monumento a los caidos en Malvinas
Inauguración del Monumento a los Caídos en el Cementerio de Darwin, Malvinas

3 y 10 de octubre de 2009

Una contribución de sus familias al merecido Reconocimiento Histórico de todos los que pusieron el cuerpo en defensa de la soberanía Argentina en Malvinas.
Esta inauguración del 3 y el 10 de octubre de 2009 es el fruto de un largo itinerario que comenzó apenas finalizada la guerra de 1982 y que concluye hoy, 27 años después, con un hecho que por su significado y por su carga emocional, sin duda, ya está haciéndose un lugar en la memoria de todos los argentinos.
La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur está feliz de alcanzar la concreción de este acontecimiento entrañablemente soñado, tenazmente perseguido y largamente esperado por todas las mamás, los papás, las viudas, los hijos, los hermanos de nuestros queridos Héroes.
Hoy, con el acuerdo alcanzado por el Gobierno argentino y su par británico, dos contingentes de familiares de los Caídos en 1982 en defensa de nuestra soberanía, viajan por fin a Malvinas para inaugurar en el Cementerio de Darwin, el Monumento que hemos erigido allí en su memoria y homenaje.Compartimos esta alegría con los muchísimos veteranos de guerra que en todo el país nos han acompañado en esta lucha y también con el conjunto del pueblo argentino, que desde siempre y en todas partes nos ha sostenido con ese intenso y profundo respeto con el que recuerda a nuestros Héroes y a su Causa.
De esta convicción popular los familiares de los Caídos hemos aprendido muchas cosas. Tal vez la más importante de todas haya sido la certeza de que honrar a nuestros Héroes y la dignidad de su entrega, es también una forma de reconocernos a nosotros mismos como comunidad.

Nuestros Héroes son hijos del Pueblo. Son Héroes de la Nación. Ellos dieron la vida por la Patria.

Esto nos ha hecho comprender que homenajear a nuestros Caídos –además de ser una necesidad íntima, intransferible- es también homenajear al Pueblo y a la Patria en cuyo nombre todos ellos dieron sus vidas.
Es por esta razón que, en la inauguración de este Monumento, sentimos que ese pueblo que en estos años nos sostuvo con su aliento, viaja con nosotros, en nuestros corazones, a las Islas.
Vivimos este acontecimiento como un homenaje de todos los argentinos hacia los argentinos que lo dieron todo.
No viajamos solos. Viaja con nosotros un antiguo y genuino sentir del pueblo argentino. Con nosotros viaja también su constancia para seguir fiel a si mismo, la voluntad de ser, de unir, de levantar la vista, sus ganas de hacer cosas que duren, que iluminen. También su histórica paciencia viaja con nosotros y también sus demandas de justicia.
En el seno de nuestras familias se siente como un altísimo honor ser portadores de este sentir colectivo. Y le estamos muy agradecidos. Sin ese apoyo hubiera sido mucho más difícil encontrar la fortaleza espiritual para sobrellevar esta post-guerra.
Estamos inaugurando por fin el Monumento a los Caídos en el Cementerio Argentino de Darwin. La emoción es tanta como nuestras esperanzas.
Siempre que un círculo que se cierra, otro nuevo se abre. Esperamos que la concreción de este homenaje a los Caídos argentinos sirva para inaugurar el ciclo del merecido y tan postergado reconocimiento histórico para todos los que, la igual que nuestros Héroes, supieron pelear por la soberanía de nuestras Islas Malvinas.
Todos estos años hemos venido luchando por la Memoria y por la Justicia de esta Causa, por la Honra y la Dignidad de los que la defendieron. Lo seguiremos haciendo. Es nuestro deseo que los homenajes a nuestros 649 Héroes sean una contribución en este sentido.

