Seguimos...........



La Montaña del Olvido


El cráneo que hace un macabro adorno en el estante de la casa de mi abuelo, desde niño siempre me inspiró temor y curiosidad, pero hace poco me armé de valor y pude preguntarle a mi abuelo de quién era ese cráneo. “Es una historia que jamás me había atrevido a contar, fue hace mucho tiempo, hace casi cuarenta años, es un recuerdo de la tragedia de la montaña prohibida”.
Le conteste: “Ya me habían contado relatos de esa historia, un grupo de jóvenes excursionistas creyeron que era una buena idea desafiar las leyendas y fueron a acampar a esa montaña, y nunca se supo nada más de ellos excepto de un sobreviviente que tuvo que ir a un centro de rehabilitación mental”. “Eso es solo una parte de la historia”, me reprendió, “la verdad tuvieron un fin más desastroso de lo que se tus peores temores pueden imaginar”, luego me contó la historia:
Esos excursionistas eran amigos míos, se llamaban Alexander, Jimmy, Francis, Tommy, y Sebastián, también les había acompañado otra persona de la cual su nombre no recuerdo, querían probar su valentía y decidieron acampar en una de las oscuras cavernas de la montaña prohibida, al principio todo paso según lo planeado, hasta que llego la noche, solo usaban lámparas de queroseno que no eran muy seguro, estaban en la fogata, y, de pronto, se escucho un rugido que exaltó a sus sentidos, Alexander dijo lo que todos pensaban: “Será mejor investigar de donde vino ese sonido, porque quizás ese lobo, puma o lo que sea nos venga a atacar desprevenidos mientras dormimos”. Todos se armaron de valor y se pusieron de acuerdo, Tommy llevaba consigo una vieja cámara fotográfica, de impresión instantánea de ese tiempo; al bajar por el oscuro bosque, siempre juntos buscaron la fiera que había producido ese sonido, luego de buscar por casi una hora no tuvieron éxito, Francis dio la idea de que tomaran una fotografía de grupo, ya que nadie se había adentrado hasta ese punto de la montaña, lo cual lo hicieron y luego regresaron al campamento, donde la fotografía se hizo legible, al ver la fotografía se llenaron de espanto ya que al lado de uno de nuestros amigos aparecía una monstruosa figura, como la fotografía era en blanco y negro creímos que era un error, pero al mirarlo con detenimiento observaron que la figura tenia forma de un perro deforme, que caminaba erguidamente, y que había pasado justo detrás de ellos, fue en ese instante que se escucho de nuevo el rugido, los amigos empezaron de pronto a perder el valor, viendo la desesperación en sus ojos, en ese instante todos optaron de salir inmediatamente de esa montaña, dejaron todo, tomando solo sus mochilas, y empezaron a bajar, los rugidos se hicieron cada vez más y más fuertes y mucho más seguidos, siguieron corriendo, sin mirar atrás, debido a la desesperación cada uno se intereso sólo por su vida, cuando entraron en sí se dieron cuenta que Sebastián se había separado del grupo, quizás se había caído por un abismo, quizás la bestia lo atrapó, o quizás simplemente se perdió, todos pensaron que sucedió la segunda opción y no pensaron en buscarlo, Alexander , les animó a los demás a buscarlo, al principio estaban delirando por el miedo, luego de mucha meditación y tranquilidad fueron a buscarlo, encontraron un rastro de sus pertenencias, quizás hecho por Sebastián, lo siguieron hasta encontrar una entrada a la caverna, cuando estaban entrando, Francis se resbalo y cayo en un túnel interno, hecho en el suelo, como una trampa, le gritaron llamándole, para asegurarse si seguía vivo, lo cual felizmente respondió, siguieron su camino buscando una manera segura de rescatarlo, cuando se adentraban en la caverna la escasa luz de las lámparas de queroseno iba alumbrando cada vez menos, la cueva parecía ir en forma de espiral cuando sucedió la tragedia, encontramos un rastro de sangre, imaginaron lo peor, cuando estaban a punto de regresar divisaron a unos cuantos centímetros el cadáver desfigurado de Sebastián, sus amigos se quedaron atónitos al ver el cadáver, pudimos apreciar, que le faltaba el brazo derecho, quizás la fiera se lo había comido; luego escucharon los gritos de auxilio de Francis , seguido de los rugidos de la fiera, sin pensarlo fueron a buscarlo, pero cuando lo encontraron ya era demasiado tarde, había sido asesinado, su cuerpo mostraba heridas en los brazos, signo que había puesto resistencia, esta vez observaron que le faltaba la pierna izquierda, los que los hizo pensar que talvez no era una bestia sino un asesino, pero ¿los rugidos?, cuando frenéticamente intentaron salir se dieron cuenta que el camino se bifurcaba, cosa que no notaron al entrar, ya que entraron por un lado, puesto a que eran cuatro, decidieron, aunque con mucho esfuerzo separarse, ya que era más fácil enfrentar al enemigo entre todos, fueron por el lado derecho Jimmy y Tommy, y por el izquierdo Alexander y el otro compañero(del cual todavía no recuerdo el nombre), Alexander y el otro camarada no parecían tener suerte, ya que por más que caminaban no hallaban la salida, hasta que de pronto vieron una luz que parecía la salida, corrieron presurosos hacia la fuente de esa luz, al llegar se dieron con la ingrata sorpresa de que era una habitación de sacrificios, habían esqueletos de hombres, mujeres y niños, algunos colgados, otros en posición de sentados, al mirarlos con detenimiento se dieron cuenta que les faltaba alguna extremidad, ya sea los brazos, las piernas o la cabeza, corrieron presurosos hasta encontrar el punto de la bifurcación, tomaron el lado derecho, al correr frenéticamente encontraron el cadáver de Jimmy y Tommy, a Jimmy le habían arrancado la pierna derecha, y a Tommy el brazo izquierdo, observaron que por la sombra de la lámpara de queroseno una figura monstruosa venia lentamente, Alexander y su camarada se quedaron paralizados por el miedo, de pronto se acercó la bestia que vieron en la fotografía , tenía aspecto de un perro, diría un san bernardo, caminaba erguidamente, siempre sacando los colmillos, de color ocre, de unos 2 m de largo, con ojos rojizos; ante los ojos de Alexander y su compañero la bestia se convertía en una persona parecía un chamán tenía el brazo derecho de Sebastián, el brazo izquierdo de Tommy, la pierna derecha de Jimmy y la pierna izquierda de Francis , sin decir nada saco de su capa una especie de espada la arrojo y cortó la cabeza Alexander, fue entonces cuando se dio cuenta que era una especie de hechicero inca que se ponía las extremidades de otras personas para alcanzar la inmortalidad. Luego se dirigió al excursionista y le dijo: “Solo me basto con eso, eres libre de ir”, el camarada sobrante luego de salir del enloquecimiento y entrar en sí salio corriendo con las escasas fuerzas que le quedaban.
Después de escuchar esto entendí que el excursionista que sobrevivió fue el que estuvo en el centro de rehabilitación mental.
“¡O no fue así Alexander!”, exclamo mi abuelo dirigiéndose al cráneo del estante.
“Recuerdas ese día cuando éramos jóvenes y nos diste la idea de acampar en aquella montaña…”



