Lisandro de la Torre







1868

Lisandro de la Torre nació el 6 de diciembre la ciudad de Rosario (Santa Fe, Argentina).

1890

Al graduarse de abogado elaboró su tesis doctoral sobre municipios y comunas. Este documento y su posterior acción instalaron en Argentina la idea de la "autonomía municipal", que en 1994 alcanzó rango constitucional.

1897

De la Torre se alejó de la Unión Civica Radical (UCR).

1898

Fundó en Rosario el diario "La República", con Florencio Sánchez como Secretario de Redacción.

1908

Se constituyó la Liga del Sur en Rosario. Del acto fundacional participaron, entre otros, Lisandro de la Torre, Fernando Pessan, Francisco Correa y Enrique Thedy.

1911

De la Torre fue electo diputado provincial en representación del departamento San Lorenzo.

1912

Por la Liga del Sur, obtuvo la banca de diputado nacional.

1914

El 14 de diciembre se realizó la Asamblea de Constitución del Partido Demócrata Progresista (PDP), en el Hotel Savoy de Buenos Aires. Además de Lisandro de la Torre, estuvieron presentes Felipe Arana, Gervasio Colombres, Gustavo Martínez Zubiría, Joaquín V.González, José F. Uriburu, Carlos Ibarguren, José María Rosa, Alejandro Carbó, Benito Villanueva y Julio A. Roca (h).

1915

La Convención del Partido Demócrata Progresista proclamó la formula De la Torre-Carbó para las elecciones presidenciales de 1916, en las que triunfó el candidato por la UCR, Hipólito Irigoyen.

1919

De la Torre se presentó como candidato a senador por Capital Federal, pero fue derrotado en los comicios.

1921

El 13 de agosto, con gran influencia del Partido Demócrata Progresista, se sancionó una nueva Constitución Provincial en Santa Fe, una de las más modernas y progresistas de su tiempo. Pero fue vetada por el gobernador radical Enrique Mosca.

1922

Se eligió a Lisandro de la Torre como diputado nacional por Santa Fe.

1925

De la Torre anunció su retiro de la política activa para recluirse en su estancia de Pinas.

1928

El PDP sufrió en Santa Fe una categórica derrota. Fue entonces cuando el candidato a gobernador en esos comicios, Francisco Correa, pronunció la frase: "somos pocos para triunfar, pero muchos para desaparecer".

1931

Se conformó la Alianza Demócrata-Socialista, con la fórmula presidencial De la Torre-Nicolás Repetto, la que perdió contra la fórmula Justo-Roca.

1932

Luciano Molinas asumió la gobernación de la provincia de Santa Fe en representación del PDP y puso en vigencia la Constitución de 1921. Realizó una tarea de gobierno ejemplar. Lisandro de la Torre ingresó al Congreso de la Nación como senador.

1933

Se dictó, con mayoría del PDP, la Carta Orgánica Municipal de Rosario. Se trató del primer instrumento legal destinado a otorgar el derecho a voto de la mujer.

1935

De la Torre, luego de que su correligionario Julio Noble lo intentara sin éxito en la Cámara de Diputados, inició en el Senado la investigación del comercio de carnes. En medio del proceso, asesinaron a su discípulo y senador electo, Enzo Bordabehere. Se intervino la provincia de Santa Fe.

1939

El 5 de enero Lisandro de la Torre se suicidó en Capital Federal, agobiado por su situación patrimonial. En el cementerio El Salvador de Rosario está depositada una urna con sus cenizas. En el Museo Histórico Julio Marc, también de Rosario, se encuentra reproducida, con su mobiliario original, su residencia de Esmeralda 22 de Capital Federal.




Lisandro de la Torre y el debate de la carne


El 27 de mayo de 1935 una comisión investigadora del Senado de la Nación presidida por Lisandro de la Torre presentó un informe, que contenía cuarenta y ocho conclusiones sobre los perjuicios que acarreaba para el país el comercio de carne con Inglaterra tras la firma del pacto Roca-Runciman. Desde septiembre de 1934, De la Torre venía denunciando las ventajas otorgadas a Inglaterra con la anuencia del gobierno local tras la firma de ese acuerdo.



