La guerra de mapas entre Argentina y Chile¿cual es la verda

LA GUERRA DE LOS MAPAS ENTRE ARGENTINA Y CHILE:
UNA MIRADA DESDE CHILE Y REVISADO POR UN ARGENTINO


PD:LEAN POR LO MENOS EL INTRO Y EL COMIENZO YA QUE ENTRARON


hola taringueros hace mucho que no posteo nada pero debido a varios post que e visto en los que se menciona a Chile o a la argentina siempre viene el tema del territorio y otros que no tienen nada que ver con este post asi que no los voy a tocar pero siempre viene una pregunta en algunos usuarios ¿CUAL ES LA VERDAD? me puse a buscar en Internet primero relacionado con argentina (el virreynato del rió de la plata) quede satisfecho y con una ideología en contra de los chilenos pero dude un poco así que busque lo relacionado con Chile (la capitanía del reino de Chile) me sorprendí al averiguar que era casi lo contrario de la historia argentina después encontré este articulo que para mi aclaro gran parte de mis dudas
no edite el texto por respeto al autor aun que algunos me van a decir que hice copy paste nomas pero si suprimí los textos de algunas partes no tan importantes por que taringa no permitía tantos caracteres asi que les puse (ver articulo original) para no sacarlos directamente
el articulo es muy interesante lo leí casi por completo espero que también lo hagan


Intro


A través de las escuelas, los periódicos, y cuarteles militares de Argentina y Chile, se enseña que el país vecino es siempre la de expansión y las tierras de un ladrón.

Para los argentinos, todas las tierras al sur del río Bío-Bío pertenecía a Virreinato del Río de la Platas, y por lo tanto, deben ser ahora Argentina; a los chilenos, la Patagonia / hubiera sido propiedad de Chile hasta el 1881s Tratado, que Chile / habría firmado bajo presión, desde la Guerra del Pacífico estaba teniendo lugar en ese momento.

Este artículo muestra que ambas posiciones son falsas, ya que algunos documentos, antecedentes y las disposiciones reales havent sido tenidas en cuenta por estos dos países; antecedentes que muestran la nueva información que apoya las posiciones oponente.

Los errores graves se describen y explican a través de nuevas pruebas documentales, los errores que ya están normalizados en ambos, argentinos y chilenos historiografía.

Empecemos : COMIENZO


Las relaciones diplomáticas entre Argentina y Chile se han desarrollado durante muchos años sobre ciertas desconfianzas mutuas porque en cada país se ha enseñado la historia presentando al vecino como expansionista y sustractor de territorio. Y ello ha pasado de los mapas al manual, de allí a la escuela y la prensa, y finalmente a los pasillos de las cancillerías y embajadas.

Un buen ejemplo de estos desencuentros se reflejó en la Embajada Argentina en Santiago, el 6 de agosto de 1970, en víspera de las elecciones presidenciales en Chile. El embajador Javier Gallac invitó al candidato de la Democracia Cristiana, Radomiro Tomic. Se conversó sobre varios temas, incluyendo los asuntos limítrofes. Tomic señaló al respecto: "En esta cuestión de límites existe siempre una gran sensibilidad y así como consecuencia de la Guerra del Pacífico -y de esto hace ya cien años- se mantiene en Perú y Bolivia una sensibilidad muy especial que nosotros los chilenos no podemos comprender, porque consideramos historia ya terminada...

"Usted, señor Embajador, habla con mentalidad de país vencedor; hemos tenido conflictos, aunque felizmente nunca hemos llegado a la violencia, y al vencedor siempre le es más fácil olvidar lo ocurrido que al vencido. En Chile usted va a encontrar mucha gente que piensa que hubo cancilleres y embajadores que no hicieron valer los derechos del país, que por eso perdimos la Patagonia".

El embajador argentino escuchó atentamente estas palabras pero no pudo comprender muy bien de qué le hablaban. No conocía la Historia de Chile. No estaba enterado que Tomic estaba transmitiendo el pensamiento estandarizado en todas las escuelas y universidades chilenas. Al contrario, las ideas que Gallac tenía en la cabeza, aprendidas también en el aula, pero de escuelas argentinas, eran exactamente inversas. Se apuró entonces a responder de acuerdo al lenguaje diplomático, y señaló que: "La coincidencia en esta materia era muy difícil de lograr, pues también del otro lado de los Andes había argentinos que pensaban que habían tenido embajadores flojos y cancillerías poco hábiles frente a una política activa, inteligente y coherente por parte de Chile con relación a los problemas limítrofes"

Este diálogo, en su esencia, se ha reproducido numerosas veces en las relaciones bilaterales, no solo en el campo diplomático, sino también en el campo empresario, académico, profesional, militar, entre otros. Ello es así porque se ha estandarizado, en Argentina y Chile, una percepción del país vecino como expansionista y sustractor de territorio. Cada día, millones de niños argentinos y chilenos estudian en la escuela con mapas históricos según los cuales la nación trasandina ha despojado al propio país de centenares de miles de kilómetros cuadrados de territorio. La causa de este despojo se encontraría en una cancillería entreguista, en una política exterior claudicante y en un vecino voraz y ambicioso.

Estas tesis no están restringidas a los historiadores militares, tan proclives a mostrar amenazas inminentes en los países vecinos para justificar sus reclamos de mayor presupuesto y carreras armamentistas. En efecto, estos mapas son publicados por los más prestigiosos historiadores actuales de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Chile. También circulan en los manuales escolares de nivel básico y medio, avalados por los Institutos Geográficos Militares de Argentina y Chile y por los respectivos Ministerios de Educación. Además, han sido difundidos por las más prestigiosas editoriales de ambos países, como Editorial Sudamericana, en la Argentina, y la Editorial Universitaria, dependiente de la Universidad de Chile.

Los mapas y manuales argentinos aseguran que, hasta 1810, todo el actual sur de Chile pertenecía al Virreinato del Río de la Plata. Ello incluye los territorios ubicados al sur del río Biobío, incluyendo la Araucanía, la ciudad de Valvidia, la isla de Chiloé, todo el Estrecho de Magallanes y la Patagonia chilena. De acuerdo al Tratado de 1856, que estableció el principio de Uti Possidetis Iuris, todos estos espacios debían pertenecer a la Argentina. Sin embargo, Chile desarrolló una política fuertemente expansionista, con un hito clave en la fundación del Fuerte Bulnes (1843), lo cual le permitió apropiarse de territorios que no le correspondían.

Por su parte, los mapas y textos chilenos señalan que, hasta 1810, toda la actual Patagonia argentina pertenecía al Reyno de Chile. Aseguran que la frontera pasaba por los ríos Diamante (en el centro de la provincia de Mendoza), y por el río Negro. De acuerdo al Tratado de 1856, que estableció el principio de Uti Possidetis Iuris, todos estos espacios debían pertenecer a Chile. Sin embargo, Argentina desarrolló una política fuertemente expansionista que se reflejó en la Campaña al Desierto del general Roca. El golpe de gracia se produjo en el Tratado de 1881, cuando la Chile debió comprar la neutralidad argentina en la Guerra del Pacífico a un costo de 1.000.000 de kilómetros cuadrados. Chile debió cederle la Patagonia a la Argentina para evitar que esta se aliara con Bolivia y Perú.

Tras confrontar las dos premisas anteriores se llega a una conclusión clara: alguien miente entre los historiadores del Cono Sur. O mienten los chilenos o mienten los argentinos. Pero es imposible que ambos digan la verdad. Tenemos entonces un problema, porque existen afirmaciones falsas que se han difundido masivamente en ambos países.

Esta irregularidad fue detectada por los gobiernos nacionales de Argentina y Chile, que convocaron a historiadores de Buenos Aires y Santiago para efectuar una revisión de los textos escolares, liderados por Luis Alberto Romero, Hilda Sábato y José Antonio Garretón. Durante varios años los colegas trabajaron para tratar de resolver el problema. Finalmente, lograron algunos avances. Concluyeron que lo ideal es no mencionar los temas territoriales en los manuales escolares, pues por ese camino no se podrían conciliar los enfoques de las tradiciones historiográficas de cada país.

La propuesta de Romero y Garretón es interesante. Efectivamente, casi la totalidad de los espacios que los manuales escolares dedican al país vecino, se restringe a las cuestiones territoriales y limítrofes. Sería muy conveniente dedicar ese espacio a otros temas comunes, como la historia del Ferrocarril Trasandino, los flujos migratorios, las redes de intelectuales y escritores, el intercambio comercial, las carreteras, los fenómenos deportivos y otros temas.