La Muñeca


Una niña de 6 años padecía una extraña y desconocida enfermedad. Cada hora del día, le aparecían en la piel unos sarpullidos verdosos y empezaba a escupir espuma blanca por la boca. Ante la grave situación la niña fue ingresada inmediatamente en el hospital de su ciudad donde, después de varias pruebas, los médicos consiguieron encontrar un antídoto que paliaba los síntomas.
La niña estaría todavía unos días ingresada en observación para ver su evolución y sacar más conclusiones sobre la enfermedad, por lo tanto su madre se quedaba con ella cada noche para estar con su hija, que siempre que le era suministrado el antídoto pedía estar con su muñeca; su preferida…
Una noche, después de ser visitada por su médico, se quedó sola en su habitación, mientras su madre hablaba con él en el pasillo, cuando su madre escuchó el murmullo de su hija, su madre, abrió la puerta y vio que la niña estaba sentada en el borde de su cama, hablando con su muñeca. la madre de la niña, muy disgustada la mandó irse a dormir, la quitó la muñeca y la cerró la puerta. esa misma noche, a su madre le tocaba velar por ella, fue a ver como estaba su hija, y encontró la muñeca de nuevo en su cama, arropada, abrazada a la niña; no se lo explicaba, volvió a coger la muñeca y se fue a dormir. a la mañana siguiente, su madre despertó oyendo el murmullo de su hija, y sintiendo curiosidad de lo que decía, se hizo la dormida y empezó a escuchar:
Entonces...tengo que hacer eso, ¿para qué me cures la enfermedad?.
la madre no sabía que pensar, abrió los ojos y miró a su hija rápidamente, y vio de nuevo la muñeca sentada al lado suyo, no la pudo decir nada, porque en ese instante entró el médico a decir que la niña estaba curada y que la iban a dar de alta. Al cabo de unos meses, todo iba normal, hasta las costumbres de la niña. una de las costumbres que tenía, era irse al puerto de su ciudad, y sentarse en el muelle a contemplar los peces que había en el mar.se hizo de noche, y se levantó una fuerte tormenta.la niña seguía allí, y empezó a preocupar a su madre, esta llamó a la policía, pero al poco tiempo su madre se acordó de donde se encontraba su hija, en el muelle, fue allí corriendo y la gritó:
-¡dónde estabas¡¡me tenías muy preocupada, porque me haces esto, mira que tormenta, volvamos a casa¡.
pero la niña ni se inmutaba. su madre se acercó a su hija, la puso la mano en el hombro y la dijo:
- estas helada, por favor vas a volver a casa enseguida.
pero la niña seguía sin moverse, pero susurró:
- yo volveré a casa...pero....tu, mamá... no.
su madre la preguntó asustada:
- ¿por qué?.
la niña volvió a susurrar:
porque vas a morir...
la niña seguido de esto, cogió a su madre del brazo y la empujó al furioso mar...y se ahogó, la niña corrió hacia un bosque cercano, y allí desapareció. Al cabo de unos años unos pescadores que había allí en el puerto, pescaron con sus redes el cadáver de la madre, y uno de ellos se fijó en que el cuerpo estaba agarrando una muñeca...



La Niña de la Ventana


Hola me llamo Jessica, lo que les voy a relatar nos ocurrió a una amiga y a mi cuando regresábamos del trabajo hace como un año y dos meses, lo recuerdo muy bien, mi amiga se llama Tina y nosotras trabajamos en una tienda..

Había sido un día muy agotador, acabábamos de salir de la escuela y nos dirigíamos a casa para comer e irnos al trabajo. Nos despedimos del parquecito que queda justo frente a la escuela, ella dobló la esquina y yo me fui derechito a casa....una hora después nos encontramos de nuevo para irnos a la tienda. Se nos había hecho tarde y Tina me dijo que conocía un atajo para llegar a tiempo y que no nos pille el jefe, empezamos a caminar y al doblar la esquina nos encontramos una casa abandonada pero en muy buen estado.

En la parte frontal tiene dos ventanas con cortinas y la puerta de madera... le dije a Tina que "linda casa" y ella me dijo "cada vez que se me hace tarde paso por aquí sola y me entran unos escalofríos al pasar frente a esta casa" y yo le dije "hay no seas exagerada ni que estuviera embrujada o algo así"......... "si" me dijo "tal vez sea mi imaginación"...

Seguimos caminando hasta llegar a la tienda, trabajamos arduamente hasta las 10 de la noche y tina me propuso regresar por el camino que vinimos, yo para demostrarle que no tenia miedo le dije que si, empezamos a caminar y nos topamos de nuevo con la casa, la calle estaba muy oscura y Tina me dijo "creo que mejor nos volvemos, ya me dio miedo" y yo le dije "No seas miedosa, ya ves no aguantas nada". En eso estábamos cuando de repente la casa se iluminó, era una luz como azulada, la casa de veía preciosa, pero al mirarla daba un escalofrío que no me quiero recordar, Tina me dijo que nos fuéramos pero no nos podíamos mover, estábamos como pegadas al suelo.

De repente vimos como una niña de unos 6 años nos saludaba con la mano desde la ventana, estábamos pálidas del miedo, de repente las luces se apagaron y quedamos otra vez en penumbra y escuchamos un grito que venía desde la casa y sentimos como algo nos empujó hacia el suelo. Caímos y nos levantamos en seguida, habían sido los 5 minutos mas largos de mi vida..... corrimos por donde habíamos venido y Tina llamó a su madre para que nos fueran a buscar ya que estábamos temblando y Doña Sara nos preguntó que había pasado y se lo contamos todo.

Ella nos dijo que en esa casa habían asesinado a una niña de seis años y que había pasado como a las 10 de la noche, justo a la misma hora en que nosotras la vimos......y que después de haberla asesinado la habían enterrado en esa casa, la verdad es que no se si lo que nos dijo Doña Sara sea verdad, lo que si se es que la vimos ese día y nunca lo voy a olvidar...



La Niña de las Uñas de Sangre


Esto era una niña, (la llamaremos Lidia) llamada lidia, era una niña pequeña que deambulaba por su pueblo en busca de una muñeca, entró en un anticuario y vio a una muñeca con las uñas muy largas y pintadas de rojo, la niña se la compro, el antiquario le dijo que tuviera mucho cuidado con esa muñeca, que estaba poseida por el mismisimo diablo, la niña, ajena a la advertencia se fue a su casa muy contenta. Era de noche cuando Lidia se desperto y oyo He matado a dos solo quedan 8. La niña, pensando que solo era un sueño se volvió a dormir, a la mañana siguiente vio a su muñeca que le faltaban dos uñas, y a sus padres degollados. La niña asustada arrojó la muñeca al rio y se fue a casa de sus abuelos. Era de noche y Lidia volvió a escuchar la voz, pero estavez decia: He matado a 3 solo quedan 5. La niña asustada fué a la habitación de sus abuelos y los vio degollados y a su perro también, y a los pies de la cama vio a la muñeca con una mano sin uñas. La niña volvió a tirar la muñeca al rio y fué a casa de una amiga, Lidia estaba ya loca, por que pensaba que la culpa la tenía ella por haber comprado la muñeca, su amiga Sonia, la tranquilizó y se durmieron, pero Lidia no podia y volvio a oir lo mismo: He matado a dos solo quedan 3. La niña asustada y sabiendo lo que iba a volver a ver intentóo huir pero no pudo, algo lo impedia y es que tenia la muñeca agarrada al tobillo derecho, asustada, ato una enorme piedra a la muñeca y la tiro al lago y se fue acasa de sus tios, por la noche y despierta oyo: He matado a dos solo quedas TÚ. Algo se movio en la ventana, Lidia giro el cuello para ver que era y no había nada, cuando se giro vio la muñeca llena de sangre y le clavo la última uña en la sien, acabando con su vida.


