El origen del Velcro

VELCRO


Hola gente linda de esta comunidad,miren hoy les traigo una info sobre el inventor del famoso Velcro o tambien conocido como abrojo...



El origen del Velcro


Su origen e Historia



Cierto día de 1948 regresaba Georges de Mestral de una excursión de caza por las montañas suizas cuando se dio a pensar sobre los molestos cadillos que se habian adherido a su ropa y al pelo de su perro. ¿Qué los hacía pegarse de esa manera tan tenaz? Tomó unos cuantos y los examinó con un microscopio. Cada cadillo, según observó, está provisto de centenares de diminutos garfios que se enganchan en las fibras del hilo o en el pelo de los animales.

abrojo

Muchos hubieran quedado satisfechos con haber averiguado eso, pero no así de Mestral, a quien desde niño fascinaban los inventos. De repente se le ocurrió una idea ¿no sería posible cubrir tiras de tela de diminutos ganchos que se agarraran como los cadillos? Tendría que haber alguna explicación útil para ese artículo.
Su primer problema consistía en fabricar tales tiras, a lo cual dedicó ocho años, llenos de desconsolantes fracasos; pero de Mestral poseía también la tenacidad de un cadillo. Al final logró lo que perseguía: dos cintas de nylon, la una con la superficie cubierta de millares de garfios microscópicos y la otra con lazos igualmente diminutos. Al oprimir la una contra la otra, los garfios se engarzaban en los lazos y las tiras quedaban adheridas como por obra de magia; y de la misma maravillosamente manera podían despegarse y separarse.
Tal fue el origen del velcro, un dispositivo de cierre que promete crear una sensación tan grande en la industria del vestido como la que causó el cierre relámpago o de cremallera.
El causante de todo ello, Georges de Mestral, nació cerca de Nyon, en Suiza. A los doce años ya había obtenido su primera patente, para un aeroplano de juguete. Siendo aún muy joven decidió estudiar para ingeniero y, dedicándose a traducir y a enseñar en sus ratos libres, logró ser gerente de un pequeño taller. En sus momentos de ocio se dedicaba a inventar diversas cosas, de las que no obtuvo retribución monetaria alguna, hasta que perfeccionó un nuevo tipo de higrómetro, instrumento que mide el grado de humedad atmosférica. Esto fue suficiente para que se interesara por él un viejo amigo de la familia, Alfred Goner, banquero de Nyon. “Georges” le dijo, estás desperdiciando tu vida en ese taller. Deberías dedicarte por completo a hacer lo que sabes a la perfección: INVENTAR.
Georges convino con ello y se trasladó con sus contornos, sus limadoras y sus microscopios a un pequeño taller de la finca de Gonet. El banquero le pagaba exactamente lo que había estado ganando en el taller original y, además, le dio casa sin cobrarle alquiler.
De Mestral estaba trabajando en varios proyectos cuando le vino la obra de aprovechar los garfios de los cadillos. Lleno de entusiasmo se la comunicó a Gonet y éste, que le tenía aprecio, no quiso desanimarlo; pero , para sus adentros pensó que se trataba de una idea descabellada.
De Mestral decidió consultar con los expertos de Lynon, el centro productor de telas más importante de Francia; pero allí los tejedores se mostraron escépticos. No obstante, a un especialista le intrigó al asunto de los cadillos como problema técnico y, trabajando en un telar pequeño y ejecutando manualmente casi todas las operaciones, produjo finalmente dos hiladillos de algodón, uno con ganchos y otro con lazos, que al oprimirse uno contra el otro se adherían, muy débilmente es verdad, pero ya era un comienzo.
De los seis fabricantes suizos telares a quien de Mestral propuso que ensayaran su invento, sólo uno, Jacques Müller, se interesó y durante dos meses trabajó ahincadamente proyectando un telar capaz de producir las tiras en escala comercial.
No se requiere saber mucho de tejidos para entender cuán difícil era el problema. Se necesitaba que las tiras tuvieran alrededor de 45 lazos por centímetro cuadrado y existía el problema de fijarlos de modo que no perdieran el alineamiento.

Finalmente, quedaba el problema más peliagudo de todos: fabricar otra tira semejante con los garfios.
De Mestral logró dar rigidez a los lazos tejiendo hilos de nylon sometidos a calor intenso. Tardó meses experimentando con calor producido con vapor, aire caliente y vibraciones ultrasónicas, hasta que halló el método apropiado: aplicar el calor con rayos infrarrojos.
Pasando muchas noches sin dormir y a menudo dias enteros sin probar bocado, casi sin verse con nadie, el inventor fue allanando uno tras otro los obstáculos. Para fijar los lazos en su sitio, por ejemplo, necesitaba un pegante especial. Para obtenerlo se dirigió a Londres a hablar con químicos expertos y escribió a la compañía du Pont. En 1954 venció este obstáculo.
Finalmente contaba con un telar capaz de producir a alta velocidad tiras de tela con los lazos, pero le quedaba el más difícil de los problemas: producir los garfios. Era posibles hacerlos a mano cortando un lazo y saltando otro alternadamente, pero con la máquina nada le salía bien.
Como pasaba el tiempo y la dificultad de los garfios seguía atormentando al inventor, sus patrocinadores se desanimaron. Un día de 1955, Gonet declaró que no podía seguir dando dinero a la empresa.
Georges se fue a la cabaña de caza de una amigo que tenía en las montañas, en un sitio solitario donde a menudo se retiraba a pensar. Durante 10 días luchó con el problema. A veces se pasaba horas enteras cavilando en una silla; en otras ocasiones daba largas caminatas por los senderos del bosque. Finalmente dio con la solución.
Cuando volvía a dar a Müller la noticia, se detuvo en el camino para comprar una maquinilla de cortar pelo y, con ella, explicó su idea al fabricante de telares, quien inmediatamente vio sus posibilidades.
Adoptar el principio de la maquinita de peluquero para la tarea de cortar los lazos mecánicamente fue trabajo de varios meses, pero ambos sabían que ya iban a alcanzar la meta de tantos desvelos. Pasado otro año habían allanado todos los obstáculos del nuevo telar y ya contaban con obreros diestros en su manejo. En 1957 un francés, Jean Ravaud, se enamoró de las tiras mágicas y fue elegido para organizar el negocio y lanzar el producto al mercado. Lo que resta es historia comercial.


Nunca se olviden que muchas de las prendas que hoy se venden usan velcro..ejemplos:

historia del velcro



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El origen del Velcro

2 comentarios - El origen del Velcro

@reckback
te dejo +5 porque me gusto la historia