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Relatos de Terror 1ra Parte

Bueno Hoy les traigoo unos relatos para que se les manchen los calsones.

El Muñeco Satanico
Les juro que esto realmente me sucedió. Con toda seguridad alguno de ustedes habrá experimentado algo similar. Les ruego no se burlen, aunque si lo hacen los comprenderé por que yo era un escéptico y ahora no sé qué pensar.
Alguna vez publiqué mi historia en la red para buscar ayuda y sólo conseguí ser insultado y ridiculizado. Otros (muy pocos) me han hecho recomendaciones que no han funcionado, aunque se los he agradecido de todo corazón.
Te suplico te compadezcas de alguien que ya no quiere vivir con miedo, de alguien que recurre a ti por este medio para superar esta terrible pesadilla. Gracias por tu tiempo, al leer mi experiencia.
Esta es mi historia (esto es lo que escribí aquella ocasión en la red, la primera vez que me atreví a contarlo):
HACE UN MES rompí con mi novia (llevaba cerca de 8 meses) Me regaló un muñeco de peluche una semana antes de que termináramos.
El caso es que yo estaba muy molesto cuando tronamos que llegué a mi casa, agarré el muñeco y lo aventé a la azotea.
Poco después comencé a escuchar ruidos en el techo y pensé que era algún gato, no le tomé importancia.
Mi papá subió a la azotea, a revisar los cables del teléfono, encontró el muñeco y me lo dio.
Total que lo agarré y lo puse sobre mi ropero. Después de eso, empecé a escuchar ruidos como de roedor, pensé que eran ratones así que puse algunas trampas. Seguía escuchando ruidos hasta que hace cuatro días (como a las 3 de la madrugada) se oía que arrastraban como una bolsa o un cartón debajo de mi cama, prendí la luz y ahí estaba tirado el "regalito".
Me dio mucho miedo porque no sé cómo llegó ahí. Nadie entra a mi cuarto, tengo la única llave y siempre la tengo conmigo. Lo saqué inmediatamente de mi cuarto, lo aventé junto a mi puerta y al otro día lo eché en el camión de la basura.
Lo peor sucedió hace unos días, estaba durmiendo y de pronto desperté pero no podía moverme entonces escuché una voz susurrándome: "Ponme un altar"..."Ponme un altar"...
Aunque no soy una persona religiosa, me dio tanto miedo que empecé a rezar. De pronto aquel ser comenzó a reírse de mí, como si supiera que no era una persona allegada a la religión, una persona de poca fe.
Con gran esfuerzo hice que me dejara y finalmente me pude mover.
Le conté eso a una amiga a la que le había pasado algo similar (por cierto, cuando ella me contó lo que le pasó, mi reacción inmediata fue mofarme. No podía creer que alguien dijera tantas “tonterías”, porque eso es lo que yo creía que eran, un montón de estupideces.)
Me dijo que algunas personas hacen misas negras para que se vendan sus productos, en este caso, muñecos de peluche.
Me dijo que lo peor que pude haber hecho fue tirar el objeto a la basura pues la energía negativa se había impregnado con mayor fuerza en mi casa.
Desde ese día he intentado de todo para tratar de vivir tranquilo, para que me deje en paz.
Agua bendita junto a mi cama, amuletos, visitas y consejos de diversos líderes religiosos e incluso (en mi desesperación) recurrí a las famosas limpias practicadas por viejos curanderos. Nada ha funcionado. Actualmente trato de no pensar en ello, aunque a veces me sorprendo con los ojos abiertos y sin poder moverme en las madrugadas, sintiendo como alguien me observa, me sofoca, me aplasta mientras rezo con todas mis fuerzas para que se aleje.
Si alguien sabe qué puedo hacer para librarme de ese ser o esa energía negativa, por favor díganmelo. Esta ha sido una de las experiencias más escalofriantes de mi vida.
Elegí este medio para comunicarme contigo, para pedirte ayuda, para recibir un consejo sincero.
Si alguien esta pasando por lo que yo, le pido que sea fuerte pues es único que podemos hacer. Ser fuertes y esperar que algún día, algún glorioso día, termine esta terrible pesadilla...



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El Gatito Stinky
Esta es una historia que me contó un amigo de “La Merced”, una bella ciudad situada en la ceja de selva del Perú, atractiva tanto por sus paisajes y zonas de aventura y excursión como por la rica cultura nativa y regional que tiene, entre ellas mitos y leyendas.

