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Ajedrez en el Mediterraneo 2ª G.M.

ANTES DE LA PARTIDA

El Capitán de Navío Lister, comandante del portaaviones HMS Glorious estudia detenidamente los papeles que tiene sobre su mesa. Se trata de un tipo de misión nueva para un arma nueva. Su nave ha recibido la orden de preparar un ataque nocturno. Por si eso fuera poco, además será un ataque en aguas restringidas. Los aviones deberán lanzar sus torpedos dentro del “Mar Grande” del puerto italiano de Tarento. Tras largo tiempo de arduo entrenamiento, los pilotos de Lister están listos para el ataque. No hay más que navegar, despegar, atacar...

No será. Acaba el año 1938 y los diplomáticos han conseguido reducir a nada la crisis italo-británica por la conquista italiana de Abisinia. Los planes acaban en un cajón, los aviones en sus hangares y el HMS Glorious en puerto. En cuanto a Lister, quien sabe si aliviado o decepcionado, el destino se lo lleva a nuevos puestos.
Y sin embargo la crisis evitada en 1938 estallaría dos años después, en 1940, en un contexto mas grave, la Segunda Guerra Mundial.
Para entonces Lister es ya Contralmirante y comanda la división de portaaviones de la Mediterranean Fleet del Almirante Cunningham. El proyecto vuelve a salir entonces del cajón, y en esta ocasión no habrá esfuerzo diplomático que pueda cancelarlo, ya que la guerra es imparable y sólo terminará con la rendición de alguno de los contendientes. Cuninngham, interesado por el plan que le presentan, dará su aprobación, y de nuevo empezarán las interminables horas de entrenamiento específico. La preparación del ataque se basará en el conocimiento del el propio Lister, por haberlo visitado tiempo atrás, del puerto de Tarento, así como en la información que será aportada, mas reciente, por los vuelos de reconocimiento de la RAF.

LA APUESTA

Había varios factores a tener en cuenta: inteligencia, fuerzas, climatología, habilidad y ciencia.
En cuanto a inteligencia, resultaba imprescindible hacer un estudio detallado de las fotografías que tomaban los aviones del Gran Puerto, era importante conocer no sólo las defensas que tuviera el ya de por si difícil de atacar enclave, sino también qué objetivos había en él, ya que el ataque debía dar el máximo rendimiento. Aquel plan era Flor de un Día, un plan que sólo serviría una vez, pues sus elementos clave eran la sorpresa y la novedad. Si no conseguía dar un duro golpe a la flota italiana, la flota italiana quedaría prevenida y no habría nuevas oportunidades.
En cuanto a fuerzas disponibles, esta vez el viejo HMS Glorious no participaría en el combate. Serían el algo menos viejo HMS Eagle y el Moderno HMS Illustrious los encargados de llevar a cabo el ataque con los aviones Swordfish embarcados.
Condicionantes climáticos para la misión eran una noche con buena visibilidad y aprovechar una misión rutinaria en torno a Malta, para que los mandos de Supermarina (el CG de la Marina Italiana), no sospecharan de una salida sin motivo de la flota de Alejandría, y no hicieran zarpar a su flota, anclada en Tarento, para interceptarla. De estar el puerto vacía, no habría objetivos que atacar y todo quedaría en nada.
La habilidad de los pilotos también sería crucial. En primer lugar a la hora de despegar y aterrizar de noche sobre la cubierta de los portaaviones, y mas en concreto, y ya sobre el puerto, los aviones tendrían que sortear en vuelo rasante los muelles para poder atacar desde le interior del Mar Grande, y a ras de agua, de otro modo el torpedo al ser soltado desde demasiado alto haría bajo el agua una forma como de saco, hundiéndose a gran profundidad antes de enderezar y tomar la profundidad de ataque, con la consiguiente certeza de que clavado en el fondo. A sólo quince metros de profundidad. Una vez sorteado el malecón y una vez a ras de agua y soltado el torpedo tan sólo quedaría un obstáculo frente al pez mecánico, las redes antitorpedos.
Pero para solucionar el problema de las redes antitorpedo la ciencia venía en ayuda de los atacantes. Para la misión dispondrían de torpedos de espoleta doble: de impacto y magnética. La de impacto estallaría si se sorteaban las redes y el torpedo hacía impacto sobre el casco del buque atacado. La magnética era para que el torpedo pudiera pasar por debajo de las redes de protección, y navegando entre dos aguas llegar bajo el casco del buque, para estallar entonces. Los italianos, para su desgracia, desconocían entonces completamente a existencia de la espoleta magnética, la sorpresa sería fatal. Los alemanes sin embargo las llevaban fabricando desde hacía tiempo. Pero no habían informado a sus aliados.
La suerte debe fabricarse. Se aprestaron los barcos y los aviones y se estudiaron el clima y las fases lunares. Los pilotos fueron entrenados y se prepararon los torpedos de doble espoleta. La inteligencia se dispuso, pero la información es un trabajo constante, que no termina hasta que no acaba la misión.
La información necesaria para poder llevar a cabo todo esto se fue poniendo al día a través de fotografías aéreas, y el encargado de analizarles fue el Teniente de Navío David Pollock. Aquel día de primeros de noviembre, Pollock tenía malas noticias. Había llegado al cuartel general de la RAF en El Cairo aquella mañana, desde el HMS Illustrious, para el estudio de las últimas fotos antes de que la flota abandonara el gran puerto de Alejandría. A la vuelta trajo fotos preocupantes. Una misión de reconocimiento a 5.000 m había fotografiado unas extrañas formas sobre Tarento, y sólo podían ser globos cautivos.
Los globos cautivos eran un método de defensa antiguo, pero podían resultar no obstante un grave quebradero de cabeza para la misión. Los globos cautivos son grandes globos que flotan, unidos a tierra por un cable de acero, que se ve tensado por su fuerza ascendente. El estado en que podía quedar un Swordfish lanzado a toda velocidad, a ras de agua, si topaba con uno de esos cables, no era difícil de imaginar.