El 8 de septiembre de 1934, De la Torre sostienía en el parlamento: “el ministro argentino, señor Duhau, parece el ministro de algunos de los dominios británicos. El ministro de Agricultura sabe perfectamente que los frigoríficos constituyen un monopolio escandaloso; el ministro de Agricultura sabe perfectamente que realizan ganancias ilícitas; el ministro de Agricultura sabe mejor que yo que se quedan con la mitad de los cambios. Esta es obra del monopolio…; pero nunca se ha visto un gobierno como el actual y sobre todo un ministro de Agricultura como el actual, entregado desembozadamente a la tarea de impedir que comience, aunque sea débilmente, la exportación cooperativa. Incumplimiento de leyes; suspensión del cobro de multas; falta de fiscalización en el pago de impuestos, regalo de un 25 por ciento de divisas; tolerancia del apoderamiento de los beneficios en el cambio; ocultación de los bajos precios de compra de los novillos mediante la publicación de estadísticas inexactas; ignorancia igualmente oficial de los precios de venta; persecución a las compañías frigoríficas argentinas; regalo de la cuota del 11 por ciento durante dos años a los frigoríficos del pool extranjero; aceptación de que los argentinos sean inhibidos, que Inglaterra sea dueña de mantener un monopolio sobre la exportación del 85 por ciento de la carne argentina, eligiendo ella los importadores, condición deprimente esta última que no se ha atrevido a imponer ni a sus propios dominios”(1).

De la Torre denunció el acuerdo en el Senado por escandaloso y fue poniendo en jaque a aquel gobierno antipopular surgido del fraude. “El gobierno inglés le dice al gobierno argentino no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tienen cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo: “al gran pueblo argentino salud”.(2)

De carne somos

[…] La comisión investigadora creada en 1934 se encontró con todo tipo de trabas. Desde la negativa lisa y llana de las empresas británicas a abrir su contabilidad hasta la orden impartida por el ministro de Hacienda, Luis Duhau, a la Dirección General de Rentas de no brindarle la más mínima colaboración a los investigadores. Los frigoríficos Gualeguaychú y Grondona, de capitales argentinos, colaboraron con la comisión y el norteamericano Swift permitió a regañadientes la labor de los investigadores. Los ingleses estaban habituados a la impunidad más absoluta, así que decidieron no tomar muy en serio las denuncias de De la Torre, pero por las dudas decidieron contratar a abogados vernáculos con muy buenos contactos en el “foro”, como Horacio Beccar Varela. El frigorífico Anglo, a través del doctor Beccar Varela, hizo saber que la comisión investigadora no era bienvenida. Cuando se lo citó a declarar a Mr. Richard Tootell, el jefe máximo del Anglo, fue bastante escueto, sólo dijo: “No tenemos oficinas de costos ni llevamos planillas mensuales de costo”. Y concluyó con absoluta sinceridad: “Yo digo francamente que nosotros no queremos mostrar los costos privados”. Su abogado defensor fue más preciso, como consta en el informe de la comisión: “…manifestó el letrado (Beccar Varela) que la compañía se allanaba a satisfacer el pedido de la comisión por la presión de la fuerza pública; que no facilitaría en modo alguno el desempeño de la misión y se limitaría a hacer entrega de los elementos que se le solicitaran, a cuyo efecto los contadores serían atendidos por un empleado especial, a fin de evitar que se dirigieran al personal de la compañía; que no podían ser considerados bienvenidos y no se ofrecería ninguna colaboración que excediera los límites expresados; que si tenían algo que buscar lo hicieran por su cuenta y para ser más expresivo, agregó: ‘que podían buscar lo que les faltara por el suelo o por los rincones’”.(3)

Harto de tanta impunidad, De la Torre pidió y logró el arresto del empresario inglés como extrema forma de presión, para que éste presentara la documentación solicitada. Estuvo preso varios días hasta que se comprometió a pedir a la casa central de Londres las planillas. Desde la capital del imperio contestó uno de los mandamases: Lord Edmundo Veste, dio “su palabra de caballero inglés” de que la documentación sería enviada de inmediato a Buenos Aires. Las autoridades locales liberaron a Tootell pero las planillas del caballero inglés nunca llegaron.

