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Hong Kong: la economía más libre del mundo

Hong Kong: la economía más libre del mundo


¿Cómo evaluaría usted los prospectos económicos de un país asiático que tiene muy poca tierra (y encima aquella consiste solamente de puros montes erosionados) y el cuál es realmente el país más densamente poblado del mundo; el cuál tiene una población que ha crecido rápido, tanto por medio del aumento natural como por la inmigración a gran escala; el cual importa todo su petróleo y todos sus materiales crudos y aún mucha de su agua; el cual tiene un gobierno que no está involucrado en la planificación del desarrollo y el cual no ejerce control alguno por sobre los tipos de cambio ni restringe las exportaciones e importaciones de capitales; y el cual es la única colonia occidental de importancia alguna?1 Usted pensaría que este país debe estar condenado, a menos que éste reciba grandes donaciones externas. O dicho de otra forma usted tendría que creer esto, si usted creyese lo que los políticos de todos los partidos, la ONU y sus organizaciones afiliadas, los economistas prominentes, y lo que la prensa de calidad dicen acerca de los países menos desarrollados. ¿Acaso no ha sido el círculo vicioso de la pobreza, la idea de que la pobreza se auto-perpetua, un principio fundamental de la economía de desarrollo desde la Segunda Guerra Mundial, y acaso no ha sido respaldada explícitamente por los Premios Nóbel Gunnar Myrdal y Paul Samuelson? ¿Acaso los economistas de desarrollo del Instituto Tecnológico de Massachussets no han dicho categóricamente sobre los países menos desarrollados que

La escasez general relativa a la población de casi todos los recursos crea un círculo vicioso de pobreza que se auto-perpetúa. El capital adicional es necesario para aumentar la producción, pero la pobreza en sí hace que sea imposible poder llevar a cabo el ahorro y la inversión requeridos para una reducción voluntaria en el consumo.2

¿Acaso no ha insistido Gunnar Myrdal que "debe haber algo malo con un país subdesarrollado que no tiene dificultades de tipo de cambio extranjero"? ¿Acaso no dijo también que todos los expertos en desarrollo estaban de acuerdo con que la planificación comprensiva era la primera condición para el progreso económico, y, de hecho no ha sido esta la opinión de muchos economistas de desarrollo prominentes en las décadas más recientes? De nuevo, ¿Acaso no dijo el celebrado Reporte Pearson, comisionado por el Banco Mundial, que "ningún otro fenómeno presenta prospectos más oscuros para el desarrollo internacional que el asombroso crecimiento de la población"? Y, finalmente, ¿Acaso no incluyó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en su Principio General Catorce que "la liquidación de los restos del colonialismo en todas sus formas es una condición necesaria para el desarrollo"?

Por lo tanto, de acuerdo a la visión enfática de muchas de las figuras respetadas en este campo, y de los representantes de la llamada opinión mundial, hasta una media docena de características con las cuales yo comencé deberían asegurar una pobreza persistente.

Pero si en vez de seguir la moda, usted piensa por sí mismo y forma su opinión en base a la evidencia, entonces usted sabrá que Hong Kong, el país en cuestión, ha progresado fenomenalmente desde los 1940s, cuando era todavía muy pobre, y que se ha convertido en tal competidor formidable que los países occidentales erigen barreras comerciales en contra de aquel país distante. Si usted analizaría más a fondo, usted sabría que los ingresos y los salarios reales han subido rápidamente en Hong Kong en las recientes décadas. E incidentalmente Hong Kong es sólo un caso extremo de un fenómeno más general porque algo similar aunque con un progreso material menos pronunciado ha ocurrido en algunos países o regiones-Corea del Sur, Taiwán, Singapur entre ellos-cuando de acuerdo a los expertos esto debería haber sido imposible.

Si usted hubiese sospechado todo este tiempo que la opinión establecida sobre estas cuestiones era perceptiblemente infundada, usted disfrutaría de una corta pero instructiva monografía, Hong Kong: Un estudio en la libertad económica (University of Chicago Press) escrito por el Dr. Alvin Rabushka. Rabushka, un politólogo convertido en economista, conoce a Hong Kong bien, y su esposa es china. El tiene una mente incisiva. El escribe de forma clara, con confidencia, y de hecho con entusiasmo. Sus puntos principales no son difíciles, aunque se necesita de una mente firme y de un poco de coraje para presentarlos de tal manera tan concisa y vigorosa.

