Aca les dejo la cuarta parte
Leyendas de Terror 4TA parte

Muerte


La Muñeca de Porcelana


Había una vez una muñeca de porcelana en un escaparate de una tienda, era hermosa, de cabellos rubios y ojos claros.

Era una tienda de antigüedades, la fecha de creación de dicha muñeca era 1870.

Toda la gente que pasaba por allí no podía evitar contemplarla.

La muñeca tenia una sonrisa burlona casi terrorífica.

Un día una niña llegó a su casa e hizo un dibujo de esa muñeca, la niña la dibujo con el vestido blanco manchado de sangre, los ojos y labios con sonrisa grotesca y divertida.

La mostró a su madre...esta a su vez le sorprendió la forma de ver la muñeca de porcelana, ella, que era una adulta nunca se lo podría haber imaginado de tal forma.

Fue a la tienda y la compro sin pensárselo dos veces.

Luego la puso encima la mesa y la contemplo durante segundos, minutos y finalmente horas....
Ella no era capaz de ver el otro rostro de la muñeca así que llamo a su hija Madeleine.

- Hija, que es lo que ves en esta muñeca? Pregunto la madre

- Veo, unos ojos claros, pero además veo en esos ojos la maldad que intenta disimular, unos rizos dorados, pero a su vez son como pequeñas sogas colgando de su cabeza, una sonrisa graciosa que te desafía a que veas su otro rostro.

- Pero hija, como puedes ver todo esto si solo es una muñeca de porcelana?

- Por qué los niños podemos ver siempre lo que los adultos intentan no ver, vemos más allá de la verdad, vemos la crueldad que el adulto intenta camuflar.

La madre volvió a mirar la muñeca y entonces vio lo que su hija veía, lo que su corazón intentaba ocultar pero que ya no podía más.

Vio a la verdadera muñeca de porcelana, vio tal verdad que se asustó hasta el extremo, tiro la muñeca a la basura y desde entonces ambas madre e hija guardan el secreto de: La muñeca de porcelana.

leyendas


¿Seguis Durmiendo Sol@?



Cuentan que era un niño miembro de una numerosa familia. Apenas alcanzaba los 6 años de edad; era bajo, no muy bien parecido, la vida no le favorecia, pues su físico no inspiraba la dulzura que el de sus demás hermanos. Él más bien era de piel arrugada a causas de un extraño hongo que le atacó al nacer, tenía los ojos desviados y algunos de sus dientes no crecieron correctamente, caminaba con cierto desaliento que lo mantenía en una posición jorobada, algo anormal para un niño de sólo 6 años. Sin embargo lo que no le dieron en belleza física se lo otorgaron en un inmenso amor hacia todos, amor que no era correspondido.

Sus padres lo trataban con desprecio, era al último que le daban de comer y muchas veces era la sobra de los demás, él sin embargo miraba a su madre y sonreía con cierta ingenuidad y cariño como agradeciéndole el hecho de ser alimentado, ella por otra parte le devolvía una mirada de desprecio en acto déspota como deseando que tan horripilante criatura nunca hubiese nacido de sus entrañas. Él por otro lado siempre buscaba ganarse el aprecio de sus padres y hermanos halagándolos. En ocasiones se acercaba a su madre sin que ella lo notara y le pasaba sus manos por las mejillas , ella sentía de inmediato repugnancia y lo castigaba, pues las manos del niño estaban llenas de llagas, producto del extraño hongo que se había apoderado de su cuerpo. Él adoraba los castigos de su madre porque era la única forma que ella le dirigiera la palabra y se atreviera a tocarlo no importando que fuese para golpearlo, él sentía que cada golpe era un TE AMO.

A él nunca le celebraron un cumpleaños, esos días eran como cualquier otro, incluso peores, nunca fue a la escuela, y sólo salía a la calle cuando sus padres en castigo lo mandaban a pasar la noche durmiendo a un lado de la puerta de la entrada, él sin embargo sólo los miraba y sonreía con esos ojos tan dulces y al mismo tiempo llenos de dolor. Lo que nadie nunca supo era que en esas heladas noches que pasaba en su pequeño y desaseado cuarto sólo deseaba que su madre le dijera ¿quieres dormir con nosotros?.

