LA QUIETUD Y EL SILENCIO DE LA MENTE
Samael Aun Weor

La Quietud y el Silencio de la Mente


Que es lo que necesitamos realmente para poder llegar a experimentar lo real, la verdad a través del éxtasis? Como llegar a tal estado de arrobamiento místico trascendental? Esto es muy interesante mis hermanos, muy interesante, reflexionen por favor, reflexionen. Se trata ante todo de conseguir la quietud y el silencio de la mente, solo así se puede llegar al éxtasis. Pero, como podríamos llegar a tal quietud, a tal silencio, dentro de nosotros mismos tenemos múltiples pensamientos que viven disputándose por la supremacía. En estas condiciones, obviamente se hace difícil el conseguir ese silencio y esa quietud, pues dichos pensamientos gritones realmente no lo permiten. Entonces qué hacer?

Ahora, conviene poner atención, tener la mente quieta, en silencio, por dentro y por fuera. Repito, esto solamente es posible estando atentos a lo que estamos haciendo, porque si ustedes no están atentos, como van a tener la mente quieta y en silencio? Les viene un pensamiento, les viene otro, un deseo, cualquier cosa de esas y ya la mente no está quieta ni en silencio.

Desafortunadamente hermanos, no es tan fácil estar atentos. Surge inevitablemente eso que podríamos llamar inatención. Hay pues dos estados: el de atención y el de inatención. Comprendido?
Si queremos estar atentos, surge lo opuesto, la inatención. ¿Y qué es lo que causa la inatención?...Nuestros recuerdos, deseos, emociones, pasiones, acontecimientos del día, del mes, del año o de los años, memorias, rencores, resentimientos, etc., eso es obvio. ¿Qué hacer entonces con toda esa multiplicidad del yo? ¿Qué hacer con esa inatención? Observarla, observarla. Cuando uno serenamente observa todas las fases de la inatención, cuando de verdad las mira en forma detallada, y sin tomar partido por esto o por aquello, en esa misma observación de lo que es inatento, surge la real atención. Cuando esta surge, la mente queda quieta y en silencio.
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Quiero que ustedes sepan que cuando la mente esta quieta, en silencio, adviene lo nuevo. Eso es claro. En esos instantes la esencia se des embotella, para experimentar en el mundo de lo real. En esa, o en esos, mejor dijera, estados de lucidez plena, venimos a experimentar cierto elemento que transforma radicalmente, que nos da animo, que nos refuerza para la batalla, para la lucha. ¿Entendido?
Cuando uno está observando lo que hay de inatento, surgen naturalmente diversas cosas. Cualquier pensamiento debe ser debidamente comprendido y olvidado. Cualquier deseo, cualquier sentimiento, todo lo que vaya apareciendo después de haber sido comprendido a fondo, debe de olvidarse.

Es claro que la procesión de deseos, pensamientos, emociones, etc., tiene un comienzo y tiene un fin. Realmente tal procesión está constituida por todos nuestros defectos psicológicos. Defectos de la ira, de envidia, odio, lujuria, resentimiento, etc., etc., etc. Al ver todo eso, al comprender cada uno de esos detalles, se está uno conociendo a sí mismo, ¿verdad?
Distíngase entre lo que es una mente que esta quieta a la fuerza, violentamente, es decir, que esta aquietada a la brava, como dijéramos, y lo que es una mente que realmente esta quieta en forma espontánea y pura.
Distíngase entre una mente que esta silenciada violentamente y una mente que está en silencio.