Rabushka analiza los procesos y métodos por los cuales en menos de 140 años, unas cuantas rocas vacías y estériles se convirtieron en un gran centro industrial de comercio y finanzas con cerca de cinco millones de personas. Él le atribuye esta historia de éxito económico a las aptitudes de las personas y a la adherencia a las políticas públicas adecuadas. La empresa, el trabajo duro, la habilidad de detectar y utilizar las oportunidades económicas, son extensas en una población que es china en un 98 por ciento, que está concentrada determinadamente en ganar dinero día y noche. Muchos son inmigrantes que trajeron habilidades y empresa más que nada de China, especialmente de Shanghai, el olvidado lugar de habilidad y empresa ubicado en el centro de China. Las políticas enfatizadas por Rabushka son el conservadurismo fiscal; los impuestos bajos; el cobro de precios de mercado por ciertos servicios gubernamentales; la política liberal de inmigración, al menos hasta hace poco; el libre comercio en ambas direcciones; el movimiento sin restricciones del capital entrando y saliendo del país; la participación mínima del gobierno en la vida comercial, incluyendo la resistencia a conceder privilegios a los intereses seccionales. No hay incentivos especiales o barreras a la inversión extranjera, no hay insistencia en la participación local de las empresas extranjeras. Tampoco hay feriados de impuestos o cualquier otras concesiones especiales para la inversión extranjera, pero de igual manera no hay restricciones por sobre el retiro de capital o sobre la remisión de ganancias. Estas políticas liberales, notablemente la libertad para retirar el capital, fueron diseñadas para fomentar el flujo entrante del capital y la empresa productiva, lo cual de hecho lo lograron.

La falta de recursos naturales junto con el dominio colonial promovieron tanto la no intervención económica oficial como el conservadurismo fiscal. La ausencia de los recursos naturales ha promovido una economía abierta con un gran volumen de exportaciones para pagar las importaciones necesarias. Tal economía requiere de un amplio rango de exportaciones competitivas y también de mercados domésticos competitivos. La asistencia gubernamental a particulares actividades económicas desvía los recursos hacia usos menos productivos y socava la posición competitiva internacional de la economía. Además, en una economía tan abierta como Hong Kong, los resultados despilfarradores de tales subsidios se vuelven evidentes más pronto que en otros lugares. Por lo tanto la misma ausencia de los recursos naturales ha asistido al progreso material al desalentar políticas públicas despilfarradoras. Es mucho más probable que las políticas públicas inapropiadas inhiban el avance económico a que lo haga una falta de recursos físicos. Los déficits presupuestarios sostenidos financiados por una creación de crédito también tienden a resultar en gastos malversados, entonces la pobreza de recursos desalienta la financiación de déficits. En el sistema de contabilidad tradicional inglés, las colonias no podían operar con déficits presupuestarios por mucho tiempo, y esta tradición fue continuada luego de que se obtuvo la autonomía fiscal en 1958, en parte por las razones que acabo de señalar. La ausencia de las promesas electorales, junto con una economía abierta y un gobierno limitado, han reducido los premios de la actividad política y por ende el interés en organizar grupos de presión. Todo esto promovió el conservadurismo fiscal-esto es, los impuestos bajos, los presupuestos balanceados, y el cobro de precios de mercados por servicios públicos específicos. El deseo de atraer el capital extranjero, la visión empresarial de una comunidad tradicional de comercio, y la preocupación general de ganar dinero también contribuyeron a este fin.

Las políticas oficiales y las aptitudes y los hábitos de la población han resultado en una economía capaz de ajustes rápidos. Esta adaptabilidad le ha permitido a Hong Kong sobrevivir y aún prosperar a pesar de numerosas restricciones en contra de sus exportaciones, muchas veces impuestas o aumentadas con poco tiempo de aviso.

