Es único en Sudamérica, funciona en Tortuguitas, provincia de Buenos Aires con la aprobación de la Justicia y la complicidad del clero.

Los vecinos de Tortuguitas comenzaron a tener sospechas al observar que algunos de los sacerdotes que llegaban al hogar Mis Hijos, lo hacían al amparo de la oscuridad. Al cabo de un tiempo, abandonaban el recinto con el mismo sigilo, rodeados de otros curas que los ocultaban de la mirada de los impertinentes. Sólo ahora se enteran que tras la valla que rodea al viejo chalé funcionaba -o aún funciona- un refugio para sacerdotes pedófilos, con el conocimiento y la aprobación tácita de las autoridades eclesiásticas.

Hasta donde se sabe, en ningún otro país de Latinoamérica existe una institución similar. Por algo será que más de un centenar de ovejas descarriadas de todos los rincones del continente, han recalado, según la denuncia del programa televisivo Punto Doc, en esta pequeña localidad, situada al noroeste de Buenos Aires. Unos reporteros grabaron con cámara oculta la entrevista que mantuvieron con el sacerdote Pedro Marano, ex director y psicólogo de Mis Hijos, en la cual éste reconoció que allí se trata a los hermanos que han caído en el nefasto vicio, jactándose de que la mayoría de esos espíritus torturados se han reinsertado luego en sus parroquias o iglesias. Marano admitió que la institución no reportaba los casos a las autoridades, al menos que hubiera denuncia de por medio. El psicólogo insinuó que el Episcopado estaba al corriente de tales procedimientos.

El hogar Mis Hijos funciona bajo el auspicio de la Domus Mariae, una asociación privada fundada en 1991 con el propósito de socorrer a sacerdotes que padecen trastornos emocionales. Para este fin, las damas de la organización pasaban el cepillo entre los humildes feligreses de las iglesias de Tortuguitas y de las vecinas parroquias de Pilar y Campana. Con el dinero recolectado se ampliaron las dependencias de Mis Hijos y recientemente, se habilitó un nuevo centro en la finca Los Cardales.

De todos los pacientes que han obtenido asilo en Domus Mariae, Mario Napoleón Sasso es el único que, muy a pesar suyo, ha cobrado notoriedad. Después de su rehabilitación, el sacerdote fue procesado por abusar sexualmente de cinco chicas, de entre 5 y 12 años, que acudían al comedor para indigentes donde Sasso ejercía las funciones de asesor matrimonial.

Manual del cura pedófilo

La aparición de una especia de “manual del cura pedófilo” y nuevas denuncias por abusos sexuales por parte de sacerdotes en Brasil volvió a poner en escena uno de los secretos más guardados del Vaticano: las operaciones de Benedicto XVI para ocultar los abusos.

Sólo en Brasil, en los últimos años han sido denunciados 1.700 sacerdotes por abusar de niños y adolescentes.
El padre Edson Ives dos Santos, que a los 64 años “era un santo varón” para las beatas brasileñas que se postraban ante el confesionario, reconoció que planificaba su aberrante liturgia en base al “Manual del Cura Pedófilo”, un cuadernillo que circula desde hace meses entre los sacerdotes con inclinaciones non sanctas.

El último escándalo de pedofilia sacerdotal ocurrido en Brasil volvió a poner en el centro de la escena una mancha que desde el Vaticano se intenta tapar por los siglos de los siglos. Esté Juan Pablo II o Benedicto XVI al frente de la Iglesia Católica, el tema de tos abusos sexuales por parte de sacerdotes reaparece en todo el mundo y muestra que el primer reflejo de la cúpula vaticana es “tapar todo”. El escándalo no es exclusivo de Brasil, sino que ha sacudido por etapas en las diócesis católicas de España, Francia, Italia, Alemania, Austria, Polonia, Gran Bretaña, Irlanda, Estados Unidos, México, Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Argentina, Chile. Pero la Iglesia esconde y minimiza este tremendo problema, que no es accidental ni azaroso sino institucional. Y está signado por el encubrimiento.

El manual que circula entre los curas pedófilos recomienda iniciar a menores recogidos de la calle y de las comisarías, nunca entrometerse con chicos de familias adineradas que lo podrían involucrar en un escándalo público.
El autor de la macabra guía del cura pedófilo es un eminente teólogo, un sibarita que frecuenta los salones de la alta burguesía de San Pablo y, según el diagnóstico que se le hizo a petición del juzgado estatal, un pedófilo con marcados síntomas de narcisismo y megalomanía. De otra forma no se explica que Tarcísio Sprícigo, de 48 años, llevara un recuento manuscrito de sus fechorías. “Me preparo para salir de caza con la certeza de que tengo a mi alcance a todos los chicos que me plazca.”