LAS PIEZAS DEL JUEGO; LAS BLANCAS

Las fuerzas que los británicos van a ponen en juego para la operación son muy numerosas, aunque servirán también para cumplir objetivos secundarios, y el ataque principal, la guinda del pastel, será puesta por tan sólo unos pocos, muy pocos.
Desde Gibraltar zarpará la fuerza H completa, exceptuando el acorazado HMS Renown, en misión en el atlántico, a la caza del DKM Admiral Scheer. Junto a la fuerza H zarpará de la roca otra flotilla, a la que llamaremos “Grupo Barham”, compuesta por el acorazado HMS Barham, los cruceros HMS Glasgow y HMS Berwick y tres destructores. Ambas fuerzas navales levarán el ancla el 7 de noviembre.
Desde Alejandría zarpará la Mediterranean Fleet de Cunningham, en su composición cuatro acorazados, dos cruceros, trece destructores y una pieza importante, el portaaviones HMS Illustrious ¿Y el HMS Eagle? El HMS Eagle no zarpará de Alejandría para la misión, a última hora una avería en el sistema de alimentación de calderas lo mantendrá en puerto, aunque cinco de sus Swordfishes serán embarcados en el HMS Illustrious para participar en la operación. Esta circunstancia hará pensar al almirantazgo ¿Merece la pena lanzar el revolucionario e inesperado ataque con tan sólo un portaaviones? La respuesta será positiva. En noviembre de 1940 la flota italiana es un peligroso factor a tener en cuenta. Los barcos de Tarento suponen un grave peligro para los convoyes que llevan la ayuda aliada a los atacados griegos, y hay que tener en cuenta que los nuevos acorazados italianos son mas rápidos que sus contrapartes británicos.
Además de estros tres grupos otras pequeñas flotillas zarparán para llevar a cabo misiones colaterales, principalmente desde Alejandría y Port Saïd, en Egipto.

