1810 Historia argentina

Hola taringueros. Bueno, seguramente en la escuela les deben estar pidiendo información sobre 1810 por lo del "Bicentenario 200 años" y ustedes después vienen cansados del colegio y se ponen a buscar información y no encuentran nada, o muy poco, bueno este post lo hago especialmente para darles una pequeña ayuda. (Mi información no es muy detallada pero podría ayudarles)

1810 Breve información

Al comenzar el año 1810 la agitación revolucionaria había crecido. Una sociedad secreta integrada, entre otros, por Nicolás Rodríguez Peña, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Hipólito Vieytes, Agustín Donado, Alberti, Terrada, Darragueira, Chiclana, Castelli, French, Beruti, Viamonte y Guido, organizaba las acciones.
Las reuniones se realizaban en la casa de Vieytes, en la de Rodríguez Peña o en la quinta de Orma.
Cornelio Saavedra ofreció su contingente armado, los Patricios.


El 14 de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe trayendo periódicos que confirman los rumores que circulaban intensamente por Buenos Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.

La Revolución de 1810

Durante la etapa virreinal, España mantuvo un férreo monopolio con sus colonias americanas, impidiendo el libre comercio con Inglaterra, beneficiaria de una extensa producción manufacturera en plena revolución industrial. La condena a la intermediación perpetua por parte de España encarecía los intercambios comerciales y sofocaba el crecimiento de las colonias. La escasez de autoridades españolas y la necesidad de reemplazar al régimen monopólico, sumado a las convulsiones que se vivían Europa tras la invasión napoleónica, llevaron a un grupo destacado de la población criolla a impulsar un movimiento revolucionario.

Para febrero de 1810 casi toda España se encontraba en manos de los franceses. Un Consejo de Regencia gobernaba la península en nombre de Fernando VII, prisionero de Napoleón. El 13 de mayo de 1810 llegaron a Buenos Aires las noticias de la caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español.

La autoridad que había designado al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros había, por tanto, caducado y la propia autoridad del virrey se encontraba cuestionada. Pronto Cisneros debió ceder a las presiones de las milicias criollas y de un grupo de jóvenes revolucionarios y convocó a un Cabildo Abierto para el 22 de mayo de 1810. El Cabildo, dominado por españoles, burló la voluntad popular y estableció una junta de gobierno presidida por el propio Cisneros. Esto provocó la reacción de las milicias y el pueblo. Cornelio Saavedra y Juan José Castelli obtuvieron la renuncia del ex virrey.

El 25 de mayo, reunido en la Plaza de la Victoria, actual Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata integrada por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Quedó así formado el primer gobierno patrio, que no tardó en desconocer la autoridad del Consejo de Regencia español.

Hemos elegido algunos extractos del pensamiento de Mariano Moreno, uno de los más esclarecidos patriotas de la Revolución de Mayo, donde reivindica valores todavía vigentes como la importancia de la instrucción y la educación como método contra las tiranías, la necesidad de vigilar la conducta de los representantes, los reparos ante las injerencias del extranjero y la necesidad de una organización federal en el gobierno.

“El oficial de nuestro ejército después de asombrar al enemigo por su valor, debe ganar a los pueblos por el irresistible atractivo de su instrucción. El que se encuentre desnudo de estas cualidades redoble sus esfuerzos para adquirirlas, y no se avergüence de una dócil resignación a la enseñanza que se le ofrece, pues en un pueblo naciente todos somos principiantes, y no hay otra diferencia que la de nuestros buenos deseos: el que no sienta los estímulos de una noble ambición de saber y distinguirse en su carrera, abandónela con tiempo, y no se exponga al seguro bochorno de ser arrojado con ignominia: busque para su habitación un pueblo de bárbaros o de esclavos y huya de la gran Buenos Aires que no quiere entre sus hijos hombres extranjeros a las virtudes.”

“El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal.

“Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce, lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”

“Los pueblos deben estar siempre atentos a la conservación de sus intereses y derechos y no deben fiar más que de sí mismos. El extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse. Recibámoslo en buena hora, aprendamos las mejoras de su civilización, aceptemos las obras de su industria y franqueémosle los frutos que la naturaleza nos reparte a manos llenas; pero miremos sus consejos con la mayor reserva y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas, en medio del embelesamiento que les habían producido los chiches y coloridos abalorios. Aprendamos de nuestros padres y que no se escriba de nosotros lo que se ha escrito de los habitantes de la antigua España con respecto a los cartagineses que la dominaron:

Libre, feliz, España independiente

Se abrió el cartaginés incautamente:

Viéronse estos traidores

Fingirse amigos, para ser señores;

Entrar vendiendo para salir mandando’”

Fuente: Mariano Moreno, Escritos Políticos, Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1915

