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lago epecuen

El Lago Epecuen:

El 21 de enero de 1921 un visionario en la materia, don Arturo Vatteone, inauguraba un pequeño balneario a orillas del Lago Epecuén. La salina húmeda de alrededor de 7000 hectáreas por aquel entonces, se presentaba imponente con sus playas cubiertas de gruesas capas de sal. Desde aquel día Lago Epecuén comenzó a convertirse en una realidad para el turismo de salud de la República Argentina. Sus aguas altamente mineralizadas producen efectos realmente asombrosos en quienes aprovechan sus bondades, enfermedades como la artritis, artrosis, psoriasis y diversas enfermedades de la piel, son tratadas con asiduidad a lo largo de estos casí noventa años.
No existe el milagro en las aguas curativas de Epecuén, estudios realizados desde 1896 en adelante explican que la altísima condensación de minerales en conjunto con la gran salinidad comparable unicamente con el Mar Muerto, producen efectos ciertos en el organismo y esos efectos son analizados y controlados por profesionales de la salud que conocen y apoyan el desarrollo de la actividad termal. El boca a boca de los primeros años entre quienes descubrían las virtudes de las aguas curativas de Epecuén, produjo un fenómeno de crecimiento que se consolidó en una villa turística de más de 7000 plazas que lamentablemente por una acción erronea de los hombres en el manejo de la cuenca hídrica de las Encadenadas, terminó despareciendo bajo las aguas del mitológico lago.
Hoy Lago Epecuén sigue estando con sus mismas propiedades, con la misma mística entre quienes lo descubren hoy y quienes lo conocen desde siempre...
Lago Epecuén y sus aguas curativas no es una simple promesa publicitaria, es una realidad avalada por generaciones de Argentinos que la conocieron y disfrutaron y de las generaciones actuales que la redescubren en un entorno ideal hoy con sus servicios emplazados lla ciudad de Carhué, a 520 kms. de Capital Federal con modernas instalaciones para la atención del turista y todas las posibilidades de encontrar la tranquilidad y el placer de una recuperación integral del cuerpo y la mente... por estas razones vale la pena redescubrir
LAGO EPECUEN - CARHUE donde las aguas curan....

aca les dejo las 3 leyendas conocidas del Lago Epecuen:

Leyenda 1: "La Leyenda del Lago Epecuén" Por Maribel González

Aprovechando los últimos días de calor y el buen tiempo que Marzo nos regaló, después de muchos años volvimos a visitar Carhué; sabiendo los grandes problemas por los que ha pasado esa zona, grande fue nuestra sorpresa. Encontramos un lugar que cuenta con todas las comodidades para quien decide disfrutar sus aguas, cosa que por la temperatura de ese día pudimos hacer. Estuvimos en la isla, un complejo turístico que colma las necesidades de quien lo visita. Pudimos comprobar el gran trabajo que ha realizado la comuna ganándole la batalla a las aguas, y dando así un marco de seguridad y buen gusto a este lugar.
Pero nuestra meta era Epecuén. A pesar de que gente del lugar nos advirtió que no veríamos nada, nos indicaron el camino, y bordeando las aguas por senderos de tierra, llegamos.
Y allí bajo esas aguas llenas de soledad estaban nuestros recuerdos de aquellas lejanas y alegres vacaciones. Brotaron en nuestra memoria el sol, la sal, la sombra de aquellos tamariscos, la matineé con su pianista, tanguerías, los carnavales, luces, colores, corsos y comparsas.
Y desde la orilla mirando esas aguas cubriéndolo todo, recordamos la leyenda de Epecuén, la cual más que leyenda, parecía una realidad.
"Cuenta la leyenda que hace muchísimos años a orillas de un caudaloso río, después de un incendio de bosques, fue encontrado un niño por una tribu de indios leuvuches que recorrían la zona. Lo recogieron y lo llevaron al cacique Pichachen (Hombre Grande) que lo adoptó y le dio por nombre Epecuén (Casi Asado). Este cacique tenía su territorio en la margen del Curi Leuvú (Río Negro) a poca distancia de la confluencia del Neyen (Río Neuquén) con el Limay.
Allí creció Epecuén, distinguiéndose pronto por su gallardía, su destreza en el manejo de la lanza y la gran resistencia para la marcha. En cierta ocasión el cacique Pichachen invadió con su gente, la región de la pampa central habitada por los puelches y llegó victorioso hasta la región del Carahua Mapú. Epecuén, joven y apuesto, se apodero de la hija del cacique pampa Loncovuta, llamada Tripantu (Primavera), de la que pronto se enamoró, siendo correspondido.
Transcurren así una luna entera de felicidad.
Pero al poco tiempo se cansó Epecuén de ella y dio su amor a otras cautivas que alternativamente fueron objeto de sus preferencias. Entre tanto, el cacique Loncotuva, que había escapado cuando la suerte del combate se presento adversa para los suyos, comenzó a reclutar gente entre las tribus amigas. Al principio, la pobre Tripantu dudaba que fuera cierta la infidelidad de Epecuén, pero una noche de luna llena se convenció de ello por sus propios ojos, y comenzó a llorar tanto, que con sus lágrimas se formó un gran lago salado que llegó a ahogar a Epecuén y sus favoritas. Cuando su padre, el cacique Loncotuva, regresó con los refuerzos, donde antes era pampa ondulada no encontró más que un inmenso mar, en cuyas orillas vagaba -perdida la razón- su hija Tripantu. Pero, una noche de luna, se oyeron voces que parecían salir del lago, algo así como un llamado de amor a Tripantu. Y a la mañana siguiente, ya no la encontraron.
Desde entonces, el lago se llamó Epecuén y fue considerado sagrado por todas las tribus de la zona, sirviendo a la vez, de límite entre las tierras ocupadas por los puelches - pampas y los ranqueles.
Y cuentan los viejos moradores del lugar, que en ciertas noches de plenilunio, cuando las aguas tranquilas del Lago reflejan la luz de la luna como si fueran un inmenso espejo de plata, se pueden escucharlas voces de Epecuén y Tripantu que rememoran la dicha de aquel primer encuentro.

