La Desnutrición en la Argentina

La Desnutrición en la Argentina

Informe sobre desnutrición en Argentina - DICIEMBRE DE 2002


La Desnutrición en la Argentina
POBREZA EN ARGENTINA. Dos niños comen restos de alimentos entre la basura. Foto: Russell Gordon.


La caracterización de la desnutrición y su trascendencia en los medios como problemática constituye un bosquejo superficial y parcial de la realidad argentina; siendo sólo el comienzo de una sintomatología cuya causa original permanece subyacente y no parece, por el momento, ser objeto de resolución.

LIC. PATRICIO RIVERA


En la Argentina del año del 2002 hay chicos que mueren por desnutrición. Esto es una realidad indiscutida. Pero también han muerto muchos otros en años anteriores; y en este sentido, los medios de comunicación parecen haber elegido a quienes no tienen voz ni voto, para desatar una guerra política que se detiene en el discurso y no da cabida a la acción.

Desde una óptica apartada, con una visión macro de la situación, y teniendo en cuenta la enorme difusión de la desnutrición como noticia en los diarios, su valor político en cuanto a tema, y la reacción consecuente de la alta dirigencia del Poder Ejecutivo, surgen algunas preguntas, como las siguientes:

* ¿Hubo un incremento la desnutrición infantil en la Argentina o simplemente los medios se han ocupado de arrojarlo al tapete de la opinión pública?

* ¿Existen estadísticas sobre desnutrición infantil que describan su evolución?

* ¿Las medidas que toma el Gobierno, principalmente destinadas a la provincia de Tucumán, son establecidas con un criterio metodológico o son tendientes a contrarrestar la presión mediática, que inició sus acciones a partir de casos aparecidos en esa región?

* ¿Si los medios no hubiesen denunciado los casos de desnutrición, la medida de emergencia impuesta por el Gobierno hubiera existido? ¿Por qué la “emergencia” no fue detectada por ningún sistema de alerta “natural”?

Situación actual

En el contexto de la Argentina devaluada, a casi un año del default financiero, con economías regionales subsistiendo a fuerza de la emisión de bonos, nos encontramos con un grave problema: en términos de nutrición, al menos, no sabemos en que situación nos encontramos.

a) Ministerio de Salud de la Nación

Nutrar.com intento acceder a la información del Ministerio de Salud de la Nación, contactando a la Doctora Elvira Calvo, Jefe del Departamento de Nutrición de la Dirección Nacional de Salud Materno Infantil, quien manifestó que no hay estadísticas, al menos, de los últimos 2 años. “Recién ahora están repitiendo una encuesta sobre 18 provincias, que se realizó hace 5 años, para poder comparar valores”.

El Ministerio sólo tiene a su disposición como últimos datos procesados las Estadísticas Vitales del año 2.000, no existiendo por parte del organismo otros datos oficiales. El departamento de Prensa del Ministerio, hacia donde fuimos derivados por la doctora Calvo, no brindó informaciones hasta la fecha de publicación del presente informe.

Se debe tener en cuenta además, que si se trabaja con los datos estadísticos en el contexto de la mortalidad, se ocasiona un vacío en cuanto al estudio de la morbilidad, dejando fuera un importante caudal de indicadores en este plano.

También trabajar con mortalidad acarrea la dificultad de que la muerte por desnutrición a menudo se encuentra desdibujada por infecciones y demás complicaciones asociadas que sesgan el registro médico.

Otro punto que complica el análisis a partir de datos de mortalidad es el cambio insertado en la clasificación del tipo de defunción a partir del año 96, donde se dejó de estimar como ítems apartados al marasmo y kwashiorkor. Esto marca una divisoria de aguas en la posibilidad de comparación, evolución y análisis de los datos.

Si se tienen en cuenta explicaciones clásicas de la dinámica y el devenir del proceso de desnutrición, se puede aseverar que analizar datos de mortalidad (con un retardo de producción de casi 2 años) es llegar tarde al problema. Existen indicadores alimentarios, bioquímicos y antropométricos que se sitúan antes de la instauración de la enfermedad carencial.(3)

En este sentido, parece existir una cierta inoperancia de los organismos estatales y gubernamentales en poder establecer sistemas de análisis tempranos, que permitan actuar cuando todavía la enfermedad no está instalada.

b) Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).

Nutrar.com entrevistó a Sandra Fernández Gallo, encargada de prensa del instituto, quien manifestó que “El INDEC no tiene datos de desnutrición; todo lo que tenemos es a partir del Ministerio de Salud”. Lo más cercano son algunas estadísticas que se obtienen con la realización de la encuesta permanente de hogares. El único documento a disposición corresponde a la Síntesis Número 4 de “Situación y evolución social”, que aporta datos hasta el año 98.(2)

c) Nivel local.

Actuando directamente a nivel local, Nutrar.com se comunicó con el Hospital de Niños “Niño Jesús” de Tucumán, donde el Departamento de Estadísticas no quiso brindar información.

Posteriormente logramos comunicarnos con la doctora Graciela Lavadó, Subdirectora del nosocomio, quien tampoco posee estadísticas sobre desnutrición dentro del propio hospital, por lo que no es posible comparar datos, salvo los partes del día: “de 220 camas, tenemos 43 chicos internados por desnutrición, mas algunos que se encuentran asistidos en otros lugares donde el Estado se está haciendo cargo de las internaciones”.

Nos queda la apreciación profesional que sostiene que el incremento de casos de desnutrición comenzó a evidenciarse hace 1 año atrás (noviembre y diciembre de 2001). “Incluso hemos detectado kwashiorkor –que antes casi no observábamos- en una criatura de 11 meses, caso muy raro a esa edad”, acusó Lavadó.

En otro contexto, Nutrar.com entrevistó a Evelina Chapman, responsable del área Materno Infantil del Ministerio de Salud de la Provincia de Tucumán, quien manifestó tampoco tener estadísticas de la situación. “Recién ahora, con el apoyo del Nivel Central, estamos obteniendo los primeros datos”.

La doctora se encuentra procesando estudios cuyos primeros resultados (preliminares) arrojan datos de que “entre el 25 y el 30 por ciento de los chicos menores de 2 años tiene desnutrición aguda (en algún grado de ella).

Las declaraciones de los altos funcionarios.

De 7 altas fuentes técnicas que consultó Nutrar.com, ninguna pudo aportar datos estadísticos oficiales -concretos y actuales- sobre la situación. Llama entonces poderosamente la atención como, con esta carencia informativa, existan declaraciones como las que a continuación se detallan, que no hacen mas que evidenciar la falta de criterio y la necesidad de maniobrar sobre la opinión pública:

Con respecto a la desnutrición: “...Jorge Romero, ministro de Salud del Chaco, asegura que la provincia ha logrado bajarla del 12 por ciento, en diciembre de 1995, al 6 por ciento en la actualidad.” (50)

N del E: Un problema metodológico: ¿Cómo le calculan al Señor Gobernador la tasa de un año que todavía no ha finalizado?