Hagamos historia

El Cementerio Argentino de Darwin nace cuando, luego de finalizada la guerra, las tropas las tropas británicas que ocupaban las Islas, supervisadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja, trasladaron los cuerpos de nuestros Caídos, desde los lugares de combate hasta un sitio decidido por las fuerzas inglesas.
El lugar que eligieron fue un paraje cercano a Darwin, a poco más de 80 kilómetros de Puerto Argentino, la capital de las Islas, aislado de los sitios poblados e incluso lejos del camino más próximo, en ese entonces una huella en bastante mal estado.
Ese camposanto se constituyó con la información que la administración de las fuerzas de ocupación tenían en ese momento, por lo cual muchas tumbas quedaron sin identificación. Las razones para que esto fuera así son múltiples, desde el mal manejo de los procedimientos hasta las circunstancias mismas del combate.
Ya en ese entonces, los familiares de los Caídos Argentinos habíamos comenzado a reclamar al gobierno argentino y al británico nuestra necesidad y nuestro derecho de visitar la tumba de nuestros seres queridos para rendirles homenaje.
Sin proponérnoslo, incluso antes de conocerlo siquiera, las familias de nuestros Caídos habíamos hecho de ese lugar un lugar de culto, un adoratorio consagrado a la Memoria de nuestros hijos y su entrega.
Viajar hasta el lugar, estar ahí, fue uno de los primeros pasos que los familiares elegimos para comenzar a elaborar el proceso del duelo.
Otro paso fue la necesidad de reunirnos, de acompañarnos, el impulso de tomar contacto con los combatientes que volvieron –a quienes tomamos como hijos adoptivos- de apoyar su organización y sumarnos a sus reclamos.
Estos fueron algunos de los pasos dados en este largo proceso, cuyo motivo central fue siempre dar sentido a la pérdida personal, honrar a nuestros muertos y a su Causa, reconociéndonos en el dolor y en la esperanza de los otros.

El objetivo de viajar al Cementerio Argentino de Darwin, entonces, se impuso como una necesidad de todos.

Apenas concluida la guerra, la situación todavía era muy tensa y esta insistencia por lograr una autorización para ir a visitarlo no fue escuchada.
En su reemplazo, sin embargo, la Cancillería británica -con los mismos argumentos humanitarios con que los familiares exigíamos nuestro derecho a viajar a las Islas- propuso el traslado de las tumbas desde el Cementerio de Darwin hacia el continente, cosa que denominó como una propuesta de “repatriación de los restos de los soldados argentinos”.
Todavía se recuerda la respuesta que en ese momento dio la mamá de un soldado Caído en Malvinas a una radio que la consultó por este tema: “no se puede repatriar lo que está en su Patria”.
Desde entonces, en muchas ocasiones se volvió a hablar de esta iniciativa británica, a veces directamente, otras de manera indirecta. Afortunadamente, prevaleció este sentimiento que desde el comienzo movilizó a las familias de los Caídos: la mejor manera de rendir homenaje a nuestros seres queridos era que descansaran en la tierra por la que habían peleado.
Fue así que la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur, se manifestó de inmediato en forma unánime en contra de esos traslados y propuso a los británicos que manifestaran sus intenciones humanitarias, permitiendo la realización de viajes periódicos al Cementerio de Darwin por parte de los deudos de los soldados argentinos yacentes en Darwin.
En esta exigencia, los familiares de los Caídos argentinos no hacíamos otra cosa que aplicar el mismo criterio que utilizan los británicos para con sus propios caídos en las muchas guerras que ellos han peleado y siguen peleando en todo el planeta.
La dimensión humanitaria se cumple reconociendo el derecho de sus hombres a seguir ocupando la tierra cuya defensa les costó la vida.
Esta posición, sostenida desde el comienzo por la Comisión de Familiares, obtuvo su primer fruto cuando, en marzo de 1991, se logró la autorización para realizar el primer viaje de los Familiares de los Héroes argentinos Caídos en Malvinas al Cementerio de Darwin.
En esa oportunidad viajaron 381 familiares, coordinadas por el Comité Internacional de la Cruz Roja, con la participación activa de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur y de las organizaciones representativas de los combatientes en Malvinas del país.
Quienes participamos de aquel acontecimiento todavía nos conmovemos cuando lo recordamos. Para las familias de los Caídos fue, sin duda, uno de los momentos más emotivos, dolorosos y al mismo tiempo reparadores, que hayamos vivido en la post-guerra.
Edmond Corthésy, Delegado General Adjunto del Comité Internacional de la Cruz Roja para América Latina -quien supervisó personalmente la operación- recuerda que “a pesar de que las tratativas para realizar esa visita se habían iniciado mucho tiempo antes y que fue posible recién casi diez años después, ese viaje ayudó a los familiares en su proceso de duelo; era una cuestión humanitaria. Cuando llegó el momento, fue muy emocionante e importante y, por los comentarios y por el agradecimiento de los familiares cuando volvíamos de las Islas, fue, en cierto sentido, reconfortante.”