En las bodegas del Norman Star

El doctor Alfredo Palacios había recibido de tres trabajadores del Frigorífico Anglo la información reservada de que los documentos contables que con tanto afán buscaban se encontraban escondidos en un barco inglés anclado en el puerto, el Norman Star. Ellos habían hecho la estiba y no tenían ninguna duda de que allí estaba la prueba del delito. Palacios no tardó en pasarle el dato a De la Torre. Hubo que vencer muchas resistencias de poderosos intereses. Los ejecutivos del Anglo decían que al ingresar por la fuerza en un barco inglés estaban agrediendo al Estado británico, porque el hecho equivalía a allanar una casa en el territorio de Su Majestad. Pero ni el contador Yasky, un funcionario honrado e insobornable que sería una pieza clave de la investigación, ni don Lisandro se amilanaron: con la ayuda de la prefectura lograron ingresar al Norman Star y encontrar en sus bodegas lo que buscaban. Efectivamente, como le habían dicho a Palacios aquellos valientes trabajadores, los libros contables estaban allí, y lo que era muy grave, estaban ocultos en cajas de chilled y corned beaf con el sello del Ministerio de Agricultura, cómplice evidente de la maniobra.



La documentación oculta en los cuarenta cajones de “carne enfriada” dejaba claramente comprobada la estafa al Estado nacional por parte de la empresa inglesa y detallaba como gastos empresarios los montos de los sobornos a los funcionarios públicos entre los que había encumbrados nombres del Poder Ejecutivo, y por lo tanto de la “alta sociedad” argentina.

El informe presentado el 27 de mayo de 1935 establecía que existía un total monopolio del comercio de las carnes por parte de los frigoríficos ingleses y estadounidenses. Se dejaba clara constancia de la resistencia de las empresas extranjeras a presentar su contabilidad, lo que a cualquier empresa nacional le hubiera significado severas sanciones.

El propio contador Yasky cuenta con lo que se encontraron en la investigación: “De ocho compañías investigadas, sólo la Armour había sido fiscalizada y otra, La Negra, estaba en trance de serlo. La Swift no había efectuado, en el año 1933, la retención del impuesto a los réditos sobre sus dividendos, sin que se diese una explicación satisfactoria, siendo además violatoria de la ley 11.682. La compañía Anglo declaraba 75.000 pesos nacionales de utilidades anuales, cuando en realidad sus ganancias en los últimos tres años llegaban a pesos m/n. 37.800.000. La Swift Internacional recibió de su filial La Plata, pesos m/n. 500.000 para pago de impuestos pero dedujo de ellos pesos m/n. 279.000 a efectos de revalúo por pérdidas, violando así nuevamente la ley, ante la presunta ignorancia de las autoridades, quienes inclusive declinaron la facultad de la Dirección de Réditos para hacer la liquidación de impuestos, delegándola en la propia compañía, todo ello avalado por el ministro de Hacienda, permitiendo así una evasión impositiva, penada por la legislación vigente. Asimismo el frigorífico citado debía al fisco la cantidad de pesos m/n. 135.000”.(4)

Con las pruebas en la mano, Lisandro de la Torre daba comienzo a su notable intervención: acusaría directamente por fraude y evasión impositiva al frigorífico Anglo y aportaría pruebas irrefutables que comprometían directamente en el negociado a dos ministros del general presidente Agustín P. Justo: Federico Pinedo, de Hacienda, y Luis Duhau, de Agricultura. Así describía el diario socialista La Vanguardia el valor de las denuncias de Lisandro: “El senador De la Torre ha demostrado en su informe que el comercio de carnes enfriadas está monopolizado por un trust de frigoríficos extranjeros que operan en el país con la protección oficial del gobierno inglés y la complaciente tolerancia del gobierno argentino. Es un trust que gana sumas fantásticas. En el caso del frigorífico Swift, se sabe que con un capital de 45 millones de pesos ha ganado en cinco años 91 millones de pesos. Es un trust que defrauda a la Dirección de Impuesto a los Réditos, pues en el caso del frigorífico nombrado, la compañía Swift Internacional ha compensado las pérdidas de sus filiales de Australia, Nueva Zelanda y Río Grande, con las ganancias obtenidas por la filial argentina, sustrayéndose esas sumas de las ganancias efectivas y reduciendo el pago del impuesto a los réditos; todo ello con la complacencia del Ministerio de Hacienda. […] Pero donde el senador De la Torre hirió de muerte a uno de los ministros acusados, es al referirse a los ganaderos tratados con guante blanco por los frigoríficos. De las palabras del legislador santafesino se desprende que el ministro de Agricultura y sus parientes reciben de parte de los frigoríficos un trato excepcional. Sus novillos son clasificados para un destino que no tienen en la realidad y que es favorable para los vendedores; mientras en casi todas las demás compras los frigoríficos clasifican la hacienda dándole un destino también distinto al que luego tienen, pero esta vez desfavorable para el vendedor. […] El senador santafecino fue, en esta parte de su exposición, tan preciso y categórico, y dio tal cantidad de datos, fechas y precios, que creemos que al ministro de Agricultura no le queda otra solución que la renuncia. Por mucho menos han caído gabinetes íntegros en países donde existe un concepto cabal de ética política y administrativa”.(5)