De todos modos, los estudios mencionados no han logrado resolver la cuestión de fondo. ¿Quién miente y por qué en la cuestión de los mapas y la evolución histórica de la frontera? Evidentemente, para resolver un problema de esta envergadura era necesario realizar una investigación profunda que tienda a resolver los siguientes puntos:

Primero: cuáles eran los límites administrativos dispuestos por la Corona española entre el Virreinato del Río de la Plata y el Reino de Chile en vísperas de 1810. Ello implicaba cruzar los documentos reivindicados por la cancillería chilena con las fuentes esgrimidas por el gobierno argentino en los debates territoriales. En este sentido había que superar las tendencias parciales de cada país, cuyos intelectuales procuraban minimizar los argumentos del otro, y enfatizar los propios.

Segundo: una vez detectado el mapa definido por el Rey antes de 1810, es necesario estudiar el proceso de deformación de los mapas. Hay que examinar qué historiador chileno inventó el mapa que atribuye a su país derechos sobre toda la Patagonia, y viceversa del lado argentino.

En resumidas cuentas, el objetivo del trabajo es describir y explicar el proceso por el cual se construyó en Argentina y en Chile una imagen distorsionada del país vecino, propuesta que luego se estandarizó a través de la escuela y la prensa. Una vez alcanzado este objetivo, el paso siguiente es elaborar una propuesta superadora que se ajuste más a la verdad histórica y permita emplear el mismo mapa en los manuales escolares de ambos países.

La realización de esta tarea tiene un serio obstáculo: ¿cómo lograr un resultado imparcial? En efecto, si el trabajo lo realiza un investigador argentino, dentro de una universidad argentina, dirigido y evaluado por historiadores argentinos, puede ser acusado de priorizar los intereses de su país. Y a la inversa si la tarea la realiza un historiador chileno dentro de Chile.

Para superar esta dicotomía, se encargó este trabajo a un investigador argentino, profesor titular de una universidad argentina e investigador del CONICET. Con estos antecedentes, el autor se instaló tres años en Chile y realizó una tesis doctoral en la Universidad de Santiago, dirigida por el profesor chileno Joaquín Fermandois, profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile. La tesis fue evaluada por un tribunal compuesto por un inglés y tres chilenos: el doctor Ian Thomson (CEPAL); la doctora Carmen Norambuena Carrasco, directora del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago; el doctor Iván Witker, director de la Mención Relaciones Internacionales del Doctorado de dicha universidad y funcionario del Ministerio del Interior del Gobierno de Chile, y el mencionado doctor Fermandois. La tesis fue aprobada por unanimidad, y en el momento de comunicar su resultado, el decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago señaló que la misma "marca un hito en nuestra historia nacional". Además, adelantó que la citada facultad se iba a ocupar de la publicación de dicha tesis, compromiso que se cumplirá tal vez hacia fines de este año

La tesis demostró que el Tratado de Límites firmado por Argentina y Chile en 1881 y los tratados posteriores (incluyendo el laudo del Beagle) se ajustaron al principio de Uti Possidetis Iuris de 1810. Es decir, respetó las divisiones administrativas dispuestas por la Corona española entre el Virreinato del Río de la Plata y el Reino de Chile. Argentina poseía la Patagonia en la época colonial y Chile poseía la Araucanía, Valdivia, Chiloé, el Estrecho de Magallanes, el Beagle y el Cabo de Hornos. Por lo tanto, ni Argentina ha despojado a Chile de territorio ni viceversa.

Por razones de espacio, es imposible comprimir una tesis de 400 páginas en un artículo como el presente. Pero se pueden seleccionar los aspectos más relevantes para el público de cada publicación. El autor ha elaborado un informe para publicar en Argentina, en el cual se dé a conocer aquellos aspectos que la historiografía chilena no ha considerado, para demostrar los errores de los mapas que actualmente circulan en ese país. Y a la vez, en el presente escrito, nos proponemos dar a conocer en Chile los fundamentos que muestran las falencias de los mapas que hoy circulan en los manuales chilenos.

Mapa del virreynato del rio de la plata segun argentina


La guerra de mapas entre Argentina y Chile¿cual es la verda

Mapa de la capitania general del reino de chile segun chile

solucion


1. LOS MAPAS ESTANDARIZADOS Y SUS FUNDAMENTOS


Los mapas que actualmente se han estandarizado en los manuales de Historia de Chile, explican la evolución territorial de ese país en una serie de documentos. Como punto de partida, los historiadores chilenos consideran las Reales Cédulas de 1554, 1555 y 1558, por las cuales la Corona española dispuso que la Gobernación de Chile se extendía del desierto de Atacama hasta el Estrecho de Magallanes, con un ancho de cien leguas desde el Pacífico hacia el este. Ese era el territorio original. Posteriormente, la Corona española separó de Chile la Gobernación de Tucumán, mediante Real Cédula de 1563; más tarde, el rey Carlos III hizo lo mismo con Cuyo, que fue incorporado al Virreinato del Río de la Plata en 1776. Pero, de acuerdo a la tradición historiográfica chilena, la Corona nunca separó la Patagonia del Reyno de Chile. Por ende, hacia 1810, este territorio todavía pertenecía a la Capitanía General y, por ende, fue heredado por la República de Chile. Esta es la lectura compartida por todos los historiadores chilenos de la segunda mitad del siglo XX, incluyendo Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre y Sergio Villalobos. Institucionalmente, esta tesis es compartida por los colegas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago.

Del lado argentino, la tradición historiográfica considera otros documentos. Los más importantes son las reales cédulas por las cuales se implantó el sistema de intendencias en el Reino de Chile (1786), que quedó dividido en dos intendencias: la de Santiago y la de Concepción. La primera se extendía del desierto de Atacama hasta el río Maule y desde la cordillera al Pacífico. La segunda se prolongaba del Maule hasta la Araucanía, desde la cordillera al Pacífico. Estas disposiciones habrían dejado sin efecto las reales cédulas de mediados del siglo XVI. Además, al no existir la res nullius (tierra de nadie), todos los territorios del Biobío hacia el sur debían pertenecer el Virreinato del Río de la Plata hacia 1810. Y por lo tanto, les correspondía a su heredero histórico, es decir, la República Argentina. Con estos criterios se han elaborado todos los mapas que circulan en los manuales de las escuelas argentinas en las últimas décadas. Autores como Diego Luis Molinari, Elena Chioza, Daniel Santamaría, Randel, Enrique Tandeter y Juan Suriano han aprobado, legitimado y difundido mapas con estos contenidos, a través de numerosas obras difundidas a través de EUDEBA, el Centro Editor de América Latina y Editorial Sudamericana, por dar algunos ejemplos. Además estos mapas circulan en numerosos manuales escolares, con el aval del Instituto Geográfico Militar y del Ministerio de Educación de la Nación.

2. LOS DOCUMENTOS HISTÓRICOS QUE
LOS CARTÓGRAFOS NO TUVIERON EN CUENTA


Tanto los historiadores argentinos como chilenos, al diseñar los mapas señalados, omitieron la consideración de documentos fundamentales de la época colonial. Al no conocer esta información, los colegas se vieron empujados a incurrir en inexactitudes que luego se estandarizaron en sus respectivos países.

La tradición historiográfica chilena no tomó conocimiento de la Real Cédula de 1570, por la cual la Corona prolongó el límite austral de la Gobernación de Buenos Aires, del paralelo 37º al paralelo 49º. Esta Real Cédula no fue conocida por José Miguel de Amunátegui, en su monumental obra de 1880. Al no conocerla, construyó de buena fe su tesis, conforme a la cual, sobre el filo de la Revolución de 1810, se hallaban perfectamente en vigencia los derechos del Reino de Chile sobre la totalidad de la Patagonia.

Por otra parte, ni los historiadores argentinos ni los chilenos han considerado completo el Corpus Documental Intendencial, a través del cual se produjo el asentamiento del sistema de intendencias en el Reino de Chile. Como hemos señalado antes, la Corona creó las intendencias de Santiago y Concepción, mediante documentos conocidos por todos los historiadores. Pero lo que pocos han tenido en cuenta es que además de esas dos intendencias, la Corona creó también la intendencia de Chiloé, que iba de la Araucanía hasta el Cabo de Hornos, de la cordillera al Pacífico.

1. La Real Cédula que Amunátegui no conoció
(ver articulo original)

2. La Patagonia y su nueva jurisdicción
La Real Cédula de 1570 redefinió solo parcialmente la jurisdicción de la Gobernación del Río de la Plata o de Buenos Aires. Entre los paralelos 25 y 37, la jurisdicción se prolongaba teóricamente hasta el océano Pacífico; pero en este territorio se encontraban las ciudades chilenas, que se desenvolvían con total independencia de la Gobernación del Río de la Plata. A ello hay que añadir que, entre los paralelos 37 y 48, ningún documento de la Corona había establecido hasta entonces el límite occidental.