Por razones sociales, el principio de cobrar precios de mercado por servicios gubernamentales específicos ha estado sujeto a excepciones mayores por algún tiempo. La provisión a gran escala de viviendas subsidiadas para los pobres y la racionalización del agua al cortar la oferta de ella durante algunos periodos, en vez de cobrar precios más altos a cambio de una oferta continua, son las dos excepciones más importantes. Fueron introducidas luego de mucho debate emocional y con las condiciones sociales locales en la mira. Los subsidios son además en gran parte circunscritos a los verdaderamente pobres. A parte de estos subsidios directos, hay subsidios en efectivo sustanciales para asegurarles a los pobres un ingreso mínimo, y también hay varias subvenciones para los deshabilitados y los enfermos. La educación primaria comprensiva y obligatoria, de hecho es como en su nombre lo dice, y los extensos servicios de salud pública, han operado por muchos años.

En los últimos años Hong Kong ha llegado a ser presionada tanto por el gobierno inglés como por varias organizaciones internacionales para que se dirija hacia un tal llamado completo estado de bienestar, junto con privilegios para los sindicatos, con los servicios sociales comprensivos, con la legislación laboral de gran envergadura, y con los impuestos re-distributivos. Rabushka correctamente indica que estas presiones extranjeras reflejan simplemente un deseo de servir varios intereses occidentales, como por ejemplo el de reducir la competitividad de Hong Kong al inflar los costos allá. Rabushka también se refiere al disgusto o hasta al resentimiento engendrado por los defensores de las economías controladas por el estado hacia la mejora rápida de los criterios generales en Hong Kong como también en otras economías con orientación de mercado. Estas presiones externas puede que todavía apoyen de nuevo dentro de Hong Kong a ambiciosos administradores, intelectuales descontentos, y políticos ambiciosos, todos esperando tener un mayor espacio en una sociedad más politizada. El gobernador Sir Murria McLehose también está más preocupado con la opinión externa que con la de sus predecesores. Rabushka cree, yo pienso que correctamente, que la expiración en 1997 de la concesión de gran parte del terreno de Hong Kong, o la posible acción hostil por parte de la República Popular China, son una amenaza menos grave para el futuro de Hong Kong que las barreras comerciales en el occidente y las presiones occidentales para la introducción de más legislación laboral, un estado de bienestar comprehensivo, y otras políticas públicas que inflan los costos y reducen la adaptabilidad.

La admiración sinvergüenza de Rabushka por Hong Kong y por su economía de mercado compenetra el libro.

¿Acaso me atrevo a revelar mi mal gusto al decir que el ruido y el ritmo apresurado económico de Hong Kong me parecen más interesantes, divertidos, y liberadores que su falta de la opera, la música, y el drama refinado? El oriente en verdad se ha topado con el occidente en la economía de mercado. Los chinos y los europeos en Hong Kong no tienen tiempo para los altercados raciales, los cuales solo interferirían con la posibilidad de ganar dinero. Este prospecto de ganancia individual en el mercado hacen de la actividad colectiva para la ganancia política algo innecesario-la economía de mercado es realmente daltoniana. (p. 85)

Hay algo de simplificación en exceso aquí. Por ejemplo, la búsqueda de ganancias puede muy fácilmente ir de la mano con los conflictos raciales en las economías controladas por el estado. El factor crucial no es el hecho de que se pueda ganar dinero como tal sino el gobierno limitado. Es, sin embargo, claro que una sociedad tal como Hong Kong ofrece poco espacio para los literatos ambiciosos, que muchas veces se vuelven amargados o peor aún hostiles. Hasta hace poco y en cualquier nivel, la filosofía económica del gobierno ofrecía pocas oportunidades de empleo para los sociólogos, especialmente para los economistas. Antes de 1973, los estimados del ingreso nacional no habían sido publicados. Esto de ninguna manera inhibió el espectacular crecimiento de ingresos y de calidad de vida. Pero redujo las oportunidades de empleo para los economistas, los expertos en estadística, y los servidores civiles y por ende los bachilleres de las universidades, lo cual de nuevo incitó hostilidad por parte de los literatos tanto en casa como en el extranjero.

Aparte de los principales puntos, hay mucho detalle más informativo e inesperado en este libro. Por ejemplo, quién hubiera pensado que en 1843 el secretario para asuntos exteriores de Gran Bretaña insistió que si como resultado de la creación de un puerto de mercado libre "muchas personas eran atraídas a Hong Kong, entonces el gobierno H.M. se sentiría justificado en asegurarle a la Reina los valores aumentados que la tierra entonces tendría".

