Ayuda social: Banco de alimentos de Bs. As.

Trabajar para combatir el hambre
Donaciones, la clave para crecer


El Banco de Alimentos de Buenos Aires asiste a 480 comedores; necesita más recursos para poder continuar


Ayuda social: Banco de alimentos de Bs. As.

Una imagen cotidiana en el comedor hogar materno infantil Tribilín, en Villa Dominico


Las bocas hambrientas se multiplican a un ritmo inversamente proporcional al de los recursos. Esta es la ecuación que por estos días desvela a los responsables de miles de comedores comunitarios en todo el país, que sienten el más crudo embate de la crisis económica.

"Hasta hace dos años, quienes asistían a los comedores eran principalmente niños. Las madres los acompañaban, pero no se sentaban a la mesa. Ahora, nos piden un plato de comida, lo mismo que los adolescentes, quienes, por vergüenza o para no verse estigmatizados, evitaban concurrir a los comedores.

Todo eso significó que la demanda de alimentos se multiplicara, mientras que las donaciones que abastecen a los comedores son las mismas o menores que antes de la crisis", relata con cierta impotencia Ambrosio Nougues, presidente del Banco de Alimentos de Buenos Aires, una ONG que abastece a unos 480 comedores en la Capital y en el Gran Buenos Aires.

En total, son más de 78.000 las personas que reciben alimento gracias a la actividad de este banco. "Sin embargo, es poco si se compara con la demanda. Hay otros 300 comedores en lista de espera, a los que concurren unas 75.000 personas, que no podemos incorporar al banco, porque si no aumentan nuestros recursos significa repartir el mismo pan en el doble de bocas", explica Alan Manoukian, director ejecutivo del banco.

Por estos días, la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, junto con la Red Argentina de Bancos de Alimentos, impulsa una campaña de toma de conciencia para que la sociedad conozca cuál es la situación real del hambre en el país y también que comprenda que el aporte individual puede ser fundamental a la hora de definir el futuro de un chico.

El Banco de Alimentos es intermediario entre quienes necesitan alimentos y quienes pueden aportarlos, ya sean empresas que aportan productos alimenticios o recursos económicos, así como ciudadanos solidarios que les hacen llegar sus donaciones monetarias para contribuir con la labor de los comedores.

También canalizan la ayuda de personas que se ofrecen como voluntarios para clasificar y organizar la mercadería que será remitida a los comedores en tiempo y forma.


Cabe destacar que el Banco de Alimento de Buenos Aires cuenta con la certificación ISO 9001, que garantiza que las donaciones lleguen efectivamente a sus destinatarios.

Los números que apunta la Red de Bancos de Alimentos resultan desgarradores, cuando se toma conciencia de la cruel realidad que tales cifras representan: hay más de 2,1 millones de personas en la Argentina que no tienen ingresos suficientes como para cubrir sus necesidades alimentarias. En dos de cada tres hogares pobres, algún familiar experimenta hambre. Y hay más: en el país, más de 260.000 niños menores de cinco años tienen algún grado de desnutrición.

Durante el año pasado, la Red distribuyó 4500 toneladas de alimentos entre 1000 organizaciones de base que contribuyen con la alimentación y el desarrollo de 150.000 personas, en su mayoría niños (estas cifras incluyen los bancos de alimentos de Buenos Aires, Jujuy, Mar del Plata, Córdoba, Goya, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Tandil, Tucumán, Valle de Uco y Virasoro, entre otras).

Con el objetivo de conocer cómo había impactado la crisis en los comedores, la Red realizó una encuesta tomando una muestra aleatoria de 210 organizaciones, entre las 1000 que reciben donaciones.

Mayor demanda

"En los últimos seis meses, el 81 por ciento de las organizaciones ha observado un incremento en la demanda de alimentos, aunque sólo el 56% señala haber podido ofrecer una respuesta", dice el informe. Por otra parte, el 98% de los comedores dijo haber percibido un incremento en el precio de los alimentos durante los últimos seis meses y el 63%, haber sufrido una disminución de sus recursos en ese período.

¿Qué ocurre entonces? El 23% de las organizaciones ha disminuido la compra de ciertos alimentos y el 14% redujo el valor nutricional de la comida proporcionada.

"El 88% aseguró que haber retirado alimentos de los bancos le permitió mejorar sus servicios alimentarios", detalló Alfredo Kasdorf, presidente de la Red. A modo de ejemplo, se citan datos de la consultora SEL, que señalan que hay 452.000 chicos menores de 14 años que están por debajo de la línea de indigencia en el Gran Buenos Aires.

