LA CARNE INHIBE LA TELEPATÍA




patricia sosa y su experiencia con OVNIS


Patricia Sosa contó que -pese a que “mucho no creía”- cierta noche de 2001 vio cómo “cuatro naves sobrevolaban las copas de los árboles”. En realidad, un poco debió creer. De lo contrario no hubiese dedicado a los extraterrestres una canción: en el mismo reportaje recuerda haber visto a su primera nave “dos meses antes”, experiencia que le inspiró el tema Luces.

Pero lo más interesante sucedió después, en su segunda experiencia; cuando, a pedido de la contactada, Patricia les cantó a “ellos” su canción. Ya impresiona imaginar la poderosa voz de la rockera cantando a capella, en el abismal silencio de las sierras, su himno al misterio. Pero su alucinante interpretación ante un improbable auditorio de otro mundo era nada más que el preludio: algo más increíble estaba por suceder.




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EL TABÚ DE LA CARNE

“Cuando la carne de los animales es asimilada como alimento por el hombre, le transmite, fisiológicamente, algunas de las características del animal a que pertenecía”, escribe Helena P. Blavatsky en Clave de la Teosofía (Kier, 2007, p. 239). Si bien es cierto que el vegetarianismo se origina en el budismo, el hinduismo y el jainismo, fue la Sociedad Teosófica fundada por Blavatsky -una religión occidental parcialmente inspirada en cosmogonías hinduistas- donde se encuentra el antecedente más crudo y directo que remite a la creencia de que la ingesta de carne conduce a la “animalización” del hombre. Su doctrina, poderosamente influida por el espiritismo, es uno de los más claros puntos de anclaje del contactismo contemporáneo.
Algunas vivencias proponen paradojas inquietantes. En la investigación que realicé para Invasores – Historias reales de extraterrestres en la Argentina (Sudamericana, 2009, P. 248) tropecé con el curioso caso del peón rural Oscar Flores. Los ufólogos de La Pampa, Raúl Chávez y Ester Urban, siguieron el caso por una buena razón: Flores coció y cenó carne de vaca mutilada. “Durmió diecinueve horas seguidas”, me contaron. Luego “comenzó a desplazarse más erguido, sus dolores óseos disminuyeron y desapareció un leve estrabismo que sufría en su ojo derecho”. Contra todo pronóstico, Raúl y Ester no sólo desaconsejan esta clase de parrilladas: hoy abandonaron por completo el asunto.


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