Cuenta mi amigo (al cual a pesar de haberlo conocido no hace mucho, no por ello quiere decir que no me pueda fiar de él; en sí es tranquilo y si lo conocí fue por una amiga de allá) que una experiencia tan llamativa como inquietante habíase acontecido una vez en su casa. Y no se trataba de algo con relación a fantasmas, aparecidos, presencias u otros seres que no pertenecen al mundo de los vivos, sino por lo contrario trataba de algo más bien con seres en concreto y vivos, en el caso de su anécdota, animales.

Dijo que una vez en su casa, que estaba a los pies de un monte, de los tantos montes que hay allá y cercanos a la ciudad, tuvo dos gatas, unas criaturas majestuosas y vivaces tanto por sus pelajes y cuerpos bien formados como por su astucia, inteligencia y cariño que inspiraban y daban. Una era blanca y la otra era de color pardo. Las cuales al llegar a su madurez habían sido preñadas por primera vez. Su familia y él más que todos, Miguel se llama mi amigo, se habían alegrado de esa noticia e incluso esperaban con ansias a que llegue el día en que nacieran las crías, momento que se hizo esperar por mucho. No se supo quién sería el futuro padre de esas crías, pero más o menos se hacían la idea de que las dos gatas fueron fecundadas por dos gatos distintos, debido a que cuando una de ellas dio a luz a sus crías la otra no lo hizo sino hasta pasada dos semanas más tarde.

La primera que había dado crías fue la gata de color pardo, quién en comparación con la gata blanca no era tan hermosa ni por ello tan vanidosa, sin embargo sus crías a pesar de que en un principio parecían feas, pasado un tiempo se hicieron más encantadoras, debido a que adquirieron más forma y color.

Pasado el tiempo estimado la gata blanca dio a luz. Todos o casi todos de la familia habían ido a ver ese acontecimiento, a pesar de que la gata quería hacerlo en secreto. Miguel estuvo presente ahí, y auxilió a la gata en cuanto pudo, no obstante él y su familia se ganaron una sorpresa y cierto desasosiego al darse cuenta que esa gata sólo dio a luz a una sola cría viva y que los otros gatitos habían nacido muertos y apachurrados. Y eso no es todo, porque no podían considerar que la supervivencia de ese gatito haya sido un milagro, debido a que no nació sanito sino más bien muy defectuoso y hasta cierto punto deforme. El gatito nació ciego, con una pata atrofiada y volteada hacia atrás (no se movía para nada de su sitio atrás en la espalda), tenía también una oreja atrofiada, que ni mención de oreja debía tener, tenía un pelaje oscuro y feo, era escuálido y desde que nació en adelante casi siempre conservaría la misma fisionomía; al parecer había nacido mal de unos órganos porque desde que nació presentó problemas respiratorios, además en cuanto a su sexo no se sabía muy bien qué es lo que era, debido a que había nacido con genitales ambiguos, y sobretodo parecía también tener problemas intestinales o estomacales porque casi siempre hacía diarreas y parecía no asimilar bien los alimentos que se le daban.

Ese gatito desde un primer momento asustó a la familia, mas a Miguel no, él por otra parte se compadeció de esa criatura y desde entonces se encargó de cuidarla y alimentarla. La gata por su lado, al darse cuenta de la cosa fétida que había parido, poco tiempo después del nacimiento dejó a su cría sin cuidados y a su suerte, como si no le importara la vida de su propia prole, menos mal en esa casa estaba presente Miguel, quien no descuidó para nada al gatito. Él mismo solía darle un tazoncito con leche y algo de pedacitos de pan remojados en esa leche, para que así el gatito se alimentara y no se muriera de hambre, razón con la que la familia suponía se iba a morir, incluso él mismo guiaba con sus manos la cabecita del gatito desafortunado a donde debía consumir sus alimentos. Estuvo en ese plan cuidando y alimentando al gatito hasta que poco a poco lo vio crecer y en cierta forma tomar algo de cuerpo. No obstante, cuando él se sentaba en la sala con la criatura cerca suyo, veía cómo ese gatito cada vez que quería ir de un lugar a otro, con sus tres patas, se chocaba con lo que tenía delante suyo y con otras cosas que estaban por ahí. Esos ojos defectuosos del gatito y sus diminutos bigotes no le permitían situarse bien en el espacio ni saber de las cosas que estaban en su entorno, y varias veces por eso ese animalito se paraba chocando y golpeando con todo lo que se le cruzaba, algunas veces dañándose seriamente. Y eso no es todo porque si no se golpeaba él mismo su mamá solía hacerlo. Desde poco de haber nacido, esa criatura, su mamá además de no cuidarla la maltrataba y si no hubiera sido por Miguel, quien al darse cuenta de lo que hacía le daba una reprimenda y castigo a la gata desnaturalizada, seguro hasta lo hubiese matado. Sin embargo la gata con el tiempo parecía ir entendiendo y poco a poco dejó al gatito en paz, no obstante al ver que su amo prestaba más atención al gatito deforme que a ella, fue cultivando un espíritu de recelo, odio y revancha.