En una noche nublada y obscura, pues no había luna, el niño sintió un extraño ruido que provenía de debajo de su cama, y como cualquier otro niño se llenó de pánico, camino a lo largo del tenebroso pasillo, muy despacio, hasta llegar al dormitorio de sus padres y entre la oscuridad les preguntó “¿puedo dormir esta noche con ustedes?... es que tengo mucho miedo”... miró y esbozó una sonrisa esperando una dulce respuesta, pero lo que sucedió después fue realmente macabro, su madre se levantó enfurecida y tomó al niño de la cabeza y lo golpeó sin compasión, le golpeaba la cabeza contra las paredes mientras repetía “¡¿no entiendes que eres un estorbo, que estás mejor muerto?!” él sólo alcanzaba a levantar sus llagosas manos y tratar de soltarse de la furia de su madre, pero todo fue inútil, lo llevó a un rincón y lo siguió golpeando hasta causarle la muerte –algunos se atreven a asegurar que el niño murió con esa misma sonrisa que ya parecía parte de su cuerpo y de su alma -.

La cuestión radica en el hecho de que algunas personas, se despiertan a media noche o en la madrugada y sienten un extraño y escalofriante miedo, extienden sus manos y allí está es un cabello suave algunas veces largo y otras corto, una personita no muy grande más bien pequeña y acurrucada los acompaña, una personita que busca el amor de una madre.

Por eso te digo que no sientas miedo cuando duermas sola, lo único que debes repetir en voz baja es “¿puedo dormir contigo?”... y él vendrá a hacerte compañía, esbozando su cálida y tierna sonrisa. No lo olvides nunca más dormirás sola...

miedo


Una Amistad Eterna


Año 1982. Alicia y Sara eran dos chicas, ambas de 15 años, e íntimas amigas
desde la más tierna infancia. Vivían en el mismo barrio, estudiaban en el mismo
instituto, iban a la misma clase... en fin, eran inseparables. Sin embargo, tenían
caracteres muy diferentes. Alicia era alegre y extrovertida, mientras que Sara era
muy tímida y callada.
Cierto día, Sara le propuso a Alicia:
- ¿Por qué no hacemos un juramento de sangre?
- ¿Qué?
- Mira, por si algún día perdemos el contacto, juramos que la que muera antes de
nosotras dos, irá a avisar a la otra.
- Qué tontería, Sara, nosotras siempre estaremos juntas.
Ante la insistencia de Sara, y entre asombrada y divertida, Alicia al final aceptó
la propuesta. Ambas se practicaron un corte con una navaja en el dedo índice de la
mano derecha, y sellaron el pacto a la luz de unas velas.
Pasaron los años. Alicia había terminado sus estudios de derecho, tenía un buen
trabajo, una casa preciosa y un marido y un hijo maravillosos. Hacía mucho que no
veía a Sara, la amiga de su juventud, aunque a veces se acordaba de ella cuando se
veía la cicatriz de su dedo índice. Al final, la vida les había llevado por caminos
distintos y no habían vuelto a verse desde que acabaron el instituto.
Una noche, Alicia tuvo una horrible pesadilla: iba conduciendo, cuando de repente un
camión invadía su carril y chocaba con su coche.
Se despertó empapada en sudor, y justo en ese momento, oyó llamar al timbre de la
casa. Eran las 3 de la madrugada. Miró a su marido, que dormía profundamente a su
lado, en ese momento, el timbre volvió a sonar con insistencia. Maldiciendo por lo
bajo y preguntándose quién podría ser a esas horas, Alicia se levantó y fue a abrir
la puerta.
Cuando abrió la puerta y vio a la mujer que estaba en el porche, abrió la boca,
totalmente anonadada. Aunque había cambiado bastante, la reconoció enseguida.
Allí, terriblemente pálida, ojerosa y con una enorme herida sangrante en la cabeza,
estaba su antigua amiga Sara.
- ¡Por Dios, Sara! ¿Qué ta ha ocurrido? Entra, te curaré esa herida.
- ¡Cuánto tiempo
sin vernos!
Sara no se movió de donde estaba.
- He venido a cumplir mi promesa, Alicia. He muerto y vengo a decírtelo.
Alicia se quedó sin habla.
- Ya que la vida nos ha separado, estaremos juntas en la muerte. Te estaré
esperando...- dijo Sara levantando el dedo índice. Acto seguido, desapareció.
Alicia empezó a notar un dolor persistente en su propio dedo índice, al mirárselo
descubrió que lo tenía empapado en sangre, como si se le hubiera vuelto a abrir el
corte que se hiciera años atrás... Lanzó un alarido estremecedor y cayó desvanecida
al suelo.
Al día siguiente, despertó en su cama y pensó que todo había sido un mal sueño.
Encendió el televisor para desayunar, y lo que vio la dejó helada: la noche
anterior, a las 3 de la madrugada, había habido un accidente de tráfico: un camión
había chocado con un coche, y la conductora del mismo había fallecido en el acto.
A partir de aquél día, su vida se convirtió en un auténtico infierno. No comía, se
olvidaba de recoger a su hijo en el colegio, no rendía en el trabajo... Y todas las
noches tenía el mismo sueño, en el cual oía llamar a la puerta, y al abrir veía a
Sara levantando el dedo índice y diciendo "te estaré esperando", tras lo cual
siempre se despertaba con un dolor insoportable en su dedo lleno de sangre.
Su marido no entendía lo que le estaba pasando, los médicos no encontraban ninguna
explicación, y finalmente internaron a Alicia en un psiquiátrico.
Allí no hizo sino empeorar, ahora en sus pesadillas veía a Sara junto a su cama.
Una noche, un celador del psiquiátrico oyó un espantoso ruido de cristales rotos
que provenía de la habitación de Alicia.
Al entrar en la habitación vio que la ventana estaba rota, se asomó y vio a Alicia
tirada sobre la acera en medio de un charco de sangre. Tenía una gran herida en la
cabeza y a su lado, en el pavimento, alguien había escrito con su sangre: "AMIGAS
PARA SIEMPRE".