La definición de la frontera jurídica occidental de la Gobernación del Río de la Plata se realizó en el siglo XVII. La Corona dio el primer paso en 1617 con motivo de la división de la extensa jurisdicción rioplatense en las gobernaciones de Asunción y Buenos Aires. A propósito de esta medida, la Corona estableció en el oeste una frontera jurídica más acorde con la frontera imaginaria y la frontera real y efectiva. En efecto, la Real Cédula de 1617 desprendió de la Gobernación del Río de la Plata los territorios que hasta entonces había tenido sobre el Pacífico, entre los paralelos 25° y 37°. En su lugar, estableció un nuevo límite occidental, en la Gobernación del Tucumán. Esta delimitación fue un avance, pero solo parcial. La Real Cédula de 1617 no ofreció mayores aportes para resolver el problema en la zona austral (entre los paralelos 37° y 48°). Este silencio era comprensible, porque la Corona no tenía necesidad de preocuparse por especificaciones tan minuciosas. Pero cuando ello fue necesario, fue la misma autoridad metropolitana quien se encargó de resolver la cuestión. La oportunidad se presentó un siglo después, con motivo de un conjunto de medidas tendientes a regular las relaciones con los indígenas. La Real Cédula de 1669 ordenaba al gobernador de Buenos Aires tomar medidas con respecto a los indígenas, atendiendo "que en los términos de aquella jurisdicción por la parte del sud, i confines de la cordillera e Chile, iprovincia de Tucumán, habían sido siempre habitados de un numeroso jentío de indios serranos ipampas bárbaros en el modo de vivir"

Este documento brinda un avance importante, pues señala los dos límites occidentales de la Gobernación de Buenos Aires: del paralelo 37° hacia el norte, la Gobernación de Tucumán; del paralelo 37° hacia el sur, la cordillera de los Andes. Esta Real Cédula completa los datos de las capitulaciones de Ortiz de Zárate (1570), en cuanto al límite austral, y confirma el enfoque de Hernando de Montalvo (1587), sobre el límite occidental de la gobernación. Entre las Reales Cédulas de 1570 y de 1669, la Corona española terminó de definir la frontera jurisdiccional de la Gobernación del Río de la Plata en la región austral: esta limitaba al este con el océano Atlántico, al sur con el paralelo 48° y al oeste con la cordillera de Chile.

Este límite jurídico entre la Gobernación del Río de la Plata y el Reino de Chile en la zona austral se consolidó con un tercer documento, cuando la Corona emitió la Real Cédula del 21 de mayo de 1684. Igual que en el caso anterior, esta norma tenía como objetivo avanzar en la regulación de las políticas indígenas. Por tratarse de un tema tan delicado, la Corona se vio en la necesidad de definir con toda claridad los límites de las jurisdicciones territoriales. El texto estaba concebido en los siguientes términos: "Desde esa ciudad de Buenos Aires, i costas del Río de la Plata, que miran al sur, hasta el estrecho de Magallanes, hai algunos centenares de leguas, pobladas con naciones de infieles"

En esta primera parte del documento, el Rey ordenaba al gobernador del Río de la Plata que se ocupara de un problema que se estaba gestando en el territorio austral. Naturalmente, esta era una forma de ratificar la jurisdicción de Buenos Aires sobre estos territorios, tal como había establecido la Real Cédula de 1570. Más adelante, el texto explicaba el problema de los indígenas y la insuficiencia de las políticas de asimilación efectuadas hasta el momento. El Rey señaló que los indios de la Patagonia eran "unos enemigos declarados de los españoles, por las hostilidades que en varias ocasiones se han hecho, otros no sujetos a mi obediencia, por no haber tenido quien les instruya en la vida cristiana, no obstante que por los años de 1673, Nicolás Mascardi, de la misma Compañía, corriendo las serranías de Chile i costas del mar del Sur, para atraer al conocimiento de la fe a los muchos infieles que las pueblan, dio vuelta a la cordillera nevada, que divide aquel reino de esas provincias, i la de Tucuman i en llanos que corren hacia el dicho rio hallo naciones que con veras pedian el bautismo, que les hubiera concedido si antes de instruirlos, no le hubieran los poyas, otra nación más barbara, dado muerte violenta".

Este texto reforzó el contenido de la Real Cédula de 1669. El rey volvió a señalar que la cordillera de los Andes separaba el Reino de Chile de la Gobernación de Tucumán en el norte, y de la Gobernación del Río de la Plata en el Sur. Además, el monarca demostraba tener conocimientos de los viajes del padre Mascardi y destacaba la importancia de su acción misionera y exploratoria en la cordillerana y costas del Pacífico. Luego señaló que el citado misionero cruzó la cordillera nevada "que divide aquel reino de estas provincias". Es decir, el Rey consideraba que en su viaje a la Patagonia oriental, Mascardi había atravesado los límites de la jurisdicción de Chile e ingresado en la jurisdicción del Río de la Plata. El monarca evitó censurar esta actitud pero le indicó al gobernador de Buenos Aires que tomase medidas para promover la evangelización de los naturales en el área indicada, o sea, en la Patagonia.

Con las capitulaciones de Pedro de Mendoza (1534) y Ortiz de Zárate (1570), la Corona entregó a la Gobernación del Río de la Plata una jurisdicción sobre el Atlántico de 400 leguas, que abarcaban del paralelo 25º al 48° 21. Desde este lugar hasta el Estrecho de Magallanes (52°) el rey de España nunca entregó explícitamente jurisdicción a Buenos Aires. Por lo tanto, quedaba un territorio de 350 kilómetros, desde el confín austral de la jurisdicción rioplatense hasta el Estrecho, que no estaba formalmente bajo la jurisdicción de Buenos Aires. Este criterio fue coherente con la decisión de la Corona de crear una gobernación autónoma en el Estrecho de Magallanes, objetivo fijado a la expedición de Sarmiento de Gamboa (1581-1586).

El fracaso de la Gobernación del Estrecho de Magallanes generó una situación de abandono jurídico en el área. La expedición de Gamboa había anulado la jurisdicción de Chile sobre el área; además, la Gobernación del Río de la Plata tampoco llegaba a este lugar. No había, por lo tanto, una definición clara de esta jurisdicción. Esta situación se mantuvo así durante varias décadas. Hasta que por fin la Corona resolvió reincorporar la zona del Estrecho a la jurisdicción del Reino de Chile. Así lo manifestó a propósito de la Audiencia de Chile. En la erección de la misma (1609) no se mencionaron explícitamente los límites jurisdiccionales, pero sí se verificó este dato en documentos posteriores, como la Real Cédula de 1661 y en la Recopilación de Leyes de Indias (1680); con motivo de la puesta al día de la tradición jurídica española en América, la Corona consideró oportuno señalar los límites de la Audiencia de Chile. Tal como hemos visto anteriormente, el documento de 1680 dispuso que la misma "tenga por distrito todo el dicho reino de Chile (...) dentro y fuera del estrecho de Magallanes y la tierra adentro hasta la provincia de Cuyo inclusive"

La delimitación de la jurisdicción de la Audiencia de Chile, dispuesta en 1680, fue un aporte fundamental para definir sus títulos en las fronteras de la Gobernación de Chile, tanto al sur como al este. En la zona sur, este documento devolvió a este Reino plena jurisdicción sobre el Estrecho y zonas aledañas, títulos que se habían debilitado con motivo de la expedición de Sarmiento de Gamboa en 1581-1586. Por otra parte, este documento compatibilizó las fronteras jurídicas entre el Reino de Chile y la Gobernación del Río de la Plata.

En efecto, lo primero que salta a la vista en lo referente al límite oriental de la Audiencia de Santiago, es que las disposiciones del siglo XVII no utilizaban la forma original de las capitulaciones chilenas de 1554, 1555 y 1558. No mencionaba la proyección territorial de 100 leguas desde el Pacífico hacia el este como límite oriental de la jurisdicción ni en todo ni en parte. Tampoco aludía a las costas de la Patagonia ni al territorio entre la costa y la cordillera; se referían vagamente a "la tierra adentro". La explicación es obvia a la luz de las reales cédulas de 1570, 1669 y 1684. Entre 1558, fecha del nombramiento de Villagra, y 1661, año de la delimitación oficial de la Audiencia chilena, la frontera jurídica en la zona austral había variado sensiblemente. Tras estudiar el conjunto de los documentos emitidos por la Corona para gobernar América, los expertos de la Corte tuvieron que dar una nueva redacción a los límites jurisdiccionales de la Audiencia de Chile. Hubo que modificar la fórmula. No era posible conservar la tradicional mención de las 100 leguas. Era necesario disponer de una expresión nueva, que dejara a salvo los títulos de Chile en el Estrecho y alguna forma de continuidad continental desde allí hasta la Araucanía y el Valle Central. Pero sin atribuirle a Chile jurisdicción sobre la Patagonia, pues entre 1570, 1669 y 1684 esta había pasado, por decisión de la Corona, a depender de la gobernación del Río de la Plata.