LAS NEGRAS

La gran base naval de Tarento está bajo el mando del Capitán General del Departamento Marítimo del mismo nombre, el Vicealmirante Antonio Pasetti, un hombre que vive encajado entre un cúmulo de exigencias, responsabilidades y realidades capaces de quitarle el sueño a cualquiera. Y para su desesperación no hay manera de olvidarse de ellas, todos los días, tal y como debe ser, puede observar el amplio puerto desde los ventanales de su cuartel general. Y también las unidades en él fondeadas.
Los barcos principales son nueve. Seis acorazados, el orgullo de la Reggia Marina: RM Conte di Cavour, RM Andrea Doria, RM Vittorio Véneto, RM Giulio Césare, RM Littorio y RM Caio Duilio. Junto a ellos están anclados tres potentes unidades de combate mas, los cruceros pesados RM Fiume, RM Zara y RM Gorizia. Además de varios destructores y buques auxiliares, igualmente importantes, aunque de menor valor combativo.
La responsabilidad principal del Vicealmirante Pasetti es la defensa de esas nueve grandes unidades. Aunque también tiene que ocuparse de las unidades menores, de las dotaciones, y de las instalaciones del puerto. El hubiera preferido que los grandes barcos no estuvieran en puerto. Tendrían que haber zarpado para buscar a la flota enemiga. Pero sabe perfectamente que no hay mucho combustible en las reservas, y que los grandes acorazados tienen mucho mas valor como flota “en potencia”, que en el mar. Tarento es un buen puerto para situar esa flota “en potencia”. Situado a distancia de ataque del estrecho de Otranto, por donde circulan los suministros al frente griego, y del mediterráneo central, por donde circulan los suministros al frente africano. De todos modos las órdenes dictan no se evitará el combate en caso de superioridad y de tener un blanco claro.
La realidad del Vicealmirante Pasetti no es tan impresionante como su responsabilidad, según él hay mucho por hacer para organizar una buena defensa. Según otros los medios de defensa del puerto son formidables (esos otros no son, claro está, los responsables de la defensa del puerto). En Tarento disponen de 21 baterías antiaéreas, que cuentan entre todas con 101 cañones, 193 tubos de ametralladoras, 13 estaciones aerofónicas y 22 proyectores de luz. Además de esto están los globos cautivos y las redes antitorpedo. No hay posibilidad de conseguir mas.
Las redes antitorpedo son una de las principales causas de insomnio del Vicealmirante italiano. El querría disponer de 8.600 metros de red de 10 metros de profundidad. En realidad dispone de 2.900, tan sólo un tercio. Además de esta carencia Pasetti debe plegarse a una grave exigencia. El Almirante Campioni, su superior y además comandante de la flota anclada en Tarento quiere que sus barcos estén listos para zarpar al menor aviso. Para ello ha fondeado, en un primer momento, sus barcos “a la gira” (con tan sólo un ancla en uno de sus extremos, en esta caso la proa) de tal modo que puedan “bornear” (moverse libremente a merced del aire y del mar en un arco de 360º con respecto al ancla de proa, que viene a ser el único punto mas o menos fijo). Esto crea un gran círculo con centro en la proa del barco dentro del cual no pueden colocarse las redes antitorpedo, ya que en caso de moverse, el barco, puede arrancarlas. La batalla de Pasetti había consistido durante días en conseguir que los barcos queden trincados también por popa, de tal modo que queden fijos y se puedan acercar las redes lo más posible a su costado, aprovechando así al máximo las escasas existencias. Al final conseguirá que queden fijos también por popa. Para desgracia de Pasetti su bienintencionada exigencia resultará ser un error. Cuando los británicos ataquen, la noche del 11, todos los buques italianos, excepto el recién llegado RM Andrea Doria, estarán fijos, y, gracias a las fotos de reconocimiento los pilotos conocerán exactamente la ubicación y la orientación de sus blancos. A esto hay que añadir que las redes no servirán de nada, gracias a las espoletas magnéticas ¿Quién sabe qué hubiera pasado de haber conocido Pasetti la existencia de dichas espoletas?
Pasetti pasará el día 11 de noviembre sumido en un mar de preocupaciones, ya que ha sido informado de la desaparición de la “Mediterranean Fleet” no lejos de su base. Y es que a Pasetti no se le escapa que los torpedos son un arma peligrosa, y probada ya en la guerra. Con ellos dañaron los británicos al acorazado MR Dunkerque en Mers-el-Kebir, y al MR Richelieu en Dakar. También fueron hundidos con torpedos los destructores RM Zeffiro, RM Pancaldo, RM Nembo, RM Ostro y RM Borea, amén de varios mercantes.
Si al Vicealmirante Pasetti le hubieran concedido un deseo aquel día, seguramente hubiera pedido que zarpara la flota. En mar abierto las posibilidades de ataque hubieran sido menores, y además hubiera tenido la posibilidad de atacar ella misma. Y sobre todo, no hubiera sido su responsabilidad.

EMPIEZA LA PARTIDA.

EL JUEGO DE APERTURA

4 de noviembre de 1940.
Desde el puerto de Alejandría zarpa el convoy AN-6, con destino a Grecia.

6 de noviembre de 1940
Los puertos aliados del mediterráneo son un centro de actividad, especialmente Alejandría, base de la Mediterranean Fleet. En medio de una barahúnda de pitidos y actividad portuaria zarpa la escuadra de Cunningham, el grueso impresionante de la Mediterranean Fleet no tarda en salir del puerto para internarse en el azul meridional del mediterráneo de primeros de invierno. Pero no es la única fuerza en abandonar el puerto. Cargados hasta los topes 5 mercantes zarpan con destino a La Valetta (Malta) y dos mas hacia la Bahía de Suda, en Creta, donde los aliados están organizando un apostadero naval, escoltados ambos grupos por varios cruceros y destructores. Un poco mas al este, en la base naval de Port Saïd hay también mucha actividad. En medio de pitidos y actividades de marinería levan el ancla los cruceros HMS Ajas y HMS Sydney. Su misión es escoltar a los dos mercantes que van hacia Creta primero, pero a diferencia del resto de la escolta no volverán a casa de nuevo después. La escolta a Creta es, en esta época, una bicoca con escaso peligro que se resuelve en poco tiempo. Pero en esta ocasión es más de un par de días de esfuerzo lo que se exige. Los dos cruceros tienen instrucciones para, desde Creta, unirse a la escuadra de Cunningham.

7 de noviembre de 1940
Anochece. El astro solar se pierde ya sobre el atlántico inmenso cuando un ligero temblor se observa en las moles de los grandes barcos basados bajo la roca. La fuerza H leva anclas. Y tras ella el “Grupo Barham”, los barcos que deberán cruzar el canal de Sicilia para unirse a los barcos de Cunningham. Tan sólo falta el HMS Renown. Pero a diferencia del HMS Eagle el motivo no es una avería, sino una cacería. En todas las bases de la Royal Navy se espera con impaciencia la noticia del hundimiento del DKM Admiral Scheer.

El mismo día, casi a media distancia de ambas bases.
El Cuartel General de Supermarina es un hervidero de oficiales navales ocupados. Algunos con una grave noticia que transmitir a sus superiores, y a todas las demás bases de la flota. Inteligencia informa de que la flota británica, en ambos extremos del Mediterráneo, ha zarpado. Desde Gibraltar hacia el este, y desde Egipto hacia el oeste. Ya vienen.
Inmediatamente se toman medidas de guerra. Flotillas de torpederos zarpan para patrullar el canal de Otranto, el brazo de mar que, entre Italia y Albania, sirve de vía para que navegue el suministro para las tropas de la desastrosa ofensiva en Grecia. También la séptima escuadrilla de destructores es puesta en alerta y zarpa para patrullar su zona de guerra, el Mar Jónico Meridional. El último aviso importante es para Tarento, donde la 1ª y la 2ª escuadra reciben órdenes de estar listas para zarpar. Se suspenden los permisos, se preparan los fuegos para tener un mínimo de presión en las calderas, pero los leviatanes no se mueven. Hay que ahorrar combustible. No se puede malgastar en un viaje de patrulla contra un objetivo no localizado.