Asesinato e impunidad en el Senado de la Nación

Mientras tanto Lisandro de la Torre seguía con su prédica desde el Senado: “se dice que estoy solo. Eso puede ser cierto; estoy solo frente a una coalición formidable de intereses; estoy solo frente a empresas capitalistas que se cuentan entre las más poderosas de la tierra; estoy solo frente a un gobierno cuya mediocridad, en presencia del problema ganadero, asombra y entristece; y así, solo, me batiré en defensa de una industria argentina esquilmada e inerme, como me batí hace diez años en defensa de la industria de la yerba mate, que dos ministros poderosos habían condenado a morir, y como me batí hace dos años por la modesta industria del tomate que apenas empezaba a desarrollarse en las regiones más dignas de fomento”(6).

El debate fue subiendo de tono y la cara de los ministros imputados iba virando del color rojo al verde según las palabras de De la Torre. El primer incidente se produjo en la sesión del 21 de julio, cuando Duhau amenazó a Lisandro a los gritos: “¡Ya pagará todo esto el señor senador punto por punto!... ¡Ya pagará bien caro todas las afirmaciones que ha hecho!”(7).

Dos días después, en la sesión del 23 de julio se desencadenaría la tragedia. De la Torre seguía aportando pruebas contra los ministros Duhau y Pinedo y llamó mentiroso al primero a partir de entonces. Se suscitó una acalorada discusión entre los ministros de gobierno y el senador santafesino. Lisandro no escuchaba bien las palabras de su agresor, abandonó su banca y se acercó a Pinedo y a Duhau. Según el diario La Prensa, en un momento de su alocución Lisandro quedó “inclinado el busto y parado entre ambos pupitres, a muy corta distancia del ministro de Hacienda, a espaldas de él”. Fue entonces cuando Duhau empujó a De la Torre por la espalda y lo tiró al piso. En su huida apresurada, tropezó con un escalón y cayó también él. En esos momentos de confusión alguien disparó sobre Lisandro, pero hirió de muerte al senador santafecino Enzo Bordabehere, quien al advertir la maniobra se interpuso entre el agresor y don Lisandro.



El agresor comenzó a correr por los laberínticos pasillos del Congreso y entró a la sala de taquígrafos, donde pudo ser detenido por el agente Cofone. Tras la detención, Cofone y el subcomisario Florio le quitaron el revólver calibre 32 marca Tanque con cuatro balas servidas y dos sin usar. […] La policía pudo establecer que se llamaba Ramón Valdez Cora, de cuarenta y dos años, ex comisario torturador de Vicente López, con múltiples procesos por estafas, falsificación de documentos y extorsiones a prostitutas. La ficha decía que era afiliado al Partido Demócrata (o sea conservador) y hombre de confianza del señor ministro de Agricultura Luis Duhau.

En su declaración ante el juez Miguel Jantus, Valdez Cora confesó ser el autor material del asesinato de Enzo Bordabehere y que obró por impulso propio en un momento de ofuscación, en defensa de amigos políticos. Fue condenado a veinte años de prisión, pero quedó en libertad en 1953 por “buena conducta”. Los instigadores y responsables directos del crimen, como correspondía a gente “bien” de su “alcurnia y prestigio”, gozarían de la más absoluta impunidad.