La lucha por la identidad

En aquel primer viaje –y al igual que en éstos de ahora- los Familiares sentimos que se cerraba un círculo y se abría uno nuevo.
Aquella primera llegada al Cementerio Argentino de Darwin -además de permitirnos el acceso a un reencuentro con nuestros seres queridos que es imposible de describir en palabras- nos deparó también una conmoción adicional que inauguró en todos nosotros necesidades y proyectos nuevos.
La mayoría de nuestras familias llegó al Cementerio Argentino de Darwin en 1991 sin saber que allí iba a encontrar muchas tumbas sin nombre. Esto ocasionó muchísimos sentimientos encontrados, tristeza, rabia y también un enorme impulso por reparar esta cuestión.
La elaboración del duelo entre las familias de los Caídos cobró de inmediato la forma de una lucha por la identidad individual y colectiva.
Frente a la angustia que generó esa enorme cantidad de cruces blancas y sin nombre, estando ahí mismo, enseguida se impuso un sentimiento que todo el grupo hizo suyo de inmediato: “todos son nuestros hijos”. Los familiares decidieron entonces adoptar una cruz, cualquiera, en la seguridad de que homenajear a uno era homenajear a todos.
Esta fue otra de las formas que adoptó el particular proceso de duelo de las familias de los Caídos en Malvinas: abrazarlos a todos por igual, sin diferencias.
Por estas razones seguramente, fue en ese mismo viaje que nació el imperativo de poner allí, uno junto a otro, el nombre y el apellido de todos los soldados argentinos muertos en acción en 1982, sin exclusiones.
Se trataba de un acto de justicia. Era una necesidad. Si por las razones que fueran, esto no había sido posible, los familiares nos impusimos la tarea de conseguirlo por nosotros mismos.
Fue así que comenzamos a trabajar en un proyecto para concretar un monumento en el mismo Cementerio de Darwin, donde estuvieran inscriptos los nombres de todos.
Los familiares sabíamos que la falta de reconocimiento hacia los Héroes Caídos en Malvinas abarca también a todos los excombatientes, quienes desde el momento mismo de su regreso al continente fueron ignorados por los sucesivos gobiernos.
Aquella idea nacida al pie de las cruces del Cementerio de Darwin que rezaba “Todos son nuestros hijos” encontraba, ante la orfandad que sufrían los ex combatientes, una nueva significación.
En la post-guerra, la elaboración de las pérdidas sufridas por las familias de los Caídos encontró un camino de afirmación al completar la honra íntima, familiar, con el reconocimiento social que significó para todos nosotros asumir esa marca de identidad que la experiencia de la guerra nos había dejado a todos los argentinos.
La soledad y el silencio fueron en la post-guerra, sin duda, el enemigo principal de los ex combatientes, de los familiares de los Caídos y de nuestra propia comunidad, que se vio avasallada por la desmalvinización, que por todos los medios y de la peor forma comenzó a circular en la Argentina.
Esta necesidad de romper el silencio y de conquistar el espacio público fue un trabajoso y largo camino que desde el comienzo emprendieron juntos los ex combatientes y los familiares de los Caídos.
Comprender lo sucedido, construir una verdad, alcanzar la justicia, trabajar por el reconocimiento de todos aquellos a los que les había tocado participar en un conflicto que había nacido casi simultáneamente con el país, todo fue parte de la misma tarea: construir la identidad común que el maltrato, el desinterés y la malversación de la Causa de Malvinas habían fragmentado.
Pronto las familias de los Caídos se vieron participando en la elaboración de leyes de reconocimiento, en la lucha por instituir beneficios y protección para los ex combatientes, en la promoción de planes de salud, dando charlas en las escuelas, incorporando la Causa Malvinas en la Ley Nacional de Educación, instando a los funcionarios de todos los gobiernos a cumplir y hacer cumplir con la Constitución Nacional que, a partir de la reforma de 1994, expresa claramente la significación de la Causa de Malvinas para el conjunto de los argentinos.
No era una lucha por la identidad biológica de nuestros seres queridos, porque no necesitábamos eso, ya que de eso no había dudas. A pesar de la falta de identificación en muchas de las tumbas del Cementerio de Darwin, a nadie le cabía ninguna duda de quiénes eran los que allí están enterrados. También sabíamos la identidad de todos los que habían sido muertos en los mares y cielos del Atlántico Sur.
No era una cuestión de saber dónde estaban ni quiénes eran. En la post-guerra, lo que más falta nos hizo, tanto a los familiares como a los ex combatientes, fue el reconocimiento de su propia identidad, en el sentido de una marca forjada en una experiencia personal y colectiva que teníamos para decir sobre nuestro propio pasado, y también sobre nuestro futuro.
La elaboración de esta identidad es lo que se ha demorado demasiado y lo que más daño ha causado, con su secuela de muertes, suicidios y deterioros de la salud de los ex combatientes.
A la construcción de esta identidad común en la Memoria de sus Héroes, las familias de los Caídos has dedicado todas sus fuerzas en todos estos años y lo seguirán haciendo.

