¿Cómo tratar en la escuela el tema de
la inseguridad/seguridad ciudadana?


¿Cómo tratar en la escuela el tema de la inseguridad?

Durante muchos días del mes de marzo de este año 2009, la gran cantidad de “tiempo en el aire” y de “centímetros escritos” dedicados al problema de “la inseguridad” en la gran mayoría de los canales de televisión y las radios de alcance nacional que emiten desde la Capital Federal, y publicados en muchos diarios de circulación nacional, instalaron el tema como uno de los excluyentes en la agenda de discusión y de debate entre los gobernantes y los distintos sectores y actores de la sociedad civil. Por lo menos, en las discusiones y en los debates que tienen lugar en los estudios de televisión y de radio y que se transmiten al país; y en los que se presentan en artículos periodísticos publicados en diarios.

En este contexto, ¿cómo tratar con los jóvenes estudiantes el tema de la inseguridad/seguridad?

Con tanta información en circulación podría parecer que se trata de una tarea sencilla. Sin embargo, en las últimas semanas, sobre “el problema de la inseguridad” se han escuchado muchas voces y muchas palabras, pero pocos conceptos. Se ha hablado mucho de casos particulares, pero poco (o casi nada) de categorías generales que faciliten la comprensión de un problema tan complejo como el de la seguridad ciudadana.

¿Cómo hacer y qué decir, entonces, para tratar este tema/problema con los jóvenes en la escuela, con un enfoque que ponga en cuestión la opinión pública generalizada –ya que tal “opinión pública” puede ser entendida como la “opinión publicada” y transformada en el “sentido común” por los grandes medios de comunicación masiva? ¿Qué modo de pensar el problema, qué conceptos, pueden resultar útiles para superar las conclusiones elaboradas a partir de la sumatoria de casos particulares y datos no analizados críticamente?

Este artículo no contiene respuestas definitivas a la pregunta planteada en el título. Antes bien propone preguntas que pueden ayudar a comprender el problema llamado “la inseguridad” desde otro punto de vista, con otro modo de pensar. Y, así, avanzar en el análisis de las distintas dimensiones del complejo tema de la seguridad ciudadana en la Argentina actual.

Antes de avanzar conviene hacer una aclaración importante: los hechos delictivos seguidos de daño o muerte de las víctimas del delito sí ocurren en la realidad, Y para las personas que los han sufrido y para sus familias, las estadísticas dejan de ser indicadores de probabilidad. Cada una de ellas, de las víctimas directas o indirectas, resulta afectada en un 100%. Por esto mismo, no se trata de negar este aspecto de la realidad. Sí se trata de hacer el esfuerzo de intentar comprender las causas que hacen posible que, cada tanto, se instale la noticia y se verifique la percepción (por parte de numerosos sectores de la sociedad) de que el delito aumenta y está fuera del control de las autoridades del Estado.

El problema de “la inseguridad” según
los medios de comunicación masiva


Hechos delictivos realizados con violencia y seguidos de daños físicos, psicológicos o, incluso, la muerte de las víctimas de los delitos ocurren, lamentablemente, desde hace muchísimo tiempo, todos los días y en muy distintos lugares del país y también del mundo.
Sin embargo, las llamadas “olas de inseguridad” ocurren o parece que ocurren cuando los medios de comunicación masiva instalan la noticia de que “los argentinos estamos viviendo una ola de inseguridad”.

¿De qué se habla?

Educación

Pero, ¿qué es lo que ocurre en la realidad cuando se logra instalar la idea de que “estamos viviendo una ola de inseguridad”? en general, no se trata de que, en el transcurso de unos pocos días o semanas, aumenta significativamente, por encima de la media estadística, la cantidad de hechos delictivos violentos y seguidos de daños a las víctimas.