8 de noviembre de 1940.
No hacen falta elucubrar demasiado. Pronto la información es clara para Supermarina. Se trata de un nuevo intento de abastecer a Malta. Inmediatamente las fuerzas navales del sur de Sicilia son puestas también en alerta. Pronto una escuadrilla de destructores patrulla el Estrecho de Sicilia. A ella se unen varios buques torpederos. Sin embargo la mar es mala. Demasiado oleaje, las lanchas torpederas rápidas no zarparán, y esto será una desventaja grave en el combate inminente.


EL JUEGO MEDIO.

Es 9 de noviembre de 1940.
El juego de engaños está llegando a su apogeo. Desde hace dos o tres días los italianos están buscando interceptar e impedir una mas de las rutinarias operaciones de reabastecimiento de Malta. Los británicos están intentando que sus movimientos parezcan, justamente, una operación rutinaria de reabastecimiento de Malta, que es su primer objetivo, aunque como ya sabemos no el mas importante.
Al oeste la “fuerza H” inicia sus ataques. Desde el HMS Ark Royal despegan los aviones con las primeras luces del alba. La llegada de la mañana los sorprenderá sobre el aeródromo de Cagliari, en misión de ataque. No será el único ataque aéreo del día. A lo largo de la jornada la Reggia Aeronáutica decide intervenir y empeñar sus fuerzas en desbaratar la operación enemiga.
El primer ataque lo llevarán a cabo una veintena de trimotores italianos. La Fuerza H cruza a 45 millas al norte del Cabo Buogaroni (Argelia). En el HMS Ark Royal suenan de inmediato las alarmas y pronto la pista se llena de pilotos que corren hacia sus aviones de caza, y de todo el personal necesario para ponerlos en el aire con la mayor premura. Pronto los Fairey Fulmars fuerzan sus motores para ascender y derribar a los bombarderos enemigos. No tendrán éxito. En un alarde de valentía los pilotos italianos mantendrán la formación de sus trimotores para soltar sus bombas sobre los barcos británicos. Sin embargo, atascados en una tradición antigua y nefasta, no tendrán más éxito que algunos sustos y rociones de agua sobre los marineros. El bombardeo de altura, en vuelo horizontal, contra barcos en movimiento, está a punto de pasar a la historia.
La “fuerza H” mantiene su rumbo hasta el anochecer. A cubierto de la oscuridad, cambiará de rumbo para volver hacia el oeste, de forma ostensible, para ser vista por todas las fuerzas italianas de vigilancia. Mientras, con todas las luces apagadas y tratando de no llamar la atención, el “grupo Barham” navega a toda máquina hacia el Estrecho de Sicilia. Ante él se extiende un dispositivo italiano pequeño y disperso: 5 submarinos entre Cerdeña y Túnez, 5 mas al sureste de Malta, así como la flotilla de destructores y los torpederos que hemos citado antes.
Los elementos jugarán a favor de los buques británicos. La mala mar limitará la visibilidad y, sobre todo, impedirá salir del puerto a las rapidísimas lanchas torpederas, capaces de cubrir una amplia zona en muy escaso tiempo. No habrá pues, entre las olas, ojeadores en el mar, para avistar a la presa y reunir en torno a ella a las fuerzas de caza.

10 de noviembre de 1940
Los rayos de sol expulsan por fin la oscuridad tras una ajetreada noche, una noche de caza y tensión. El sol baña, lentamente, las viejas piedras de las fortalezas de La Valetta, que ya ha visto varios asedios. La temperatura asciende lentamente y el escaso calor de noviembre no acaba de caldear las calles de la ciudad y los muelles del puerto. Que sin embargo vibran de alegría. La inmensa mole de acero del acorazado HMS Barham está anclado en sus aguas oscuras, y con él, los demás barcos de su grupo, que en un alarde de osadía, han cruzado el Estrecho de Sicilia y han llegado a la asediada isla. No es el único motivo. Los cinco cargueros que zarparon de Alejandría el día 6 están descargando su contenido sobre los muelles: alimentos, gasolina, munición, todo lo necesario para seguir manteniendo fuera al enemigo. Malta respira, esa mañana, un poco mejor.
El día tendrá también sin embargo su momento triste. Tras repostar leva ancla el HMS Barham junto con su poderoso séquito. Abandonan el puerto listos para una nueva etapa de su viaje. Tras él zarpan cinco barcos mas, a los que escoltará por un tiempo. Se trata del convoy ME-3, con cuatro cargueros en lastre y el monitor HMS Terror. Su destino es la bahía de Suda, en Creta.
El diez es también un día de ansiedad en Supermarina. Los espías, tanto en Alejandría como en Malta como en la Bahía de Algeciras, y los aviones de reconocimiento, han informado de los barcos que entran y salen de los puertos. Un submarino, el RM Topazio, incluso ha localizado y atacado el convoy ME-3. Pero ¿Y los demás barcos? El grupo Barham no ha tardado en unirse con la Mediterranean Fleet de Cunningham, que navega a toda máquina en ese momento en dirección norte. Los aviones italianos peinan el mar en su busca, pero no la encuentran. El misterio consiste en que con la ayuda del radar que equipa los barcos, los aviones de reconocimiento italianos son localizados mucho antes de que lleguen, y abatidos por los cazas Fulmar del HMS Illustrious antes de ver nada y de informar de nada. La flota de Cunningham es un punto negro en el mediterráneo. La vigilancia italiana tiene un vacío que aún no sabe que tiene.