terror


El Chat del Terror


[Historia de una chica]

Un día me dijo que era vidente, y no es que no le creyera, pero me
muestro generalmente bastante incrédula respecto a estos temas. Lo que
no veo, no existe para mí. No digo que debiera haberle creído sólo
porque le estimaba ya que en mi opinión la amistad y la confianza son
muy importantes, pero simplemente hice un esfuerzo y le di el beneficio
de la duda. ¿Y si era yo la que estaba equivocada?. No volvimos a
hablar del tema hasta que un día volvió a aparecer en el chat donde
estábamos hablando y me envió un privado. Era una de esas ventanitas
que sólo podíamos ver ella y yo. Absolutamente privado.


ELLA - Hola, ¿seguimos el tema?

YO - ¡Vale! Pero no creo que puedas convencerme, ya sabes... me cuesta creer estas

cosas.


ELLA - No pretendo convencerte de nada, pero nací con ciertos dones y tampoco tengo

intención de ocultarlos al mundo.


YO - Eso debe estar bien.


En realidad no sabía qué decirle. ¿Estaba bien? En fin... poco podía decir yo al

respecto.


ELLA - Está bien, pero no siempre. Cuando tengo una visión acabo agotada.

YO - ¿Te supone un esfuerzo?


ELLA - Sí, bastante esfuerzo.


YO -¿Y por qué lo haces?


ELLA - No es algo que se elija, se nace con ello.


Hubo un silencio en el que ninguna de las dos parecía saber qué decir. Miré el canal

donde nos habíamos conocido siete meses atrás. Estaban hablando de las próximas

vacaciones de verano.


ELLA - ¿Sigues ahí?

YO - Sí, ¿no puedes verlo? .-Bromeé.


Entonces dijo algo que me asustó.


ELLA - Sí, puedo verte.


Tragué saliva y pensé, vaya, me está tomando el pelo y yo caigo como una tonta.

Sentí un escalofrío pero decidí presionarla.


YO - ¿Ah, sí? Pues dime... ¿con quién estoy?

ELLA - Sola


Bueno, eso podía haberlo comentado antes en el chat y que ella lo hubiese leído.

Decidí seguir con aquello como si se tratara de un juego.


YO - Dime algo que me sorprenda. Algo que veas en mi habitación.

ELLA - Veo que tienes algunas de las teclas de tu ordenador borradas. Tecleas rápido.


YO - Ya, pero eso puede pasarle a cualquiera. Las letras de los teclados se borran.


ELLA - Tú tienes borrada la A, la S, la L y la M.


Miré mi teclado más curiosa que horrorizada, pero de la curiosidad a la ansiedad

hubo tan sólo un instante. Ya no me hacía tanta gracia el juego. Mi condición de

incrédula, no obstante, me hizo ir más allá.


YO - Amiga... estoy segura de que casi todos tenemos las mismas letras borradas. Dime

algo que sorprenda de verdad.

ELLA - ¿Por qué quieres seguir con esto si no me crees?


