La Tendencia Revolucionaria (IV)

La Tendencia Revolucionaria (IV)

No cesa la falsificación de la historia

1. El periodista Marcelo Larraquy incurre en una serie de desaciertos (¿a designio?) en el artículo "El preámbulo del terror", que publica el suplemento Enfoques del diario La Nación del domingo 11 de diciembre de 2003. Autor del reciente libro López Rega, la biografía, en la nota aborda aspectos que desarrolla en la obra y acicatea la conciencia del presidente Néstor Kirchner, para que éste investigue –tal como parece haberlo prometido– "los crímenes de la Triple A , perpetrados entre 1973 y 1976 durante los gobiernos constitucionales de Juan Domingo Perón y su esposa Isabel. En esa época, la Triple A mató a alrededor de dos mil personas".
Una lectura detenida del artículo deja más dudas que precisiones y la pomposidad de Larraquy es superior a la objetividad y a las pruebas irrefutables que presenta para dilucidar aquel momento de la tragedia nacional. Las pocas pruebas son opiniones que adquieren un valor relativo a partir de la forma y el contenido que les da el autor para fundamentar su tesis no explicitada: la tercera presidencia del peronismo fue un engranaje del terrorismo de Estado que luego la dictadura del 76 perfeccionó.
Planteado el tema con parcialidad manifiesta, el lector incauto asociará peronismo con dictadura, peronismo con represión, peronismo con desgracia argentina. Además, Larraquy se preocupa por llamar "Partido Justicialista" al Movimiento de los 70 como si esa fuese la denominación usual. Sin dudas, está mirando la historia con los ojos actuales. Error inconcebible que pone al descubierto su intencionalidad que sería colocar al PJ en el banquillo de los condenados sin juicio previo.
La ristra de falsedades propagadas en pocas líneas por Larraquy demandaría una refutación más extensa. Pero vamos a demoler algunas de las más perjudiciales, a la memoria de miles de peronistas que ofrendaron sus vidas por una Patria Justa, Libre y Soberana, sea con militancia efectiva en cualesquiera de los sectores del vasto y amplio Movimiento Nacional Justicialista.

2. Es falso de falsedad absoluta que " la Triple A fue creada en el contexto de una "guerr" entre la ortodoxia peronista y la izquierda peronista, a quienes los primeros llamaban "los infiltrados del Movimiento".
Porque así planteada la afirmación, la Triple A sería una creación del sector ortodoxo, es decir, del general Perón. Ergo, Perón e Isabel son tan criminales como López Rega y los integrantes de esa patrulla asesina, desligando cualquier responsabilidad del entonces determinante partido militar liberal. Tampoco es cierto que se trató de una exclusiva guerra interna del peronismo. Reducir el enfrentamiento armado de los 60 y 70 a un conflicto bélico entre derecha e izquierda peronistas es tan pueril como mentiroso. Hubo enfrentamiento fratricida, es indudable. Sin embargo, con Perón en el gobierno ese enfrentamiento adquirió otras dimensiones. Nadie paró la mano, las diferencias se radicalizaron y Perón tomó el toro por las astas. De una parte, quedó el grueso del Movimiento alineado detrás de la conducción y de la jefatura gubernamental del General, y de la otra, las vanguardias armadas.

3. En la Argentina la lucha armada traspasó los límites del peronismo. De ningún modo fue una reyerta por espacios de poder de una interna caprichosa. Fue una guerra por el poder real. Sí, guerra, como anunciaban los partes de los grupos en pugna con las fuerzas regulares.

4. Hubo una guerrilla surgida de las filas peronistas y otra antiperonista como el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), que una vez instalado Perón en el gobierno decidieron continuar en operaciones. Los primeros porque consideraban que la ortodoxia conspiraba contra la "patria socialista" y los segundos porque estimaban que Perón era "el jefe de la contrarrevolución" (Santucho dixit).

