Bandidos Rurales
Leon Gieco



link: http://www.youtube.com/watch?v=6W3W2bMLQrQ

Nacido en Santa Fe en 1894,
cerca de Cañada, de inmigrantes italianos
Juan Bautista lo llamaron, de apellido Bairoletto
Bailarín sagaz, desafiante y mujeriego
Winchester en el recado, dos armas cortas también,
un cuchillo atrás y un caballo alazán
Raya al medio con pañuelo, tatuaje en la piel,
quedó fuera de la ley, quedó fuera de la ley

Se enamoró de una mujer que pretendía un policía
lo golpeó, lo puso preso un tal Farach Elías
Andate de Castex le dijo, aquí tenemos leyes
Corría el año 1919
Antes de irse, fue al boliche a verlo al fulano
Con un 450 belga, revólver en mano
Le agujereó el cuello y lo dejo tirado ahí
Ahora sí fuera de la ley, ahora sí fuera de la ley

Bandidos rurales, difícil de atraparles
Jinetes rebeldes por vientos salvajes
Bandidos populares, difícil de atraparles
Igual que alambrar estrellas en tierra de nadie


Por el mismo tiempo hubo otro bandolero
Por hurtos y vagancia, 19 veces preso
Al penal de Resistencia lo extradita el Paraguay
Allí conoce a Zamacola y Rossi por el 26
1897 en Monteros, Tucumán,
el día 3 de marzo lo dan por bien nacido
Segundo David Peralta, alias Mate Cocido,
también fuera de la ley, también fuera de la ley

Entre Campo Largo y Pampa del Infierno
el pagador de Bunge y Born le da 6000 por no ser muerto
Gran asalto al tren del Chaco, monte de Saenz Peña,
Anderson y Clayton firma algodonera
45.000 a Dreyfus le sacaron sin violencia
El gerente Ward de Quebrachales 13.000 le entrega
Secuestro a Negroni, Garbarini y Berzon
Resistió fuera de la ley, resistió fuera de la ley

Bandidos rurales, difícil de atraparles
Jinetes rebeldes por vientos salvajes
Bandidos populares, difícil de atraparles
Igual que alambrar estrellas en tierra de nadie


Bairoletto cae en Colonia San Pedro de Atuel,
el ultimo balazo se lo pega él
El Ñato Vicente Gascón, gallego de 62,
con su vida en Pico pagó aquella traición
Sol, arena y soledad, cementerio de Alvear,
en su tumba hay flores, velas y placas de metal
El ultimo romántico lo llora Telma, su mujer,
muere fuera de la ley, muere fuera de la ley

No sabrán de mí, no entregaré mi cuerpo herido,
Quitilipi, Machagay, ¿donde está Mate Cocido?
Corría el 36 y lo quieren vivo o muerto
2.000 de recompensa, se callan los hacheros
Logró romper el cerco de un tal Cáceres torturador
de Gendarmería que tenía información
Herminia y Ramona dudan que lo hayan matado
a éste fuera de la ley, a éste fuera de la ley

Bandidos rurales, difícil de atraparles
Jinetes rebeldes por vientos salvajes
Bandidos populares, difícil de atraparles
Igual que alambrar estrellas en tierra de nadie


En un lugar neutral, creo que por Buenos Aires,
se conocen dos hermanos de este barro, de esta sangre,
y dejan un pedazo del pasado aquí sellado
y deciden golpear al que se roba el quebrachal
Por eso las dos bandas cerquita de Cote Lai
mataron a un tal Mieres, mayordomo de La Forestal
Se rompió el silencio en balas, robo que no pudo ser
Dos fuera de la ley, dos fuera de la ley

Martina Chapanai, bandolera de San Juan,
Juan Cuello, Juan Moreira, Gato Moro y Brunel,
El Tigre de Quequén, Guayama el Manco Frías,
Barrientos y Velázquez, Cardoso y Cubillas,
Gaucho Gil, José Dolores, Gaucho Lega y Alarcón,
bandidos populares de leyenda y corazón
Queridos por anarcos, pobres y pupilas de burdel
Todos fuera de la ley, todos fuera de la ley

Bandidos rurales, difícil de atraparles
Jinetes rebeldes por vientos salvajes
Bandidos populares, difícil de atraparles
Igual que alambrar estrellas en tierra de nadie



Bandidos rurales-Tema e historia

JUAN BAUTISTA VAIROLETO - (1894 - 1941)

Juan Bautista Vairoleto forma parte de la historia y mitos polulares.

Nacido en Santa Fe, vivió en La Pampa. Se hizo matrero perseguido por la policía. Se estableció en Alvear, Mendoza. Casado con Telma Cevallos tuvo dos hijas.

El 14 de Septiembre de 1941, rodeado por la policía, luego de nutrido tiroteo y antes de entregarse, se quita la vida para no caer preso.

..."Juan se suicidó. No lo mataron, el se suicidó. Yo me levanté de la cama tras de él, protegiendo a las chicas. Veo que se pega el tiro y empieza a caer para atrás, se apoya en la pared y cae al piso. Luego, entró la policía y le tiraron ya muerto en el piso..." (relato de Telma Ceballos).

Forma parte de la mitologia de los humildes, que lo consideran "protector".

historia argentinaLeon Giecobandidos

Biografía breve



Hijo de una pareja de inmigrantes italianos, Juan Bautista Vairoleto fue el segundo de seis hijos. Nació en Santa Fe el 11 de noviembre de 1894. Su familia se radicó en la provincia de La Pampa, en una zona triguera que abarcaba Castex y Monte Nievas.

Cuando era chico, su familia se radicó en Colonia Castex, un pueblo de La Pampa.Parte de su juventud la pasó en los burdeles, donde conoció a los primeros anarquistas. Allí se enamoró de una mujer, que también era pretendida por un gendarme llamado Elías Farache.

Farache y Vairoletto tuvieron una pelea feroz: Farache terminó con un balazo en el cuello.

Fue acusado de homicidio y encarcelado hasta 1921. Se movía por ambientes peligrosos como casas de juego y prostíbulos. Fue asaltante de caminos, sosteniendo tiroteos con la policía de Castex y otras localidades de La Pampa y provincias vecinas. Era considerado el vengador de los sufrimientos de sus amigos y su figura de justiciero fuera de la ley hace que se vuelva popular, convirtiéndose en un mito.

La gente lo ayudaba a huir, y cuando se refugiaba en un lugar le hacían llegar mensajes para prevenirlo, le proporcionaban alimentos, abrigo y cuidados. Como corresponde a la leyenda robaba a los ricos y ayudaba a los pobres, repartiendo lo obtenido entre sus amigos, protectores y gente necesitada.

En la década de 1930, se lo hacía responsable de cualquier asalto o muerte ocurrida, pero parecía un fantasma que la policía perseguía sin resultados. A principios de los años cuarenta se organiza una persecución dispuesta a terminar con él. Lo sorprendieron y le dieron muerte en la madrugada del 14 de septiembre de 1941, en General Alvear, Mendoza.

Lo velaron en el Comité Demócrata de dicha localidad. A su funeral asistieron miles de personas llegadas desde La Pampa. Sus restos descansan en el cementerio de la localidad dónde murió, en un pequeño mausoleo levantado con las contribuciones de sus fieles. Concurren hombres y mujeres que ofrendan flores, crucifijos, placas y objetos diversos para pedirle que proteja sus familias, trabajo, salud, amor, etc.