Buena pregunta, pensé.


YO - Igual para conocerte un poquito más, o para experimentar algo que no haya

experimentado antes.


En ese momento supe que ella sonreía desde su lado del monitor.
Internet es un sitio curioso. Estás en tu casa, en camiseta de tirantes
y pantalón corto, descalza y con el ventilador puesto cuando al otro
lado de la pantalla alguien te habla abrigado hasta el cuello, con un
par de calcetines y la estufa puesta porque tú estás disfrutando del
inminente verano y ellos aún están pasando el clima del invierno.


Mi amiga se había mostrado siempre amable, abierta, simpática y con un
buen sentido del humor. Se podía decir que coincidíamos en todo menos
en este tema. No nos gustaba el fútbol, adorábamos las comedias, nos
encantaba Oscar Wilde, ambas habíamos visitado Orlando, a las dos se
nos había muerto el padre... ¡eran tantas cosas las que nos acercaron y
nos hicieron grandes amigas!.


ELLA - ¿Cómo llevas el libro? –Preguntó de pronto.

YO - ¿Qué libro?


ELLA - El que tienes encima de la mesa... déjame ver... La fuerza bruta, de John

Steinbeck.


Miré a mi derecha con los ojos como platos. ¿Se lo había dicho? ¿Le
había dicho que lo había empezado o que iba a leerlo? ¿Le había dicho
que solía poner los libros en mi mesa porque me encantaba mirar una y
mil veces las portadas de los libros que me estaba leyendo?
Evidentemente, la respuesta debía ser sí.


YO - Acabo de empezarlo.


Lo escribí sin dejar notar nada sobre mi –todavía- sorpresa.


ELLA - Yo no lo he leído.

YO - Ya te diré qué me parece.


En el chat general el tema de conversación giraba en torno a las
lanchas motoras. No me pareció más interesante que mi conversación en
privado y me puse a pensar qué podía preguntarle para descubrirla o
rendirme a sus pies definitivamente. Pero habló ella.


ELLA - Alguien va a llamar a la puerta.

YO - Ah, pues ve, te espero.


ELLA - No. Es en tu casa.


Sonreí incrédula. Iba a poner una risa (jajajaja) cuando sonó el
timbre. Miré hacia la puerta de la habitación. Mis ojos volvieron a la
frase premonitoria de mi amiga.


YO - Ahora vengo.

ELLA - Ok.


Llegué hasta la puerta y miré por la mirilla. Un vendedor de alfombras.

- No me interesa. –Dije para no tener que abrir.

El chico dijo algo que sonó despectivo y se marchó a otro piso.

Volví al chat.


YO - ¿Cómo lo sabías? Era un vendedor de alfombras.

ELLA - Te he dicho que puedo verte.


Sopesé la posibilidad de que tuviera razón pero mi sensatez lo negaba
una y otra vez. No había nacido yo para creérmelo todo, y menos aún
aquello que escapaba a la lógica. Mi amiga no sólo estaba en su casa,
sino que estaba en otro país y teníamos distinta franja horaria.


ELLA - ¿Sabes? Algo me dice que debo seguir mirándote. No te asustes pero...

YO - pero???????


ELLA - Es que no sabría explicártelo. Generalmente tengo visiones
premonitorias, otras veces, como hoy, puedo provocar el verte. Aparecen
imágenes frente a mí y te veo, veo tu habitación, pero esto supone un
gran esfuerzo. Me duele la cabeza.


YO - Ya, pero... ¿y el “pero” que decías?


ELLA - Es que no quiero asustarte pero presiento algo raro.


YO - Ahora sí que me estás asustando.


¡Pero qué poca firmeza tenía, por Dios! ¡Ahora estaba asustándome de verdad! Yo, la

incrédula, la que si no ve, no cree. Me sentía agitada. Quizás se debía a que eran

pasadas las diez de la noche ya, estaba sola en casa y la última persona que había

visto había sido un desconocido poco amable desde una mirilla. Al menos aún podía

escuchar el volumen alto de un televisor. Era mi vecina, una viejecita que estaba

algo sorda.


YO - No sé pero... quizás deberíamos cambiar de tema.

YO - No es que me hayas convencido pero...


ELLA - No te preocupes, te entiendo. ¿Tengo tu permiso para seguir observando?


YO - Claro, pero que conste que no tengo tan claro que puedes verme. Mi sesera me

impide creerte.


