la gloriosa victoria vietnamita y su ejemplo

gloria eterna a la República Socialista de Vietnam



la gloriosa victoria vietnamita y su ejemplo


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¡¡Gloria a la victoria de Vietnam!!‏


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El glorioso Ejército Popular bajo dirección comunista libera Saigon

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Una base gringa abandona a la carrera.


Es 30 de abril de 1975. Son las 11 : 30 AM . Estamos en Saigón, la antigua capital de Viet Nam del Sur. La atmósfera pesada, ocre, tensa en extremo , sucumbe ante la marcha triunfal de tanques que avanzan implacablemente hacia el palacio presidencial, último reducto y símbolo agonizante del poder colonial, otrora francés, hasta hoy yanqui. Son muchas las victorias acumuladas en casi treinta años, desde la insurrección de agosto de 1945, dirigida por el Partido Comunista de Vietnam y el Viet Minh, conducidos ambos por el glorioso Tio Ho. No son menos los sacrificios y las muertes agolpadas en el trayecto.

Los tanques derriban la verja del antiguo palacio, se detienen, y de sus escotillas, corren sus ocupantes como en veloz carrera de 100 metros, hacia la azotea del antes temible edificio. Los combatientes escalan el edificio mientras portan una bandera del Frente Nacional de Liberación de Viet Nam de Sur, esgrimiendola como un sable contra la garganta del águila imperial, alcanzan su objetivo y coronan la victoria.

Es la gran victoria del heroico pueblo. Es la victoria de los pueblos, pagada al altísimo precio de la sangre de millones de mártires. Es también la victoria de Dien Bien Phu, optimizada 21 años después, y coronada con la operación Ho Chi Minh, en la campaña de primavera magistralmente planificada y comandada, en la ofensiva final de diez divisiones avanzando en torno al anillo de Saigón, por el legendario camarada, General Vo Nguyen Giap, a pesar del bombardeo incesante e inmisericorde de los B-52 de Johnson, Nixon y Ford.

Esta vez no serán frustrados, como en 1954, luego de los acuerdos de Ginebra y como consecuencia de la derrota del colonialismo francés, la independencia del pueblo vietnamita, su indivisibilidad territorial, y su derecho a edificar, con el socialismo, una sociedad justa, sin explotadores nacionales o foráneos, y sin explotados.

A pocas cuadras del antiguo palacio, desde la azotea y el patio de la embajada yanqui, salen despavoridos y en amarga estampida los helicópteros de la derrota. En escena dantesca, los impotentes pájaros de acero levantan vuelo y cargan en sus vientres hinchados la flor y nata de la excrecencia imperial: personal diplomático yanqui, Estado Mayor conjunto norteamericano-saigonés, testaferros sudvietnamitas de sus aparatos de espionaje, y la carroña de politicastros coloniales. De nada les sirvieron , en 30 años de guerra, directa e indirecta, los superbombarderos B-52, los superhombre de los comandos especiales de Boinas Verdes, y la política sistemática de tierra arrasada, de guerra química y bacteriológica.. De nada les sirvieron sus campos de concentración y exterminio. A pesar del genocidio, Vietnam venció.

Hoy, 05/09/2009, los pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo yanqui, no menos voraz y genocida que hace 30 años, tienen la necesidad vital de inspirarse en la gran victoria del pueblo vietnamita. Con todo el poder económico, político y militar, el Imperialismo muestra su vulnerabilidad. La resistencia de los pueblos avanza y golpea : Irak, Afganistán, y Colombia resisten, el águila sucumbe.





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El Frente Nacional de Liberación de Vietnam o FNL (en vietnamita: Mặt Trận Giải Phóng Miền Nam Việt Nam), también conocido como Front National de Liberté (FNL), fue una organización guerrillera formada en 1960 por toda la oposición a la dictadura de Ngo Dinh Diem, aunque los comunistas eran mayoritarios.

El gobierno Sur vietnamita se refería a este movimiento como el "Viet Cong". Las fuerzas estadounidenses se referían a sus miembros como "charlie" debido a que "VC", las iniciales de "Viet Cong", se pronunciaban "Victor Charlie" en el alfabeto fonético conjunto Ejército/Armada.


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El FNL fue la primera organización rebelde que luchó contra el Colonialismo Francés y contra la República de Vietnam del Sur. Este frente fue de todos los elementos opuestos al gobierno existente sin importar si son comunistas o no. Su organización militar fue conocida como las "Fuerzas Armadas de Liberación Popular".

Los combates se habían iniciado dos años antes para luchar contra la severa represión de la dictadura a todos sus oponentes. Con el apoyo de Vietnam del Norte, en 1962 la organización controlaba gran parte de la zona rural de Vietnam del Sur, lo que provocó la masiva intervención norteamericana, que desembocaría en la guerra de Vietnam. Apoyado por el ejército norvietnamita y abastecido a través de la ruta Ho Chi Minh, logró mantener una guerra de guerrillas durante más de una década.


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En 1969, el Frente formó una provisional República de Vietnam del Sur que tomó el poder brevemente luego de la caída de Saigón en 1975 y luego apoyó la reunificación del país bajo el liderazgo del Partido Comunista de Vietnam en la República Socialista de Vietnam en 1976.