Cuando la mente esta aquietada violentamente, no está quieta. Lucha por moverse en sus fondos más profundos. Total, ese camino así, resulta estéril. La quietud y el silencio deben surgir en forma espontánea y pura. Surgen cuando la procesión esa de recuerdos, pasiones, deseos, defectos, etc., concluye. En esos instantes es cuando la conciencia logra des enfrascarse, para vivenciar lo que es real, eso que no es del tiempo, eso que es la verdad.
No quiero decirles a ustedes que la labor resulte fácil, es obvio que este trabajo es difícil pero no es imposible y conduce ostensiblemente a la iluminación mística. Quien se conoce a sí mismo, no lo olviden, conoce al universo y a los dioses.
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Uno tiene que libertarse de la mente y eso solamente es posible a través de la meditación de fondo. La conciencia desgraciadamente esta presa entre la cárcel de la mente. Obviamente mientras la conciencia este encerrada la experiencia de lo real resulta imposible. Necesitamos luchar por nuestra libertad. Recuerden que cada uno de nosotros está preso. Lo grave es que no nos damos cuenta. Creemos que somos libres y no lo somos porque estamos presos. La cárcel de la mente es horrible, allí dentro de esa cárcel está encerrada la conciencia, el alma dijéramos, lo anímico, lo que verdaderamente vale la pena en nosotros. Estamos en una situación difícil y no nos damos ello. Ve cuantas gentes se dedican a fortificar los barrotes de esa prisión. Ponen avisos en los periódicos, que la escuela tal, que le confiere a uno poderes extraordinarios en la mente, que le desarrolla a uno la fuerza mental, que tiene técnicas extraordinarias para dominar por medio de la mente a todo el mundo, etc., etc., etc., es decir, los que están presos hacen propaganda para que los demás sigan presos. Qué horror! Desgraciadamente así es.

Vosotros todos, debemos comprender en forma íntegra, la necesidad de liberarnos de la mente para experimentar el terreno de lo real. Y eso, repito, solamente es posible cuando la mente esta quieta, cuando la mente está en silencio.
Cuando uno observa, repito, aunque me haga cansón con tanto repetir, todos los detalles de la inatención, es obvio que por tal motivo ya hay atención.
Pues bien, la atención plena, nos da precisamente la lucidez del espíritu. La atención plena nos lleva a una quietud natural, espontánea y simple de la mente. La atención plena nos lleva a un silencio bellísimo, muy profundo, de la mente. Lo curioso es que cuando uno está verdaderamente atento, cuando realmente está en silencio, ni siquiera se da cuenta de que esta en meditación. Aquella quietud y silencio es tan natural, o son tan naturales, que se olvida uno de que está practicando un ejercicio. Bendito olvido porque cuando eso sucede viene la iluminación.
Vean por ejemplo lo que sucede cuando uno está arrobado contemplando un cuadro de la naturaleza, o una película que le interesa, o a la mujer amada, o a un amanecer, un anochecer. Si realmente esta uno arrobado en aquello, en esos instantes hay atención plena. Instantes de esos son los que necesitamos para llegar realmente a la iluminación. Hay que crear en la meditación el clima favorable para una atención así tan plena y se crea ese ambiente favorable cuando se observa a fondo lo inatento. Entonces viene de hecho la atención natural y eso es lo indispensable para llegar a la verdadera iluminación interior, mística, profunda.

Yo quiero, que comprendan todo esto, pero que lo comprendan a fondo. Necesitamos todos, todos, todos libertarnos de las trabas de la mente, del batallar horroroso de los conceptos opuestos.
Necesitamos zafarnos dentro de todo de opiniones, teorías, autores, etc., etc., etc.
Así pues debemos comprender la necesidad de emanciparnos cada vez más y más de los procesos de tipo intelectivo razonativo.

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Existe un ejercicio muy bueno para aprender a despejar la mente, a “sacar la basura”. Se llama la “muerte psicológica”. Consiste en estar atentos a los propios pensamientos, deseos, temores, etc., todo lo que provenga de la mente, observarlo sin identificarnos con ello, como si fuéramos otra persona y sacarlo de nosotros, dejarlo pasar, como si fuéramos un torero que esquiva al toro que viene a toparnos. Así conseguiremos estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, con los sentidos de percepción despiertos en el AQUÍ y el AHORA!.
Por ejemplo si vamos caminando por la calle escucharemos los autos pasar, el cantar de los pájaros, observaremos todo lo que se mueve a nuestro alrededor, estaremos atentos a los olores del ambiente, etc. De esta manera no dejaremos que ningún pensamiento invada nuestra mente y podremos contemplar poco a poco la hermosura de vivir con la conciencia despierta, la simpleza, la paz, la armonía interior.