Las mujeres palestinas bajo la ocupación

Las mujeres palestinas bajo la ocupación



El Centro Al-Zaytouna para Estudios y Consultas es una organización con sede en Beirut, Líbano, dedicada a elaborar “estudios estratégicos y de futuro sobre los mundos árabe y musulmán, (que incide especialmente en) la cuestión palestina”.


A principios de 2010 publicó en la segunda de sus series “No soy un ser humano”, un informe titulado “El sufrimiento de las mujeres palestinas bajo la ocupación israelí” que se aborda a continuación.

A pesar de su “excepcional sufrimiento”, las mujeres palestinas demuestran una considerable capacidad de resistencia. Estas mujeres, que viven bajo un fuerte estrés en la pobreza, con sus casas destruidas, sus tierras arrasadas o expropiadas, sus hijos enfermos, sus maridos en la cárcel, sus padres enfermos y más cosas, plantan las semillas de la esperanza, cumplen con su papel social cotidiano y participan a diario la política y la resistencia. Desde la Nakba de 1948 se les han negado sus derechos humanos básicos, la seguridad, la libertad de expresión y de movimientos, un entorno seguro y sano, y la educación. Se han convertido en refugiadas tanto en su propio país como en el extranjero, y suportan unas cargas que están más allá de la capacidad de lo que cualquier mujer en cualquier lugar es capaz de soportar.

Bajo la ocupación luchan cada día por aguantar, por sobrevivir y por proporcionar lo mejor que puedan a sus familias e hijos, como esposas, madres, cuidadoras, luchadoras, enfermeras, trabajadoras y profesoras.

Cada año el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, conmemora los logros económicos, políticos, culturales, científicos y sociales de las mujeres, pero para las mujeres palestinas se trata de algo más, de su lucha contra la ocupación israelí, de sus libertades perdidas y las privaciones impuestas, que las ponen a prueba al límite de lo que pueden hacer frente. Porque las mujeres gazatíes que viven en la frontera con Israel, como dijo una madre, “duermen con los ojos abiertos de par en par y viven con el corazón destrozado, esperando a cada momento que el dolor vuelva a empezar”.

Otra mujer busca cada día las medicinas que necesita su hijo Muhammad, hospitalizado sin ellas. Algunas madres sólo tienen fotos de sus seres queridos o de otras personas que están encarceladas y es imposible contactar con ellos.

En Gaza la carga es aún mayor. También lo es después de la ley de Israel de 2003 que prohibía las unificaciones familiares de ciudadanos israelíes casados con mujeres palestinas de Gaza o Cisjordania. La ley legalizó una práctica que Israel venía practicando durante mucho tiempo y obligaba a algunas mujeres a vivir ilegalmente como casi prisioneras en sus casas para evitar ser detenidas o deportadas sin sus maridos e hijos.

Otros problemas incluyen la pobreza, el paro, la violencia regular, la demolición de casas y el dilema de vivir día a día en la incertidumbre, sin tener lo esencial para vivir. Demasiado poco de todo, incluyendo unos pocos centros médicos, pone en peligro su salud, especialmente cuando las mujeres están embarazadas o luchan contra enfermedades graves.

Maysoon Saleh Nayef al-Hayek describía su experiencia de la siguiente manera:

“El 25 de febrero de 2002, poco después de medianoche, empecé a tener contracciones. Desperté a Muhammad, mi marido, y fuimos a casa de sus padres para pedir una ambulancia. Como no pudimos pasar, mi marido tomó el coche de su hermano y nos dirigimos al hospital en Nablus. Mi cuñado vino con nosotros, Llegamos al checkpoint de Huwara y nos detuvieron los soldados israelíes.

Ordenaron a Muhammad que saliera del coche y miraron sus papeles. Luego nos dijeron a mi cuñado y a mí que enseñáramos los nuestros. A continuación registraron el coche completamente. Le dijimos a los soldados que yo tenía que ir al hospital lo antes posible para dar a luz, que tenía fuertes dolores. Primero se negaron y después me dijeron que enseñara mi vientre para ellos pudieran ver que decía la verdad. Después de todo esto, que duró aproximadamente una hora, nos dejaron continuar. Seguimos y al cabo de unos pocos cientos de metros oímos unos disparos. Se produjo un fuerte tiroteo delante del coche.