En general, el término Viet Cong servía para referirse a los insurgentes armados y políticos disidentes que peleaban contra la república de Vietnam durante la guerra de Vietnam. Este nombre fue derivado de una contracción de la frase vietnamita Việt Nam Cộng Sản, o "Comunista Vietnamita". El grupo principal cubierto por el término, además del FNL, es el ejército guerrillero nombrado formalmente como las Fuerzas Armadas Populares de Liberación (PLAF).


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En las áreas, bajo su control, la FLN incluía también a muchos no militares, incluyendo jefes de villas, oficinistas de villas, y profesores escolares. Muchos consideran el término Viet Cong justamente derogativo, aunque su uso se masificó en occidente, ya que la guerra de Vietnam ha hecho este término más conocido que el nombre apropiado de FLN.

La mayoria de los combatientes no era de ideologia comunista, la gran mayoria combatia por motivos personales : sus cultivos arrasados por los desfoliantes, un familiar preso, su aldea arrasada o simplemente porque veia esta lucha como la continuacion de la guerra contra Francia.





Muchos eran voluntarios, otros eran reclutados a punta de pistola pero una vez alli el combatiente pasaba a forma parte de una celula de 3 combatientes que debian arreglarselas en las buenas y en las malas. 3 celulas formaban un peloton y 3 pelotones formaban una seccion. Esa era la estructura del FLN.


El equipo basico de estos combatientes era el consabido traje negro, rara vez un casco del NVA o simplemente el clasico sombrero utilizado por los campesinos, por calzado utilizaba las sandalias 'Ho Chi Minh', que eran fabricadas de neumaticos, ademas el combatiente llevaba ademas de las armas, ropa interior, tela de nylon para usarla como poncho, un mosquitero, una cantimplora improvisada, una lampara de aceite y el vulgarmente conocido 'Intestino de elefante', consistente en un largo tubo de lona en donde llevaba arroz. Si era afortunado llevaba ademas una patilla en caso de ser mordido por alguna serpiente, consistente en dos partes una para mascar y aplicarla contra la herida y otra para ingerir.

La alimentacion era compuesta por arroz basicamente, pescado, carne o lo que pudiese tomar al paso, como algunos frutos silvestres o el producto de la caza (Monos, rata, tigre e inclusive elefante). A veces tambien encontraban los restos de las raciones americanas abandonadas.

Un punto a destacar fue su capacidad de improvizacion, aprovechando al maximo los recursos con que contaba incluyendo partes de vehiculos abandonados, armamento capturado, municion sin explotar, etc. Ademas del ingenio para instalar las rusticas pero efectivas trampas que causaron un sinnumero de victimas enemigas.

Se debe destacar el gran numero de integrantes femeninas, que combatieron codo a codo con sus pares masculinos.


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¿Qué inducía a un simple campesino a abandonar la tierra de sus antepasados y a su familia, tomar las armas y combatir por el Vietcong?

Mi nombre es Lam. Significa bosque o selva. Mi padre me puso ese nombre. Era un campesino que trabajaba la tierra, igual que su padre entes que él. Yo también lo hacía, antes de unirme al Vietcong en 1967.

Tenía 16 años cuando los norteamericanos llegaron pro primera vez a nuestro poblado. Era la estación de la siembre y yo estaba en el campo cuando oí el "wop wop" del helicóptero. Por entonces -creo que era en 1966- las cosas todavía estaba tranquilas. Por las noches los Vietcong se movían libremente en aquella zona y pasaban como fantasmas negros. No cogían nada, sólo hablaban con los ancianos de la aldea y nosotros manteníamos cerradas las puertas.

Nuestra aldea era pacifica y los norteamericanos llegaron abiertamente sin mostrar sus armas. Pero venían con el jefe provincial y uno de los recaudadores de impuestos que actuaba como intérprete. No teníamos nada que temer y sentíamos curiosidad por aquellos enormes extranjeros con su piel blanca enrojecida por el sol, por lo que nos agrupamos en la polvorienta plaza del pueblo.

"Somos vuestros amigos", dijeron. "Hemos traído comida, una maquina para hacer electricidad, material de construcción para vuestras casas. Os proporcionaremos mayores cosechas con un arroz especial de crecimiento rápido".

Nos prometieron una camioneta para llevar nuestros productos al mercado, un médico que nos visitaría todos los meses y nos traería medicinas. Y todo gratis.

Se fueron tan pronto como vinieron. Después aquella tarde oí hablar a mis padres.

"Como ellos son ricos y nosotros pobres, creen que pueden comprarnos" decía mi madre.

"Aquí todos somos pobres, pero no tontos. Aún nos acordamos de los franceses antes de estos americanos, y ellos querían lo mismo".

Mi padre, que durante toda su vida había trabajado duro en el campo, decía: "No quiero todas estas cosas, sólo quiero aquello por lo que he trabajado. Toda esta tierra por la que nos rompemos la espalda pertenece al propietario, y cuando el recaudador se ha llevado su parte, apenas queda nada".

Luchábamos casi por huir de la tierra
Mi aldea estaba en la zona central de Vietnam, donde la tierra es pobre. No obstante, como todos éramos pobres, nos ayudábamos los unos a los otros. Créanme, era el único modo de sobrevivir, y la aldea había estado allí durante generaciones. No es de extrañar que los grandes luchadores, como Ho Chi Minh y el general Giap, fuesen de aquella provincia, Nghe Thinh. Éramos tan desesperadamente pobres que combatíamos casi por huir de la tierra.