La Niñera


Cuenta la historia de una mujer que llegó sorpresivamente a la ciudad. Alta, pálida y sonriente. Buscaba trabajo para poder sobrevivir, estaba escapando de una gran hambruna y pobreza de su tierra natal. Llegó a la casa de los Wilson. Una familia muy adinerada que vio que la muchacha tenía pinta de ser de confianza. La contrataron y ella cuidaba de sus cuatro hijos. Todo fue bien durante exactamente 3 semanas. Hasta que algo ocurrió. Una noche tormentosa en la cual los Wilson habían salido y los niños dormían, la niñera comenzó a escuchar ruidos extraños, golpeteos de puertas y ventanas, llamadas extrañas donde nadie respondía y el viento que silbaba fuertemente y la hacía sentir con mucho frío. Salió al jardín a tomar un poco de aire. Lo unico que se pudo deducir después de esa noche, fue un misterio para los demás.

A la mañana siguiente los Wilson llegaron apresurados y encontraron a la niñera, con una parte de su cara en carne viva, ahorcada en uno de los árboles del jardín, con los ojos abiertos y amarillentos, mirando fijamente al tremendo vacío. De sus ojos se veían que habían marcas de lágrimas negras, ya secas y siniestras. Se llevaron el cadáver de la niñera ese mismo día y los Wilson abandonaron la casa, espantados por sentir la presencia de la muchacha en su hogar.

Después de unos años, nadie se había atrevido a comprar la casa de los Wilson. Hasta que una familia la compró por el bajo precio en que se encontraba. Han declarado que no pueden bajar al sótano porque empiezan a sentir mucho frío, a sentir que hay alguien que los sigue a todos lados y han terminado por prohibir la entrada a aquel sitio. En el jardín, a las 3 de la madrugada siempre escuchan la misma carcajada excéntrica y macabra, la risa de la niñera. Se burla de la nada, sale de una boca invisible. Su espectro da vueltas por la habitación de los niños, se lamenta en porqué nadie le dijo que esa noche un psicópata altamente peligroso estaba suelto. Llora en silencio y su risa sin motivo se transforma en un grito de rabia. Gira el cuello, y la cabeza se le desprende como si fuera una muñeca rota. Vuelve a reír y se va, se desvanece... los niños no saben quien es la que no los deja dormir. Pero que se puede hacer... la niñera siempre busca a quien observar, alguna persona a quien espantar. Ya no le queda nada en este mundo.



La Pandilla Sangre


Dicen que si vas por una carretera comarcal por la noche, en una noche de poco movimiento de vehículos, y ves a un coche negro circular sin luces, al darle las largas para avisarle y advertirle ese coche enciende las luces pero inmediatamente se da la vuelta y te sigue a toda velocidad hasta atraparte y matarte a ti y a todos las personas del vehículo de formal cruel y sangrienta. Ya sabes si te ves en una situación así no le des las largas por si acaso las personas que hayan en ese coche se enfadan.
LO “A PRIORI” LO MEJOR NO SIEMPRE ES LO QUE DEBES ELEGIR:
Dicen que hay un grupo de personas que te atacan de noche y en calles solitarias donde nadie te puede ayudar. Algunas veces cuando pillan a una chica le dan a elegir: violación o sonrisa del payaso, la chica siempre elige la sonrisa del payaso sin saber que es evidentemente. La sonrisa del payaso consiste en rajar la boca de oreja a oreja y echando limón a la herida para que quede grabada la sonrisa. Otras veces te dan a elegir entre apuñalamiento o pellizco. La persona elige siempre pellizco que consta de con unos alicates pillar los pezones de los pechos y arrancarlos de cuajo. Y otras veces te dan a elegir entre apuñalamiento o patada. La persona elige siempre patada que consta ni más ni menos en ponerte tumbado con la boca en un bordillo y darte una patada enorme en la cabeza. Ya sabes no siempre lo mejor es siempre lo que debes elegir.



La Pelota Blanca


Mi mama hace tiempo me conto una leyenda que ocurria en San Fernando por Chile, se cuenta que en un bosque llego a vivir una familia de madre e hija en una casa blanca, cuando llegaron, una viejecita las saludo y le dijo a la niña que no fuera al bosque y que se mantuviera alejada de las pelotas.
Marian como se llamaba, no hizo caso y salio corriendo al bosque. Entretanto la madre de la niña se estaba bañando en la tina observando un ventanal, cuando de repente cayó una gota de sangre a la tina, ella miro hacia arriba y en el techo estaba dibujada una pelota blanca un poco desgastada.
Ella se asustó y tomo su bata para salir del baño que estaba muy mojado en el piso, ella siguió por el pasillo y miró hacia atras, una pelota venia siguiendola rebotando, el baño estaba tan mojado que la correr cayó por las escaleras y murió desnucada.
La niña corria por el bosque sin rumbo alguno y se lanzo al suelo, miro hacia rriba y una pelota reboto desde la rama de un arbol a otro, se asusto y siguio corriendo. Se puso a mirar sus ropas y cuando levanto la vista una niña de tez blanca la miraba fijamente, trato de correr pero estaba petrificada sus pies no le respondian, la extraña niña puso sus manos en la cara de la niña y comezo a arañarla, sus gritos se oyeron por todo el bosque hasta que cesaron.
Los dos cuerpos yacian en el bosque y en la casa respectivamente, la viejecita caminaba solitaria por el bosque mientras decía: Lo hice otra vez jajaja!!!
Bueno esta casa esta en medio del bosque y yo la he visto aunque no se que paso con la gente que habitaba dentro de ella, se sabe que nunca nadie mas volvio a habitarla pero a mi me da miedo pasar por ahi. Esta en ustedes creer...



La Posible Verdad de McDonals


Un correo electrónico circulado en red, sorprendió a todos aquellos que lo recibieron. Considerado como un fraude, la historia de Kevin Archer de tres años de edad, puso en duda la reputación del restaurante de comida rápida McDonalds.
Todo ocurrió cuando una mujer fue a almorzar a un McDonalds con su hijo para celebrar su cumpleaños. Después de comer, el niño fue a jugar a la piscina de pelotas y después de poco, el niño comenzó a llorar de la nada y cuando la madre preguntó, su hijo solo respondió “Mami, duele”.
Cuando llegaron a casa, la mujer bañó a su hijo y entonces encontró una pequeña roncha en su nalga izquierda. Cuando vio bien, descubrió que había algo como una pequeña espina debajo de su piel.
Muy extrañada, hizo una cita para que le extrajeran a su hijo aquella extraña espina, pero esa misma noche el niño comenzó a vomitar y convulsionar hasta que murió.
Cuando realizaron la autopsia y le extrajeron la supuesta espina descubrieron que era la punta de una aguja hipodérmica que se había roto dentro y que el hijo de la mujer, había muerto de sobredosis de heroína.
A la semana siguiente, la policía llegó al McDonalds donde todo comenzó y quitó todas las pelotas de la piscina en la zona de juegos.
Lo que descubrieron, fue que todo estaba lleno de pañales sucios, jeringas hipodérmicas, comida podrida, dulces a medio comer y un fuerte y horrendo hedor a orina.

Dicen que esto fue un fraude, una cadena inventada por alguna persona que simplemente no gustaba del McDonalds. A pesar de eso, es muy difícil saber la verdad, ya que simplemente demandar a éste restaurante significaría poner en riesgo su reputación y por lo tanto disminuir su público, sin contar que probablemente pudieran despedir a muchos de los trabajadores.
A pesar de todo, aunque la historia de Kevin no haya salido en algún noticiero, muchas de las negligencias del McDonalds han sido publicadas, como vender café a temperaturas que un humano jamás podría ingerir y entregar alimentos que contengan cosas no deseadas dentro de ellos (como el caso de una broca de taladro en un sándwich).
¿Cuál es la verdad sobre Kevin Archer?
¿Una simple cadena o una historia secreta que oculta otra de las grandes negligencias de este restaurante de comida rápida?