“El ministro de salud bonaerense [Ismael Passaglia] admite que en el segundo cordón hay más de un 7% de desnutrición” (51)

N del E: Lo afirma sobre un estudio de 3000 individuos. Este número representa un 0,12% del total de 2.580.000 niños menores a 9 años que tiene la Provincia de Buenos Aires. (55)

“El titular del Sistema Provincial de Salud (Siprosa), Juan Antonio Masaguer, tenía –y tiene– en su poder los alarmantes resultados del censo sociosanitario reanudado aquí el lunes de la semana última, tras la explosión informativa. El funcionario confirmó que en la capital, en el Gran San Miguel y en los departamentos del Este existen 18.000 chicos desnutridos. ‘Encontramos en cinco días 6000 más de los que conocíamos hasta mayo último’” (52)

N del E: Según Chapman, en Tucumán se tienen controlados sólo 12.000 chicos.

De la secretaria de Programas Sanitarios, Graciela Rosso: “Teníamos indicadores alarmantes, no sólo en Tucumán y no sólo en materia de desnutrición, sino también sobre mortalidad infantil” (54)

N del E: Nos preguntamos, si se poseían esos datos, porqué no se actuó en consecuencia, en lugar de esperar la explosión mediática.

Con este panorama, no queda más que la pregunta sobre qué ocurre con los responsables directos que deben asignar magnitud al problema, establecer prioridades y focalizar intervenciones en toda una población.

Sinave. Y la desnutrición no es alerta.

El Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SiNaVE) permite, mediante la recolección interhospitalaria de informes médicos, la detección temprana de nuevos brotes epidemiológicos, cuantificando sus dimensiones y delimitando sus geografías. Es así posible actuar de manera rápida sobre el foco, atacándolo y evitando una propagación.

Según manifestó a Nutrar.com el Dr. José Luis Urrusuno, perteneciente al Departamento de Inmunizaciones de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación, “no existe dentro de Si.Na.V.E. un apartado que permita analizar a la desnutrición como posibilidad de riesgo epidemiológico, dado que el sistema abarca sólo a enfermedades transmisibles y accidentes. Recién ahora se están planteando las bases como para establecer un sistema de detección, a partir de estas experiencias”.

Sobre la manera de abordar el problema.

Un punto cuestionable en el abordaje del problema es la manera que adoptó el Gobierno Nacional, al implementar una medida de emergencia sanitaria desprendida del más alto nivel del Ejecutivo, siendo la ejecutora la primera dama, Hilda Duhalde, a través del Secretario General de la Presidencia, José Pampuro.

Sí es entendible como una manera de centralizar la atención de la opinión pública en una respuesta a las acusaciones de los medios de comunicación. El “desembarco” pareciera ser más efectivo si se aglomera en un distrito que si se ejecuta de manera simultánea en varias provincias.

El encuentro cara a cara que protagonizó la primera dama con cerca de 1000 pobladores (52), escuchando sus manifestaciones, no reviste más que una simbología compatible con la imagen de “un Estado que se ocupa de los problemas”.

En otra esfera, esta modalidad, pasa por sobre los distintos sistemas, planes y programas en marcha, ya sean a nivel nacional, regional o provincial, con quienes se relaciona, en el mejor de los casos, de manera tangencial. Conlleva, de manera tácita, a un deterioro en los niveles de eficiencia del modelo de asistencia sanitaria en su conjunto, poniendo en jaque a premisas básicas como es la búsqueda de instrumentos y procedimientos comunes para determinar el problema y favorecer su cuantificación.

El bono. Un clásico argentino.

Entre lo pintoresco de la realidad del NOA, se puede destacar la existencia de un bono “voluntario-compulsivo de ayuda presupuestaria” que los pacientes debían pagar por la consulta medica, en los hospitales estatales de Tucumán.

El valor del bono era de 1 peso (0,30 dólares), monto casi simbólico para el habitante promedio de la gran ciudad, pero que representa 1 litro de leche, 1 bife o 1 blister de aspirinas para una familia subocupada o asistida por un plan de subsidios estatal de 25 dólares.

Por lo pronto, y debido a la repercusión de la problemática en los medios (y no al sentido común) el bono se canceló hace unos días atrás.

Según Chapman, “este bono estratifica las posibilidades de acceso, discriminando a los de menos recursos”.

La desnutrición infantil. ¿Causa per se o síntoma de problemas mayores?

La caracterización de la desnutrición y su trascendencia en los medios como problemática constituye un bosquejo superficial y parcial de la realidad Argentina; siendo sólo el comienzo de una sintomatología cuya causa original permanece subyacente y no parece, por el momento, ser objeto de resolución.

Mucho es lo que se ha dicho sobre desnutrición infantil, sin siquiera tener datos. Pero poco se ha dicho de muchas otras cosas que ocurren en el epicentro de las denuncias:

1) Mortalidad Neonatal

En Tucumán, junto con la desnutrición, coexiste una de las tasas de mortalidad neonatal más alta del país: Según un importantísimo dato aportado por la doctora Chapman, “la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes, con cerca de 12.000 partos por año, tiene el índice de mortalidad neonatal más alto del país”. Y en ese sentido, sentenció que “esa mortalidad es tan o más grave que la desnutrición infantil”.


2) Salud reproductiva

Según el director de [la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes], Manuel Pérez Gorena, “un 30% de las parturientas ronda entre los 12 y los 18 años, mientras que hasta hace pocos años el mayor número de internadas oscilaba entre los 22 y los 25 años. (75)

Tampoco se habla del incremento en la cantidad de hijos que nacen en los sectores mas necesitados: según apreciaciones del personal de asistencia hospitalaria, un gran porcentaje de las madres asistidas supera los 6 hijos, llegando en algunos casos a 10.

3) Educación

Difundimos para este apartado un sólo dato, ilustrativo de la situación, que representa a bastas regiones del NEA y NOA: sobre un chequeo que realizó la doctora Chapman en el área de Río Salí, el 50% de los alumnos del EGB1 y EGB desertó al ciclo lectivo de este año (que, además, tuvo menos de 100 días de clases).

4) Recursos humanos

Corroborando lo multisectorial del problema de la desnutrición en nuestro país, se mencionan la falta de recursos humanos, en especial licenciados en nutrición, que trabajen en Tucumán. “No hay como pagarles, entonces tampoco pueden sostener un apoyo técnico”, manifiesta Chapman.

La histórica centralización sociopolítica de nuestro país hace que la mayor concentración de los recursos humanos se encuentre en Buenos aires y demás grandes urbes, desplomándose los indicadores sanitarios de esos aspectos para las zonas apartadas.

5) Idoneidad de los gobernantes

Nos limitamos a reproducir una noticia del diario Clarín que describe la situación:

Para el gobernador peronista Julio Miranda, la explicación de por qué se mueren de hambre los chicos en Tucumán reside en que "hubo un crecimiento poblacional muy intenso", por el cual "se tornan insuficientes" los programas sociales alimentarios.

Así argumentó ayer, durante un diálogo con Radio Mitre, en el que señaló: "Tenemos 57 habitantes por metro cuadrado en Tucumán".(80)

Diario clarín – 20 de noviembre de 2002
http://old.clarin.com/diario/2002/11/20/s-02602.htm

6) Marco Institucional

Sobre este punto Evelina Chapman, responsable del área Materno Infantil del Ministerio de Salud de la provincia de Tucumán enfatizo que “los cambios de gobierno se suscitan tan rápido, con tantas idas y venidas de políticas que nunca logramos que las propuestas y diagnósticos de situación alcancen el plano de la acción. Estamos cansados de hacer diagnósticos de situación, para que luego no sean escuchados.”