Algunos devotos recorren de rodillas la distancia entre la entrada del cementerio y su tumba. Aún hoy, algunos pampeanos se ufanan de que sus abuelos hubieran "protegido" a Vairoleto y recuerdan anécdotas vinculadas a este gaucho.

Vairoleto fue el último "gaucho alzado" que marca el fin de una época. Muere en los albores de una nueva Argentina con industrias, con sindicatos y vida predominantemente urbana en la que durante largo tiempo no volvió a repetirse el fenómeno.

Los relatos del "Viejo Acosta"
(Recopilados por LG)

“El viejo Acosta” fue un antiguo poblador del oeste pampeano, de “la zona de Acha”.

Paisano pícaro, allá por 1970 contaba cerca de ochenta años. Lo recuerdo como una especie de reencarnación del “Viejo Vizcacha”:

Viejo lleno de camándulas
con un empaque a lo toro,
andaba siempre en moro
metido no sé en que enredos,
con las patas como loro
de estribar entre los dedos.

Por las noches, en el campo, entre mate y mate brotaban de la boca de ese paisano, cuentos y anécdotas de su pasado en los montes, “por la zona de Acha”.

Decía haber sido “amigo” de Vairoleto, quien lo habría visitado en “las casas” en varias oportunidades, y a quien muchas veces habría protegido bajo su techo humilde.

En varias oportunidades, me hizo referencia a varios episodios que forman parte de la historia o la leyenda de Vairoleto. Según Don Acosta, en su vida de gaucho alzado, Vairoleto tenía varios compinches y contaba con varios caballos, entre ellos algunos de su preferencia, acostumbrados a correr boleados, a venir “al silbido” de Vairoleto, y en cuyo recado nunca faltaba un “Wincher”... “por lo que puta pudiera”.

Según me refirió Acosta, en una oportunidad Vairoleto dejó en casa de su madre uno de sus caballos preferidos. Un sargento de la “polecía” que lo perseguía, llegó hasta la casa de la madre de Juan Bautista, a quien quiso “sacarle” el paradero de Vairoleto. Ante la negativa, fue maltratada por el “polecía”, quien además en venganza por la “inquina” que le tenia al gaucho alzado, con un “fierro” caliente le quemó los ojos al pobre animal. No faltó oportunidad para que Vairoleto se tomar la revancha, castigando el salvaje hecho.

Una noche estaba el “sargento de polecía” con varios “ganchos” en un boliche de las afueras de Acha haciendo un alto en la persecución, tomando unas copas y tratando de conseguir información sobre el paradero de Vairoleto, cuando que en la puerta del boliche se presenta “bien montado, el mesmo Vairoleto”, que al ver la “polecía” se retira a “galope tendido”. El sargento manda “a la milicada” en su persecución, quedándose el propio sargento en el boliche, festejando la inminente captura.

Pero Vairoleto no dispara; ata las riendas a las clinas del caballo, “se apea” en el monte, y manda a la partida tras un caballo sin jinete. Al rato nomás, ante la sorpresa del “polecía” que festejaba por anticipado, se le presenta Vairoleto en el boliche...para tomar su revancha.


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MATE COCIDO (Segundo David Peralta)

Bandidos rurales-Tema e historia

Segundo David Peralta tenía una pequeña cicatriz en la cabeza que le dio su alias. Había nacido en Tucumán pero la parte más intensa de su vida ocurrió en el Chaco.

Trabajó en una imprenta, era culto y planificaba sus golpes al detalle. Se dedicó a robar a firmas como Bunge & Born, Dreyfus y La Forestal, empresas que aportaban grandes sumas de dinero a la Gendarmería para dar fin a sus correrías.

Mate Cosido, el bandido de los pobres, escribió algunas notas en la revista Ahora en las cuales justificaba sus robos, explicando que los verdaderos ladrones eran los que explotaban al trabajador y al suelo argentino. Su fama de ladrón con conciencia iba creciendo en Buenos Aires.

Igual que Vairoletto, sus problemas con la policía se acentuaron por culpa de una mujer: Mate Cosido tuvo una novia que también coquetaba con un agente y eso profundizó la inquina policial. Igual que a Vairoletto, un compinche lo vendió. Fue cuando ocurrió el famoso episodio de la estación Berthet, en 1939. Era el fin de su carrera: salió muy herido de la emboscada, pero logró escapar y se dejó envolver por el misterio. Su cadáver nunca apareció.

Según el historiador Hugo Chumbita, Vairoletto y Mate Cosido se conocieron en la Capital: fue en un prostíbulo de Barracas o en un templo masónico de San Telmo. Dos escenarios apropiados para el marco de una época que, no casualmente, tuvo en Arlt a uno de sus más agudos cronistas. !


historia argentina

ISIDRO y CLAUDIO VELÁZQUEZ - LOS VENGADORES

El 1° de diciembre de 1967 fueron abatidos en un amplio operativo desplegado por la Policía Federal, dos peligrosos delincuentes: Isidro Velázquez y Vicente Gauna. Sucedió en Machagai, Chaco, en el nordeste argentino, a la vera de la ruta 16, en una zona de obrajes madereros y algodonales, junto al Impenetrable. Pudo haber sido otro compás de la eterna contradanza de policías y ladrones, pero algo lo diferenciaba: a Velázquez se le atribuían cualidades sobrehumanas que infinidad de testigos jurarían haber constatado. En sus correrías solía tener el apoyo de la población más humilde, y sus víctimas eran personajes odiados por su condición social y económica.

Velázquez recompensaba monetariamente esa solidaridad, y eso fue interpretado por algunos como una suerte de redistribución violenta de la riqueza, la de un Robin Hood del siglo XX.

Su captura se había convertido en una obsesión para Guillermo Borda, entonces ministro de Interior, y para la Sociedad Rural del Chaco, que puso precio a su cabeza: dos millones de pesos para acabar con los secuestros de ganaderos y consignatarios, los robos a mano armada y los asaltos a bancos y acopiadores de cereales. Sin embargo, no se sabe de que haya existido alguna delación, o dato confidencial, tendientes a cobrar la recompensa.



Velázquez parecía conocer todos los secretos, aparecía tan sorpresivamente como se esfumaba y había adquirido cierto dominio sobre las mentes de los milicos de la policía provincial.

El objetivo del gobierno es político: terminar con el apoyo y la protección que recibía de la gente del lugar, cuando la doctrina de la seguridad nacional señalaba el peligro de que hubiera grupos armados disimulados entre la población.

Comenta el diario La Razón del 3 de diciembre de 1967: “el halo de leyenda que rodeaba a estos salteadores de la selva, como a los bandoleros de todos los países y de todas las épocas, los hacía acreedores del afecto y la simpatía de las poblaciones campesinas, que en no pocas oportunidades recibieron los beneficios de sus manos, sobre todo entre la gente más pobre. La gente de campo los ampara en su vida errante, de eternos prófugos de la justicia, los ayuda en la procura de abastecimientos y en oportunidades los oculta o les facilita los medios para ocultarse”.