El coche se paró y vi que habían dado a mi marido y que yacía sobre el volante. Le habían disparado en la garganta y en la parte superior del cuerpo y sangraba abundantemente”.

A su cuñado también le habían disparado en la parte superior del cuerpo, y la metralla y los cristales la habían herido a ella. Las contracciones eran más rápidas. Los soldados la sacaron del coche, la hicieron desvestirse para examinarla y la dejaron tirada en el suelo, herida y de parto.

Cuando por fin pudo llegar al hospital, dio a luz a una niña en el ascensor. Su marido murió, su cuñado permaneció en coma 40 días. El incidente cambió su vida irrevocablemente.

Otras mujeres embarazadas se enfrentan a situaciones similares, hostigadas y obligadas a dar a luz en los checkpoints sin condiciones higiénicas ni cuidados médicos para ayudarlas. En febrero de 2007 el Comisionado de Derechos Humanos de la ONU trató el asunto en un informe titulado “La cuestión de las mujeres palestinas embarazadas que dan a luz en los checkpoints israelíes” y señaló 69 casos desde 2000 a 2006 según los datos del Centro de Información sobre la Salud del ministerio palestino de Sanidad.

De ellos, 35 recién nacidos y cinco mujeres mujeres murieron por falta de cuidados. En otros seis casos, mujeres palestinas resultaron heridas a consecuencia de haber sido golpeadas, disparadas o afectadas por los gases tóxicos disparados por los israelíes.

Antes de la segunda Intifada el tiempo que se empleaba para acceder a las instalaciones sanitarias era de 15 a 30 minutos. Desde entonces cuesta entre dos y cuatro horas o más, y con demasiada frecuencia las fuerzas de seguridad lo impiden completamente. A consecuencia de ello muchas mujeres deciden dar a luz en casa, especialmente en las zonas rurales y pueblos, que están mucho más lejos de los centros médicos y de los checkpoints que hay que pasar para llegar a ellos, lo cual es imposible por la noche para quienes están bloqueados por el Muro de Separación. En todos los casos, los hostigamientos y abusos hieren a madres y recién nacidos, a veces hasta matarlos.

El parto de Rula Ishtaya era inminente a pesar de lo cual los soldados no le permitieron pasar. Tuvo que arrastrarse hasta detrás de una roca para dar a luz sola, gritando y chillando sola sin que nadie la ayudara. Ella sobrevivió pero su recién nacida murió, una experiencia que es común a otras mujeres, lo que hace que el embarazo sea la tercera causa de muerte entre mujeres mayores embarazadas en vez de una alegría que anticipa una nueva vida.

Incluso cuando el parto sale bien, las complicaciones post-natales añaden otros riesgos y bajo el bloqueo a Gaza estos riesgos son mucho mayores y están exacerbados por otros problemas de salud, la desnutrición y la falta de prácticamente todo lo que se deja entrar y la falta de la mayoría de lo mucho que no.

A consecuencia de ello, los estudios muestran que por todos los territorios palestinos las mujeres están obsesionadas por la muerte, se sienten desvalidas y deprimidas, se sienten coléricas y tienen ataques de nervios. Además, la extrema pobreza les obliga a descuidar su propia salud y a centrarse en la de sus hijos y familiares. Sin embargo, persisten y aguantan.

La educación es otro problema a causa, entre otras cosas, de los checkpoints, de los controles y de que algunas escuelas se han convertido en centros de detención. A consecuencia de ello, muchas familias mantienen a sus hijas en casa para evitar que sean hostigadas y humilladas, y en otros casos, dejan la escuela antes de terminar los estudios para ayudar económicamente ya que las familias priorizan a los hijos, de los que se espera que ayuden cuando se casen.