Conviene observar que, en esos momentos, lo que sí aumenta es la cantidad de “tiempo en el aire” (como se llama a la transmisión por televisión y por radio) que muchos medios de comunicación masiva dedican a la cobertura de algunos hechos delictivos realizados con violencia (como robos o intentos de robo a mano armada y secuestros de personas, entre otros). Coberturas que, en su gran mayoría, no se ocupan tanto de informar sobre qué fue lo que pasó, sino sobre cuáles fueron las consecuencias del hecho. Coberturas que, sobre todo, muestran y difunden las emociones y los sentimientos de las personas afectadas directa o indirectamente, en lugar de explicar el origen y las causas de los hechos. Coberturas con estas características repetidas gran cantidad de veces a lo largo del día en que ocurrieron los hechos y durante varios días posteriores. Coberturas que –cuando según los medios de comunicación una “ola de inseguridad” arrecia– se multiplican porque se informa la ocurrencia de más de uno de este tipo de hecho en el mismo día o en días consecutivos.

Conviene prestar atención también sobre quiénes son, en su mayoría, las personas afectadas por los hechos delictivos que ocurren durante “la ola de inseguridad” y son presentados en los medios de comunicación. En general son integrantes de los sectores de ingresos medios, medios altos y altos, trabajadores, con familia constituida y reputación de “ciudadanos respetables”, y que viven en grandes centros urbanos, en zonas más céntricas o más periféricas, según su nivel de ingresos.

Desde el punto de vista de numerosos especialistas e investigadores sobre el tema y también de algunos funcionarios estatales, las explicaciones generales que dan los medios de comunicación acerca de las causas de cada una de la llamadas “olas de inseguridad”, no contribuyen a la comprensión y solución del problema. Pero esto no quiere decir que no den/presenten explicaciones.

Según las generalizaciones instaladas
por los medios de comunicación:


-En algunas ocasiones, más de una década atrás, los principales responsables de las “olas de inseguridad” eran personas que integraban los llamados grupos de “mano de obra desocupada”. Se trataba de personas vinculadas a las fuerzas armadas y de seguridad, separadas de las instituciones en la que habían trabajado por distintos tipos de conductas indebidas –corrupción entre otras.

* En otras, más cercanas, las causas del problema estaban vinculadas con el aumento del narcotráfico en el territorio del país (como resultado de que la Argentina habría dejado de ser (solo) un país de tránsito (de la droga que llegaba desde el exterior con el propósito de ser comercializada también en el exterior), para transformarse en un país de consumo.
* Y en las más recientes ocasiones, los principales responsables son jóvenes pobres –muchos de ellos menores– que comenten hechos delictivos con una gran violencia porque son consumidores de “paco” que delinquen para obtener el dinero necesario para continuar consumiendo.

En un porcentaje de los casos tratados mediáticamente, posteriormente se comprueba que las causas estuvieron vinculadas con motivos pasionales o con venganzas personales. Pero esta información no es difundida con tanta espectacularidad ni insistencia.

¿De qué no se habla?

inseguridad

Entre tanto, en la realidad ocurren, siguen ocurriendo, muchos otros hechos que afectan a gran parte de los ciudadanos argentinos y que, desde otro modo de pensar, también son “hechos de inseguridad”, ya que afectan la seguridad de las personas –su vida, su integridad física, sus propiedades. Según Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz y titular del Servicio Paz y Justicia (Serpaj), se trata de hechos que ponen de manifiesto la violencia estructural y social que afecta a otros sectores de la sociedad, que resultan víctimas que no se ven, que no se escuchan, en la mayoría de los medios de comunicación masiva.