Los viajes a Malvinas y el proyecto de hacer un Monumento

Con ese objetivo y no sin dificultades, interrupciones y demoras, desde 1991 a marzo de 2003 la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas organizó o co-organizó 23 viajes a las Islas para visitar el Cementerio de Darwin y dos viajes a la zona del hundimiento del Crucero A.R.A. “General Belgrano”. Estos Homenajes fueron coordinados con la Dirección General de Malvinas y del Atlántico Sur de la Cancillería argentina y la entonces activa Comisión Nacional de Ex-Combatientes de Malvinas, dependiente del Ministerio del Interior.
Durante esos años, el proyecto del Monumento maduró su concepción y acumuló solicitudes de audiencias, pedidos de aprobación y propuestas que tardaron mucho en ser, primero, contestadas, y, luego, tenidas en cuenta.
El delicado desfiladero de las negociaciones con los británicos había comenzado, y ese recorrido se iba a constituir en una puesta a prueba de la propia identidad y de la templanza de espíritu de los Familiares. Sabíamos eso. Se trataba de hablar con las autoridades del país ocupante, con los representantes de las fuerzas que habían combatido nuestros hijos.
Cuando el embajador británico en Buenos Aires, Alfred Mardsen, contestó a los familiares de los Caídos en carta fechada el 6 de enero de 1999 que -luego de haber consultado el tema con sus superiores y que se le respondiera afirmativamente sobre la posibilidad de erigir el Monumento en memoria de los soldados argentinos en el Cementerio de Darwin- y nos invitó a conversar para concretar el proyecto, las familias de los Caídos enseguida advertimos que nos aventurábamos por un sendero de muy difícil concreción, seguramente cargado de obstáculos, de ambigüedades y de múltiples posibilidades de interpretación.
Aún así, nos lanzamos adelante. Teníamos claro el objetivo: nuestra propuesta era construir en el Cementerio de Darwin un lugar de homenaje y recordación para todos nuestros muertos, un sitio de identidad para la Memoria Argentina, un lugar de encuentro en la Verdad, la Paz y la Justicia.
No hay ingenuidad posible. La Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur nunca ignoró el escenario político y diplomático que el destino hizo que le tocara vivir.
Las Familias de los Caídos en Malvinas no pedimos ese destino. Hemos tenido que asumirlo. Y al igual que nuestros hijos con el suyo, no preguntamos si iba a ser fácil o difícil. Simplemente, hicimos lo que creímos que teníamos que hacer.
Nada era mucho si se pensaba en lo mucho que ellos habían sacrificado por nuestro país. Esta es la Fe que nos sostuvo todo este tiempo.
Por eso, cuando se iniciaron las conversaciones con los británicos, decidimos hacerlo con la mayor franqueza. Nada nos obligaba a jugar un papel que nos fuera el nuestro. Nada nos comprometía con otra Causa que la Causa de nuestros hijos.
Por eso no nos extrañó cuando, a esta franqueza, los representantes del Reino Unido respondieron con comprensión y respeto.
Al igual que sucedió en la guerra con nuestros hijos, los británicos, un pueblo acostumbrado históricamente a hacerse presente por las armas en los sitios más alejados del mundo, respeta a quienes los han sabido combatir con dignidad, a los que no se doblegan, a los que viven su identidad sin alardes artificiosos, como se lleva lo que es natural en uno, sin esfuerzo y al mismo tiempo, con firmeza.
Así nos presentamos las familias de los Caídos ante los británicos. Sabiendo que dialogar no significaba resignar nada de la Causa que habían defendido nuestros hijos.