Para las chicas jóvenes hay pocas oportunidades de desarrollo, de diversión y de participación aparte de la escuela. En otros casos, las familias no tienen más opción que presionar a sus hijas para que se casen pronto debido a la pobreza y las privaciones.

A pesar de todo están aumentando los índices de aprendizaje y de asistencia a la escuela, lo que demuestra que cuando hay voluntad existe el camino. Esto es verdad también en relación la fuerza de trabajo: un estudio de 2006 indica que las mujeres suponen el 14.5% de ésta. Debido a la extrema pobreza muchas mujeres tienen que trabajar, aunque esto nunca es fácil dada la alta tasa de paro. Otras trabajan en la agricultura sin recibir un salario.

Las mujeres palestinas se convierten en víctimas cuando sus maridos, hijos u otros parientes son detenidos, asesinados u heridos de otras maneras. También son detenidas y se las presiona para que ayuden a las fuerzas de seguridad en contra de sus seres queridos bajo la amenaza de demoler sus casas o cosas peores.

La tragedia de Um Mansur Shreim es paradigmática. Una madre sola de tres hijos presos ya que su marido murió en un checkpoint israelí cuando iba a hacer la única visita que se les permite a uno de ellos. Murió de un ataque al corazón porque las autoridades retrasaron la llegada de la ambulancia. Antes de eso, les habían demolida la casa cuando detuvieron a uno de los hijos: es la manera como Israel castiga a los miembros de una familia cuando se busca a uno de sus miembros o es detenido. Si uno sufre, sufren todos y las mujeres son las que resultan más dañadas cuando sus maridos o hijos son detenidos o asesinados.

La historia de Um Nasir Abu Hamid, una madre de 10 hijos, también es terrible: uno de ellos fue asesinado, otros siete están presos y sus padres no pueden visitarlos “por razones de seguridad”. Otros cuatro fueron condenados a cadena perpetua y su casa fue demolida dos veces.

A pesar de todo, las mujeres palestinas persisten y aguantan. Um Nidal Farhat es una más de ellas. Las fuerzas de seguridad mataron a tres de sus hijos. Pero ella no desistió en su empeño, protegió en su casa a otros a los que buscaban los israelíes ya que estaba dispuesta a sacrificar a sus propios hijos por la libertad y la justicia.

Las mujeres también son activas políticamente y participan en las manifestaciones, en marchas y en otras protestas, además de proporcionar ayuda médica y comida a las personas heridas. A veces incluso participan en la resistencia armada y se ponen ellas mismas en la primera línea arriesgándose a ser asesinadas o encarceladas.

Esto es una tradición que se remonta al siglo XIX. La primera vez fue en Afula en 1893, cuando las mujeres se manifestaron en contra de la construcción de una nueva colonia judía. En 1929 las fuerzas británicas mataron a nueve mujeres en la batalla de al-Buraq, un acontecimiento que supuso un punto de inflexión en la lucha por el estatuto económico y político.

A continuación se celebró en Jerusalén la primera conferencias de mujeres palestinas y el comité ejecutivo de la Asociación de Mujeres Árabes fundó el Sindicato de Mujeres Árabes en Jerusalén y Nablús.

Durante la revuelta de 1936 - 1939 contra inmigración judía, contra la transferencia de tierras a propietarios judíos y por un nuevo gobierno representativo general las mujeres participaron valientemente suministrando comida, armas y adiestrándose para el combate.

De nuevo, durante la guerra de 1948 las mujeres participaron activamente cambiando sus joyas por armas, suministrando comida, armas y otros artículos, y a veces luchando al lado de sus compañeros. Un grupo de mujeres de Jaffa formó un escuadrón secreto de mujeres llamado Margarita (Zahrat al-Uqhuwan), que se encargó de urgir a otras personas al combate y de proporcionar ayuda a la resistencia. Otra Asociación de Solidaridad de Mujeres proporcionó suministros médicos, ambulatorios y primeros auxilios.

Después de 1948 los refugiados, especialmente mujeres que se enfrentaban a la pobreza y a las privaciones, hicieron todo lo que pudieron para sobrevivir y ayudar a sus familias. La Nakba inflamó su espíritu y su identidad para luchar por el derecho al retorno.