¿Y después? ¿Qué?

Esta es la pregunta que surge naturalmente. Todas estas acciones aparecieron como reacción a una denuncia iniciada en los medios, y no como respuesta efectiva de un sistema de control que debiera poner en marcha mecanismos de protección de la salud de la población.

Y además, parece no dejar de ser una acción de emergencia alimentaria, la que bajo ningún aspecto hay que confundir con un programa nutricional integral.

Poco se sabe, pasados los meses, sobre como se articulará esta medida en relación a los demás planes y programas, ministerios y recursos destinados a trabajar en el tema.

En la Argentina del 2002, al hablar de un niño con desnutrición por inanición, hablamos también de:

* Que sus padres se encuentren sin trabajo o en una situación comprometida. Que no tengan asistencia medica ni obra social y que probablemente tengan un bajo nivel de instrucción.

* Que hay un presente de Argentina aparentemente paliativa. Pero no se vislumbra un futuro de Argentina productiva.

* Que hay un Estado ausente, cuya agenda se encuentra “organizada” por los medios de comunicación y que toma decisiones en tal sentido, sin asidero metodológico.

* Que muchos medios de comunicación están ocupados en transportar ideologías en lugar de informar.

* Que la subyacencia de la epidemia acarrea cuadros ocultos con lesiones en estructuras cognitivas irrecuperables, constituyendo un deterioro en la capacidad de trabajo y de desarrollo de ese individuo, al cual le será más difícil insertarse en la sociedad, estudiar y conseguir empleo.

* Y que tampoco hay equidad social, igualdad de oportunidades, justicia, estabilidad política ni responsabilidad.

En definitiva, y para finalizar este informe, con la desnutrición encabezando la “sintomatología evidente” de una enfermedad social mucho más profunda y subyacente, estamos devastando el recurso más importante que toda Nación que pretende grandeza busca: el Capital Humano.

La redacción de Nutrar.com desea agradecer la colaboración para el presente informe de:

Graciela Lavadó. Subdirectora del Hospital de Niños “Niño Jesús” - San Miguel de Tucumán.

Evelina Chapman. Responsable del área Materno Infantil del Ministerio de Salud – Tucumán.

José Urrusuno. Departamento de Inmunizaciones de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación.

Alejandra Dandan. Diario Página 12.

Argentina: lo que la soya se llevó...Desnutrición y hambre en el país de los alimentos


21-09-07, Por Mariela Zunino *

* Mariela Zunino. Nacida en Río Negro, Argentina, estudió Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente es cooperante de CIEPAC. Boletín CIEPAC num. 544 - , San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México. http://www.ciepac.org

Argentina se posiciona como el tercer productor mundial de soya transgénica después de Brasil y Estados Unidos. Hoy, de cada 100 argentinos, unos 27 viven bajo la línea de la pobreza. En las provincias del norte argentino esta cifra asciende al 40%. Paradójicamente, son estas provincias norteñas las que en los últimos 10 años percibieron un mayor avance del monocultivo de la soya.

"El reordenamiento de los procesos de producción y circulación de mercancías y el reacomodo de las fuerzas productivas, producen un excedente peculiar: seres humanos que sobran, que no son necesarios para el "nuevo orden mundial", que no producen, que no consumen, que no son sujetos de crédito, en suma, que son desechables..."
Subcomandante Marcos, "Siete piezas sueltas del rompecabezas mundial", Ejército Zapatista de Liberación Nacional.


Introducción

Argentina

El 6 de Agosto, en Chaco, provincia del norte de Argentina, Maria del Carmen Moreyra, mujer de la comunidad indígena toba, moría a los 46 años de edad, en su humilde rancho, casi sin entender por qué. Quienes estuvieron con ella días antes cuentan que se la notaba muy mal, extremadamente cansada y que presentaba desnutrición y posiblemente anemia. La expresión en su rostro dejaba ver el dolor en vida de una mujer toba. Antes de ella, otros 10 indígenas fallecían por causas de desnutrición y enfermedades curables. Hasta el día de hoy, y desde mediados del mes de julio, se dio a conocer la muerte de por lo menos 14 indígenas en Chaco, Argentina. Catorce personas que seguramente pronto pasarán a ser un número olvidado, parte de la población sobrante para los reinados del mercado en nuestros países latinoamericanos.

Este artículo intenta describir la situación de abandono en que se encuentran las comunidades indígenas de la provincia de Chaco, enmarcándola en el contexto nacional y haciendo hincapié en las verdaderas raíces de tal realidad. En los últimos diez años, en Argentina, se ha venido profundizando un modelo de agricultura sin agricultores. Se trata del modelo de la soya, que a su paso va expulsando a hombres y mujeres de sus tierras, dejando en su lugar grandes desiertos verdes. De este modo, se fue configurando la gran paradoja argentina: a más producción, más hambre y exclusión.

El etnocidio silencioso

En Argentina, la situación de los pueblos originarios es crítica. Mientras siglos antes, durante la conformación del Estado-Nación, se daba un genocidio étnico abierto y explícito - como lo fue la Campaña del Desierto en 1878 que exterminó a más de 3000 indígenas y desplazó a otros miles a zonas periféricas-, hoy en día se da un genocidio pero de forma silenciosa. Mientras en el sur, cientos de comunidades mapuches son desalojadas por la construcción de represas, sus tierras y aguas contaminadas por empresas mineras y petroleras, en el centro y norte del país, comunidades kolla, wichi y toba sufren el éxodo rural, el saqueo de sus recursos, el hambre y la violencia estructural de un sistema arraigado en los capitales y el mercado externo, cuya cara más visible hoy es el negocio de la soya transgénica.

Según datos oficiales, en Argentina hay más de 600.000 indígenas y descendientes de indígenas, aunque para algunas ONG el dato asciende a entre 2 y 3 millones. La mayoría pertenece a las comunidades kolla, wichi, toba, guaraní y mapuche.

Alrededor de 60 mil indígenas viven en la provincia de Chaco. En su mayoría son tobas, wichis y mocovies. Los primeros viven en el monte sin ser propietarios de las tierras, y muchos habitan en barrios marginales de las ciudades. Los wichis también viven en las periferias urbanas y en tierras marginales y montes deteriorados. Los mocovies no tienen tierras, viven en caminos abandonados, en los cordones marginales de las ciudades o en campos donde son asalariados. De los indicadores sociales a nivel provincial, Chaco presenta los más alarmantes: el 67,8 % de la población vive en la pobreza, mientras que más del 36,3 % está por debajo de la línea de la indigencia. 28 de cada 100 chaqueños están desempleados. Los índices de mortalidad infantil superan el 30 %. Para la población indígena estas cifras son aun más alarmantes: el 98 % de los indígenas chaqueños vive en la pobreza y el 92 % se encuentra por debajo de la línea de indigencia.