Ángel Persoglia, uno de los productores rurales raptado a principios de ese año, declaró que le había sorprendido “la corrección del bandolero”, agregando: “se despidió de mí diciendo que ya era tarde para cambiar de vida”.

“Vivo o Muerto”, señalaban los carteles pegados en todo el territorio chaqueño por el gobierno, y que solían amanecer arrancados o enchastrados con leyendas tales como: “Isidro Velázquez no se entregará”.

Leon Gieco


Quién fue

Las primeras noticias sobre Velázquez son de enero de 1952, por el hurto de unas rejas de arado. Los hermanos Isidro y Claudio Velázquez se defendieron argumentando que el dueño, un tal Cuéllar, les debía dinero y ellos habían pretendido cobrarse de esa manera. Fue inútil: se los detuvo y envió a Resistencia.

En mayo, Isidro quedó en libertad pero a Claudio le comprobaron otras raterías y lo condenaron a cuatro años de reclusión.

Luego Isidro se radicó en Colonia Elisa, donde obtuvo un lote de terreno para cultivar algodón y, casoriado, tuvo cuatro hijas. Con ellas, y miembro de la cooperadora escolar del único establecimiento primario del pueblo, no parecía candidato a un destino relevante.

Un año mayor que Claudio, los hermanos eran dos paisanos delgados, de estatura mediana, nacidos en Corrientes del matrimonio de Feliciano Velázquez y Tomasa Ortiz, que habían emigrado al Chaco en busca de trabajo. Radicados en La Verde, se dedicaron a changuear en obrajes y algodonales. Los chicos se hicieron baqueanos del monte donde solían marisquear, esto es, vivir de la caza de animales silvestres: corzuelas, liebres, gallinetas, nutrias, carpinchos, etc., costumbre ancestral de la zona que aún se conserva.

Cuando volvió Claudio después de purgar la condena, los vecinos recuerdan que la policía comenzó a acosarlos, acusándolos de todos los delitos que se cometían en la zona.

A Claudio le gustaba el juego y, no obstante tener mujer e hijos, su presencia era habitual de las bailantas y prostíbulos de la zona, donde se lucía compadreando con un poncho colorado.

En 1958, Isidro fue procesado por marisquear en el campo de un vecino. Al ser detenido la policía maltrata a su madre.

Es acusado de un hurto menor en el 61, y en el interrogatorio en la comisaría de Colonia Elisa sufre una violenta paliza. En un descuido, logra fugarse, y junto a su hermano, se interna en el monte.

Los testigos de la huída sostienen que Isidro repite que está decidido a no dejarse prender nuevamente.

En 1962 se los identificó robando un almacén en Lapachito: el propietario se resistió y mataron al hijo del dueño y a un vecino.

Cometieron otras fechorías por la zona y aunque se enfrentaron a tiros con la policía, no pudieron ser detenidos.


Claudio era desafiante.

Claudio Velázquez.


En mayo de 1963 llega a un almacén en Costa Gaycurú acompañado por un muchacho. Después de asaltar al dueño del boliche, ambos se quedan a beber, y ya picados por la ginebra, dan gritos desafiando a la policía. Dos agentes logran sorprenderlo -Claudio estaba escuchando radio en el local, completamente borracho- y los bajan a tiros.

Al principio se creyó que los muertos eran los dos Velázquez, una noticia impactante para los vecinos, pero luego la investigación policial constató que el acompañante de Claudio era un tal Vega, otro proscrito de Colonia Elisa.

Isidro se esfumó después de la caída de Claudio, y algunos sostienen que está escondido en Formosa. Reaparecería luego en la banda del Chiflón Gauna. No se sabe que tras huir al monte se haya preocupado por el bienestar de su familia.

bandidos

Vicente Gauna

La ruta 16 es una recta paralela a las vías del hoy abandonado F.C. Belgrano, el de trocha angosta, que atraviesa en dirección sudeste-nordeste el Chaco desde Resistencia hasta las zonas boscosas de Salta y el río Juramento, rasando el extremo norte de Santiago del Estero.

El camino fue abierto por las avanzadas militares dirigidas por el subcomandante Fontana, que a principios del siglo XX pacificaron a los pueblos indígenas, estableciendo allí la frontera agropecuaria. Detrás de Fontana llegó el sistema de producción capitalista: obrajes madereros, caña de azúcar y refinerías, algodonales. En 1964 se producen a lo largo de la ruta varios hechos delictivos caracterizados por una violencia excesiva.

Según la investigación de la policía provincial, sus protagonistas son cuatro o cinco sujetos dirigidos por Juan Vicente Gauna, alias “Chiflón”, un correntino nacido en Empedrado en enero del 42. Es notable la ferocidad con que actúan, rematando a balazos a sus víctimas aun después de haber obtenido el botín que pretendían.

Un viajante de comercio que hace el circuito Resistencia - Charata recibe dos balazos en la cabeza a cambio de unos pesos.

Años más tarde, cuando los hechos se suelden y confundan con la leyenda, se intentará oponer a ambos protagonistas: Gauna es cruel e inflexible, y no elige sus víctimas, que pueden ser tanto pobres hacheros como hacendados.

Velázquez, en cambio, es un hombre común arrastrado fuera de la ley por alguna injusticia pasada, y lucha en desventaja contra su destino. Al contrario de Gauna, sólo roba a gente adinerada y paga generosamente el poder moverse con libertad entre el pobrerío.

Algunos han exagerado esta cualidad de robar a los ricos para repartir entre los pobres.

Lo cierto es que Isidro no realizaba ningún proselitismo o reivindicación: sólo pagaba protección, y lo hacía con generosidad.

Gauna y Velázquez

Viejos militantes de la Resistencia Peronista relatan que Gauna tuvo tratos con Carlos Caride, un miembro de la FAP y luego de Montoneros, que caería en un enfrentamiento armado durante la década del 70.

Protagonista de hechos resonantes que le conferían, a los ojos de la juventud de entonces, un perfil de héroe, Caride era conocido por ser un partidario de la lucha armada, un “fierrero” que se entrevistó con Gauna por algún contrabando de armas desde el Paraguay, para planificar en conjunto algún secuestro resonante, o lo que es menos probable, intentado comprometerlo en la fantasía de abrir un foco guerrillero en el Chaco.

A fines de 1964, son secuestrados en Zapallar Carlos y Gabino Zimermann, productores forestales de General San Martín.

Ya para entonces, Isidro era conocido como “El Vengador” por los vecinos, quienes celebraron su vuelta: la carta donde se exige rescate por los Zimermann lleva su firma, Isidro Velázquez.

En la fantasía popular, algunos dicen que no es Isidro sino Claudio, o su alma en pena; otros, que está vengando al pueblo por sus desventuras.

Con el secuestro de los Zimermann se inicia el accionar conjunto de Gauna y Velázquez. Pero hay dos cambios: el primero se convierte en líder del grupo, y ya no se ataca a los pobres.

Otros hechos que se les atribuyen: en 1966, asalto en La Verde. Asalto en Laguna Blanca, donde muere el dueño del comercio mayorista, un tal Panzardi.

Un comisario provincial comentará años después: “Velázquez, con segundo grado aprobado, tenía la rapidez de un guazuncho y la inteligencia de un zorro”.