La Puerta del Baño


Dicen que hace muchos, muchos años, en un pueblo llamado Carmona, en un colegio llamado San Blas, paso algo horrible.

Era la primera mañana despues de las vacaciones, y el conserje abria la escuela. Pero cuando se acercó al baño, no pudo contener el miedo.
Alli junto a la puerta del baño estaba tirada la limpiadora, Conchita.
Tenía todo el cuerpo lleno de sangre, y le faltaban trozos en la cara.
El conserje llamo a la policia, hasta que se la llevaron de alli, y eso fue lo que paso.
Ahora en la actualidad, dicen que si te metes en el baño a solas,
puedes sentir como Conchita llama a la puerta, tambien dicen que si le abres te hace lo que alguien le hizo a ella. Pero aqui no acaba esta historia...

Hace unos dias, se celebro la fiesta de fin de curso, y pudimos comprobar que todo era cierto.
Yo y mi amigo, estabamos alli en la fiesta, cuando de pronto fui al baño solo y cerre la puerta...
Justo cuando iba a salir escuche como llamaban a la puerta, me acorde de lo que la gente decia y me entro mucho miedo. Pregunté a ver quien era, pero nadie contestaba. Un gran silencio invadió el edificio.
No se escuchaba nada, ni siquiera el ruido de la fiesta.

¿Donde estaban todos? me pregunté, solo se podia apreciar el silencio y como alguien tocaba en la puerta, me decidí a mirar por debajo de aquella puerta, pero aun me dio mas miedo al ver que no abia nadie frente a ella.
Me arme de valor y abri la puerta, pero fue entonces cuando escuche una voz que venia de detras de mi, me volvi y ya no recuerdo más lo que me pasó, solo recuerdo haberme despertado alli, solo y con una marca con sangre en mi mano...

Y desde ese dia, ya nadie entra solo alli, porque todos saben que alli esta Conchita que quiere vengarse de lo que le hicieron.

Conclusión: nunca abrais la puerta si veis que llaman al baño y estais solos.Dicen que hace muchos, muchos años, en un pueblo llamado Carmona, en un colegio llamado San Blas, paso algo horrible.

Era la primera mañana despues de las vacaciones, y el conserje abria la escuela. Pero cuando se acercó al baño, no pudo contener el miedo.
Alli junto a la puerta del baño estaba tirada la limpiadora, Conchita.
Tenía todo el cuerpo lleno de sangre, y le faltaban trozos en la cara.
El conserje llamo a la policia, hasta que se la llevaron de alli, y eso fue lo que paso.
Ahora en la actualidad, dicen que si te metes en el baño a solas,
puedes sentir como Conchita llama a la puerta, tambien dicen que si le abres te hace lo que alguien le hizo a ella. Pero aqui no acaba esta historia...

Hace unos dias, se celebro la fiesta de fin de curso, y pudimos comprobar que todo era cierto.
Yo y mi amigo, estabamos alli en la fiesta, cuando de pronto fui al baño solo y cerre la puerta...
Justo cuando iba a salir escuche como llamaban a la puerta, me acorde de lo que la gente decia y me entro mucho miedo. Pregunté a ver quien era, pero nadie contestaba. Un gran silencio invadió el edificio.
No se escuchaba nada, ni siquiera el ruido de la fiesta.

¿Donde estaban todos? me pregunté, solo se podia apreciar el silencio y como alguien tocaba en la puerta, me decidí a mirar por debajo de aquella puerta, pero aun me dio mas miedo al ver que no abia nadie frente a ella.
Me arme de valor y abri la puerta, pero fue entonces cuando escuche una voz que venia de detras de mi, me volvi y ya no recuerdo más lo que me pasó, solo recuerdo haberme despertado alli, solo y con una marca con sangre en mi mano...

Y desde ese dia, ya nadie entra solo alli, porque todos saben que alli esta Conchita que quiere vengarse de lo que le hicieron.

Conclusión: nunca abrais la puerta si veis que llaman al baño y estais solos.



Las Muñecas Rusas


Había empezado a escribir la narración de horror, pero la sintió tan próxima y vívida que pensó mejor dejar la historia guardada dentro de un cajón de doble llave, hasta que se fuera acostumbrando a la idea. Esos temas sobre gente que despierta inesperadamente dentro de su ataúd y empieza a luchar para salir de éste, mientras el oxígeno se esfuma segundo a segundo, le ponía los pelos de punta, aunque esto sólo sea un decir; pues apenas se le adivinaban algunos sobre la cabeza.
Las últimas semanas no habían sido muy buenas que digamos; su mujer le había reclamado toda una lista de cosas por hacer: viajes, diversiones, compras, visitas al médico, etc. Pero él estaba muy ocupado para eso; lo único que deseaba era lograr un buen trabajo narrativo; uno que a diferencia de las docenas de malos cuentos que había escrito frecuentemente, fuera la culminación de todos aquellos años de lucha constante frente a la su vieja máquina de escribir. Sabía que tantas horas dedicado a sus quehaceres literarios le habían robado el amor de su esposa y ni que decir el de sus hijos adolescentes, a quienes apenas si veía eventualmente. Luego se encerraba en su biblioteca y el tecleo de la máquina se dejaba escuchar por horas; sin tregua alguna. Pero ese cuento último que había logrado, usando aquella técnica de las muñecas rusas, es decir una caja de forma humana dentro de otra y otra, o lo que es lo mismo, una historia que llevaba a otra y luego otra, le aseguraba el éxito deseado por años. Estaba tan ansioso de mostrarle su narración a alguien, su técnica, que sin dudar fue corriendo a buscar a su mujer para leérselo. La encontró llorando en la cocina, con la mirada extraviada; sin importarle la situación igual el escritor le leyó su trabajo. Al finalizar la narración la mujer sólo se preguntó: ¿una caja dentro de otra? Después quedó sumida en sus pensamientos, como ausente. El escritor, hizo un gesto horrible y salió de la habitación haciendo rugir la puerta. Pensó, mujeres, ellas nunca entienden lo que cuesta lograr un buen cuento, sólo piensan en comprar cientos de cosas, que solo usan una vez, y en pavonearse con sus amigas.
Al día siguiente, de forma inusual, su mujer y sus hijos se le acercaron y se sentaron a su lado, en la biblioteca, le acercaron una taza de té, que le supo demasiado amargo y por último… despertó dentro de su ataúd, empezó a luchar con desesperación por su vida, a tratar de aspirar más aire del que el exiguo y cerrado lugar le permitía. Se destrozó las uñas tratando de abrir la tapa y hasta se fracturó una rodilla, cuando trató de romper la madera… era imposible, se dijo, no quería morir de forma tan espantosa, su mujer, sus hijos habían sido los artífices de tan horrendo crimen; pero entonces recordó que debían haber depositado su ataúd dentro del mausoleo familiar, era la tradición y la abuela no iba a permitir se hiciera lo contrario, por tanto no estaba bajo tierra, había aún una oportunidad de evadirse de la caja, de rajar la madera y salir al exterior, ya había logrado algo al respecto, estaba seguro, a pesar de la oscuridad sus dedos recorrían una rajadura prominente en el techo del féretro. Entonces usó toda la fuerza que aún le quedaba en sus fibras para alcanzar la tan ansiada libertad, prolongar su vida…
Fue cuando recordó lo que había expresado su mujer: ¿una caja dentro de otra? Y descubrió con agonía que su ataúd no era un solo ataúd…



Las Sombras del Destino


Era una noche fria, pero muy clara por el resplandor de la luna llena, estaba en mi habitacion intentando conseguir un buen programa de Tv, se hicieron las 11:30pm y el peso del sueño logro alcanzar mis ojos, en cuestion de minutos estaba preparada para descansar si no fuera por un sonido agudo que provenia del pasillo de mi casa, me asuste pero me calme a mi misma diciendome que solo se habia caido algo que estaba mal puesto, pero al terminar esta frase mental, el sonido se escucho nuevamente pero esta vez mas cerca, me dirigi a la puerta de la habitacion de mis padres, pero ellos estaban dormidos, no los desperte, porque sentia que yo podia manerjar la situacion sola.

