Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua

Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua.


El agua es ya el resultado de una combustión y no se puede usar como combustible otra vez sin aportarle primero más energía de la que proporciona


Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua


Son muchas las personas que piensan que determinadas tecnologías prometedoras han sido suprimidas por diversos poderes políticos o económicos, generalmente con el propósito de proteger sus inversiones o apuestas y –en los extremos ya más absurdos de la ilógica conspiranoica– por motivaciones siniestras de mucho mayor alcance. Desde que un servidor puede recordar, el motor de agua ha sido la más popular de estas tecnologías supuestamente suprimidas en la mitología social contemporánea.

En su forma original y más básica, la leyenda afirma que alguien inventó un motor capaz de funcionar usando agua corriente como combustible y éste fue suprimido por el poder mediante una diversidad de medios, según la imaginación del que lo cuenta: adquiriendo y enterrando la patente, comprando al inventor, matándolo, etcétera. El objetivo de esta supresión sería evidente: proteger a las grandes compañías energéticas y a los estados que tienen o puedan tener detrás, privando así al pueblo sencillo de una fuente de energía casi ilimitada, limpia y muy barata o gratuita por completo. Adquiere así características comunes en los mitos sociales, las leyendas urbanas y las conspiranoias.


Verne, Franco y los cuentistas.


El origen aparente de la leyenda resulta fácil de determinar: se halla en una obra notable de Julio Verne, La Isla Misteriosa, que ya planteaba en 1875 el problema del agotamiento de las energías no renovables. Entonces, uno de los protagonistas –un inteligente inventor llamado Ciro Smith– realiza las siguientes afirmaciones:


«Sí, amigos míos, creo que el agua se usará un día como combustible, que el hidrógeno y el oxígeno que la constituyen, utilizados aislada y simultáneamente, producirán una fuente de calor y de luz inagotable y de una intensidad mucho mayor que la de la hulla. Un día el pañol de los vapores y el ténder de las locomotoras en vez de carbón se cargarán con esos dos gases comprimidos, que arderán en los hornos con un enorme poder calorífico. No hay que temer, pues: mientras esta tierra esté habitada, suministrará elementos para satisfacer las necesidades de sus habitantes, los cuales no carecerán jamás de luz ni de calor, como tampoco de las producciones de los reinos vegetal, mineral y animal. Creo que, cuando estén agotados los yacimientos de hulla, se producirá el calor con agua. El agua es el carbón del porvenir.»


info


El carácter maravillosamente visionario de muchas de las creaciones de Julio Verne ha conducido a muchas personas a creer a pies juntillas cualquier afirmación que aparezca en las mismas, olvidando que se trata de obras de lo que hoy en día llamaríamos ciencia ficción próxima: tomar elementos ya existentes en la ciencia y la técnica de tu tiempo y forzarlos en el presente o proyectarlos en el futuro hasta que te queda una historia de lo más estupenda y realista. Otro autor muy conocido de este género es Michael Crichton, entre muchos más.


historia


Sin embargo, a diferencia de lo que se suele creer, Julio Verne no inventó nada. Verne era un escritor capaz con buena cultura científica y muy bien informado de lo que se cocía en su época, pero en sus libros no aparece nada que no se estuvieran planteando ya los científicos de su tiempo aunque fuese como conjetura. Esto le condujo a incontables aciertos y también a algunas –brillantes– meteduras de pata. La más conocida es la del viaje tripulado a la Luna mediante un disparo de cañón, que –además de impráctico– convertiría a los ocupantes en pasta cárnica para hamburguesas debido a la súbita aceleración. Y tiene perfecto sentido, porque cuando Verne escribió De la Tierra a la Luna (1865) aún faltaban casi cuarenta años para que el papi de la astronáutica Konstantin Tsiolkovsky publicara su obra clave La exploración del espacio cósmico por medio de dispositivos a reacción (1903). En cambio acertó plenamente con el lugar del lanzamiento –Florida–, pues en tiempos de Verne los Estados Unidos ya despuntaban como potencia científico-técnica y los matemáticos ya sabían que el lugar idóneo para este tipo de lanzamiento está cerca del ecuador.

Para este otro caso que nos ocupa, Verne se apoyaba en la hidrólisis del agua realizada por Michael Faraday en 1853. No obstante, en los tiempos de La Isla Misteriosa las Leyes de la Termodinámica –aunque ya conocidas– aún no se comprendían en profundidad ni estaban bien extendidas: la primera y segunda leyes acababan de formalizarse y el descubrimiento de la tercera tendría que esperar hasta principios del siglo XX. En 1875 las Leyes de la Termodinámica eran ciencia tan puntera y abstracta como lo que hoy en día se hace en el LHC; tanto que a Verne se le escapaba un poquito, lo que se plasma en varios otros lugares de sus obras.