Gobierna el Chaco en ese entonces el escribano Deolindo Felipe Bitel, y al país el médico Arturo Illia, cordobés nacido en Pergamino, que había llegado a la Casa Rosada con el 25% de los votos y la proscripción del peronismo.

Mas tarde senador y candidato a vicepresidente, Bitel pertenecía a esa corriente conservadora, muy arraigada en las provincias argentinas de economía agraria, denominada “neoperonismo”, y que combina patrones de estancia, dueños de vidas y hacienda, y folklore justicialista.

El Chaco es una provincia extremadamente pobre, cuya producción se limita hoy -y en ese entonces- casi exclusivamente al cultivo del algodón, soja, y la explotación forestal, esta última en franca retirada. Según cifras oficiales del Indec, el 51,7% de la población del nordeste argentino (2 millones de personas) vive actualmente con menos de 120 pesos mensuales. Para la CTA, la pobreza es mayor.



Velázquez menospreciaba a sus perseguidores.

Solía enviar mensajes humorísticos a la policía y en unos cuadernos les hacía dibujos, como los de las historietas. En uno de ellos se burlaba del jefe policial que pedía refuerzos a un teniente coronel para prenderlos; y en otro escribía con una trabajosa letra de imprenta acerca del ofrecimiento de ayuda de algunos policías de Corrientes: “Acéptenles, para que engorden los mosquitos chaqueños. Nosotros no peligramos ni aunque se vengan todos los correntinos”.

Llevaba encima varios de esos cuadernos ilustrados cuando la policía lo abatió, años después.

También asaltan la casa del intendente de Laguna Limpia y luego de robarle, lo matan.

Una patrulla de la policía provincial -que ya tiene 800 efectivos afectados a la búsqueda- sale a perseguirlos por el monte. Los rodean en la zona de General Obligado, cerca de Cote Lai. El agente Juan Ramón Mierez le apunta a Isidro con su arma pero antes que pueda gatillar, recibe un tiro en el pecho y cae muerto.

Ahora firman sus pedidos de rescate como “Velázquez y Gauna, los vengadores”. Revista Gente n° 111, del 7 de septiembre de 1967, entrevista a un policía provincial:

- ¿Cree que lo van a apresar a Velázquez?

- No. Es imposible. Él tiene el payé, y estoy seguro que por más que le tiremos, las balas no le van a entrar. Ustedes saben que el agente Mierez vació su pistola y no hubo caso. Después Velázquez, con un solo disparo, le atravesó el corazón.

- ¿Si se encuentra frente a frente con los bandoleros, que hace?

- Por más que quisiera hacer algo, no podría, pues él nos paraliza con sólo mirarnos.

Por la coincidencia de que también se llamara Mierez un capataz de La Forestal que abatieron las bandas de Mate Cosido y Juan Bairoletto en la década del 30, crece una corriente de simpatía religiosa entre el pueblo, el payé, la protección divina, y los uniformados provinciales no escapan a esa influencia. Un anciano de Resistencia lo explicó así: “ese Gauna es el mismo que las tropas nacionales degollaron en 1906”.

Cacería

En quechua, Chaco significa “tierra de cacería”, y así se la denominaba en la época del dominio incaico. Según cuenta Gracilaso de la Vega, el Inca dirigía personalmente una gran batida anual con miles de soldados y cazadores a través de una zona fitogeográfica de más de 675.000 km² que abarca las actuales provincias argentinas de Santa Fe, Salta, Formosa, Chaco y Santiago del Estero, sur de la república del Paraguay y este de Bolivia.

El Imperio se abastecía de pieles, lanas y carnes y reafirmaba cada año su dominio sobre los pueblos seminómadas de la región: abipones, mocovíes, chulupíes, guaycurús, chorotes, tobas, pilagá, vilelas y matacos. No siempre alcanzaría esa meta, como lo comprobarán los mismos españoles más tarde: Juan de Ayolas murió a manos de una partida belicosa del pueblo carcará.

En la rigurosa estratificación social incaica, la lana de llama se distribuía entre el pueblo; las de alpaca y vicuña, más suaves, se reservaban para la familia real. De aquel gran bosque sólo quedan hoy algunos retazos cuadriculados por algodonales, establecimientos madereros, desiertos y vinales.

La mayor parte de la selva fue comida por la explotación irracional de la madera: para el carbón que alimentaba los ferrocarriles ingleses y el tanino con el que se curtían los cueros argentinos.

El principal enemigo del poblador chaqueño es el vinal, el impenetrable, el avance irresistible de la selva. El gobierno argentino continuó la tradición de la cacería: primero contra los pueblos aborígenes, a quienes diezmó por exterminio y enfermedad. Después fue la súper explotación de los obrajes.

Ahora persiguen a Isidro Velázquez.

Diario La Nación del 4 de setiembre de 1968:

“En inspecciones efectuadas por funcionarios del gobierno a centros de trabajo instalados en la región del Chaco santiagueño, especialmente en establecimientos dedicados a la explotación de productos forestales, se han comprobado, según la información oficial suministrada al respecto, graves transgresiones a normas legales que amparan la actividad del trabajador rural, particularmente en los tradicionales negocios surgidos durante el otrora auge de la industria taninera, vulgarmente conocidos con el nombre de proveedurías... Pese a la evolución alcanzada en este aspecto se advierten aún prácticas que se creían desterradas para siempre, que lesionan el patrimonio moral, espiritual y material del ser humano, puesto que algunas firmas siguen burlando impunemente disposiciones de la ley, pagando con vales el trabajo de sus obreros. Estos documentos que se entregan como pago al hachero, sólo pueden ser negociados en la misma firma que los emite, lo que significa que por las manos del trabajador jamás pasa dinero en efectivo alguno”.

El Vengador

Gobierna el país un general llamado Juan Carlos Onganía, que acabó con la democracia proscriptiva en junio de 1966 e impuso algo peor. Los políticos, incluyendo el neoperonista Bitel, se han ido a su casa o colaboran con la administración militar que promete quedarse cien años.

Onganía llega disfrazado de dictador bananero sobre una carroza descubierta, arrastrada por cuatro caballos negros, a la inauguración de la exposición rural de 1966: se cree un ser providencial, especie que la historia argentina criará y reproducirá.

Muy lejos de Buenos Aires, un personaje hosco, arma en mano, ordena al borde de la ruta:

- ¡Vos quedate allí y avisá si viene algún camión!

El paisano obedece, lleno de miedo. Su servicio será generosamente pagado.

En una escena similar, el mismo personaje irrumpe de noche en un rancho.

- ¡Sírvanme comida - ordena - y prepárenme un lugar para dormir!

El puestero obedece. A la mañana siguiente, el desconocido se ha retirado sin saludar ni agradecer, dejando sobre la mesa un fajo de billetes, muchos más de los que el paisano haya imaginado nunca.

Ciertas o no, las anécdotas se repiten, multiplican y adornan con nuevos detalles.

Lo que conocieron a Isidro aseguran que llevaba siempre un pañuelo anudado en los cuatro vértices, y que el rectángulo de tela le señalaba con exactitud cuál era el rumbo de donde venía la partida policial.

Afirman también que, a punto de ser apresado, podía desaparecer o se convertía en animal.

Un agente de la policía provincial mencionó que estando a pocos metros de Velázquez, éste se desvaneció tras un matorral. Al transponerlo, el policía se encuentra con una vaca que, vuelta, lo miraba fijamente.