5. Un gobierno asediado por la guerrilla de tinte peronista y marxista –funcional al golpismo que en Chile hacía estragos– apeló a los resortes constitucionales para garantizar la estabilidad democrática. Este era el contexto local y regional en el que surge la Triple A que le sirvió en bandeja los pretextos desestabilizadores al partido militar liberal. Por las evidencias y por los beneficios que le tributó al golpismo, la Triple A nada tuvo de peronista, más bien se trató de un dispositivo ilegal que accionó congraciándose con capillas oficiales y se amparó en los pliegues del poder lopezrreguista.
El Brujo tenía autonomía y construía su propio espacio al margen de Perón que ideológicamente se ubicaba en el antimarxismo y procuraba con métodos constitucionales la erradicación de la violencia política. En ocasiones López Rega daba muestras de ser el rostro visible de un poder exógeno y se mostraba más papista que el Papa. Esta puede ser quizás una de sus tropelías predilectas al colaborar con la Triple A. Decimos "colaborar" porque era un instrumento de los otros infiltrados: los golpistas ocultos detrás del ropaje antisubversivo, que aprovechaban la guerra contra los montoneros y erpianos para generar el caos que se aguardaba con impaciencia en los cuarteles.

6. Perón utilizó su prestigio profético para aislar a los violentos. Quiso persuadirlos, pero fracasó Los de signo peronista, que habían servido a su conducción estratégica en tiempos de organizar el retorno del exilio forzado, optaron por reemplazarlo y terminaron expulsados del Movimiento. El Viejo general los calificó de "imberbes" e "infiltrados". El proyecto de "los muchachos" era incompatible con el del fundador del peronismo y se daba de patadas con la paz social. Se negaron a ser formaciones especiales de acuerdo a la concepción de Perón y se convirtieron en opositores acérrimos del gobierno popular, con ribetes patéticos durante la gestión de Isabel.

7. Al intentar la salvaguardia de la conducción estratégica del Movimiento –luego del artero asesinato de José Ignacio Rucci que ningún grupo reivindicó en el momento– Perón avala un plan de disputa frontal contra los "infiltrados" que asoman como enemigos del gobierno constitucional. Pero lo hace no para colocar al peronismo en la ultraderecha ni para apañar a ésta, sino para que el Movimiento siga siendo tercerista, nacional, popular y cristiano. Y para que la normalización institucional y la revolución en paz puedan llevarse a cabo tras ganar los comicios por el 63 por ciento de los votos. El plan contra los infiltrados son directivas de ningún modo secretas que ahora Larraquy presenta como el descubrimiento de la pólvora. Dichas directivas conforman un conjunto de medidas de fortalecimiento de la conducción estratégica, en un marco de violencia impredecible y de unánime apoyo a su segunda reelección presidencial.

8. Apenas se produjo el criminal asalto al Regimiento de Azul (que provocó las muertes del coronel Arturo Gay y su esposa, entre otros), ocurrido el 19 de enero de 1974, Perón le habla al país por radio y televisión y denuncia que los atacantes erpianos no son un grupo de delincuentes, sino "una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al Estado y sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la Reconstrucción y la Liberación en que estamos empeñados".
De inmediato el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso una modificación del Código Penal para enfrentar con la ley a los terroristas. Los diputados de la "tendencia" se opusieron a las reformas y se entrevistaron con Perón, quien se enfureció ante el rechazo de sus instrucciones: "Nosotros no somos dictadores de golpes de Estado. No nos han pegado con saliva. Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualesquiera sean los medios". Una lectura sesgada de esta declaración puede interpretar que por "medios" podría leerse "Triple A". Sin embargo, la explosión verbal de Perón respondía a apaciguar las aguas encrespadas en las Fuerzas Armadas que veían madurar la precipitación de los acontecimientos.
El 7 y el 14 de febrero de 1974 Perón convoca a los jóvenes adversarios de la tendencia revolucionaria y les dice que "en el Movimiento se está produciendo una infiltración que no es precisamente justicialista". Utiliza su arsenal teórico para acorralar a los que en nombre del peronismo recurren a la violencia. Sería en vano. Su muerte apresura los enfrentamientos declarados. Montoneros pasa a la clandestinidad y la respuesta oficial se hace sentir a través de decretos antisubversivos. Pero la escalada criminal de izquierda a derecha escapa a cualquier control. Todo ello acompañado de una campaña de acción psicológica sin precedentes, que provoca la apatía y el hartazgo de la sociedad receptora del golpe liberal con cierta naturalidad.