11 de noviembre de 1940
El día amanece despejado, cosa imprescindible para la misión en curso, pues el ataque nocturno necesitará toda la luz que emita la luna. La flota ya ha cumplido dos objetivos: reabastecer Malta y reforzarse con la llegada del “grupo Barham”. Ahora queda el mas importante. El ataque nocturno. Mientras transcurre el día, siguen navegando hacia el norte, sin ser detectados, hacia el punto de lanzamiento del ataque, a 40 millas de Cefalonia y a 180 al sureste de Tarento. Lejos para un Swordfish, pero los depósitos de combustible suplementarios resolverán el problema, los italianos tampoco parecen haber pensado en esto.
El reconocimiento italiano está ciego, pero no así el británico. Durante la tarde un avión del HMS Illustrious parte hacia Malta para recoger las últimas fotos sacadas por las unidades de reconocimiento aéreo. Ahora hay que asegurarse de que el cubil no está vacío. Y no lo está, es mas, ha llegado un barco mas, el flamante y novísimo acorazado RM Andrea Doria, en fase de adiestramiento de la tripulación, acaba de fondear en el Mar Grande.
A las 1800 horas la Mediterranean Fleet se separa. La gran mayoría de los barcos vira para dirigirse al este y al sur, pero otros aumentan su velocidad hasta los veinte nudos, sus quillas partiendo el océano como una cuchilla, y se dirigen mas hacia el norte. Se trata por supuesto del HMS Illustrious, bajo el mando del Contralmirante Lister, que dirige toda la operación, escoltado por cuatro destructores y cuatro cruceros: HMS Gloucester, HMS Berwick, HMS Glasgow y HMS York. A esta flotilla la denominaremos “grupo Illustrious”. También se destaca hacia el norte la 3ª división de Cruceros, bajo el mando del Vicealmirante Pridham-Wippel.
La partida se acerca a su desenlace.


LOS SWORDFISH SOBRE TARENTO

Sobre el puerto de Tarento 21 aviones deben lanzar su ataque en dos oleadas. Con el fin de clarificar la narración y no olvidar a ninguno de los aviones, los hemos nombrado con un código número-letra-número. El primer número indica la oleada a la que pertenece el avión. La letra nos indicará el tipo de armamento: torpedo, bombas o bengalas (los aviones con bengalas llevan también bombas). El segundo número distinguirá a los aviones de la misma oleada y tipo de armamento entre ellos.

La primera oleada consta de 12 aviones: 6 torpederos (1T1, 1T2, 1T3, 1T4, 1T5 y 1T6), 4 bombarderos (1B1, 1B2, 1B3 y 1B4) y 2 equipados con bengalas (1Bg1 y 1Bg2). La manda el Capitán de Corbeta K. Williamson.

El despegue no se efectúa incidentes, los aviones van lanzándose al oscuro vacío y elevándose para reunirse antes de partir en un vuelo largo hacia su objetivo. No hay incidencias en un vuelo tranquilo, casi de rutina, hasta que la flotilla aérea llega a unos 50 Km. del objetivo. Un ladrido seco y repetido se oye en la distancia. Se trata de la DCA de Tarento disparando. ¿Porqué? Sobre esto hay dos versiones: según una de ellas la alerta fue causada por el avión de reconocimiento de las 22:30 según otra son los aparatos de escucha de la fuerza antiaérea italiana que han descubierto el ataque. Pero en este segundo caso ¿Porqué disparar tan pronto?. Probablemente sea pues el avión de reconocimiento el que ha despertado a la DCA italiana. De haber sido alertada por los aparatos de escucha, estos hubieran podido calibrar la distancia a la que se hallaban los Swordfishes, para disparar en el momento preciso. Pero esto no implica que la escuadrilla británica no fuera detectada igualmente por los aparatos de escucha.
Son ya las 23:00 cuando los atacantes llegan a Tarento. Lo hacen desde el oeste y no desde el sur, para camuflar la posición del portaaviones desde el que han despegado. A poca distancia del puerto el ataque se divide en dos grupos, los bombarderos y los lanza bengalas se adelantan para recorrer el borde sur del Mar Grande, y situarse en la orilla sureste y este de la misma los lanza bengalas tienen por misión la iluminación de los barcos surtos en el puerto para los torpederos. Los bombarderos seguirán hasta el Mar Piccolo. Por su parte los torpederos iniciarán el descenso desde su altura de aproximación hasta los 10 m de altitud, para lanzar sus peces mortales contra los acorazados.