Miré de nuevo el chat para ver si surgía algún tema en el que pudiera involucrarme

pero estaba parado. Había unos siete miembros en el chat y ninguno de ellos hablaba.

Todos estaban en privados. Miré la ventanita del privado de mi amiga.


Iba a escribir algo cuando ví que ella se me había adelantado.


ELLA - Cielo, ahora te asustes pero, no estás sola.


Sentí un escalofrío en mis piernas y mis brazos. Tanto se erizó el vello que me

dolió. ¿Cómo se podía calificar a una de “cielo” para luego decirle que no estabas

sola en la habitación?.


YO - ¿Qué quieres decir? Me estás poniendo nerviosa.

ELLA - No puedo identificarle pero está detrás de ti


YO - Por favor para


ELLA - No se mueve casi, no te asustes, déjame observarle.


YO - Estoy asustada.


Ahora sí que lo estaba. Miraba la ventana. Oscuridad total. No me atrevía a girarme

hacia atrás. ¿Y si veía algo que no quería ver? ¿Y si allí estaba mi amiga? ¡u otra

persona! Eso aún era peor... comencé a notar un nudo en la garganta. Hubiera querido

ser más valiente o más cobarde y llorar, pero estaba estancada en mi propia lucha

para creer o no creer.


ELLA - ¿Notas frío a tu alrededor?


Su pregunta me llegó casi cuando estaba a punto de apagar el ordenador y encender la

luz del techo para meterme rápidamente en la cama y olvidarme del tema.


YO - Estamos a más de 30 grados.- Le informé.

ELLA - Ok. Es que no consigo entrar en él.


YO - ¿¿¿EL??? ¿entrar??


ELLA - Se muestra como una estatua por eso no me deja descubrirle. No sé si es bueno

o tiene malas intenciones. Sólo sé que está ahí, estático.


YO - Yo no veo a nadie... esto no me gusta.


ELLA - Ya te dije que no te asustarás, cielo. Además, yo estoy contigo.


YO - Sí, a miles de kilómetros de distancia.


Entonces lo noté. Una especie de roce helado, como si hubieran puesto una mano sobre

mi brazo. En la zona donde la sentí el pelo de mi brazo se erizó. Completamente en

alto. El resto de mi cuerpo no notó nada.


YO - ¡Está pasando algo!

ELLA - ¿Qué??


YO - He sentido un frío helado en mi brazo.


ELLA - Tranquilízate.


YO - Se me ha erizado el pelo, tengo una extraña sensación.


Comenzaba a ser pánico.


ELLA - Cielo, tranquila, hazme caso.

YO - Esto es muy raro


YO - Estoy asustada


YO - Necesito tranquilizarme, estoy.... joder!


YO - joder joder joder joder joder


ELLA - ¿Quieres dejar de escribir?


YO - joder joder joder joder joder


ELLA - Te va a dar una taquicardia, tranquilízate.


Y entonces noté un soplo frío en un mi cuello, como si me hubieran tirado el aliento.


YO - ¿Qué significa el frío del que me hablabas?

ELLA - El frío lo transmiten los muertos cuando se acercan, generalmente algo

enfadados o...


YO - ¿OOOOOO??????????


ELLA - violentos


YO - ¿VIOLENTOS?????


YO - Joder ayúdame, qué hagooooooooo?????


ELLA - Tranquilízate, yo no lo he visto moverse.


YO - ¡Haz algo!


ELLA - Cielo ¿quieres tranquilizarte?


YO - ¡Hay alguien conmigo joder! Tengo un muerto tirándome su aliento en mi espalda,

estoy acojonada estoy asustada estoy llorando


ELLA - Cielo.... ¿te importaría escucharme? Deja de escribir y lee esto


Hice un esfuerzo. Para mí escribir suponía no mirar atrás y leer palabras, ya fueran

suyas o mías, sentirme menos sola en mi habitación.


ELLA - No hay nadie, cariño.

YO - Lo dices para tranquilizarme.


ELLA - NO HAY NADIE


YO - Está aquí, lo siento, lo presiento lo notooooooo


ELLA - Ok. Escúchame. Era broma.


YO - ¿Broma????


ELLA - Quería demostrarte que no existen los incrédulos, cálmate por favor. Yo no veo

nada, es cierto que a veces tengo visiones premonitorias, como cuando han llamado a

la puerta, pero no puedo obligarme a ver a nadie.


YO - pero yo siento algo


Esto último lo escribí con lágrimas en los ojos y más asustada que nunca.