Un Lisandro profundamente dolido anuncia el final del debate de las carnes: “Sería absurdo pensar que el debate sobre la investigación del comercio de carnes pudiera seguir con mi intervención, mientras subsistan en mi espíritu las dudas que mantengo acerca de que se trajo a este recinto un guardaespaldas, extraído de los bajos fondos, para gravitar sobre el resultado. Los indicios que existen son tan vehementes, que no me es posible prescindir de ellos. Si lo hiciera, faltaría al respeto y al afecto que debo a la memoria del doctor Bordabehere, y autorizaría a cualquiera a poner en duda la sinceridad de mi indignación… El primero en lamentar que mi contrarréplica, que por otra parte estaba muy avanzada, quede inconclusa, soy yo; pero tengo la tranquilidad de haber producido tales pruebas y haber hecho tales demostraciones, que no necesito más para afirmar en la conciencia pública la razón de todo lo que he sostenido en este debate”(8).


(1) Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores, 8 de septiembre de 1934.

(2) Diario de Sesiones de la Honorable Cámara de Senadores, 8 de septiembre de 1934.

(3) Informe de la Comisión Investigadora del Senado de la Nación, en Horacio N.
Casal, Los negociados, Buenos Aires, CEAL, 1971.

(4) Yasky, Samuel, Lisandro de la Torre de cerca, Ediciones Metrópolis, Buenos Aires, 1957.

(5) La Vanguardia, año XLII, Nº 10.145, 21 de junio de 1935, pág. 1.

(6) De la Torre, Lisandro, Obras completas, Buenos Aires, Américalee, 1957.

(7) Diario de Sesiones del Honorable Senado de la Nación, 21 de julio de 1935, pág. 255.

(8) De la Torre, Lisandro, Obras completas, Buenos Aires, Américalee, 1957.





El suicidio de Lisandro De La Torre


Cerrando una décadas de grandes suicidios (Horacio Quiroga- Alfonsina Storni- Leopoldo Lugones), el cinco de enero de 1939 se desgarra un balazo don Lisandro de la Torre.- Junto a su cuerpo inerte hay una carta de despedida que es una descarnada radiografía del país.- Ernesto Giudici, editorialista y una de los principales columnista del Diario “Crítica” , publicó el día 6 la siguiente necrológica




DIAMANTE EN BRUTO, FUE LA RECIA FIGURA DE LISANDRO DE LA TORRE

El suicidio de De la Torre, no por doloroso nos ha sorprendido. Sus amigos o los que lo conocían de cerca jamás se animaron a pensarlo, o no quisieron pensarlo, pero lo más probable es que temían, en los mismos meses, su suicidio.-

De la Torre ya había dejado de ser un disconforme para convertirse en una amargado. Si antes no había creído en el hombre o en sus virtudes, ahora despreciaba al hombre. Profundamente individualista, se sentía solo, y a su alrededor no veía sino corrupción, podredumbre, indiferencia, chatura o mediocridad. Todo esto acentuaba su divorcio con el medio, y aunque se sabía fuerte, sentía, sin embargo la fuerza del medio sobre él. Esta lucha entre él, el hombre y el medio, explica toda la vida tumultuosa y contradictoria del viejo y siempre joven Lisandro de la Torre.-

El suicidio siempre es una liberación para los hombres atormentados. No se suicida el que no es nada, sino el que es algo o mucho y no puede realizar lo que desea ó ambiciona. No se mata el que desprecia la vida sino el que más la quiere. Y el que más la quiere puede acabar por despreciarla cuando ella no rinde los frutos apetecidos o cuándo no se la ve a la altura en que se la codicia.-

Se mata el joven,- y hoy son muchos los jóvenes que se matan- que no ve nada por “delante” de él, el que no encuentra el camino para el desarrollo de sus aptitudes, para el vuelco de su ambición, para el logro de sus deseos. El no tener “nada por delante” acrecienta la angustia juvenil, que es ansia de vivir, termina por anular una vida en el atolladero sin salida, ante la nada que ahoga, que asfixia y mata.-

Quitarse la vida por amarla demasiado

Se mata también el que ha llegado a cierta edad y aún no ha encontrado la vía que encauce sus enormes energías vitales o intelectuales. Se mata el que cree que ya nada le queda por hacer. Y porque ama intensamente la vida se desprecia cuando se la ve reducida a una simple existencia vegetativa. Y porque la vida no rinde lo que se exige de ella, la muerte es la única salvación para el atormentado cuya debilidad reside en no haber sabido encontrar en la vida colectiva y en el medio social, los elementos estimulantes que hacen digna la existencia humana cuando se la siente puesta al servicio de un ideal o una idea constructora.-

