COMPARTIENDO LA SABIDURÍA TOLTECA



D. Miguel Ruiz nos explica Los Cuatro Acuerdos



Sé impecable con tus palabras.


No te tomes nada personalmente.


No hagas suposiciones.


Haz siempre lo máximo que puedas.

Sabias palabras de los toltecas, que hace mil años dominaban la zona central de México. Estas antiguas máximas se han actualizado gracias a Los cuatro acuerdos. El ex presidente Bill Clinton acostumbra citar pasajes del libro en sus discursos. Oprah Winfrey lo elogia en su programa de televisión y en su revista. Otras celebridades, como Ellen DeGeneres, Carlos Santana, Madonna y hasta Britney Spears son admiradoras del autor del libro, el mexicano Don Miguel Ruiz.

Publicado en 1997, Los cuatro acuerdos: Una guia practica para la libertad personal, ha sido traducido a 30 idiomas. En el 2000 alcanzó el primer lugar en la lista de bestsellers del The New York Times y aún se mantiene en tan prestigiosa lista.

Ruiz es un símbolo cultural en todo el mundo, sin embargo, la fama y la fortuna nunca lo han motivado. En realidad, su objetivo siempre ha sido ayudar a otros a encontrar "el camino hacia la libertad personal", compartiendo recursos simples pero poderosos a los que se refiere como el "conocimiento tolteca". Además de Los cuatro acuerdos, Ruiz ha escrito otros tres libros, de los cuales el último es La voz del conocimiento: Una guía práctica a la paz interior. En este último libro, Ruiz hace un recuento de su búsqueda para "descubrir la fuente del sufrimiento humano".

Ruiz describe su trayectoria de vida, desde una zona rural de México hasta hoy, en medio de la fama internacional, como un recorrido lleno de misterio y misticismo.

Sabiduria Tolteca


Nacido en Guadalajara, México, Ruiz es el menor de 13 hermanos de una familia tradicional de curanderos descendientes de los toltecas. Su abuelo fue un nagual, o chamán. Su madre, una curandera muy estimada, siempre supo, aún antes de que Miguel naciera, que él también continuaría con las tradiciones familiares. "Recibí una señal y supe que algún día, él iba a ser reconocido en el mundo entero como el libertador de los toltecas", dice la señora Vasques, una mujer de baja estatura, pero de voz enérgica y mirada fija.

Los toltecas dominaron la zona central de México del siglo X al XII. En la actualidad se les conoce principalmente por haber fundado la gran ciudad Tula, cuyas ruinas están a 40 millas de Ciudad de México y por el dios Quetzalcoatl, al que se representa mediante una serpiente emplumada. Los toltecas eran reconocidos por sus enseñanzas espirituales. La palabra "tolteca" significa "hombres y mujeres de conocimiento", dice Ruiz.

Los arqueólogos describen a los toltecas como una de las más grandes culturas mesoamericanas. Sin embargo, Ruiz diferencia a los toltecas de los aztecas, mayas, olmecas y otras culturas. De hecho, los toltecas fueron una sociedad unificada por una espiritualidad esotérica que se transmitió de generación en generación de toltecas y luego pasó a otras grandes civilizaciones que los sucedieron, dice Ruiz.

Los toltecas también fueron artistas, pero no en el sentido tradicional. Ruiz explica: "Ellos consideraban que la manera en que cada uno vive su propia vida es arte. Los toltecas creían que la vida es un sueño y que siempre estamos soñando, aún cuando estamos despiertos. Haciendo una analogía actual, el concepto tolteca del sueño es similar a protagonizar nuestra propia película, siguiendo un guión escrito por nosotros mismos. Toda la gente a nuestro alrededor vive su propia película sobre la base de su realidad y su concepto del mundo".

Si bien creció en México y su madre siempre creyó que sería él quien presentaría la filosofía tolteca al mundo moderno, Don Miguel, no estaba convencido. En vez de dedicarse a la práctica del curanderismo tradicional de su madre y abuelo, ingresó a la escuela de medicina. A fines de los años setenta, sin embargo, una experiencia que casi lo lleva a la muerte cambió por completo su vida. Mientras conducía de regreso a casa con dos amigos después de una fiesta, se quedó dormido. Cuando su coche se estrelló contra un muro de cemento, Ruiz sintió que se separaba de su propio cuerpo. Miró hacia abajo y se vio a sí mismo sacando a sus dos amigos del auto. Despertó en el hospital y supo que ni él ni sus amigos tenían lesiones serias. El accidente lo convenció que el mundo espiritual realmente existe y se dio cuenta que era el momento de dedicarse a las enseñanzas toltecas.