La aldea ya no existe, por lo que el nombre no les dirá nada. Fue destruida por los norteamericanos, reconstruida y después destruida nuevamente por ellos. Después de esto se le llamó zona de fuego libre. Dijeron que, con la aldea muerta, ya no había razón alguna para que nadie fuese allí, ni siquiera para visitar las tumbas de nuestros antepasados.

Después me enteré que aquellos primeros norteamericanos no eran soldados, si no que trabajaban con el Ejército y el gobierno. Recuerdo que llevaban gafas de sol y no se les podía ver los ojos: ¿Cómo se puede confiar en alguien a quien no se le ven los ojos? Y aquel recaudador de impuestos solía venir todas las estaciones, aunque la cosecha hubiese sido mínima, para hacer su trabajo.

Por eso no confiábamos en los norteamericanos y odiábamos a la gente con la que trabajaban. El jefe provincial solía llevarse a algún joven diciendo que era comunista y lo encarcelaba. La aldea tenía que pagar para recuperarlo. Y esta era la gente que se suponía que nos cuidaba.

Pero el Vietcong venía y nos decía que la tierra nos pertenecía por derecho y que cuando ellos estuviesen en el poder, sería para nosotros. Algunos de ellos eran granjeros durante el día y guerrilleros por la noche: iban a los poblados y hablaban con la gente como nosotros. Algunos de los muchachos de mi edad se unieron a ellos.

Al año siguiente, los soldados norteamericanos comenzaron a patrullar. Llegaban en helicópteros, merodeaban todo el día y después se iban con el helicóptero. Nunca llegaron a conocer la tierra, siempre iban por los senderos que rodeaban campos y bosques. Sólo era cuestión de tiempo que el Vietcong les tendiera una emboscada.

Esto sucedió en las afueras de una aldehuela vecina. Hubo una ráfaga y después sonó como si se hubiese desatado el infierno. Lo oímos todo. Al poco oímos unos reactores encima nuestro. Estábamos aterrorizados. Los reactores pasaron rasantes, silbando, y oímos las explosiones a unos tres kilómetros. Yo sabía que alguno de mis amigos estaba debajo de esas terribles bombas. Sólo disponían de sus fusiles y de los túneles para salvar sus vidas. Vimos pasar a los helicópteros con cruces rojas y así supimos que la emboscada había tenido éxito. Pero yo sabía que pronto habría represalias.

Mis padres me dijeron que me tenía que ir, porque con mi edad, me llevarían como presunto guerrillero. Aquella noche, algunas tropas de la fuerza principal del Vietcong pasaron por allí, deteniéndose sólo para coger un poco de arroz. Pero esta vez me fui con ellos, junto con mis amigos Troung y Chau, que también tenían que irse del poblado. La aldea era todo mi mundo conocido, pero si me quedaba no habría ninguna esperanza para mi.

Salimos rápidamente de la zona, sabedores de que durante los próximos días estaría infestada de norteamericanos. Entramos en la jungla, aquel sombrío y misterioso lugar que sería nuestro hogar y nuestro camposanto. Éramos campesinos y no vivíamos en la jungla, donde hay serpientes, donde las picaduras de los insectos escuecen durante días y donde reina la malaria. Si se era fuerte y se tenía suerte, se sobreviviría, pero casi todos se debilitaban.

Nos desplazamos de campamento en campamento en aquella jungla, atravesando aldeas amigas para obtener comida y noticias. Manteníamos el contacto con nuestra gente. Dependíamos de ellos y les tratábamos decentemente. Éramos iguales que ellos excepto por el hecho de que llevábamos armas. Los norteamericanos volvían cada día a sus bases y, tarde o temprano se irían a casa. Pero nosotros vivíamos allí, era nuestro país, y cada día que sobrevivíamos ganábamos la guerra.

Era duro estar lejos de casa, lejos de mis amigos y mi familia. Me enteré que después de la emboscada, los norteamericanos incendiaron el poblado y se llevaron a todos, mientras construían otro con barricadas, alambre de espinos y posiciones defensivas. Después permitieron que la gente volviese, pero dejaron allí tropas del gobierno.

La estupidez de los norteamericanos se ponía de manifiesto al ofrecernos cosas que no queríamos y al reconstruir algo que habían destruido anteriormente. Como si pudiésemos olvidar lo que habían hecho tan fácilmente. Podían se generosos con nosotros si quería, pero al mismo tiempo podían destruir poblados enteros y matar a muchos en poco tiempo.

Los norteamericanos eran lentos y torpes
Éramos más débiles que los norteamericanos y ni siquiera estábamos tan bien armados como los nordvietnamitas, por lo que teníamos que ser pacientes y emplear el cerebro. Colocábamos trampas, tendíamos emboscadas y usábamos armas simples pero mortales: estacas embadurnadas con excrementos, flechas disparadas a los soldados desprevenidos. Sus fusiles automáticos y sus granadas nos mantenían armados durante semanas.

Los norteamericanos estaban bien armados, pero eran lentos y torpes. Disponían de una potencia de fuego que temíamos, por lo que nos manteníamos escondidos y fuera de su alcance. Eran como elefantes, sobre todo cuando se desplazaban por la jungla. Nosotros nos desplazábamos en grupos de tres, ligeramente armados pero viajando en silencio y con rapidez. Si heríamos o matábamos a uno sólo de ellos y vivíamos para seguir luchando otro día, era toda una victoria. Igual que el agua desgasta la piedra, nosotros desgastábamos el ejército norteamericano.