A través de este proceso se consolidó la cordillera de los Andes como límite natural entre la Gobernación del Río de la Plata y la Capitanía General de Chile. En el siglo XVII, esta era una idea que se estaba abriendo camino también en Europa. Basta recordar cómo en aquellos años la Corona de Francia sostuvo la tesis del Rin como su frontera natural y realizó numerosas guerras para alcanzar este objetivo. De la misma manera, en América Meridional se aplicó un criterio parecido con la cordillera de los Andes. De todos modos, todavía quedaba un amplio margen de indecisión. Porque esta cordillera tenía un ancho que podía superar los 200 kilómetros. ¿En qué parte de la cordillera estaba el límite? Las montañas se transformaban automáticamente en zona litigiosa, jurisdicción territorial indefinida. Allí donde hubiera montañas, más bajas o más altas, el límite no estaba claro. En cambio, donde no hubiera montañas, es decir, en las llanuras, la parte occidental era del Reino de Chile y la oriental de la Gobernación de Buenos Aires.

Este criterio amplio solucionaba el problema de las misiones de Nahuel Huapi. Al encontrarse entre las montañas, podían perfectamente estar sujetas al Reino de Chile, sin entrar en contradicción con las jurisdicciones territoriales dispuestas por la Corona. Así lo entendía el rey de España: cuando tuvo que expresar el valor jurídico de las misiones establecidas por Mascardi en el lago citado, la Real Cédula de 1684 engloba esta actividad junto a otras más. El texto ubica a Mascardi "corriendo las serranías de Chile i costas del mar del Sur para atraer al conocimiento de la fe a muchos infieles que las pueblan". Es decir, para el rey Carlos II, las misiones de Nahuel Huapi estaban todavía dentro de las serranías de Chile.

La Corona había avanzado bastante en el esclarecimiento de la frontera jurisdiccional entre el Reino de Chile y la Gobernación del Río de la Plata. Estaba claro que la frontera se encontraba en la cordillera. Pero no se especificaba la delimitación dentro de ella. La Corona española no tuvo necesidad de definirlo. El litigio iba a quedar para los siglos XIX y XX.

3. La implantación de las intendencias en Chile
(ver articulo ariginal)

3. PRESENCIA REAL Y EFECTIVA EN LOS TERRITORIOS AUSTRALES


Los mapas y croquis que representan la división territorial vigente en la época colonial, que actualmente circulan en las escuelas argentinas, aseguran que todos los territorios al sur del Biobío pertenecían, hacia 1810, al Virreinato del Río de la Plata. En nuestra tesis hemos dedicado un amplio espacio a destacar todos los títulos que la Corona española emitió a favor del Reino de Chile, en los cuales incluyó todos los territorios australes hasta el Cabo de Horno, incluyendo el Estrecho. También hemos dedicado un estudio detallado para documentar la presencia chilena en Chiloé, Valdivia y Osorno, desde el siglo XVI hasta 1810. Mediante abundante información, hemos enviado un mensaje a los historiadores y cartógrafos argentinos, para dejar en claro que es absurda y carente de fundamento la tesis que atribuye estos territorios al Virreinato del Río de la Plata.

En el presente artículo, dirigido al público chileno, nos proponemos demostrar la tesis complementaria, es decir, que así como el actual sur chileno jamás perteneció al Virreinato, la actual Patagonia argentina sí estuvo sujeta al gobierno de Buenos Aires, al menos desde 1570.

1. Buenos Aires y la posesión de las costas patagónicas
En el litoral rioplatense-atlántico, el proceso de expansión hacia el sur experimentó un notable paralelismo cronológico con el centro y oeste de la actual Argentina. La ciudad de Buenos Aires no fue capaz de poner en marcha un proceso rápido y sostenido de ocupación de las tierras del sur, a pesar de los compromisos asumidos por sus autoridades ante la Corona. Basta recordar que la Real Cédula de 1570 sujetaba a Buenos Aires todos los territorios hasta el paralelo 48º. Sin embargo, las tierras australes no despertaron un interés permanente en las autoridades rioplatenses.

En los siglos XVI y XVII las costas patagónicas se percibían como territorios desolados, carentes de riqueza (el menos para la tecnología disponible en la época) y poco adecuados para el asentamiento de los europeos. Los navegantes que se aventuraron por esas latitudes elaboraron informes altamente insatisfactorios sobre las condiciones naturales de estas tierras. Los relatos enfatizaban el frío y el viento, el hambre y la sed que debían padecer los que recorrían las gélidas tierras patagónicas en busca de calor, refugio y alimento. A ello se sumaba el mito de los indios presuntamente antropófagos y demás maldiciones. El trágico viaje de Hernando de Magallanes y el triste fin de la expedición de Sarmiento de Gamboa fueron pilares fundamentales para la leyenda negra de la Patagonia. Viajar a estas tierras se consideraba una aventura temeraria con riesgo de muerte o de sufrir padecimientos inenarrables. Como resultado, las costas del sur permanecieron despobladas de europeos durante largo tiempo.

El tradicional abandono de las costas patagónicas comenzó a revertirse a mediados del siglo XVIII, con la realización de algunas expediciones importantes para el reconocimiento de la región. El marco legal de ellas estuvo dado por las reales cédulas por las cuales se encargó al gobernador de Buenos Aires, Domingo Ortiz de Rozas, la realización de viajes exploratorios a la zona, a cargo de los padres Quiroga, Cardiel y Ströbel a la costa patagónica. Poco después tuvo lugar la expedición del piloto Jorge Barne, quien, con licencia del gobernador de Buenos Aires, exploró el puerto de San Julián (1752). Elaboró un detallado diario de su viaje que luego presentó a las autoridades de Buenos Aires.

Tras la llegada de Carlos III al trono español (1765-1788), los temas geoestratégicos se vieron jerarquizados dentro de la agenda imperial. En el escenario internacional, en estos años, "España abandona la política pacifista de Fernando VI y pretende retomar la iniciativa, inaugurando la política de emulación que le costaría la más grave decadencia de su historia". En este contexto, la Corona destinó crecientes sumas para financiar objetivos militares y políticos con la idea de hacer frente al expansionismo británico. Este criterio se hizo notar en distintas regiones de América, potencialmente vulnerables a un ataque inglés, como las costas patagónicas. Durante la gestión de Carlos III se reforzaron las medidas de seguridad y vigilancia en territorios que durante largo tiempo habían sido desatendidos por la Corona. "Solamente en el año 1767 hemos identificado seis reales órdenes, y once en total, entre 1766 y 1770, dirigidas por el secretario de Estado, Julián Arriaga al gobernador de Buenos Aires, Francisco Bucarelli, sobre el tema de ingleses y franceses en el sur".

La toma de conciencia sobre la importancia geoestratégica de las costas patagónicas tuvo dos disparadores principales: la Descripción del Reyno de Chile de Ambrosio Higgins (1767) y la Descripción de la Patagonia del jesuita Thomas Falkner (1774). El primero de estos documentos ha sido mencionado varias veces en el presente estudio. Tras una experiencia en la Araucanía, el autor viajó a Madrid y elevó al Rey una propuesta para promover el desarrollo y la seguridad en la región, dentro y fuera de los límites de la Capitanía General de Chile. Ya hemos explicado que para Higgins lo importante era abordar los problemas regionales en forma integrada. Esta visión regional llevó al Marqués de Osorno a mirar más allá de las fronteras del Reino de Chile, con vistas a promover políticas más articuladas territorialmente. De allí su interés en la construcción de caminos y puertos para promover el comercio y la seguridad del imperio. Los circuitos comerciales de Chile con Asunción y Buenos Aires no escapaban a su mirada, lo mismo que los amagos británicos en las costas patagónicas. Para prevenir esta amenaza, Higgins propuso tomar medidas concretas: "Para evitar a tiempo las malas consecuencias que pueden traer tales proyectos, me parece muy necesario que los españoles piensen sin perder tiempo en buscar dos puertos en la misma costa entre los 38 grados y 45, procurando fortificarse en ellos, y traer gentes para su población de donde se pudiere. La misma diligencia convendría se hiciese en la Bahía de San Julián, por los 49 grados, sin perder de vista al mismo tiempo la máxima de reducir a pueblos o poblaciones los indios de dicha costa, y interior de aquel vasto territorio".

Con una visión geoestratégica muy adelantada para la época, el futuro gobernador de Chile y virrey del Perú llamaba la atención sobre la importancia de las costas patagónicas. A la vez, anticipaba que desde estos puntos se podían generar las condiciones para colonizar el interior de la Patagonia. Higgins propuso articular los asentamientos patagónicos con la línea de fortines que debía comenzar 150 km al sur de Buenos Aires y avanzar en dirección sudoeste, hasta llegar al volcán Villarrica, proyecto que ya hemos comentado. Según Higgins, entre estos seis fortines y los tres puertos patagónicos se pondría en marcha un circuito comercial de singular potencial. El intercambio comercial con los indios les facilitaría progresar hasta convertirse en ciudades. Además, "sería fácil abrir entre ellos caminos y correspondencias". Desde el punto de vista religioso, "los misioneros tendrán por ambos lados protección y facilidad de extender la doctrina cristiana y los indios con estas disposiciones se hallarán por todos aquellos contornos con la precisión de reducirse a pueblos".