Me arme de Valor y una filosa daga de punta corta que siempre tengo escondida en mi habitacion.
Baje lentamente las escaleras, y mire directamente hacia la sala, pero no habia nada, justo cuando mire hacia el otro lugar, quede petrificada. Una mujer palida vestida de negro me miraba fijamente y al intentar usar mi daga, no podia mover mi brazo, mis fuerzas eran debiles y mi voz simplemente se habia enmudecido, ella me tomo por el cuello y me levanto, asfixiandome poco a poco y solo me dijo que me dejara morir en sus manos.

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Sono el despertador... y me di cuenta de que solo fue un terrible sueño.



Llamadas Perdidas


Todo comenzó en un triste bar, con una atmósfera íntima , que favorecía a los parroquianos. Oscar y sus amigos habían comenzado la noche hablando de anécdotas grotescas y despistes raros. Lucy contó que una tarde, su madre estaba viendo una película cuando en una escena comenzó a llover y ella se levantó como un resorte del sofá corriendo a quitar la ropa del tendedero. Juan recordó un día que, distraído, mordió la botella de cristal del refresco que sujetaba con su mano izquierda en lugar del bocadillo que tenía en la derecha. Uno de sus incisivos aún conservaba la fisura.

La noche avanzaba entre botanas y vasos vacíos con saldos de espuma. La conversación dio un giro macabro cuando Oscar sacó uno de sus temas predilectos: el de la ultratumba.

- ¿No han oído la historia esa de un funeral en el que sonó un teléfono celular dentro del ataúd? Es genial. Al parecer le dejaron al muerto el móvil encendido dentro de la chaqueta y cerraron la tapa, lo olvidaron allí...

- Eso es una tonta leyenda urbana, no inventes - dijo Jimena-. Igual que la del hombre que visitó un cementerio por la noche y le dio un infarto del susto que se llevó al enganchársele la gabardina en una rama que sobresalía del suelo. Son historias que se propagan de boca en boca. Siempre se cuentan diciendo que le
sucedieron a un amigo de un amigo, pero nadie las vive en carne propia.

- Bueno, ¿qué importa? -replicó Oscar-. En el fondo, lo que vale es que sean buenas historias. Todos podemos inventar una leyenda de esas y hacérsela creer a alguien.
Además, tampoco es imposible que ocurran. Imagínate, por ejemplo, que se entierra a un tipo con el celular encendido y recibe llamadas hasta que se acaba la batería...
Pues les juro que esto le pasó a un familiar lejano mío...

Con un movimiento que recordaba al de una gata en celo, Jimena se agarró al brazo de Oscar entre una risita nerviosa pidió que no la asustaran mas, pero eso alentó
aún más a Oscar para seguir con su historia.

- Que sí, de verdad... Y cuentan en el pueblo que el sonido despertaba a los cadáveres vecinos y aterrorizaba a los paseantes solitarios...

Oscar no pudo contener un brote de risa. Hizo una pausa y tomó su cerveza. La mirada sarcástica de sus ojos permitía adivinar una mente funcionando a toda máquina para combinar retazos de realidad y absurdo en busca de alguna ocurrencia que enardeciese la morbosa reacción de Jimena. Antes de que la hallara, sin embargo, Ramón quiso desviar la conversación hacia los dominios de lo asqueroso y, con su procacidad habitual, sacó a colación las historias de los cuerpos extraños que algunos médicos extraen del esfínter de sus pacientes. Pero lo que más hilaridad produjo fue su referencia a la broma que algunos gastan a sus amigos enviándoles un mensaje de texto como el siguiente: “Hemos instalado en su móvil un aviso de llamada mediante vibrador. Introdúzcaselo en el ano y le estaremos marcando toda la noche”.

De repente, y cuando se apagaba la breve carcajada colectiva que la intervención de Ramón había provocado, todos advirtieron que César llevaba largo rato sin hablar y
su semblante estaba tan blanco como hoja de papel. Se había echado hacia atrás. Parecía escondido. Jimena le preguntó si se encontraba mal. Él se acercó a la mesa y
apoyó sus codos en las rodillas:

- Estoy bien. Es que me han hecho recordar una cosa bastante desagradable..., algo que me ocurrió hace tres años. No me gustaría hacer bromas con ello. Nunca se lo he
contado a nadie.

La penumbra que César había creado en unos pocos segundos suscitó en sus amigos una mezcla de preocupación y curiosidad. Lucy, muy seria, le dijo que si lo contaba tal
vez se desahogaría y se sentiría mejor. Ramón propuso pedir otra ronda. César hizo un esfuerzo y, pensó un instante antes de comenzar a hablar. Todos se inclinaron hacia delante y prestaron una atención sincera a sus palabras.

- No, yo no quiero más cerveza... El caso es que... una mañana, en las prácticas de anatomía, estábamos haciendo unas disecciones y empezó a sonar un teléfono móvil. El
maestro levantó la vista del cadáver y con una mirada de reprobación recorrió el grupo que formábamos alrededor de la mesa. Algunos nos palpamos los bolsillos para comprobar que no llevábamos móvil. Otros sacaron sus teléfonos, pero ninguno de ellos estaba encendido. Sin embargo, el timbre seguía sonando. Por un momento pensamos que el que se escuchaba era el celular del maestro y algunos lo miramos. Él, sin decir palabra, hizo un gesto separando las manos como dando a entender que ni siquiera llevaba celular...

- ¡Jaja no me digas! Interrumpió Ramón. ¡A que el celular era del muerto!

César suspiró y le miró de reojo.

- Ya sé que es obvio, pero yo no lo pasé nada bien. El sonido era cada vez más alto, y no colgaban. Un compañero sugirió que el teléfono podría estar en algún armario o en alguna parte del laboratorio, pero era evidente que el sonido procedía de allí mismo, de donde estábamos agrupados en torno a la mesa de disección... Desde luego, el único que de ninguna manera podía tener un celular era el cadáver..., aunque a Ramón ahora le parezca una posibilidad muy clara.

»Todos estábamos perplejos. El sonido era sordo, como si saliera de algún agujero oculto que lo comprimía. El profesor comenzó a palpar el cadáver. Presionó la parte baja del abdomen y el sonido cambió de tono... Recuerdo perfectamente la cara del maestro transformada por el asombro, y el paso atrás que dieron algunos de mis compañeros. Estábamos muy asustados. Nos sabíamos qué hacer.

»Muy callado, el profesor continuó palpando aquella zona del cadáver. Sólo habló para decir que notaba una especie de temblor tenue... Y lo que todos temíamos se convirtió en realidad. Después de presionar el pubis, introdujo los dedos índice y corazón en el ano del cadáver y nos miró con la frente cubierta de sudor, con un gesto de satisfacción y escalofrío. El celular estaba en el recto del cadáver.