En 1964 se fundó el Sindicato de Mujeres Palestinas para “mejorar la situación económica, social y sanitaria de las mujeres, proteger a las mujeres trabajadoras y proporcionar asistencia a madres e hijos”. Un año después, se crearon el Sindicato General de Mujeres Palestinas y varias sociedades de beneficencia después del establecimiento de la OLP.

Tras la ocupación de 1967 la mujeres activistas se unieron a la resistencia, se comprometieron en el trabajo político y social, y a veces en la lucha armada.

En diciembre de 1976 el gobierno militar israelí enmendó la Ley electoral jordana de 1955 que permitía a todos los palestinos mayores de 21 años votar en las elecciones municipales, incluidas las mujeres. A consecuencia de ello las mujeres se volvieron más activas políticamente que nunca, lo que provocó que cientos de ellas fueran atacadas, detenidas o asesinadas.

Durante la primera Intifada las mujeres participaron al lado de los hombres. La detención de más de 500 no las disuadió entonces ni las disuade ahora. Después del establecimiento de la Autoridad Palestina en 1994 las mujeres trabajaron en ministerios e instituciones públicas, la mayoría de ellas en tareas de apoyo como profesoras, secretarias y otros puestos no oficiales, aunque algunas de ellas fueron candidatas y 5 de 88 llegaron a ser miembros del gobierno. En 2006 hubo 17 de 132 representantes de Hamas, Fatah, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, la Tercera Vía y Palestina Independiente.

Durante la segunda Intifada las mujeres participaron activamente, incluyendo manifestaciones heroicas: 163 mujeres pagaron con sus vidas. Un acontecimiento notable se produjo el 11 de marzo de 2006 cuando mujeres de Beit Hanun se manifestaron por la liberación de 70 luchadores de la resistencia palestina que estaban asediados por las fuerzas de seguridad en la mezquita de Nasr.

Se enfrentaron sin armas a los soldados y tanques israelíes en medio de los tiros, algunos de ellos directos que mataron a dos mujeres e hirieron a otras 18, varias de ellas gravemente. Entre estas mujeres estaba Jamilah al-Shanti, que afirmó: “La verdad fue mayor y más fuerte de lo que se vio en las pantallas de la televisión por satélite...Nos mantuvimos firmes en nuestra decisión de acabar con el asedio a la mezquita aun cuando esto nos costara la vida”.

Las mujeres de Beit Hanun se ofrecieron voluntarias para llevar a los herido a los hospitales a pesar de que los soldados israelíes impedían al personal médico que les ayudaran. Otras se enfrentaron directamente a las fuerzas israelíes (y murieron o resultaron heridas, al igual que ocurrió en otros incidentes por todos los territorios palestinos), pero nunca fue fácil porque las mujeres y hombres se enfrentaban a unas fuerzas despiadadas a las que no avergonzaba disparar contra ellos a sangre fría.

Un comentario final

Al igual que los heroicos hombres y niños palestinos, durante seis décadas las mujeres han luchado por la liberación, socialmente, políticamente y a veces militando por la justicia, a pesar de las enormes presiones y responsabilidades como esposas, madres, cuidadoras y, cuando era necesario, luchadoras por la libertad.

Han soportado pobreza, privaciones y un enorme sufrimiento luchando para hacer frente a la agresión israelí. Se sacrificaron por sus familias, perdieron a sus hijos y sus casas, y, sin embargo, continúan diciendo, como explicó Um Leila: “....a pesar de todos los obstáculos, a pesar de la oposición de los hombres, las mujeres palestinas combatirán en la lucha de liberación. Cada día se asesina a personas entre nosotros, cada día produce un mártir. Si la gente no entiende (nuestra) situación....no entenderá el dolor que hace que las madres deseen, más que ninguna otra cosa, que sus hijos se integren en comandos”.

Este espíritu no morirá hasta que un pueblo valiente sea libre otra vez en sus propias casas, sobre su propia tierra en Palestina liberada.




http://www.palestinalibre.org/articulo.php?a=24420

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