Una vez en la que Miguel estaba durmiendo, solo en su cuarto como era de costumbre, a media noche siente que algo peludo se desliza junto a él, en su cama, él tenía la costumbre algunas veces de dormir con sus gatos y en particular con la gata blanca, quien pese a haberse comportado mal, al despreocuparse de su cría y dejarla a su suerte, solía ir algunas veces a echarse junto a su amo, como tenía por hábito, como si nada de lo suscitado hace poco hubiera tenido relevancia para ella, porque de haber sido una madre amorosa y ejemplar hubiese estado cuidando de su cría y pasando las noches con ella, Miguel al darse cuenta semiinconscientemente de ello decidió seguir durmiendo. Incluso algunas veces la gata se amanecía ahí al lado de su dueño, tras haber dormido profunda y despreocupadamente. Sin embargo esa noche sería muy diferente.

Al día siguiente cuando amaneció, Miguel se levantó y sintió haber tenido un buen descanso, se sentía con ganas de comenzar su día vigorosamente, de realizar sus labores a conciencia y responsablemente, de ir ayudar a su mamá en lo que podía y a esas horas preparar el desayuno, tenía ganas de ir a ver a su enamorada y pasar un par de horas con ella, y tenía ganas de hacer un sinnúmero de cosas porque se encontraba en un día en el cual no tenía responsabilidades académicas ni de otra índole rigurosa, era un día domingo, muy soleado, prometedor y alegre, y en el cual a simple vista no parecía haber espacio ni tiempo para un acontecimiento triste y desafortunado. Lo primero que hizo fue ir a dar un vistazo a la criatura del cual él guardaba y protegía, fue a verlo a la pequeña cajita con techo abierto y alfombrado con un pedazo de toalla que él mismo había facturado y lo había dejado por una esquina de su sala, pero no lo encontró. “¿A dónde habrá ido?”, se preguntó, y fue a buscarlo por las inmediaciones de la sala. Revisó por todas partes de la casa y nada, había ido a revisar en la cocina, la sala, el comedor, el patio, los pasadizos, el cuarto de sus padres, el depósito, incluso en el baño, y nada. “¿Qué raro? ¿Dónde podrá estar?”, se interrogó, y luego se acordó que el único lugar a dónde no había ido a buscar o revisado bien si quiera había sido su cuarto, y él dijo: “De repente está ahí”, y fue para allá. Cuando estaba yendo a su cuarto también se preguntó, luego de haber revisado casi bien la casa: “¿Y la gata blanca? También desapareció, ¿qué extraño?”. Y pensando en ello llegó a su cuarto.

Él curiosamente ni bien se despertó no prestó suficiente atención a su cuarto y se fue dejándolo todo en desorden, por la simple razón de primero ir a darle un vistazo al gatito en cuestión. Para cuando entró y se puso a revisar su cuarto, justo al momento en que se puso a revisar su cama y levantó la frazada en el aire se ganó una sorpresa tan inesperada como buscada, tan inquietante como pasmosa, tan real como inimaginable, y sobretodo tan chocante como curiosa, la sorpresa de encontrar una masa deforme, negra y parda, aplastada y con pelos, la criatura que tanto buscaba. Luego, cuando salió de su sorpresa y estupefacción, se había dado cuenta que lo que había sentido en la noche anterior no había sido más que al pobre gatito, quien llevado por su malvada madre había ido a parar a la asfixiante, desoladora, oscura y aplastadora muerte.



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La Muñeca Rusa
Temblando, a gatas en la oscuridad, lograron llegar a la puerta, abrieron y con horror comprobó que el cuarto contiguo era la misma habitación donde sólo entraba su cabeza.