Los casos argentinos

La iglesia argentina tampoco estuvo inmune a los casos de abuso sexual por parte de sacerdotes. Un caso que se hizo público fue el del Arzobispo de Santa Fe, Edgardo Storni, que fue procesado por acoso y abuso sexual de varios seminaristas a su cargo en el año 2003; también se lo investigó por amenazas sufridas por sacerdotes que denunciaron sus delitos. Por el hecho de coacción fue sobreseído por la justicia pero quedó firme el procesamiento por abuso sexual agravado contra el ex seminarista. Desde el año 1994, está en poder de la Curia argentina y del Vaticano un voluminoso informe acerca de sus prácticas pedófilas. Durante siete años, ese informe fue mantenido en secreto sin que el pedófilo santafecino recibiera ninguna sanción. Cuando el escándalo estalló, se lo convocó a Storni a Roma, donde se le intentó dar un “nuevo destino” para sustraerlo del juicio que se haría en Santa Fe.

La cúpula de la iglesia argentina usó las mismas prácticas que se usan en otros países; traslada a los curas involucrados en casos de pedofilia a otras parroquias, incluso de un país a otro y negándose a abrir los archivos con las denuncias a la justicia.
Otro caso muy importante fue el del obispo Macarrone en la provincia de Santiago del Estero. En su momento fue entregado a las autoridades eclesiásticas un video que mostraría una relación intima entre el monseñor y un joven mayor de edad. Esta cinta provocó que Macarrone envíe su admisión del hecho y su propósito de renunciar.

Tal vez el caso que tomó más notoriedad en el país fue que involucro al Padre Julio Cesar Grassi, presidente de la fundación Felices Los Niños. El religioso fue denunciado por varios chicos de su fundación en donde contaban que el cura había abusado de ellos. La justicia lo ordenó la detención bajo una acusación gravísima: abuso deshonesto y corrupción de menores agravada. El programa que presentó estos testimonios consultó en su momento a Grassi sobre estas denuncias y negó todo. Además, sugirió que alguien podría estar intentando vengarse de él, aunque no aclaró quién. Grassi contó con mucha ayuda económica y de algunos medios de comunicación pero no pudo evitar llegar a juicio.
El caso Grassi, como ningún otro en el país, puso en evidencia un problema global de la Iglesia Católica que llamó la atención, incluso, del papa Benedicto XVI: las denuncias por abusos en el mundo católico. En Estados Unidos, en un período de 52 años, fueron reportadas 10.667 denuncias, según una investigación del Episcopado norteamericano. En Brasil, el país con más católicos de la Tierra, son 1.700 los sacerdotes sospechosos.

La iglesia indemniza con muchos millones

La arquidiócesis de Los Angeles pagó aproximadamente 600 millones de dólares para resolver los casos de abuso sexual de su clero, la cifra más elevada hasta ahora en el escándalo que azotó a la Iglesia católica estadounidense. La arquidiócesis y sus aseguradores pagaron entre 600 millones y 650 millones de dólares a unos 500 demandantes, un promedio de 1,2 millones a 1,3 millones por persona. El acuerdo incluye la revelación de expedientes confidenciales de clérigos luego de una revisión de un juez asignado para supervisar el litigio. Fue el mayor acuerdo extrajudicial en este tipo de casos de una arquidiócesis católica desde que estalló el escándalo en Boston en el 2002. En el 2004 la arquidiócesis de Orange, en California, pagó 100 millones de dólares para solucionar 90 demandas. Un año antes, la de Boston pagó 84 millones de dólares por 552 casos, lo mismo que la diócesis de Covington, en Kentucky, en el 2006 por 360 demandas. Además, las de Tucson, en Arizona; Spokane, en Washington; Portland, en Oregón; Davenport, en Iowa, y San Diego, en California se declararon en bancarrota al amparo de la justicia ante los acreedores. El mes pasado, la de Portland acordó pagar unos 52 millones de dólares a 175 víctimas, y destinó 20 millones para el pago de futuras demandas. La diócesis de Spokane, en Washington, salió recientemente de la bancarrota y llegó a un acuerdo por 48 millones de dólares para zanjar 150 demandas. La arquidiócesis de Los Angeles, las compañías que la aseguraron y varias órdenes religiosas han pagado más de 114 millones de dólares para solucionar 86 demandas.


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