Contó cómo fue chocar un ave piloteando un avión Pucará


IA-58 Pucará vs Pájaro


El Primer Teniente Martín Enrique Pontecorvo cuenta el episodio que vivió arriba de un IA-58 Pucará, el avión de combate de la Fuerza Aérea argentina que sólo puede pilotearse después de casi una decena de años de preparación. Es que por esas cosas del destino, le tocó en suerte protagonizar un suceso prácticamente inédito para la historia institucional.

En pleno vuelo, el 3 de septiembre del 2007, se cruzó en su camino un jote negro –ave de importante tamaño y 2 a 3 kilos de peso- causando la rotura de la carlinga (cabina de los tripulantes) e hiriendo de gravedad a su compañero, el copiloto Hernán Mauricio Soncini.

Aunque una colisión de tales características resulta inevitable e inesquivable, Pontecorvo reconoce que "es distinto vivirlo" y que fue un hecho traumático, sin duda alguna.

Ese día despegó de la III Brigada Aérea en Reconquista, provincia de Santa Fe, con el objetivo de completar un vuelo de adiestramiento, navegación táctica aire-tierra. "Disimulábamos un ataque al Aeródromo de Resistencia", relató en diálogo con Infobae.com el piloto de 30 años.

"Estábamos por llegar, veníamos en una formación que se llama fighting wing, donde un guía se encontraba adelante y yo, que era el numeral (la segunda nave) atrás, cuando alcanzo a divisar una mancha negra frente mío. En ese momento pensé: 'es un pájaro'".

"En lo que tardé en mover los comandos del avión para tratar de esquivarlo; esa mancha que veía se transformó en un ave enorme que ya tenía delante de la cúpula", señaló.

Así fue que el Primer Teniente sintió la colisión por encima de su cabeza. "Le dije al guía: 'tuve un impacto de pájaro'. Entonces, me respondió que vaya controlando el avión y me preguntó cómo tenía los motores. Le respondí 'bien, tengo todos los parámetros en orden'. Después me preguntó dónde iba a aterrizar si en Resistencia o en Reconquista".

En ese momento, "ni él ni yo sabíamos la gravedad de lo que había pasado dentro de la cabina. Pensábamos que el pájaro había impactado la cúpula rebotando y saliendo para atrás", aseguró.

Cuando Pontecorvo levantó su vista para chequear el estado de la carlinga, se dio cuenta de que la cúpula estaba rajada. Allí decidió aterrizar.

"Pensé que si volvía a Reconquista, quizás se terminaba de romper la cúpula. En ese momento, vi una carta de navegación que me cayó en la pierna. Era del copiloto. Ahí miré para atrás y vi sangre. Miré por el espejo retrovisor y vi a Hernán con la cabeza gacha, desmayado".

"Le pregunté si estaba bien y no me contestó. Pedí al guía que llamara a una ambulancia y a bomberos. Él se hizo cargo de pedir los servicios contra incendio y médicos y yo de configurar el avión para el aterrizaje en Resistencia", contó.

La carlinga está dividida en dos partes, un parabrisa fijo que está delante del avión y que es blindado y una cúpula que es móvil, compuesta de un plexiglás y que debe tener la capacidad de quebrarse al recibir el golpe para que el asiento, que es eyectable, pueda salir.

"El ave impactó adelante pero rompió la cúpula arriba de mi cabeza, y le dio a Hernán. No hay casco que soporte un pájaro tan grande. El Pucará vuela a 500 km por hora y un pájaro de 2-3 kilos que vuela a velocidad son una combinación que implica un riesgo para cualquier avión, un A4, un Mirage", explicó.

Pontecorvo recuerda que antes de partir, "Hernán, que es dos años más chico y Teniente, había pedido salir conmigo. Por lo que pasó, me sentí y me siento muy mal por no alcanzar a esquivar ese pájaro; me dicen que era imposible hacerlo, pero una cosa es decirlo y otra es vivirlo".

Fuente: Infobae

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