Un grupo de historiadores estadounidenses y alemanes ha encontrado un diagrama, de 60 años de antiguedad, que podría probar que la Alemania nazi sabía cómo construir una bomba nuclear.

La bomba atómica nazi


La única 'prueba' encontrada hasta ahora de la existencia de las armas nucleares alemanas ha sido desvelada por los físicos Reiner Karlsch y Mark Walker en la revista 'Physics World', donde han publicado el esquema de la bomba atómica que podría haber sido realizado por un científico alemán o austriaco. Aunque el arma que aparece en el dibujo es un mecanismo de fisión basado en el plutonio, el informe también revela que los científicos nazis habían trabajado intensamente en la teoría de una bomba de hidrógeno.

El proyecto nuclear de la Alemania de Hitler se llamana 'Uranium project', y comenzó en 1939, con la intención de investigar en el campo de los reactores nucleares, la separación de isótopos y los explosivos nucleares. Durante años, una docena de los mejores físicos alemanes trabajaron en la investigación, pero nunca se supo que sus estudios dieran algún fruto. Más o menos al mismo tiempo, en Estados Unidos varios centenares de científicos se ponían a las órdenes del Gobierno para trabajar en el Proyecto Manhattan, que acabaría desarrollando las bombas atómicas que utilizaron los estadounidenses en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

La publicación del diagrama se produce apenas unos meses después de que Reiner Karlsch publicara un libro en el que aseguraba que Hitler llegó a tener una bomba atómica, y que incluso llegó a hacer un test con la bomba poco antes del final de la Segunda Guera Mundial, aunque sus tesis fueron fuertemente criticadas por buena parte de la comunidad científica internacional.

Según los científicos, el gráfico -que no está fechado ni firmado- fue descubierto recientemente en unos archivos de Rusia, junto a unos papeles del kaisser sobre el Instituto de Física de Berlin. Entre todo el material que recogieron, y que utilizan como prueba de su tesis, hay un informe escrito por Von Weizsäcker tras una visita a Copenhague en 1941; un boceto de patente dibujado por Weizsäcker en ese mismo año; una patente aprobada en noviembre del 41, y el texto de un popular discurso de Heisenberg de junio de 1942.

Según los autores, tras la publicación del libro sobre la 'bomba de Hitler', un particular les hizo llegar el esquema de la bomba nuclear, "hecho inmediatamente después del final de la guerra".

¿Por qué los Nazis no la utilizaron? Esta respuesta se vuelve más misteriosa ante estas declaraciones de Hitler:

En su ultima alocución radiada del día 23 de Febrero de 1945, el propio Adolf Hitler promete la victoria final, mientras declara, en boca de un dramático Joseph Goebbels, que pide a Dios que le perdone por hacer uso de un arma demoledora y definitiva. Esa misma mañana ha tenido conocimiento de la misión exitosa del Heinkel He 177 que había despegado doce horas antes desde un aeropuerto en Checoslovaquia. Optimista por la prueba atómica, se atreve incluso a visitar personalmente a sus tropas, que se baten en el frente del Oder. El ambicioso plan pretende mostrar a los aliados el poder de la nueva arma, así como el radio de bombardeo aun posible de la aviación nazi, con objeto de forzar una tregua en ambos frentes del conflicto.

Hitler pensaba que la a practica equidistancia de Tunguska a Turingia y de Nueva York a Kristiansand (el punto de Europa bajo control alemán más cercano a la costa este americana) forzaría a los americanos a pensar en la posibilidad de una ataque alemán contra alguna superpoblada ciudad de la costa este estadounidense. Simultáneamente se comunica al neutral gobierno español del peligro colateral y no intencionado que pueden sufrir algunas ciudades fronterizas españolas con Francia, a consecuencia del uso de las nuevas armas. En aquellas fechas los puertos franceses de Burdeos, Niza, Tolon y Marsella, próximos todos ellos a España, estaban siendo usados masivamente por la flota angloamericana, y por tanto se convertían en objetivos prioritarios de un posible bombardeo atómico alemán. Pero Stalin calla, y no comunica el ataque nuclear sufrido en Tunguska a sus aliados angloamericanos. Sus tropas se encuentran ya muy cerca de Berlín, y sabe que incluso un ataque generalizado alemán contra Rusia tendrá poco efecto sobre la maquinaria bélica soviética: sus principales ciudades están ya destruidas, ha perdido veinte millones de rusos a manos alemanas y su industria esta dispersa por las inmensidades de Siberia. No hay posibilidad de un ataque concentrado contra los rusos para ese tipo de armas, a no ser que la Alemania nazi disponga de cientos de bombas como la de Tunguska. A los pocos días Stalin comprueba que no hay ataque atómico masivo alemán, y ordena al ejército rojo el asalto definitivo a la capital del Reich.