“En vano publicaría esta Junta principios liberales, que hagan apreciar a los pueblos el inestimable don de su libertad, si permitiese la continuación de aquellos prestigios, que por desgracia de la humanidad inventaron los tiranos, para sofocar los sentimientos de la naturaleza. Privada la multitud de luces necesarias, para dar su verdadero valor á todas las cosas; reducida por la condición de sus tareas á no extender sus meditaciones mas allá de sus primeras necesidades; acostumbrada á ver los magistrados y jefes envueltos en un brillo, que deslumbra á los demás, y los separa de su inmediación; confunde los inciensos y homenajes con la autoridad de los que los disfrutan; y jamás se detiene en buscar á el jefe por los títulos que lo constituyen, sino por el voto y condecoraciones con que siempre lo ha visto distinguido. De aquí es, que el usurpador, el déspota, el asesino de su patria arrastra por una calle pública la veneración y respeto de un gentío inmenso, al paso que carga la execración de los filósofos, y las maldiciones de los buenos ciudadanos; y de aquí es, que á presencia de ese aparato exterior, precursor seguro de castigos y todo género de violencias, tiemblan los hombres oprimidos, y se asustan de sí mismos, si alguna vez el exceso de opresión les había hecho pensar en secreto algún remedio”.
Algunos miopes quieren ver en esta disputa el origen de la oposición entre unitarios y federales, alineando por supuesto a Moreno en el rol de padre del unitarismo y a Saavedra como progenitor, ya que nuestra historia es fanática de los padres, del federalismo. Es curioso porque Saavedra, hombre poco afecto a la filosofía y a la escritura, no ha dejado una sola línea en la que mencione siquiera las palabras federalismo o federación, mientras que el “unitario” Moreno le dedica varios párrafos de su texto: Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse, y la Constitución del Estado: Allí señalaba:
“El gran principio de la federación se halla en que los estados individuales, reteniendo la parte de soberanía que necesitan para sus negocios internos, ceden a una autoridad suprema y nacional la parte de soberanía que llamaremos eminente, para los negocios generales, en otros términos, para todos aquellos puntos en que deben obrar como nación. De que resulta, que si en actos particulares, y dentro de su territorio, un miembro de la federación obra independientemente como legislador de sí mismo, en los asuntos generales obedece en clase de súbdito a las leyes y decretos de la autoridad nacional que todos han formado. En esta forma de gobierno, por más que se haya dicho en contrario, debe reconocerse la gran ventaja del influjo de la opinión del contento general: se parece a las armonías de la naturaleza, que están compuestas de fuerzas y acciones diferentes, que todas concurren a un fin, para equilibrio y contrapeso, no para oposición; y desde que se practica felizmente aun por sociedades incultas no puede ser calificada de difícil. Este sistema es el mejor quizá, que se ha discurrido entre los hombres”


Las Invasiones Inglesas

En la segunda mitad del siglo XVIII el dominio inglés de los mares era indiscutible. Los tiempos de la "Armada Invencible" habían quedado tan atrás como la época en que el almirante holandés Michel de Ruyter ostentaba una escoba a manera de insignia como símbolo de que Holanda podía barrer del mar a todos sus enemigos.

Para los barcos franceses, holandeses y españoles, cruzar los mares podía ser una aventura peligrosa. Entre 1702 y 1808 España e Inglaterra sostuvieron seis conflictos armados. Una consecuencia directa de esta belicosidad fue que España fue espaciando sus comunicaciones y la provisión de sus colonias americanas. La protección militar de sus dominios se vio seriamente debilitada. El último regimiento de infantería llegado a Buenos Aires desde Burgos lo hizo en 1784.

En el viejo mundo el principal obstáculo para la expansión napoleónica era Inglaterra. Napoleón comenzó a soñar con dominar las dos riberas del Canal de la Mancha. El encuentro entre la flota aliada de España y Francia, por un lado, y los ingleses, por otro, se produjo finalmente el 21 de octubre de 1805 en Trafalgar, cerca de Cádiz.

La pericia del almirante Nelson determinó el triunfo total de los británicos. La flota aliada quedó prácticamente aniquilada y perdió 2400 hombres. Por el lado inglés murieron más de 1.500 marinos, entre ellos Nelson. Cuarenta y dos días después, Napoleón derrotó al ejército austro-prusiano en Austerlitz, al norte de Viena. Después de Trafalgar y Austerlitz, el poder quedó repartido: los mares para Inglaterra y el Continente para Napoleón. Cuentan que el primer ministro inglés, Sir William Pitt, al conocer el triunfo del emperador francés, enrolló un mapa de Europa exclamando: "Durante los próximos diez años, no lo necesitaremos."

En este contexto de búsqueda nuevos mercados, tuvieron eco en Londres las ideas del revolucionario venezolano Francisco de Miranda, personaje novelesco que fue amante de Catalina II de Rusia, soldado de Washintgton y general en la Revolución Francesa. En marzo de 1790 le había presentado al Primer Ministro Pitt un plan de conquista de las colonias americanas para transformarlas en una monarquía constitucional con la coronación de un descendiente de la casa de los Incas como emperador de América. Decía Miranda en su informe:"Sudamérica puede ofrecer con preferencia a Inglaterra un comercio muy vasto, y tiene tesoros para pagar puntualmente los servicios que se le hagan... Concibiendo este importante asunto de interés mutuo para ambas partes, la América del Sud espera que asociándose Inglaterra por un Pacto Solemne, estableciendo un gobierno libre y similar, y combinando un plan de comercio recíprocamente ventajoso, ambas Naciones podrán constituir la Unión Política más respetable y preponderante del mundo".

Miranda en realidad tenía una visión parcial sobre la realidad americana. Suponía que hechos como la rebelión de Túpac Amaru y de los Comuneros de Paraguay y Nueva Granada implicaban un signo claro de odio a la metrópoli y al monarca. Pero en realidad eran expresiones aisladas que no encontraban un punto común de confluencia.