La policía rodea el lugar donde será entregado el bolso que contiene el rescate de los hacendados Giussano, pero al acercarse el bolso se ha esfumado.

Cuando se producen simultáneamente distintos asaltos a mano armada en localidades alejadas entre sí, todos les son atribuidos a la banda.

Dicen que lo paralizó al agente Ángel Pelozo, de la comisaría de La Verde, en el paraje Rancho Juana, cercano al pueblo de La Eduvigis. Fue poco después de las 10 de la mañana, en octubre de 1966: Pelozo había sido uno de sus más firmes perseguidores, y pagó con su vida.

En marzo de 1967 la mala suerte de la policía provincial se confirmó una vez más: el cabo Pedro Vence, de Quitilipi, volvía hacia Presidencia de la Plaza, luego de participar en un patrullaje en búsqueda de la banda.

Vence viajaba de favor en un camión que chocó violentamente contra otro vehículo detenido en la ruta, sin luces. El suboficial murió instantáneamente y el pueblo señaló en silencio: “Ha sido El Vengador”.

Con la policía provincial paralizada, en el ministerio del Interior con sede en Buenos Aires se consideró que había llegado el momento de intervenir.

Se ordena al capitán Aurelio Acuña, del ejército, que viaje a Resistencia al frente de medio centenar de federales. Al llegar, Acuña pone en marcha el Operativo “Silencio”, rebautizado por el pueblo chaqueño como operativo “Fracaso”.

Dijo un camionero que alguna vez lo llevó por algunos kilómetros: “Velázquez era bueno y se confió, no debió confiar en gente de la ciudad”.

La ametrallada

Según relata Hugo Chumbita, “Isidro se había relacionado con un cartero de Machagai, Ruperto Aguilar, y a través de él con otro empleado de correo, Alberto Cejas. Éste y su esposa Laura Marianovich, preceptora del colegio secundario, lo llevaron en su automóvil Fiat 1500 algunas veces y él les pagaba por sus servicios.

La policía había marcado la numeración del dinero del rescate de los últimos secuestros, lo cual permitió descubrir a Aguilar y obligarlo a colaborar. En ausencia de Cejas, indujeron también a su esposa a tender una trampa a los bandidos. Éstos se escondían en el campo, por Quitilipi, cerca de una reserva toba de la que recibían ayuda. Todo se preparó para el 1 de diciembre de 1967. Al caer la noche, decenas de hombres armados esperaban bajo un pequeño puente de la ruta provincial 9 el paso del automóvil”.

Algunos sostienen que la Marianovich tuvo con Isidro una relación sentimental. Ella lo negará siempre: explica que le tiene compasión, que lo entiende y que a veces lo ha refugiado.

La banda, entretanto, está planeando el golpe maestro: asaltar la sucursal del Banco Nación en Resistencia.

Con la complicidad de los medios de comunicación, el equipo policial que ha llegado de Buenos Aires informa sobre distintos atracos simultáneos en distintos pueblos, atribuidos todos a la banda de Velázquez y Gauna, buscando que el perseguido baje la guardia, que lo pierda su omnipotencia, de modo de usar la mitología popular en su contra.

Detenida por la Policía Federal, la maestra se resiste a hablar. Se le promete no ser juzgada como cómplice y sobre todo, le aseguran que se brindará al bandolero un juicio justo.

Pasan minutos, horas.

Ella termina cediendo (al fin y al cabo le han prometido que la vida de Velázquez será respetada), y confiesa qué camino tomarán desde la población toba hacia Resistencia, rumbo al edificio del Banco de la Nación Argentina.

Se puede conjeturar que, al escuchar los falsos informes trasmitidos por radio, Velázquez y Gauna deben haber creído que tenían allanada su ruta hacia el objetivo.

Se arma la emboscada “en el paraje Pampa Bandera, distrito Machagai...”, como será escrito en el informe policial.

Cuatro de las cinco personas que viajan en el auto, incluyendo el propio Gauna, caen acribillados casi de inmediato.

Ambos bandos utilizan armas largas. Una treintena de policías gatillaron más de quinientas veces sus revólveres, fusiles y metralletas.

A pesar de todo, Velázquez logra abrir una de las puertas del vehículo y se interna unos metros en la picada del monte.

Quizás es presa de su propio mito: al volverse para gritar su sapukay, el grito de guerra de los guaraníes, una bala se le incrusta en la cabeza luego de cargarse al agente Medina.

Algunos sostienen que en su huída se ha topado con otro agente que, presa de miedo, se había bajado los pantalones para evacuar, y que Isidro literalmente choca con él.

¿A usted le parece, que un valiente caiga a manos de un cagón?- sostuvo un vecino.

Según cuenta Chumbita, “Aguilar conducía y detuvo el motor mediante un dispositivo instalado al efecto en el vehículo para cortar la electricidad, simulando un percance. La mujer bajó a ponerse a salvo, e Isidro se dio cuenta.

- ¡Caímos!- habría dicho.

Gauna fue acribillado en el asiento trasero.

Diario La Razón del 3 de diciembre de 1967:

“los efectivos policiales prepararon desde hace tiempo las diversas tramperas entre los sectores más populares de la población, precisamente donde los bandoleros gozaban de más simpatía y prestigio”.Revista Así, edición del 14 de diciembre de 1967: “Desde la época de Mate Cosido no se registraba un hecho policial de tanta repercusión popular en el Chaco. Por eso se explica que millares de personas desfilaran en Machagai, donde permanecieron ante los restos de ambos delincuentes, que terminaron siendo sepultados. Velázquez y Gauna cayeron en su ley, pero jugándose con arrojo cuando ya habían comprendido que el final estaba cercano”. “La gente es ingrata, insidiosa y difícil de entender. Ahora que cazamos a Velázquez están en contra de la policía”. Declaraciones a la Revista Así, enero 1968, del comisario Pujol, jefe del operativo, en enero de 1968).

El diario porteño La Razón titula en primera plana el día siguiente del suceso: “LA MUERTE DE VELÁZQUEZ PROVOCÓ EN EL CHACO UN FORMIDABLE IMPACTO EMOCIONAL”.

El árbol a cuyo pie cayó Isidro Velázquez se convirtió en centro de peregrinación de la gente humilde. El gobernador militar ordenó talarlo, reducirlo a astillas y quemar los restos.

A pesar de ello, el pueblo humilde no dejó de concurrir, llevando como amuleto un poco de ceniza. Ese polvillo negro se guarda con fervor religioso: alguna vez fue el árbol bajo cuya copa murió el héroe.

A pesar de la vigilancia en el lugar, aparecen flores y otros tributos en un pequeño nicho cercano al lugar donde corrió la sangre de los bandoleros.

También depositaban flores naturales o de plástico, y todo tipo de ofrendas sobre la tumba en el cementerio de Machagai.

El gobierno militar decidió sepultar el cuerpo en otro cementerio, quizás fuera de la provincia. Nunca se supo dónde.

Isidro Velázquez es un desaparecido.

“Ya no está Isidro Velázquez / la brigada lo ha alcanzado / y junto a Vicente Gauna / hay dos sueños sepultados” (“El último sapukay”, de Oscar Valles, chamamé cuya difusión fue prohibida durante la dictadura argentina de 1966-1973).

