Fray Antonio Puigjané: “Gorriarán murió sin decir toda

Fray Antonio Puigjané: “Gorriarán murió sin decir toda la verdad”
Fray Antonio Puigjané: “Gorriarán murió sin decir toda

Los muchachos me contaron que en La Tablada el sol era abrasador”. Fraile capuchino, Puigjané fue miembro del Movimiento Todos por la Patria (MTP) y estuvo casi 10 años sin ver el sol, encerrado en el piso 18 de la cárcel de Caseros, junto a 15 de sus compañeros de militancia. Luego, por su edad avanzada, se le permitió completar su condena en la parroquia Santa María de Los Ángeles, en Coghlan, donde es vicario. Aún hoy, a 20 años de que un grupo de activistas del MTP intentara tomar el regimiento tercero de Infantería Mecanizada de La Tablada, Puigjané dice no acabar de comprender la fallida operación realizada en la mañana del 23 de enero de 1989. Ese día, aproximadamente 40 de sus compañeros se enfrentaron con militares y policías que los superaban en número y armamento. Hubo 28 civiles muertos y 3 desaparecidos. Las fuerzas de seguridad tuvieron 11 caídos, en parte bajo su propio fuego. “Fue una locura, un error”, sostiene el cura, que señala a Enrique Gorriarán Merlo –ex guerrillero y factótum del MTP, fallecido en 2006– como ideólogo del asalto. También recuerda las muchas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la recuperación del cuartel, incluidas torturas y varios fusilamientos. “En pequeño, los militares repitieron todo lo que hicieron con el pueblo argentino en los años de la dictadura. Lo repitieron ahí, con estos chicos. Su objetivo expreso fue aniquilarlos”.

–¿Qué piensa hoy de lo sucedido en enero del ’89?

–Fue un hecho muy doloroso, tonto y estúpido, que costó muchas vidas y que no fue alentado por el MTP como movimiento, sino por Gorriarán. De hecho, yo recién me enteré de lo que estaba pasando ese mismo día, por la radio. Gorriarán había participado en la lucha armada con el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y los jóvenes le tenían mucha admiración. Eso influyó de forma decisiva en los muchachos que fueron a La Tablada, que se embarcaron en un suicidio, porque entraron mal armados a un cuartel del Ejército, sin que casi ninguno tuviese entrenamiento militar.

–¿El MTP no contemplaba la acción armada?


–Por su naturaleza, la había descartado. Nuestro trabajo era con las bases, con la gente de los barrios que quería cambiar las cosas, pero siempre políticamente. Por eso, después de lo que pasó en La Tablada, fue tal el rechazo popular que el MTP dejó de existir.

–Si fue una decisión unilateral y secreta de Gorriarán, ¿qué lo llevó a tomarla?

–Él tenía intenciones políticas sanas, en el sentido de que quería una Argentina más justa, fraterna e igualitaria, pero lo cierto es que el camino que eligió estaba errado, fuera de época quizás.

–Por ese entonces se hablaba de un inminente alzamiento carapintada.

–Sí. Durante el juicio, los muchachos dijeron mil veces que la operación buscaba frenar un golpe. Decían que si los militares salían con los tanques a la calle, ya no se los iba a poder parar.

–Aún hoy, la verdad sobre La Tablada es muy difusa. ¿Por qué?

–Porque sólo Gorriarán podía contar la historia completa y él murió sin decir toda la verdad.

–¿Qué pudo motivar su silencio?

–No lo sé. En el trato, Gorriarán era un tipo macanudo, pero había cosas de él que no se entendían. Por ejemplo, fue rara su actitud cuando estuvo prófugo. Se movía por el país como si estuviese en su casa. También me pregunto cómo después pudo irse tranquilamente del país con su mujer e hijas.

–Por años, las zonas grises del operativo alentaron hipótesis sobre una conspiración impulsada por un sector del Gobierno o por el Ejército. ¿Qué opina al respecto?

