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Vuelve la discusión sobre la homeopatía

Vuelve la discusión sobre la homeopatía

Mientras la Universidad Nacional de Córdoba lanzó un posgrado para médicos, en Inglaterra el Parlamento pidió quitarla del sistema de salud. Por qué tiene más seguidores.

Vuelve la discusión sobre la homeopatía

Recetas magistrales. En la Argentina, los remedios homepáticos no se producen industrialmente, sino que se elaboran en farmacias.

Los más de mil médicos argentinos que practican la homeopatía juran que funciona, aunque no pueden exhibir ningún estudio riguroso que pruebe cómo es que funciona. Mientras se estrena un posgrado sobre esa disciplina en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), el Parlamento británico le sugirió al gobierno que deje de invertir los 4,5 millones de euros que gasta al año en ella porque es “tirar dinero a la basura”. En la Argentina, las obras sociales no cubren sus tratamientos ni las consultas, pero el Ministerio de Salud no se expide sobre su condición.

En ese vaivén entre la ciencia y la seudociencia, vive una práctica que sólo en medicamentos alcanza en el país al 2% del total de la facturación anual de fármacos, unos $ 400 millones, según el titular del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal, Marcelo Peretta.

La decisión de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC, de dictar un posgrado en medicina homeopática, ayurvédica y acupunturista constituye un hito, para algunos negativo, en la historia de una de las primeras instituciones educativas de Sudamérica. Incluso, antes de la primera clase, el último viernes, el Consejo de Médicos de Córdoba se había mostrado disgustado: “No sabemos por qué la Universidad ha establecido este curso ya que no está reconocida como especialidad médica. Como iniciativa cultural no podemos oponernos, pero hasta ahora no está demostrada la validez científica de ninguna de las tres especialidades”, dijo a PERFIL su vocero, Luis Rodeiro.

René Llabot, director del posgrado de dos años que cuesta $ 4.800 para argentinos y casi cuatro veces más para extranjeros, aseguró que el curso surge por pedido de los alumnos, que el país está atrasado y que la discusión no es científica, sino periodística. “El problema es el negocio farmacéutico que está detrás (de la medicina convencional). A pesar de que las obras sociales no cubren el tratamiento y una consulta puede costar hasta $ 200, la nuestra es una medicina barata porque los medicamentos no tienen efectos secundarios y no se crea adicción a las drogas”, adujo. Ante la consulta por investigaciones científicas, como la de la revista The Lancet, que en 2005 no encontró diferencias entre las drogas homeopáticas y el placebo, simplemente respondió que era “algo viejo”.

Crecimiento. Como en tantos otros ámbitos, el problema es de delimitación de qué es ciencia y qué no, algo que también afecta a los propios homeópatas, que se quejan de falsos homeópatas y de falsa homeopatía. “Hay mucha gente no calificada que la practica, por eso, a través de la Asociación Médica Homeopática Argentina (AMHA) buscamos regular la actividad. Y a eso apunta el Parlamento británico, a la mala homeopatía”, señaló Gustavo Pirra, director de la AMHA.

También lo reclama Marcelo Peretta, que, además, es docente en la Universidad Maimónides, donde dicta homeopatía para farmacéuticos. “La falta de intervención del Estado ha permitido que sea un gran negocio para médicos homeópatas y unas pocas farmacias. Al dejar pasar ésto para no pelearse con grandes laboratorios, la gente es víctima de abusos con productos que no son homeopáticos. La ANMAT debería expedirse. Podría decir, por ejemplo, que no cumplen estándares científicos, pero que lo diga”, pidió. La OMS, por su parte, desaconsejó la utilización de ese tipo de terapia para enfermedades graves como el sida, la tuberculosis, la malaria, la gripe común y la diarrea infantil (donde según los parámetros científicos habituales hay que combatir la deshidratación, cosa que la homeopatía no hace). Y la tolera para enfermedades menos virulentas y con un componente psicológico más alto, en las cuales la dedicación y el tiempo que se toma el médico homeópata en la atención del paciente resultan claves en la curación.

Daniel Flichtentrei, cardiólogo y jefe de contenidos de Intramed, fue claro: “No encuentro en la homeopatía ningún elemento que pueda sustentarse desde la metodología científica, que es la única que conozco. No la emplearía en pacientes con enfermedades que los pongan en riesgo ni se la he recomendado jamás a nadie. Simplemente, me limito a respetar las opciones personales y a advertir sobre los riesgos de abandonar tratamientos con evidencias sólidas cuando lo considero peligroso”.

Protestas en Inglaterra

Aunque pasión no falta en la Argentina, suena improbable que se produzcan manifestaciones públicas a favor y en contra de la homeopatía como sí sucedió el último enero en Londres. Un sábado a la mañana, y a pesar del frío invernal, cientos de personas se juntaron para tomar “sobredosis” de medicamentos homeopáticos, con el fin de demostrar que no existe ningún principio activo en sus componentes y que no difiere de tomar caramelos o agua. Es uno de los argumentos fuertes contra la práctica: la dilución de la medicina es tan extrema que, dicen sus detractores, no hay nada allí.

Curiosamente, también hubo una marcha a favor, con gente que llevaba carteles contra los monopolios médicos y otros que afirmaban que la homeopatía había funcionado en ellos. Todo esto, en el contexto de un estudio encargado por el Parlamento británico, que concluyó que los efectos de la homeopatía son similares al placebo y recomendó no hacer publicidades donde se habla de la efectividad de los remedios y que el Estado deje de financiar la práctica.

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