9. También es falso de falsedad absoluta responsabilizar sólo a López Rega de todos los males del tercer gobierno peronista. Hubo un entramado de relaciones –y en esto acierta Larraquy– que posibilitaron la instauración del crimen político. Pero la Triple A fue mucho más que López Rega. Su misterio quedó dilucidado con el golpe del 24 de marzo de 1976: desapareció mientras desaparecían miles de personas inocentes.

10. ¿Sabían Perón e Isabel de "las acciones clandestinas e ilegales perpetradas desde el Estado" como afirma muy suelto de cuerpo Larraquy? La respuesta es no. Primero, porque individuos enquistados en ciertas parcelas estatales que cometen delitos no representan "el Estado" y menos puede culparse al Presidente de esos actos. Segundo, porque hay que tener cuidado en la calificación de las respuestas represivas del Estado ante cualquier desafío a su monopolio de la violencia física. Una medida represiva dentro de la ley, nunca es un crimen ni un acto de terrorismo de Estado. Con ese criterio, cuando un policía se tirotea con un ladrón y lo mata sería un terrorista y no un defensor de la seguridad pública. Tercero, porque en aquel momento reinaba la confusión y la deslealtad. Cuarto, porque es tan complicado y complejo el aparato estatal en un contexto de virtual guerra civil que resulta imposible saber a pie juntilla lo que hacen sus integrantes militares y policiales, máxime con una Presidente en constante debilitamiento y agresión golpista.

11. En conclusión, nos parece aberrante buscar argumentos para colocar al peronismo en la vereda del terrorismo de Estado. Cargarles a Perón y a Isabel el estropicio de la Triple A y de la represión ilegal, poniéndolos a la altura de los chacales de la dictadura, es lisa y llanamente una canallada oligárquica que sirve a la falsificación de la historia y responde a reiteradas ignominias contra el Movimiento Nacional y Popular, como el oro nazi, las cuentas suizas de Evita, el pacto militar-sindical, la creación de una iglesia nacional peronista, el origen de la subversión, la decadencia del país, etcétera. Canalladas de esta índole de ningún modo ayudan a saldar el pasado, recargan los espíritus academicistas e intoxican a las nuevas generaciones. Pero que nunca olviden los farsantes que "se puede engañar a poca gente por mucho tiempo y a mucha gente por poco tiempo, pero nadie puede engañar a mucha gente por mucho tiempo" (Abraham Lincoln)

Que el árbol no tape el bosque

El 8 de agosto de 1974 se realizó una reunión del gabinete presidencial en la residencia oficial de Olivos. En la reunión, presidida por la entonces presidenta María Estela Martínez, decidieron sobre la vida de numerosos argentinos, entre ellas la de Julio Tomás Troxler. Decidieron impartir "justicia" y en forma pronta y muy didáctica se procedió a proyectar sobre una pantalla varias diapositivas con las imágenes de quienes serían "ajusticiados" por sus actividades "subversivas" o "antipatrióticas".

Una vez terminada la reunión presidencial, un ministro integrante del gabinete, espantado ante semejante espectáculo, decidió comunicarse con Julio Troxler para comunicarle y advertirle sobre su suerte. Le aconsejó ausentarse del país para salvar su vida, pero Julio no quiso. Argumentó que él no tenía nada que ver con esas denuncias, que estaba en condiciones de probar la inconsistencia de esos cargos infundados y que de su vida tanto pública como privada nada tenía que ocultar. Semejante actitud heroica le costó muy caro, pues pocos días después, el 20 de septiembre de 1974, cayó asesinado en el barrio de Barracas por la organización terrorista Triple A, que reivindicó el hecho a través de comunicados enviados a los medios de comunicación.