El rol decisivo en la vida económica de las aptitudes y motivaciones personales, las costumbres sociales, y los arreglos políticos apropiados es la lección sobresaliente de Hong Kong. El acceso a los mercados también es importante, pero menos fundamental. Otros países también han tenido acceso a los mercados y provisiones extranjeras, sin haber producido tal historia de éxito económico. Los recursos físicos o financieros son mucho menos importantes; o aún insignificantes, comparados con los factores personales y sociales y con los arreglos políticos apropiados, especialmente con el gobierno firme pero limitado.

La noción de que el ingreso bajo inicia un círculo vicioso de pobreza y estancamiento confunde la pobreza con sus causas. Tener dinero es el resultado de un logro económico, no su precondición. La utilización de los recursos naturales depende enteramente de otros factores que acaban de ser señalados. En ciertas condiciones de mercado o situaciones políticas, la posesión o adquisición de recursos naturales puede traer ganancias inesperadas; nótese el oro y la plata de los estadounidenses en el siglo dieciséis y las operaciones de OPEC en el siglo veinte. Pero hasta ahora en cualquier circunstancia, aquellas ganancias inesperadas no han resultado en el progreso económico duradero, mucho menos en el avance sostenido y espectacular como el de Hong Kong. Tampoco es el éxito económico sin recursos naturales algo nuevo, es tan evidente como por ejemplo en Venecia, los Países Bajos, Suiza, y Japón. Recíprocamente, el retraso en medio de abundantes recursos naturales es evidente tanto en los indios americanos como en el actual Tercer Mundo, dónde muchos millones de personas extremadamente pobres viven en medio de tierra cultivable ilimitada. Hace más de 100 años atrás Tocqueville escribió,

Observando el vuelco dado al espíritu humano en Inglaterra por la vida política; viendo que el inglés, seguro del apoyo de sus propias leyes, confiando en si mismo e inconsciente de obstáculo alguno excepto el límite de sus propios poderes, actuando sin restricción. . . Yo no estoy en apuro alguno de averiguar si la naturaleza ha puesto un puerto para él, y le ha dado carbón y hierro. La razón para su prosperidad comercial no está ahí para nada: está en sí mismo.3

Hong Kong muestra que el aumento en la población no es un obstáculo para el crecimiento, que las personas motivadas de manera adecuada son bienes más no deudas, son agentes del progreso como también sus beneficiarios. Muestra también como el desempeño económico le debe poco a la educación formal. En Hong Kong como en otras partes del oriente lejano, el desempeño económico o el éxito de cientos de miles o hasta millones de personas ha resultado no de la educación formal, pero de la industria, la empresa, la frugalidad, y de la habilidad de usar la oportunidad económica. Eso está incomodando a los educadores profesionales, a quienes las gusta mercadear sus mercancías como necesarias para el logro económico.

Otras lecciones de Hong Kong son, nuevamente, discernibles en otras partes pero sobresalen de manera clara especialmente ahí. Hong Kong es aún otra refutación más evidente de los principios de la literatura de desarrollo dominante y popular, los cuales he mencionado antes, tales como la creencia de que la pobreza se auto-perpetúa; que las dificultades en la balanza de pagos son inevitables en el camino desde la pobreza hacia el avance económico; que la planificación comprensiva y la ayuda externa son indispensables o aún suficientes para el progreso económico. Aún así estas fábulas son propagadas por el resto del occidente por las organizaciones internacionales, por las agencias de ayuda externa, y por los académicos financiados por los contribuyentes y por las grandes fundaciones. De hecho los propagadores de estos mitos están a cargo de recursos casi ilimitados lo cual hace que sea más difícil exponer sus fábulas. La experiencia de Hong Kong ofende la opinión respetable de otras maneras también. Muestra que los equipos de planificación y los grupos para consejo son innecesarios para el desarrollo; y por contraste con la experiencia de otros países, gruñendo bajo las políticas respaldadas por las Naciones Unidas y por los consejeros académicos aceptados, muestra que sus actividades es probable que sean perjudiciales. Hong Kong ha triunfado de manera imperdonable desafiando la mejor opinión profesional.

