De la pobreza a la exclusión social


Introducción.

En una sociedad como la actual se suceden cambios que afectan a diferentes áreas de nuestras vidas. La interpretación y significado que de estos cambios se realice, va a configurar el diseño de las políticas públicas. El paso de una sociedad del trabajo a una sociedad del desempleo, del concepto de pobreza al concepto de exclusión social… etc., son cambios cuya interpretación se manifiesta en los Programas de Exclusión Social, de Lucha Frente a la Pobreza, de Intervención Integral Frente a la Pobreza y/o Exclusión Social. Estos Programas configuran una política social donde la distribución y estabilización de las oportunidades de vida de los individuos son los objetivos básicos a conseguir.

En esta comunicación se hace referencia a la adaptación que ha seguido en nuestro país el sistema de protección para dotarse de contenido en relación con los cambios estructurales que se han ido sucediendo.

También se presentan modelos de intervención y aplicación de los Programas de Exclusión Social. Para facilitar la comprensión de la exposición que se hará especial hincapié en la intervención y aplicación del Programa de Exclusión Social que se está desarrollando en el municipio castellano de Aranda de Duero (Burgos) y las conclusiones-debates que de ella se extraen.

El método de trabajo seguido en la elaboración de este trabajo ha sido el análisis de fuentes secundarias bibliográficas y proyectos en proceso de desarrollo referentes al tema. Por otra parte, se ha recurrido al análisis de los datos recogidos por los Profesionales/Técnicos del Programa de Exclusión Social desarrollado en Aranda de Duero (Burgos), en las fichas de recogida de datos personales de los usuarios y en las entrevistas realizadas.



De la pobreza a la exclusión social.

Señala Pilar Monreal (1996:106) que la mayoría de las definiciones de pobreza fallan por no contemplarla como un fenómeno complejo, cambiante histórica y socialmente, en el que se vinculan relaciones económicas y políticas, y ambas conectadas con dimensiones ideológicas.

Estas definiciones exigen tener presentes los recursos de una sociedad concreta, su producción y su distribución. De manera que la interdisciplinariedad y la colaboración de las distintas ciencias sociales contribuyan a argumentar una visión integral y holística de la pobreza en su contexto.

Podemos observar que la pobreza no es indiscriminada: no se da por igual entre los hombres y las mujeres, entre blancos y gente de color, entre jóvenes, niños y ancianos. Sin embargo, al querer diferenciar a los colectivos afectados por ella, se plantea el carácter multidimensional de las causas y manifestaciones de la pobreza. La pobreza precisa de adjetivos: jóvenes sin trabajo, viejos marginados…, que la perfilen.

Por otra parte, es evidente la relación que existe entre pobreza y territorio. Ésta se da siempre en un espacio, que es el soporte de la población. En ese espacio aparecen procesos de despoblación, éxodo, empobrecimiento, etc. Rueda Estrada apunta el hecho en el que el ser humano organiza el espacio según sus necesidades para encontrar el máximo aprovechamiento. Cuando se da el cambio en el uso ("valor de uso" ) tradicional del medio se produce un desequilibrio.

<<Y es ahí, en esas situaciones de falta de equilibrio y armonía entre el medio y el sistema productivo, donde se generan procesos de exclusión, de pobreza, en aquellos sectores o colectivos que no son capaces de evolucionar al ritmo que se transforma y cambia la realidad en la que viven y, por consiguiente en la medida en que cambian las normas, los valores, los estilos de vida inherentes a cada proceso>> (1996:171-172).

El empobrecimiento de unas zonas supone el desarrollo y el crecimiento de otras.

<<Tradicionalmente se ha identificado pobreza con escasez de alimentos, con el hambre y la falta de protección contra el frío y la enfermedad. El diccionario define la pobreza como "escasez o carencia de lo necesario para el SUSTENTO de la vida" y pobre es "aquél que carece de lo necesario para vivir".

Aunque la referencia a la alimentación se mantiene en nuestros días, otras muchas carencias van siendo asociadas a la noción de pobreza. Personas que no disponen de alimento, vestido y techo suficiente para vivir son consideradas pobres por su modo de vida, por sus carencias educativas o culturales, incluso por la forma de su vestido que, si bien puede protegerle del frío y de la intemperie, su vejez o su estado evocan en la mayoría de la gente la idea de pobreza.

La carencia de una formación educativa básica, la suciedad, la falta de higiene o de cuidados médicos, el no disfrutar de ocio agradable, la dificultad de participar mínimamente en la vida y costumbres sociales de su entorno, son factores que se asocian a la pobreza tanto como los problemas de nutrición. Por eso, la pobreza debe referirse siempre a elementos económicos, sociales y culturales y a una <<calidad de vida>> en una sociedad históricamente determinada.