Ramón no pudo evitar la carcajada y contagió a Jimena y Oscar. Lanzándoles una mirada fugaz de reproche, César siguió, serio y pálido:

- El maestro hizo una incisión en el perineo y extrajo un teléfono pequeño, cubierto de adherencias purulentas y restos de excrementos resecos. Desde entonces tengo metido en la nariz un olor ácido de formol y carne putrefacta... Por fin el timbre dejó de sonar y en ese momento fue como si escucháramos un silencio angustioso. Yo creo que fue eso lo que nos hizo caer en la cuenta de la situación tan estrafalaria y asquerosa en la que nos encontrábamos. Un compañero se mareó, y el silencio lo rompieron las náuseas de una chica y la risa nerviosa de otro compañero... Yo recuerdo que sólo me preguntaba cómo no se había consumido la batería del celular en las dos o tres semanas que el cadáver llevaba almacenado allí.

»Como si él mismo no supiera de qué manera salir de aquella situación ridícula, el maestro limpió un poco el aparato y lo miró con cara de bobo. Hicimos coro alrededor suyo y pudimos ver que en la pantalla se anunciaban cuarenta y tres llamadas perdidas. El profesor pulsó instintivamente el botón de OK. Apareció la notificación de “un nuevo número”... Todas las llamadas correspondían a un mismo número...

César hizo una extraña pausa. Agarró la cáscara de un cacahuete y la aplastó entre sus dedos mientras miraba al centro de la mesa con los ojos como platos y un gesto de vacilación evidente. Sus amigos callaban y se miraban unos a otros. Lucy echó un trago. Sin que nadie dijera nada, César continuó:

- Las señales del pánico que me estaba invadiendo eran muy claras, pero todos las atribuyeron a lo escabroso de la situación... Les juro que sentí como si el universo entero se derrumbara dentro de mi cuerpo cuando comprobé que en la pantalla aparecía mi número de teléfono...

Las risas se habían esfumado. Oscar se atrevió a insinuar que quizá César se hallara tan impresionado que, bajo los efectos de la sugestión, se equivocase al leer el número.

- No reaccionó César. Me aseguré. Pestañeé fuerte varias veces y el número seguía allí, en medio de la mano enguantada del profesor. No sé cuántos segundos duró aquel tormento. Sólo recuerdo que el maestro apagó el celular y lo dejó en una bolsita de plástico.

Oscar emitió un soplido que expresaba una mezcla de susto e incredulidad. Los demás tenían su mirada fija en César, quien siguió hablando algo más tranquilo después de recorrer con la mirada la mesa:

- Aquella noche apenas dormí. A pesar de que me había apresurado a dar de baja mi número de teléfono y hasta había quitado el chip del aparato, cada poco me despertaba la melodía de mi celular y tardaba unos segundos atroces en darme cuenta de que el sonido procedía de una pesadilla. Al día siguiente tiré también el aparato. Lo dejé en un contenedor que había al lado de la puerta trasera de la facultad. No quise tirarlo a la basura en mi casa.
Oscar le preguntó si ahí terminaba la historia. Los demás movían su mirada entre Oscar y César como reconociendo la insatisfacción del primero. César se echó hacia atrás en su asiento:

- ¿Les parece poco...? Desde entonces raramente utilizo el celular. Conservo uno que me regalaron mis padres las navidades siguientes, pero apenas lo uso. Lo conservo porque fue un regalo.

La conversación se congeló. Intentando reanimarla, Ramón insistió en la posibilidad de que todo hubiera sido un efecto del miedo generado por la situación. César se obstinaba en negarlo:

- ¡Te digo que no, carajo! Estoy completamente seguro. Recuerdo perfectamente el número: 9991739582.

Tímidamente, los demás daban la razón a Oscar y Ramón, aunque sus gestos revelaban una especie de congoja mal asimilada. César había comenzado a recobrar el color de
su rostro y propuso pedir la cuenta.

Entonces, como un latigazo, comenzó a sonar la melodía de un teléfono celular, una de esas melodías estúpidas y estridentes.

Todos volvieron a clavar su mirada en César. Era el suyo, el que le habían regalado sus padres aquella navidad. César tragó saliva, lo sacó del bolsillo con manos temblorosas y, cuando echó un vistazo la pantalla antes de contestar, lo soltó como si fuera un hierro candente.

El aparato rebotó en la mesa y, sobre el suelo, se movía como una enorme mosca moribunda por efecto del vibrador. César palideció. El hilillo de un vómito apenas abortado le asomó por la comisura de la boca. Se agarró y su rostro se contrajo en un gesto de pánico profundo, cruel. Sus ojos se abrieron vacíos como si hubiera visto a un fantasma.


Lucy le puso la mano sobre la nuca y le dijo a Jimena que pidiera un vaso con agua. Oscar recogió el teléfono y miró la pantalla. Se quedó petrificado, en pie, sin apartar la vista. Ramón, Jimena y Lucy se acercaron a él. Parpadeando sobre el fondo de una luz verde fosforescente como la de un fuego fatuo, todos pudieron ver el número 9991739582.

Un leve hedor ácido se sobrepuso al aroma tostado de la cerveza.



LLuvia de Animales


Habíamos escuchado muchas veces acerca de inexplicables lluvias de animales y nos parecían simplemente difíciles creer. Para aquellos que escuchan esto por primera vez, los debe de parecer algo totalmente absurdo. Toda la incredulidad que inundaba a las personas, fue destruida ante el extraño evento que ocurrió en el mes de abril en el año 2007.
Christian Oneto Gaona, un fotógrafo argentino, fue testigo de una sorprendente lluvia de arañas durante una excursión con sus amigos por semana santa.

Iba a visitar Salta. El seis de abril alrededor de las tres de la tarde, comenzó una excursión al cerro San Bernardo.
Para subir a éste, puedes usar el teleférico o ir a pie, cosa que fue la que decidieron Christian y sus amigos.
Luego de caminar dos horas, descubrieron que en el suelo había arañas tiradas por todos lados. Estas (incluyendo las patas) llegaban hasta 10cm de largo. Cuan iban subiendo, encontraban más arañas, lo anómalo de todo, era que algunas de éstas caían del cielo. De eso se dieron cuenta, cuando todos levantaron la cabeza, para averiguar de donde venían tantas arañas.
Como era de imaginarse, el ambiente de inundo de una sorpresa total y nadie podía creer lo que estaba viendo. Entonces, Christian Oneto recordó que tenía su cámara con él, entonces, comenzó a tomar fotografías a las arañas que caían del cielo. Algunas, ni bien estaban abajo, comenzaban a tejer redes.
Esta extraña lluvia, ocurrió en un día despejado y como las arañas tienen un peso muy liviano, no caían muy rápido, lo que ayudó a que Christian pudiera capturarlas con su cámara.
Ya habían ocurrido lluvias de animales en años anteriores alrededor del mundo.
Por ejemplo:
El 27 de julio de 1979, una mujer inglesa llamada Wida McWilliam, llamó para avisar que después de una tormenta, su jardín había quedado inundado de ranas rojas y negras que dejaron sus huevos colgados de los árboles.
Dos años después (1981) en el mes de mayo, hubo una lluvia de pequeñas ranas verdes en el sur de Grecia. El servicio meteorológico explicó que debieron de haber sido arrastradas por vientos potentes. Lo curioso de todo, fue que estas diminutas ranas solo podían hallarse en África del Norte.
El 7 de Septiembre, miles de ranas cayeron del cielo de Leicester, Massachussets.
En el año 1880, en el mes de Junio, hubo una lluvia de codornices sobre Valencia en España.