Hong Kong no es popular con los grupos de ayuda externa y ni con las caridades politizadas. Estos grupos son hostiles a las personas que pueden dispensar de sus ministerios. Por ende la mala prensa que Hong Kong tiene en el occidente y la hostilidad que recibe de los grandes y de los buenos. El logro es ignorado o aminorado, y las limitaciones, sean reales o ficticias, evitables o inevitables, son destacadas de manera prominente. La sobrepoblación y la labor de niños son ejemplos. En todas estas cuestiones Hong Kong se compara de manera favorable con el resto de Asia. Por ejemplo, los salarios reales son los más altos en Asia, después de Japón. Pero si un gobierno trata de conducir una economía socialista, o en cualquier grado a una que sea en gran parte controlada por el estado, los políticos occidentales, los escritores, los académicos, y los periodistas son aptos para presentar el infortunio y aún el sufrimiento de ahí como algo inevitable o hasta lo felicitan por sus esfuerzos laudables por promover el progreso. Pero si el gobierno depende de una economía de mercado, entonces cualquier desviación de las normas arbitrarias e inspiradas en el occidente es vista como un defecto o hasta como un crimen. Y si además tal país es exitoso y también deja de usar la ayuda externa oficial y la caridad politizada, la conducta del gobierno o hasta de la población será vista como inaceptable.

De acuerdo al Principio General Catorce de UNCTAD, el status colonial es incompatible con el progreso material. Esto fue formalmente anunciado en 1964, años después de que Hong Kong había estado progresando rápidamente y cuando las incursiones de los productos de Hong Kong en los mercados occidentales causaron tanta vergüenza. Sin importar lo que uno piense del colonialismo occidental, el Principio General Catorce de UNCTAD es una falsedad auto-evidente. Esto es claro no solo en Hong Kong pero también debido al avance a gran escala de muchas colonias occidentales, incluyendo a Malasia, Nigeria, la Costa de Oro, la Costa de Marfil, y a Singapur. Aún así esta patente falsedad fue anunciada solemnemente en una conferencia internacional muy importante que fue en gran parte financiada por el occidente.

Otra implicación de la experiencia de Hong Kong también alborota el clima político e intelectual. Que un país sea una colonia o un estado soberano e independiente no tiene nada que ver con la libertad personal que ahí pueda haber. Los estados africanos recientemente independientes muchas veces son denominados libres, queriendo decir que sus gobiernos son soberanos. Pero las personas ahí no son nada libres, menos libres de lo que eran bajo el reinado colonial. Ellos son seguramente mucho menos libres que las personas en Hong Kong. Hong Kong es una dictadura, en la que las personas no tienen un voto. Pero en sus vidas personales, especialmente en su vida económica, ellos son más libres que la mayoría de las personas en el occidente. Hong Kong debería recordarnos que en el mundo moderno un gobierno no elegido puede ser más limitado que uno elegido y que, para la mayoría de las personas ordinarias, es en cierta forma más importante si el gobierno es limitado o ilimitado que si el gobierno es elegido o no elegido.



Ley de salario mínimo aumenta el desempleo en Hong Kong

Hong Kong ha sido un abanderado del capitalismo de libre mercado por varias décadas. Según el informe "Libertad económica en el mundo", publicado anualmente por el Fraser Institute en Canadá, Hong Kong es la economía más libre desde 1970. Pocos dudan que el libre mercado haya beneficiado a la gente de Hong Kong. En el año 2002, el ingreso per cápita en Hong Kong era de 27.490 dólares, o sea 910 dólares más que en el Reino Unido, país del que fue colonia. La excepcional transformación de Hong Kong de una roca desolada en uno de los países más ricos del mundo sirve de modelo a las naciones pobres.

Lo que no es excepcional es la lucha de aquellos que quieren salvar a Hong Kong de interferencia política en su economía, que a pesar de buenas intenciones hacen daño. Los legisladores quieren imponer un salario mínimo, lo cual creen beneficiará a los trabajadores. Algunos trabajadores aumentarán sus ingresos, pero habrá muchas víctimas que no se ven y que perderán su empleo o no conseguirán trabajo, aumentando la tasa de 7,2% de desempleo en Hong Kong.

Los salarios, al igual que todos los demás precios del mercado, responden a la ley de la oferta y la demanda. Si aumentan los precios, cae la demanda. Cuando aumenta el costo de emplear gente, menos conseguirán trabajo. La sobreoferta de mano de obra, la cual aumenta cuando el costo de la mano de obra es más alto que lo que indica el mercado, es conocida como aumento del desempleo. En 1946, el premio Nobel de economía George Stigler señaló que el salario mínimo afecta negativamente el nivel de empleo. Ese punto de vista de Stigler goza hoy de casi total apoyo entre los economistas. La pregunta, entonces, no es si el salario mínimo hará daño, sino cuánto daño. Para tener una idea, podemos revisar la experiencia en Estados Unidos.