El suicidio de De la Torre, que obliga a nuestra meditación, revela esas dos facetas suyas: revela el fuego que lo consumía por dentro porque no encontraba donde aplicarlo y revela el vacío en que cada vez más se fuera encerrando por su temperamento y su disconformismo. Sin estudiarlo a De la Torre como un temperamento emotivo, pasional, no podrá comprendérselo jamás.-

Cuando por primera vez en su larga vida se sintió libre- o le pareció sentirse libre de la obligación política y dio su conferencia “Intermedio Filosófico”, confesó:
“He sido muy amante de la filosofía, no obstante haber vivido una existencia antifilosófica. Es tan fácil y frecuente caer en contradicciones en nuestra triste condición humana, que nadie habrá de sorprenderse”.

Estas pocas palabras esbozan el mejor retrato que se pueda hacer de Lisandro de la Torre.-

Ser algo distinto a lo que se es

Como amante de la filosofía, como dueño de un temperamento inquieto, quiso aislarse del mundo para dedicarse a la contemplación propia del estudioso; pero como pasional que era, no puso jamás lograr lo que quería ser. Esta contradicción de “nuestra triste condición humana” se manifiesta siempre que se quiere ser una cosa distinta a lo que se es.-

De la Torre quiso aislarse del medio, pero el medio lo arrastró en la vorágine de sus problemas. Y el joven amante de la filosofía, surgido a la vida en un momento especial del desarrollo social y político argentino, salió a la calle, subió a las tribunas, llegó al parlamento y fue lider de las masas democráticas y juveniles del país. Todo eso, “sin quererlo”.-

Aún sin quererlo, en sus años de mas juventud, ello le producía satisfacción. Era una época en que la Argentina mostraba a América y al mundo una personalidad nacional inconfundible; era un momento en que el pensamiento político argentino colocaba a nuestro país a la vanguardia del pensamiento latinoamericano.-

En los años amargos de vejez, las cosas cambiaron. Y cambiaron en un sentido desfavorable para el país, porque volvió la oligarquía reaccionaria al poder; porque el ambiente de chatura conservadora hizo sentir su opresión sobre todos los que como De la Torre sentimos un gran fuego por dentro y un ansia enorme de hallar un medio propicio para el vuelco total de nuestras energías; porque retornó la curia fanática a sembrar en el país su espíritu de letargo, de mentira y mediocridad; porque la Argentina empezó a descender verticalmente la parábola maravillosa de las décadas precedentes. Cambiaron las cosas en un sentido desfavorable para la República, pero, de pronto, y por cruel paradoja esas mismas cosas se tornaron favorables para el hombre que por su propia idiosincracia y temperamento tenía la inclinación de Schopenhuaer al pesimismo, la amargura, el aislamiento.-

Un medio pesimista para una gran pasión

Era un medio pesimista para el que sentía una gran pasión por la lucha pero para él, que ya no quería luchar, le sirvió de pretexto para realizar su sueño dorado: vivir sólo con sus meditaciones, con sus gestos impotentes a lo Nietsche, con su fuego interior. Pero a esta altura de la vida, De la Torre, aunque lo deseara, ya no podía vivir así- Aunque no lo quisiera, él era un hombre de la calle, un pedazo de la multitud argentina.-

Así, ultimamente, la vida de Lisandro de la Torre se fue agotando. Cada vez más huraño, más misántropo, más individualista, más gruñon y desordenado como un Unamuno o un Pio Baroja. Porque Lisandro de la Torre sentía correr por sus venas lo más neto, grande y contadictorio del individualismo hispano.-

En Alemania, De la Torre hubiera sido quizás un filósofo de nombre; en Francia, lo mejor del liberalismo burgués; en España, una de las típicas expresiones del político elocuente, individualista, agitador. Pero, en la Argentina, De la Torre se sentía en la nada.-

Tenía la fuerza emocional de Sarmiento, tenía su coraje, sus puños y su sarcasmo; pero le faltó la voluntad del gran sanjuanino. Unos hombres son como el champan y otros son como el aceite, decía Sarmiento. Sarmiento fue como el champan, pero encontró la forma de no desbordarse porque el medio que halló, bárbaro y por hacer, arcilla modelable, roca por pulir, le deparó las mas grandes satisfacciones a su ansia creadora. A De la Torre le hizo falta un medio así. Pero no lo tuvo o no supo encontrarlo.-