A las 2300 en punto 1Bg1 y 1 Bg2 empiezan a soltar sus bengalas, en ese mismo momento se inicia el ataque de los torpederos en medio de un intenso fuego antiaéreo. La coordinación es perfecta. Los primeros en entrar serán los aviones 1T1, 1T2 y 1T3.

El 1T1 es el Swordfish del Capitán de Corbeta Williamson y su observador el Teniente de Navío Scarlett. No debió ser fácil la posición de Williamson esa noche, es el jefe del grupo y tiene que dar ejemplo. Saliendo del picado a diez metros de altitud endereza el avión que se precipita, a todo motor, por encima de la masa oscura de la Isla de San Pietro, tras la que se extiende la calma superficie de agua del puerto. El biplano se mueve con agilidad gracias a su escaso peso y su robustez, con el torpedo colgando debajo, apuntando hacia el dique de Tarantola, del que cuelgan hacia el cielo los globos cautivos. No son muchos pero no hay tiempo para contarlos. Por suerte las bengalas dejan a contraluz los cables de los globos. Calculando con agilidad su trayectoria a pesar del vapuleo y el escándalo del fuego antiaéreo, se cuela entre dos cables de la barrera sur de globos cautivos. Ahora la visión es sobrecogedora. Ante ellos se alzan los buques italianos. Las sombras mas cercanas, apuntando hacia ellos con sus proas y escupiendo fuego antiaéreo con intensidad, son los destructores amarrados al dique de Tarantola. Los torpederos pasan sobre ellos como una exhalación, y tras ellos, a apenas quinientos metros ya de los Swordfishes, la enorme masa del acorazado RM Conte di Cavour. Las trazadoras pasan a los lados del biplano con violencia, es como dirigirse hacia el centro de una rueda de fuego, el avión vibra, sus planos atravesados por los proyectiles, todo el aparato se estremece, sin esperar más, tira de la palanca y el torpedo queda libre, entrando en el agua en medio de un estallido de espuma, en el mismo momento en que el biplano se hace añicos definitivamente. Williamson tarda muy poco en impactar en el agua fría y sucia del gran puerto, que huele a combustible y detritos de todo tipo. Rápidamente se hunde, lastrado por el peso de su paracaídas, que se quita frenéticamente para, una vez hecho, patalear hacia la superficie. Junto a el, como un corcho, surge también la cabeza de su observador. Han pasado segundos cuando una potentísima detonación les destroza los oídos, una columna de fuego se eleva desde el costado del Cavour. Williamson sonríe: misión cumplida. Enseguida agita las manos para llamar la atención de los marinos italianos para que los saquen del agua. Tal vez los recojan los marinos del destructor RM Fúlmine, que se apuntará el derribo de su avión.

Tras el avión de Williamson pasarán los 1T2 y 1T3, siguiendo su estela a la perfección. En el momento en que el costado del Cavour estalla en llamas viran bruscamente, para lanzar sus torpedos contra el Andrea Doria a unos 800 metros. Ambos peces caen al agua y se lanzan contra la presa, pero estallan antes de llegar al blanco. Los dos aviones viran 180 grados y vuelven a salir del perímetro de las defensas por donde han entrado, perseguidos por las candentes trazadoras. Ha sido un ataque magnífico, y una profesionalísima reacción la de los pilotos al cambiar de objetivo con pericia ante la explosión de su blanco primario.



Tras esto hay unos segundos de paz. La artillería antiaérea sigue disparando generosamente pero con escaso rendimiento. Estando los buques en puerto sus dotaciones no están completas y los artilleros son personal de todo tipo, sin distinción de función ni rango, muchos de ellos sin experiencia ¿Habrá terminado el ataque?
En absoluto. Un nuevo Swordfish, al que denominamos 1T4 se lanza desde el oeste del puerto hacia los acorazados. Este sigue un rumbo paralelo por el norte de los anteriores, y pasa entre las dos barreras de globos para lanzar su pez de hierro contra la aleta de babor del hermoso RM Littorio. Se trata del avión del Capitán Kemp, que suelta su torpedo a 350 metros del blanco aproximadamente.

En el mismo momento el Swordfish 1T5 llega desde el norte. Ha volado alrededor del flanco norte del puerto, para esquivar la barrera de globos cautivos y ha conseguido posicionarse igualmente al costado del RM Littorio. Se trata del aparato del Teniente Swayne, cuyo pez cae al agua a 300 metros del blanco.

Encuadrado e inmóvil el acorazado italiano se estremece de quilla a perilla, en apenas dos minutos dos impactos destrozan su casco uno a estribor y otro a babor y popa.

Nos queda un torpedero en este ataque, el que hemos llamado 1T6, el del Capitán Maund, que entra en el puerto siguiendo la estela del 1T5, volando a cinco metros sobre el nivel del mar, agitando el agua aceitosa con su hélice y soltando su torpedo orientado hacia el mismo buque que los otros dos, pero con peor suerte. Su torpedo estallará, como les sucediera al 1T2 y 1T3, antes de llegar al blanco, en este caso a unos 50 m, por un fallo en la espoleta.