Sus palabras no me tranquilizaban. Las lágrimas a veces me impedían leer bien pero

me las quitaba restregándome en segundos los ojos o apretando los párpardos para que

salieran disparadas y dejaran de molestarme.


ELLA - Voy a llamarte por teléfono.


Pocos segundos después sonaba el timbre del teléfono. ¿Había hecho ella misma una

conferencia para convencerme de que no existían las videntes ahora que ya me lo

había creído?. Fui a descolgar pero ocurrió algo que congeló mi mano en el aire.


ELLA - Cielo, no puedo llamarte sin desconectar esto. Sólo tengo una línea. ¿Puedo

llamarte o prefieres que sigamos aquí?


Cuando ya tenía puesta la mano en el auricular ví su privado. ¿Cómo podía escribirme

y llamarme a la vez? Miré el identificador de llamadas antes de descolgar. No había

número, era anónimo. No era ella. Eso lo tenía claro después de haber visto el

privado.


Respiré hondo y dudé entre contestar al privado o descolgar el teléfono. Me decidí

por la llamada.

- Dígame.

- Tu amiga va a a morir mientras tú escuchas este mensaje.


Jamás había sentido tanto miedo y jamás en mi vida mi corazón había dado un vuelco

tan grande ni mis piernas –aún sentada- me habían fallado con tal rapidez. Me hice

de mantequilla. Comenzó a darme vueltas la habitación y luché por recuperar el

aliento.


De pronto la línea se cortó y comenzó el molesto pitido de “comunicando”.

Solté el auricular como si me quemara en las manos.

Volví rápidamente al chat, al privado. Tecleé tan rápido que lo escribí todo mal.


YO - ?ESta`s ahí´?

YO - respondeeee!!!!

YO - responde por favvor!!!!

YO - ¿no me lees¿¿¿

YO - DI ALGOOOOOOOO


Histérica, cogí mi agenda y marqué su número de teléfono. Yo sí tenía dos líneas y

podía permitirme permanecer en internet mientras le llamaba. Conseguí comunicación

con el extranjero y esperé... esperé nerviosa, mordiéndome el labio, más agitada que

entera, más asustada que nunca... prácticamente bailaba en mi asiento.


Pero no contestaba.


Colgué furiosa pegándole tal golpe al auricular que pensé que me habría cargado el

teléfono. Volví al privado y traté de que mi amiga respondiera. No lo hacía. Al

final apareció un mensaje en mi privado. En su ventana.


ELLA - Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento.


Sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. El chat me indicó que tras

escribir esa última frase, mi amiga había salido del chat. Ya no estaba allí. No se

había despedido de nadie, ni de mí, ni del resto de los miembros del chat. Había

desconectado.


Miré fijamente la pantalla que sólo se movía ahora en el chat general. Ni siquiera

sé de qué estaban hablando. Para mí todas las líneas no tenían significado, sólo

podía mirar su último comentario del privado. “Ahora sí te veo. No tengas miedo.

Sólo me quedaré un momento”.


Entonces lo entendí.

Comencé a llorar desesperada.


Mis manos corrieron a mis ojos y lloré sofocada, entendiendo que mi amiga había

muerto, que era yo la que había tenido el presentimiento y la premonición, y que

ahora ella estaba a mi lado. Esta extraña comprensión me hizo girarme y mirar mi

habitación vacía. No quería creer que no estuviera allí. No podía, no después de

todo....


Una caricia, tan suave que apenas era como un suspiro, acarició mi cabeza.

Transmitió tal cantidad de paz que lejos de asustarme me relajó. Mis lágrimas

continuaron cayendo por las mejillas. Ya no las secaba. Miraba al vacío sabiendo que

ella estaba frente a mí.


- ¿Qué te han hecho? . –Pregunté al aire.

- Pssss.

Respiré hondo al escuchar ese sonido. Era como cuando era pequeña, tenía miedo y mi

madre ponía su dedo en la boca y soplaba para que olvidara el tema y pensara en

cosas bonitas.


Ladeé triste la cabeza. La paz de su caricia no me abandonaba pero sabía que éste

sería nuestro primer y último encuentro sin el ordenador de por medio. Me tembló el

labio.


- Te echaré de menos.


En ese momento en el ordenador hubo un movimiento general. Se minimizó el chat, se

abrió solo un tratamiento de textos, y apareció una corta frase en una página en

blanco:


Y YO A TI.



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Hueqooo