Las costas y tierras patagónicas quedarían, según Higgins, dentro de la jurisdicción de la Gobernación de Buenos Aires. En efecto, al especificar quién sería el responsable político de este proyecto, Higgins destacó "el conocido celo y eficacia del Excmo. Señor Gobernador de las Provincias del Río de la Plata, a cuya jurisdicción pertenecerá la costa patagónica y la Línea Fronteriza que se propone establecer": La propuesta de Higgins no fue aplicada inmediatamente por la Corona. Pero fue un aporte al despertar de la conciencia territorial de la clase dirigente con relación a las costas patagónicas y su importancia geoestratégica. De esta manera Higgins contribuyó crear el clima propicio para que más adelante se tomaran medidas en esa dirección.

El interés por la Patagonia creció con la publicación de la citada obra de Tomás Falkner (1774). Esta tenía como objetivo demostrar que las costas patagónicas eran más adecuadas para un asentamiento estratégico que las Islas Malvinas. El texto llamaba la atención sobre el potencial de la región, su interés geoestratégico y su vulnerabilidad. El autor alentaba a los ingleses a establecerse en la desembocadura del río Negro. De esta manera consideraba que se obtendría una ventaja decisiva en el Atlántico Sur, y a la vez, se echarían las bases para la captura de Valdivia, Valparaíso y, finalmente, el Reino de Chile. Además, el ex misionero aseguraba que sería relativamente fácil tomar las ciudades de Montevideo y Buenos Aires, con pocas fuerzas (tal como se demostró en 1806).

La difusión de la obra de Falkner, con estas amenazadoras propuestas, no tardó en generar inquietud en la Corte española, que se predispuso a tomar medidas para prevenir el asentamiento de la bandera británica en las costas de la Patagonia.

La tensión anglo-española se profundizó con la guerra de la independencia de EE.UU. (1776-1783). Al estallar el conflicto, España consideró que tenía la gran oportunidad para tomarse revancha de Gran Bretaña y devolverle las humillaciones que esta le venía dando desde la Armada Invencible (1588). España colaboró informalmente con las trece colonias, sabiendo que Gran Bretaña trataría de tomar represalias. Los ingleses podían hacer sentir su fuerza en cualquier lugar del globo donde hallaren posesiones españolas. La Corona tuvo que reforzar todo su imperio, especialmente los territorios más vulnerables. Uno de ellos era, precisamente, el Atlántico Sur, donde a la amenaza inglesa se sumaba el tradicional expansionismo de sus aliados, los portugueses. Esta era, por lo tanto, un área de especial importancia estratégica para el imperio español.

Para fortalecer sus posiciones en la región atlántico-rioplatense, la Corona tomó tres decisiones fundamentales de carácter estratégico: creó el Virreinato del Río de la Plata (1776), envió un contingente armado a la región para enfrentar a los portugueses en la Banda Oriental (1777) y promovió los asentamientos en la costa patagónica (1779-1780).

La decisión de fundar los establecimientos patagónicos tuvo su antecedente en el informe de Ambrosio Higgins, tal como se ha señalado (1767). Una década más tarde, la idea se transformó en el proyecto que el secretario de Estado, conde de Floridablanca, presentó al ministro Gálvez, en el cual se propiciaba ocupar la boca del río Negro. En pocos meses se dio forma definitiva a la propuesta y como resultado se erigieron los cuatro asentamientos australes: el fuerte de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, en la margen izquierda de la desembocadura del río Negro; la villa de Puerto Deseado, el fuerte de San José, en la península de Valdés y la Nueva Colonia de Floridablanca, en la bahía de San Julián.

De acuerdo a lo señalado por don Ambrosio Higgins, estos pueblos debían tener dos objetivos: prevenir la invasión de ultramar y abrir camino a la dominación real y efectiva de la Patagonia. La propuesta de Falkner también mencionaba a los indios como aliados potenciales de la eventual colonia patagónica. Algunos autores argentinos apoyan esta interpretación, como Navarro Floria, para quien "la verdadera finalidad de los fuertes de la nueva Superintendencia de la Costa Patagónica era servir de cabeza de puente para la conquista del interior del territorio y el sometimiento del indio, que era lo que se creía en peligro, siguiendo las sugerencias de Falkner y su editor". Otros autores dicrepan con este enfoque. Para María Teresa Luiz, académica de la Universidad de la Patagonia Austral, la conquista de los indios "jamás estuvo dentro del plan de los asentamientos patagónicos españoles pues la finalidad era controlarlos simbólicamente".

Desde el punto de vista jurisdiccional, la Corona también siguió el criterio del plan de don Ambrosio Higgins: los cuatro asentamientos patagónicos estuvieron dentro de la jurisdicción de Buenos Aires. Todo el proceso de planificación, ejecución y administración de estos poblados se realizó a través del virrey del Río de la Plata. El ministro "Gálvez encontró un obediente ejecutor en (el virrey) Juan José de Vértiz. La abundante y densa correspondencia entre ambos revela un buen entendimiento, y Vértiz se muestra puntilloso en el cumplimiento de cada uno de los encargos ministeriales con su característica eficacia ilustrada".

Los asentamientos costeros facilitaron la exploración del interior del territorio patagónico. Desde allí era fácil avanzar hacia el oeste remontando los grandes ríos de la región, como el Colorado, el Negro y el Santa Cruz. Francisco de Viedma (1737-1809) exploró el río Negro en busca del lugar más apto para los fuertes. En 1782 Antonio de Viedma remontó el río Santa Cruz hasta la cordillera y descubrió el lago que lleva su nombre41. En 1780 Basilio Villarino recorrió el río Colorado. Posteriormente, entre 1782 y 1783, Villarino y José de Goycochea remontaron el río Negro. En su informe oficial, Villarino propuso establecer un asentamiento en la isla de Choele Choel, con la idea de promover el camino de Carmen de Patagones a Valdivia. El mismo levantó en ese lugar "una estacada con galpón, batería, etc., que más tarde llamará fortaleza Villarino". De esta manera se echaban las bases para una eventual ocupación de la Patagonia.

Los asentamientos patagónicos significaban una sensible ventaja geoestratégica y científica. A partir de ellos se descorría el velo que todavía ocultaba la naturaleza de esos territorios y se abría el camino a su ocupación y aprovechamiento económico. Pero estas poblaciones también presentaban dificultades importantes. Las condiciones de vida de los pobladores eran muy penosas. Los vecinos se quejaban del frío, el viento y las dificultades para proveerse de bienes indispensables. Además, el abastecimiento desde Buenos Aires era insuficiente. Los barcos llegaban muy esporádicamente, lo cual generaba mayor sensación de aislamiento y marginación en los fuertes patagónicos.

A estos elementos se sumó un nuevo marco internacional. Los patriotas norteamericanos fueron abriendo el camino de la independencia. Tras la rendición de Lord Cornwallis en Yorktown (19 de octubre de 1781), la Cámara de los Comunes decidió terminar la guerra. A partir de entonces comenzaron las negociaciones de paz, que se prolongaron otros dos años. Pero la suerte de las antiguas colonias inglesas ya estaba echada.

La definición de la Guerra de la Independencia de EE.UU. aflojó las tensiones internacionales en general, e hispano-británicas en particular. La amenaza británica dejó de percibirse como un problema prioritario. Este criterio se reflejó también en la región atlántico-patagónica. Como resultado disminuyó la importancia geoestratégica de los onerosos establecimientos costeros. A partir de entonces, muchos de ellos estaban condenados a muerte.

El proceso que iba a desembocar en el desmantelamiento de las bases patagónicas comenzó cuando la Corona solicitó a Buenos Aires, por nota fechada el 15 de julio de 1781, medidas con las cuales pudieran "aminorarse los gastos de los establecimientos patagónicos, atendiendo las urgencias del erario real para la guerra y sucesos del Perú, reduciéndose a conservar lo poblado y no intentando por ahora ocupar otros puntos que San Julián y río Negro".