Llovía, había un tráfico infernal, bajo su paraguas negro Joel observaba a la gente correr de un lado a otro de la ciudad, algunos parecían perdidos, otros muy seguros de a donde se dirigían. Eran fascinantes. Entre esa multitud surgió la estilizada figura de Julia. Su pelo rizado ondeando al viento, sus botas haciendo mella en los charcos a su paso. Llegó y le besó.

- Perdona, se alargó la reunión. – dijo Julia muy preocupada.

- Ya veo. No importa, sólo estoy al borde de la congelación, pero por lo demás bien.

- Bueno, ya veo que estás de buen humor.

- ¡Oh, si!¿Cómo no estarlo ante esta velada tan maravillosa en perspectiva?

- Si vas a empezar con el sarcasmo antes de llegar creo que dormiré durante el trayecto.

- Odio a Arthur. Es muy pesado y vanidoso.

- No le soportas porque me conoció antes que tu.

Joel rió y le echó la lengua burlón a su novia mientras se metían en el coche. Siempre discutían por ello. Arthur Clamcy era un inglés afincado en Madrid desde hacía años, se dedicaba a la restauración y la compra-venta de antigüedades. Tenía una colección absolutamente fascinante de piezas únicas y siempre que alguna visita estaba en casa les contaba las anécdotas correspondientes a cada pieza: de donde era, que leyenda tenía, cómo la consiguió, etc. Esto aburría sobremanera a Joel, quien intentaba mediante su agudo sentido del humor minar la moral de Julia para ir a esa casa.

Julia conocía a Arthur desde la facultad. La curiosidad la había llevado hasta el local regentado por el inglés cuando quiso comprobar lo que había tras un raro medallón que le habían regalado en su familia. Fascinado por la pieza, Arthut investigó durante meses lo que hizo descubrir a Julia lo fascinante del coleccionismo de las antigüedades, desde eso, se hicieron inseparables.

Arthur vivía en una casa a las afueras de Madrid. Como todo lo que tenía, se trataba de una antigüedad. Datada del siglo catorce y era una especie de casa señorial que había sufrido ampliaciones y mejoras a lo largo del tiempo. Ahora vivía allí Arthur, formando parte de su propia antigüedad.

El inglés les esperaba en la puerta en el momento de llegar. Les saludó cordialmente y los hizo pasar al comedor, donde les explicó que la mesa, las sillas y la cubertería eran de Catalina La Grande. También les contó algo sobre el vino, sobre sus ultimas adquisiciones y luego hablaron del trabajo de Julia y de que como les iba a ella y a Joel en el trabajo.

Cuando Joel pensaba que la cena no podía llegar a ser más soporífera, Arthur trajo una cajita envuelta con papel de regalo y un lazo para a Julia. Le dijo que tras mucho buscar por fin la había encontrado.

- ¿Qué es?

- Ábrelo, mujer.

Julia desató el lazo y rompió el papel, se trataba de una caja y en el interior una preciosa muñeca rusa tallada a mano. Julia aplaudió y dio un achuchón a Arthur sin poder reprimirse.

- ¿Dónde la has encontrado?

- En un viaje que hice a San Petersburgo. Lo compré en un mercadillo tras mucha insistencia por mi parte porque la cíngara que lo vendía se negaba diciendo que tenía una maldición.

- ¡¿Ah, si?!

- Sí, dice que tiene una maldición terrible, que todos los que la han poseído han desaparecido…¿te lo puedes creer? No saben lo que hacer para vender estas cosas.

- Bueno, y ¿Cuánto de cierto tendrá eso?

- ¿Cómo va a tener algo de cierto si lo vendía en el mercado local? Tal como es esta gente con las maldiciones no te vendería ese objeto.

- Esta bien, esta bien. Ya sabes que a mi esas cosas me dan respeto.

- A mi lo que me da respeto es la muñeca – dijo Joel – es más fea que Picio, siempre me han horrorizado esas muñequitas tan sonrientes con sus hijas miniatura que les salen partiéndose a la mitad. ¡Que yuyu!

Al final de la velada ambos muchachos se fueron a casa mientras Julia iba todo el camino haciendo bromas con Joel y la muñeca, haciendo hincapié en la “terrible maldición” de las desapariciones.