En la lista de esos otros hechos de inseguridad hay que incluir (el que sigue no es un listado completo) que en la Argentina del 2009:

* mueren 25 niños por día por hambre y por enfermedad evitables (según informes de Unicef);

* mueren integrantes de comunidades indígenas por desnutrición, ya que la devastación de los montes naturales existentes en el territorio argentino provoca la pérdida de sus fuentes de subsistencia y desorganiza sus modos de trabajo tradicionales (según infomes de Serpaj);

* 2.500 personas fueron asesinadas en casos de “gatillo fácil” entre 1983 y 2008 (según datos de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional –Correpi–y el Comité de Transparencia de Gestión);

* la mayor cantidad de homicidios son resultado de peleas, agresiones y disputas entre conocidos;

* la gran mayoría de los abusos deshonestos y los delitos sexuales que sufren sobre mujeres y niñas son cometidos por personas que forman parte de ámbitos cercanos a las víctimas;

* un porcentaje de las personas que tienen un trabajo no registrado (“en negro”) sufren enfermedades y accidentes laborales porque los empleadores no cumplen las normas de seguridad del trabajo; y además no pueden curar sus dolencias porque, esos trabajadores no tienen cobertura médica ni seguro de desempleo, ni seguro de vida;

* grupos de integrantes de las fuerzas de seguridad corruptos controlan algunas modalidades del crimen organizado (como desarmaderos, tráfico de drogas y piratería del asfalto), y también organizan y controlan “bandas de pibes chorros” que no les reportan “caja” (es decir montos de dinero significativos) pero que son útiles para aumentar las estadísticas del delito con impacto mediático;

* gran parte de los integrantes de las fuerzas de seguridad no corruptos desarrollan sus tareas mal equipados, mal pagados y mal instruidos;

* aumentan los casos de personas que enferman y mueren como consecuencia de la contaminación del suelo, del agua y del aire que provocan la fumigación de cultivos de soja con agrotóxicos o diversas producciones mineras.

¿Será que hay unas “Víctimas” con mayúscula que provocan revuelo mediático y otras “víctimas” con minúscula que pasan inadvertidas, que no “son noticia”?, como se pregunta Gervasio Noailles, docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires.

El problema de la seguridad ciudadana según
los especialistas que investigan el tema


Gabriel Kessler, investigador del Conicet y de la Universidad Nacional de General Sarmiento y especialista en el tema de seguridad ciudadana, aporta 2 aclaraciones útiles para avanzar en la comprensión de “la inseguridad”.

Según Kessler, el concepto de inseguridad no es sinónimo de delito o criminalidad, sino que la preocupación social por el tema es constitutiva de su definición.

* La noción de inseguridad se conforma por la intersección entre ciertos delitos, según la consideración del sistema legal, que generan preocupación pública y una serie de sentimientos como el temor y la indignación así como demandas que ello genera hacia el Estado.

* No todos los delitos ni todas las violencias generan “sensación de inseguridad” en la población. De allí que no sea posible determinar una definición única sobre la inseguridad en una sociedad, al tiempo que ciertas inseguridades civiles no se derivan de la ruptura de la ley por aquellos considerados amenazantes, tal como puede suceder con procesos de estigmatización de jóvenes de sectores populares o de zonas marginales consideradas “peligrosas”.

* La definición concreta de la agenda de seguridad (el modo de pensar y definir el problema) influye en las soluciones propuestas y en las políticas implementadas. Por esto, resulta imprescindible articular la cuestión de la seguridad con el imperativo de ciudadanía: esto es, un compromiso ineludible con el respeto de los derechos de todos los ciudadanos y las ciudadanas involucrados en esta problemática (sobre todo frente a la periódica instalación de discursos autoritarios que insisten en el endurecimiento de las penas como solución).

* Hay debate sobre la definición de quiénes son las voces autorizadas y escuchadas a la hora de tratar el tema. La centralidad de la preocupación y la visceralidad que genera “la inseguridad” motiva una creciente pluralidad de voces entre las cuales la palabra de los especialistas se ha convertido en una más, no siempre la más escuchada, que tiene que competir con la de otros actores que se arrogan conocimiento del tema, los medios de comunicación y las representaciones de la cultura popular.