Ese mismo año se instituyó el 1° de diciembre como “Día de la policía provincial”. Todavía se celebra.

Post scriptum

Las andanzas de Isidro Velázquez fueron cantadas en “El último sapukai”, de Oscar Valles; “El puente de la traición”, de Cardozo y Domínguez Agüero, “La ratonera”, de Raúl Barboza; y “Bandidos rurales”, de Gieco y Chumbita.

Los hechos fueron relatados por Roberto Carri en “Isidro Velázquez - Formas prerrevolucionarias de la violencia”, Buenos Aires, Sudestada, 1968, con una segunda edición publicada recientemente por Colihue; y en Luis Bruschtein, “El fugitivo de Pampa Bandera. Historia de Isidro Velázquez” en Crisis n° 62, Buenos Aires, julio de 1988.

El bandolerismo social fue encarado por la literatura argentina en el tradicional Martín Fierro, y por Eduardo Gutiérrez en las biografías noveladas de Juan Moreira y Hormiga Negra.

También se atribuyen poderes sobrenaturales, curaciones y apariciones mágicas a otros delincuentes y perseguidos: los mendocinos Juan Francisco Cubillos y Juan Bautista Bairoletto; el sanjuanino José Dolores Córdoba: el tucumano Manco Bazán Frías; el correntino Francisco López; el catamarqueño Julián Baquisay; Antonio Mamerto Gil Núñez, el gauchito Gil; Aparicio Altamirano, Olegario Álvarez, “el gaucho Lega”; la sanjuanina Martina Chapanai; Juan Cuello; el Gato Moro; Brunel, el Tigre de Quequén; Santos Guayama; el tucumano Segundo David Peralta, alias Mate Cosido; el paraguayo Pelayo Alarcón, que actuó en Salta.

Leguizamón y Castilla le pusieron letra y música a una de esas vidas:

La noche que ande Argamonte / tiene que ser noche negra / por si lo vienen siguiendo / y le brillan las espuelas. / Argamonte por el monte / pasa despacio a caballo / los lazos de su memoria / al aire van cuatreriando. / El gaucho se anda escapando / no desensille / no vaya que andando el vino / me lo acuchillen.


bandidos rurales

EL TIGRE DE QUEQUÉN (Felipe Pascual Pacheco)

Realidad y fantasía se confunden en la vida del personaje de Gutiérrez. Hubo quien creyó que fue tan sólo una invención del folletinero porteño, luego plasmada -y popularizada- en un libro cuya portada muestra el grabado de un gaucho huyendo de la partida.

Pero lo cierto es que existió. Así lo demuestran los ex- pendientes judiciales consultados de diversos partidos bonaerenses y, últimamente, en el archivo histórico de la ciudad de La Plata. Aunque, tal vez, una gran parte de su leyenda corresponda exclusivamente a la frondosa imaginación de Gutiérrez.

El comienzo de la vida errante y desordenada de Felipe Pacheco tiene características en común a la de tantos gauchos de la época: un pleito lo llevó a defender su hombría a punta de facón. Este fue el detonante de una serie de desencuentros con la justicia, donde, obviamente, la brutalidad de las autoridades cumplieron importante rol.

En el año 1866 se le inicia a Pacheco una causa criminal por una muerte hecha en el partido de la Lobería. Dice el escrito "que el criminal ha desaparecido y abandonado sus bienes y familia" (tenía 6 hijos). Fue detenido tiempo más tarde en Tres Arroyos y llevando a la cárcel de Dolores donde es condenado a 10 años de prisión. Al ser conducido a Buenos Aires, logra escapar del piquete que lo conducía.

Pacheco se reúne nuevamente con su familia y se establece en la estancia de un fuerte hacendado, A. Zubiarre (cerca de la actual ciudad de Necochea). Allí cuida su rodeo y algunas tropillas de su propiedad. Es conchabado como resero y recorre con este oficio varios partidos del centro sur de la provincia de Buenos Aires. A menudo; en pulperías o campamentos de troperos, debe responder-a rebencazos, como era de rigor- a las bravuconadas de paisanos provocadores o de simples pleiteros en busca de gloria. Cada "hazaña' de Pacheco -verificada o no- ;acrecentaba su fama de matrero. Fue tildado de ladino, pendenciero y malentretenido. Perseguido durante años y por el odio que le inspiraron los hombres, estableció su real en una cueva de las barrancas del río Quequén. Por su fiereza y habilidad, para salir airoso de cuanta celada le era preparada, fue apodado "el Tigre del Quequén". En diciembre de 1875, el comisario Luis Aldaz, rudo personaje de la campaña, en un descuido del "Tigre", consigue atraparlo en su propia guarida. Así terminaba su carrera de gaucho alzado.

Fue acusado, en la oportunidad, por el propio Aldaz, como "uno de esos criminales que solamente con su presencia aterroriza... autor de 14 asesinatos alevosos y de tener familia con sus propias hijas".

En realidad, sólo se le pudo imputar un asesinato y una fuga. Al mayúsculo cargo de incesto, el juez lo desechó de plano. También expresaba el Dr. Aguirre, que "de los demás crímenes atribuidos a Pacheco, no había ningún elemento para imputárselos". Sobreseía a éste y que "debía cumplir la sentencia en la Penitenciaría de Buenos Aires por el hecho de 1866". Lugar donde ingresó Felipe Pacheco en diciembre de 1876.


Bandidos rurales-Tema e historia

FACÓN GRANDE ( José Font )

Las huelgas Patagónicas.

En los años 1921 y 1922 se producen en la Patagonia dos huelgas rurales por reclamos de sociales por las duras condiciones de trabajo de los trabajadores rurales.

En la primera de ellas son violentamente reprimidos por la policía y por la "Liga patriótica", civiles armados por los estancieros de la Sociedad Rural, y el gobierno envía al ejército, que cumpliendo una especie de “función mediadora”, logra un convenio entre las partes. Retirado el ejército la patronal no cumple en absoluto el convenio, lo que desencadena la segunda huelga al año siguiente.

El gobierno envía nuevamente al ejército, que fue recibido por loa huelguistas como el “mediador” que “venía a hacer cumplir el convenio del año anterior”, pero esta vez no llegará como “mediador”, sino que desencadena una feroz represión, con el fusilamiento de dirigentes huelguistas y de miles de pobres paisanos, sin juicio ni motivo, inocentes o culpables. Al finalizare la revuelta, el teniente coronel Varela, jefe de la operación militar, fue homenajeado en la Sociedad Rural con una cena, al final de la cual escuchó cantar a los presentes: “he is a really good feller” y “Good save the queen” .

Un gaucho noble,llamado Facón Grande
historia argentina

En la zona de de Puerto Deseado, los huelguistas había elegido como dirigente a José Font, un gaucho entrerriano, domador, que por esa época se desempañaba en la Patagonia como “carrero”, transportando mercadería por cuenta propia en aquellas inmensas distancias.

Jose Font no era “un revoltoso”. De gran ascendiente entre la gente humilde por su condición natural “hombre de palabra”, lo llamaban “Facón Grande” por su costumbre de llevar un cuchillo cruzado en su faja.

