Campaña de Grecia - Segunda Guerra Mundial


La vocación exterior de la Italia fascista era imperial. Así rezaba la propaganda del régimen que hacía de Mussolini un césar victorioso y del Mediterráneo el "Mare nostrum" de los italianos. Pero esta situación no era nueva, a la llegada del fascismo al poder, Italia ya tenía su imperio.

En 1923, tras unos incidentes en la frontera greco-albanesa, las fuerzas italianas ocuparon la isla de Corfú, aunque las presiones britanicas les obligarían a abandonarla de inmediato. Desde éste momento las relaciones entre Italia y Grecia no serían buenas. Los pequeños incidentes fronterizos se sucedían y en agosto de 1940 el crucero griego Helle resultaba hundido por el submarino italiano Delfino tras la orden de Cesare Maria de Vecchi, gobernador del Egeo. Resultaba evidente que tarde o temprano la situación desembocaría en un conflicto que Grecia no deseaba.

Mussolini temía que Grecia concediera bases a los británicos que pusieran en peligro sus ciudades y el tráfico marítimo con Libia, pero lo que más le preocupaba era que las acciones militares emprendidas hasta ese momento habían sido mediocres, cuando no un completo fracaso. Necesitaba una gran victoria para ofrecer a su pueblo y para dar un escarmiento a su arrogante aliado alemán que tantas veces había actuado a sus espaldas.

El 19 de octubre Mussolini redactaba una carta a Hitler anunciandole el ataque. Se envió a Berlín, pese a saber que el Führer se encontraba en Francia. El italiano quería ganar tiempo. La misiva se entregó le dia 25, y el dirigente alemán pedía al momento una reunión urgente con el Duce a fin de detenerlo. Demasiado tarde.


Los dos ejercitos:


El plan italiano preveía la ocupación de la isla de Corfú y la región del Epiro, para dirigirse después a Salónica y Atenas, que debían caer en 3 semanas. Se requerían 22 divisiones. Sin embargo, el alto mando italiano comunicó al Duce que, dado el bajo nivel del ejercito griego sería suficiente con las 6 divisiones ya acantonadas de Albania al mando del general Sebastiano Visconti Prasca. No se estaban teniendo en cuenta varios factores fundamentales.

Para empezar, las plantillas de las unidades no estaban completas. La división acorazada Centauro, por ejemplo, tenía unos 4.000 hombres, cuando una división contaba normalmente con entre 10.000 y 15.000 hombres.

Por otro lado, sólo habían llegado 107 de los 1.750 camiones solicitados.

De los puertos albaneses sólo los de Valona y Durazzo eran útiles para el tránsito de material y refuerzos. A partir de ahí, soldados y suministros habrían de seguir por caminos precarios.

Tampoco existía el factor sorpresa. La propaganda italiana lo había frustrado. Tan sólo eran superiores en el espacio aereo con 400 apararos enfrentados a un centenar de anticuados aparatos griegos.

El ejercito griego disponía de 13 divisiones de infantería y 1 de caballería, mal equipadas y sin unidades acorazadas, y su amplio mosaico de armas ocasionales ocasionaba graves problemas de logística. Con todo, sus plantillas estaban completas y podían incorporar con rapidez a unos 400.000 reservistas. Pero el principal arma era el combatir en un terreno abrupto que favorecía la defensa, conocía el territorio y estaba dispuesto a luchar hasta el final.


Tropas Italianas en Albania prestas a la invasión


hitler


Sus adversarios Griegos


Segunda Guerra Mundial


Comienza la batalla


A las 3 de la mañana del 28 de octubre, el embajador italiano en Atenas entregaba una misiva a Metaxas pidiendo paso libre a las tropas de su pais por suelo heleno. El premier griego lo rechazó y pidió ayuda a Londres. Tres horas después, los alpinos de la división Julia cruzaban la frontera.

Bajo una lluvia intensa, las fuerzas italianas avanzaban por la cordillera del Pindo sin hallar gran resistencia. Su objetivo era el paso de Metsovon, que se abría a la región de Tesalia, mientras una segunda columna paralela a la costa, intentaba tomar por la retaguardia a ciudad de Yánina, que controlaba el Epiro. Al mismo tiempo en Macedonia, se pasaba a la defensiva en el valle de Korce. La intención del operativo era impedir el despliegue del ejercito griego.