Más intrigante y oscura es la vía por la que este error de Verne pasa a la mentalidad social colectiva en varios países de modo más o menos simultáneo. Parece –parece– que fue más popular en los países del Eje y sus aliados o simpatizantes, en torno a la Primera y Segunda Guerras Mundiales; entrelazándose con la injusticia nacional percibida de que nuestras patrias no dispusieran de recursos energéticos fácilmente accesibles, a diferencia de nuestros enemigos, los aliados (y de manera notoria, los Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética). Es conocida la tendencia de la mente humana a inventarse –y creerse– fábulas cuando los hechos no concuerdan con sus miedos, prejuicios y deseos; de hecho, este ha sido siempre el principal motivo creador de mitos y religiones.


Imágenes


Así, en este tiempo y lugar surgieron numerosos intentos para lograr combustibles alternativos, extendiéndose desde la gasolina sintética nazi –basada en el proceso Bergius y practicable, pero económicamente ruinosa– hasta fraudes ridículos como la gasolina en polvo de origen vegetal que el estafador Albert von Filek le colocó a Franco. Otro ejemplo paradigmático de esta tendencia fueron los vórtices fluidos de Viktor Schauberger, que llegó a reunirse varias veces con Hitler antes de terminar en un campo de concentración o un hospital psiquiátrico, según fuentes.

Conforme el mundo desarrollado seguía su camino, fue dejando atrás estos sueños de autarquía energética por impracticables o ruinosos (en la foto de la derecha, una planta alemana abandonada de producción de gasolinas sintéticas). Sin embargo, en los países más pobres y menos desarrollados perduraron aún un poco más, apoyándose en el desconocimiento popular de las materias científicas. Así, en fecha tan tardía como 1970, aún tuvimos en España a un personaje llamado Arturo Estévez Varela que alcanzó cierta notoriedad social con exhibiciones de motores de agua más un aditivo secreto. En esta ocasión fue el mismo Franco quien ordenó a la prensa que dejara de darle pábulo, después de consultar al Colegio de Ingenieros Industriales, porque «ya se ha hecho bastante el ridículo».

Pero, inevitablemente, la idea permaneció en la mitología popular como ejemplo paradigmático de tecnología suprimida. Por ello, cuando los conspiranoicos anglosajones de la energía libre y gratuita comenzaron a dejarse oír en España y otros países latinoamericanos, nuestras sociedades estaban preparadas para darles un inmerecido crédito.


Los conspiranoicos de la energía libre y gratuita.


En el mundo anglosajón, la cosa del motor de agua (o con otros combustibles curiosos) fue siempre más propia de inventores particulares fracasados, sin llegar a alcanzar los ámbitos del poder que hemos visto en los entornos continentales. Hay cientos de patentes al respecto: varias oficinas de patentes anglosajonas son conocidas por pantentar todo lo que les presenten. En Estados Unidos, un padre patentó a nombre de su hijo de siete años la manera de balancearse en un columpio; en Australia, un abogado patentó la rueda. Y así, muchas más.


antigüedad


Estos inventores frustrados y quienes apoyan sus obras han venido a constituirse en un sector significativo del pujante movimiento conspiranoico, una industria muy rentable que deja significativos beneficios a una variedad de editoriales y productoras, por no mencionar a ciertos políticos y periodistas. En esta ocasión, el planteamiento del motor de agua se presenta bajo un aspecto un poco más sofisticado (esencialmente: más lioso) de tal modo que se camuflen mejor sus debilidades; y ha quedado incorporado en el apartado de supuestas supresiones de la energía libre y gratuita, una temática conspi habitual.

Esta nueva iteración se olvida ya de Julio Verne y de los Seat 600 con motor de agua para adentrarse en la tecnología de células de combustible acuosas de Stanley A. Meyer, que viene a ser lo mismo pero más rimbombante. Después de que un tribunal lo condenara a devolver 25.000 dólares a dos inversores que se sintieron estafados, y sobre todo tras su muerte súbita por aneurisma cerebral, Meyer se convirtió inevitablemente en un ídolo del sector conspi que aprecia estas cosas como verdadero científico asesinado por las fuerzas del mal


Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua


Todas sus patentes en los Estados Unidos siguen disponibles y accesibles por Internet (5149407, 4936961, 4826581, 4798661, 4613779, 4613304, 4465455 y 4421474 y 4389981). En ellas, lo único que hace es liar por vías cada vez más complicadas un sencillo dispositivo de hidrólisis, que naturalmente consume energía en vez de producirla. Ninguna de ellas explica de qué manera se puede obtener energía en vez de consumirla –más allá de sus propias afirmaciones–, ni mucho menos determina el mecanismo de acción o el balance energético final. Esta ausencia de claridad sobre el mecanismo de acción y el balance energético es característica de las conspis con componente científico, que hemos visto recientemente en las numerosas chaladuras sobre el HAARP. En caso de duda, tú siempre pregunta cómo funciona, cuánta energía entra y cuánta energía final exige el trabajo. Así te mantendrás siempre al calor de las leyes de la Termodinámica. ;-) En la imagen podemos ver uno de los dibujos originales de Meyer, donde el fuel cell water capacitor desempeña la función de cajita mágica para la hidrólisis del agua en hidrógeno y oxígeno; ningún punto de las patentes detalla cómo lograrlo sin consumir más energía de la que se produce.

En general, los defensores de estas supuestas energías libres y gratuitas ignoran un hecho bastante simple: las regiones próximas a la corteza terrestre son ya muy estables, resultado de miles de millones de años de violentísimas reacciones. Debido a esa razón, han quedado en un estado bajo de energía (y si fuera más alto, nos mataría): ya han generado y consumido la mayor parte de la energía que podían generar y consumir con facilidad. Por eso, sus reacciones son ahora lentas y progresivas; también por eso, nos resulta tan difícil encontrar fuentes cercanas de energía concentrada y fácilmente disponible. Los hidrocarburos son un regalo de Mamá Naturaleza, que no se repetirá pronto.


Pero entonces, ¿por qué no puede ser?


info


La razón fundamental de que el motor de agua no sea practicable es en realidad muy sencilla. Simplemente, el agua ya es el resultado de una combustión, ocurrida durante miles de millones de años, a lo largo de buena parte de la historia del universo. El agua es H2O: o sea, hidrógeno oxidado (quemado con oxígeno). El hidrógeno primordial y el oxígeno estelar se combinaron para formar agua, liberando energía en el proceso: este es el origen del líquido elemento. Al agua, por tanto, no le queda apenas energía química que liberar: se encuentra ya en un estado base muy estable. A todos los efectos prácticos, es una ceniza resultante de la combustión del hidrógeno en presencia de oxígeno a lo largo del tiempo.

Para transformar el agua de nuevo en hidrógeno y oxígeno capaces de liberar energía al combinarse otra vez, primero hay que desensamblarla –hidrolizarla– aportándole la misma energía que cedió más un porcentaje adicional, con objeto de compensar las pérdidas inevitables. Por muchos trucos que intentemos, por muchos pasos que incorporemos, por mucho que compliquemos el proceso, el balance energético final será el mismo: si quieres que el agua libere energía, tienes que aportársela primero, porque la suya ya la perdió cuando se formaba. Lo contrario implicaría una violación radical de la primera y la segunda leyes de la termodinámica, que en este universo nos vemos obligados a respetar: estaríamos ante una máquina del movimiento perpetuo, imposible por esta misma razón.


historia


Obviamente, existe una vía para obtener grandes cantidades de energía del agua, o más bien del hidrógeno que contiene: la fusión nuclear. En este caso la cosa cambia, pues saltamos de procesos químicos a procesos físicos, enormemente más energéticos. Por supuesto, no hay en esto violación alguna de las leyes de la termodinámica, dado que hablamos de reacciones de naturaleza completamente distinta: la energía que el agua perdió al formarse durante la larga historia del universo (lo que le impide servir como combustible convencional) era de naturaleza química, no física (lo que, una vez hidrolizada, permitirá su uso como combustible nuclear cuando la fusión esté lista).

Alternativamente, podría decirse que la energía hidroeléctrica o maremotriz se obtiene del agua, pero evidentemente no estamos hablando de esto. En esta variante, la energía no está en el agua, sino en la energía cinética o potencial de su masa: funcionaría igual con cualquier otra cantidad de materia análoga.

Pero a nivel químico –que es lo que permite funcionar a un motor convencional, no nuclear– el agua no sirve como fuente energética por el simple motivo de que ya la cedió casi toda durante su formación. No le queda energía para suministrarnos. Y por ello el motor de agua, a pesar de lo muy querido que pueda resultar para la mitología popular, simplemente ni pudo, ni puede, ni podrá ser


Fuente

3 comentarios - Tecnologías supuestamente suprimidas: El motor de agua

@angelinajo
lean algo de tesla ,este descubrio una manera de generar electricidad gratuita y sin cables pero los yanquis no les gusto nada la idea ademas tesla hiso muchas cosas q no salieron ala luz............mu interesante