Hechos insolitos de la 2da Guerra Mundial

Hechos insólitos de la 2da Guerra Mundial


Estos son algunos de los hechos insólitos de la Segunda Guerra Mundial que Jesús Hernández (Barcelona, 1966) ha recogido en sus libros de anécdotas bélicas, unos libros que, publicados por Inédita, tienen una muy buena acogida y que ponen el contrapunto de una nota de humor en aquella espantosa contienda.

Sus libros:

Licenciado en Historia Contemporánea y en Ciencias de la Información, ha publicado cuatro obras sobre esta contienda: Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial (2004), Hechos insólitos de la Segunda Guerra Mundial (2005), Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial (2006) y Breve historia de la Segunda Guerra Mundial (2006), estos dos últimos publicados por Nowtilus. El éxito alcanzado con estos trabajos centrados en el conflicto de 1939-45 se reeditó también en su incursión en la historia bélica en general: ¡Es la guerra! Las mejores anécdotas de la historia militar (2005).
Hechos insolitos de la 2da Guerra Mundial
Entre las historias favoritas de Hernández están la del plan de soltar sobre Tokio murciélagos incendiarios; la de Saburu Sakai, autor del último derribo de un B-29 en la guerra, un piloto japonés que era... tuerto. Y la del ametrallador de cola de un bombardero Lancaster que cayó sin paracaídas desde seis mil metros de altura y sólo se rompió un tobillo. Está también la historia del hombre ciego que ayudó a descubrir las defensas nazis del Muro del Atlántico y la del envío de preservativos por error a las tropas alemanas cercadas en Stalingrado.

Base aérea:

En los primeros meses de la campaña del Pacífico, la expansión japonesa parecía no tener límite. Nadie era capaz de frenar a los ejércitos del imperio del Sol Naciente. Extremo Oriente cayó bajo la órbita nipona sin que norteamericanos ni británicos pudieran hacer nada por impedirlo.

La amenaza sobre Australia era alarmante. Las potencias occidentales debían protegerla a toda costa; el continente austral suponía la base de operaciones necesaria para desafiar algún día la, hasta ese momento, incontestable hegemonía imperial. Si Australia caía también víctima de la expansión japonesa, los Aliados contemplarían impotentes cómo el sur del Pacífico se convertía en un lago nipón.

Por lo tanto, los Estados Unidos construyeron bases y pistas de aterrizaje en la parte norte de Australia. Esta vasta zona era prácticamente salvaje, con una presencia mínima de población, que se regía por comportamientos más propios del far west. Aunque el enemigo más temido era algún ataque aéreo o un posible saboteador, las instalaciones militares debían enfrentarse a un problema que no habían previsto y con el que nada tenían que ver los nipones; el hurto indiscriminado de cualquier objeto, fuera o no de utilidad.

Por ejemplo, en mayo de 1942, desapareció una base militar por completo, recién construida en una zona desértica, cuando estaba a punto de entrar en servicio. No había que buscar ninguna explicación sobrenatural al extraño fenómerno; un eficiente grupo de amantes de lo ajeno había aprovechado el fin de semana, en el que no había vigilancia, para desmontar todas las instalaciones y marcharse con ellas. ¡No dejaron ni tan siquiera las letrinas!"


Portaaviones de hielo:

Segunda Guerra Mundial

Europa se encuentra sumida en la II Guerra Mundial, los nazis dominan el Océano Atlántico con sus U-boats y las fuerzas aliadas, desesperadas, buscan una solución que ponga freno a la peligrosa maquinaria bélica del III Reich. Con presupuestos casi infinitos, los ingenieros se frotan las manos ideando nuevas máquinas de combate que permitan dar un giro exponencial a la situación bélica. En este contexto nace un ambicioso proyecto: la creación del H. M. Habbakuk, un portaaviones de hielo.
Proyecto Habbakuk nació debido a la imperiosa necesidad de los aliados de encontrar un arma de guerra capaz de hacer frente a la avanzada tecnología de la que disponía Hitler y la creciente amenaza de los japoneses. Winston Churchill estaba abierto a todo tipo de propuestas, pero se enamoró de una de ellas, quizá la más descabellada, pero también la más ambiciosa: la creación de un inmenso buque de maquinaria moderna.


Incendio:
hechos insolitos
Curiosa (y digna de 1941, el divertido filme de Spielberg) es asimismo la historia del aviador japonés Nobuo Fujita, al que se le encargó en 1942 la singular misión de bombardear los bosques de Oregón para incendiarlos. Para ello, se desmontó y estibó en un submarino un pequeño hidroavión. Una vez ante las costas de EE UU, el aparato fue ensamblado y lanzado. Sobre el objetivo, Fujita dejó caer dos pequeñas bombas, una de las cuales no explotó y la otra provocó un pequeño incendio que afectó a... siete árboles. En 1962, el piloto regresó a EE UU invitado por los habitantes del pueblo de Brookings, que le había visto pasar volando aquel lejano día. Fujita les regaló su espada de samurái, que pende en el ayuntamiento de la localidad.

Deporte:

El deporte durante la II Guerra Mundial, señala Hernández, es una rica fuente de anécdotas. En 1942, en el Kiev ocupado, los alemanes hicieron jugar al Dynamo contra una selección de su Ejército reforzada tramposamente con jugadores del Flakelf de Primera División. Ganaron los ucranianos 4-1, pero los nazis represaliaron a los jugadores.

Hechos varios:

Los británicos contrataron los servicios de un prestidigitador para ocultar a los alemanes el canal de Suez. Durante la invasión de Sicilia los Aliados crearon una unidad de mulas paracaidistas. Churchill auspició un proyecto para usar un iceberg como portaaviones (mencionado anteriormente). Otto Skorzeny, el célebre oficial nazi que liberó a Mussolini en el Gran Sasso, cazó en las calles de Burdeos un tigre que se había escapado de un circo. La Casa Blanca estuvo a punto de ser pintada de negro para protegerla de ataques aéreos...



"Al empezar a recopilar esos hechos extravagantes y divertidos era consciente de que optaba por un acercamiento cuestionable a una tragedia que provocó tanto dolor y tantas muertes", señala el autor de Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial (2004), Hechos insólitos de la Segunda Guerra Mundial (2005) y ¡Es la guerra! Las mejores anécdotas de la historia militar (2005). "Pero siempre he sido respetuoso con las víctimas y con la historia". Hernández, licenciado en Historia y Periodismo y apasionado de la historia militar, es un lector compulsivo de obras sobre la contienda y ha recorrido sus escenarios, desde el campo de batalla de El Alamein a las playas de Normadía. "No pretendo más que entretener, rastreo historias divertidas o curiosas, las cosas que los historiadores generalmente dejan porque consideran que no pertenecen a la gran historia. Yo quiero reflejar esa pequeña historia que a veces acerca más al lado humano del conflicto, insisto que siempre desde el respeto y la conciencia de que nada debe disfrazar que la guerra es un absoluto horror".

Fin del post

7 comentarios - Hechos insolitos de la 2da Guerra Mundial

@sirpan
interesante, despues termino de leer
@Javier_2009
Me quedé con ganas de saber más del portaaviones de hielo..... voy a buscar en Google...
@borreguito_aca
buscalo en enigmas de la segunda guerra mundial en youtube
@aless_sss -2
q capo el dinamo d kiev q le gano a las nazis si jugaba sheva le ganaban 10 a 1