Leyenda 2: "La Leyenda del Lago Epecuén"

“Epecuén se llamaba la hermosa india, hija del jefe de la tribu; Epecuén, la de los ojos azules y carnes cetrinas, que parecían de aurora, de luna y de miel. Sus pupilas estaban rodeadas por tonos azules, tan azules, límpidas y luminosas que muchas veces pensaron los jóvenes guerreros si tendrían ese color de tanto mirar los cielos o si estos eran azules de tanto mirar esos ojos.
Epecuén, flor hermosa de esas inmensas llanuras, verdeantes en las primaveras, y de bronce pajizo en los días estivales.
Los caballos inquietos se arremolinan en torno de la hoguera que en los campamentos dan la ilusión perfecta de estrellas caídas por equivocación en una tierra que por su inmensidad dilatada, es bajo la noche, imagen de otro cielo. A la entrada de la carpa del jefe, se apiñan los caciques para un conciliábulo. Es angustia la serenidad de la noche pampeana.
¿Qué fraguaron en su secreto deliberar los viejos caciques de mirar selvático, de movimientos felinos como jaguareté y de cabellos ondeantes y renegridos como plumas de bigüáes?
Pronto se supo y la noticia cundió como un grito jubiloso de victoria entre todos los mancebos de la tribu, que se morían de amor por EPECUEN , la dulce india, de pupilas azulosas de turquesa y labios rojos como flor de ceibo.
El guerrero que en las próximas peleas demostrará más valor, y acopiará mayor botín, sería elegido dueño de la sin par doncella y todos, al ser notificados, murmuraron sordamente y avanzaron el puño nervioso hacia las lanzas, dispuestos a probar en el acto su gallardía.
Y ese día llegó y las tribus rivales huyeron acobardadas ante el empuje de un solo hombre, agitado por el fervor amoroso, con mil garras, avasallador como el torrente y tajante como la flecha que hiende el vacío. Carhué, el joven guerrero ungido en la lucha bravía, para unirse a la divina Epecuén, la rosa agreste de la pampa, la de los ojos espolvoreados de brillos azules y labios cordiales y la de tez cobriza, como la tarde que se esconde en las madrigueras terrosas.
Ella se sintió deslumbrada. La arrogancia del hombre, su fuerza y valentía, escarbaron en su alma y depositaron el germen sagrado del amor. El bizarro Carhué la sedujo, y con el fuego de su corazón encendió el fuego de la pasión femenina, con llamas extrañas. Se amaron, se adoraron, se idolatraron.
Pero pocos días antes del casamiento, una circunstancia inesperada, vino a truncar las ilusiones. La piqueta de la desgracia empezó su labor demoledora, la espina de la fatalidad desgarró sus ardorosos corazones. El hermoso Carhué se moría presa de una extraña enfermedad que redujo su organismo a una inmovilidad absoluta, como un pedazo de carne sin voluntad, impotente.
Ella, la inefable Epecuén, percatada de su infortunio, lanzoce cierta noche a campo traviesa hasta caer desfallecida, acariciada por los rayos de luna que se conmovía en las alturas. Lloró, lloró mucho, las lágrimas corrieron por sus mejillas que nadie besara, como un hilillo al caer, como un brillo de fuego fatuo en la noche de sus pupilas.
Siguió llorando, las lágrimas fluyeron abundantes, tan abundantes que poco a poco semejaron un delgado manantial, que bajaba fugaz, cristalino, en su llanto inacabable. La nocturnidad la acobijaba, con leve ademán de madre, en el centello de las estrellas y las diáfanas tinieblas.
Y al fin de Epecuén, no quedó nada. Sólo una pequeña laguna de lágrimas acerbas. El dolor había convertido a Epecuén en esa cuenca de ternura acuosa, que podía ser su alma lágrimas, nada más que lágrimas.
Enterado Carhué de la desaparición de su amada, pidió a gritos que se lo condujera por los verdes prados para buscarla. Accedieron a ello. La placidez pampeana se alteró al paso de esa angarilla donde yacía el paralítico que iba en pos de su bienamada. Vana Búsqueda. Después de largo peregrinar, se detuvieron junto a una laguna de linfas claras. Carhué creyó percibir una voz dulcísima que lo llamaba. Se emocionó, ordenó que le ayudaran a entrar en la laguna. Sus ojos alucinados creyeron ver vagas sobre la superficie una figura etérea, como un águila dorada, los brazos alados en cruz. El rostro era de Epecuén. Penetró en las tibias aguas sin poder mover, transfigurando de ansias y de esperanzas. El milagro fue inmediato. Carhué salió de la laguna, sano, vigoroso, ágil. ¡Bendito seas poder del amor, emanación divina!. El amor había creado sobre el corazón destrozado de una virgen, esa laguna maravillosa para bien de los dolientes.
Y desde entonces, en las noches serenas, el susurro del Lago es cual un bisbiseo de almas enamoradas. Como el Eufrates y el Tigris, que la vieja hermenéutica de los hindúes y persas santifica.
Epecuén está bendito por el sacrificio, y prodigio suyo es el milagro de curar todos los dolores, porque el sacrificio nos acerca a Dios”