Necesitaba un gran partido

De la Torre fue desordenado. Le faltó un gran partido político que encauzara sus actividades, que lo obligara a disciplinarse, que lo sujetara un poco. Se separó de Irigoyen porque su cultura política lo distanciaba de la política caudillesca; se separó de Juan B. Justo porque su mentalidad no era socialista sino profundamente individualista, liberal. Formó su propio partido, pero por otra ironía y como expresión de sus propias contradicciones, el partido de De la Torre, allá por 1916, en que se presenta a disputar la presidencia de la República, era sólo un partido del sector refinado de nuestra aristocracia criolla, de la parte más culta, más europeizante de nuestra oligarquía. El más liberal, el más progresista, el más renovador, era De la Torre. Se repite el mismo fenómeno que en el partido demócrata de Estados Unidos; partido aristocrático en sus orígenes, partidario de la esclavitud conservador de los privilegios de los Borbones del sur, partido que da sin embargo, los hombres mas liberales de la política americana hasta culminar con Roosevelt. El partido de De la Torre, por gravitación de su jefe y por el imperativo de las circunstancias, se va modificando hasta convertirse en la fuerza mas auténticamente democrática del país. Pero ya pasó su momento de acción y se disgrega. Sólo quedan De la Torre y unos pocos amigos.-

De la Torre, con la disolución de su partido, parece sentirse feliz, porque otra vez lo dejan solo. Quiere quedarse solo. Pero no puede. Sus amigos lo reclaman. Lo visitan. Lo obligan a aceptar la candidatura a la gobernación de Santa Fe, pero lo hace de tan mala gana que aprovecha la primera oportunidad para renunciar a ello.-Lo hemos visitado algunas veces. Siempre gruñía: “No soy político. Nada tengo que decir”. Y de eso no salía.

Se tenía miedo

Procedía así por autodefensa. Se tenía miedo a si mismo. Se sabía borrascoso, incontenible. Sabía que una vez sacado a la calle, no volvería por un tiempo a la quietud de su estudio, a la paz de la casa que habitaba desde hacía cuarenta años.-

No podía evitar que sus palabras tuvieran resonancia nacional y continental, porque todo lo que llevaba adentro lo volcaba en sus actos, sin cálculo, sin pensar las consecuencias, sin valorar los resultados. Y lo que tenía adentro era mucho. Empezaba sus discursos como el que no quería hablar. Pero al poco rato era prisionero de sus argumentos, de sus palabras, de sus iniciativas. Y así luchaba y luchaba hasta que, según él, se sentía cansado y buscaba el reposo. Se aislaba de nuevo, pero al poco tiempo, recomenzaba, siempre tironeado por sus amigos.-

Cada salida suya a la calle significó para Julio Argentino Noble y demás amigos, esfuerzos continuados. A duras penas se le pudo llevar al Colegio Libre de Estudios Superiores, pero después de dar su primera conferencia empezó a soltar todo lo que tenía dentro de su cerebro y de su corazón contra los curas, contra la iglesia, contra el fanatismo religioso. Ya no podía contenerse.-

Era Lisandro de la Torre protestando contra lo que no quería hacer, pero era Lisandro de la Torre haciendo lo que siempre tendía a hacer.-

Lisandro de la Torre fue, con todo, la expresión más auténtica del pensamiento liberal argentino. Fue él mismo un liberal auténtico, con todas las contradicciones del liberalismo burgués, pero con toda la fuerza del liberalismo burgués en nuestro país en formación. Fue el más consecuente de los hombres del liberalismo argentino, porque fue ateo, porque fue antiimperialista y porque defendió en todo el momento el desarrollo económico nacional. Si no pudo encauzar sus ideas en un partido político, por lo menos sentó cátedra de liberalismo frente a los demás liberales que no eran consecuentes como él y frente a los socialistas que por serlo, querían ser liberarles sin poderlo, sin lograrlo.-

La voz liberal más auténtica

Por eso, porque se lo sabía consecuente, valiente, una voz argentina liberal auténtica, la juventud cifraba en él sus mayores esperanzas. Antes y después de 1930, un grupo de jóvenes y de universitarios quiso formar con De la Torre el Partido Demócrata Progresista en la Capital Federal para irradiarlo luego a todo el país y sacarlo de sus estrechos límites provinciales santafecinos. De la Torre no puso ningún entusiasmo en ello y la iniciativa fracasó. Más tarde, De la Torre se prestaba para ser bandera de la conjunción demócrata-socialista, que marcó una época brillante en la política democrática y liberal del país.-