Pero la pobreza no debe referirse únicamente a aspectos mensurables de disponibilidad de bienes de disfrute o de consumo, sino que debe tenerse en cuenta también de manera básica y fundamental la capacidad de la persona de conocer/reconocer los derechos que configuran la pertenencia a una sociedad dada y su aptitud para hacerlos valer: el derecho al empleo, a la salud, a la educación, a la vivienda, a la información, a la igualdad ante la ley son conceptos incorporados a la "calidad de vida" de nuestras sociedades desarrolladas. Por ello un "mínimo vital" no puede reducirse a términos nutricionales sino que debe englobar todas las necesidades y derechos económicos, culturales, educativos, laborales, personales, familiares y sociales.

En consecuencia, deben considerarse pobres las personas y familias cuyas condiciones de vida, en el sentido que hemos mencionado, sean tales que las sitúen al margen de las consideradas como mínimamente aceptables en la sociedad en que viven. O dicho de otro modo, deben considerarse pobres a aquellos cuyos recursos son tan bajos que por ellos se encuentran excluidos del modo de vida, de las costumbres y de las actividades consideradas normales en su país>> (VII Jornadas de estudio del Comité Español para el Bienestar Social; 1990:37-39).

Los ingresos y los gastos han servido para delimitar la situación de pobreza, pero actualmente significante y significado no se correlaciona con la realidad y/o contexto social. Otros elementos, como los que se han señalado: educación, salud, vivienda, etc., forman junto a los ingresos y los gastos el significado de pobreza. De ahí que el concepto de exclusión social surja como significante para este nuevo significado de pobreza. Los procesos de exclusión, van más allá de la precariedad económica, como señala De la Red Vega, <<engloban las áreas de salud e higiene, trabajo, vivienda, educación, formación, relaciones sociales, etc.>> (1996:59).

El concepto de pobreza es, por tanto, un concepto relativo porque hace referencia al contexto social en que se la define y porque se modifica con el paso del tiempo y la variación de las circunstancias de la sociedad. De ahí que no resulte válida para todos los tiempos y para todos los lugares.

La exclusión no se identifica con la pobreza, exclusivamente, ni con el desempleo, solamente, aunque esté conectada con estos aspectos; incluye otros: escasa formación y cualificación, ausencia de vivienda, etc. La solución no viene por resolver satisfactoriamente uno de los problemas o dificultades señalados. Se requiere una acción integradora y coordinada de las administraciones, los agentes sociales y los ciudadanos implicados en esas dimensiones.

<<Conviene matizar que en la actualidad se viene hablando no ya de los fenómenos de pobreza (cuyo indicador básico es el nivel de ingresos per cápita en un país, siendo pobres aquéllos cuyos ingresos estén situados por debajo de la mitad del ingreso medio neto por habitante) (Parlamento europeo, 1983), sino más en general, de los procesos de exclusión, como un fenómeno multidimensional favorecido por factores muy diversos como el fracaso escolar precoz, la ausencia de calificación y competencias, una salud inestable, la precariedad de alojamiento, la exclusión del circuito del consumo por falta de dinero o el alejamiento de "las redes de información y decisión, de la cultura, de toda ciudadanía">> (Vanoye, 1992:30).

La adopción del término de exclusión social en el lugar del concepto de pobreza, es la consecuencia más directa de la utilización de un concepto abierto de pobreza que hace posible ver que ésta presenta diferentes formas, tiene varios significados y está causada por factores diversos, según los subsistemas de estratificación y los grupos de posiciones sociales en que se encarna, señala Casado (1990:203).

La novedad de los procesos de exclusión social (nueva pobreza) se encuentra en el contexto en el que surgen, la confluencia de procesos que los agravan y los perpetúan, convirtiéndolos en estructurales.

Las nociones de exclusión social (pobre y pobreza), han respondido a la lógica causal de asignarles un origen individual (natural y/o cuasi voluntario, señala Alayón). Actualmente, <<los fenómenos de pobreza no responden a causas naturales, ni a designios divinos, ni a responsabilidades individuales de los propios damnificados. Tienen un origen social, ligado a las características que predominan en el funcionamiento de la sociedad, resultando imprescindible desvelarlo si se pretende un análisis correcto y riguroso.

Y aún sobre los propios factores climáticos, se puede verificar que, en virtud del importante desarrollo tecnológico actual, los mismos no afectan a todos por igual. De hecho existe un creciente control humano sobre tales fenómenos>>

La situación actual del mercado laboral y las reducciones en la protección por desempleo hace que personas y/o familias "normalizadas" hasta ayer acudan a los Servicios Sociales como demandantes de algún tipo de protección social que les permita llevar un nivel de vida digno. Las rentas mínimas, salario social, son diferentes formas de nombrar un recurso que beneficia a aquellas personas desprovistas de medios de subsistencia, que no hayan tenido acceso al mercado laboral o que no hayan podido volver a él. (Referencia en el Artículo 10.2 de la Carta de los Derechos Sociales Fundamentales de los Trabajadores).