La respuesta del Virrey fue contundente: en su opinión, no solo era conveniente detener el proceso expansivo hacia el sur, sino también retroceder hacia el norte, porque casi todos estos asentamientos eran un costo inútil para la Corona. Para Vértiz "el Puerto Deseado es muy angosto", lo cual se agravaba porque "no hay en aquel terreno manantial de agua dulce". También propuso abandonar la bahía San Julián que "no ofrece ventajas para nuestra navegación y comercio". Además, en ese lugar "no hay arbustos para leña ni árboles para hacer madera". A ello debía añadirse que "el agua es salobre" y que "las semillas de las legumbres de Europa no nacen o no crecen". El Virrey señaló también que "deberá abandonarse el puerto en la bahía de San José, pues los gravísimos costos que tiene la saca y conducción de la sal, sobre su desabrigo y aridez del terreno, hace inútiles los que se impenden en sostenerlos". Para Vértiz, estos asentamientos "no son de utilidad alguna". De los cuatro establecimientos patagónicos, solo tenía sentido que "subsistiese el establecimiento del río Negro por lo mucho que se ha gastado en él, y porque puede de allí conducirse sal; pero reducido al fuerte a la cortísima población".

Desde un punto de vista general, Vértiz consideraba que la relación costo-beneficio no justificaba el mantenimiento de estos enclaves. Los costos se podían calcular en numerario: "lleva S.M. gastados hasta el mes de mayo del año pasado de 1782, 1.024.051 pesos y 3 reales". A cambio de ello se disponía de cuatro puertos en zonas de muy difícil navegación, asoladas por el viento y el frío, donde no se podía cultivar la tierra y no había perspectivas de desarrollo comercial. Según el Virrey, el abandono de los puertos de las costas patagónicas no resultaba peligroso, pues descontaba que potencias extranjeras hallasen utilidad en asentarse allí: "Parece imposible que ninguna nación intente esta empresa", aseveraba Vértiz. Sobre todo porque la escasez de recursos naturales determinaba que para poder mantenerse, cualquier asentamiento necesitare de un aprovisionamiento constante. Y ello solo era posible realizarlo desde Buenos Aires. "En un puerto de esta naturaleza no puede subsistir mucho tiempo una colonia, a menos que esta fuese socorrida desde el Río de la Plata con todos aquellos víveres que se juzgan de primera necesidad"

Había otras razones no explícitas junto a estos argumentos. Para Navarro Floria hay que tener en cuenta también la situación personal del Virrey y el escenario regional del imperio. "Vértiz, ya anciano, veía más posibilidades de concluir bien su carrera aplacando una rebelión en un área central como el Alto Perú o preparando Montevideo contra un supuesto ataque inglés, que fomentando asentamientos y exploraciones en áreas marginales del imperio". Más allá de estas especulaciones, lo cierto es que el informe del virrey Vértiz fue lapidario para los asentamientos patagónicos. El ministro Gálvez dio curso a su propuesta y, finalmente, por Real Orden del 1 de agosto de 1783, la Corona aceptó la decisión de suprimir estos asentamientos con la excepción de Carmen de Patagones. Este puerto se mantuvo como la única presencia efectiva y permanente de población "civilizada" en las costas patagónicas en los siguientes 80 años.

Sobre el filo de la Revolución de 1810, el Virreinato del Río de la Plata no poseía más que un enclave en las costas patagónicas: este era Carmen de Patagones. En el resto de los 1.200 kilómetros de litoral atlántico que la Corona había confiado a la tutela de Buenos Aires, no existían asentamientos estables. Después de la crisis revolucionaria, las autoridades rioplatenses demoraron bastante tiempo en ocupar el territorio. Los hitos principales fueron Fortaleza Protectora Argentina, luego llamada Bahía Blanca (1828); los pequeños asentamientos de Luis Piedra Buena en la isla de Pavón, en la desembocadura del río Santa Cruz (1859) y en la isla de los Estados (1862); la colonia galesa del Chubut, luego denominada Rawson (1865), y la efímera colonia Rouquaud (1872-1874).

La acción colonizadora de Buenos Aires en las tierras australes fue notablemente tardía. La Real Cédula de 1570 autorizaba a esta gobernación a descubrir y poblar todas las costas patagónicas hasta el paralelo 48o. Durante muchos años las autoridades del Plata no se interesaron por las costas patagónicas. Este territorio se comenzó a valorar a partir de los escritos de Ambrosio Higgins (1767) y Thomas Falkner (1774). Además, la rivalidad con Gran Bretaña agitó la amenaza de una invasión externa. Ello motivó la fundación de cuatro asentamientos en la Patagonia (1778). Tal como había propuesto Ambrosio Higgins, estos se hallaban dentro de la jurisdicción de Buenos Aires y desde allí se inició la exploración y ocupación del interior de la Patagonia.

De todos modos, las circunstancias resultaron desfavorables para el desarrollo de estos establecimientos. Sus costos eran muy altos para la Corona y sus beneficios escasos. Una vez resuelto el conflicto de las colonias norteamericanas y aliviadas las tensiones con Gran Bretaña, las autoridades españolas juzgaron que había desaparecido la principal causa de su existencia. Tres de los cuatro asentamientos fueron desmantelados. Solo se mantuvo en su lugar el fuerte de Carmen de Patagones, en la desembocadura del río Negro. Esta situación no se revirtió en las tres décadas posteriores. Por lo tanto, en vísperas de la Revolución de 1810, el Virreinato del Río de la Plata no controlaba efectivamente las costas patagónicas al sur del paralelo 41º.

3. El Tratado de 1881 y las tesis fundacionales
(ver articulo original)

4. Resurgimiento de las tesis fundacionales
(ver articulo original)

5. Encina y el florecimiento de la teoría del "Chile Fantástico"
La tradición historiográfica chilena se vio alterada por la publicación de la obra de Francisco Encina. En cierta forma, la situación hegemónica que ejerció Barros Arana con su Historia General de Chile, durante la primera mitad del siglo XX, fue parecida a la que tuvo Encina a partir de la publicación de su Historia de Chile de la prehistoria hasta 1891. A pesar de sus dimensiones, esta obra se transformó en un éxito editorial sin precedentes en el mercado chileno. En pocos años se agotaron numerosas ediciones, con una tirada superior a los 200.000 ejemplares.

Desde el punto de vista de la tradición historiográfica de las relaciones bilaterales, Encina significó una ruptura con respecto al enfoque de Barros Arana. Este transmitió una imagen positiva de la Argentina, mientras aquel la presentó como un vecino ambicioso y expansionista. Barros Arana suscribía al nacionalismo liberal de los estadistas del siglo XIX. En cambio, Encina se desplazó hacia un nacionalismo chovinista, xenófobo y racista. Este enfoque se hizo sentir en su forma de presentar a los países vecinos en general y a la Argentina en particular. Para avanzar en esta dirección, Encina encontró sus mejores aliados en Amunátegui, Morla Vicuña e Irarrázabal Larraín.

El estilo ágil y fluido de Encina ofreció un vehículo incomparable para la difusión de las tesis fundacionales del siglo XIX. Estas se vieron liberadas del confinamiento propio de los textos para especialistas y comenzaron a difundirse masivamente. En este sentido, el significado de la obra de Encina fue el de divulgar las tesis fundacionales de Amunátegui y Morla Vicuña, con los aditamentos de Irarrázabal Larraín. El objetivo de Encina era reivindicar la idea del "Chile Fantástico" y culpar a la Argentina y a ciertos dirigentes chilenos de su frustración.

A diferencia de los estadistas chilenos del siglo XIX y de los historiadores del XX, Encina adhirió ciegamente a las tesis de Amunátegui. Lo consideraba "el descubridor de los títulos de Chile en la Patagonia". A partir de allí, su discurso -en lenguaje ágil, fluido y seductor- se desenvolvía siguiendo las ideas de los tres autores mencionados: Chile tenía títulos incuestionables sobre la totalidad de la Patagonia; pero debido a las erradas descalificaciones de Barros Arana y Vicuña Mackenna, perdió interés por mantenerla; finalmente, la Argentina, mediante maniobras astutas, logró quedarse injustamente con este territorio.

La obra de Encina fue decisiva en cuanto a la construcción de la imagen del país vecino a través de la Historia. No solo por el inmediato éxito editorial que obtuvo, sino porque de allí surgieron diversos subproductos, que consolidaron este enfoque. En primer lugar, tenemos que citar el Resumen de Historia de Chile, en el cual los 20 tomos se sintetizaban en tres volúmenes totalmente ilustrados (1954). Esta obra resultó todavía más clara y de fácil acceso para el gran público. Poco después, cuando el incidente del islote Snipe puso en foco las tensiones bilaterales, el autor extrajo de su obra general los capítulos dedicados a las relaciones con Argentina y con ellos preparó un libro especial, titulado La cuestión de límites entre Chile y la Argentina desde la Independencia hasta el tratado de 1881. Una vez más reivindicó la idea de "Chile Fantástico" y las tesis fundacionales del siglo XIX. También reiteró la tesis de Irarrázabal Larraín sobre el abandono o entrega de la Patagonia debido a la falta de visión de Barros Arana y Vicuña Mackenna.