Pasaron los días con normalidad, como siempre. Joel y Julia iban de casa al trabajo, tratando de hacer su vida en el tiempo libre restantes. Con visitas mensuales a casa de Arthur como siempre. Sin embargo, sólo Joel veía algunas cosas que ocurrían en la casa, que achacaba a bromas por parte de Julia. Un día, por ejemplo, aparecía la muñeca en la repisa de la cocina. Al día siguiente en la bandeja para peines del baño la muñeca grande y la más pequeña. Otro día aparecían todas las muñecas en línea sobre el cabecero de la cama. Joel reía pero no decía nada, sabiendo que Julia lo hacía para tomarle el pelo.

Una mañana, estando Joel leyendo el periódico en casa, Julia bajó con la muñeca en la mano. Bastante enfadada.

- ¿Te crees muy gracioso? Ya me tienes hasta las narices.

- ¿Qué he hecho ahora?

- He intentado no decirte nada, pero me tienes harta ya. Estoy cansada de que pongas la muñeca por ahí.

- Muy graciosa. La pones tu. Aunque reconozco que casi me asustes.

- ¿Yo?

- ¿No la estás poniendo tú?

- No. Yo pensaba …

Ambos se quedaron en silencio mirando para la extraña y sonriente muñeca rusa. Julia empezó a temblar y Joel a sudar de la tensión. Los dos pensaban que era parte de la broma del otro. De pronto, ante los ojos de ambos la muñeca cayó sobre la mesa. Se partió por la mitad y las figuritas fueron desmembrándose una a una. Así hasta formar una hilera continua. Julia se agarró gritando a Joel y este no sabía qué hacer o qué decir. Las persianas de la sala se cerraron. La puerta se batió, las paredes empezaron a temblar.

- ¡Salgamos de aquí! – dijo Joel, asustado

Agarrando a Julia de la mano abrió la puerta del salón. A continuación, en lugar del pasillo apareció otro salón un poco más pequeño. Ambos corrieron tratando de alcanzar la puerta del fondo. Pero otra vez ocurrió lo mismo, la siguiente habitación daba a un pequeño cuartito exactamente igual al anterior. Así sucesivamente. Las paredes parecían estrecharse por momentos. Se volvían locos, Julia lloraba y maldecía su suerte. Joel luchaba por despertar de la pesadilla pero insistía en avanzar, como si sólo frente a él pudieran salir.

Ya caminaban a gatas por el salón de casa, abriendo cada vez puertas más pequeñas. Siguieron caminando sin desistir. Las luces cada vez eran más tenues y las habitaciones más pequeñas. Casi estaban en penumbra. Temblando, a gatas en la oscuridad, lograron llegar a la puerta, abrieron y con horror comprobaron que el cuarto contiguo era la misma habitación donde sólo entraba su cabeza.

Ambos se abrazaron en la oscuridad mientras sentían la presión de las paredes y de sentirse engullidos. Frente a ellos, la muñeca rusa les contemplaba riéndose burlona.

Se hizo la total oscuridad.


FIN

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Frio
Aquella noche Verónica se sintió francamente bien. Era su quinta cita con Alan y todo iba viento en popa. Hacía mucho tiempo que ningún hombre la hacía sentirse así; aquella relación prometía.

-¿Te apetece tomar una última copa en mi casa? Preguntó Alan mientras jugueteaba con los largos cabellos rubios de Verónica.
-Mmmm...creo que sí. Contestó Verónica sin demasiadas dudas y sabiendo perfectamente lo que la noche le deparaba.

A la mañana siguiente, con ojeras y el cabello completamente alborotado tras una noche de poco sueño, Verónica dejó la cama y fue al baño a arreglarse. Se duchó, cepilló durante algo más de diez minutos su hermosa melena y, cuando se disponía a maquillarse, un extraña y súbita sensación de frío la hizo temblar de pies a cabeza. Miró tras si pensando encontrar un ventana abierta, pero estaba cerrada. Extrañada, siguió maquillándose apresuradamente, ya que llegaba tarde a la oficina.

Pasaron unos meses y la relación con Alan iba cada día mejor. No tenía duda alguna de que por fin había encontrado al hombre adecuado. No entendía como un hombre así andaba todavía suelto con casi cuarenta años. De hecho, la relación se estaba consolidando de tal forma que Alan pensó en plantearle a Verónica la posibilidad de casarse o de vivir juntos. Además, en breve podían trasladarle por trabajo a California y pensar en irse solo, no era plato de su devoción. A tal efecto, aquella noche preparó un cena romántica en su apartamento. Las flores, las velas, un luz tenue y una música melódica de fondo harían el resto. La noche prometía ser inolvidable.