Cuando Facón Grande reconoce que no tenía enfrente a la policía si no al ejercito, acepta el “arreglo” propuesto por un mediador, y se entrega con toda su gente, sus armas y sus caballadas.

Al entregarse Facón Grande ante el teniente coronel Varela, le extiende la mano presentándose, pero Varela desprecia el saludo y en cambio lo hace apartar y lo llevan a un galpón donde lo golpean y manean con alambre. No iba a permitirse Varlela trato con un “civilacho”.

Facón grande es luego cargado atado a la caja de un camión y llevado a poca distancia es fusilado son más trámite. Para mayor escarmiento y degradación, le quitan la faja para que, al ser fusilado, se le caigan las bombachas que inútilmente trataba de sostener con sus manos atadas, para tapar su vergüenza.

Así muere como tantos otros, uno de nuestros paisanos.

La escuela Jose Font, de Coronel Gregores

En el año 1987 es creado el Colegio Secundario Provincial N° 21 en la localidad de Gobernador Gregores en el centro geográfico de la provincia de Santa Cruz (nuestro querido colegio). Al poco tiempo surge la lógica necesidad de darnos un nombre. Así es como comienzan a darse posibles denominaciones. Como una manera de tener un nombre elegido democráticamente (y para que luego sea verdaderamente representativo) es que se decide votar entre los nombres que circulaban. Quedan como opciones razonables para denominar a un Colegio; los nombres de Laura Vicuña, Bernardo Houssay y José Font.

La votación no se hace esperar y el nombre de Font es elegido con amplitud y alegría por la mayoría de los jóvenes de Gobernador Gregores. De ahí en mas siguió el trámite formal del acuerdo de las autoridades educativas provinciales ... y hasta ahora ha sido y serán un nombre y un colegio respetados.

Frecuentemente los hechos relacionados con las huelgas patagónicas son motivo de estudio entre los chicos y chicas que concurren al Colegio Secundario Provincial N° 21 "José Font".

Leon Gieco

Testimonios.

“En lo único que tal vez se haya equipado el tniente coronel Varela, fue en fusilar a Facón Grande” (Comisario Guadarrama) Ciertamente no fue esta la única equivocación de Varela.

"Facón Grande hizo pata ancha en la huelga por defender a los humildes, y por su odio a la policía que más de una vez lo habia maltratado. Yo me imagino que Martín Fierro tuvo la misma estampa qeu este auténtico gaucho de lsa inmensidades patagónicas" (León Soto, decano de los periodistas de Puerto Deseado)

JOSÉ FONT, "FACÓN GRANDE"( por Osvaldo Bayer, Página/12, 9/10/93)

José Font era un hombre de buen pasar económico: era el dueño de una tropa de carros laneros que transportaban los fardos de lana de las estancias desde la precordillera a puerto Deseado y a San Julián. Sin embargo, su único lujo era un facón que llevaba cruzado en la espalda.

Cuando algunos peones rurales se presentaron frente a Facón Grande para que los representara sindicalmente, el gaucho no dudó un minuto en hacerlo: en ese momento, Yrigoyen ya había mandado a l Teniente Coronel Varela a reprimir a los revolucionarios patagónicos, y Gran Bretaña también había amenazado con enviar buques desde las Islas Malvinas para defender las propiedades de los estancieros.

Varela había recibido la información de que la columna de Facón Grande acampaba en Tehuelches, y allí le ordena a sus soldados una descarga cerrada contra ellos, aunque el gaucho los enfrenta y hace que las tropas se retiren rápidamente hacia Jaramillo. En esa hecho mueren tres huelguistas y un soldado.

Varela, entonces, hace atraer a Facón grande hacia Jaramillo con la propuesta de negociar las condiciones de la huelga. Cuando se encuentra, el militar ordena su detención. Facón Grande siempre le reprochó a Varela su falta de hombría por la forma en que lo detuvieron.

Tiempo después, en 1921, Facón Grande es llevado junto a un grupo de compañeros a un cañadón de la estancia de Cimadevilla, y allí son fusilados. Ese lugar es recordado con el nombre "cañadón de la muerte." Por su parte, Varela envía un comunicado diciendo que Facón Grande fue muerto en combate, y sus pertenencias fueron dadas en administración al Estado, aunque a algunos administradores, "se les pierden" algunas cosas.

Años después, dos chatas de Facón quedaron abandonadas en el camino y sirvieron para la orientación de viajeros. Junto a ellas, el herrero Kuney levantó una herrería, y ese lugar será el pueblo de "Cañadón León", aunque oficialmente lleva el nombre de un militar de la Década Infame: Gobernador Gregores.



Buscando huellas en la ruta patagónica (Por Mariano Blejman)

Con 80 años recién cumplidos Osvaldo Bayer volvió a los sitios de los fusilamientos del ’21.

El escritor recorrió Comodoro Rivadavia, Jaramillo, Piedra Buena, Río Gallegos, Calafate y San Julián.

"A los caídos por la liverta", decía la única cruz que quedaba en una fosa común patagónica donde se enterró a un centenar de obreros patagónicos fusilados en 1921, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen por el teniente coronel Varela, con la anuencia de los estancieros británicos. El escritor y periodista Osvaldo Bayer encontró esa cruz hace ya tres décadas, pero sigue recordando la frase cada vez que puede como esas marcas indelebles de la historia que, al fin y al cabo, terminaría convirtiéndose en su propia cruz (mal que le pese a este hombre agnóstico). Es una frase que le gusta repetir: cruz, justamente ésta, la que se llevaron de recordatorio a Jaramillo, cuenta Bayer, otro de los pueblos del sur argentino que vivieron en carne propia las huelgas patagónicas que dieron pie a la sólida obra de Bayer sobre la Patagonia Trágica. Y ahora vuelve al lugar, con 80 años recién cumplidos, como protagonista del documental La vuelta de Osvaldo Bayer (que emitirá Canal 7 hoy a las 22 como parte del ciclo Ficciones de lo real) y propone dejar una réplica de esa cruz en uno de los lugares del hecho.

Pero lo de la cruz y su recuerdo es apenas una anécdota. Los datos fríos hablan de 1500 peones rurales fusilados por las fuerzas del gobierno de Yrigoyen y el estímulo de los estancieros ingleses (acostumbrados al fin y al cabo a tratar como esclavos a sus empleados) para aplicar la ley marcial contra los insubordinados, mayoritariamente anarquistas. Y la presencia de un hombre capaz de cambiar la historia convierte el viaje en una potente cuatro por cuatro en una postal de la coherencia y la perseverancia. La propuesta fue realizar junto a Bayer un recorrido profundo por aquellos lugares que él había comenzado a recorrer en 1968, cuando todavía vivían varios testigos de la matanza de obreros patagónicos que luchaban por mejores condiciones laborales.

En noviembre de 2006, Bayer recorrió Comodoro Rivadavia, Jaramillo, Piedra Buena, Río Gallegos, Calafate y San Julián; y visitó –junto al doctor Suárez Samper, médico y estanciero, que ayudó a Bayer con su investigación– los archivos gráficos, sonoros y de imagen, tanto públicos como privados, relatando para la cámara su versión en los escenarios donde sucedieron los hechos. Además de los antecedentes históricos, Bayer cuenta en la filmación anécdotas de la investigación y también del rodaje de la película La Patagonia rebelde, filmada en el ’73 y el ’74 por Héctor Olivera y estrenada en 1974, mientras Perón todavía ejercía su tercera presidencia. Entrevista también al ex gobernador de la provincia Jorge Cepernic, que ayudó a la filmación de la película, a pesar de recibir presiones de las Fuerzas Armadas para que no se siguiera rodando, y que luego estaría preso ocho años, la mayoría durante la última dictadura militar. Como es sabido, Bayer tuvo que exiliarse en Alemania.