6. Jaime Eyzaguirre y las tesis fundacionales
(ver articulo aiginal)

7. Las tesis fundacionales y su estandarización en la historiografia chilena
El respaldo de Encina y Eyzaguirre abrió la puerta para la amplia difusión de las tesis fundacionales en la historiografía chilena. En relativamente poco tiempo, la idea del "Chile Fantástico", apoyada en los argumentos de Amunátegui y Morla Vicuña, junto con la tesis de la entrega de la Patagonia planteada por Irarrázabal Larraín, se transformaron en la versión oficial de la historia de Chile. La inmensa mayoría de los autores que escribieron sobre estos temas en la segunda mitad del siglo XX, se ajustaron a esos criterios.

Los estudios de Amunátegui y Morla Vicuña, poco considerados por los historiadores chilenos en la primera mitad del siglo XX, se transformaron en bibliografía obligatoria a partir de 1950. Casi la totalidad de los historiadores que trabajaron sobre la frontera con Argentina los citaron recurrentemente. En efecto, las obras de Amunátegui y Morla Vicuña fueron citadas por el coronel Marín Madrid (1966), Eyzaguirre (1967), Lagos Carmona (1966, 1980), Barros van Buren (1970, 1991), Vázquez de Acuña y Cabrera (1984), Bazán Dávila (1986), González Abuter (1988). Además, la obra de Amunátegui fue considerada también por Hormazábal González (1969), González Madariaga (1970), y la de Morla Vicuña fue mencionada en Errázuriz Guilisasti (1968). Estos autores no se limitaban a nombrar las tesis fundacionales del siglo XIX -cuestión de rigor académico-, sino que asimilaban el enfoque de esos autores, sin detenerse a criticarlos. En cierta forma, se hizo una tradición en la historiografía chilena que, cuando se citaba a Amunátegui y Morla Vicuña, el análisis se daba por terminado en lugar de comenzar.

También fue notable la influencia que ejerció Irarrázabal Larraín en los historiadores especializados en las cuestiones de límites entre Argentina y Chile. Su libro de 1930 pasó desapercibido en su momento. Ante el interés que despertó a partir de la década del 50, el texto fue reeditado (1966) con prólogo de Jaime Eyzaguirre. A partir de entonces, la obra de Irarrázabal Larraín fue citada por casi todos los autores chilenos dedicados a cuestiones de límites con Argentina, entre ellos Mateo Martinic (1963), Lagos Carmona (1966, 1980), Eyzaguirre (1958, 1967, reeditado más de diez veces), Errázuriz Guilisasti (1968), Espinoza Moraga (1969), Barros van Buren (1970 y 1991), Vázquez de Acuña y Cabrera (1984) y González Abuter (1988).

La figura de Encina también ejerció una fascinación especial en varios historiadores chilenos de esos años. Espinoza Moraga, el ensayista de posiciones más nacionalistas y antiargentinas, se jactaba de ser discípulo de Encina (1961, 1969). González Madariaga, en su obra Nuestras relaciones con Argentina: una historia deprimente, demostró un notable apego a los escritos de Encina. También lo citan Lagos Carmona (1966 y 1980), Eyzaguirre (1967 y ediciones posteriores), Barros van Buren (1970 y 1991), Santis Arenas (1984), entre otros.

Para los objetivos del presente capítulo, lo importante es advertir la influencia que tuvieron las tesis fundacionales de Amunátegui y Morla Vicuña en Irarrázabal Larraín y luego en Encina. Entre estos cuatro autores echaron las bases de la matriz conceptual de lo que sería la percepción de la historiografía chilena en materia de relaciones con Argentina. Sus ideas estuvieron presentes en la gran producción historiográfica de la etapa 1952-1984. En estos años, como el tema de los conflictos limítrofes entre Argentina y Chile cobró actualidad y se convirtió en asunto de interés publico, se generaron las condiciones para una creciente producción periodística, ensayística e historiográfica. Precisamente, esas obras, que tendrían alta repercusión pública, se construyeron sobre la matriz que habían creado los cuatro autores mencionados. El Cuadro I (ver articulo original)muestra esta trama de una forma más precisa.

fuente:http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-71942002003500009&script=sci_arttext

Comentarios Destacados

@Medina_Silva +18
La caída del imperio español, queramos lo o no fue una herida que no hemos podido sanar. Antes de eso, eramos todos españoles, hermanos compatriotas, hablábamos el mismo idioma, y las divisiones eran meramente administrativas. Hoy, las guerras, casi guerras, y conflictos nos demuestran la mala decisión tomada en los albores del siglo XIX. La guerra del pacífico no fue más que una matanza entre hermanos, de la cual, los más beneficiados fueron los ingleses... y eso sin contar los odios públicos o privados entre los diversos pueblos independientes.

Hay que aceptarlo, la caída del imperio nos enemistó, nos impulsó a matarnos entre nosotros...
¿cuando será el día en que llegue de nuevo esa unidad?
@hesse_jaeger +1
Es curioso, pues Simón Bolivar sólo quería una independencia de la corona, pero los bestias terminaro fragmentando su gran república en un chingo de paises.

"He arado en el mar" dijo al ver lo que había sucedido

38 comentarios - La guerra de mapas entre Argentina y Chile¿cual es la verda

@becojuanpa -17
Estos Chilenos Mentirosos!
@Xavier_GorraRoja +2
Ehm no quiero molestar, pero me dirías lo que dice el texto resumido? Gracias, de cualquier forma. La verdad es que mucho tiempo no tengo para leerlo entero.
@elviscrespoh -4
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular


Ska-p, Mestizaje.
@jeromme -2
esto lo escanie de un manual chileno de geografia
rio de la plata
@pinkisasofi
te di el +1 por que sos del depor XD... mi Pereirita
@fran122157 +7
jeromme dijo:esto lo escanie de un manual chileno de geografia
chile



parece que las malvinas son territorio argentino por lo menos
@Dz_Punk +1
Escribir un comentario...
elviscrespoh dijo:
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular
Ska-p, Mestizaje.
@Zaraza_9 +2
Xavier_GorraRoja dijo:Ehm no quiero molestar, pero me dirías lo que dice el texto resumido? Gracias, de cualquier forma. La verdad es que mucho tiempo no tengo para leerlo entero.

Te doy 10 si lo resumis
@pachenco +8
A llorar a otro lado Chile!


elviscrespoh dijo:
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular



Nah ni ahí... Eso es pura anarquía barata
@iPato +6
e1padrino dijo:Escribir un comentario...SOMOS ARGENTINOS SOMOS URUGUAYOS PERO CHILEMNOS NOOOO!!!!!

Por el amor de Dios... ¬¬

Muy interesante el artículo, yo sé que las relaciones entre mi país y Argentina no han sido las mejores, pero tampoco PESIMAS. +10
@andres_bk
es gente estupida que solo quiere devidir latino america en regiones somos todos latinos y eso es lo que importa viva chile y viva argentina
@MuchoMucha +1
fran122157 dijo:
jeromme dijo:esto lo escanie de un manual chileno de geografia
patagonia



parece que las malvinas son territorio argentino por lo menos


Si haces zoom esta en color rojo!!
@tute13 +1
fran122157 dijo:
jeromme dijo:esto lo escanie de un manual chileno de geografia
articulo



parece que las malvinas son territorio argentino por lo menos

según ese mapa son chilenas las malvinas también.
@MuchoMucha +6
Dz_Punk dijo:Escribir un comentario...
elviscrespoh dijo:
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular
Ska-p, Mestizaje.


Es como medio imposible que pase eso, en ningun lado existe alguien que no tenga mas autoridad que otro, lamentablemente es asi, esos mensajes punkitos lo unico que pueden hacer es sonar bien de ahi a que pase, se termina el mundo antes, disculpa que te desaliente es lo que pienso!
@Assetch +3
tute13 dijo:
fran122157 dijo:
jeromme dijo:esto lo escanie de un manual chileno de geografia
pacifico



parece que las malvinas son territorio argentino por lo menos

según ese mapa son chilenas las malvinas también.

ahora todo es de Chile
@Mauuro79GNR -5
iPato dijo:
e1padrino dijo:Escribir un comentario...SOMOS ARGENTINOS SOMOS URUGUAYOS PERO CHILEMNOS NOOOO!!!!!

Por el amor de Dios... ¬¬

Muy interesante el artículo, yo sé que las relaciones entre mi país y Argentina no han sido las mejores, pero tampoco PESIMAS. +10


Chilenos traidores
@elviscrespoh +1
MuchoMucha dijo:
Dz_Punk dijo:Escribir un comentario...
elviscrespoh dijo:
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular
Ska-p, Mestizaje.


Es como medio imposible que pase eso, en ningun lado existe alguien que no tenga mas autoridad que otro, lamentablemente es asi, esos mensajes punkitos lo unico que pueden hacer es sonar bien de ahi a que pase, se termina el mundo antes, disculpa que te desaliente es lo que pienso!