Tras un deliciosa cena Alan tomó las manos de Verónica entre las suyas y mirándola fijamente a los ojos le dijo lo que toda mujer espera oír del hombre al que ama.

-Verás, llevo un tiempo dándole vueltas a esto y creo que ha llegado el momento.
-¿El momento?
-Sí, sé que por mucho que busque no hallaré ninguna mujer como tú. Sé que si te pierdo, o si te dejo escapar me voy a arrepentir para siempre. Desde el momento en que te vi supe que te iba a amar toda mi vida. Verónica, ¿Quieres casarte conmigo?
-¡Sí, claro que sí¡ Contestó Verónica claramente emocionada.

En ese preciso instante todas las puertas de las casa se cerraron de golpe con un gran estruendo y una repentina sensación de frío inundó la casa.

-¡Dios! Exclamó Verónica sobresaltada.
-¿Qué demonios...?
-Debes tener algo abierto y con la corriente...
-No recuerdo haber dejado nada abierto pero...bueno. Contestó Alan desconcertado.
-Mientras averiguas lo qué ha pasado, voy un segundo al baño.

Verónica cerró la puerta del baño y, como si de un niña pequeña se tratase empezó a dar saltitos de alegría. Luego, mirándose en el espejo empezó a decir:

-Señora de Alan Jones, Verónica Jones...mmm...señora Jones...no suena mal...jajajja.


De pronto, Verónica volvió a sentir un frío enorme y una voz débil le susurró al oído:

-¿Qué tal suena viudo de Verónica Miles?

Asustada Verónica se abalanzó sobre la puerta tratando de salir del baño, pero el pomo ni tan siquiera se movía.

-¡Alan por Dios, sácame de aquí!

Alterado por los chillidos, Alan corrió hacia el baño y, sin ningún problema abrió la puerta.

-¿Qué ocurre?
-Yo...he oído...
-¿Qué?

Verónica miró tras de si. El baño estaba tranquilo, no se oía nada y el frío había cesado por completo.

-No sé, creí oír algo raro.
-Ya pasó, tranquila.

Pero nada más lejos de la realidad, nada había cesado; todo acababa de empezar.

Pasaron un par de semanas hasta que Verónica tuvo que volver a casa de Alan. Alan iba a estar quince días de viaje por trabajo y le pidió a su prometida que se acercara a su casa a regar las plantas. Verónica accedió encantada. Había prácticamente terminado cuando fue al baño a lavarse las manos antes de irse. Nuevamente un frío desmesurado invadió el baño y la puerta se cerró violentamente. Verónica atemorizada se echó atrás y apoyó su espada contra la pared mientras un manto de escarcha cubria lentamente la luna del espejo del baño. Entonces, como si de un dedo se tratase, algo escribió sobre el espejo.

“Alan Asesino”

Verónica no daba crédito a sus ojos. Aterrada trató de abrir la puerta del baño que, a diferencia de la última vez, cedió. Sin pensarlo dos veces, corrió hasta la puerta de la casa y se fue de allí. Aquello que acaba de ocurrir tenía que tener una explicación. ¿Quién o qué provocaba aquello? ¿Por qué habían escrito Alan asesino? ¿Por qué alguien le había susurrado al oído viudo de Verónica Miles? Definitivamente, Verónica estaba decidida a saber más sobre el hombre con el que se iba a casar. Nerviosa y afectada, tan pronto como llegó a casa empezó su búsqueda en internet. Fue allí de donde tomó el teléfono de una céntrica agencia de detectives, a quien encomendó la búsqueda de información.

A la semana siguiente, Alan volvió de Asia y Verónica trató de mostrarse normal. No quería contarle lo ocurrido a Alan, hasta tener la certeza de que no tenía que temer nada de él. Pasados diez largos días las noticias de la agencia empezaron a llegar.

-Su nombre real no es Alan Jones, sino Sulivan Brown. Nos ha sido bastante complicado seguirle la pista ya que, durante los últimos quince años ha cambiado al menos ocho veces de residencia y de nombre.
-¡Dios!
-Pero eso no es lo peor, señora Miles. Teóricamente, el señor Brown se ha casado y ha enviudado ocho veces, tantas como veces que ha cambiado de estado. La última hace algo más de un año en este mismo estado.
-¡¿Qué?!
-Lo que nos tememos, visto lo visto, es que sus ocho esposas no fallecieran realmente de muerte natural. Habrá que avisar a la policía.