Además de lluvia de animales, ha llovido carne y sangre, como en 1968, en Brasil sobre un área limitadamente grande.
A pesar que hay muchas explicaciones sobre éstas extrañas lluvias, no se ha comprobado que alguna de ellas fuese cierta.
¿Será algo de la naturaleza que no podemos entender?
¿Extraterrestres?
¿Tele transportación?
¿O acaso una clase de castigo divino?
Las investigaciones acerca de estas lluvias inexplicables siguen corriendo. Los testigos y demás conocedores de este acontecimiento solo pueden esperar, a un resultado que nos saque de esta duda.



Lo que no debio Pasar


Esta es una historia que no muchos se han atrevido a contar y que a los padres no les agradará mucho.

Nuestra protagonista es una niña de quince años llamada marta, ésta tenía un amigo de juegos, josé, que muy pronto se convirtió en algo más. dormían juntos desde los trece añitos y muy pronto marta y sus padres se llevaron un buen susto, la niña se había quedado embarazada.

todo esto agradó muy poco a la familia y pronto se enteraron de la existencia de un convento de monjas donde se realizaban abortos de forma clandestina, aunque las que lo padecían y eran intervenidas para la extracción del feto se quedaban el resto de sus vidas entre las paredes de aquel lugar.

el recibimiento de las monjas no fue muy bueno cuando marta llegó a las puertas del convento. la miraban con desprecio; como si llevase la palabra pecadora escrita en la frente.
no le enseñaron más que la puerta de su habitación. marta, se dio cuenta enseguida que no podría salir de ésta para nada.

unos días más tarde la puerta de su habitación se abrió, esta vez no vio a la monja simpática que le traía todos los días la comida, allí enfrente estaba la madre superiora junto con dos monjas más y un sacerdote. sus caras no parecían decir nada bueno. la cogieron y se la llevaron sin mediar palabra, casi a la fuerza.
horas más tarde marta se despertaría en una camilla, había abortado.


desde ese día marta comenzó a escuchar entre las paredes de su cuarto risas y llantos de niños. pronto la curiosidad pudo con ella y se puso a investigar durante las noches, siguió los extraños llantos por los pasillos del convento y llegó a un estrecho pasillo, encendió la luz, y vio lo que parecían ser unas catacumbas. el lugar estaba lleno de pequeños cadáveres, según parecía las monjas dejaban allí los cuerpos de los fetos que quitaban de sus madres y de las monjas que quedaban embarazadas de algunos curas.
pero la visita duró bien poco, a marta la mataron en ese instante, ya había descubierto demasiadas cosas.

años más tarde demolieron el convento, allí encontraron cientos de fetos y cuerpos de bebés, algunos momificados y otros muertos recientemente.
lo que construyeron allí nunca estuvo tranquilo, se cuenta que el espíritu de marta y el de los niños continúan entre las paredes de aquel convento.



Mañana Llovera


La última clase es siempre la peor. El cansancio acumulado durante la mañana finalmente vence nuestras fuerzas y nos oprime contra los pupitres. Hoy ha sido otro día vacío de significados, tal vez porque el gran hueco que deja el autoengaño al desvanecerse no puede ser ocupado por las pasajeras afectividades cotidianas.


El profesor expone en voz alta su interesante monólogo sobre la lógica kantiana. Al igual que los escritores, los filósofos son seres curiosamente extraños. Todos parecen escandalizarse ante la simplicidad del monótono ciclo de la vida y, para evitar la desesperación, dedican su tiempo a la creación de posibilidades razonables, mundos paralelos, complejas interconexiones conceptuales de difícil comprensión, realidades no acontecidas y toda una extensa gama de metafísicas ridículamente humanas; como si lo que es pudiera adentrarse un poquito en lo que jamás podrá llegar a ser. Aquel que no reconoce sus límites está irremisiblemente condenado a chocar contra ellos, y los ahogados bufidos de la clase parecen confirmar lo que pienso.


Al mirar por la ventana puedo captar la fluctuación de memorias olvidadas, sin sentido ni rumbo en el subconsciente. El aire dobla las malas hierbas que crecen junto al edificio y el cielo parece cubierto de ceniza; es muy probable que llueva.


Estoy empezando a sentirme mal. La cabeza me da vueltas, las formas parecen desdibujarse en manchas difusas ante mis ojos. Un agudo malestar constriñe ni vientre; creo que estoy enfermando por momentos.


Con gran esfuerzo consigo ponerme en pie -todos giran sus inexpresivos rostros hacia el novedoso estímulo- señalando la puerta con una mano mientras apoyo la otra sobre la mesa para no caer de bruces en el suelo. El profesor hace un indescriptible movimiento con su brazo sin interrumpir su discurso, que yo interpreto como la concesión del permiso para abandonar el aula, aunque de igual modo podría ser un recurso más de su repertorio gestual, tan histriónicamente explotado en la explicación de sus abstracciones.


Cierro la puerta a mi espalda y me dirijo hacia los servicios a paso ligero. Algo está bullendo, cambiando en mi interior, pero no siento ningún dolor. Comienza a escocerme el brazo derecho. Desabrocho la manga de mi camisa y, para mi sorpresa, compruebo que tengo el antebrazo despellejado, en carne viva; puedo ver el fino entramado de vasos sanguíneos que recorren mi extremidad descubierta, aunque sigo sin sentir el más mínimo dolor.


Un intenso olor a orín me golpea al entrar en la estancia de azulejos blancos. Antes de llegar a los lavabos una repentina arcada convulsiona mi cuerpo y vomito un espeso líquido negro. Caigo de rodillas al suelo con los brazos extendidos para evitar el terrible golpe y mi brazo derecho se rompe con un sonoro crujido. Al incorporarme veo mi brazo astillado flotando en el charco oscuro.


Tambaleándome intento volver hacia la clase. Una nueva arcada recorre mi tembloroso cuerpo. La masa de mis intestinos rasga la carne, rompiendo la camisa, irrumpiendo al exterior; en un acto reflejo, intento inútilmente mantenerla en su lugar con mi brazo izquierdo. No sé lo que está ocurriéndome, no siento nada.


Toda mi epidermis comienza a replegarse sobre sí misma como pergamino viejo y mi carne se cae a pedazos a cada paso. El maxilar inferior se desprende de mi cráneo y mi ojo derecho queda colgando del nervio óptico; lo arranco con un rápido tirón para no perder la estabilidad visual. El dolor físico es ahora sólo el recuerdo de una sensación inexistente.


Entre no pocos esfuerzos consigo abrir la puerta del aula. Durante una décima de segundo, mi único ojo percibe fugazmente todos los rostros de los alumnos, justo un instante anterior a su transformación en máscaras de puro terror. Intento hablar, pero me resulta imposible. Gritos inconcebibles inundan la clase cuando la percepción colectiva se hace real y efectiva. Muchos caen desvanecidos sobre sus mesas, otros quedan paralizados por el horror. Mi aspecto ha de ser espantoso, aunque lo cierto es que, mentalmente, sigo siendo yo.


Me arrastro lentamente hacia la tarima del profesor, que yace sobre ella con los ojos en blanco. Tras de mí escucho los aullidos dementes de los que consiguen escapar, cada vez más lejanos, reverberando por los amplios pasillos vacíos.


Mi cuerpo carece ya de los elementos y energía que lo sustentaban normalmente y caigo hacia delante, decapitándome con el borde de la mesa del profesor; mi cabeza queda encima, cerca de la ventana.


Soy sólo consciencia.

Soy materia insensible.