Leyenda 3: La Leyenda de los flamencos de Epecuén "El Reino Perdido" - Por Daniel Herner

Cuenta la historia, que existió en el oeste bonaerense, una basta comarca que se destacaba por la gran exuberancia y la fuerza con que la naturaleza se había desplegado: praderas inmensas de pastizales aterciopelados, suaves médanos de arenas tibias, arroyos mansos y una gran cantidad de lagunas, siempre concurridas por animales de varias especies. Era realmente un oasis perdido en el desierto pampeano. Los aborígenes la habían bautizado como la llave del desierto; y la belleza principal, emanaba de la laguna de aguas muy saturadas en minerales, rodeada de colinas gredosas, asentamiento de millares de flamencos. Se habían reproducido de tal manera, que un día, dada la importancia que habían adquirido, decidieron crear el reino de las aves y construir su capital en esta laguna, pues su belleza había superado los límites del continente.
Era Epecuén, desde tiempos lejanos, una laguna privilegiada. Infinidad de leyendas se abrigaban en ella a lo largo de la historia. Los araucanos la veneraban y la respetaban. El blanco, luego de la conquista, instaló allí un pueblo: Carhué, lugar verde, según el lenguaje indígena, que con el tiempo se transformó en una floreciente ciudad, gracias al turismo que desde principio del siglo XX visitó la región, a entregarse al milagro curativo de las aguas de la laguna. Años después, y a pocos kilómetros del pueblo se fue formando una pequeña villa turística, Epecuén, que con sus sesenta y pico de hoteles, se transformó en la feliz mediterránea. Era el imperio de distensión, la alegría y la salud.
Epecuén era el último eslabón de las lagunas que integraban la cuenca de las encadenadas, y aguas arriba, la situación no era tan pacífica. Alertados por el rumor de la creación del reino, las demás aves sintieron envidia de no ser ellos sede de la capital, por lo que llamaron a una asamblea. Miles de aves volaron hacia las sierras de la región, donde en un monte cerrado se llevó a cabo una convención, en la que luego de discusiones y peleas, se decidió declarar la guerra de los flamencos. Se optó por pedir ayuda a las nutrias, para la construcción de represas y canales, a fin de desviar el agua de las sierras de la ventana hacia Epecuén, y así inundar el paraíso.
Corría la década del setenta, y las encadenadas del oeste amenazaban con secarse, por lo que peligraba la mina de oro: el turismo termal.
Luego de varios traslados, se logró desviar las aguas del sistema serrano bonaerense. Varias máquinas trabajaron durante meses, y por fin las aguas comenzaron a crecer. Pero no se pensó en cerrar la canilla, y una a una, las lagunas se fueron llenando, y sigilosamente, el agua comenzó a acercarse a las poblaciones y a relamerse las fauces. La pequeña Villa Epecuén quedó protegida tras un terraplén, pero la felicidad seguía en pie.
Las nutrias, sobornadas con pescados de todo tipo y tamaño por las demás aves, siguieron firmes con sus canales, y el agua entrando en la cuenca.
El 10 de noviembre de 1985, el terraplén se rompió y las aguas hambrientas devoraron la villa, sus hoteles, sus casas, sus calles, las historias y una vida casi centenaria.
Como un rompecabezas, y a base de picos, palas y botes, los pobladores desarmaron sus recuerdos, pero no pudieron llevarse todo. Les quedó bajo las aguas la felicidad, y nunca más se los vio sonreír. Habían muerto en vida. Los flamencos no comprendían que pasaba. El agua subía y subía cubriendo sus nidos, sus pichones, sus huevos, sus atardeceres. Nerviosos, caminaban en el agua, sumergiendo su cabeza, intentando rescatar a sus hijos, aunque sea para llevarlos a un lugar seguro. Pero el agua todo lo cubrió, implacable asesina.
Cuando las demás aves se dieron cuenta del desastre que habían causado, destruyendo los hogares de sus hermanas, y haciendo desaparecer uno de los más bellos escenarios de la tierra, ya era demasiado tarde.
Como símbolo de arrepentimiento, decidieron solidarizarse mudándose todas a Epecuén, a instalarse definitivamente. Patos negros, gasas, cisnes, y decenas de especies más, nadan hoy pacientemente en las aguas de la laguna.
Los habitantes de la villa aprendieron de las aves, y como Fénix, hicieron renacer la pequeña villa en el seno de la ciudad de Carhué. De a poco, comenzó a revivir en sus corazones el fervor, la alegría y las ganas de crecer y brindarse al que viene a curar sus dolencias convencido de la bondad de las aguas milagrosas de Epecuén. Los carhuenses, sabios seguidores de sus ancestros, los soldados de Levalle, el fundador de Carhué, pusieron tenacidad y la fe que faltaban.
Pero los flamencos, entristecidos, apagados y solitarios, siguen, sin resignación, buscando a sus pichones. Apenas el sol asoma en el horizonte, es común verlos caminando, pacientemente, con la cabeza sumergida en el agua, tratando de localizar sus nidos perdidos.

Imagenes Del lugar despues de la terrible inundación:

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olvidados

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Y tambien videos:


link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=http://www.youtube.com/watch?v=XwySlNK96lw

La historia de Villa Lago Epecuén:

Hacia 1876 Carhué y el Lago Epecuén eran prácticamente desconocidos, pues pertenecían a los dominios indígenas. Fue el 23 de ese mismo año cuando el Tte. Coronel Nicolás Levalle estableció la Comandancia de las fuerzas de la División Sud, sobre una de las barrancas del Lago, e inicio de inmediato la fundación de un pueblo, el 21 de enero de 1887, bautizado Adolfo Alsina, por el entonces Ministro de Guerra y Marina.
Sin embargo, la primera referencia del Lago Epecuén data de alrededor de 1770, cuando el Piloto De La Real Marina Pablo Zizur realiza un viaje en busca de sal a Salinas Grandes, es quién la descubre y la bautiza Laguna San Lucas.
Quiso el destino que San Lucas sea el patrono de la medicina. El primer análisis de sus aguas se produce en 1886, diez años transcurridos de la fundación de Carhué. El análisis fue realizado por un químico italiano que se maravilló por la riqueza mineral del Lago Epecuén, constatando que la salinidad era superior a la del mar en 10 a 1. Además recomendaba su explotación mediante ferrocarril para su uso doméstico y comercial.
A principios del siglo XIX el Lago Epecuén comienza a ser muy renombrado por las propiedades curativas de sus aguas. Los primeros pobladores y visitantes arribaban en galeras o diligencias, provenientes de Azul, 25 de Mayo, y en años posteriores desde Arroyo Corto, que era punta de riel. Todos concurrían maravillados por los comentarios de personas que conocían las propiedades acampando en sus orillas.
Luego el FFCC dará un gran impulso: en 1899 llega el ferrocarril Sud; en 1903 el Oeste con parada en Carhué y en Epecuén a 2 Km. del Lago; y en 1911Midland, desde Estación de Puente Alsina hasta Carhué.
En 1909 el Ministerio de Obras Públicas de la Pcia. De Buenos Aires le da un respaldo científico-médico a sus aguas milagrosas. A partir de allí, el interés y prestigio fueron creciendo, y se comienza a vislumbrar un gran futuro para el Lago Epecuén. Varios pioneros y visionarios efectúan obras cuyo fin es dar a los bañistas confort y servicios. El ritmo de crecimiento se hizo frenético, se construían hoteles de alta categoría, balnearios imponentes y enormes residencias privadas, a la par de la instalación de empresas extractoras de sal, barro radioactivo, fábricas de jabones a partir del fango, etc.
Los ’20 marcaron el inicio de un desarrollo impresionante: grandes hoteles dan comodidad y lujo a las familias adineradas que venían en búsqueda de descanso y de curas milagrosas. La Sociedad Anónima Minas Epecuén fueron, junto a la S.A. Balneario y Termas Mar de Epecuén de Arturo Vatteone, uno de los pioneros en la explotación. En 1922 se produce el primer loteo de tierras para la conformación de un pueblo y se lanzaron campañas publicitarias ofreciendo terrenos a orillas del Lago lo que daría inicio a la futura lago Epecuén, en las tierras que hasta entonces pertenecían a la Sociedad Mar de Epecuén de la cual Vatteone era presidente.
