¿Por qué la humedad fastidia?

¿Por qué la humedad fastidia?

¿Habéis oído alguna vez esta afirmación? "El termómetro sólo marca 30ºC, sin embargo debido a la humedad, la sensación térmica es de 38ºC". La información del tiempo suele decirla bastante. Pero tal vez hayáis oído también a gente quejándose porque un día donde el termómetro marca 5ºC, el frío les "cala" más porque hay humedad.

Aquí uno se podría parar a pensar que pasa con la humedad. ¿Aumenta o disminuye la sensación térmica?. Lo dicho en el párrafo anterior parece indicar que ni una ni la otra, que simplemente lo que quiere es fastidiar. Pero, ¿cómo lo consigue? ¿cómo podemos protegernos de sus efectos?

Bien, empecemos por saber como funciona el cuerpo y la sensación de frío y calor. El cuerpo, siempre tiene que estar perdiendo calor, porque si no fuese así (si ganase calor) iría aumentando cada vez más su temperatura, hasta morir. Así que si perdemos calor significa que todo va bien, con lo que el cerebro interpreta esto como confort. Pero si perdemos menos calor del que deberíamos lo interpreta como calor y activa ciertos mecanismos para aumentar las pérdidas, hasta llegar a perder suficiente calor. Por otra parte si empieza a perder demasiado calor, su metabolismo no da abasto y el cuerpo empieza a disminuir su temperatura, hasta morir, antes de llegar a ese trágico final el cerebro nos envía una sensación que nos incita a abrigarnos más, y es lo que interpretamos como frio.

En invierno el cuerpo pierde más calor del que desearía, por eso el cerebro envía la sensación de frio y activa los mecanismos pertinentes (nos encogemos, llega menos sangre a la periferia, etc) todo para disminuir la transferencia de calor. Aquí es donde entra la humedad, el agua es mejor conductora del calor que el aire (por eso el agua a temperatura ambiente de la ducha se llama agua "fría", ¿como que fría si esta a la misma temperatura que el aire? si, pero aumenta la transferencia de calor con lo que el cuerpo pierde calor más rápido y lo interpreta como frío aunque este a la misma temperatura). Como deciamos el agua es mejor conductora que el aire con lo que cuando el aire es húmedo aumentan las pérdidas de nuestro cuerpo y tenemos aun más frío.

Bien, ¿y en verano que? ¿acaso el aire húmedo en verano no es también mejor conductor con lo que aumentarían nuestras pérdidas? La respuesta es que si. El aire húmedo aumenta nuestras pérdidas, pero no lo suficiente como para llegar a la perdida de confort. Así que una vez más nuestro cuerpo activa los mecanismos adecuados, más sangre en la periferia, baja la actividad y sudor. Así que empezamos a sudar... pero sorpresa, el aire está muy húmedo, casi esta saturado de humedad (cuando esta saturado quiere decir que no caben más moléculas de agua entre las moléculas de aire) así que al sudor le "cuesta" evaporarse. Aquí es donde la humedad gana la batalla, por una parte ayuda a aumentar las perdidas (cosa que en verano nos favorece) pero se carga de golpe uno de los mecanismos más potentes que tenemos para perder calor. Así que en total dificulta la perdida de calor y aumenta nuestra sensación térmica.

Evidentemente esto que en invierno nos favorecería, no pasa, porque en invierno no se suda ^·^

¿Como superar esto? En verano nos interesaría evaporar más sudor así que secamos el aire de las inmediaciones de nuestra piel. O lo que es lo mismo, encendemos el ventilador o nos abanicamos (cosa que además disminuye nuestra capa límite, pero de esto hablaré otro día), cualquiera que haya tendido la ropa unas cuantas veces sabe que los días de viento se seca más rápido

Y ¿en invierno? este es más difícil de evitar, pero por otra parte los efectos de la humedad en invierno son menores que en verano. En invierno nos afecta mucho más el viento (que por supuesto es peor si es viento húmedo) y que podemos parar cubriéndonos con una capa de tejido apretado (o impermeable)

Me duele todo. Seguro va a llover." La frase es frecuente en los días húmedos, sobre todo en la gran urbe porteña, donde el clima da que hablar.

"Se sabe que en el trópico todos los días son cálidos y por las tardes siempre llueve en algunas regiones. En cambio, aquí, en cuestión de horas, la temperatura puede descender de 20 a 10 grados y, luego, registrarse precipitaciones seguidas por aumento de temperatura. La población de Buenos Aires está muy pendiente del tiempo, y no sale sin escuchar el pronóstico. Esto no ocurre en otros sitios de condiciones meteorológicas más estables, donde la televisión no brinda estos datos en forma permanente como acá", afirma la meteoróloga Matilde Rusticucci, profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la UBA.