Con este modo de pensar y en este marco de discusión conceptual, Alberto Binder, abogado y profesor de posgrado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, la Universidad Nacional del Comahue y de la Universidad Nacional San Juan Bosco de la Patagonia), propone la necesidad de una discusión conceptual y un cambio de paradigma para avanzar en la definición de la inseguridad/seguridad ciudadana y en la búsqueda de soluciones.

Según Binder, se trata de entender por qué se han
generado e instalado las ideas de que:

* la inseguridad es un “fenómeno natural” que no podemos revertir, y que debemos resignarnos a vivir bajo esas condiciones como el costo insoslayable de la vida moderna;

* hay “soluciones mágicas”, según las cuales acabar con la criminalidad y el problema de la inseguridad es solo un asunto de decisión política, de bravura personal y de honestidad.

Para avanzar hacia el diseño de políticas de seguridad eficaces, Binder propone como punto de partida revisar el concepto de criminalidad y considerar que este fenómeno no es una “realidad natural” sino que es el resultado del entrecruzamiento de fenómenos culturales (conflictividad) y políticas estatales.

La relación entre seguridad y justicia:
un desafío en la formación de los jóvenes ciudadanos


la inseguridad en las escuelas

Los investigadores y especialistas en el tema de seguridad ciudadana insisten en la importancia de revisar la relación entre seguridad y justicia como marco para pensar y diseñar políticas públicas tendientes a solucionar el problema de la criminalidad y la inseguridad.

José Nun, cuando inauguró uno de los Foros del Bicentenario dedicado a discutir el tema de seguridad y ciudadanía, aportó reflexiones que pueden ser recursos muy motivadores a la hora de tratar este tema con los jóvenes estudiantes en su proceso de formación como ciudadanos.

Nun proponía pensar qué es una sociedad bien integrada: qué es, cómo es objetivamente esa sociedad; no cómo debe/debería ser. Y contestaba: “Es una sociedad donde las instituciones responden a las ideas para las que fueron creadas, donde los individuos confían por tanto en esas instituciones y piensan que sus prójimos sienten la misma confianza que ellos. Se difunden así niveles importantes de confianza social que facilitan la convivencia.”

Y, finalmente, dejaba planteadas más preguntas: “Pero, ¿qué pasa cuando las instituciones no responden a los ideales para las que fueron creadas? ¿Qué pasa cuando los tribunales no imparten justicia? ¿Qué pasa cuando la policía no protege a los ciudadanos? ¿Qué pasa cuando los hospitales no curan?” ¿Qué pasa cuando las escuelas no enseñan? (agrego como docente y autora de este artículo)

Hoy, los docentes tenemos la oportunidad de tratar el tema de la seguridad ciudadana como un contenido de la enseñanza, fundamental en la formación de los jóvenes estudiantes como ciudadanos. Y tenemos la oportunidad de construir, junto con ellos, otro modo de pensar sobre temas y problemas que afectan la convivencia social. Nada menos, por ejemplo, que sobre las relaciones entre seguridad, justicia y el pleno respeto por todos los derechos de todos los integrantes de la sociedad.

María Ernestina Alonso
20 de marzo de 2009

1 En “¿Quién mata debe morir? Víctimas y VÍCTIMAS”. Páginas 12, 19 de marzo de 2009.

2 En la “Seguridad y Ciudadanía”, la introducción que escribió como coordinador del libro Seguridad y ciudadanía. Nuevos paradigmas y políticas públicas. Buenos Aires, Edhasa (Colección Foros del Bicentenario. Ponencias), 2009.

3 En su artículo“El control de la criminalidad en una sociedad democrática. Ideas para una discusión conceptual”, incluido en el libro coordinado por Gabriel Kessler citado en la nota 1.

4 El II Foro del Bicentenario, organizado por la Secretaría de Cultura de la Nación y por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD-Argentina), tuvo lugar el 6 de noviembre de 2007.

FUENTE: http://www.educared.org.ar/enfoco/caleidoscopio/2009/03_26/index1.asp