En 1806 Miranda intentó una invasión a Venezuela desde los EEUU, pero fracasó por falta de apoyo local. Ese mismo año convenció a su amigo, Sir Home Popham de que ningún español americano se opondría a una invasión inglesa al Río de la Plata.

Mientras tanto, en Buenos Aires el Cabildo se ocupaba de establecer multas para los vecinos que no destruyeran a las hormigas y ratas de sus casas y recordaba que el 14 de mayo sería feriado para dedicar cultos solemnes a los santos Sabino y Bonifacio, que según se creía, eran los encargados de proteger a la ciudad de esas plagas.

Aseguraba un personaje de la Iglesia que "este patronato lo poseían desde la fundación de la ciudad, pero su culto se había resfriado y apagado tanto en nuestros tiempos, que los daños que se experimentan, así en las sementeras y plantas que devoran como en las casas y edificios que taladran, son pieza y olvido de nuestros protectores, pues no se ruega a Dios por su intermedio".

La noche del 24 de junio de 1806, el virrey Sobremonte asistía a una función de teatro en la Casa de Comedias, donde se representaba la obra de Moratín El Sí de las niñas cuando recibió una comunicación del Comandante de Ensenada de Barragán, capitán de navío francés Santiago de Liniers, en la que le informaba que una flota de guerra inglesa se acercaba y que había disparado varios cañonazos sobre su posición.

A las 11 de la mañana del 25 los ingleses desembarcaron en Quilmes y en pocas horas ocuparon Buenos Aires.

Cuenta el inglés Gillespie que en la fonda de "Los Tres Reyes" ingleses y españoles cenaban en lugares separados y "una hermosa joven que servía a los dos grupos, miró fijamente a los españoles diciéndole en un tono claro para que todos la oyeran: desearía, caballeros, que nos hubiesen informado más pronto de sus cobardes intenciones de rendir Buenos Aires, pues apostaría mi vida que, de haberlo sabido, las mujeres nos habríamos levantado unánimemente y rechazado a los ingleses a pedradas."

El virrey Sobremonte huyó y trató de salvar los caudales públicos, pero estos serán finalmente capturados por los británicos. Dentro del mítico baúl podían contarse 1.291.323 pesos plata. Parte del botín se repartió entre la tropa. A los jefes de la expedición William Carr Beresford y Home Riggs Popham le correspondieron respectivamente 24.000 y 7.000 libras, el resto, más de un millón fue embarcado hacia Londres.

La impopularidad de Sobremonte está reflejada en estos versos que ridiculizan su huida:

"Al primer disparo de los valientes
disparó Sobremonte con sus parientes
Un hombre, el más falsario,
Que debe a Buenos Aires cuanto tiene,
Es un marqués precario
Y un monte que y viene
Y sobre el monte ruina nos previene"

Beresford, en su primera proclama dice que la población de Buenos Aires está "cobijada bajo el honor, la generosidad y la humanidad del carácter británico". Se apresuró a decretar la libertad de comercio y redujo los derechos de Aduana para los productos británicos. Comenzaron a visitarlo los obsecuentes de turno que, al enterarse de que el comandante inglés era muy goloso, llegaban al fuerte portando grandes fuentes de dulce de leche y de zapallo. Según se cuenta, Beresford, probablemente ignorando las costumbres del país, creía que el obsequio incluía al recipiente y se quedaba con las fuentes de plata y, encajonadas, las enviaba a Inglaterra. Muchos funcionarios acomodaticios pasaron por el fuerte a jurar fidelidad a su "Gloriosa Majestad".

Manuel Belgrano prefirió retirarse a su estancia de la Banda Oriental. Antes de irse pronunciará su famosa frase: "Queremos al viejo amo o a ninguno".

El almirante Popham le escribía a Francisco Miranda:

"Mi Querido General: Aquí estamos en posesión de Buenos Aires, el mejor país del mundo... me gustan los sudamericanos prodigiosamente."

Miranda le contestaba en tono de advertencia:

"¿Cómo quiere usted que 18 millones de habitantes, establecidos sobre el continente más vasto y más inexpugnable de la tierra, situado a distancia de cuatro a seis mil millas de Europa... sean conquistados y subyugados hoy por un puñado de gente que viene a mandarles como amos? No, mi querido amigo; la cosa no es natural ni practicable ni posible."

Buenos Aires sería por 46 días una colonia inglesa. El Times de Londres, decía:

"En este momento Buenos Aires forma parte del Imperio Británico, y cuando consideramos las consecuencias resultantes de tal situación y sus posibilidades comerciales, así como también de su influencia política, no sabemos cómo expresarnos en términos adecuados a nuestra idea de las ventajas que se derivarán para la nación a partir de esta conquista."

Beresford tuvo que desalentar un incipiente movimiento de emancipación de los esclavos porteños. Les recordó, vía Bando, que debían mantenerse sujetos a sus dueños y estableció duras penas para los que intentaran escaparse.

Los oficiales ingleses alternaban con las principales familias porteñas y se alojaban en sus casas, donde se sucedían las fiestas en homenaje a los invasores. Era frecuente ver a las Sarratea, las Marcó del Pont, las Escalada, paseando por la alameda (actual Leandro .N. Alem), del brazo de los "herejes".

