Marcelo Amuchastegui, El Loco Fierro

La historia del Loco Fierro

El "Loco Fierro" es un mito viviente entre los hinchas de Gimnasia de La Plata. Asesinado en Rosario, tras un robo en una joyería, sus cenizas fueron esparcidas en el estadio de Gimnasia. Era un líder carismático, lo cuento por algo vivido ante mis propios ojos. Una tarde jugaban Vélez - Gimnasia. Las hinchadas se agredían verbalmente. En un acto rápido, la barra de Vélez abandonó su posición y apareció en la platea (tribuna), vecina a la grada "tripera". Estos corrieron rápidamente el alambrado que separaba ambas hinchadas. mis ojos no podían creer lo que estaba por suceder, y menos lo que sucedió. Un hombre de estatura media y de anteojos oscuros trepó el alambrado, y él sólo les hizo frente a los hinchas velezanos, los cuales se acobardaron. Después supe que ese intrépido era el "Loco Fierro". La fama de temible era conocida, y fechas previas a jugar contra Boca en "La Bombonera", amenazaba con sus cánticos con enfrentarse a La 12 y quemar la Boca. Cuando llegó el día del partido, “La Banda del Loco Fierro" fue interceptada por la policía, la cual realizó un decomiso increíble: marihuana, cocaína, cócteles molotov, cuchillos y 10 armas de fuego. Ibamos preparados para la guerra, pero en la boca son todos policías y nos mandaron a la yuta LOS BOSTEROS CAGONES..."
Su figura mítica es inmortalizada domingo a domingo por las banderas que lo recuerdan como si hubiese sido el 10 de un equipo campeón. Sin embargo el personaje fue el jefe de la barra brava gimnasista: el “Loco Fierro”.

Ese difunto líder se llamaba Marcelo Amuchástegui. Murió bajo las balas policiales. Aquel jueves de comienzo de los años ‘90 un grupo de policías rosarinos le tendió una emboscada que desembocó en un confuso enfrentamiento. “Le dispararon por la espalda”, aseguran aún hoy los triperos más fanáticos. “Fierro era un loco. Me acuerdo que enfrentó a la hinchada de Platense con un palo de escoba”, recuerdan aún hoy en las tribunas de la cancha del Bosque. También como Prado, Fierro estuvo involucrado en innumerables robos, tiros y enfrentamientos con barra bravas de otros clubes.
En sus casi diez años de hegemonía al frente de la barra del equipo platense, Fierro estuvo detenido varias veces. Los hinchas creen que el enfrentamiento en el que finalmente es muerto por la Policía, tiene relación con una de sus detenciones. “La Policía rosarina se la había jurado, pero igual viajó para ver un partido contra Rosario Central. De ese viaje volvió muerto”, recuerda un viejo simpatizante tripero.

Su cuerpo fue cremado en el cementerio local y sus cenizas distribuidas detrás del arco del Paseo del Bosque, donde domingo a domingo los gimnasistas gritan por su equipo, bajo la “batuta” del “Loco Fierro”.
Dice la leyenda que en su velorio se formó una larga fila de fanáticos que lo despidieron con un beso en la frente. Ese día, la hinchada de Gimnasia estuvo acompañada por la barra brava de Estudiantes, que fuera de los estadios mantenía una relación de respeto con Fierro.
Su muerte despertó las ambiciones de grupos antagónicos dentro de la barra gimnasista, al punto en que durante la copa Conmebol, en un partido que el equipo local jugaba contra O’Higgins, en 1991, hubo un enfrentamiento que terminó con varios heridos de bala. Aún hoy, 10 años después de su desaparición, no hay en la hinchada una figura que hiciera sombra sobre su figura.