A su fuerte convicción liberal, sumaba una austeridad y una alcurnia moral como no ha habido otros en nuestro medio político. Por eso se lo odió tanto como él odió la corrupción, la mentira el fraude.-

Le repugnaban las cosas triviales. Recuerdo que a raíz del pedido de desafuero como senador, se nos ocurrió, ya que no había otra forma de hacerlo actuar o hablar, organizarle un banquete monstruo. Le hablé por teléfono. “NO acepto” dijo categóricamente. “ Si quiere venir, venga, ya hablaremos, pero no acepto”

Para presionarlo, fuimos a buscar a su amigo Tedin Uriburu. Con otras personas más, llegamos hasta su casa. Insistimos, pero sin resultado. Enseguida comprendimos: le repugnaba el banquete. Hoy lo comprendemos mejor, el banquete es, en nuestro medio político, una forma fácil de eludir las responsabilidades. Cuando hay actitudes serias que tomar, un banquete lo arregla todo. Es otro síntoma de la chatura argentina. Es, muchas veces, una expresión cómoda y decadente de nuestro civismo en crisis.-

Lo que es y lo que no es un ejemplo

La muerte de De la Torre no es un ejemplo para los que luchan en el país. El suicidio no soluciona nada. Pero, comprendemos el suicidio de De la Torre por las razones esbozadas en esta rápida semblanza del gran luchador, sin tiempo para repasar sus obras, sin tiempo para meditar mucho. Otros estudiarán su interesante personalidad. Aquí queremos reflejar la siluetade De la Torre sin intentar valorar toda su vida. Sólo queremos expresar de él lo que sentimos en este momento. Con la sinceridad y crudeza que tanto relieve dan a su personalidad.-

Si su suicidio no es un ejemplo-porque nosostros queremos modificar el medio que ahogó a De la Torre, su valor moral, su consecuencia política, su rectitud, su firmeza, sí lo son ¡Y en qué grado!.-

Vemos a De la Torre como un diamante en bruto. La comparación es vulgar, pero no se nos ocurre otra. Un diamante no tallado, o sea, un valor político no disciplinado, pero un diamante puro, reluciente, rompiendo las cosas sin romperse jamás.-
Por ser grande, miró al mundo, a su alrededor, y se sentía pequeño. “La pequeñez del hombre comparada con la inmensidad del universo- dijo en su conferencia sobre filosofía- hace extraordinario su empeño en descifrar el enigma de la vida”

¡La pequeñez del hombre! He aquí lo que lo torturaba, lo que lo amargaba. Verse pequeño ante algo que es indudablemente grandioso, aplastante, implica sentirse, a su vez aplastado. No se puede luchar en la vida y en la sociedad sin sentirnos grandes frente a los problemas que podemos solucionar, frente a las miserias que podemos corregir. Se sentía “nada”

La nada le abrumaba. Por eso, para ser nada él también pidió que lo cremasen y que sus cenizas sean arrojadas al viento. “Me parece una forma excelente de volver a la nada, confundiéndome con todo lo que muere en el Universo”.-

En sus últimos momentos, llegó quizás a odiarse a si mismo por la impotencia que sentía sobre sí. Quiso destruir hasta la partícula más pequeña de su cuerpo. En el fondo, revelaba su temperamento emocional, profundamente romántico que se manifiesta también en Federico Engels, quién se hizo cremar ordenando que sus cenizas fueran echadas al mar.-

Se ha apagado una llama en la vida social y política argentina. Se ha apagado un carbón encendido que quemaba y se quemaba.-

Nosotros desearíamos que se levantara un monumento con la figura de tres hombres: la de Irigoyen, arrastrando multitudes, como caudillo; la de Juan B. Justo, enseñando con el libro y el ejemplo; la de De la Torre, alumbrando como una llama del fuego persa. Tres hombres que juntos evocarían una época argentina larga y fecunda. Un período que se cierra con la exigencia imperiosa de abrir otro período ascendente en la trayectoria de nuestro progreso.-

Firma: Ernesto Giudici
Diario Crítica, 6 de enero de 1939


Fuentes:

Ministerio de Educación de la Nación

El Historiador

Partido Demócrata Progresista