Ninguno de estos cambios pasa inadvertido al organismo. Sería imposible, dado que la atmósfera es el medio natural del hombre, como el agua para el pez. Lidiar con temperaturas extremas, niveles de humedad agobiantes y vientos que cortan el aliento no resulta inofensivo para elcuerpo, que se ve sometido Ûa una situación de estrés o de falta de confort. Como seres de sangre caliente, los humanos ponen permanentemente en juego delicados mecanismos fisiológicos y físicos que buscan mantener constante la temperatura interna. Si la compensación falla, no tardará en aparecer la hipotermia, la hipertermia o la deshidratación.

En los últimos años, los expertos en biometeorología han estudiado bien estos fenómenos.

"Cuanto menor sea el esfuerzo fisiológico para mantener la temperatura corporal en 37 grados, mayor será la sensación de bienestar", explica la doctora Alicia de Garín, docente de Bioclimatología de la FCEN.

En pos de averiguar cómo se relacionan algunos casos de mortalidad con la temperatura ambiental, Marín junto con Rubén Bejarán, también de FCEN, hallaron en Buenos Aires una situación llamativa para estas latitudes, porque en vez de un solo punto de neutralidad térmica –donde el cuerpo se regularía sin mayores esfuerzos ni contratiempos– detectaron dos. "Habría dos temperaturas óptimas en las cuales se registra un mínimo de mortalidad. Una sería de 15 grados para el invierno, y otra de 23 para el verano. Como esta zona presenta frentes cálidos y fríos que le dan una gran variabilidad meteorológica, el organismo parece mostrar una mayor plasticidad fisiológica para adaptarse a las habituales fluctuaciones", señala.

El cuerpo como barómetro
Los cambios bruscos de temperatura nunca parecen sentarle bien al hombre. "En general, el cuerpo va acostumbrándose de a poco a las variaciones térmicas. El impacto de la primera ola de calor registrada en diciembre mata más personas que la de febrero –aun si ésta registra mayores temperaturas, porque a esas alturas la mayoría de la gente está más adaptada al verano; el primer shock es el peor", destaca Rusticucci.

El calor y el frío extremos son menos amigables aún cuando peores resultan las situaciones sanitarias y socioeconómicas en las que viven las posibles víctimas. La edad también influye. "Los chicos y ancianos son los más afectados."

Pero los mitos populares dan cuenta del cuerpo como un barómetro. Uno de ellos afirma que si duelen los huesos, o ese molesto callito, es que lloverá.

"Lo que sí registra el cuerpo es el cambio de masas de aire, y cuando esto ocurre puede llover. Quizá por eso la gente asocia el malestar con el mal tiempo", desliza Garín.

Junto con la doctora María de los Angeles Harris y la licenciada Laura Bettolli, Rusticucci detectó que en los días cálidos tanto de invierno como de verano hay más fracturas o trastornos óseos. Su trabajo fue publicado en el International Journal of Biometeorology. "En general, los golpes o las caídas están relacionados con el aumento de temperatura. En verano, principalmente, luego de varios días de acumulación de calor, en especial cuando no da respiro durante la noche, aumentan los casos de fracturas, porque probablemente el estar mal dormido influye en los reflejos", sugiere Rusticucci.

Esta investigación, realizada con pacientes que llegaban a la guardia de la clínica La Sagrada Familia, mostró otro dato llamativo: el viento seco proveniente del Oeste está relacionado con un aumento de los desórdenes neurológicos y psicopatológicos. "Hasta dos días después de que ha soplado en forma persistente siguen llegando pacientes a las guardias con estos trastornos", señala Rusticucci.

A padecer las molestias relacionadas con el viento están acostumbrados los habitantes de la zona cuyana. Ellos saben del malhumor y malestar a los que se ven sometidos cuando el zonda, con su aire extremadamente cálido y seco, comienza a soplar en forma repentina. "Ese día hay más casos de violaciones, accidentes y homicidios", subraya Marín.

La última palabra
Así como ciertas condiciones meteorológicas predispondrían a algunas dolencias, también se hace hincapié en distintos puntos geográficos como destino saludable. Uno de ellos es Merlo, en la provincia de San Luis.

"Uno de los argumentos señalados indica que sus ventajas estarían en la ionización del aire. Pero es importante aclarar que científicamente aún no hay unanimidad de criterios para señalar si para el ser humano es más confortable el aire con más carga de iones positivos o más de negativos", indica Garín.

Con mucho por desandar en el intento de descifrar la relación entre el clima, el tiempo y la salud es que continúan sus estudios los investigadores dedicados a la biometeorología. "De a poco se está introduciendo el concepto del clima como una variable que influye en cuestiones de salud", coinciden las especialistas. El tiempo, esta vez no el meteorológico sino el cronológico, tendrá –por cierto– la última palabra.

Por Cecilia Draghi


La autora integra el Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN-UBA).
fuentes: http://1031tensai.blogspot.com/2007/04/por-qu-la-humedad-fastidia.html http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=689658