Historias Asombrosas

Paralítico de nacimiento, un joven estadounidense adquirió en 1998 la capacidad para mover sus piernas después de sumergirse en un agua milagrosa. Te relatamos su historia y la de otras cinco personas que han tenido experiencias médicas asombrosas

Un agua milagrosa le devuelve a Mark Chenoweth la capacidad para andar. Nacido con espina bífida, una enfermedad congénita que le impedía caminar, este joven decidió tomar lecciones de buceo en 1998, pese a la contraindicación de su médico. Logró que una escuela de buceo accediera a darle clases, así que estuvo sumergido a una profundidad de 17 metros. Al salir a la superficie, Chenoweth pudo caminar normalmente.

El gusto le duró tres días, al cabo de los que su condición regresó. Entonces tomó la decisión de volver a bucear y encontró una correlación entre la profundidad, el tiempo en los que se sumergía y la capacidad para caminar que adquiría después. De esta forma, a la fecha emplea su silla de ruedas únicamente dos veces cada año.

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Un trasplante de órganos brinda a William Sheridan talento artístico. De procedencia común y escaso talento artístico, empezó a dibujar de una forma extraordinaria tras recibir un trasplante de corazón en 2006. Investigaciones del fenómeno advirtieron que su donador había sido Keith Neville, un corredor de bolsa con marcada inclinación artística.

Este hecho sirvió en numerosas investigaciones respecto a lo que se denomina "memoria celular", una habilidad para recordar que estaría alojada en muchas más células del cuerpo que únicamente las del cerebro. Las manos y el corazón están entre las partes más estudiadas debido a esta capacidad teórica.

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Jim McClatchey, el hombre que murió cien veces. Debido a una infección no identificada que albergaba en su corazón, este hombre de Atlanta, Georgia, EUA, sufrió al menos 50 paros cardíacos durante la primera hora que estuvo hospitalizado tras desvanecerse en las escaleras de su casa.

Los médicos lo reanimaron cerca de 100 veces con un desfibrilador, lo que causó quemaduras de segundo grado en su piel. Sin embargo, lo mantuvo vivo el tiempo necesario para que la atención surtiera efecto y él fuera capaza de sobrevivir.

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Xu Pinghui, la niña que no puede parar de reír. Con ocho meses de edad, esta pequeña originaria de China enfermó de fiebre y comenzó a reír involuntariamente, algo que no ha parado desde entonces. Debido a ello, nunca aprendió a hablar y se comunica con sus padres por los diferentes tonos de su risa. Investigaciones sugieren que la fiebre dañó una porción de su lóbulo frontal, desencadenando la risa.

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El caso de Natalie Adler y sus párpados perezosos. Originaria de Australia, esta chica padece una extraña y enigmática condición que le hace cerrar los ojos tres de cada seis días. En contra de su voluntad, sus párpados se cerraron por primera vez cuando tenía 11 años. A sus 21 años, la condición le obliga a permanecer cada semana tres días seguidos con los ojos cerrados.

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3 comentarios - Historias Asombrosas

@joe706
que casos mas raros...