Pero la mayoría de la población, que era hostil a los invasores y estaba indignada por la ineptitud de las autoridades españolas, decidió prepararse para la resistencia. Aparecieron varios proyectos para acabar con los ingleses. Dos catalanes, Felipe Sentenach y Gerardo Esteve y Llach, propusieron volar el fuerte y todas las posiciones inglesas. Martín de Álzaga, fuerte comerciante monopolista al que perjudicaba como a nadie el libre cambio decretado por los ingleses, estaba dispuesto a financiar cualquier acción contra los invasores. Alquiló una quinta en Perdriel, cerca de Olivos que fue utilizada como campo de entrenamiento militar de las fuerzas de la resistencia.

El jefe del fuerte de la ensenada de Barragán, el marino francés Santiago de Liniers, se trasladó a Montevideo y organizó las tropas para reconquistar Buenos Aires. Santiago de Liniers y Bremond había nacido en La Vendée en 1753. Estudió en Malta donde fue honrado como caballero de la Orden Soberana. En 1775 se incorporó a la flota española durante la guerra con los argelinos y tras esta campaña llegó con Pedro de Cevallos al Río de la Plata. Años más tarde volvió temporariamente a Europa y se reincorporó a la marina española, ahora en lucha con los ingleses. En 1788 fue destinado nuevamente al Río de la Plata donde se casó con la hija del rico comerciante Martín de Sarratea.

Pocas semanas después del desembarco, Liniers y su gente obligaron a Beresford, tras haber perdido 300 de sus hombres, a rendirse el 12 de agosto de 1806.

El Times no salía de su asombro:

"El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Los detalles de este desastre, quizás el más grande que ha sufrido este país desde el comienzo de la guerra revolucionaria, fueron publicadas en el número anterior."

Ante la ausencia del Virrey Sobremonte, un Cabildo abierto otorgó a Liniers el mando militar de la ciudad, como corolario de una "pueblada" a cuyo frente iban Juan José Passo, Juan Martín Pueyrredón, Joaquín Campana y el poeta Manuel José de Lavardén.

Esta medida era claramente revolucionaria: el cabildo ejerciendo su soberanía, pasaba por encima de la voluntad del virrey.

Una copla se hacía popular en Buenos Aires:

"Ingredientes de que se compone la quinta generación del marqués de Sobremonte":
Un quintal de hipocresía,
Tres libras de fanfarrón,
Y cincuenta de ladrón,
Con quince de fantasía,
Tres mil de collonería;
Mezclarás muy bien después,
En un caldero inglés,
Con gallinas y capones,
Extractarás los blasones
Del más indigno marqués.

Un informe del enviado español, Brigadier Curado hablaba del estado de ebullición popular:

"Aquellos que en apariencia se encuentran revestidos del poder público son fantasmas de grandeza, muchas veces insultados, y siempre sujetos al pueblo, cuya anarquía es tan excesiva y absoluta, que se atreve a objetar todas las disposiciones y órdenes de los que gobiernan cuando no son dirigidas a sus fines."

Frente a la posibilidad de una nueva invasión, los vecinos se movilizaron para la defensa formando las milicias ante el fracaso de la tropa regular española.

Todos los habitantes de la capital se transformaron en milicianos. Liniers permitió que cada hombre llevara las armas a su casa y puso a cargo de cada jefe las municiones de cada unidad de combate.

Los nacidos en Buenos Aires formaron el cuerpo de Patricios, en su mayoría eran jornaleros y artesanos pobres; los del interior, el de Arribeños, porque pertenecían a las provincias "de arriba", compuesto por peones y jornaleros; los esclavos e indios, el de pardos y morenos. Por su parte los españoles se integraron en los cuerpos de gallegos, catalanes, cántabros, montañeses y andaluces. En cada milicia los jefes y oficiales fueron elegidos por sus integrantes democráticamente.

Entre los jefes electos se destacaban algunos jóvenes criollos que accedían por primera vez a una posición de poder y popularidad.

Allí estaban Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Martín Rodríguez, Hipólito Vieytes, Domingo French, Juan Martín de Pueyrredón y Antonio Luis Beruti.

Liniers lo contará años después:

"¡Qué no trabajaría yo en los once meses después de echar a los ingleses de Buenos Aires para hacer guerrero a un pueblo de negociantes y ricos propietarios!... donde la suavidad del clima, la abundancia y la riqueza debilitan el alma y le quitan energía... El dependiente era más apto que el patrón... Me fue preciso vencer todos esos obstáculos y una infinidad de otros... Aproveché de la confianza que me adquirieron mis servicios a los habitantes para hacerlos capaces de defenderse contra todos los esfuerzos que la Gran Bretaña hacía para vencerlos".

La ciudad se militarizó pero también se politizó. Las milicias eran ámbitos naturales para la discusión política y el espíritu conspirativo iba tomando forma lenta pero firmemente Dentro de ese clima, Saturnino Rodríguez Peña se puso al habla con el general Beresford, prisionero en Luján, para interesarse en la emancipación americana, convencerle de que por las armas Gran Bretaña sólo ganaría enemigos en estos países, y ofrecerle la libertad si secundaba sus ideas. El general británico se mostró favorable a estas gestiones y se ofreció a hacerlas conocer al conquistador de Montevideo, general Auchmuty, y al gobierno inglés. En consecuencia, con la complicidad de varios amigos y el conocimiento del alcalde Álzaga y de Liniers, Rodríguez Peña hizo fugar a Beresford el 17 de febrero.

Tal como se preveía, en junio de 1807, una nueva expedición inglesa, esta vez de doce mil hombres y cien barcos mercantes cargados de productos británicos, trató de apoderarse de Buenos Aires.