Este y otros datos más forman parte de la denuncia que efectuara uno de los hermanos de Julio, Federico Guillermo Troxler, el 10 de enero de 1978 desde su exilio en la ciudad de México. Ante la falta de respuesta por parte de la justicia argentina, volvió a reiterar la denuncia, esta vez con fecha 31 de julio de ese mismo año y otra más el 11 de diciembre, como asimismo también elevara copias de la denuncia a los medios gráficos La Prensa, Clarín y La Nación con fecha 30 de enero de 1978; y los diarios El Patagónico el 4 de abril y Crónica el 10 de abril del mismo 1978, de Comodoro Rivadavia, ciudad de residencia de Federico Troxler hasta antes de estos hechos. En la denuncia relata los pasos en la investigación que realizara Federico junto a otro hermano, Bernardo Ignacio Troxler. Ambos, en la necesidad de sentar constancias y en la búsqueda hasta las últimas consecuencias de los culpables del vil asesinato de su hermano Julio, y recurriendo a todas las instancias posibles, deciden hacer primero la denuncia policial pero se encuentraron con la negativa a recibirlos en la sede policial cercana al hecho negando inclusive lo sucedido.

Por tal motivo es que luego se dirigen con riesgo de sus vidas a la cueva del lobo, es decir a la Policía Federal donde fueron recibidos por el mismo Jefe de la repartición, comisario Alberto Villar. Durante la audiencia, Villar lo único que hacía era contestar con evasivas y burlarse de los denunciantes. Llegó a jactarse que no habían tenido tiempo de dedicarse al caso del asesinato de Julio y que posiblemente había sido la CIA la autora del hecho. Llegado a este nivel en la charla es que ambos hermanos le dicen a Villar que ellos sabían perfectamente que el asesinato había sido dispuesto en una reunión del gabinete presidencial. Dos días después de esta audiencia, varios sujetos se apersonaron con la intención de detenerlos en la confitería "El Molino", frente al Congreso Nacional donde los hermanos estaban realizando gestiones con legisladores continuando con las investigaciones del asesinato.

A esta altura de las circunstancias, inmediatamente se dirigen a la Secretaría de Defensa, logrando ingresar ya que uno de los hermanos, Bernardo, es ex suboficial del ejército, dado de baja cuando el levantamiento militar del general Valle en 1956. Una vez dentro de las fauces de la bestia, y luego de mucho insistir, los reciben finalmente nada más y nada menos, que los generales Jorge Rafael Videla y Roberto Viola. En la audiencia expusieron y relataron los hechos solicitando además garantías, por el hecho de que estaban siendo perseguidos. Los generales, por supuesto, negaron todo aduciendo que "en el país había un gobierno legalmente constituido". Pronta y finalmente, los hermanos dan su último recorrido, hasta llegar a la embajada mexicana a solicitar asilo político.

Salieron del país rumbo a México el 4 de octubre de 1974. Por último, en la denuncia Federico solicita a la Corte Suprema que ordene por donde corresponda a tomar declaración a todas las personas mencionadas en la denuncia, es decir, a los ex miembros del Gabinete Nacional, a la ex presidente María Estela Martínez, a Jorge Rafael Videla y a Roberto Viola y que se adopten todas las medidas sobre la investigación según surjan a través de las declaraciones que se tomen a las personas mencionadas. La causa finalmente quedó asentada en el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 5 de Buenos Aires, con número 2225.