La ley de salario mínimo fue promulgada en EEUU en 1938. El salario por hora fue fijado en 25 centavos, equivalente al 40% del salario promedio de la época. Un año más tarde, el gobierno tenía suficiente información para concluir que entre 30 mil y 50 mil personas perdieron su empleo como resultado directo de la ley de salario mínimo. De eso hace 66 años y el salario mínimo sigue vigente, siendo hoy 20 veces más alto.

Históricamente, los más afectados por esa ley han sido los trabajadores sin experiencia o entrenamiento. Ellos compiten por puestos con otros trabajadores más experimentados y mejor pagados. Los aumentos del salario mínimo, por lo tanto, impiden que los trabajadores con menos conocimientos logren emplearse. Eso satisface a los sindicatos, cuya prioridad es proteger los bien pagados puestos de sus miembros. Pero, los trabajadores sindicalizados son apenas una pequeña proporción de la fuerza laboral y el resultado es que el salario mínimo afecta de manera desproporcionada a los jóvenes y a las minorías étnicas.

Un informe de la OCDE de 1998 concluye que un aumento de 10% en el salario mínimo reduce el empleo de menores de 20 años entre 2% y 4%. El salario mínimo tiene también un efecto negativo en el empleo de las minorías. Entre 1948 y 1995, la tasa de desempleo entre jóvenes negros en EEUU aumentó de 9,4% a 37,1%, mientras que el desempleo entre jóvenes blancos aumentó sólo de 10,2% a 15,6%, en el mismo período.

Como lo ha demostrado el economista Walter Williams en sus investigaciones en EEUU y Sudáfrica, el salario mínimo aumenta el desempleo entre los de raza negra al reducir el costo de la discriminación racial. Los empresarios contratan a más trabajadores de minorías con bajo entrenamiento, pagando salarios bajos. Cuando el salario mínimo elimina la competencia, aumenta el desempleo entre las minorías étnicas.

Las leyes de salario mínimo siempre terminan dañando a la gente que se pretende ayudar.



¿Acaso trabaja mucho Hong Kong?

¿Prohibir a la gente trabajar creará mas trabajos y mayor riqueza? Algunos miembros de la asamblea legislativa piensan que sí. Ellos han propuesto una ley que acortaría la semana laboral y limitaría el tiempo que a la gente de Hong Kong se le permitiría trabajar. La lógica económica y la experiencia muestra que esa propuesta fracasará.

La anterior propuesta descansa sobre un error que los economistas llaman "la falacia del monto de trabajo". Esa falacia sostiene que el monto de trabajo a realizarse es constante. Cuando aumenta la productividad, el monto global de trabajo disponible cae y las personas pierden sus empleos. La solución propuesta es esparcir aquella cantidad limitada de trabajo. Con esa lógica, el descubrimiento de cualquier aparato que ahorre trabajo-desde el azadón hasta la computadora personal-elimina trabajo y empleo, de tal manera que empeora en lugar de mejorar la vida de las personas.

Esa visión es claramente absurda. La perdida de empleos agrícolas, causado por la mecanización, no dio como resultado un desempleo masivo. Doscientos años atrás la mayoría de norteamericanos eran agricultores. Hoy en día, solo un 1.5 por ciento de la fuerza laboral norteamericana está empleada en la agricultura y, a pesar de eso, ellos producen suficiente alimentos para satisfacer el consumo domestico y exportar al extranjero. ¿Qué pasó con todos los empleos perdidos? Aquellos trabajadores cuyo trabajo ya no era necesario, encontraron trabajo en el floreciente sector industrial. Cuando la mecanización hizo más productivo al sector industrial, la gente se movió al sector de servicio para crear todavía más valor. Más recientemente, industrias totalmente nuevas y millones de nuevos empleos fueron creados como resultado de la revolución en el sector tecnológico.