Concuerdo con vos, Es imposible que pase. eso es asi porqeu en cualquier sociedad organizada exsiste un monopolio de la fuerza por parte de el poder politico. solamente quise citar lo que escuche en una cancion... por eso puse abajo de donde lo cite.
@tute13
MuchoMucha dijo:
Dz_Punk dijo:Escribir un comentario...
elviscrespoh dijo:
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular
Ska-p, Mestizaje.


Es como medio imposible que pase eso, en ningun lado existe alguien que no tenga mas autoridad que otro, lamentablemente es asi, esos mensajes punkitos lo unico que pueden hacer es sonar bien de ahi a que pase, se termina el mundo antes, disculpa que te desaliente es lo que pienso!

pobrees, les rompiste el corazon contales que papa noel no existe tmbn xD
@jma78
tute13 dijo:
fran122157 dijo:
jeromme dijo:esto lo escanie de un manual chileno de geografia
Argentina



parece que las malvinas son territorio argentino por lo menos

según ese mapa son chilenas las malvinas también.


y Tierra del Fuego también, yo sería Chileno. que asco
@elviscrespoh +1
tute13 dijo:
MuchoMucha dijo:
Dz_Punk dijo:Escribir un comentario...
elviscrespoh dijo:
NO fronteras NO banderas NO a la autoridad (...) Gritare que ardan las banderas, por la fraternidad. Que caiga el patritismo y la hostilidad racial. Cultura popular
Ska-p, Mestizaje.


Es como medio imposible que pase eso, en ningun lado existe alguien que no tenga mas autoridad que otro, lamentablemente es asi, esos mensajes punkitos lo unico que pueden hacer es sonar bien de ahi a que pase, se termina el mundo antes, disculpa que te desaliente es lo que pienso!

pobrees, les rompiste el corazon contales que papa noel no existe tmbn xD


Va para vos tambien:
Concuerdo con MuchoMucha, Es imposible que pase. eso es asi porqeu en cualquier sociedad organizada exsiste un monopolio de la fuerza por parte de el poder politico. solamente quise citar lo que escuche en una cancion... por eso puse abajo de donde lo cite.
@laucha_cabj -2
jma78 dijo:
tute13 dijo:
fran122157 dijo:
jeromme dijo:esto lo escanie de un manual chileno de geografia
historia



parece que las malvinas son territorio argentino por lo menos

según ese mapa son chilenas las malvinas también.


y Tierra del Fuego también, yo sería Chileno. que asco

jajajaja qe genio, de qien se la dan estos chilenos, lo tuyo es esa bosta de ahi sin agrandar por la parte de la cordillera
si tu pais es una cagaada no vengas a robar tierra aca, las malvinas lamentablemente son de los ingleses, pero si no lo fueran serian nuestras, no suyas, asi qe no rompan mas las bolas
@pancho_gb18 +1
De hecho el mapa de la Capitania General de Chile que ponen en este post como ejemplo, que es la tesis Chilena, esta sacado de un mapa español.....
@ardoa
utis posidetis
@ardoa
utis possidetis
@ea86 +1
Este es el mapa de la Argentina en el año de su independencia lo rojo es Uruguay
España

Esta son las adquisiciones posteriores
limites
@andres_bk +1
esta bien el mapa porque lo del sur era casi inexplorado y no era de nadie por eso argentina dice que es suyo y chile dice lo mismo por que ambos empezaron a "colonisar" el sur
@piipi77
@andres_bk y los nativos que ahi habitaban que eran "NADIE" ?

por lo que dice en el mapa superior era dominio indigena.
@yofaculp57
@piipi77 la patagonia habia sido invadida por los mapuches, y los originarios -tehuelches- habian sido exterminados por ellos tambien
@Medina_Silva +18
La caída del imperio español, queramos lo o no fue una herida que no hemos podido sanar. Antes de eso, eramos todos españoles, hermanos compatriotas, hablábamos el mismo idioma, y las divisiones eran meramente administrativas. Hoy, las guerras, casi guerras, y conflictos nos demuestran la mala decisión tomada en los albores del siglo XIX. La guerra del pacífico no fue más que una matanza entre hermanos, de la cual, los más beneficiados fueron los ingleses... y eso sin contar los odios públicos o privados entre los diversos pueblos independientes.

Hay que aceptarlo, la caída del imperio nos enemistó, nos impulsó a matarnos entre nosotros...
¿cuando será el día en que llegue de nuevo esa unidad?
@hesse_jaeger +1
Es curioso, pues Simón Bolivar sólo quería una independencia de la corona, pero los bestias terminaro fragmentando su gran república en un chingo de paises.

"He arado en el mar" dijo al ver lo que había sucedido
@Zhunter00 +3
gracias por el post con esto se me aclaraon muchas dudas y puedo callar a algunos.
@Diego87 +1
La guerra de mapas entre Argentina y Chile¿cual es la verda jojoojojoj comete algo. .
@el-sandia4
@BraveClaudiha

la capital seguramente hubiera sido lima
@BraveClaudiha +1
@el-sandia4 no era capital era el Vireynato del peru y gobernaba españa
@Davicho23
@BraveClaudiha el mapa es una representación de la capitanía del reino de Chile, aunque lo veas antiguo no es exactamente de esa época, pero según la historiografia así debió ser en un inicio antes de que la corona española expandiera el virreinato del rió de la plata y redujera el segundo, aunque es algo pedo porque la patagonia hasta mucho después de la independencia siguió dominada por aborígenes.
@wellmapukun -2
argentina y chile fueron unos conquistadores...
solucion
rio de la plata
chile
patagonia
articulo
pacifico
y nuestro nuevo condado:
Argentina
historia
@Davicho23 +3
we, me pones a los mapuches siendo que ellos vinieron del lado de Chile y masacraron a los tehuelches en la patagonia.
@andres_bk +1
@Davicho23 los mapuches sigueen haciendo daño hasta los dias de hoy amigo y quieren su propio pais adentro de chile osea tenemos las tenciones con peru y bolivia y ademas a estos terroristas difrasados de pueblo originario
@Davicho23 +1
@andres_bk encima el loco pone un mapa de un estado ficticio.
@marhikewun -3
Yo creo que es importante informarse que cuando se fundó el gobierno monárquico constitucional en el territorio Mapuche por el pueblo Mapuche y el ciudadano francés –naturalizado Mapuche- Orélie Antoine de Tounens en noviembre de 1860, la frontera en el lado chileno era el río Bio-Bio y en Argentina el río Colorado. Es cuestión de leer un poco sobre las Campañas del Desierto del genocida Roca y en Chile el no menos genocida Cornelio Saavedra, lo dice la historia oficial de ambos países.
@yofaculp57 +1
los mapuches fueron los genocidas, mataron a todos los tehuelches -que si eran argentinos- que ya habian jurado lealtad al gobierno argentino, los mapuches peleaban a fusil, y asi masacraron a todos los originariios patagones argentinos, la campaña de roca estaba apoyada por los tehuelches q sobrevivieron
@maurozubieta
@yofaculp57 SI PERO CONVENGAMOS QUE a ORELIE ANTOINE DE TOUNENS era un tipo que lo metieron en cana por la locura que hizo ,REINO DE LA ARAUCANIA,estaba demente y luego fue comprobado pues termino en un hospicio,para que yo me voy con un par de carpas a punta arenas y armo el reinado DE LA PORONGUE! y me invento una bandera y todo.UN ESTADO FICTICIO COMO RELATO OTRO LECTOR EN ESTE POST.lo que si es verdad que los judios tenian en mente armar el estado judio como segundo plan si no lo podian hace
@mbullone -1
Tan buena economía que tienen Argentinos sacos de weas (boludos), caguense de hambre nomas con sus índices de pobreza por el cielo, dan lástima como país...
@maurozubieta -3
MBULLONE : LEE UN POCO MAS
EL PBI DE ARGENTINA ES EL DOBLE DE CHILE
CHILE DE A POCO QUEDARA EN LA NADA Y NO POR CULPA DE LOS ARGENTINOS
SINO POR LOS TSUNAMIS Y LA NATURALEZA

Y SABEN QUE SE LO TIENEN MERECIDOS

ALGO HABRAN HECHO

Y LOS QUE DAN LASTIMA COMO PAIS SON LOS CHILENOS
NO TIENEN IDENTIDAD
NI DE SUDAMERICANO NI DE NADA

RESUMO TODO EN ESTE GRACIOSO PERO REAL GRAFICO:


España
@amygondor
@arthasposeidon Eres de Chile, verdad? Qué se siente?
@maurozubieta
@amygondor vos sos de austria no? pelotudo de 4ta,soy argentino,a uds. cuando no le dicen deutch e enojan .asi que anda a hacete a c....
@amygondor
@maurozubieta No te hablaba a ti.
@maurozubieta -1
NOS LOS QUIERE NADIE
@pillopipo
A ti no te quiere nadie