Estos tres últimos aviones también conseguirán salir indemnes del infierno antiaéreo del puerto.

Mientras tanto los cuatro bombarderos se han dedicado a atacar un blanco secundario. Sobre el Mar Piccolo se abalanzan en picado contra los barcos fondeados, de menor entidad, pero consiguen despistar a la artillería antiaérea, parte de la cual tratará de derribarlos dejando actuar a los torpederos. Rodeados de trazadoras en la oscuridad los Swordfishes equipados con bombas pican sobre sus objetivos… sin éxito. Se marchan todos de Tarento más ligeros y sin impactos que apuntarse, aunque las explosiones averiarán ligeramente dos destructores, el RM Libeccio y el RM Passagno. Mención aparte merecen los dos lanza bengalas 1Bg1 y 1Bg2, que lanzarían sus bombas sobre los depósitos de combustible al sur de la ciudad, incendiándolos.

El ataque ha durado media hora aproximadamente, y mientras los aviones se alejan hacia el mar un espeso silencio cae sobre Tarento. Los servidores de las ametralladoras sueltan los disparadores, en los centros de mando de los barcos los oficiales se miran consternados y se asoman a los puentes de sus naves ¿Ha llegado el momento de evaluar los daños? En realidad no.

A las 2130 el HMS Illustrious ha puesto en el aire la segunda oleada del ataque. Son cinco Swordfishes equipados con torpedos y cuatro con bombas, dos de ellos además con bengalas. Los denominaremos 2T1, 2T2, 2T3, 2T4 y 2T5 para los torpederos; 2B1 y 2B2 para los bombarderos y 2Bg1 y 2Bg2 para los lanza bengalas.

Si la primera parte de la misión no ha sufrido ningún percance al despegue, en este caso si los hay. El avión 2B1 despegará con 24 minutos de retraso, se trata del avión de los tenientes de navío Clifford y Going. No acaban con este los infortunios del grupo. A poco de despegar uno de los bombarderos, al que denominaremos 2B2, debe volver al portaaviones tras haber perdido uno de los depósitos suplementarios de combustible. Ya no participará en el ataque.

El primer éxito de este ataque corre a cargo del 2Bg1 y 2 Bg2, que provenientes del suroeste, consiguen situarse al este del fondeadero principal italiano, tal y como había sucedido en el primer ataque, y lanzar sus bengalas, silueteando perfectamente a los barcos italianos para sus compañeros que vienen desde el oeste, y una vez sobre el recinto del puerto viran para atacar de norte a sur. Son las 00:00 del día siguiente. Es como iluminar el infierno. El humo se eleva en grandes nubes desde los depósitos de combustible incendiados y desde los barcos que arden, heridos en sus cascos por los torpedos.

El primer avión en atacar es el Swordfish 2T2, pilotado por el teniente Lewis Lea. Con el motor parado, planeando en silencio, cae sobre el RM Caio Duilo, haciendo blanco con su torpedo justo en mitad de su sección de proa, quedando un boquete de once por siete metros en su costado de estribor, bajo los pañoles de munición de las torres de proa.

El 2T1 es el avión del comandante de la segunda oleada, el capitán de corbeta Hale, que ataca al RM Littorio seguido de cerca por el 2T3. Ambos aviones lanzan sus torpedos al unísono contra el acorazado. Parece que es el del capitán de corbeta Hale, que va un poco delante, el que estalla, impactando en el compartimiento de los timones, y dejando un boquete de siete por uno y medio metros en la obra viva. El otro torpedo hace blanco pero no estalla.

El cuarto avión que ataca es el 2T4, que se lanza contra el Vittorio Véneto, lanzando un torpedo contra la nave capitana de la escuadra, que es rozada pero no recibe el impacto.

El gran perdedor de la segunda oleada será el Swordfish 2T5, pilotado por el teniente de Navío G.W. Bayley y el observador H.J. Slaughter. Cercado por el fuego antiaéreo y atacado por todos lados el avión se hace añicos antes de lanzar su carga, yendo a impactar algunos de sus restos contra el crucero RM Gorizia, y resultando muertos sus dos tripulantes sin conseguir dañar el barco.

El ataque acaba. Apenas han pasado tres minutos de la medianoche. Durante la media hora siguiente los bombarderos: 2B1, 2B2, 2Bg1 y 2Bg2 atacarán el Mar Piccolo, sin apenas éxito. Las bombas, lanzadas con poca precisión, fallan el blanco, alcanzando una tan sólo al crucero pesado Trento, que recibe el impacto sobre el escudo de una pieza de 100mm de babor, resbalando la bomba y yendo a perforar la cubierta, causando daños en los compartimientos inferiores y en los tanques de petróleo. Pero la bomba no explota.

Son las 01:20 del 12 de noviembre y la emoción a bordo del HMS Illustrious es intensa. Uno a uno, planeando, algunos llenos de agujeros y boquetes, otros en sorprendentes buenas condiciones, los pequeños biplanos van surgiendo de la oscuridad y anaveando sobre cubierta. Durante hora y media se mantendrá la espera. Por fin, en medio de una desbordante alegría, la flota vira. Sólo faltan dos aviones al recuento. Cuatro pilotos. La misión ha sido un éxito. Mas aún teniendo en cuenta que de los cuatro pilotos que faltan, dos han sobrevivido.