Tras vencer las primeras resistencias, los invasores avanzaron sobre la ciudad.

La capital ya no estaba indefensa. Liniers, y Álzaga, alcalde de la ciudad, habían alistado 8.600 hombres y organizado a los vecinos. Los improvisados oficiales habían sido civiles hasta pocos meses antes, como el hacendado Cornelio Saavedra.

Cuando los ingleses pensaban que volverían a desfilar por las estrechas calles, desde los balcones y terrazas fueron recibidos a tiros, pedradas, torrentes de agua y aceite hirviendo. "Cuando las 110 velas de la granarmada británica se divisaron en el horizonte -dirá Manuel José García en sus Memorias-, este espectáculo capaz de intimidar a los más aguerridos no causó el menor recelo a los colonos". Entre sorprendidos y chamuscados los ingleses optaron por rendirse. En el acta de lacapitulación pretenden, infructuosamente, incluir una cláusula que los autorizaría a vender libremente la abundante mercadería traída en los barcos.

El 28 de enero de 1808 comenzó en Londres el juicio contra Whitelocke. Por momentos intentó una defensa diciendo cosas como "esperaba encontrar una gran porción de habitantes preparados a secundar nuestras miras. Pero resultó ser un país completamente hostil."

Pero el fallo fue durísimo. Disponía que "dicho teniente general Whitelocke sea dado de baja y declarado totalmente inepto e indigno de servir a S.M. en ninguna clase militar". Y agregaba "para que sirva de eterno recuerdo de las fatales consecuencias a que se exponen los oficiales revestidos de alto mando que, en el desempeño de los importantes deberes que se les confían, carecen del celo, tino y esfuerzo personal que su soberano y su patria tienen derecho a esperar de ellos."

Whitelocke concluyó su alegato con palabras contundentes:
"No hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertenencia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado."


Por suerte estaban "Los Patricios"

En aquella época, las invasiones inglesas eran muy contundentes, pero por suerte estaban "Los Patricios". ¿Quienes o qué eran?. El Regimiento de Patricios tuvo su origen en el cuerpo miliciano formado el 15 de septiembre de 1806 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, con motivo de las Invasiones Inglesas, respondiendo a la proclama del virrey Santiago de Liniers y Bremond del 6 de septiembre, que invitaba a todos los ciudadanos a armarse contra el enemigo. Allí nació la "Legión de Patricios Voluntarios Urbanos de Buenos Aires", frente a la inminencia del peligro.
1810 Historia argentina

Liniers dispuso que los voluntarios nativos de Buenos Aires se presentaran en el Fuerte el 15 de septiembre de 1806, presentándose más de 4.000 hombres que debieron ser alistados también en otros cuerpos. Fue el cuerpo más grande y poderoso reclutado para la Defensa de Buenos Aires y, como a los demás cuerpos urbanos formados, se le concedió el privilegio de elegir a sus oficiales. El Cuerpo de Patricios estaba compuesto de 3 batallones, con 23 compañías de 50 hombres cada una (8 en los batallones I y III y 7 en el II), con un total de 1.356 plazas, nativos todos de la capital del virreinato.

Los Ejércitos del Norte[/size]

El Ejército del Norte, denominado en los documentos de su época Ejército del Perú, fue uno de los cuerpos militares desplegados por las Provincias Unidas del Río de la Plata en la Guerra de Independencia Hispanoamericana. Este ejército fue el encargado de actuar, bajo el mando, entre otros de Manuel Belgrano, en la región noroeste de la actual República Argentina y el Alto Perú (actual Bolivia), en donde se desarrolló uno de los principales frentes de batalla contra los realistas fieles a la corona de España.

información

Su acción en el frente independentista comenzó en 1810 y concluyó en 1817, con la derrota de las fuerzas comandadas por Gregorio Aráoz de La Madrid en la batalla de Sopuchay, en un último intento de avanzar sobre el Alto Perú. A partir de allí las acciones ofensivas finalizaron, manteniéndose sólo en situación defensiva. La ofensiva ya había sido trasladada al Ejército de los Andes, comandado por José de San Martín, que concibió la idea de llegar por mar hasta Lima, el principal bastión realista, tras liberar Chile. El Ejército del Norte, nuevamente al mando de Belgrano, fue llamado para intervenir en las luchas internas suscitadas por el conflicto entre el gobierno central con sede en Buenos Aires y los caudillos federales del Litoral. El Motín de Arequito (1820), causado por la renuencia de los veteranos del frente independentista a comprometerse en luchas intestinas, puso fin a su existencia.

La Expedición Libertadora al Paraguay comandada por Belgrano llevó antes el nombre de Ejército del Norte, pasando luego, tras su fracaso militar, a ser conocido así el que actuaba en el Alto Perú.

Durante la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, un nuevo cuerpo militar recibió el nombre de Ejército del Norte 1837 al mando de Alejandro Heredia, desapareciendo de nuevo tras su asesinato en 1838 al estallar la rebelión conocida como Coalición del Norte, finalizando la guerra en 1839 con la victoria chilena en Yungay y el retiro de los peruano-bolivianos del territorio argentino.

La Formación del Ejército

Lo que sería luego el Ejército del Norte tuvo su origen en las tropas reunidas por el vocal Juan José Castelli por orden dada por la Primera Junta el 14 de junio de 1810, para combatir al antiguo virrey Santiago de Liniers, que encabezaba un movimiento contrarrevolucionario en la Intendencia de Córdoba. La orden de la Junta respondía al cumplimiento del acta de formación de la misma el 25 de mayo, que la obligaba a enviar una expedición a las provincias.