Si algo le faltaba al mito de El Loco Fierro (vulgata: Marcelo Gustavo Amuchástegui) para instalarse en forma definitiva como bravo serio y de aquellos fue el clásico platense del domingo 8 de febrero de 1987, jugado en cancha de Estudiantes. Tenía entonces 30 años, le faltaba poco para el final de los finales, y la leyenda de temeridad y franqueza en la confrontación le llegarían a valer hasta un sentido reconocimiento postrero de sus enemigos de toda la vida.
Ocurrió que por desinteligencias con los dirigentes de entonces, encabezados por el comerciante de electrodomésticos Héctor Delmar, se les cortó momentáneamente el chorro de entradas a favor como represalia por alguna tropelía o algún vuelto en los negocios, y las huestes triperas se encontraron con que nada menos en un partido contra los odiados pincharratas no sólo carecían del vital elemento para sortear los controles, sino un operativo policial de aquellos sobre la calle 58, que es donde está el acceso de la popular visitante.
El mote de Fierro no había sido ningún acto de imaginación. Y el agregado del prefijo Loco, además de un lugar común, más bien era resultado de una total falta de imaginación. La orden de entrar sea como sea, el que puede, puede, y el que no, aguanta, fue dada antes de que comenzara el partido. Pero la milicada los aguantó y la garroteada y persecución fue dura, incluyendo perros que los garroneó sin asco.
En suma, se comieron una goma de antología. La cosa no iba a quedar así. Años de cancha indican que en el entretiempo se produce un relajamiento general. Durante el transcurso de los primeros 45', El Loco mandó y le mandaron a pibes como chasquis: los que estaban adentro le iban a hacer el apoyo logístico de todas maneras, como siempre, lo esperaban.
Faltaba poco para empezar el segundo tiempo, los jugadores ya estaban por volver cuando lo que volvió fue lo más fuerte de la barra del Lobo con el Loco Fierro en la única ubicación que pueden tener los jefes: al frente, con el torso desnudo, y desairando al primer mote, ahí con las manos absolutamente limpias.

Fue una batalla para recordar. El cordón policial retrocedió, prácticamente lo empujaron cancha adentro y quedó contra el alambrado de espaldas, la barra ingresó casi en su totalidad, pero el jefe y algunos de sus capitostes quedaron en medio de por lo menos una cincuentena de policías de todo calibre, edad y jerarquía, incluidos los de la Guardia de Infantería.
El Loco se batió como un león, y aún sus más acérrimos enemigos, de adentro y de afuera, dicen que puso a no menos de diez milicos culo contra el piso a piña limpia. Jamás se había visto una pelea tan desigual, una paliza tan despiadada al aire libre contra un ser humano y que un hombre tuviera tanta fiereza como capacidad de resistencia. El activista sindical de los telepostales, Rubén Ovidio Oscar Moyano, de 32 años, cayó seriamente herido por el impacto en la cabeza de una granada de gases que le produjo fractura de cráneo con pérdida de masa encefálica. La versión oficial pretendió demostrar que tal lesión sido producida a consecuencia del revoltoso haber querido devolver un artefacto recién lanzado y que al alzarlo le estalló a la altura del rostro. Sus amigos, en cambio, aseguraron que había sido un granadazo virtualmente a quemarropa.
En cuanto al diagnóstico de Fierro, no se dieron demasiado detalles porque al parecer la enumeración de los politraumatismos, contusiones, hematomas, rasguños y otras delicadezas convirtió a la historia clínica en un tomo de la Espasa Calpe: no tenía un solo lugar del cuerpo sin algún golpe.
Esto fue el epicentro de la batalla. El resto de la barra hizo lo que pudo y ante el notorio desequilibrio de fuerzas, cuando ya se volvió paliza sanguinaria, se agregaron espectadores comunes contra el enemigo común. Le tiraron a la policía con lo que pudieron. Como quedó testimoniado en una fotografía de la edición vespertina platense de La Razón, que mostraba al policía llevando secuestrado el cuerpo del delito, ante la desesperación de ver caer al jefe peleando hasta las últimas, uno se había ido hasta el puesto de choripán más cercano y les había revoleado con una ristra de no menos quince docenas de crudos, fresquitos y relumbrantes chacinados.
‑Hasta cenaron a costillas nuestras, los muy hijos de puta ‑fue la amarga reflexión típica de los perdidosos.
El Loco Fierro, después de una cantidad impensable tarzanadas de todo tipo, iba a caer poco después baleado por la espalda en Rosario, 19 impactos en defensa propia por supuestamente haber abierto fuego y no acatado la orden de ¡Alto!, en uno de los episodios más oscuros de la violencia del fútbol argentino, y recibir un entierro y homenaje sin antecedentes en el mundo (Ver más adelante Exequias de un guerrero).


Fuente: http://www.labandadefierro.com.ar/paginanueva1.htm

Cabe aclarar que éste post no tiene la intención de herir ningún tipo de susceptibilidad ni generar nigún tipo de discusión futbolística. Es simplemente la historia de uno de los personajes populares que siempre van a quedar en la historia de nuestro país.