"El Banco de Alimentos de Buenos Aires atiende al 10,8% de esa población. Desde su creación, en 2001, siempre la necesidad ha sido superior a la donación de alimentos", señala el informe, que arriba a una conclusión incontrastable: "Los Bancos de Alimentos tienen que crecer mucho para poder ayudar a cubrir el déficit alimentario de la población".

Quienes quieran contribuir con esa tarea pueden hacerlo comunicándose con la Fundación Banco de Alimentos de Buenos Aires, al 4724-0203 o www.bancodealimentos.org.ar .


Video: los bancos de alimentos



La Argentina, en un foro de alimentación

La Agencia para la Agricultura y la Alimentación (FAO) invitó especialmente al Centro de Lucha contra el Hambre, de la Universidad de Buenos Aires, para participar de un foro de especialistas en alimentación, que reúne a treinta expertos académicos. Este centro universitario desarrolla programas de nutrición y de producción de alimentos para los sectores más postergados. El objetivo del foro es crear un ámbito abierto para debatir los desafíos más importantes en relación con la agricultura mundial durante los próximos años, en particular, duplicar la producción de alimentos y proveer a la demanda de recursos agrícolas.

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El esfuerzo silencioso de los comedores comunitarios
Niños, adolescentes y familias enteras reciben diariamente su comida


LA PLATA.- Delia duerme feliz todas las noches porque, cada día, 230 chicos de la localidad bonaerense de Berisso se van a dormir con "la panza llena", gracias a la labor caritativa que lleva adelante en el comedor.

La historia comenzó en 2000, con la crisis económica. Delia hacía 20 años que servía las famosas copas de leche para la merienda de los jóvenes del barrio Villalba. Pero los problemas laborales de los padres de familia se acrecentaron y la realidad pedía a gritos más ayuda.

Desde entonces, de lunes a viernes, se acercan a cenar al Comedor 30 de Octubre de esa localidad chicos de entre 1 y 16 años. Al principio, eran 43; nueve años después, son más de 200, y la cantidad aumenta de manera preocupante.

Gracias a un acuerdo con el colegio local, que da de almorzar a la mayoría de los niños, y a la ayuda del Banco de Alimentos de Buenos Aires, estos jóvenes tienen la posibilidad de alimentarse por la noche y de complementar dos de las raciones diarias principales para su desarrollo.

En Avellaneda, al sur del conurbano, funciona el Hogar Materno-Infantil Tribilín, que alimenta a 122 chicos hace más de 25 años. Aunque los menores tienen entre 45 días y 15 años, muchos ya acarrean una difícil historia de violencia, disputas familiares y carencias socio-económicas.

"Nosotros trabajamos para evitar que el chico se transforme en una crónica policial", contó Liliana García Mojardín, fundadora de la institución.

Resulta imposible pensar en un día en el que nadie se acerque al hogar comedor para pedir asistencia alimentaria. Aunque no es época para el ingreso escolar, Liliana no puede negarse ante el pedido de súplica de una madre que quiere que les den de almorzar a sus dos pequeños hijos.

Caritas alegres
Las autoridades de la institución destacaron que, gracias a la ayuda del Banco de Alimentos, la calidad de la comida ha mejorado. "No sólo ofrecemos un mejor servicio, sino que ahora los chicos pueden disfrutar de una golosina o una galletita que sus padres no podrían comprarles", enfatizó la directora.

Es la hora del almuerzo. De a poco, las alegres caritas se van acercando a la mesa para recibir el plato de sopa. Para algunos será la única comida principal.

Estos niños no conocen de caprichos. Toda la comida que reciben es aceptada con muchas ganas.

Al lado del hogar funciona el comedor Miguitas de Pan. Allí es donde se cocina, literalmente, la asistencia solidaria para los niños.

Además, en este galpón alquilado se les da una vianda a 223 personas de la comunidad, que carecen de recursos económicos.

A algunas cuadras de allí, en el barrio San Emilio, la sociedad de fomento del lugar se ocupa de proveer de la merienda a los chicos que realizan actividades en el predio.

Pedro, uno de los fundadores, acostumbra atender a los equipos visitantes que disputan los partidos de fútbol infantil.

Cuando termina el juego los chicos se acercan al bufete y recuperan energías gracias a la merienda especial que los recibe: alfajores, galletitas, mate cocido y leche chocolatada forman parte de las provisiones que, desde el Banco de Alimentos, acercan al club para colaborar con la iniciativa.

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