–Ignoro la veracidad de esas teorías, pero no creo que puedan haber engañado a Gorriarán. A lo mejor, pudieron hecerle creer que era una acción sencilla, pero no sé cómo él llegó a suponer tal cosa: varios años antes, había intentado tomar cuarteles en Azul y le había ido mal. Es difícil imaginar que Gorriarán pensara que ahora los militares iban a oír un tiro y saldrían corriendo.

–De hecho, hicieron todo lo contrario.

–Sí. El comportamiento de los militares fue espantoso, se ensañaron con esos chicos, quisieron aniquilarlos. El general Alfredo Arrillaga, que dirigió la recuperación del cuartel, se gloriaba por el método que había inventado para acabar con la subversión, que era aniquilar a los combatientes.

–Usted no participó del asalto, pero igual estuvo preso. ¿Por qué?

–Yo me presenté voluntariamente y quedé detenido. Apenas supe la noticia, llamé a una abogada, Alicia Oliveira, que trabajaba en el CELS con Jorge Baños –muerto en el copamiento–. Yo quería estar con los muchachos, pero ella me dijo que era una locura, que lo único que iba a lograr era que me mataran, me pusieran un arma y me tiraran en el cuartel, para hacer creer que yo estuve allí. Al domingo siguiente la volví a llamar. Me dijo que si bien igual me iba a ir mal, al menos ya no me iban a matar. Y así fue. Me presenté con el fiscal de turno, que era Aníbal Ibarra, y quedé preso.

–¿Cómo fue el juicio?

–Una farsa total. A los compañeros que habían entrado en el cuartel les dieron perpetua. Mi sentencia decía que si bien no tenían ninguna evidencia, por íntima convicción sabían que yo había sido el autor intelectual. Por eso me dieron 20 años. Esa sentencia fue apelada por el fiscal Raúl Plée: dijo que como yo era sacerdote, tenía más responsabilidad y merecía una pena mayor.

–Junto a Plée, el otro fiscal fue Pablo Quiroga. ¿Cómo considera su actuación?

–Eran una cosa increíble, serviles a los milicos. Lo que decían en el cuartel, ellos lo repetían.

–¿Cómo fueron los años que estuvo preso en Caseros?

–Yo pensaba que si Dios había permitido esa situación, él sabría para qué. Con los muchachos teníamos una relación hermosa, entre nosotros y con los hermanos ladrones, porque después de cuatro años nos mandaron a la banda de Luis “el Gordo” Valor, a 30 de los más pesados. Los penitenciarios pensaban que nos íbamos a pelear y que nos iban a poder mandar lejos, al penal de Rawson. Pero nos hicimos íntimos amigos. Cada tanto Hugo “Cacho la Garza” Sosa me visita y tomamos mate. Realmente lo quiero, es un buen hombre, con debilidades, como todos.

–¿Qué pasó con las denuncias por violaciones a los derechos humano?

–Desde la cárcel, hicimos infinidad de pedidos, pero lo más importante fue lo dicho por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que dijo que el juicio estaba viciado de nulidad y pidió al Estado argentino que investigue a fondo sobre los abusos cometidos en la recuperación del cuartel, que fue sangrienta, con torturas a uno por uno de los muchachos.

–¿Hubo algún avance al respecto?

–Últimamente sí, porque el Gobierno ordenó a todos los organismos de seguridad que abran los archivos y den a la Justicia todos los datos necesarios para iniciar el proceso pedido por la CIDH. En La Tablada, en pequeño, los militares repitieron todo lo que hicieron con el pueblo argentino en los años de la dictadura. Lo hicieron ahí, con estos chicos. Su objetivo expreso fue aniquilarlos.

http://www.elortiba.org/notatapa4.html

1 comentario - Fray Antonio Puigjané: “Gorriarán murió sin decir toda

@pepi0
tus post son interesantisimos, no entiendo porque no son comentados!!!