Felicito que la causa por la Triple A se abra después de tantos años para hacer justicia ante tantos asesinatos impunes. Felicito que estén detrás de los matones mercenarios ejecutores y que se los encarcele. Pero los felicitaré aún más cuando hagan justicia con los autores intelectuales de esta organización siniestra y que aún están con vida y en sugestivo silencio y que tuvo como objetivo la eliminación sistemática de los mejores hombres y mujeres que dio el país. Fueron el camino de entrada para lo que luego realizara la dictadura de 1976.

Fueron los cómplices para que se llevara el plan sistemático de desaparición de personas y desnacionalización económica y de mayor sometimiento nacional. Quiero decir con esto que no nos quedemos sólo con una parte de la causa y con unos cuantos y nos perdamos de vista la profundidad de protagonistas ideólogos y cómplices, los que idearon con sus mentes perversas semejante accionar y de aquellos que sabiendo aún hoy callan teniendo mucho que contar.

Un setentismo escarmentado y la necesidad de volver al Nacionalismo Popular

Mi anterior editorial motivó para mi sorpresa, muchas y diversas adhesiones, como si hubiese aportado a una cierta necesidad de ponerle palabras a ciertos conflictos irresueltos que venimos arrastrando, y que sabemos que nos condicionan, pero que nos resulta difícil afrontar.

En realidad estas editoriales de Horizonte Sur, suelen girar siempre sobre las mismas pasiones, soy consciente que repito una y otra vez, el asalto de la razón sobre los mismos problemas, que cada vez busco una mayor aproximación, abordándolos desde diferentes ángulos.

Como a tantos, me desvelan los interrogantes sobre la tragedia que arrastró a nuestra generación y a la vez, el misterio de la vida y de la continuidad del pensamiento político en los jóvenes de hoy y que se expresa ya en mis propios hijos. El peronismo insurrecto de los años cincuenta organizó los pensamientos de nuestra generación hasta avanzados los años sesenta.

En otros pueblos latinoamericanos fueron en forma similar, otras expresiones del nacionalismo popular del continente, los que determinaron la política, los entusiasmos, la mística de la entrega a grandes ideales, los relatos épicos que nos hacían ver como continuadores de los héroes de la independencia, el sueño de la patria común, etc.

Yo recuerdo que en el año 55, bajo la llamada Revolución Libertadora, y cuando tenía apenas 16 años y existía una notoria carencia de literatura de barricada en las librerías de Buenos Aires, solía reemplazarla buscando en las librerías de viejo de la calle Corrientes manuales del aprismo peruano, bibliografías sobre el nacionalismo revolucionario de Bolivia, los escritos del viejo Luis Alberto de Herrera del Uruguay, o literatura del partido nacionalista de Puerto Rico y de la vida de su líder encarcelado por los yanquis, el martirizado Don Pedro Albizu Campos.

Aquellos jóvenes que fuimos, nos formamos de esa manera, en el espíritu de la Patria Grande, en la necesidad de revisar nuestra propia historia y en una manera de vivir la acción política como un acto permanente de servicio, donde lo más importante siempre era interpretar lo que el pueblo quería y ser capaces de elaborar prácticas que mantuvieran la unidad del conjunto.

Recordemos esto, porque esos modos de ordenar el pensamiento político comenzaron a modificarse en los años sesenta, cuando bajo la influencia de la revolución cubana llegaron a nosotros otros criterios políticos, otros desafíos y competencias que no habían existido hasta entonces… y llegaron además los manuales de marxismo que nunca habíamos conocido.

Comenzamos imperceptiblemente a cambiar las miradas y a ordenar el mundo desde nuevas perspectivas, perspectivas en que las luchas del Komintern o las rebeliones espartaquistas fueron reemplazando gradualmente los fogones de Artigas o los levantamientos gauchos que eran hasta entonces nuestras inevitables referencias.

¿Cómo se manifestó ese mestizaje?

Se expresó antes que nada, en desmedro de las concepciones que hacían necesario e imprescindible el accionar articulado del conjunto.