Verónica se llevó la manos a la boca y fue incapaz de soltar ni una palabra.

Tras realizar ocho nuevas autopsias, Sulivan Brown fue detenido, encarcelado y condenado a muerte por asesinato. Verónica estaba destrozada pero, tras algunos meses, decidió volver a la casa de “Allan”; tenía algo pendiente. No sin un cierto miedo entró en el baño y mirándose en el espejo dijo en voz alta:

-Me has salvado la vida, gracias.

Entonces, como en las otras ocasiones, un frío descomunal invadió la estancia y una sutil pero clara voz de mujer susurró en su oído:

-Gracias a ti, Verónica.
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La Sombra
Todavía lo recuerdo, después de tantos años no puedo alejar de mi mente ese recuerdo... todo empezó hace un par de años... después de mucho, decido escribirlo

Durante todo un año acechó mis sueños diariamente... es difícil describirlo, no porque me sea imposible recordarlo (su maldita mirada quedó grabada a fuego en mí y su presencia hace que me estremezca del miedo), me es difícil porque no poseía una forma estable, pero nunca dejé de reconocerlo, por sus ojos, sus malditos ojos... blancos, brillantes, contrastando de forma desagradable con el azabache de su piel... tan llenos de odio y rencor, profundos e insondables como los más profundos y tenebrosos abismos del infierno.

Se repetía siempre la misma rutina, noche tras noche, sucedía cuando caminaba por las calles, se aparecía de la nada, como una sombra, se quedaba inmóvil como una estatua mientras se recobraba, con sólo mirarme me paralizaba mientras avanzaba apareciendo y desapareciendo, como si estuviera atrapado en un limbo entre esta dimensión y la suya.

Cuando logro moverme salgo corriendo, tratando de avisar a alguien, pero estoy solo, no importa cuanto grite, no hay nadie que me escuche.

Corro hasta que mis piernas ya no pueden sostenerme, pero "eso" es más rápido, me agarra y siento su maldito contacto... tan helado que me quema... su pútrido aliento me golpeó la cara y su mirada casi me lleva al borde de la locura.

Siempre en ese momento despierto, transpirado y mareado, en la oscuridad de mi cuarto siento como si todavía me observara.

Después de un año por fin alcanzó a tocarme, se que será la última vez que lo sueñe... o que sueñe algo, por eso escribo esto por si alguien alguna vez lo llega a leer.

Decido salir a enfrentar mi destino, es casi seguro que todo va a terminar, siento que cobra fuerzas y mientras pienso en esto me encuentro en el escenario de mis pesadillas, pero todo es mucho más real... el día esta nublado casi en penumbras, una fina capa de niebla rodea mis pies, escucho un ruido y lo veo apareciendo, pero es diferente, completamente corpóreo, un par de majestuosas alas negras, el único rasgo visible en su cuerpo son sus ojos, salgo corriendo sin esperanza por última vez, adelante mio veo un grupo de personas, les empiezo a gritar hasta que me ven... y me quedo mudo... me devuelven la mirada cientos de ojos tan malignos y brillantes como los de mi captor... siento que me agarran y me tiran contra el piso, y siento el dolor más fuerte que sentí en mi vida... cierro los ojos esperando que pase, cuando los abro me veo a mi mismo parado delante mio, pero con los ojos de mi maldito captor, a mi alrededor veo un grupo de personas que no había visto nunca y decido irme con ellos... desde ese momento pase a formar parte del pueblo de los usurpados.


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Pequeña Tortura
"Lo tenía en mi manos. Era mi oportunidad de saciar mi ansiosa sed de sangre. Mis pensamientos se encajaron en hacerlo pedazos, hasta que su sangre gritara el dolor insufrible del mismísimo infierno. Delicado cómo una nube rose el bisturí por su suave brazo, que chorreaba gotas de sudor inagotables a causa de mi perversa intención de torturarlo. Yo sabía que él tenía miedo, y eso me alentaba aun más a dejarlo descuartizado en mi pieza. Sus movimientos eran muy agitados, su situación era una penumbra alucinante. La muerte que le estaba por dar mi tortura lo haría añicos.”

“No entendí como mierda había llegado ahí. Ese maniaco me había atado a una cama de olor espeso y húmedo, como si nunca se hubiera limpiado en ese lugar por años. Estaba con mi ropa por suerte, por un momento había pensado que era un asesino que intentaría abusar de mi cuerpo. La casa tenía la apariencia de un hogar olvidado con paredes que suplicaban tirarlas abajo.