La tenacidad del escritor ha dado sus frutos. Como producto de la investigación de Bayer hay un monumento a José Font y un colegio agropecuario con su nombre, en Río Gallegos hay una calle que lleva el nombre de Antonio "El Gallego" Soto (Bayer entrevista también a su hija Isabel, quien supo gracias al escritor de la existencia de otra familia de Soto), y también una calle con el nombre de Facón Grande, que luchó contra las fuerzas militares. En la tumba masiva de La Anita se hizo una escultura y en Jaramillo la vieja estación de trenes, escenario de enfrentamientos, será próximamente el Museo Facón Grande.

Además de las entrevistas históricas al nieto del soldado Gabino Pérez, Sebastián Cifuentes; la nieta del vasco Zurutuza, compañero de Soto, Liliana Zurutuza; la hija del capitán Viñas Ibarra, Elvira Viñas Ibarra; hay acaso, tantos años después, dos momentos de interesante tensión en el documental: uno sucede cuando Bayer encuentra al historiador Osvaldo Topcic y le pregunta sobre el destino de los archivos oficiales, fuente de Bayer para sus investigaciones. Topcic cuenta que fue un juez federal de Río Gallegos quien se los dio y los pone a disposición de Bayer "para cuando los necesite". Acto seguido, Bayer visita el archivo de Río Gallegos y pide que restituyan a su lugar de origen los archivos que cambiaron de "dueño" durante la dictadura. Pero Bayer no se agota en la denuncia y ya mismo propone (ésa ha sido la metodología del impaciente historiador: denunciar y proponer) que sean excavadas las tumbas masivas de la Estancia La Anita en el Calafate.

Y entonces aprovecha la ocasión para entrevistar a Federico Braun, descendiente de la familia Braun Menéndez, actual dueño de La Anónima Exportadora e Importadora del Sur y de Estancia la Anita, cuyos antecesores fueron responsables –o al menos instigadores– de tantas muertes. Dentro del marco de la corrección política, la conversación entre Federico Braun y Bayer no tiene desperdicio. Braun asegura que en su familia jamás fue un tema presente, que él compró la estancia a una parte de su familia hace unos años, y que por lo tanto no tiene por qué tener culpa alguna sobre lo sucedido. Bayer le pregunta si estaría dispuesto a organizar a los trabajadores, a lo que Braun se niega y Bayer le sugiere que hay que "trabajar y repartir". Braun le dice, justamente, que el año pasado pagaron 100 millones de pesos en impuestos, y que ésa es una forma de contribuir a la distribución de la riqueza. "Bueno... –le responde Bayer, al gentil hombre de traje–, hay formas y formas".(Página/12, 20/02/07)

LAS UNICAS DIGNAS

"... Cumplida la carnicería, el paternal Varela consideró pertinente, para solaz y esparcimiento de sus subordinados, enviarlos de visita a los prostíbulos de la zona. Paulina Rovira, encargada de la casa de tolerancia "La Catalana" en San Julián recibe el aviso. Pero, las cinco pupilas del establecimiento se le rebelan. Llegada la tropa, las mujeres esgrimen palos y escobas y al grito de: "¡Asesinos. Cabrones. No nos acostamos con asesinos!" rechazan a los soldados.

Van presas.Son las únicas voces de repudio en medio del silencio de la sociedad cómplice. Temiendo que el episodio se difundiera se las deja en libertad... total ... era la opinión de cinco pobres mujeres..." Sus nombres: Consuelo García, Ángela Fortunato, Amalia Rodríguez, María Juliache y Maud Foster.
(De "La Patagonia Rebelde" de Osvaldo Bayer)

Testimonio sobre Facón Grande
(Reportaje hecho a Prudencio Moreno, poblador patagónico)

Don Prudencio Moreno llegó de España en 1920. Venía desde Barcelona - España. Había nacido con el siglo. Falleció en Gobernador Gregores - Santa Cruz - en el año 1996. Nosotros lo entrevistamos y filmamos en su domicilio a mediados de 1995. Su casa era un verdadero museo ... desde sus muebles hasta sus cuadros y dibujos.

Nos habló bastante sobre la figura de José Font. El material completo de esta entrevista se encuentra disponible en nuestro incipiente centro de información. Compartimos con ustedes fragmentos de esta entrevista.-

"¡ Qué mal estoy ¡ (se lamenta por su salud y su memoria). Estoy prevenido (mientras saca un ayudamemoria o "machete" de su bolsillo)."

"Yo llegué en el año ’20 y entré a trabajar aquí en la sucesión. Yo era el ovejero que tenía que recorrer el campo y también por arriba de la meseta. Parece que les pagaban muy poco. Se abusaban mucho de la gente. Entonces por eso es que fue general en toda la parte sur de Santa Cruz. Pagaban mal y les daban cueros nomás para que durmieran. Si hubieran sido cueros limpios no era nada ... No desinfestaban (sic) nada.

La cuestión que se formalizó una huelga para el año 1920.

El grupo que agarraron aquí en la Isla Fea (estancia Bella Vista) era de seiscientos hombres, y se habían juntado en la zona de Puerto Santa Cruz y Piedra Buena. La desgracia de ellos fue que quisieron enfrentar a la tropa. Quisieron arreglar ... ¡qué arreglar! Si ya habían entrado allá en el Lago Argentino. Los huelguistas querían meterse en la cordillera, pero no les dieron lugar. Los de la tropa eran mejores tiradores. Entre los huelguistas también había buenos tiradores. Como había que vivir en la campaña todos tenían sus winchester ... era algo vulgar y corriente. No había hombre de campo que no tuviese su revólver Colt o Smith & Wethson. Así que ahí se agarraron a tiros. Los soldados traían el arma último modelo."

"¡ Facón Grande !(sobrenombre de José Font). Estaba junto con el herrero ... eran muy amigos con Kuney. Antes de venir aquí habían trabajado en la zona de Deseado. Facón Grande siempre fue hombre de la huella. Él fleteaba con tres chatas.

Muy buen hombre era Facón Grande. A él lo mataron en la huelga en Jaramillo. Se fue con dos peones que tenía y se fue como jefe del grupo. Era fiel. Nunca se abusó de un hombre. Y si era de poco espíritu menos... aunque le hubiera hecho algún daño. Él tenía la costumbre de usar un facón grande en la cintura. Y como andaba sin saco, ahí se le veía que atravesaba un tremendo facón.

Era bravo. Cuando tenía razón era bravo. Pero no mató a nadie ... ni con facón grande ni con facón chico. Era un trabajador.

Era valiente. No le habían puesto de gusto el nombre.

La cosa que a Facón Grande fue una muerte criminal la que le dieron. Él mismo fue a buscar la muerte. Él pensaba que iba a arreglar."


bandidos

FUENTE:http://www.lagazeta.com.ar/bandidos.htm

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