Es en este contexto que entre mediados de julio y fines de agosto se conoció la muerte de por lo menos 14 indígenas, entre ancianos, hombres y mujeres de mediana edad, y hasta bebes recién nacidos de madres con déficit nutricional. Asimismo, en tan sólo una semana se confirmó el estado de desnutrición severa de otras 92 personas en la zona. Pobreza extrema, hambre, desnutrición. La situación social en la que están inmersos deriva en el padecimiento de enfermedades típicas de la indigencia, como la tuberculosis y el mal de chagas. Esta última es transmitida por un insecto llamado vinchuca, que suele anidar en las humildes viviendas de barro y ramas donde habitan los pobladores. El mal de chagas provoca afecciones coronarias, que son una de las principales causas de muerte en Chaco. Sin embargo, se ha denunciado que en los últimos 30 años no se han hecho fumigaciones en contra de la vinchuca, salvo raras excepciones. La inversión destinada a la prevención y combate de este mal ha sido exageradamente baja en los últimos años, a pesar del bajo costo de la desinfección de los focos donde anidan las vinchucas. Los gobiernos, desentendidos de la situación, han dejado a las comunidades totalmente vulnerables al accionar de las vinchucas.

Los pobladores además denuncian la carencia de una adecuada alimentación, sumado a la falta de agua potable, ya que la que beben proviene de charcos y represas y es la misma fuente de la que beben lo animales de la zona. Todo ello deriva en condiciones infrahumanas de vida, y convierte a la expectativa de vida promedio en Chaco en una de las más bajas del país.

Existe un vacio político a nivel provincial y un retiro y abandono de las políticas publicas hacia las comunidades y sectores empobrecidos. La mayoría de los enfermos y desnutridos no reciben atención medica adecuada y a tiempo. Rolando Nuñez, del Centro de Estudios e Investigación Social Nelson Mandela, denuncia el desastre sanitario: "Toda la red sanitaria es antigua; data de la década de los 60. El hospital cabecera Güemes-J.J. Castelli, está en verdadera situación de desastre hospitalario. Los puestos sanitarios, diseminados en localidades y parajes, también están desbordados". Como resultado del colapso de las instituciones sanitarias, muchos enfermos son atendidos cuando ya se encuentran en situaciones físicas extremas. A otros, cuando llegan a los centros hospitalarios con alguna enfermedad avanzada, se les da el alta medico rápidamente para que mueran en sus hogares. Nuñez señala que en estas poblaciones ha habido una "respuesta biológica, en el sentido que han desarrollado un genoma humano que les permite afrontar situaciones extremas, que pagan con horas de vida perdidas prematuramente u horas de vida vividas insatisfactoriamente. Sin embargo, como la tierra, el monte y los animales, están en severo riesgo de extinguirse."

Sin duda, los planes y campañas de asistencia sanitaria no están diseñados para que lleguen a las comunidades indígenas. Además, agrega Nuñez, "hay una medicina para blancos y otra para indígenas. Esto se advierte en la forma en que se los recepciona, asiste y la manera en que se les otorga el alta hospitalaria o médico. Existe discriminación tanto en el gobierno como en la sociedad".

Éxodo rural y expulsión

Si miramos más en profundidad podemos hallar las verdaderas raíces del problema. Cuando los pueblos originarios eran los únicos ocupantes de la región, vivían en equilibrio constante con su hábitat, sabían qué tomar de la naturaleza para alimentarse y desarrollaban sus actividades en armonía con el ecosistema y la tierra, porque ellos se sentían parte de ella. Sin embargo, con la conformación política del Estado y el avance de las actividades económicas sobre las provincias, las comunidades se vieron poco a poco desplazadas de sus tierras originarias. Así se dio inicio a un proceso de desplazamiento forzoso hacia tierras marginales que se continúa hasta nuestros días.

desnutrición


En el caso de la provincia de Chaco, las comunidades indígenas tuvieron que abandonar su hábitat original por la presión de la ampliación de la frontera agrícola y ganadera. La incorporación de nuevas tierras, sumado al desmonte y la deforestación, sumado a la venta de tierras estatales a compañías agrícolas, no dejó otra alternativa a las comunidades más que reubicarse en nuevas zonas, generalmente marginales. Con la diferencia que en los nuevos asentamientos las condiciones geográficas y ambientales eran diferentes, obligándolos a una reestructuración de sus costumbres y pautas alimenticias. En su hábitat natural, dependían de los bosques para su alimentación. De allí obtenían plantas alimenticias y medicinales, algunos frutos y miel. También podían cazar y pescar, y practicaban la agricultura en pequeña escala. Hoy, acorralados en zonas desfavorables, no tienen otra opción más que convertirse en asalariados, migrar a los cordones de pobreza de las ciudades, o simplemente morir de hambre. Muchos se convirtieron en banquineros: familias desplazadas que construyeron viviendas precarias en los márgenes de las rutas provinciales. Como lo señala Nuñez: "El éxodo se produjo por la pérdida de tierras y el deterioro del bosque nativo chaqueño, del cual obtenían alimentos, medicinas y los restantes elementos necesarios para su existencia. Amplios sectores de la comunidad indígena prefirieron trasladarse a los asentamientos urbanos que existen en torno a la capital provincial y a las ciudades más importantes del Chaco".

Pero en la ultima década, en Argentina y más específicamente en Chaco, ha comenzado un proceso que viene a acentuar estas tendencias hacia los desalojos y el empobrecimiento de las comunidades. Se trata de la "soyización" del país, el avance desmedido de los cultivos de soya a lo largo y ancho del territorio argentino.

Soya: pan para hoy, hambre para mañana

En otros tiempos Argentina era conocida como "el granero del mundo", así llamada por su extensa producción de cereales, trigo y maíz, carnes, leche, entre otros, con lo cual se alimentaba no sólo a los argentinos sino a habitantes de varios países del mundo. Sin embargo hoy, el país no está pudiendo alimentar ni a su propia población. ¿Qué ha pasado? Sucedió que Argentina pasó a formar parte de un gran engranaje mundial cuyo motor es la lógica neoliberal globalizadora y excluyente, que lo alejó de la sustentabilidad social y lo encauzó dentro de un modelo útil sólo para los grandes actores económicos. El poder de decisión pasó a estar en manos de las grandes empresas, y desde entonces el pueblo no ha hecho más que sufrir las consecuencias.

En el año 1976, bajo la última dictadura militar, se abrió en Argentina el camino de la desindustrialización nacional y la modernización agraria. Fue así como comenzó a sembrarse comercialmente la soya, debido a la gran demanda internacional y por la necesidad de generar divisas para sanear la enorme deuda externa contraída. Luego, los programas de ajuste estructural de corte neoliberal provocaron un repliegue del Estado que dejó desamparados a miles de pequeños productores, al tiempo que generó el favor gubernamental hacia los grandes actores económicos. Así fue como, en 1996, durante el gobierno de Carlos Menem, se aprobó la siembra comercial de semillas transgénicas. Empresas como Monsanto y Cargill comenzaron la producción y comercialización de sus semillas modificadas genéticamente, en especial la semilla RoundUp Ready, variedad transgénica propiedad de la transnacional Monsanto, resistente al herbicida glifosato, también de Monsanto. En pocos años, el país se convirtió en un gran desierto verde: las plantaciones de soya arrasaron con montes y ecosistemas, dejaron en la ruina a miles de pequeños productores y campesinos, y terminaron con la tradicional riqueza y biodiversidad del país.