Combatí junto con Troung y Chau, que eran como mis hermanos. Cuidábamos unos de otros y compartíamos la comida. Solíamos bromear pensando que la vida en casa era dura, pero aquella vida en el Vietcong era diez veces peor. Pasábamos hambre durante días, y Chau nos recordaba que cuando éramos pequeños, solíamos quejarnos porque odiábamos las gachas de arroz con salsa de pescado. Una bola de arroz y salsa de pescado hubiera sido un festín en la jungla. Matábamos y comíamos casi cualquier cosa: serpientes, monos, ratas, pájaros y cosas por el estilo.

Nuestros oficiales de inteligencia decían que los norteamericanos tenían filetes, cerveza y helados en sus bases, y que la guerra sólo les ocupaba parte de su tiempo. Llevábamos la guerra sobre nuestras espaldas dondequiera que fuésemos, con o sin armas. A diferencia de ellos, teníamos pocas medicinas y ningún hospital cuando nos herían.

Al intensificarse la guerra, los norteamericanos dispusieron cada vez de más potencia de fuego y nos adentramos más en territorio inhóspito, lejos de las aldeas donde podíamos encontrar comida y descanso. Incluso nos trasladábamos bajo tierra para intentar escapar del Napalm y los B-52, viviendo durante días sin la luz del sol mientras ellos pasaban sobre nuestras cabezas.

Realmente no se como pudimos aguantar todos aquellos años. No había nada que hacer excepto luchar y seguir luchando una vez tomada la decisión. Los soldados norteamericanos tenían suerte. Regresarían a sus casas a miles de kilómetros una vez terminada su tarea. Nosotros no teníamos nada, excepto la tierra, nuestra tierra. Si nos rendíamos no tendríamos nada. En el fondo de nuestros corazones, les odiábamos.

El autor es un miembro de la comunidad de expatriados vietnamitas en Londres, y no desea ser identificado


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Mujeres en la Guerra de Vietnam


En 1965 se creó un grupo de voluntarios en el cual ingresaron numerosas adolescentes vietnamitas. Su trabajo consistía en mejorar y expandir la ruta logística conocida por los vietnamitas como Truong Son y ruta Ho Chi Minh por los estadounidenses.

Casi siempre trabajaban de noche para evitar los ataques aéreos, y sus tareas mas habituales era cortar árboles, limpiar y nivelar caminos, rellenar los cráteres producidos por las bombas e incluso desactivar las que no explotaban. En épocas de lluvia debían contener las corrientes de agua y pasaban todo el día con la ropa empapada.
Las condiciones de estos voluntarios eran penosas, además de estar expuestos a las bombas, la mayoría acababan contagiados por la malaria y totalmente desnutridos. En ocasiones cuando se acababa el arroz debían alimentarse con cualquier cosa, incluso rascaban el musgo y hongos de las rocas para llevarse algo a la boca.
Al acabar la guerra muchas habían perdido el pelo y la fertilidad a causa de los duros años en la jungla, llegaban a casa con un aspecto similar a los espectros y totalmente irreconocibles.

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DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, pRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, EN LA COLINA 241, VIET NAM DEL SUR, EL 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973.



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(DEPARTAMENTO DE VERSIONES TAQUIGRAFICAS

DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO)



Queridos compañeros del Frente Nacional de Liberación de Viet Nam del Sur ;

Queridos compañeros del Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur;

Queridos amigos representantes de las gloriosas y heroicas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Viet Nam del Sur ;

Queridos representantes de las organizaciones de masa :



Hemos recorrido más de 20 000 kilómetros para llegar hasta aquí como un símbolo de la enorme amistad y simpatía que nuestro pueblo profesa hacia el heroico pueblo de Viet Nam .

El pueblo de Cuba ha seguido día por día la admirable lucha del pueblo de Sud Viet Nam .

Como recordaba el compañero Tran Nam Trung, Cuba fue el primer país que reconoció al Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur (APLAUSOS); Cuba fue el primer país en enviar una representación diplomática al territorio liberado, ante el Gobierno Revolucionario Provisional de Viet Nam del Sur ; y Cuba se honra en el día de hoy en ser el primer Partido y el primer Gobierno que manda una delegación oficial al territorio liberado de Viet Nam del Sur.

Nuestra delegación se honra mucho de este encuentro con unos soldados tan valientes como ustedes (APLAUSOS), y con un pueblo tan heroico como el pueblo de Viet Nam del Sur (APLAUSOS). ¡Ningún pueblo en los tiempos modernos ha tenido que luchar tan duramente por su independencia!

Recordamos la historia desde 1945, cuando el querido e inolvidable presidente Ho Chi Minh proclamó la independencia de Viet Nam . Viet Nam había sido siempre un pueblo unido y libre , que defendió heroicamente su independencia en todas las épocas . ¡Y siempre había obtenido la victoria!

Viet Nam era un país independiente cuando llegaron los colonialistas franceses. Por culpa de la traición de los reaccionarios, de los feudales y de la monarquía corrompida, el territorio de Viet Nam fue ocupado por los colonialistas franceses en el siglo pasado. Pero el pueblo de Viet Nam no se sometió jamás: durante decenas y decenas de años luchó incesantemente contra los colonialistas franceses .

