En la Argentina ocurrió el primer hallazgo en América del Sur

de una madriguera de osos fósiles


Un trabajo de investigadores argentinos, recién publicado en Alcheringa - revista de la Asociación Australiana de Paleontología- revela características de la vida de una especie de oso, pariente del llamado oso de anteojos, que habitó la Argentina y América del Sur, extinguiéndose hace alrededor de 11.000 años. El estudio fue realizado por investigadores del Museo de La Plata y se basó en el análisis de tres osos fósiles encontrados en 2001, cuando se realizaban excavaciones para la finalización de la autovía 2, cerca de Mar del Plata.

Importante hallazgo.


Mientras unos trabajadores realizaban la explotación de una cantera en Vivoratá, localidad cercana a Mar del Plata, y extraían “tosca”, destinada a la construcción de la autovía 2, con una pala mecánica se percataron que habían extraído tres cráneos, varios huesos largos y cientos de fragmentos de huesos rotos. Cuando sucedió esto avisaron al Museo Municipal de Mar del Plata.

“Lamentablemente la pala mecánica destruyó en gran medida los esqueletos pero de otra manera nunca se hubiesen hallado los osos pues se encontraban sepultados varios metros bajo la superficie. Esos restos correspondían a de tres osos fósiles –una hembra adulta y sus dos crías– que murieron hace cerca de un millón de años dentro de una cueva, señala el doctor Leopoldo H. Soibelzon, especialista del Departamento Científico Paleontología de Vertebrados del Museo de La Plata e investigador del Conicet.

El hallazgo ocurrido en 2001 tuvo repercusión en la prensa, sobre todo porque se trató del primer descubrimiento en América del Sur de tres osos fósiles juntos y con su esqueleto articulado. Sin embargo, para saber más sobre las características de esos mamíferos y su vida, era necesario que un equipo de investigadores reconstruyera su historia a partir de la evidencia material y estudios geológicos de la zona.

Ahora el último número de Alcheringa, revista de la Asociación Australiana de Paleontología, arroja los primeros resultados de este trabajo realizado por Soibelzon y sus colegas Lucas H. Pomi, Eduardo P. Tonni y Sergio Rodríguez del Museo de La Plata y Alejandro Dondas, del Museo Municipal de Mar del Plata.

Soibelzon, que es especialista en carnívoros fósiles, determinó que los restos fósiles de los osos hallados corresponden a la especie Arctotherium angustidens, perteneciente al mismo grupo, el de los tremarctinos, que el oso de anteojos, el único úrsido viviente de América del Sur.

De acuerdo con el paleontólogo, se trataba de osos de gran tamaño. El peso de los machos de esa especie se estima en los 1.000 kilogramos, comparable al de los osos polares más grandes, mientras que el de las hembras estaría comprendido entre los 600 y 700 kilogramos.

Importancia del hallazgo

Los restos descubiertos son un cráneo completo de una hembra adulta, además de un cráneo –también completo–, otro fragmentario, una mandíbula completa y partes de las otras y gran cantidad del esqueleto de dos machos jóvenes de entre 1,5 y 2 años. Soibelzon explica que la determinación del sexo se realizó, al igual que en todos los osos, por el ancho de los caninos mientras que la edad de cada espécimen se estableció por el grado de fusión de los huesos del cráneo y esqueleto, además del desgaste de los dientes.

“El hecho de encontrarse juntos y con el esqueleto articulado –dice el paleontólogo–, sumado a la presencia de gran número de cuevas en las inmediaciones y a la naturaleza friable del sedimento que los contenía –fácilmente desmenuzable–, permite suponer que los tres individuos se encontraban dentro de una cueva al momento de la muerte”, señala el experto.

“Esta es la primera vez que se registran en América tres osos juntos y con su esqueleto postcraneal articulado”, explica Soibelzon. Y agrega: “También es la primera vez que se los `encuentra´ dentro de una cueva”, agrega. Pero estas cuevas no son del mismo origen que las utilizadas actualmente por osos en América del Norte o Europa, las de la Región Pampeana son madrigueras excavadas por enormes perezosos como Scelidotherium como han sugerido Sergio Vizcaíno y Susana Bargo, paleontólogos del Museo de La Plata.

El especialista comenta que el registro de estos tres individuos, pertenecientes a un mismo grupo familiar y de diferentes edades, permitió revelar cuestiones tales como las relacionadas a la variabilidad de la morfología y dimensiones del cráneo, mandíbula y dientes en el Arctotherium angustidens.

Este descubrimiento también aportó información sobre la forma en que fueron variando las proporciones del cráneo con respecto a las del cuerpo durante las distintas etapas del crecimiento de esta especie de osos fósiles.

“Todos los osos presentan un gran dimorfismo sexual en tamaño, los machos suelen ser hasta un 20 por ciento más grandes que las hembras, y además presentan algunas diferencias anatómicas en el cráneo con respecto a las hembras. Por lo tanto el conocimiento de las variaciones anatómicas y de tamaño durante el desarrollo de cada sexo es una herramienta importantísima a la hora de determinar las especies”, asegura el investigador de Conicet.

Uno de las primeros problemas a los que se enfrentó Soibelzon hace 12 años cuando comenzó a estudiar los osos fósiles de América del Sur para su tesis doctoral fue determinar cuáles y cuántas de las 17 especies descriptas desde el año 1855 eran válidas- Luego de 4 años de trabajo demostró que muchas de ellas correspondían a machos y hembras de la misma especie o a individuos excepcionalmente grandes. “Hoy día se reconocen solo 5 especies de esas 17”, destaca.

Finalmente los paleontólogos se preguntaron sobre los efectos y reacciones que pueden haber desencadenado en los mega mamíferos autóctonos (glyptodontes, perezosos gigantes, macrauquenias, toxodontes, entre otros) el arribo de estos enormes osos, y la invasión de sus madrigueras; además de la posible relación con la desaparición de las formas de mayor tamaño registrada al final de esa edad.

Arctotherium angustidens es el oso más antiguo de América del Sur. Antes de que estos osos arribaran (desde América del Norte) junto a los tigres diente de sable (300 kg) aquí los mamíferos carnívoros más grandes no superaban los 30 kg y por lo tanto los herbívoros autóctonos debieron adaptarse a la presencia de estos grandes predadores mediante el desarrollo de nuevas estrategias para evitar ser cazados, señala el experto.

“El registro fósil nos indica que al fin del Ensenadense, estos osos gigantes desaparecen y también las formas de mayor tamaño dentro de los herbívoros. Tenemos en marcha un proyecto de investigación focalizado en el estudio de los ecosistemas de ese momento del tiempo a fin de aproximarnos a esta problemática con mayor cantidad de datos y precisión”, comenta Soibelzon

En breve saldrá publicado un artículo donde Soibelzon y sus colegas dan a conocer los resultados de un estudio -mediante fotografías y programas de computación- la forma y medidas del cráneo y mandíbula además de las características de la dentadura de las especies que habitaron América del Sur. “Nuestros resultados sugieren que esta fue la especie más carnívora de las 5 y, que seguramente fue el mamífero terrestre predador de mayor tamaño que jamás haya vivido en América del Sur. Es interesante comentar que las especies que registramos más tarde (hace unos 400 mil años) fueron muy omnívoras y la que vivió durante la ‘era de hielo’ fue la más herbívora de todas”, concluye Soibelzon.


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