Conjuntamente con los balnearios que se instalaron en todas sus costas, incluidos en las márgenes mas cercanas a Carhué, se fueron creando hoteles y la gente comenzó a radicarse y conformar una villa turística. De esta forma, comenzó un ritmo frenético de construcción de hoteles de categoría internacional. Entre los primeros emprendimientos económicos se puede mencionar Mar de Epecuén (1921. fundada por Arturo Vatteone, quien construyo un fortín Museo para los turistas), Balneario y Termas “Minas de Epecuén” S.A. (1921), Balneario y Termas “Plage Hotel” (1922), Balneario Y Termas De Carhué, Termas Hotel y Balneario Bristol de Carhué (1923), Balneario y Termas de Epecuén S.A. (1924), Balneario y Termas Hotel “Las Delicias”, Balneario y Hotel “Gorostegui”, Balneario “Villa Sauri” y Hotel “La Clarita”.
Al lado de los hoteles comienzan a establecerse trabajadores y propietarios y así para 1930 la villa “Mar de Epecuén” o “Epecuén Ville” como se la nombraba, ya contaba con una iglesia en construcción, una escuela y todos los servicios de un pequeño pueblo.
A partir de allí la historia de crecimiento de la villa no cesaría: tres líneas ferroviarias tenían parada en Carhué y su lago. Las empresas promocionaban pasajes con descuentos, sumaban frecuencias y hasta instalaban oficinas de turismo en sus estaciones.
Villa Lago Epecuén llegaría a contar con 5.000 plazas hoteleras declaradas. Al año 1985 eran alrededor de 250 establecimientos dedicados exclusivamente al turismo que en sus mejores épocas, es decir en los 70 sumaban 25.000 personas por temporada estival.
Por más de 60 años el lago continuó con su problema ancestral: la falta de agua. Ésta truncó decenas de fabulosas inversiones dejando en la ruina a sus propietarios.
Los años ‘50 y ‘60 sirvieron para el afianzamiento del destino turístico comenzado en los veinte.
Ya en los ’70 y bajo la tutela del municipio se encara un proyecto ambicioso y que daría el esplendor máximo a la Villa. Se diseña y construye un complejo que constaba de una gran pileta de agua dulce a sus orillas y una serie de vestuarios, duchas y confitería a la vera del lago.
Por obras realizadas en el sistema de Lagunas Encadenadas comienza a verterse agua al lago lo que hace que se deba construir en 1978 un murallón para contener el ingreso del agua al ejido.
Así a medida que aumentaba el agua se levantaba y consolidaba el terraplén.
Un 10 de noviembre de 1985 el muro de contención que poseía más de 3.50 mts de altura sucumbió y poco a poco fue sumergiendo al pueblo y su rico pasado.
Al cabo de 15 días el pueblo estaba prácticamente sumergido por más de dos metros de agua.
La situación se intensificó y un par de años después el pueblo tenía más de 5 metros de agua. El pico máximo ocurrió en 1993 cuando en ciertos sectores del sumergido pueblo se midieron más de 10 metros.
Mientras tanto Carhué en 1989, pasado el shock, inicia su renacimiento con dos slogan que definen nuestros anhelos: CARHUÉ VUELVE y CARHUÉ, CAPITAL DE LA FÉ
El Lago Epecuén y sus propiedades renacen nuevamente.