En realidad, el monto global de trabajo a realizarse depende de nuestras siempre crecientes necesidades y las personas y recursos disponibles para realizar ese trabajo. Debido a que nuestras necesidades son infinitas, también lo es el monto de trabajo que se necesita para realizarlas. En la medida en que la gente desee un mayor nivel de vida y más bienes y servicios que hacen posible las mejoras en sus vidas, la humanidad no se va a "quedar sin trabajo".

Desgraciadamente, algunos políticos, ocasionalmente, ponen la lógica económica a un lado. Por ejemplo, en 1998 el gobierno francés, bajo el liderazgo del primer ministro socialista Lionel Jospin, introdujo una ley que prohibía a la gente trabajar más de 35 horas a la semana. De acuerdo con la revista The Economist, el mismo Jospin pensaba que la ley era un error, pero de todas formas siguió adelante con ella para preservar la cohesión de la coalición de gobierno.

¿Cuál fue el resultado? La ley del Sr. Jospin incrementó el costo de hacer negocios en Francia. La gente que trabaja menos produce menos y, por lo tanto, ellos ven caer sus ingresos. Sin embargo, el gobierno francés declaró que los empleadores no podrían responder a la reducción de la semana laboral reduciendo el ingreso de sus empleados. Como consecuencia, redefinieron la "semana laboral". Los recesos, la hora del almuerzo y otros periodos de descanso ahora son excluidos de la suma de horas de trabajo. Otra consecuencia no intencionada de la reducción en la semana laboral es el estancamiento de los salarios. En lo que respecta a la cifra de desempleo, seis años después de aprobada la ley, el desempleo en Francia continua alrededor del 10 por ciento. El fracaso de la legislación es ahora extensamente conocido. En octubre del 2003 el ministro de finanzas francés, Frances Mer, afirmó que "la semana de 35 horas fue, en esencia, mala para nuestro país".

Los mercados laborales de Europa Occidental son muy restrictivos. Francia, Alemania e Italia, comparados con Hong Kong, están plagados con un desempleo significativamente mayor. Cuando la tasa de desempleo aumentó en Hong Kong, el gobierno se abstuvo de intervenir el mercado laboral. Sin la interferencia del gobierno, la economía de Hong Kong vio declinar su tasa de desempleo desde un 8.7 por ciento en mayo del 2003 a un 6.8 por ciento en septiembre pasado. En solo 16 meses el desempleo en Hong Kong se redujo en un 22 por ciento. Entre 1994 y 2003, la tasa anual promedio de desempleo en Hong Kong fue de 4.6 por ciento. En el mismo periodo, la tasa promedio de desempleo en Francia fue de 10.3 por ciento. Tal como lo afirmó la Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo (OCED) "la evidencia empírica apunta a una clara correlación entre altos niveles de protección laboral y altos niveles de desempleo".

A pesar de tener un pequeño territorio y no poseer recursos naturales, Hong Kong es uno de los lugares más prósperos en el planeta. En el 2003 el ingreso per cápita de Hong Kong era más alto que el de Francia. Hong Kong logró ese resultado debido al espíritu empresarial de su gente y una economía libre. Es importante que Hong Kong retenga un alto grado de libertad económica y rechace propuestas que socavarían la flexibilidad de su mercado laboral.

3 comentarios - Hong Kong: la economía más libre del mundo

@Ulixe
Y digamos que Hong Kong desafía otros estereotipos tradicionales. No es un país frío, sino un paraíso subtropical como Rio de Janeiro o la Bahia de Maracaibo. No es un país blanco, es el lugar de la gente mas morena de China, es un lugar donde el sol pega fuerte y la gente ha desarrollado melanina para protegerse. No es un país triguero sino que compra su alimento en los arrozales del Yunnan, al contrario que la China del norte que depende del trigo como las potencias tradicionales. No es un país angloparlante, se habla el cantonés que no es inteligible con el mandarin, el idioma oficial de China.
Y por último, carece completamente de moral protestante, ni siquiera se puede hablar aquí de Taoismo, la "senda recta", esas son tonterías de la China del Norte, aquí solo hay brujería y ateismo.
La única explicación para el desarrollo de Hong Kong es el capitalismo. Y la falta este, es la explicación para el subdesarrolo de Latinoamérica, no se necesita ninguna otra teoría.
@ACIDO_666
Muy buena nota, pensar que es tan pequeño y es semejante monstruo, como extraño ese lugar!