La Junta comenzó una colecta en Buenos Aires para pertrechar a la expedición y se reunió un ejército de 1.150 hombres. Las tropas salieron del Retiro el 7 de julio de 1810 para ser revistada en Monte de Castro el día 9 (a tres leguas de Buenos Aires). El mismo 9 de julio las tropas comenzaron la marcha por la ruta de Córdoba al mando del coronel de arribeños Francisco Ortiz de Ocampo (como comandante general), secundado por el teniente coronel Antonio González Balcarce (como mayor general), al que se dio una formación apresurada en dos meses.

A semejanza de los ejércitos de la Revolución francesa, ambos jefes iban acompañados por el representante de la Junta (mando político), Hipólito Vieytes como comisionado y por el auditor de guerra Feliciano Chiclana, quien alcanzó al ejército el 28 de julio en Fraile Muerto y continuó hacia Salta con una escolta, en donde fue nombrado gobernador intendente de Salta del Tucumán. Juan Gil era el comisario de guerra. El mando militar estaba sujeto al político y éste a la Junta a través de la Secretaría de Guerra que ocupaba Mariano Moreno. Vieytes llevaba instrucciones de dejar que en cada provincia el pueblo eligiera diputados para incorporarse a la Junta.

Ortiz de Ocampo, González Balcarce, Vieytes y el secretario Vicente López formaban un junta en comisión, que por mayoría debía tomar las resoluciones.


Argentina

El ejército se pone en marcha

Una vez instruido el ejército, las tropas salieron del Retiro el 7 de julio de 1810 para establecerse en un cuartel de campaña y ser revistadas por la Junta en pleno en Monte de Castro el día 9 (actual barrio de Floresta, entonces a tres leguas de Buenos Aires). El mismo 9 de julio las tropas comenzaron la marcha por la ruta a Córdoba para hacer frente al ex virrey Santiago de Liniers. Ortiz de Ocampo llevaba precisas instrucciones de que:
Aun cuando la Espedicion tenga un suceso feliz, y no se le pongan embarazos en la carrera deberá parar en Jujuy hasta segunda orden.

Los soldados llevaban en los sombreros una cucarda con los colores amarillo y encarnado, en las bocas de los fusiles moños de cintas celestes y blancas; y una escarapela con el retrato de Fernando VII.

El 14 de julio la fuerza llegó a Luján, allí el comandante recibió nuevas instrucciones de la Junta, continuando luego por Salto (de donde partieron el 18 de julio), Pergamino (20 y 21 de julio), Guardia de la Esquina de Buenos Aires (actual San José de la Esquina), que era el límite con Córdoba (25 de julio), y Fraile Muerto (actual Bell Ville), entre el 25 y el 30 de julio, Paso de Ferreyra (1 de agosto), Corral del Maestro (4 de agosto), Córdoba (10 de agosto).

El 8 de julio Mariano Moreno ordenó que los que se opusieran a la revolución sean remitidos a Buenos Aires a medida que fueran capturados, pero el 28 de julio impartió la orden de:
Que sean arcabuceados Santiago Liniers, el Obispo Orellana, el intendente de Córdoba Gutiérrez de la Concha, el coronel de milicias Allende, el oficial real Moreno y Dn. Victoriano Rodríguez en el mismo momento en que todos y cada uno de ellos sean pillados. Sean cuales fueren las circunstancias se ejecutará esta resolución sin dar lugar a demoras que pudiesen promover ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden.

En la Guardia de la Esquina la expedición recibió noticias de que Liniers había partido con sus fuerzas rumbo al norte, por lo que González Balcarce se adelantó con 300 hombres en su búsqueda el 1 de agosto desde Paso de Ferreyra.

El capitán Cliclana había sido nombrado auditor de guerra del Ejército del Norte, aunque no viajaba con la expedición, la alcanzó junto con Calixto Gauna el 28 de julio en Fraile Muerto, con su escolta de 6 blandengues y 2 patricios, que allí reforzó con 12 blandengues al mando del teniente de patricios Eusebio Suárez y continuó viaje a Salta.

El 12 de septiembre el teniente coronel Eustoquio Díaz Vélez fue nombrado tercer jefe de la expedición
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Frases y Anécdotas

"En las calles de Buenos Aires no se ven, en las horas de la siesta más que médicos y perros". Así describía a la Gran Aldea un viajero francés. Y es que el pasatiempo preferido de los porteños era dormir la siesta. Tampoco había mucho que hacer. Las actividades principales eran la ganadería y el comercio, que se manejaban con poca mano de obra y una visita cada tanto a los lugares de producción y servicio. Ir de shopping llevaba muy poco tiempo. Bastaba atravesar la Plaza de la Victoria y recorrer la Recova donde estaban los puestos de los "bandoleros", como se llamaba entonces a los merceros frente a una doble fila de negocios de ropa y novedades.