Y así lo entendieron ellos. Por eso pudo llevarse adelante el proyecto.
La Construcción del Monumento en el Cementerio de Darwin


El Monumento a los Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur tardó seis años de arduas e incesantes gestiones en construirse.
Los propios británicos definen a la construcción del Monumento a los Soldados Argentinos Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur como un hecho inédito y extraordinario en la historia universal.
Nunca antes se había logrado que dos naciones que sostuvieron una guerra por un territorio, subsistiendo las razones de esa conflagración –la disputa por la soberanía -, pudieran ponerse de acuerdo en permitir la construcción de un Monumento en memoria de los soldados Caídos, pertenecientes al ejército derrotado por la vía armada, en el propio territorio en disputa, y que se
encuentra bajo administración del ejército vencedor. Nunca antes.
Fue llevado adelante con un esfuerzo personal y grupal inmenso por parte de los Familiares de los Héroes Caídos, que lo realizamos a través de aportes privados –el más importante fue el de Aeropuertos Argentina 2000-, el asesoramiento permanente de la Dirección General de Malvinas y Atlántico Sur de la Cancillería argentina, y el acompañamiento espiritual del pueblo argentino, en un contexto por demás complicado de nuestra historia reciente.
El 8 de abril de 2004 se terminó de construir en el continente y fue embarcado en el puerto de Campana, rumbo a Malvinas.
Un año después, en marzo de 2005, las autoridades de la Comisión de Familiares de Caídos viajamos a la Isla Soledad con el apoyo de la Cancillería argentina y de Eduardo Eurnekián –empresario sin cuyo aporte no hubiera sido posible realizar la obra- para verificar el resultado.
En esa oportunidad, se le propuso a las autoridades de la potencia ocupante la necesidad de organizar el acto de inauguración, con la presencia de –por lo menos- un familiar por cada Héroe Caído.
El proceso de negociación para lograr estos dos viajes de inauguración demandó cuatro años. Finalmente, el número de los participantes en los contingentes debió acomodarse a la conflictividad que aún subsiste en las relaciones bilaterales entre el Reino Unido y la República Argentina por la soberanía de las Islas Malvinas, cosa que, naturalmente, los Familiares respetamos y comprendemos. Sin embargo, está entre los fundamentos de nuestra entidad el principio de permitir que todas las familias de los Caídos puedan visitar a la brevedad el Cementerio Argentinos de Darwin, de modo que insistiremos en la organización de nuevos viajes, tal como ya se lo hemos hechos saber a ambos gobiernos.
Para nosotros estos son días soñados. Es un momento de reencuentro intransferible, imposible de describir. Estamos sumamente agradecidos a todos los que trabajaron y colaboraron para que este Homenaje fuera posible.
Vamos a Malvinas llevando en el corazón la fuerza, el cariño, la comprensión y el respeto que todo el pueblo argentino nos ha hechos llegar ahí donde estuviéramos. Nos sentimos acompañados por ese pueblo. Y en nombre de él nuestras familias viajan a Homenajear a nuestros Héroes.
Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur

Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa17.html
Para que sea un homenaje de todos los argentinos a los argentinos que lo dieron todo.
Marcha desde Plaza de los Dos Congresos hasta Plaza de Mayo
El 9 de Octubre de 2009 a las 15:00 hs.
Acompañaremos a los Familiares de los Héroes de Malvinas que viajan a inaugurar el Monumento en el cementerio de Darwin, Isla Soledad, Malvinas



Estoy aqui sentado,bajo del pequeño sol
El que nos dio aguila y tambien gorrion.
¿Que hacer con el silencio,cuando la cabeza estalla?
¿como parar la impotencia de no poder hacer nada?
porque querer matar a tus hijos
es para que duela años la sangre.
Ayer por no querer a la patria,
y ahora por quererla demasiado.

Leyes viejas,mas genocidas
mal presagio para la vida.

Con la luz llena de sombras,y con el sol en sufrimiento
vuelvo a mi casa de rodillas,y aqui mis amigos muertos.
En un pais enfermo,todas las cartas sobre la mesa,
jugando juegos perversos,entre futbol y guerra.
Sangre de gloria,odio contra amor
dioses y bestias,locura y dolor.
Abrire las puertas de este vacio
porque el destino me lanzo hacia arriba.

Leyes viejas,mas genocidas
mal presagio para la vida.

Insistire con un mar de rosas,
y construire,sobre cenizas.
Tendre un sueño nuevo en mis manos
y luchare para que sea justicia.
Las mejillas de mis hijos en mis labios,
y encontrare en sus ojos un nuevo descanso.

Leyes viejas,mas genocidas
mal presagio para la vida.

malvinas