El Sobador

El sobador endereza huesos y músculos

Un aguzado sentido del tacto permite a los “sobadores” intuir cómo abordar una torcedura, un desgarro muscular o cualquier lesión que presenten sus pacientes. El tratamiento podría consistir en varias sesiones de masajes o una buena “enderezada” -que mientras duela más, probablemente será más efectiva-. En Quito, principalmente en el Centro Histórico y al Sur de la ciudad, los sobadores ejercen un antiguo oficio que se caracteriza porque no se aprende en escuelas ni en facultades, sino que suele transmitirse de padres a hijos, entre parientes y hasta entre vecinos, pues el buen sobador tiene un don que aflora tarde o temprano y que le conduce a interesarse por los misterios del cuerpo.

En El Tejar, en Chillogallo, en La Ronda, los consultorios de los sobadores suelen ser modestas habitaciones equipadas con una camilla, una repisa que exhibe pomadas diversas o simplemente “mentol chino”, y otros sencillos muebles ad hoc: apoyadores, sillas especiales, camillas más cortas… Los sobadores rara vez utilizan más propaganda que un letrero junto a su entrada, pues confían en “radio bemba”, como la mejor vía para hacer pública su oferta sanadora. En la era de los fisioterapeutas, los rayos X y las nanointervenciones, en Quito, estos hombres de saber siguen curando con la sabiduría de su experiencia y la destreza de sus manos.


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