Diccionario de palabras que no existen

El diccionario de definiciones insólitas


Jorge Mux escribía un cuento de ciencia ficción cuando se dio cuenta de que le faltaban palabras y debía inventarlas. Así nació este registro de términos de dudosa justificación y de nombres hilarantes, que muchas veces son imposibles de referenciar.

Diccionario de palabras que no existen

El término “Exonario” tampoco figura en el diccionario de la Real Academia, pero sí, claro, en el Exonario.


Todas las palabras que existen están en el diccionario, pero sólo las que “deberían existir” se encuentran en un sitio de internet: el “Exonario” (http://exonario.blogspot.com). “Definiciones insólitas, de dudosa justificación, de nombres hilarantes y muchas veces de imposible referencia”, así se anuncia esta curiosa usina de nuevas palabras.

Parece un diccionario, pero es un medio. Aquí los usuarios participan aportando sus definiciones: el Exonario muta al ritmo de nuevas palabras. “La esencia de la definición consiste en aclarar el uso de los nombres. La esencia de un nombre consiste en señalar su referencia. Ambas cosas aparecen confundidas y enrarecidas en este espacio”, se advierte al usuario que asoma sus narices al Exonario.

Jorge Mux escribía uno de sus cuentos de ciencia ficción cuando la necesidad de inventar nuevos términos lo desbordó: “Necesitaba referirme a ciertas circunstancias que transcurren en un futuro lejano o en otros mundos. Ahí me di cuenta de que había acuñado diez o quince palabras con sus respectivas definiciones”, y el primer paso hacia el Exonario estaba dado.

Todos los días Mux aporta una nueva palabra, y los usuarios también suman las suyas, siempre y cuando cumplan con los requisitos para su aceptación en el Exonario.

El primer filtro es que la nueva palabra no debe figurar en ningún diccionario del idioma castellano; el segundo, tiene que ver con la fundamentación etimológica y cierto plus autoral. Mux lo explica así: “A veces la etimología no es suficiente para establecer el significado de una palabra; es necesario agregar un poco de sal para crear una definición. Ese ingrediente hace que muchas definiciones sean hasta cierto punto discutibles. Por ejemplo, la palabra ‘argicronía’ se deriva de ‘argía’ –pereza– y ‘cronos’ –tiempo–. Si me remitiera literalmente a lo etimológico, la definición debería ser ‘tiempo perezoso’ o ‘pereza del tiempo’. Sin embargo, la interpreté como una ‘sensación de que algo ocurrió hace muy poco tiempo’. Alguien podría objetarme que, de acuerdo a la etimología, se puede dar otra definición mejor, y sin duda tendría razón, para ello debería crear su propio Exonario”.

O sea que la arbitrariedad de las palabras tiene aquí su componente emocional: “Existe una multitud de campos semánticos en los que todavía no hay precisión terminológica. Como si no nos atreviéramos a poner palabras a ciertos ámbitos de nuestra vida. A veces englobamos con la palabra ‘tristeza’ una enorme gama de sentimientos muy diferentes. Con los aromas ocurre algo parecido: casi no hay nombres para referirse a lo que percibimos por el sentido del olfato”, señala Mux.

A primera vista, el Exonario puede parecer hecho en joda, pero no. “Muchas veces las definiciones son graciosas porque se refieren a algo gracioso. El efecto hilarante no quita que la definición sea seria. El término ‘enchulenguizar(se)’ (-verbo intransitivo, de ‘chulengo’: parrilla tambor para hacer asados-: tener el trasero cada vez más grande) es hilarante, tanto por el sonido de la palabra como por su definición, pero lo etimológico está justificado”.

Las nuevas palabras del Exonario aparecen en la web más fundamentadas, inclusive con imágenes casi alegóricas (conseguir una imagen de un término que aún no existe es un desafío que también amerita una palabra nueva para nombrarlo). Por ejemplo, entre las definiciones preferidas del autor está ‘claudir’ (del latín ‘claudo’, que significa ‘cerrar bien una puerta sin necesidad de ponerle llave o candado’. Una puerta está claudida cuando se la cierra hasta que haga ‘clac’. Esta palabra sirve para evitar la ambigüedad del verbo ‘cerrar’. Si alguien nos dice ‘cerrá la puerta’, nos veremos tentados a preguntar: ‘¿con llave?’. En cambio, si nos ordenan: ‘claudí la puerta’, sabemos que no hay que ponerle llave y que debemos empujar con fuerza el picaporte hasta sentir ‘clac’”, dice Mux en perfecto castizo.

Al cierre de esta edición, el Exonario contaba con algo más de ochocientas nuevas palabras ignoradas por la Real Academia. En cuanto al término “Exonario” tampoco figura en el diccionario, pero sí en el Exonario.

FUENTE: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=30384

4 comentarios - Diccionario de palabras que no existen

@INQUISIDOR_91
Parágelo,a:

Dícese de quien sólo se ríe porque cree que los demás también se reirán.

Alicuabio:

Desconcierto que produce darse cuenta de que ha quedado encendido un artefacto en nuestra ausencia.


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@masemo
REPELOTUDASO:
DISECE DE AQUEL QUE NO TIENE OTRA COSA QUE HACER QUE NO SEAN PELOTUDECES
@pharmaton
UYYY YO SOY CLARAMENTE UN:

Legóptero,a


(Adjetivo. Del griego logos = discurso y -pteros = que observa)

Quien observa puntillosamente el lenguaje oral utilizado.

El legóptero no escucha lo que le dicen sus interlocutores; se detiene en la forma de las expresiones utilizadas y corrige. Su favorita es la concordancia verbal: \"No es habría dicho, sino hubiera dicho\", pero disfruta mucho cuando descubre un mal uso de la letra s final: \"No es entendistes, es entendiste\", \"Martes, martesssss, con ese final\". Se siente satisfecho cuando los demás le dicen que aprenden con él o cuando le piden disculpas por hablar mal y odia a muerte a quienes no aceptan una corrección o a quienes no se equivocan jamás.

Lo curioso es que las expresiones del legóptero no siempre se rigen por esa puntillosidad que sí exige a otros.