La lluvia constante impedía volar a los aviones, y tanques y camiones quedaban atascados en el barro. Solo hombres y caballos podían seguir avanzando. Pero la neutralidad de Bulgaria y Turquía había permitido al general griego Papagos concentrar en Macedonia, donde los italianos eran más débiles, el grueso de sus fuerzas, dispuestas la contraataque. La sorpresa sería mayúscula.
En poco tiempo comenzaba un retroceso de los italianos hasta territorio albanés, al tiempo que las unidades albanesas que luchaban junto a ellos se esfumaban.

Mientras las tropas de Visconti Prasca avanzaban hacia el Epiro, las de Papagos lo hacían en Macedonia. Una maniobra griega en el Epiro coparía a la mejor división italiana, la Julia, y daría al traste con este empate táctico. Falta de suministros la Julia logró romper el cerco en los días siguientes, a costa de perder parte de sus efectivos. Su jefe se quejó después de no haber recibido instrucciones. Solo las emisiones de la BBC, ¡la radio del enemigo!, la habían permitido tomar conciencia de su apurada posición. Al mando italiano la situación se le estaba escapando de las manos.


Nazis


La campaña cambia de signo


Con sus fuerzas detenidas o en retirada y las primeras ayudas británicas comenzando a llegar para los griegos, Mussolini decidió apostar el máximo de fuerzas y creo el Grupo de Ejercitos Albania con 10 divisiones. Además Visconti Prasca fuer sustituido por el general Ubaldo Soddu, que acordó una retirada táctica para preparar una linea de defensa desde la que contraatacar.

Sin embargo, la retirada se convertiría en un caos. La coordinación brillaba por su ausencia y a los soldados les faltaba de todo: munición, comida y hasta calzado. Las congelaciones avanzaban y nadie remediaba nada. El desastre de Tarento, cuyo puerto se vio atacado por los británicos, había inutilizado a las mejores unidades de la Regia Marina, y los convoyes de suministro tardaban en llegar.

Papagos se sentía fuerte. Con una proporción de 2 a 1 atacó tanto Epiro como Macedonia. A finales de noviembre caía la ciudad de Coritza, en la que los griegos capturaron a más de 2.000 soldados y un centenar de cañones. Ya no se luchaba en territorio griego.

En Roma, el jefe del estado mayor Pietro Badoglio fue forzado a dimitir y Mussolini se vio forzado a los soldados desmovilizados un mes atrás. Pero el avance griego no se detenía. Por el norte se acercaba a Pogradec y por el sur se dirigía a Klisura. Ubaldo Soddu sugería la petición de ayuda a los alemanes y enviaba al frente todo lo que tenía. Sería relevado por Ugo Cavallero el también sustituto de Badoglio.

Las tropas griegas entraron en Argyrocastro entre los vitores de la población, pero también estaban al límite, lastradas por la falta de medios mecanizados, carencia que les impedia aprovechar la rotura de lineas del enemigo. Durante unos meses, con media Albania en manos griegas, iban a producirse numerosos avances y retrocesos de limitada envergadura. La guerra Italo-Griega había entrado en una fase de desgaste mutuo.

A finales de enero de 1941, Hitler comunicaba al Duce su intención de invadir Grecia. Mussolini en un último intento de adelantarse a los alemanes ordenó una ofensiva general, entre los rios Apsos y Aoos que fracasó estrepitosamente. Un golpe de mano en Belgrado, que derrocaba al proalemán regente Pablo en marzo precipitaría la invasión nazi de Yugoslavia y la declaración de guerra del Reich a Grecia. En apenas 2 semanas la esvástica ondeaba en Belgrado y en Atenas. Italia podía finalmente sentarse junto al vencedor.

Pese a todo, la campaña de Grecia fue el mayor fiasco del Duce hasta ese momento, con unos 20.000 soldados muertos, 40.000 heridos y 26.000 prisioneros. Pero había ocurrido algo peor, había provocado el fin de la confianza de los italianos en su régimen.


il duce



Fuente: Extraido de un artículo publicado por Sergi Vich en "Historia y Vida" nº 485