Un camino hacia la Independencia

Mucho antes de que se iniciara la etapa independentista, Mariano Moreno ya mostraba un particular interés por la situación de los indios y los derechos del hombre. En su tesis doctoral titulada Disertación jurídica sobre el servicio personal de los indios, que escribió en 1801 decía, entre otras cosas: “Desde el descubrimiento empezó la malicia a perseguir unos hombres que no tuvieron otro delito que haber nacido en unas tierras que la naturaleza enriqueció con opulencia y que prefieren dejar sus pueblos que sujetarse a las opresiones y servicios de sus amos, jueces y curas. Se ve continuamente sacarse violentamente a estos infelices de sus hogares y patrias, para venir a ser víctimas de una disimulada inmolación. Se ven precisados a entrar por conductos estrechos y subterráneos cargando sobre sus hombros los alimentos y herramientas necesarias para su labor, a estar encerrados por muchos días, a sacar después los metales que han excavado sobre sus propias espaldas, con notoria infracción de las leyes, que prohíben que aun voluntariamente puedan llevar cargas sobre sus hombros, padecimientos que, unidos al mal trato que les es consiguiente, ocasionan que de las cuatro partes de indios que salen de la mita, rara vez regresen a sus patrias las tres enteras”.

No estaría mal que los llamados liberales argentinos y sus socios históricos en todos los golpes militares, los nacionalistas de derecha, que, por distintos motivos siempre inconfesables, intentan vincular a Moreno con Rivadavia, tuvieran presente este párrafo en el que Moreno describe al futuro padre de la deuda externa, en estos términos: “Sírvase V.S. fijar la vista sobre la conducta de este joven: ya sostiene un estudio abierto, sin ser abogado; ya usurpa el aire de los sabios sin haber frecuentado sus aulas; unas veces aparece de regidor que ha durar pocos momentos: otras veces se presenta como un comerciante acaudalado, y todos estos papeles son triste efecto de la tenacidad con que afecta ser grande en todas las carreras, cuando en ninguna de ellas ha dado hasta ahora el primer paso. No tiene carrera, es notoriamente de ningunas facultades, joven sin ejercicio, sin el menor mérito y de otras cualidades que son públicas en esta ciudad”.

El protagonismo de Moreno comenzó el 25 de mayo de 1810, al asumir la Secretaría de Guerra y Gobierno de la Primera Junta, cuando dijo en su discurso inaugural: “La variación presente no debe limitarse a suplantar a los funcionarios públicos e imitar su corrupción y su indolencia. Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye el trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos”.

Cornelio Saavedra defensores de sus privilegios y, por lo tanto, favorables al mantenimiento de la situación social anterior, en la que, como decía Moreno, “hay quienes suponen que la revolución se ha hecho para que los hijos del país gocen de los altos empleos de que antes estaban excluidos; como si el país hubiera de ser menos desgraciado por ser hijos suyos los que lo gobiernan mal”.

El 7 de junio fundó el órgano oficial del gobierno revolucionario, La Gaceta de Buenos Aires, donde escribió: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con quien miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para logro de tan justos deseos ha resulto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos Aires”.

Como no ignoraba el alarmante porcentaje de analfabetismo de la población, ordenó que se leyera a Rousseau desde los púlpitos de las iglesias, lo que puso un poco nerviosos a algunos sacerdotes contrarrevolucionarios. En el prólogo a la obra (Contrato social) decía: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que sabe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”.

Mariano Moreno, Escritos, Buenos Aires, Estrada, 1943.

Mariano Moreno, Escritos, Buenos Aires, Estrada, 1943.

En homenaje a este hecho se estableció el 7 de junio como el Día del Periodista.

La Gaceta incluía en todos sus números la siguiente frase de Tácito: “Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo”.

Mariano Moreno, Escritos políticos, Buenos Aires, La Cultura Argentina, 1915.

Fuente: Adaptación para El Historiador del libro de Felipe Pigna Los Mitos de la Historia Argentina I, Buenos Aires, Editorial Norma, 2004.


La Ciencia Medica de 1810

Para paliar tantas enfermedades, había muchos médicos en el Buenos Aires de 1810. La mayoría de ellos habían estudiado y egresado del Protomedicato, una escuela de medicina local, donde también se examinaba a los médicos extranjeros que querían ejercer en Buenos Aires.

Había tres hospitales en Buenos Aires para 1810, dos para varones y uno para mujeres, este último con apenas 50 camas.

Es interesante notar que por aquellos tiempos los médicos escribían sus recetas en latín, según regulaciones del Protomedicato, esto era para que los pacientes no pudieran entenderlas. Pero ya en tiempos posteriores a la Revolución, esto cambió y se les obligó a escribirlas en castellano, tiempo en que empezó a hacerse cada ves más ilegible la letra de los médicos.

Pero que hubiese médicos no descarta que también existiesen curanderos, quienes trabajaban casi tanto como los médicos, si bien con artes “mágicas”.


Las Enfermedades de 1810

Cabe aclarar que por aquellos tiempos Buenos Aires también era húmeda, y al parecer lo era más que ahora, o por lo menos a los españoles y extranjeros les costaba acostumbrarse.

Por eso muchos cronistas se quejan del viento húmedo que cala los huesos, y predispone al reumatismo. También eran muy comunes las fiebres de todo tipo y el llamado mal de garganta.

También abundaban los problemas de caries dentales, esto seguramente por el exagerado gusto de los porteños por los dulces. Por eso era normal ver por la calle a gente con la cara atada con un pañuelo que se creía podía disminuir el dolor de muela.

La ciudad de Buenos Aires era muy sucia para 1810, esto hacía que fuese un caldo de cultivo para todo tipo de gérmenes. Razón por la cual se precipitaron muchas pestes y epidemias en la ciudad: como anginas, viruela, sarampión y disentería.

