Recuerdos de la guerra: el testimonio de los que lucharon en 1982 (III de IV)
"Yo maté a tres civiles en Malvinas"El ex capitán británico McManners reconoce que atacó por "accidente" a unos residentes de la isla.

LONDRES.- El ex capitán británico Hugh McManners prefiere usar el término "Malvinas" antes que el inglés "Falklands" cuando se refiere a las islas donde combatió en 1982, más allá de que "aún" no habla ni una palabra de español. Esta actitud la mantiene con firmeza a lo largo de toda la entrevista con LA NACION, salvo cuando los recuerdos de la guerra afloran con fuerza, y busca justificar la "arriesgada" decisión del gobierno de Margaret Thatcher de enviar sus tropas para "terminar con la actitud agresiva" de la Argentina.

"No es cierto que Gran Bretaña ganó amplia y fácilmente la guerra apoyada en la superioridad de su armamento. Si nos hubieran hundido un par de barcos más, la guerra se acababa ahí y todos nosotros habríamos terminado en Montevideo como prisioneros de guerra", asegura en uno de esos momentos del relato donde Puerto Argentino vuelve a transformarse en "Stanley".

McManners, que luego de retirarse de las fuerzas armadas trabajaría durante un lustro como especialista en temas militares para el diario The Times, condujo en Malvinas el Comando de Observación 148, una pequeña unidad que originalmente iba a ser cerrada a mediados de ese mismo año. "Desembarcamos la noche anterior a la posteriormente determinada por el principal Grupo de Tareas en San Carlos. Nuestro objetivo era averiguar y reportar dónde se encontraban las posiciones argentinas, para reducir el margen de error en la invasión", recuerda.

Para preparar esa crucial misión, este ex comando oriundo de Oxford debió quedarse solo sobre una colina, 32 kilómetros por delante de la línea de vanguardia de sus tropas.

Allí, mientras se aprestaba a conducir los bombardeos, se dio cuenta de que la potencial resistencia que ofrecerían los argentinos era superior a la prevista. "El día anterior al desembarco en San Carlos detectamos grupos de artillería pesada y unidades antitanque muy poderosas que podrían haber frustrado nuestro accionar. Por esa razón, los atacamos intensamente de noche, ya que debimos forzar su desbande, que finalmente se produjo con una prolijidad y velocidad admirables", dice.
A pesar de haber cumplido su objetivo, y de haber contribuido a la victoria militar de su país, McManners insiste en que recuerda con "pesar" las consecuencias de la guerra, en especial en lo que hace al sentimiento de los habitantes del archipiélago.

Un retroceso

"La guerra fue un retroceso, que hizo que aún hoy no existan claras muestras de voluntad de reconciliación por parte de los isleños", dice, tras lo cual no duda en apoyar sus convicciones en otras experiencias bélicas. "Esto sucede siempre con todos los países que invaden a otros, como pasa con los franceses, que aún mantienen cierto rencor a los alemanes por lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial. El odio queda por generaciones", comenta.

-Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en esa contienda, la incursión argentina no causó muertes ni daños serios entre los civiles...

-Sí. En la Guerra de Malvinas murieron sólo tres civiles, y los maté yo. Fue un terrible accidente. Cuando estaba dirigiendo el bombardeo de San Carlos, la computadora del barco nos indicaba erróneamente que la zona estaba libre, pero había isleños allí.

McManners reconoce que se siente "profundamente afectado" por el hecho, sobre el que habló cara a cara con los malvinenses recién el año pasado. "Yo ni sabía que esto había sucedido, hasta que el servicio internacional de la BBC informó sobre el tema, que fue aprovechado políticamente por el gobierno militar argentino, desde donde decían que nosotros los habíamos matado a propósito", afirma.

La guerra forjó profundas convicciones en el ahora periodista y cantante de rock. Una de ellas, compartida también por Thatcher, tiene que ver con la influencia "positiva" del triunfo militar en el desarrollo de un movimiento democrático en la región. "Si Galtieri ganaba la guerra, se hubiera plasmado el triunfo de la agresión, y eso habría representado un pésimo ejemplo para otros gobiernos autoritarios. Gracias a que perdieron la guerra se inició el proceso hacia la democracia?"

-¿Es esta hipótesis viable si se tiene en cuenta que Gran Bretaña aceptó la ayuda de Chile, entonces gobernado por otra dictadura?

-Sí, desde ese punto de vista puede sonar como algo hipócrita, es cierto. Pero la guerra es la guerra, y en ese momento los enemigos de la Argentina eran nuestros amigos. Todo lo que queríamos era recuperar las Malvinas para nosotros, en lo posible sin perder vidas británicas. Y así lo hicimos, aunque costó mucha sangre.

Hoy, 24 años más tarde, McManners asegura que ni él ni muchos de sus compañeros querían matar soldados u oficiales argentinos. "Sólo sentíamos un gran desprecio por la junta militar. Ellos cometieron un error de cálculo tremendo al suponer que los británicos no defenderían las islas, aunque lo terminaron pagando muchos de estos muchachos", señala.

En este sentido, insiste en que "ya es hora" de que se empiece a trabajar seriamente para llegar a un entendimiento entre las partes en conflicto, dado que la contienda de 1982 "no ha solucionado nada, y sólo ha empeorado la situación", en particular la de los habitantes de las islas.

"Yo hablé en forma muy franca y abierta con los malvinenses, y me dijeron que les preocupa mucho cada vez que el tema de las Malvinas se instala en la agenda de la opinión pública de la Argentina. Me aseguraron que se ponen tensos a punto tal que pierden el sueño, porque aún temen que ocurra otra invasión", comenta.

Aunque McManners estima que una nueva acción militar por parte de la Argentina "no es posible, porque no lo quiere ni su gobierno ni su gente", también cree que la posición de Cancillería sobre el tema "debería ser más flexible" hacia los isleños.

"Hay cinco generaciones de gente que ha vivido en Malvinas, en un ambiente natural muy hostil. Es muy difícil estar allí: muchos son granjeros que no ganan dinero para hacerse ricos, sino para sobrevivir. Independientemente de lo que la historia pueda decir, el hecho de que hayan permanecido tanto tiempo allí les da, en mi opinión, el derecho a decidir cómo quieren vivir y quién se hace responsable de su administración", afirma.

Pero reconoce que en los últimos tiempos, tras haber comenzado a trabajar en un proyecto de investigación para el Imperial War Museum, está intentando ponerse "del otro lado" para entender los reclamos argentinos. "Por momentos puedo comprender por qué a muchos argentinos se les hace difícil aceptar que esas islas tan cercanas a su territorio sean gobernadas por un país ubicado a 14.000 kilómetros de distancia. Eso es, por lo menos, bastante extraño", razona.

En cuanto a las posibles soluciones, McManners no duda en alinearse con el gobierno de su país, al sostener que debería tenerse en cuenta, en primer término, a los isleños.

"No sé si voy a alcanzar a ver en mi vida un acuerdo que deje conformes a malvinenses, argentinos y británicos. Pero creo que es bueno que lleve tiempo la solución, dado que cuanto más tiempo pase, más lejos se va a estar de esa guerra, y con mayor lucidez se van a poder tomar decisiones razonables", concluye.

Por Adrián Sack
Para LA NACION