Hoy en día, los cultivos de soya ocupan cerca del 55% del total del área sembrada, y las ganancias relacionadas a la soya y sus derivados generan el 30% de las divisas que se generan en el país. Argentina hoy se posiciona entre los primeros exportadores de soya a nivel mundial.

Durante la campaña 2006/2007 la producción de soya batió un nuevo record histórico en el país: se cosecharon 47,5 millones de toneladas. La superficie sembrada de soya pasó de 10.664.000 hectáreas en la campaña 2000/01 a 15.200.000 en 2005/06. Y se espera que para el año 2014 la superficie cultivada llegue a los 22 millones de hectáreas.

Mientras aquellos beneficiados por el boom soyero festejaban los records de cosecha, se conocían datos alarmantes en el país. Argentina produce la mayor tasa de alimentos por habitantes del mundo: aproximadamente unos 3.500 kilos de alimento por habitante cada año. Sin embargo, en los 13 años que van de 1990 a 2003 se conoció la muerte de cerca de 450.000 personas por causas que tienen que ver con el hambre. Hoy, de cada 100 argentinos, unos 27 viven bajo la línea de la pobreza y no pueden cubrir sus necesidades alimenticias básicas. En las provincias del norte argentino esta cifra asciende al 40%.

Paradójicamente, son estas provincias norteñas las que en los últimos 10 años percibieron un mayor avance de la frontera agrícola del monocultivo de la soya sobre sus territorios.
Cuando se advirtió que las provincias centrales, correspondientes a la región pampeana, ya estaban saturadas de cultivo de la soya, se inició un proceso de expansión de la frontera agrícola hacia zonas tradicionalmente no aptas para este tipo de cultivos, principalmente las provincias del norte del país, como lo es Chaco. Esta "pampeanización" consistió en la imposición del modelo agrícola de exportación característico de la pampa hacia otras regiones del país. El resultado: la profunda modificación de los paisajes rurales regionales en favor del avance del monocultivo de la soya orientado al mercado externo.

En la provincia de Chaco, la superficie sembrada de soya creció de 50.000 hectáreas en 1990 a 410.000 en 2000. El área sembrada fue incrementándose aún más hasta llegar a las 700.000 hectáreas en la última campaña 2006/07. Y se estima que para 2014/15 el área cultivada de soya en la provincia será de 1.088.000 hectáreas.

Chaco: los costos sociales de la fiebre de la soya

La Desnutrición en la Argentina

Con el avance de la soya, en la provincia se fue perfilando un escenario de exclusión y concentración. Muchos pequeños productores no pudieron adaptarse a los requerimientos de los altos insumos y los paquetes tecnológicos impuestos por el modelo de la soya transgénica. Asimismo, este modelo de producción emplea a sólo una persona cada 500 hectáreas, lo cual se tradujo en la pérdida de 4 de cada 5 puestos de trabajo en el campo. "El modelo de producción en el Chaco, además de ser excluyente por ser un paquete de agro negocios y no generar trabajo y mano de obra, generó un PBI (producto bruto interno) de U$S 650.000.000 que no se transformó en ingresos para los chaqueños", señala Rolando Nuñez, del Centro Nelson Mandela.

El tradicional cultivo de algodón, que en 1997 representaba más del 70% de la superficie cultivada en la provincia, cayó al 9,9% en el año 2001, a expensas del avance de la soya. En los últimos 10 años, la superficie cultivada con algodón pasó de 700.000 a 100.000 hectáreas, es decir que las posibilidades que tenían indígenas y campesinos de conseguir trabajo como jornaleros mermaron drásticamente.

La pérdida de biodiversidad fue denominador común en todas las provincias devenidas soyeras. En Buenos Aires, en los últimos 6 años desaparecieron 17.000 granjas lecheras, al tiempo que mermó la producción de maíz y de algunas variedades de trigo. El cultivo de arroz se redujo más del 44% y el de girasol un 34%. En localidades donde antes se sembraban batatas, papas, lentejas, alcauciles, arvejas, hoy se siembra sólo soya. Y estos alimentos actualmente deben ser importados.

Por otro lado, la concentración de tierras alcanza proporciones desmesuradas en Chaco: el 7% de los propietarios concentra el 70% de las tierras. A su vez, el 80% de la producción se encuentra en manos del 20% de los productores. La venta espuria de tierras estatales en la provincia ha acelerado este proceso de concentración. Este tipo de tierras solía ser propiedad ancestral de los pueblos originarios, pero hoy son vendidas por el gobierno provincial a precios irrisorios - desde 6 dólares la hectárea - a grandes productores nacionales y del extranjero. De 4 millones de hectáreas en 1995, las tierras estatales pasaron a ser sólo 660.000 en la actualidad. Mientras la Constitución Provincial asigna como destinatarios a ocupantes tradicionales para uso familiar - indígenas y gente local - la mayoría de las tierras está siendo regalada a los empresarios soyeros.

La masiva privatización de tierras también conlleva al cierre de pasos y caminos por donde campesinos e indígenas solían circular con sus animales en el traslado hacia pastizales comunes. Es decir, la invasión privatizadora también acabó con sus prácticas tradicionales de circulación entre distintas zonas y a través de caminos vecinales.

Asimismo, la defensa de los intereses del agrobusiness de la soya genera un cuadro de violencia sistemática en contra de las poblaciones rurales e indígenas que se traduce en desalojos, detenciones, persecuciones y amenazas a quienes se resisten. La presión para que abandonen sus tierras se traduce en hostigamientos que van desde la contaminación intencional de fuentes de agua hasta el robo o matanza de animales. El uso intensivo de agroquímicos y las fumigaciones en cultivos de soya muchas veces terminan contaminando a población de zonas aledañas, a sus cultivos, animales y fuentes de agua.

El avance de la frontera agropecuaria de la soya, además de socavar las bases de la agricultura campesino-familiar, a su paso va levantando montes enteros. Quienes celebraron los records en la cosecha de soya este año también obviaron los records mundiales que su país bate en deforestación. Se calcula que la tasa de deforestación en Argentina es seis veces mayor que el promedio mundial. En los 4 años que van de 1998 a 2002, la destrucción de montes nativos aumentó un 42%. Las más de 250.000 hectáreas de monte talados por año son dedicados mayoritariamente a la siembra de soya transgénica. En la actualidad las provincias argentinas que más sufren del desmonte son Chaco, Santiago del Estero, Salta y Formosa. En Chaco, varias organizaciones denuncian que la ley provincial de Bosques 5.285 sufrió una modificación, la cual quita todas las trabas hacia la tala indiscriminada del monte nativo, lo cual favorece profundamente la desaparición y el genocidio de los pueblos originarios. El resultado: tierras devastadas, fronteras que avanzan corriendo a los pueblos de su hábitat y acorralándolos donde ya no pueden alimentarse por si mismos.

Voces que se hacen oír en el campo

Frente a la imposición del modelo neoliberal soyero en el mundo rural, y el consecuente reacomodo de los territorios y estructuras agrarias, los campesinos y pueblos originarios comenzaron a agruparse, como también tomaron fuerza aquellas agrupaciones ya conformadas con anterioridad. Su común denominador es la lucha por la tierra y el territorio. Al ser los desalojos, los desplazamientos forzosos y arrinconamientos las principales amenazas a las comunidades indígenas y campesinas, la cuestión de la territorialidad y la recuperación de tierras tomaron centralidad.

El MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) es claro ejemplo de la lucha contra el despojo de tierras. Es un movimiento que aglutina 9 mil familias campesinas que trabajan sus tierras y comercializan sus productos de forma cooperativa. Defienden sus territorios contra los sistemáticos desalojos por el avance de la frontera agrícola. En esta línea también se encuentran el Movimiento Campesino de Córdoba y la Unión de Trabajadores Sin Tierra de Mendoza. El MOCAFOR (Movimiento Campesino Formoseño) agrupa a pequeños productores agropecuarios y obreros rurales desocupados, campesinos e indígenas, que reivindican la vida campesina y hacen frente a la devastación provocada por el avance de la soya y la contaminación con agrotóxicos de sus cultivos.

Argentina

Mas allá de las situaciones de conflicto en torno a la tierra, estas organizaciones intentan recuperar prácticas campesinas desarrollando experiencias de reproducción social y construcción de alternativas. Cabe destacar las experiencias en torno a nuevas formas de intercambio: las ferias campesinas de la Red Puna en la norteña provincia de Jujuy, o las ferias francas del Movimiento Agrario Misionero, provincia de Misiones, que busca el comercio directo entre consumidores y productores. También se dan redes de comercio justo y solidario, donde se debaten los precios, se establecen las formas de traslado de los productos y se establecen criterios comunes de calidad. Vale mencionar también las ferias de semillas que se dan en Chaco, Misiones y Buenos Aires, donde los productores pueden intercambiar libremente semillas provenientes de regiones diversas. Su objetivo: el mejoramiento genético de las semillas entre las mismas familias y la conservación de la biodiversidad que es pilar de la agricultura campesina. Otra práctica que ha cobrado fuerza es la educación de los jóvenes por parte del MOCASE, a través de la Universidad Campesina, donde gente de diferentes comunidades llega para realizar practicas de convivencia y tomar cursos acerca de formación agropecuaria, sustentabilidad y recursos naturales.

En Chaco, comunidades indígenas y campesinos se han agrupado para hacer frente al modelo que los empobrece y así crear alternativas y planes de lucha. La Unión de Campesinos Poriajhu - "pobres" en lengua guaraní- es un movimiento integrado por 200 familias de Chaco, que forman parte de la CLOC, que a la vez es integrante de la Vía Campesina. Todos los meses de julio, organizan un encuentro para reflexionar acerca del futuro de la agricultura familiar y campesina y proponer acciones concretas por la Soberanía Alimentaria. Asimismo, la Organización Unión Campesina, aglutina comunidades indígenas y campesinos que fueron expulsados de sus tierras. Su lucha se centra en la recuperación de sus territorios perdidos y en una reforma agraria profunda e integral que no sólo resuelva la problemática del uso y tenencia de la tierra sino que además apoye la agricultura familiar y reconozca a la tierra como un bien social. Existe también en la provincia el Movimiento de Trabajadores Desocupados 17 de Julio, el cual lleva adelante luchas de acción directa, como la toma de dependencias estatales de las que se espera respuesta a sus reclamos, y la ocupación de tierras improductivas. A su vez el MTD desarrolla emprendimientos productivos como criaderos de cerdo y otros animales de granja.

Frente a la situación de desastre humanitaria que se vive en Chaco, los primeros días de agosto de este año, cientos de delegados de las comunidades indígenas llegaron marchando a Resistencia, la capital provincial, para exigir la renuncia del Ministro de Salud chaqueño, Ricardo Mayol, a quien responsabilizaron por la situación de abandono total y el colapso sanitario y alimentario en que se encuentran las comunidades indígenas al interior de la provincia. Un año antes, comunidades tobas habían acampado frente a la sede municipal denunciando que el gobierno local no distribuía los alimentos y la ayuda alimentaria proveniente del gobierno nacional para asistir a familias afectadas por fuertes inundaciones. Al no recibir respuesta, se sumaron a la protesta wichis y mocovies.

Fueron cortadas rutas provinciales y se realizo una huelga de hambre por 33 días, para protestar contra la venta irregular de tierras estatales, y el modelo que reproduce pobreza extrema y discriminación para las comunidades indígenas. En agosto fueron firmados acuerdos con el gobierno, que se comprometió a entregar tierras con escrituras, con lo cual se puso fin a la movilización. Pero las promesas no fueron cumplidas y a finales de 2006 se suspendió el dialogo entre los indígenas y el gobierno. Frente a la indiferencia gubernamental y el avance de los procesos económicos, las comunidades han optado por organizarse con un doble objetivo: hacer frente al avasallamiento que el actual modelo de producción representa para sus derechos y formas de vida, y construir alternativas que dignifiquen su ser y permitan la recuperación de prácticas y saberes ancestrales.

A modo de conclusión...

El actual modelo soyero imperante en Argentina ha arrebatado a la población, y sobretodo a las comunidades indígenas, su soberanía alimentaria, sus tierras y montes. Los territorios donde vivieron por generaciones y eran fuente de vida, han sido saqueados e invadidos y hoy, cercos y alambres impiden su paso. Los montes y bosques han sido arrasados por topadoras, y aquellos que no, sufren un continuo deterioro de los suelos por los métodos de siembra directa e intensiva, más la contaminación de tierras y aguas por parte de los agrotóxicos incluidos en los paquetes tecnológicos. Además, el desequilibrio ambiental que ha provocado el monocultivo de la soya es responsable de que la provincia pase frecuentemente de grandes inundaciones a sequías extremas.

Un sistema que genera cada vez más producción para el mercado externo y menos comida para la población no puede provocar más que el hambre generalizada y la desnutrición de generaciones enteras. Una población con déficit nutricional, aparte de padecer de sus derechos más elementales insatisfechos, al no poder pensar más que en su subsistencia inmediata, pierde su potencialidad plena para crear alternativas diferentes al modelo. Así, queda atrapada en la dependencia extrema.

La muerte de indígenas en Chaco parece responder en un primer momento a la indiferencia gubernamental, al colapso de las instituciones y las prácticas de corrupción y discriminación instaladas en el gobierno. Pero sus raíces están ancladas en un modelo de fondo, aquel que busca porfiadamente las ganancias para unos pocos y deja a su paso hambre, pobreza extrema y desarraigo.

El modelo de la soya no da cabida a ninguna concepción de mercado interno, por el contrario, representa un avasallamiento de cualquier forma de organización digna y auto-sustentable. El monocultivo de la soya no hace más que promover la dictadura de las multinacionales.

De este modo se va minando las bases de la agricultura campesino-familiar, de raíces ancestrales, diversa y auto-sustentable. Valiosos saberes y técnicas tradicionales van quedando en el olvido. El repliegue de las economías regionales y la expulsión de comunidades indígenas y campesinas de sus tierras va dejando espacios de pauperización, erosión ambiental y vaciamiento cultural. Todo ello frente al silencio negador de una sociedad que no da cuenta de la aniquilación de los derechos más elementales. www.ecoportal.net

La infancia en peligro en la Argentina


desnutrición


01-01-03, Por Lic. Diana Durán *
* Lic. en Geografía de la Universidad del Salvador.
Ex investigadora del CONICET.
Coordinadora de proyectos de la Fundación Educambiente.
dianaduran@speedy.com.ar

Como si hubiera despertado de un largo letargo, la sociedad argentina ha reconocido súbitamente la gravedad de su situación de pobreza y la afectación que esta ejerce sobre la población más vulnerable (además de los ancianos): los niños, hasta llevarlos, en numerosos casos a la muerte.