Pero esa lucha adquirió un nuevo carácter cuando surgió la clase obrera de Viet Nam y cuando el pensamiento claro y genial del inolvidable compañero Ho Chi Minh unió estrechamente a los obreros, a los campesinos y a todo el pueblo progresista de Viet Nam , y organizó un Partido de vanguardia para llevar al pueblo a la lucha y a la victoria .

Y el pueblo de Viet Nam alcanzó su independencia en 1945 (APLAUSOS). Pero intervinieron de nuevo los imperialistas: por el norte penetraron los reaccionarios de Chiang Kai-Chek; por el sur penetraron los colonialistas ingleses y franceses. Y de nuevo los colonialistas franceses, que no habían tenido ninguna dignidad para defender a su propia patria frente al fascismo, quisieron ser dueños otra vez de Viet Nam e iniciaron una guerra de opresión. Y el pueblo de Viet Nam se vio obligado a luchar duramente durante casi 10 años, hasta que por fin, después de la gloriosa e histórica batalla de Dien Bien Phu y de los Acuerdos de Ginebra, logró el respeto a la independencia de Viet Nam del Norte; el derecho de todo el pueblo de Viet Nam a la independencia, la soberanía y la integridad; el derecho del pueblo de Viet Nam a resolver pacíficamente y democráticamente sus problemas.

Pero cuando se marcharon los colonialistas franceses en 1954, llegaron entonces los imperialistas yankis.

¿Qué derecho tenían los imperialistas yankis a venir a Viet Nam? Viet Nam está a decenas de miles de kilómetros de Estados Unidos. ¿Qué tenían que venir a buscar aquí los imperialistas yankis?

Pero los imperialistas yankis, sin ningún derecho, sin ninguna razón, se introdujeron en Viet Nam.

Ellos han venido acá para buscar el fracaso, la derrota . ¡La muerte, su aniquilamiento!

CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO.- Sabotearon los Acuerdos de Ginebra. Impidieron las elecciones generales y democráticas, violaron el derecho del pueblo de Viet Nam a la democracia y a la integridad, e iniciaron un bochornoso sistema neocolonialista en Viet Nam del Sur. Han empleado todos los medios militares, todos los medios económicos y todos los medios ideológicos para tratar de someter al pueblo de Viet Nam del Sur, y lo que es peor aún: para tratar de corromper el alma heroica del pueblo de Viet Nam del Sur.

Organizaron un gobierno títere; reprimieron violentamente al pueblo; persiguieron, encarcelaron y mataron a cientos de miles de ciudadanos de la parte Sur de Viet Nam. Hasta que el pueblo de Viet Nam del Sur, defendiendo su derecho a la independencia, a la libertad y a la vida, se levantó en armas contra el gobierno títere y el régimen neocolonialista en el año 1959 .

Sin la presencia del imperialismo yanki, en 1959 el pueblo de Viet Nam del Sur habría barrido a los títeres en unas cuantas semanas . Pero el imperialismo yanki era poderoso, era muy soberbio, y no estaba dispuesto a permitir la liberación del pueblo de Viet Nam del Sur. Estaba dispuesto a emplear todos los medios militares y todos los medios represivos para impedir la victoria del pueblo. A ellos no les importaba el sacrificio y la sangre que se iba a derramar. A ellos no les importaban las privaciones y el dolor del pueblo. Ellos estaban decididos a hacer prevalecer su voluntad de dominar al pueblo de Viet Nam aunque se encontrara a 20 000 kilómetros de distancia. Y por eso el pueblo heroico de Viet Nam del Sur ha tenido que librar una lucha tan dura durante casi 14 años.

Los imperialistas utilizaron todos los medios, armaron hasta los dientes el gobierno títere; pero no podían impedir con ello la victoria del pueblo (APLAUSOS). Entonces iniciaron la guerra especial, con la presencia de decenas de miles de asesores yankis. ¡Pero también fracasaron con su guerra especial! Entonces iniciaron la guerra local con la presencia de cientos de miles de soldados yankis. ¡Pero tampoco con la guerra local pudieron derrotar al pueblo glorioso de Viet Nam del Sur! (APLAUSOS) Entonces iniciaron la guerra de destrucción contra Viet Nam del Norte, pero una vez más fracasaron y tampoco pudieron derrotar al pueblo de Viet Nam .

El pueblo de Viet Nam del Sur, con su iniciativa y con su lucha, logró derrotar la política de guerra local, dando lugar al inicio de la retirada de las tropas expedicionarias yankis. Entonces los imperialistas inventaron otra estrategia, que llamaron la vietnamización de la guerra, es decir, utilizar a vietnamitas contra vietnamitas. Y se dieron a la tarea de organizar un enorme ejército represivo en Viet Nam del Sur. Pero tampoco lograron tener éxito.

En la primavera de 1972, con la extraordinaria lucha del pueblo de Viet Nam, los planes de vietnamización se vinieron abajo . Los imperialistas tuvieron que aceptar el cese de los bombardeos y, mediante los Acuerdos de París, la retirada total de sus tropas en Viet Nam del Sur . Y esa es una gran victoria, una extraordinaria victoria, porque si ya al principio tuvieron que marcharse los imperialistas franceses, después de casi 20 años de lucha han tenido que retirarse ahora las tropas de los imperialistas yankis . Y no solo eso, sino que una gran parte de Viet Nam del Sur está ya liberada y una gran parte de Lao y de Cambodia también están liberadas y, como consecuencia de la lucha heroica de los pueblos de Indochina, la mayor parte de Indochina ya está liberada .

