La lejía, una tradición de más de 100 años
Lo que hoy día conocemos como lejía es en realidad hipoclorito de sodio, una sustancia que puede ser formulada en un laboratorio pero que también se encuentra de forma natural en las células de los seres vivos para combatir las infecciones. Actualmente, Henkel es líder aportando un valor de mercado de casi el 50% con sus tres marcas: Estrella, Conejo y Neutrex. La lejía se produce de forma industrial sometiendo la sal común a un proceso de electrólisis. La sal “activada” es lo que se utiliza como desinfectante o blanqueador y tras su uso se convierte de nuevo en sal cerrándose así el ciclo.

La lejía se utiliza ampliamente en todos los países del mundo, desde Estados Unidos hasta Vietnam. Los principales consumidores en términos absolutos son, por orden, Estados Unidos, México, El Reino Unido, Brasil, España, Italia, Turquía y Francia. Es un producto básico en los hogares, y aunque el mercado sigue lanzando nuevos productos de limpieza, sus ventas no disminuyen.
Las ventas de lejía en 2008 en todo el mundo se estiman alrededor de 2.500 millones de euros. En España la lejía está presente en el 95% de los hogares y el consumo medio se fija en unos 26 litros por hogar y año. En España se comercializan unas 830 toneladas al día.
La lejía es un producto altamente eficaz y utilizado en todo el mundo, pero sigue siendo un gran desconocido para muchos, por eso a continuación queremos resumir algunos de los datos más curiosos.

Mitos y realidades sobre la lejía
Compañero del hombre desde el siglo XVIII
En 1785, en el barrio parisino de Javel, el químico Claude Louis Bertholet descubrió un compuesto químico con un extraordinario poder blanqueante. Se trataba de hipoclorito de sodio y fue bautizado como “Agua de Javel”. Más tarde, a finales del siglo XIX, Louis Pasteur expuso que el “Agua de Javel” era el antiséptico más eficaz para la erradicación de gérmenes transmisores de enfermedades.

Más de 100 años salvando vidas
En 1897, la lejía se utilizó por primera vez para desinfectar el agua que se bebía y combatir una epidemia de tifus en el Reino Unido, y desde entonces la cloración del agua ha jugado un papel decisivo en la extensión de la expectativa de vida desde los 45 años en 1900 hasta los 76 años en el siglo XXI.
Además su uso se amplía al campo terapéutico en 1900, cuando Henry Drysdale Dakin desarrolló la llamada “Solución de Dakin” un antiséptico que se utilizó masivamente en la primera guerra mundial para limpiar las heridas, que no era más que hipoclorito de sodio diluido.

Recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS)
En pleno siglo XXI, más de mil millones de personas en todo el mundo siguen tendiendo dificultades para acceder al agua potable. Como consecuencia, se estima que aproximadamente dos millones de personas mueren aún cada año a causa de diarreas agudas ocasionadas por el consumo de agua contaminada por gérmenes, produciéndose la mayoría de las muertes en niños de menos de cinco años.
La OMS recomienda el uso de lejía como método eficaz para la desinfección de agua de bebida en zonas del tercer mundo sin acceso a agua potable.

El desinfectante más eficaz y asequible
La lejía actúa sobre todo tipo de gérmenes, como bacterias, virus u hongos. Con la desinfección de las superficies de la cocina, los trapos, esponjas y desagües se puede evitar la transmisión de bacterias como la salmonela. Además, su uso en la limpieza de conductos de aire puede ayudar a evitar la propagación de la legionela. Por su bajo coste y efectividad la lejía es el método más económico para controlar estas infecciones tanto en instalaciones municipales como en centros hospitalarios.

El limpiahogar más potente
El uso de la lejía en los hogares es muy extendido en la cocina y en el cuarto de baño, ya que ayuda a eliminar los restos de suciedad, malos olores y manchas de moho que suelen aparecer en estas zonas húmedas. Esto ayuda también a la prevención de alergias, puesto que las esporas desprendidas por el moho pueden exacerbar brotes de asma y otras enfermedades respiratorias especialmente en niños.

Segura para la mayoría de superficies
La lejía puede usarse en todas las superficies domésticas a excepción de superficies textiles y piezas de aluminio. El acero inoxidable, las encimeras de piedra natural o artificial, el parket y las superficies de madera son lavables con lejía diluida. Es un limpiador ideal para limpiar y blanquear superficies delicadas como el mármol y que por el hecho de ser porosas pueden absorber restos de suciedad.

El mejor blanqueante para la ropa
La lejía reacciona con las manchas difíciles y restos de suciedad persistentes, convirtiéndolas en substancias solubles fácilmente eliminables con agua y detergente. Es adecuada para la limpieza y blanqueo de prendas blancas o de colores claros de algodón y de tejidos sintéticos. Sólo debe evitarse su uso en prendas delicadas como la seda, la lana o el nylon. Además, el uso de lejía permite blanquear y desinfectar la ropa lavando en agua fría, a una temperatura inferior a los 40ºC a la que muchos otros detergentes no consiguen eliminar todos los gérmenes.

Un producto seguro para las personas
Usadas de forma responsable, las lejías no suponen ningún riesgo para las personas. Las únicas manipulaciones a evitar cuando se usa lejía en el hogar son su mezcla con productos ácidos (como los productos antical, o el salfumán), y el amoníaco.
Buena parte de las lejías comerciales son inocuas en contacto directo con la piel. Como ocurre con otros muchos productos de limpieza, en el caso de una proyección accidental de producto sobre los ojos, debe procederse a un lavado con agua abundante.

La lejía y nuestra piel
Por otro lado, estudios médicos con voluntarios han demostrado que la lejía diluida es inocua para la piel y que en casos aislados puede ser ligeramente irritante. El particular olor que queda en nuestras manos tras su uso, se debe a trazas de compuestos que se generan cuando la lejía se combina con las proteínas de las capas muertas de nuestra epidermis, y este olor desaparece por si solo con relativa rapidez.

La lejía y el medio ambiente
Uno de los mitos extendidos sobre el uso de la lejía es la cantidad de cloroformo que se genera cuando actúa sobre una bacteria. Sin embargo, la cantidad de cloroformo generada por la reacción de la lejía se encuentra muy por debajo de los límites permisibles de exposición, y esa mínima cantidad se degrada con facilidad en los alcantarillados o en las plantas de tratamiento de aguas residuales, no llegando a acumularse en el medio ambiente.
Además, la lejía no es más que sal común activada. Por ello, y aunque es extremadamente eficaz recién salida del envase, una vez ha hecho su efecto sobre las bacterias o el moho se convierte otra vez en sal común en el mismo alcantarillado.