Como si hubiera despertado de un largo letargo, la sociedad argentina ha reconocido súbitamente la gravedad de su situación de pobreza y la afectación que esta ejerce sobre la población más vulnerable (además de los ancianos): los niños, hasta llevarlos, en numerosos casos a la muerte.

Voces entristecidas y otras indignadas, clamores angustiados, rostros llorosos de todos los sectores de la población se manifiestan en los medios de comunicación: la prensa escrita, la radio, la televisión, Internet.

Parece como si observáramos desconcertados nuestro fracaso como sociedad y repentinamente hubiésemos accedido a una información oculta en quién sabe qué fuente secreta del Estado.

Los gobernantes de municipios y provincias, el presidente y la primera dama, los candidatos electorales y dirigentes de todo orden manifiestan preocupación por el problema descargando un cúmulo de culpas en los otros dirigentes. Se difunden "operativos" con nombres que recuerdan gestas militares o campañas políticas más que acciones sociales contundentes.

Muchos especialistas consultados por los medios revelan sus conocimientos profundos pero, en numerosas ocasiones, poco comprometidos sobre la cuestión; los periodistas reflejan la cruda realidad entrevistando a los padres pobres de los niños famélicos cuyos rostros de hambre aparecen reiteradamente en fotos de primera plana o en la televisión, en imágenes que no guardan respeto por la muerte, ni la condición humana.

En este artículo, se plantea el problema con enfoque geográfico para mostrar la situación de la mortalidad infantil por desnutrición en la Argentina, considerando las distintas escalas del gravísimo problema.

En escala global, la Argentina vive una situación de declinación en los indicadores de desarrollo humano (que incluye la mortalidad infantil, la esperanza de vida y el producto bruto interno per cápita), en correlación con la instalación del modelo neoliberal en el contexto de la globalización mundial, cuyas consecuencias son las rémoras del desempleo, la pobreza extrema y la pauperización de vastos sectores de la población.

La mortalidad infantil nacional es de 18,4 por mil nacidos vivos. Este dato refleja una situación muy alejada de la de los países del primer mundo, pero al mismo tiempo, es más alta que las de países latinoamericanos como Costa Rica, Cuba, Chile o Uruguay. Al ser un promedio nacional, oculta las diferencias entre las regiones. Las tasas más altas son del norte argentino: en Chaco y Formosa superan el 30 por mil. Y en otras ocho provincias del norte superan el 20 por mil. Si apreciamos la situación de la mortalidad infantil en los países desarrollados veremos cuán distante está la Argentina de ser, como míticamente se lo ha designado un país del primer mundo. Canadá presenta, por ejemplo, una tasa de mortalidad infantil de 7,8, Estados Unidos de 9, Francia de 7,2 y Alemania de 7,1.

El proceso de globalización ha gestado el agravamiento de situaciones de pobreza estructural en contextos regionales y provinciales de especiales singularidades socioambientales y culturales. El caso de Tucumán, enclave regional de la pobreza estructural argentina, es sólo un ejemplo, que se repite en otras provincias argentinas.

El origen de esas situaciones de pobreza se halla en el deterioro de las economías regionales y sus impactos sociales en contextos especialmente suburbanos y rurales.

La manifestación más ostensible de esa situación es el desarraigo cultural y la marginalidad social de las familias pobres, la destrucción del tejido social y de las redes de solidaridad social, a pesar de todos los esfuerzos que encara la sociedad civil.

En escala nacional se reiteran una y mil veces los infaltables mitos argentinos: la Argentina es un país rico, pródigo en recursos alimentarios y debería poder sustentar a todos sus habitantes y aún a muchos más. Este es una falsa percepción de la realidad si no se la contextualiza, histórica y geográficamente. Se repite reiteradamente en los medios y en las aulas, que la Argentina es un país rico sin reparar que dos tercios de nuestro territorio pertenece a la diagonal árida sudamericana y que muchos de esos recursos se destinan a la exportación, están expoliados (como más del 20 % de los suelos erosionados), o están desigualmente distribuidos entre la población y que difícilmente alcancen para las poblaciones más vulnerables en sus necesidades básicas.

Según el Centro de Estudios Sobre Nutrición Infantil -consultora de la Organización Mundial de la Salud-, la desnutrición en el 2001 afectaba a entre el 11 y el 17 por ciento de los niños, cifra que este año de crisis económica aumentó al 20 por ciento. De acuerdo con datos del INDEC de agosto, 7 de cada 10 chicos nacen en un hogar pobre y 4 viven en la indigencia. Esto significa que hay 2.108.237 niños que no tienen cubiertas las necesidades más básicas, blancos innegables de la desnutrición infantil y hasta de la muerte por inanición o enfermedades de la pobreza.

El INDEC no oculta los indicadores sociales y cualquier ciudadano, dirigente u organización social puede estar al tanto de que los datos de la pobreza en la Argentina se han incrementado en las últimas décadas y, más, que en términos de mortalidad infantil, hemos mantenido una situación comparable con países subdesarrollados mientras otros indicadores sociales y económicos revelaban una situación más promisoria.

Como bien señala el autor de una nota en Ecoportal (1), los niños de Tucumán no sólo son víctimas de la desnutrición, son también las víctimas inocentes de la implementación de planes alimentarios con sojas transgénicas. La mal llamada leche de soja es totalmente careciente de calcio y de hierro, y por lo tanto proveerla a niños anémicos es absolutamente contraindicada, en especial porque le inhibe además al niño la incorporación de calcio que pueda hallar en otros alimentos.
Esto no puede ser ignorado por los médicos ni por los nutricionistas y aún menos por los legisladores y responsables políticos de la Provincia de Tucumán. ¿Realmente pueden creer, tal como lo afirman, que esta Argentina exportadora de "commodities" transgénicas puede alimentar a una población siete veces mayor que la existente? ¿Ni siquiera se han enterado que en el año que comienza no solo deberemos importar lentejas, arvejas, garbanzos y tantos otros alimentos, sino también leche, porque ya no podremos abastecer el mercado interno dado que los tambos se reconvierten masivamente a los monocultivos de soja?
El nudo del problema es siempre cultural y refiere al arraigo, al nexo con la tierra y al fundamento del pensar. El sistema ha transformado a nuestros chacareros en "farmers" o en "chacrers" y ello significa que han dejado de sentir a la tierra como un lugar de pertenencia y que han extraviado los hábitos de los policultivos y de la sustentabilidad que practicaron sus abuelos, a la vez que se han convertido en dependientes totales del mercado al que venden sus producidos y en el que se abastecen de sus insumos y lo que es aún peor hasta de sus alimentos.

El primer lugar al que llegó la soja en la Argentina fue la provincia de Tucumán, hace ya varios decenios, no sorprende entonces el actual estallido de la hambruna. Es su consecuencia directa. Como lo fue a todo lo largo del país el despoblamiento del campo, la desaparición de centenares de pueblos y la indigencia creciente en las ciudades.