La heroica lucha del pueblo vietnamita y de los pueblos de Indochina no ha sido inútil, no ha sido en vano. La lucha ha sido muy dura, pero los progresos también han sido extraordinarios.

Ustedes les han dado una inolvidable lección a los imperialistas. Ellos se creían todopoderosos, ellos se creían invencibles y, sin embargo, ustedes fueron capaces de derrotarlos . Y a los imperialistas yankis les cuesta mucho trabajo comprender cómo un pueblo pequeño y un pueblo tan pobre como el pueblo de Viet Nam, los ha podido derrotar. Y es que un pueblo heroico, un pueblo que lucha por su independencia y su libertad , un pueblo valiente y digno es invencible .

El imperialismo no era invencible. ¡Invencible era el pueblo de Viet Nam!

Y esa es la gran lección que ustedes le han dado al mundo , la gran lección que ustedes les han dado a los pueblos oprimidos y explotados de Asia, de Africa y de América Latina .

Los imperialistas se desacreditaron en todo el mundo, y el prestigio y la gloria del pueblo de Viet Nam crecía día a día (APLAUSOS). La lucha del pueblo de Viet Nam influyó en la propia política de Estados Unidos, porque una parte importante del pueblo norteamericano tomó conciencia de las realidades del imperialismo y sintió profunda vergüenza por los crímenes cometidos por los imperialistas en Viet Nam, y muchos ciudadanos y muchos jóvenes sufrieron persecución, fueron golpeados y en ocasiones incluso asesinados, porque en los propios Estados Unidos defendían la causa del pueblo de Viet Nam.

Estos son servicios extraordinarios prestados por este pueblo heroico a toda la humanidad (APLAUSOS).

Pero, como se decía aquí por el compañero Tran Nam Trung, aunque derrotados, los imperialistas no renuncian a la idea de mantener un régimen neocolonialista en Viet Nam del Sur. Y por eso es preciso luchar resueltamente, con el apoyo de la opinión mundial, para exigir a los imperialistas yankis y al gobierno títere el cumplimiento estricto de los Acuerdos de París.

Los imperialistas y los títeres no quieren cumplir los acuerdos, porque saben que si se cumplen esos acuerdos están derrotados. Por eso no quieren cumplir los acuerdos de cese al fuego, por eso no quieren cumplir los acuerdos de respetar las zonas liberadas, por eso no quieren cumplir los acuerdos de liberar a los presos políticos, por eso trabajan contra la concordia nacional, por eso trabajan para impedir al pueblo sudvietnamita el ejercicio de los derechos democráticos.

El pueblo de Viet Nam del Sur tendrá todo el apoyo de los demás pueblos del mundo en esta lucha para que se cumplan los acuerdos.

¿Por qué si se cumplen esos acuerdos los títeres estarán derrotados? Porque los títeres están corrompidos hasta la médula de los huesos, los títeres están desmoralizados. Los burgueses, los reaccionarios quieren vivir sin trabajar explotando al pueblo de Viet Nam del Sur. Pero, qué diferencia entre los títeres y los revolucionarios. Los revolucionarios y los patriotas están llenos de dignidad, llenos de moral, llenos de firmeza, llenos de entereza, llenos de valor, llenos de espíritu, llenos de amor a la patria. Y en esa lucha entre la moral de ustedes y la desmoralización del enemigo, ustedes saldrán inevitablemente victoriosos .

Pero no solo hay que luchar por el cumplimiento de los Acuerdos de París. Hay que trabajar duro para organizar la zona liberada, para organizar el pueblo. Hay que trabajar duro para elevar la conciencia de los compatriotas que están en las zonas ocupadas . Hay que trabajar duro para fortalecer las posiciones revolucionarias. Hay que trabajar duro para que las posiciones del territorio liberado sean inexpugnables . Hay que desarrollar las fuerzas propias, y ser fuertes, para que los títeres no se envalentonen, para que los títeres, en su desesperación, no pretendan golpear a las fuerzas revolucionarias de Viet Nam del Sur. Hay que ser fuertes para que, si los títeres atacan, las fuerzas revolucionarias les puedan dar una respuesta demoledora .

Los títeres están desmoralizados, porque ya no tienen la aviación yanki apoyándolos todos los días. Y si no hubieran tenido el apoyo de la aviación yanki, que es una aviación muy poderosa, habrían sido barridos en la primavera de 1972 por las fuerzas de liberación .

Pero a pesar de ello, ustedes obtuvieron gloriosas victorias, ustedes aniquilaron numerosas unidades militares de los títeres, y ustedes liberaron una gran parte del territorio.

Hoy, por ejemplo, estamos aquí reunidos en pleno corazón del territorio liberado de Viet Nam del Sur, en lo que había sido una poderosa y al parecer invencible base imperialista. La delegación cubana ha podido venir tranquilamente por la carretera número uno , cruzar por el pueblo liberado de Dong Ha , y marchar por la famosísima carretera nueve a esta histórica Colina 241, que ustedes conquistaron con el valor y el heroísmo que los caracteriza .