Gradualmente, se fue imponiendo la lógica del amigo/enemigo en el propio campo popular, y su primera expresión de derrota fue el fracaso de la estrategia del esquema de conducción CUADRUNVIRATO/MRP/FAP liderado por Héctor Villalón, Sosa, Valota y Gustavo Rearte, en los años 64/65, y como consecuencia de ello, que el primer retorno frustrado de Perón, quedara en manos de Vandor y del sindicalismo.

Hacíamos con ese gigantesco fracaso nuestras primeras armas en las doctrinas que nos llegaban desde el exterior, y que enseñaban que antes de enfrentar al enemigo, había que limpiar u homogenizar las propias filas en el campo popular, resolviendo las contradicciones internas.

Pocos años después todo fue peor, y las nuevas lógicas que impuso un marxismo que confundía la guerra con la lucha social, no tendrán reparo en asimilar la idea de enemigo tradicional con la de enemigo interno y se equipararán sin mayores escrúpulos a muchos dirigentes sindicales con los peores representantes de la oligarquía y del imperialismo.

En el año 68, la convalecencia forzada que realicé en Cuba durante todo un año, debido a las torturas sufridas durante la dictadura de Onganía, me permitieron estudiar a fondo la historia cubana y en particular la historia de la revolución. Y allí descubrí con absoluta sorpresa, que la revolución cubana de los barbudos, había sido peronista…

¿Qué quiero decir con esto?

Que había sido gestada y llevada a cabo desde procesos nacionalistas y populistas, en los mismos términos, prácticas e improvisaciones propias del campo popular, que en ese momento se reprobaban tan duramente…

Tuve algunos intercambios epistolares sobre estos hallazgos con Leopoldo Marechal y otros compañeros, y alguna correspondencia mía desde la isla redescubriendo los costados peronianos de la revolución, y en torno a la vida de Frank País, circularon profusamente entre los activistas de la época.

No obstante, una golondrina no hace verano, ni siquiera para la propia golondrina… que venía a ser yo en ese caso… muy pocos meses después en Puerta de Hierro, dialogando con Perón, registro una anécdota que expresa como pocas los pensamientos de época en que yo me encontraba imbuído.

En un momento dado el viejo interrumpe mi discurso y un poco paternal y con mucho de reprobación me dice: "¿Rulli, que quiere? ¿Qué haga la revolución solamente con los buenos?".

He repasado muchas veces aquel momento, con una mezcla de ternura y de disgusto por mis propias concepciones de entonces, pero siempre concluyo en lo difícil que resulta sustraerse a los pensamientos dominantes de la época. Las lógicas marxistas con que se ordenaron los pensamientos y las políticas del setentismo naciente, fueron como un huracán que nos arrastró a todos en aquellos años y aunque muchos nos resistiéramos, no pudimos sustraernos a los grandes relatos.

Pues bien, a lo que voy, es que todo aquello se derrumbó luego, que se cayó en los fracasos innumerables de las revoluciones foquistas a todo lo largo y ancho de la América Latina, que se cayó con la caída del muro de Berlín y se terminó para siempre con la implosión de la URSS en el 89, y el descubrimiento de su entraña horrible de trabajos forzados, matanzas y archivos represivos…

Aquello fue un fin de época pero también, fue un desastre terrible y además previsible, aunque no por ello menos devastador.

Las consecuencias para nosotros de aquellas lógicas perversas, fueron que los propios revolucionarios construyeron y facilitaron en la Argentina el camino de la contrarrevolución, que su ceguera obstinada imaginó a lo mejor enemigo de lo bueno, y terminó consolándose en los finales del 75 y principios del 76, con que el golpe militar ayudara a poner las cosas en blanco y negro, tal como ellos mismos habían sido enseñados a verlas en los manuales de marxismo.

Pero la realidad no es ni ha sido nunca en blancos y en negros, todo lo contrario, y el precio que pagamos todos por aquellos caminos sin retorno fueron espantosos.

Han transcurrido treinta años desde entonces.