<<La renta mínima debe ser siempre considerada como una política de transición, y debe ir acompañada por medidas reales de inserción. Hoy existen colectivos (jóvenes, parados de larga duración, mujeres) para los que, en pocos casos, las actuales medidas de inserción o de reinserción cultural y ocupacional no sirven. De hecho quedan excluidos. No están pensadas para ellos. Paro endémico, deterioro humano... exigen medidas más audaces e imaginativas, pero acompañadas, además, por una renta, siquiera mínima, para comer, vestirse, educar a los hijos, vivir... Estos son los colectivos precisamente para los que debe pensarse la renta mínima. En este sentido no dejan de llamar la atención ciertas declaraciones de la Administración de nuestro país, excluyendo como inaceptable e ineficaz la implantación de esta medida, cuando se trata de algo aceptado ya por la mayoría de los países de la Comunidad. La excusa de que no va a la raíz del problema para la erradicación de la pobreza no es suficiente. "La pobreza se ataja modificando las condiciones de vida y sus causas: nivel de educación, infraestructura y difusión tecnológica, no por la implantación de un salario social". De acuerdo, pero mientras tanto ¿qué?, nos preguntamos.

Los "viejos pobres" han sido arrinconados por "los nuevos pobres", con una presencia social más palpable y más numerosos.

<<Esos "nuevos pobres" son consecuencia de la confluencia fundamental de tres factores:

La Crisis Económica.

La Crisis del Estado de Bienestar.

La Crisis de Valores.


Todos esos pobres se reparten en grupos y colectivos que por múltiples causas están en una situación de marginación. Nos referimos a ex-reclusos, ex-drogodependientes, minusválidos físicos y discapacitados sociales, asalariados de baja cualificación y empleo precario, y otros.

Todos de una manera u otra, son "los empobrecidos" porque han sido expulsados o no han pertenecido nunca al circuito producción-consumo como fórmula aceptada para acceder al reparto de la riqueza a través del trabajo>> (VII Jornadas de Estudio del Comité Español para el Bienestar Social, 1990:107).

Desde luego la insuficiencia del salario no es el mayor generador de pobreza.



Estado de Bienestar y política social.

Estamos en un momento favorable para que se logre una concepción más amplia de los problemas de la pobreza y de la integración social, para ello la redefinición de algunas cuestiones como la plena ocupación, tiempo libre, solidaridad… etc., deben consolidarse. En el Plan Integral de Lucha Frente a la Pobreza en Euskadi (Balance 1989 y 1994) así queda ya reflejado.

La crisis económica de los últimos años ha afectado al Estado de Bienestar y en muchos foros se ha replanteado su vigencia. Frente a los problemas de la pobreza y la marginalidad, los poderes públicos han alimentado sistemas de protección y acción social. Pero como comenta Demetrio Casado (1986) <<el estancamiento económico y la inflación que conlleva la crisis, no garantiza la realización práctica del bienestar social>>.

Sin embargo, <<esta hipotética limitación de las prestaciones sociales no debe afectar a la población más necesitada sino al contrario: deben potenciarse las actuaciones de la Administración en la lucha contra la pobreza, buscando fórmulas más eficientes y en colaboración íntima con la denominada sociedad civil, la cual debe jugar un papel fundamental en la consecución del bienestar>> (Gobierno de Navarra-Universidad Pública de Navarra, 1998:161).

Montoro Romero (1996:29) señala el resultado limitador de definir el bienestar como la acción estatal e incluso la acción del mercado, dejando fuera cuidados y atenciones dispensados en el hogar, y cualquier otra manifestación de apoyo de individuos o grupos.

<<No podemos mantenernos al margen de los cambios que se han producido en nuestro modelo de sociedad, que afectan al bienestar social en general, son:

Transformaciones en la estructura demográfica, como consecuencia del progresivo envejecimiento de la pirámide de edades, la incorporación de la mujer a la población activa y ocupada, y el incremento de sus niveles de formación, por encima, en las edades juveniles, de los hombres. Esto implica necesidad de cambios en las prestaciones sociales y en la implicación de la sociedad en la satisfacción de las necesidades sociales, puesto que los cambios demográficos transforman el rol de la familia, y las bases socio-demográficas del estado de Bienestar Europeo que se desarrolló después de la II Guerra Mundial.

Cambios en la estructura social, en el ámbito europeo, que consisten en un aumento del paro estructural, la aparición de nuevas formas de pobreza y exclusión social, y la dualización de la estructura de la población activa y desocupada. Todo ello plantea que una política de igualdad de oportunidades, no sólo puede consistir, como en el Estado de Bienestar clásico, en asegurar el acceso de todos a la educación, sanidad y servicios sociales, sino que es preciso adoptar una acción integral de los servicios para mejorar la cualificación de los recursos humanos, y hacerlo a través de dar mayor importancia a los criterios de acción positiva. Ambos implican necesariamente una mayor descentralización.








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