Que se denuncie la expulsión de cientos de miles de pequeños productores y su endeudamiento a los Bancos sin cuestionar al modelo que lo produjo, no solo sorprende sino que admira por la capacidad de farisaísmo de nuestra dirigencia progresista.

Se rinden ante el paradigma del productivismo y es por ello que se obstinan en proponernos el asociacionismo como un medio de disminuir los costos y aumentar las escalas.

Hasta hace muy poco se decía que en la Argentina "nadie se muere de hambre" o "no trabaja el que no quiere", pero estos mitos ya han caído por el peso aplastante de la realidad. Primero fue la desocupación, luego la muerte por desnutrición, dos gravísimos problemas argentinos que irrumpieron en las últimas décadas y no en el presente, sólo que ahora, la crisis del país los centra en el escenario de la tragedia social argentina.

En escala nacional, las estadísticas del INDEC evidencian que el 55 por ciento de los argentinos es pobre: 20 millones de personas, cifra récord en la historia social argentina. Son 2.816.000 hogares bajo la línea de pobreza. Hay 1.224.000 hogares bajo la línea de indigencia.

Estos números son la peor consecuencia de otros números que también son catastróficos: los de la desocupación, que es del 22 por ciento y en el conurbano bonaerense llega al 24,2 por ciento. Y hay zonas más críticas como: Gran Catamarca (25,5), Gran Córdoba (25,3) y Mar del Plata (24,6).

La falta de trabajo conduce al hambre, el hacinamiento y la posibilidad de contraer todo tipo de enfermedades. A esto hay que sumarle, en muchos casos, la imposibilidad de acceder a centros de salud que, combinado con la falta de información o educación, hace que muchos padres no tengan conciencia cabal de que ellos mismos o sus hijos están desnutridos o enfermos.

1.- Signos, síntomas y afecciones mal definidas y desconocidas (R00-R99, inconsistencias e incongruencias)

Fuente: Ministerio de Salud de la Nación. 2002.
Se señalan en negrita las defunciones relacionadas con la pobreza.

En escala provincial; Tucumán; provincia pequeña, demográficamente densa e históricamente empobrecida desde la década del 60 con el cierre de los ingenios azucareros y los procesos de desindustrialización; parece ser el paradigma de la súbita realidad que ha despertado a los argentinos.

Pero no sólo Tucumán es el único espacio geográfico de la pobreza extrema en la Argentina, con los consecuentes procesos de desnutrición y con tasas elevadas de mortalidad infantil. Muchos otros aglomerados urbanos (Gran Buenos Aires, Gran Rosario, Formosa, San Salvador de Jujuy, Resistencia, Posadas, Concordia, Corrientes, San Juan, entre otros), revelan los datos de la desnutrición infantil y la muerte por inanición o enfermedades de la pobreza.

Un muestreo del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires sobre una población de 800.000 chicos de hasta 6 años, revela que el 7 por ciento (56.000 niños) tiene desnutrición en grado 1, o sea que registra problemas de retraso en el crecimiento y en el coeficiente intelectual.

El relevamiento se hizo en unidades sanitarias ubicadas en zonas de riesgo de la provincia y la medición se llevó a cabo entre las familias que concurrían voluntariamente a esos centros asistenciales.

Los guarismos del problema adquieren un significado especial porque son niños en los límites de la vulnerabilidad social de la provincia considerada más rica en nuestro país.

Así como concentra la más desproporcionada riqueza, Buenos Aires concentra pobreza. En Buenos Aires viven 13 millones de personas. Casi 7 millones son pobres y de ellos 2,7 millones se hallan en la indigencia, es decir que integran grupos familiares que no acceden a un ingreso mínimo mensual para cubrir sus necesidades básicas. En los hogares con niños el cuadro es más crítico. Los niños con desnutrición padecen anemia y tienen en los primeros meses carencias de todo orden que repercuten en su evolución psicofísica. En consecuencia, cuando alcanzan la edad escolar tienen capacidades mínimas como para afrontar un aprendizaje normal.

A raíz de lo ocurrido en Tucumán se supo que allí, según el Sistema Provincial de Salud provincial, los chicos desnutridos llegan a 11.000. El panorama de otras zonas del país no es tan diferente. Citaremos sólo algunos ejemplos.

En la capital de Salta, donde viven 502.316 personas, el 66 por ciento está bajo la línea de pobreza y el 37,1 bajo la línea de indigencia. Cáritas, que tiene 50 comedores en la provincia, asiste a 12.000 personas, de las cuales 2.000 están desnutridas. Según el Ministerio de Salud provincial, el 55 por ciento de los menores de 6 años está controlado nutricionalmente, pero sólo el 22 por ciento es por demanda espontánea. El resto se cubre a través de la búsqueda activa de agentes sanitarios.

En Misiones, el último censo reveló que más de la mitad de la población es pobre, cifra que en Posadas se eleva al 70 por ciento. 315 mil personas son pobres y 176 indigentes. El 50 por ciento de los niños que van al Hospital de Pediatría de Posadas está desnutrido. Y el 10 por ciento, en grado 3: no reciben buena alimentación desde hace más de un año. Muchos son neonatos y bebés de meses. Nacen desnutridos, porque las embarazadas tienen hambre. Así, oficialmente son más de 15 los niños que murieron este año por mala alimentación.

En Entre Ríos la pobreza afecta al 66 por ciento y la indigencia, al 33. Este año hubo varios chicos desmayados de hambre en clases en Paraná, Concordia y Gualeguaychú. Según la Municipalidad de Concordia, el 15 por ciento de los niños que se atienden en los 14 centros de salud está desnutrido.
_________________________________________________
Fuente:
http://www.agrodesarrollo.com.ar/desnutricioncero/informedesn.html
http://argentina.indymedia.org/news/2009/02/654746.php
http://www.nutrar.com/detalle.asp?ID=1333
http://www.ecoportal.net/content/view/full/72703
http://www.ecoportal.net/content/view/full/21195

Y LOS DEL CAMPO HICIERON ESTO...

La Desnutrición en la Argentina


Saludos...

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4 comentarios - La Desnutrición en la Argentina

@eppursimuove Hace más de 5 años +1
usas para el culo el centrado y esas cosas
@andresgump Hace más de 4 años +2
eppursimuove dijo:usas para el culo el centrado y esas cosas

Que cagada si con 29 años, tus post tratan de "Calzoncillos antiflatulencias" o "Demostración de que Papá Noel no existe" o "Cómo saber si sos emo" y una vez que alguien postea algo como la gente venis a acotar pelotudeces. Espero alguna vez hagas un post con la mitad de contenido que este, así usas los centrados y tus imagenes, para algo. +5
@faber235 Hace más de 1 año
Y LOS DEL CAMPO HICIERON ESTO... ????????????????????

yo diria que mas bien los politicos, que permitieron todos los desmanes que se hicieron en nombre de la soja, no seamos boludos, todo el mundo sabe la cantidad de coimas que recibieron consejales, intendentes, legisladores y gobernadores, lamentablemente estamos llenos de traidores a la patria en todos los ambitos.
@Tito12321 Hace más de 2 meses
Buscando sobre desnutrición me encontré con política, pobreza, indígenas en estado malo, mas pobreza, mas política, etc.