La URSS hace mucho que no existe y extraordinariamente todo lo concerniente a ella son cosas de las que resulta poco oportuno hablar porque incomodan… en especial para los comunistas y el grueso de los progresistas que hacen como que no hubiese ocurrido nada… simplemente del tema no se habla…

Fidel ha llegado a los 80 años y está internado por razones de salud, sin embargo nos continúa indicando cuál es el camino, y por lejos, de los líderes latinoamericanos es el que mayores adhesiones populares despierta…

Chávez nos propone un Socialismo del siglo XXI que la anciana Marta Harnecker, próxima al líder venezolano, piensa enriquecer con sus antiguos manuales de marxismo reeditados.

Y a lo largo del continente muchos teólogos de la Liberación de los años 60, que a diferencia de Leonardo Boff no han descubierto todavía el mundo maravilloso de la Creación, y a los que en aquel entonces les costó mucho su conversión, como si el tiempo no hubiese transcurrido, continúan defendiendo de posibles relecturas críticas a una visión estricta del marxismo.

En la Argentina, donde la Historia y las historias no resueltas tienen tanto peso, habría sido tal vez previsible que el fracaso del setentismo nos hiciera retornar a las lógicas anteriores.

Pero no ha sido así.

Lo que ha retornado es un setentismo lavado, edulcorado, un setentismo que nada entre las aguas del "nomeacuerdo" y de "aquellonosehabla", y que por suerte es un setentismo pacífico, aunque mantiene las lógicas del amigo/enemigo que ahora se dirimen políticamente: "te bajo de la lista, no te atiendo, no tenés presupuesto y dejás de existir.:." y cuando uno recuerda los setenta, en verdad da gusto de vivir ésta época que, frente a aquella, parece una fiesta…

Lamentablemente, y tal como decíamos en la editorial anterior, este setentismo es también un setentismo escarmentado, amigo de avanzar a paso de hormiga y de no revolver las aguas, no sea cosa que los fantasmas de las profundidades se despierten.

Y así vamos, descubriendo a diario cambios y medidas de gobierno que nos parecen correctas, y que no podemos dejar de apoyar, mientras vemos a la vez, con creciente preocupación cómo por debajo, las corporaciones continúan sus inversiones y el desarrollo de sus estrategias de colonización, absolutamente impunes, moviéndose y creciendo en la ceguera conceptual sobre los modelos que, les posibilita este setentismo progresista que hoy gobierna.

Creemos con Michael Hardt que la espiral de la historia nos pone ahora en situación de semejanza con la posguerra europea y con el espíritu de los Movimientos de Liberación Nacional que se generaron en aquellos años.

También coincidimos en que si las circunstancias se asemejan, no ocurre lo mismo con nuestras sociedades. Los viejos proyectos desarrollistas y de integración nacional hoy serían impensables.

Las nuestras, las actuales, son sociedades plurales, fragmentarias y segmentadas, son como mosaicos de expresiones y demandas diversas en los grandes marcos de la Globalización planetaria y de reconstrucción de los mercados regionales.

Por eso insistimos en que el pensamiento político necesita abrevar en los conocimientos que proporciona la Ecología. En ella podríamos aprender a cómo articular esa diversidad de las nuevas sociedades. Pero de poco servirá lo que hagamos sino retomamos el fluir de pensamiento interrumpido en los años sesenta.

Esa es en definitiva la experiencia que estamos transmitiendo. La de ser capaces de reflexionar sobre los años setenta, asumiendo los errores y sus fracasos, para retomar los flujos de la historia interrumpidos o distorsionados.

Necesitamos de esa fuerza cultural que alguna vez llamamos el Pensamiento Nacional.

Si no somos capaces de abrevar en esas fuerzas antiguas no podremos generar un Proyecto de país que nos permita decidir qué modelo de vida queremos y que nos posibilite repoblar con familias y con pueblos rurales los territorios vacíos, para instalar desarrollos locales con Soberanía Alimentaria.

FUENTE:
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