Mi imaginación se marginó de la realidad, cuando vi al demente acercarse con el maldito cuchillo. No pude entablar dialogo con el psicópata, pero sus miradas me decían lo que realmente estaba a punto de suceder. Sus malditos cortes rozaban toda textura de piel que se puede encontrar en el cuerpo humano. Su sonrisa se hizo cada vez más y más detestable para mí. Los cortes, eran un sinnúmero de alaridos que acababan en medio de un bosque el cual nadie conocía. ¿Cuándo mierda se iría a acabar esa maldita tortura?”

“Su sangre era una delicia para mi cuerpo. Me percaté de cortarle lo suficiente para que sufriera una agonía insoportable, pero también para que no muriera. Sus músculos de las piernas habían sido cortados con tanta violencia, que dude por un momento que su cuerpo fuera capas de soportar tal brutalidad.

Los dientes fueron mi “especialidad de la casa”, por así decirlo. Agarre mi destornillador y mi martillo, y empecé a dar estocadas en cada uno de sus dientes, golpeando firmemente el destornillador con el martillo hacia su canino inferior. Sus ojos, sollozos de dolor, mostraban un odio y un malestar que me proporcionó una grata alegría.

Cada hueso del pie había sido cortado hasta al fondo, causándole una hemorragia a la cual sané para que de esta forma perdurara vivo el pobre hombre. Alrededor de sus ojos había un rastro de cortes provenientes de unas pequeñas agujas, las cuales me había regalado mi abuela cuando yo era un niño. Su pelo lo corte tan al ras que la sangre broto de manera exorbitante. El juego estaba por la mitad y yo aun no terminaba mi precioso asesinato en medio de la nada.”

“Mi sufrimiento aumentaba acorde al tiempo, y mis pensamientos se volvieron algo toscos, ya que no respondían a la razón. Sus movimientos me incitaban a escapar de la realidad para evitar su estresante mirada.
La situación era muy simple. Un loco me rapto y me empezó a torturar, que fácil era decirlo y que puta mierda vivirlo en este antro de pesadumbre. Por suerte, ah respetado mis genitales, sino ya estaría en el infierno mismo. No pude distinguir quien era y estaba seguro de que era alguien que solo buscaba matar por gusto, pero por qué carajos me ah tocado a mi. Cada músculo que contenía en mi cuerpo había sido despedazado por algún instrumento de tortura; apenas podía moverme. Todo parecía un dolor constante que me mantenía un tanto ajeno a los pensamientos, que siempre me evocaban a volver a la tortuosa realidad.”

“Me decidí por darle el golpe de gracia para acabar con todo. Rompí un vidrio de la casa y agarre un trozo considerablemente filoso como para poder matar algún perro callejero. Puse la punta en medio de su frente. Su miedo se había disipado y mi ansias de matar se tornaron en un rencor hacía mi victima; él tendría que estar sufriendo, tendría que odiarme y temerme a la ves. Pero no, el solo me miraba indiferentemente, como si ya se hubiera resignado a vivir. Tomé el martillo y lo estanque en la punta del vidrio.
Su cráneo quedo atravesado y los huesos crujieron con un ruido seco. La sangre brotaba de forma asombrosa, sus sesos habían sido explotados debido a la presión. Ya no quedaba nada de él, solo había frente a mí un cuerpo de alguien que nunca antes había visto. Fue la primera victima que no logró desahogar mis deseos de matar. Entre tantos que eh matado, éste marco la diferencia, entre desahogo y asesinato.

Aun así, la victoria sigue en pie sobre mi, ya que nunca me encarcelaron por mis crimenes, y el día en que lo hagan nombrare a este desdichado para que la gente se apiade de él y así nunca me olviden como el vil asesino que soy.

Por ahora solo me dedicare a torturar todo aquel que se cruce aquí, en las afueras de Bs. As.”


Fuente:http://www.relatos.escalofrio.com

Eso es todo por hoy.

9 comentarios - Relatos de Terror 1ra Parte

@Turco7
altas historias.
me encanto la historia del muñeco maldito
estaria bueno una segunda parte
@laupunch
che porque me salio esto en imagenes?
@botu1111
el del gato es cualkiera y lo peor es q lo relata una peruano
@syrmm
a favoritos, asi leo cuando tengo tiempo 10