Uno de los principales problemas era el agua, que se solía comprar al aguatero. Que claro, no quería trabajar mucho entonces tomaba el agua del río de la plata, del mismo lugar al que iban la lavanderas a lavar la ropa, y donde los pescadores dejaban los restos de sus capturas.

Otras enfermedades comunes en 1810 eran las fiebres catarrales, tisis, fiebres intestinales, hepatitis, sífilis e incluso rabia, causada por los abundantes perros callejeros de la ciudad. También la peste bubónica trasmitida por la gran cantidad de ratas que había.
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La Vida en el Buenos Aires de 1810

Las Diversiones

Convocaban por igual a ricos y pobres las corridas de toros. En 1791 el virrey Arredondo inauguró la pequeña plaza de toros de Monserrat (ubicada en la actual manzana de 9 de Julio y Belgrano) con una capacidad para unas dos mil personas. Pero fue quedando chica, así que fue demolida y se construyó una nueva plaza para 10.000 personas en el Retiro, en la que alguna vez supo torear don Juan Lavalle.

El pato, las riñas de gallo, las cinchadas y las carreras de caballo eran las diversiones de los suburbios orilleros a las que de tanto en tanto concurrían los habitantes del centro. Allí podían escucharse los "cielitos", que eran verdaderos alegatos cantados sobre la situación política y social de la época.

Las damas también gustaban de las corridas de toros pero preferían el teatro, la ópera y las veladas, que eran reuniones literarias y musicales realizadas en las casas. Eran la ocasión ideal para conseguir novio.


El Teatro

Una vez a la semana "la parte más sana del vecindario", como definía el Cabildo a sus miembros, es decir, los propietarios porteños, concurría al teatro para asistir a paquetas veladas de ópera y a disfrutar de las obras de teatro de Lavardén. Desde que la inaugurara el Virrey Vértiz en 1783, la Casa de Comedias, conocida como el Teatro de la Ranchería, se transformó en el centro de la actividad lírica y teatral de Buenos Aires hasta su incendio en 1792. En 1810 pudo reabrirse el Coliseo Provisional de Comedias, dando un nuevo impulso a arte dramático.

El primer periodico de la colonia y la primera censura a la prensa

Durante el virreinato de Joaquín del Pino, comenzó a publicarse en Buenos Aires El Telégrafo Mercantil, el primer periódico de nuestra historia. El número 1 apareció el primero de abril de 1801. Pero como el periódico decía cosas que molestaron al poder, fue clausurado por orden del Virrey en octubre de 1802.

Las Comunicaciones

Muy lejos del teléfono y la internet, los habitantes del virreinato se comunicaban por carta. Pero, ¿cuánto tardaba en llegar una carta a destino? Lógicamente dependía de las distancias. Podía tardar desde una semana a seis meses.

Las cartas eran llevadas a caballo a través de las postas, donde descansaban los mensajeros y cambiaban de caballo. Desde Buenos Aires tres veces por año salía un hombre a caballo hacia Chile, otro hacia el Perú y otro al Paraguay. Había que armarse de paciencia. Con el tiempo aparecieron las galeras tiradas por varios caballos que transportaban pasajeros y correspondencia, acelerando los tiempos de llegada de las cartas.

En 1747 se creó el correo, pero recién con la apertura del puerto se regularizó la correspondencia con España.


El Consulado

Durante el virreinato de Arredondo se creó el Consulado en 1794, un organismo destinado a organizar la vida económica de la colonia. Controlaba a los comerciantes para que no aumentaran injustificadamente sus precios y para que no engañaran a sus clientes con los pesos y medidas de sus mercaderías.

El primer secretario fue un joven criollo que había estudiado en Europa las mas modernas teorías económicas, Manuel Belgrano, quien en los informes anuales del Consulado aconsejara a las autoridades fomentar la industria y las artes productivas.



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Fuentes de Información - 1810 Historia argentina

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21 comentarios - 1810 Historia argentina

@LestAnimeReturns Hace más de 4 años
yhea cumplimos 200 años
@Decimus Hace más de 4 años
te dejo mas 10, soy fanatico de la historia
@martinarmando Hace más de 4 años
Muchas gracias amigo me sirvio mucho
@marcosumk1 Hace más de 4 años
grosooo!
@gustavojvrgmz Hace más de 4 años
Muy bueno el material, ayuda para el colegio, tengo un ciber y a la vuelta de casa estan del servicio penitenciario, los que estan en su ultima etapa, sea por trabajo o estudios, y los guardias vienen a pedirme que les ayude con sus estudios buscando información y encontré mas de lo necesario. Gracias y fuerza los privados que se puede!!!
@santyuzumaki Hace más de 4 años
mira muy buena la info te dejo +10 xq necesitaba la info de las enfermedades de 1810 y de las medicinas

jaj xD
@gabriel_uchiha Hace más de 4 años
te dejo 10, jojooooojo
@Arcangel_711 Hace más de 4 años -1
No me gustó tu post pero ya que te faltan 10 te doy 10.
PD: La tenes adentro y seguila chupando
@heavymetal21 Hace más de 4 años -2
No me gusto! es una porqueria, y no me siervio para el trabajo del colegioo!!!! aprende a subir cosas pendejoo
@leo_t19 Hace más de 3 años +1
control c + control v