fuentes de informacion:

http://www.termasdecarhue.gov.ar/

http://www.youtube.com/results?search_query=lago+epecuen&search_type=&aq=f

Por favor comenten..... Comentar Es Agradecer..... Gracias

6 comentarios - lago epecuen

@vargo_no_asmita +1
Yo vivo serca de ahi en Cnel Suarez....e iba a pescar al lago Epecuen.
@lautaro1975 +1
muy buena informacion y las fotografias. te comento en diciembre del 84 a febrero del 85, por cuestiones economicas de mis padres estube viviendo en epecuen, en ese entonces tenia 7 años, hoy ya con mis 34 aun recuerdo con mucha nostalgia ese lugar. creo q era un lugar increible. me dio y me da mucha pena lo que ocurrio y tb mucha impotencia. el saber q cuando la ciudad de carhue corria el mismo peligro de quedar bajo el agua, "todo el mundo" salio a cortar rutas, y con epecuen que paso????? no salio nadie de carhue a reclamar que sus vecinos se estaban inundando???... me da la sensacion que Carhue salio muy favorecido con todo esto. xq ahora se habla del lago epecuen ytodos asocian a carhue y antes el lago epecuen era .. el lago epecuen. Que fue mucha politica, seguro q si. pero los politicos en el 85 y en el 2009 son siempre los mismos. y la unica solucion en este pais es unirnos todos los argentinos para tener respuestas. como la ciudad de Carhue hizo en su momento cuando los tapaba el agua. pero siento un dolor muy grande saber q a toda esa gente maravillosa que vivio el la villa, nadie hizo nada por ellos, y no me refiero a los politicos.....
@ronalig +2
Epecuén se inundó porque los Señores del Campo presionaron para que se hiceran canales con el fin de contrarrestar el ciclo natural de sequía que produjo la baja en las tablas de agua y, consecuentemente, las lagunas de San Carlos de Bolívar, Daireaux, Guaminí y Adolfo Alsina, que afectaba los sembrados. Cuando el ciclo se revirtió, la única salida del exceso de agua fue pendiente abajo, y pendiente abajo estaba Epecuén. En ese momento se volaron los terraplenes que retenían las aguas en los campos, y el agua bajó en todas partes y subió en Epecuén. 10 metros. Como San Antonio de Areco hace una semana, Epecuén se inundó para que los sojeros maximicen sus beneficios.
@CAIFORD +3
No puedo entender porque cualquier gansada que suben algunos, y son full. Y vos con semejante APORTAZO que te mandatse de esta dramatica, nostalgica y verdadera historia de Epecuen... Gracias por brindar este esfuerzo de tu parte. Muchas veces sucede que lo verdaderamente bueno, no es reconocido.
@572365
CAIFORD dijo:No puedo entender porque cualquier gansada que suben algunos, y son full. Y vos con semejante APORTAZO que te mandatse de esta dramatica, nostalgica y verdadera historia de Epecuen... Gracias por brindar este esfuerzo de tu parte. Muchas veces sucede que lo verdaderamente bueno, no es reconocido.

razones:
copy and paste
le falta colores
no se tomó mucho esfuerzo
y blablabla
pero por meterse en tema le dejo 10 aunque me da asco dejar en post de copy and paste pero bueno
toma mis 10
@GERONIMUS
Tranqui @572365, ja ja ja , posteen y dejen postear......que que se puede pescar en un lago donde la concentración de minerales es de 350g por litro de agua? ....Suarense...