....o lo dicen mas

La vergüenza, la maldita vergüenza que todavía hoy padece la mujer es la responsable directa de ver en la masturbación femenina un comportamiento “raro”. Esta semana ha preguntado abiertamente a viejas y no tan viejas conocidas sobre el tema, sin tapujos y sin dejarles mucho margen para maniobrar: “¿Tú te masturbas?”. Cuando pones el tema sobre la mesa, a las más jóvenes les entra antes la risa. Si lo preguntas por email, tardan en recordarme que la masturbación femenina nunca ha estado bien vista por la sociedad, que eso sólo era cosa de hombres pero que el mundo ya está cambiando y se están cayendo muchos tabúes.

Las que reconocen públicamente que no lo han probado nunca alegan que, por suerte, tienen las necesidades cubiertas con su pareja. Curiosamente, las mujeres felizmente casadas se masturban más (o por lo menos lo confiesan sin ningún pudor) que las solteras (muy pocas se han atrevido a cantar el “yo también me masturbo”). Es como que te rechacen una onza de chocolate porque acaban de comerse un plato de lentejas. El objetivo no es saciar el hambre. Es puro placer. Pero vayamos por partes.

No sé si por pasotismo o por vergüenza, la mitad de las encuestadas me han dado el silencio por respuesta. Puede ser que la escala de reacciones manifestadas tenga que ver con la misma idea: a ver quién tiene narices de confesar abiertamente “yo también me masturbo”

La masturbación empieza con la pubertad. Con 16 años, cuando rara vez sale el tema (por supuesto, citando el caso de una amiga cercana), se cuenta en un tono que mezcla el asombro con cierto toque de censura, incluso de escándalo. Por si acaso alguien abre los ojos como platos para exclamar “¿¿¿pero tú te masturbas, tía???”. Quien lo ha experimentado lo niega, por supuesto, por miedo a ser tachada de vete a saber qué cosa horrible.

A los veinte ni se niega ni se afirma. Se van por los cerros de Úbeda hasta que, la más atrevida, confiesa públicamente a sus amigas. “Yo me masturbo, ¿qué pasa?”. Superados los 30 años, prácticamente todas las mujeres (con o sin pareja) se masturba. Con cierta asiduidad, además. Otra cosa es que no lo cuenten: represión ligada a educación religiosa, la influencia de los cuarenta años de dictadura o el miedo a ser etiquetada como una “guarra” por hacer algo tan sano y necesario como es la masturbación pueden ser algunos de los motivos.

Las que hablan con conocimiento de causa son las que superan los treinta y tantos, las que más interiorizadas tienen el verdadero objetivo de la masturbación femenina. De las que no se masturban piensan que han sufrido algún tipo de educación errónea, porque por falta de información no será. “Masturbarse es una acción tan innata como mamar del pecho de una madre al nacer. No se necesita de un libro de instrucciones para aprender”. Todas tuvieron dudas y más de un complejo al pensar que podían estar haciendo algo “sucio”.

Bajo la influencia del pecado

La sexualidad de las mujeres siempre ha sido demasiado íntima o absolutamente privada. Si tenemos en cuenta que la mitad de las encuestadas me dieron la callada por respuesta, se deduce que es un tema todavía clandestino, aunque presumamos de ser liberales sexualmente hablando.

Muchas han confesado que estas ideas ya están superadas y desconocen que mantienen aún muy arraigado el prototipo femenino convencional. Sólo cuatro de cada diez confiesa abiertamente “yo me masturbo”. Tres de cada cuatro están felizmente casadas. Algunas coleccionan películas porno (y las comparten con sus amigas) y se lo montan con sus bolas chinas para llevar a los niños al colegio. Utilizan la masturbación como método de relajación.

Cierto es que las mujeres suelen tener bastantes prejuicios a la hora de explicar de una manera natural cuestiones relacionadas con el mundo de la masturbación. Los hombres tienen la fama de estar todo el día obsesionados con el tema, pero a la hora de la verdad las chicas son más abiertas para dudas y observaciones con las amigas. Por regla general, la mujer todavía hoy desconfía de los juguetes eróticos y su reacción ante los mismos va desde el desprecio más absoluto al miedo o la risa. Las hay que confiesan abiertamente que “tengo un juguetito negro que es mi segundo novio y nos gusta ver juntos películas porno” o las que conocen a amigas que, en tiempos de crisis, prefieren quedarse a jugar en casa que ir de cervezas.

¿Sexo sin amor?

Los hombres creen que las mujeres se masturban con menos frecuencia que ellos. Se debería ahogar también el mito de que las chicas pueden aguantar más sin sexo y que casi todas relaciona inevitablemente sexo con amor (¿se creerán los hombres que las mujeres sólo hacen el amor y no practican sexo?).

Las chicas suelen empezar a explorarse entre los 11 y los 15 años. Algunas lo hacen más tarde. Otras nunca. En realidad no existe ninguna obligación real de practicarla, ni una frecuencia ideal, ni un peligro para la salud en caso de exceso. Los límites los marcarán las costumbres, las normas, los gustos o los colores. Está claro que, a la que le gusta el sexo lo disfruta como le parece: con su pareja, con sus amantes, en solitario, con películas, con juguetes o sin ellos. Dicen que la mujer es plena sexualmente hablando cumplidos los 30 años. No sé si tendrá algo que ver que las más mayores sean las más claras al hablar sobre el tema. En una cosa se les debería hacer caso: lo que piensen los demás da igual. Al final parece que se empiezan a soltar lastres. Todas las mujeres del mundo deberían unirse para dejar al desnudo la masturbación femenina.

Fuente: http://www.elconfidencial.com/cache/2009/06/15/salud_64_mujeres_casadas_masturban_dicen_solteras.html