flexible a una amplia gama de temperaturas, el material es antibacteriano y fácil de usar. El cobre sigue siendo esencial para obtener altos rendimientos, una electrónica de tecnología avanzada que, teóricamente, promete un aumento de la eficiencia.


Como explica James Kunstler en The Long Emergency (La Larga Emergencia), la tecnología no es la energía. La tecnología cuesta energía. La magia electrónica no sustituye a una tierra agotada de recursos. El consumo mundial de cobre, plomo y estaño podría perdurar por 20 años al ritmo actual antes de que alcance el "síndrome del caviar." La bauxita y el mineral de hierro pueden durar 50 años. Pero el reloj sigue marcando, 3 millones de personas habitarán el planeta en 50 años, y la naturaleza no será burlada.

Teorías de bancarrota

Robert Ayres, profesor emérito en la escuela de negocios INSEAD en Francia, explica que el eterno crecimiento planteado por los economistas tiene cuatro supuestos erróneos:

1. El constante crecimiento proyectado hacia el futuro es una falacia. No hay ejemplos en la naturaleza de un crecimiento exponencial que continúe indefinidamente.

2. Los modelos tradicionales de crecimiento económico dependen de una injustificable simplificación de la actividad humana, y un desconocimiento de las leyes de la naturaleza y sus complejidades.

3. Los economistas del crecimiento imaginan empresas y consumidores abstractos que toman decisiones óptimas con informaciones perfectas. Nada de esto existe. Los intereses soberanos, monopólicos, y particulares dirigen las decisiones e hipotecan las opciones valiosas.


4. La teoría de que el capital, sumado a la mano de obra y la tecnología, iguala al crecimiento ignora las necesidades y los límites de la naturaleza.

A esto podemos añadir la llamada "mano invisible" de Adam Smith. La teoría asume que las personas que persiguen su propio interés guiarán a la civilización al "mejor mundo posible." Las pruebas de la historia muestran que no existe mano invisible que transforme la codicia colectiva en un paraíso. La historia de la esclavitud, de los talleres clandestinos, y de lagos muertos llenos de lodos tóxicos dan testimonio de esta falacia.

Los economistas tradicionales - socialistas y capitalistas – han supuesto que la producción industrial podía crecer para siempre. Otros economistas más visionarios - Donella Meadows, Herman Daly, Hazel Henderson, EF Schumacher - señalaron hace mucho tiempo que la teoría económica tradicional se olvidó de dar cuenta de los sistemas ecológicos y del valor de la naturaleza.


Incluso algunos economistas tradicionales ahora reconocen el error. Un informe de inversiones realizado en el 2008 por Goldman Sachs sobre la escasez de productos básicos declaró, "vemos los paralelismos con la economía maltusiana". Ingenieros, planificadores, asesores de las Naciones Unidas, e inversores de bancos admiten hoy que el maldecido economista Malthus fue esencialmente correcto. Su trabajo sólo requiere de simples cálculos de escuela secundaria. Los límites al crecimiento son reales.

La economía de la tierra

Ahora vemos que nuestras economías galopantes se basan en limosnas, la deuda masiva, la guerra, los abusos, los residuos, y una tierra disminuida. Los ríos mueren, las especies se extinguen, los bosques desaparecen, los desiertos crecen, y las personas sufren. Este estado de las cosas señala una disfunción social a escala mundial. El mundo industrial exhibe comportamientos sociopáticos y "ecopáticos". Ciudadanos inocentes a veces parecen traumatizados, aún haciendo todo lo posible para seguir siendo optimistas y aplicar soluciones creativas.

Daly, Henderson, Ayers, Mark Anielski, Nicholas Stern, y muchos otros economistas de resonancia han descrito más precisamente las teorías económicas que reconocen el valor de la naturaleza y la auténtica calidad de la vida. Lo que la iniciativa humana debe aprender ahora es lo siguiente


Sigue en los comentarios.

Fuente

20 comentarios - Greenpeace "Verde Profundo"

kaleydos
a favoritos y cuando tenga punto te dejo
peoples2007
Tremendo post No puedo dejar puntos pero te dejo globitos
matinqn
ahora te faltan 10
Cretino
Taringa merecía un post así. Mis 10.
el_kiwi
Hans_Grubber dijo:Gracias muchachos, me están haciendo asustar, 30 puntos, falta tan poco que me da miedo. No piensen que hago los post por los puntos, pero lamentablemente son necesarios esos 50 para poder comentar en los post de los NFU o para dar una alegría a un Novato.



hoy yo te voy a dar una alegria
betitolg
bueno a pesar de ser un copy/paste
es buen post!
LaFlacaVani
la info es buena, pero no es más que un mero copy/paste, y tu satisfacción debería ser llegar a los 50 comentarios, no que te den puntitos inservibles....
Tenax
LaFlacaVani dijo:la info es buena, pero no es más que un mero copy/paste, y tu satisfacción debería ser llegar a los 50 comentarios, no que te den puntitos inservibles....


alguien que en su puta vida hizo un solo post no tiene el mas minimo derecho a opinar sobre uno..

Ni para eso te da.. q triste
cnros
Green


Gracias por éste post, Slds +10