Puedo ver sobre las montañas del horizonte una bandada de pájaros alejándose. El cielo que todo lo cubre está hilvanado con nubes grises.


Mañana lloverá.



Maquina de Sangre


La figura erguida de la criatura emergió arrogante en la noche primitiva. Bajo la guía de prístinas estrellas emprendió su marcha nómada y llegó hasta regiones apartadas, hiperbóreas. Desorientada, la criatura alzó la vista hacia el cúmulo de nubes escarchadas que horadaban el cielo cuaternario y sintió frío. Se refugió en cuevas húmedas y oscuras. El clima helado los reunió alrededor de un fuego tribal, mientras afuera los copos de nieve danzaban en abigarrada promiscuidad con el viento. En medio de la confusión del Universo, la noche se vistió de un pasado nebuloso, de ruinas circulares y fósiles sepultados bajo eones de Tiempo: el hombre de las cavernas descubre, en la fría soledad de su gruta, que tallando la piedra o el hueso podía transformar la materia en rústicas armas e instrumentos elementales, convirtiéndola en una extensión artificial de sus limitaciones físicas naturales. Un enorme abanico de posibilidades se abría frente a sus ojos como a un niño que aprende a dar sus primeros pasos.

El Mundo podía modificarse.

La primera gota de sangre, brillante y minúscula como una perla en el corazón del desierto, se derramó sobre la Tierra y abrió una grieta imperceptible, pero profunda, sobre la superficie virgen de la Historia.

Las nubes se incendiaron y lanzaron sobre los glaciares su luz amarilla. El hielo se derritió y el hombre abandonó la oscuridad de las cavernas. Se estableció en la ribera de los ríos y lagos. Construyó ciudades. Con el empleo del bronce y el hierro, el hombre inaugura una nueva civilización. Deslumbrada por el luminoso reflejo de los metales, la criatura humana evolucionada discurre la idea de extender sus dominios y decide fomentar la guerra con las tribus vecinas. ¿Por qué no? El Progreso.

La Máquina de sangre se alimenta de muerte y destrucción.

A aquellas primeras herramientas toscas, rudimentarias, siguieron otras, en complejidad creciente conforme giraban los planetas. De la rueda al descubrimiento del acero, de la soldadura de los metales a la polea fija, de la energía muscular animal (y humana) al molino de viento y agua; la pólvora, la imprenta, las armas de fuego, el reloj mecánico; flamantes chorros de sangre comenzaron a manar de la tierra como de infinitas heridas mortales, irreversibles. El hombre lanzó finalmente la máquina contra la naturaleza, para conquistarla. Pero paradójicamente ella termina dominando a su creador. La Máquina de sangre se reveló en toda su vastedad y el hombre descubrió, como si hubiera tenido los ojos vendados, la clase de monstruo que él mismo había engendrado y alimentado orgullosamente: guerras mundiales, armas de destrucción masiva, campos de concentración, bombas atómicas, instrumentos de matanza mecanizada, el perfecto paraíso maquinista.

Ríos de sangre fluyeron hacia el corazón bullente de la Máquina y se filtraron en sus entrañas sintéticas.

La tecnología avanza a una velocidad vertiginosa y en cuestión de siglos se convierte en un gigantesco vórtice que arrastra a los seres humanos. Las máquinas ocupan todo el espacio disponible, son veloces, eficientes, perfectas. No se puede dar un paso sin tropezar con una de ellas. Supercomputadoras, nodrizas electrónicas, respuestas sincronizadas, millones de giga bytes viajando en el ciberespacio cósmico y flujos de información codificada saturando el éter.

El hombre deviene máquina pensante. La inteligencia artificial reemplaza la impredecible y contradictoria racionalidad de la hombres. Las maquinarias terminan por confundirse en una sola Gran Máquina bajo la dirección de un solo Gran Cerebro positrónico en constante sinapsis, suspendido en un compuesto de emulsión amniótica. Desde ahí la Máquina envía millones de órdenes omnidireccionales por microsegundo a todas las células de su organismo. Desolado, el hombre se sintió por fin en un Universo incomprensible, cuyos objetivos desconocía y cuyos Amos, invisibles y crueles, lo llenaban de terror.

Como un arroyo de serpientes, la sangre comenzó a correr por el conducto principal de la Máquina, tronco vital, del que surgían otros cables conductores como ramas en todas direcciones, expandiéndose en innumerables arterias secundarias que se abrían y enredaban como una enorme telaraña sangrienta entre los tentáculos de acero y engrasados motores. El tejido biometálico que conformaban se extendía hacia una infinita periferia de unidades funcionales, perdiéndose en la larga perspectiva que se fundía en el horizonte. Las cumbres de las torres de ignición se confundían en las alturas con el cielo, otrora salpicado de estrellas y pulcros planetas, y que ahora aparecía como una costra sucia y caliginosa, que encerraba todo como una gran bóveda.

El hombre, aislado físicamente en celdas individuales, se convirtió en un engranaje dentado, una pieza más de la Máquina, removible pero necesaria. El recinto que ocupaban era un perfecto sarcófago, sin espacio para moverse, aunque ya no lo necesitaban. La Máquina lo rodeaba estrechamente y lo alimentaba mediante tubos que introducían en su cuerpo una fina corriente de vitaminas y proteínas. Hacía circular su sangre gracias a un diminuto motor que palpitaba en la cubierta como un corazón y proveía el oxígeno necesario por válvulas endotraqueales. La sangre circulaba por todos los componentes a través de un complejo sistema de vasos comunicantes. Las infinitas cámaras donde yacían los hombres se extendían en campos inmensos como panales inactivos donde sólo se veía correr el flujo sanguíneo. El hombre ya no necesitaba comer, dormir, respirar, (...) ni pensar. La Máquina lo hacía todo por ellos. Para entonces, la criatura apenas conservaba el aspecto de un ser humano.

Pero siguiendo una ley inmutable en el Universo, el crepúsculo de la máquina sobrevino. Falla mecánica o humana, era lo mismo. Los motores comenzaron a funcionar a destiempo, rugiendo con un sonido grave que sonaba como el concierto apocalíptico de la Humanidad. La sangre, aguachenta y sucia, rezumaba de los equipos como un humor malsano. La Máquina vibró mucho, con arritmia. La primera explosión desencadenó una serie de estallidos asincrónicos que se multiplicaron en toda la magnificencia de la Máquina de sangre. El mundo entero se iluminó por la mega explosión del epicentro que terminó por derrumbar el paraíso mecánico. El cataclismo sepultó sobre toneladas de ceniza el templo de la Creación del hombre.

Cuando el humo se hubo disipado reveló la profundidad de una noche cerrada y silente. Una calma desacostumbrada reinaba el orbe. La tierra quedó viscosa, de oscura arcilla roja. El paso de las edades se encargó de remover el suelo dejando un paisaje lunar, cubierto de mesetas y acantilados sedimentarios.

Algunas criaturas lograron sobrevivir a la catástrofe. Por primera vez, éstas se vieron las caras. Trataron de comunicarse, pero de sus atrofiadas cuerdas vocales sólo salieron sonidos guturales e inarticulados. Desnudo de sus ropajes tecnológicos, el hombre se sintió solo y desamparado a la intemperie del Mundo. Instintivamente buscó el calor de sus semejantes. Se reunieron en grutas húmedas y oscuras. Un fuego tribal los reunió en la noche gélida. Con mano torpe neófita la criatura experimentó su capacidad prensil.

Uno de ellos, tal vez animado por un oscuro instinto, o simplemente por curiosidad ociosa, tomó una piedra o un hueso y comenzó a tallarlo.


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