Ruiz estudió todo lo que pudo encontrar sobre la espiritualidad tolteca. En 1986, después de seis años de ejercer como cirujano, se mudó a California. Allí, en un entorno informal, empezó a impartir cursos sobre la sabiduría tolteca asociándose a su madre en un programa de enseñanza que ella había iniciado a comienzos de la década del setenta.

De sus inicios en la enseñanza de esos cursos, Ruiz recuerda, "Podemos decir que el principal reto era depurar el conocimiento tolteca de todo lo relacionado con la mitología, la superstición y el fanatismo. Y cuando lo conseguimos, lo único que quedó fue lo que yo llamo puro sentido común".

El sentido común de los cuatro acuerdos se reduce a un concepto: No es necesario esforzarnos demasiado para ser nosotros mismos. A todos se nos condiciona a vivir según las imágenes que la sociedad nos impone. Pero ese proceso, que Ruiz denomina "domesticación", en realidad nos limita. "Buscamos la perfección fuera de nosotros mismos y ésa es una de las mayores pérdidas de tiempo", dice. "La verdad es que ya somos perfectos de maneras muy individuales. Eres lo que eres".

"Lo más importante es disfrutar de la vida", dice Ruiz, "y eso sólo se logra si las personas se transforman en lo que realmente son. He estudiado y enseñado filosofía tolteca durante muchos años, pero yo no les digo a mis alumnos, 'Tu debes ser abogado, o tu debes ser médico' Todo lo que puedo hacer es darles los medios para que ellos lo descubran por sí mismos".

Ruiz señala que la filosofía tolteca tiene mucho en común con las principales religiones del mundo: "Jesús dijo que la verdad nos libera. Buda dijo que debemos apreciar el mundo tal como es y no cuando está empañado por prejuicios. En la tradi-ción tolteca, debemos encontrar el camino a través de la niebla que nos confunde con opiniones mas que con hechos. Debemos apren-der a volver a nuestra propia naturaleza", observa.

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Don Miguel añade, "Los cuatro acuerdos son el espejo perfecto que nos permite mirarnos tal como somos y no como desearíamos ser. No como aparentamos ser, sino como realmente somos. Ayudamos a la gente a encontrarse a sí misma".

¿Pueden estos cuatro simples acuerdos cambiar realmente nuestras vidas? A tí le toca decidir.

Sé impecable con tus palabras. La palabra tiene gran poder y debe usarse con cuidado. Debemos evitar el uso de palabras para juzgar o avergonzar a otros. El chisme es particularmente venenoso y nunca debemos participar de él, dice Ruiz.

No te tomes nada personalmente. Se reconoce este acuerdo como el que más cambia la vida. Ruiz afirma que toda nuestra vida puede cambiar si aceptamos que las acciones y opiniones de otras personas no tienen nada que ver con nosotros. Cada uno vive su propia realidad y tiene sus propias experiencias. "El que alguien te diga que eres una persona terrible, no te hace terrible. Del mismo modo, si alguien te dice, que eres una maravilla tampoco te hace maravilloso". Si las palabras o acciones nos afectan emocionalmente, ello significa que han tocado una herida en nuestro interior. Debiéramos concentrarnos en curar nuestras heridas y no en vengarnos.

No hagas suposiciones. Suponemos porque tenemos temor de hacer preguntas, dice Ruiz. Con frecuencia los supuestos que asumimos cambian el curso de nuestras vidas. Quizás asumimos que sabemos lo que otra persona, como nuestro cónyuge por ejemplo, piensa, cree, o desea. Debiéramos preguntar, debiéramos expresar lo que deseamos y debiéramos comunicarlo claramente; de lo contrario, colmaremos nuestras vidas de malos entendidos, resentimiento y oportunidades perdidas.

Haz siempre lo máximo que puedas. Lo mejor de nosotros cambia a cada instante, sostiene Ruiz. En ocasiones estamos enfermos o cansados; aún así podemos dar lo mejor que tenemos. Si hacemos todo de la mejor manera posible y aceptamos el resultado, nunca será necesario compararnos contra otra persona y nunca nos juzgaremos con severidad si fracasamos, dice.

Ruiz, quien sufrió un severo ataque al corazón en 2002, ha dejado gran parte de su labor de enseñanza en manos de su hijos José Luis y Miguel júnior. En cada iniciativa que toma, dice que se mantiene fiel a la filosofía tolteca y alienta a todos a hacer lo mismo. "Hago lo que me gusta hacer y evito hacer lo que no me gusta. Tengo fe en todo lo que hago porque tengo fe en mí mismo", dice Ruiz con una sonrisa que inspira confianza.

"La vida está llena de opciones. Para tomar decisiones, la persona debe confiar en sí misma. No importa la edad, siempre se puede vivir una vida distinta. Uno puede recibir inspiración hasta en el último minuto de la existencia".

Ana Figueroa

FUENTE: http://www.servisalud.com/elpensa/AYUDA103.htm