EL VENCEDOR SE RETIRA. LA TRISTEZA DEL PERDEDOR.

En Tarento el escenario es dantesco, inimaginable. El Almirante Campioni observa su flota medio destruida. Han bastado unas horas, minutos de combate en realidad. Una defensa insuficiente, una capacidad técnica escasa, mala suerte y una increíble dosis de audacia de los atacantes. Todo eso ha bastado para reducir su orgulloso mando a media fuerza desmoralizada. Los pensamientos de Pasetti deben ser similares a los de su jefe.
Tres acorzados han resultado dañados, es una catástrofe.
El RM Littorio, con tres impactos y el agua a la altura de la cubierta en su parte de proa, quedará de servicio durante cuatro meses. Tiene a proa un agujero de 15 por 10 metros y otro de 12 por 9. En popa le ha quedado un boquete de 7 por 1,5 metros
El RM Caio Duilio también tendrá que ser reparado y no volverá a estar en servicio hasta mayo de 1941, seis meses después. Del ataque le ha quedado una vía de agua de 11 por 7 metros.
En Cuanto al RM Conte di Cavour. No volverá a combatir. A diferencia de los otros dos barcos, que han sido simplemente embarrancados, el Cavour tendrá que ser remolcado hasta Trieste. El boquete de 12 por 8 metros no podrá ser reparado.

Otras unidades también habrán resultado dañadas: Los destructores RM Libeccio y RM Pasagno y el crucero pesado Trento recibirán sendas bombas, que no estallarán.

La misión “Judgement” será un éxito enorme. Gracias a ella los británicos se harán con el control del mediterráneo, que si bien será disputado en algún momento, durará hasta el final de la guerra. La flota italiana, mas dañada por la impresión que por los barcos perdidos, ya que sólo el Cavour quedará definitivamente dañado, no volverá a ser una amenaza seria en lo que a sus grandes unidades se refiere. El gran puerto de Tarento perderá operatividad, a favor de puertos mas alejados de la zona de guerra. La flota ya no podrá intervenir de forma urgente. Los británicos tendrán la iniciativa siempre.

Muchas reacciones siguieron al ataque.

En palabras del Almirante Cunningham: “Este golpe reduce, si no anula del todo, la amenaza de la flota enemiga. Con un total de seis horas y media de vuelo entre ida y regreso, veinte aviones ingleses han infligido a la escuadra italiana mas daños que los causados a la flota alemana en la batalla de Jutlandia. Tal operación constituye, pues, un ejemplo inigualado de economía de fuerzas.”

Cunningham se equivocó. Apenas un año después tres S.L.C. (torpedos de marcha lenta conocidos como “cerdos”) de la marina italiana, hundirían en el puerto de Alejandría dos acorazados y un petrolero. Eso si que resultaría economía de medios.

Aquella mañana, en Londres, se había sufrido la 320ª incursión aérea del “Blitz”. Por primera vez, curiosamente, bombarderos italianos habían participado en la acción. Mientras el humo de los incendios se elevaba hacia los cielos londinenses, el “Times” sacaba, por primera vez durante toda la guerra, una edición especial “¡Semidestruida la flota italiana en Tarento por veinte aviones británicos!”.

En Italia, el conde Galeazzo Ciano, yerno de Mussolini, escribiría en su diario: “Jornada negra. Los ingleses han atacado la flota fondeada en Tarento y han echado a pique el “Cavour” y averiado gravemente al “Littorio” y al “Duilio”. Cuando Badoglio vino la última vez a verme, dijo que atacando a Grecia debíamos haber alejado pronto la flota, que ya no estaba segura. ¿Porqué no se ha hecho ya a los quince días del comienzo de las operaciones y en fase de plenilunio?”.

EPILOGO. EL ESCUADRON PRIDHAM WIPPEL.

En la acción los barcos se dirigen hacia el canal de Otranto. Poco antes de la 01:00 del día 12, mientras Tarento arde los cruceros llegan al paralelo de los 40º 30`. La mar esta calma y la visibilidad es buena. Aunque innecesaria. Parece que la misión no va a tener éxito cuando el radar del HMS “Ajax” detecta varias unidades navales enemigas por la aleta de babor, provenientes de Valona.
Los cuatro cruceros se lanzan hacia la presa, cada uno flanqueado por un destructor. El blanco son cuatro cargueros en lastre: Locatelli, Premuda, Vado y Catalani. Escoltados por el torpedero RM Fabrici, un buque antiguo, y la motonave RM Ramb 3º. La defensa no pudo hacer nada. En tres minutos de fuego los cuatro cargueros quedaron convertidos en derrelictos ardientes, humeantes y siseantes que se hunden lentamente.
La escuadra de Pridham Wippel se dirigía hacia el sur al amanecer, a toda prisa, rumbo a Alejandría.


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Swordfish sobrevolando el Ark Royal
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3 comentarios - Ajedrez en el Mediterraneo 2ª G.M.

@achita
Muy buen poast, te dejo mis 5 qe me qedan, te recomendaria unas barras separadoras