En el día de hoy nos han explicado cómo fueron tomadas todas estas bases, cómo fueron tomadas estas fortificaciones en cuestión de días. Eso no lo habrían creído jamás los imperialistas, que a pesar de sus cañones y sus fortificaciones y a pesar de su aviación, ustedes hayan sido capaces de destruir en unos cuantos días todo este poderoso sistema de fortificaciones.

Esas victorias conquistadas aquí y en otras partes de Viet Nam del Sur, produjeron extraordinarios frutos, obligaron a los imperialistas a cesar los bombardeos destructivos sobre Viet Nam del Norte, los obligaron a suscribir los Acuerdos de París y los obligaron a retirar definitivamente sus tropas de Viet Nam del Sur. Ese es el resultado de la lucha de ustedes, ese es el resultado de las victorias de ustedes.

Y la victoria definitiva, la completa liberación de Viet Nam del Sur y la unificación pacífica de la patria, será sencillamente cuestión de tiempo .

Cuando nosotros veníamos hacia acá esta mañana, al amanecer, veíamos un día claro y bello, un sol brillante se levantaba en el horizonte, y nosotros veíamos las montañas y los llanos y pensábamos en el pueblo mil veces heroico de Viet Nam , y nos decíamos a nosotros mismos: el porvenir de Viet Nam es tan bello como este día que nos recibió hoy al llegar a esta tierra . El futuro de Viet Nam es tan brillante como ese sol que nos saludaba en la mañana de hoy . Y se cumplirá aquello que decía Ho Chi Minh: vencido el yanki agresor, construiremos un Viet Nam diez veces más hermoso .

Y en esa lucha del pueblo de Viet Nam, los revolucionarios cubanos, el pueblo entero de Cuba —que construye el socialismo a 90 millas de Estados Unidos— siempre estará, hombro con hombro, junto a ustedes .

Y al expresar nuestro reconocimiento y nuestra admiración a ustedes en el día de hoy, y al recordar las grandes hazañas y las gloriosas victorias, queremos recordar también a los miles y miles de heroicos vietnamitas que han dado su sangre y han dado su vida por la libertad de su patria. Su esfuerzo no ha sido inútil, sus sacrificios no han sido vanos. Sobre la sangre derramada por ellos se levanta hoy Viet Nam victorioso e invencible .

¡Honor eterno a los héroes que dieron sus vidas por la patria!

¡Que viva el heroico pueblo de Viet Nam!

¡Que viva la unidad de todos los vietnamitas! ¡Que viva la amistad entre los pueblos de Viet Nam y de Cuba!

Yo les quiero agradecer especialmente, en nombre de nuestro pueblo, este magnífico obsequio que ustedes nos han hecho en el día de hoy regalándonos nada menos que un tanque M-48. Cuando nosotros veníamos por el camino ya vimos muchos de esos tanques ocupados por ustedes. Este es un regalo muy útil. Nosotros lamentamos mucho no poderlo llevar en el avión para Cuba, pero lo vamos a trasladar por mar y lo vamos a recibir en Cuba y lo vamos a estudiar bien, al igual que estudiamos las tácticas de ustedes, porque ustedes han demostrado que esos tanques pueden ser destruidos. Y nosotros necesitamos estudiarlo por si en alguna ocasión los imperialistas invaden nuestra patria hacer igual que ustedes y destruir muchos de esos tanques M-48 .



la gloriosa victoria vietnamita y su ejemplo



Crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.

Ernesto Che Guevara

Ya se han cumplido ventiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Ventiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.

No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer un recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz.

Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

(...)

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momentos, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividían al país en dos zonas y estipulaban la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quienes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo Din Diem, cuyo trágico fin —el de la naranja exprimida por el imperialismo— es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podía ocurrir, aun utilizando todos los métodos de fraude conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.

Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1,700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartido por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, así, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha.

Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo —para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor a su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba. Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los "cuatro puntos" del norte y "los cinco" del sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible e inaceptable, dado por los norteamericanos. Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden seguir ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esa ruta. Ahí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a las de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.

El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya. Cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantenerlo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación de cualquier tipo que sean.

Bajo el slogan, "no permitiremos otra Cuba", se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo o, anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.

Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo —si alguna vez la tuvieron— y solo forman su furgón de cola.

No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.

Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones proimperialistas.

Dado el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.

Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situación: un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.

Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta dónde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

(...)

En Asia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo es Cambodia, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresión directa norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la última palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

(...)

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales —instrumentos de dominación—, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta. El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de la lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una revolución socialista.

Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario; el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente de motivación ideológica que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar sobre ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina inflingiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.

Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que debe exigirse desde hoy, a la luz del día, y que quizás sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrarán a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. No podemos predecir el futuro, pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en formas pacíficas. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes —donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares— en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.

Los comienzos no serán fáciles; serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos.

La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones más violentas.

El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo.

Será más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación, también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tarea inútil. Pero el enemigo está ahí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad; pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia irá borrando o dándoles su verdadera explicación.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno; liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con su permanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan más allá de sus reductos fortificados, la hostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aún dentro de su propio territorio.

¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para este de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca lanzar alguno de estos días el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército proletario, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: "qué importan los peligros o sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad".

Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.



guerra


PODER BURGUES Y PODER REVOLUCIONARIO

MARIO ROBERTO SANTUCHO


(fragmento que menciona el ejemplo vietnamita en la guerra revolucionaria argentina)


vietnam


En la construcción de las fuertes unidades guerrilleras del presente, esfuerzo que se nutrirá del generoso aporte de la clase obrera y el pueblo, tienen
responsabilidad fundamental las actuales organizaciones y grupos armados, principalmente nuestro ERP que cuenta con mayor experiencia de combate. Unificar los
esfuerzos de edificación guerrillera luchando contra la dispersión, el sectarismo y el individualismo es una tarea que tenemos por delante y que correctamente
solucionada facilitará la formación de las unidades necesarias, al centralizar todos los recursos disponibles. Porque construir una fuerza militar como la que
necesitamos, más aún en las condiciones de dominación capitalista y frente a un enemigo relativamente poderoso, es una tarea realizable pero difícil y compleja. Es
una tarea perfectamente realizable como nos ha demostrado la experiencia al llegar ya a la constitución de compañías que con su logística (servicios) incluyen más
de un centenar de combatientes y tienen mayor capacidad de combate que las unidades similares del ejército opresor, y como nos demuestra la gloriosa
experiencia vietnamita en que en un país de 15 millones de habitantes frente a un ejército de ocupación de más de un millón de hombres, lograron liberar más del
90 porciento del país, defender esas zonas liberadas con milicias de autodefensa y construir poderosas divisiones que aniquilaron -sin contar con aviación- a las
mejores tropas norteamericanas obligando a retirarse derrotado al ejército contrarrevolucionario más poderoso de la tierra. Pero si bien es posible, requiere
grandes sacrificios, enormes recursos y mucha destreza, requiere el aporte decidido de la clase obrera y el pueblo, la unificación de los esfuerzos revolucionarios,
una correcta política de masas y una sabia línea militar de masas. En una palabra requiere la activa participación de amplios sectores de la clase obrera y el
pueblo, el aporte de distintas corrientes populares y la firme dirección de un partido marxista-leninista de combate.

"Si la guerra de liberación del pueblo vietnamita ha sido coronada por una gran victoria, ha sido gracias a los factores que acabamos de enumerar, pero

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16 comentarios - la gloriosa victoria vietnamita y su ejemplo

@freakchi Hace más de 5 años
ejemplo
@macszy Hace más de 5 años +3
los yankis se hicieron los porongas con los vietnamitas y se la comieron doblada
@CAR_23 Hace más de 5 años
socialista
@Tururu Hace más de 5 años
Maldito todo gobierno que vaya contra los designios del pueblo.
Maldito todo poder que privilegie el lucro de algunos sobre el hambre de muchos.
Maldito todo opresor, de cualquier signo.
Y maldita su estirpe, por los siglos de los sigos.
@decajon Hace más de 5 años +2
macszy dijo:los yankis se hicieron los porongas con los vietnamitas y se la comieron doblada

si los yankies no ganaron la guerra, es porque no estaba en sus planes. solo querian que dure
@whitesnake17 Hace más de 1 año
deacuerdo con decajon,,separemos las cosas,,la causa vietnamita era justa(mas alla de la ideología),,,pero si los yanquis querían tiraban una bomba nuclear y listo la ganaban en un dia,,pero no les quedo otra que terminarla porque estaba la urss ayudando a vietman,,no te olvides que para usa la guerra es un negocio redondo y sirve para justificar otras cosas
@sebavid Hace más de 5 años
robysantucho dijo:
decajon dijo:
macszy dijo:los yankis se hicieron los porongas con los vietnamitas y se la comieron doblada

si los yankies no ganaron la guerra, es porque no estaba en sus planes. solo querian que dure


justo si....querian que mueran una pila de soldados propios para que dure la guerra...y se fueron con el culo roto porque querian,no?


la gloriosa victoria vietnamita y su ejemplo

el crecimiento del imperio economico esta por sobre la vida de miles de personas (soldados)... sabelo
que grande el vietcong v
@themetaldemon666 Hace más de 1 año
acaso crees que los yankis no serian capaces de mandar a morir pendejos a la guerra para sostener algo?
@Cesaruto Hace más de 5 años -2
carita
@XTEHODEMX Hace más de 5 años
\"Siempre marchas con nosotros, Tío Ho\"
@Vippers Hace más de 5 años +2
Bajas del US Army: 58.159 muertos, 303.635 heridos.
Bajas del VC y el NVA: 1.176.000 muertos, +600.000 heridos
Derrota militar? No. Derrota politica, tal vez.
Civiles SurVietnamitas muertos: 1,581,000 aprox.
Civiles Camboyanos muertos: 700,000 aprox.
Civiles Laosianos muertos: 50,000 aprox.
Civiles NorVietnamitas muertos: 2,000,000 aprox.

Gloria? DONDE?
@kawak2010 Hace más de 5 años +1
Gracias por la info, buen post!
@Bubbly Hace más de 5 años
Comunistas...
@el-sandia4 Hace más de 1 año
comunistas




encima el peor país del mundo junto con venezuela
@soboleta Hace más de 1 año
No fué una victoria gloriosa, lo pagaron carísimo, aunque fue justa y realmente revolucionaria, porque después se vuelven capitalistas hasta el día de hoy para que su gente viva mejor, no como el ultraconservador derechista Fidel Castro que se hizo rey de Cuba y abdicó en favor del hermano, cagándose siempre en el pueblo