Los cuentos del tiempo de Cortazar y Kafka

Duración, movilidad y cambio en los cuentos del tiempo de Cortazar y Kafka



Los cuentos del tiempo de Cortazar y Kafka


Resumen: el tiempo, en algunos cuentos de Kafka y Cortazar visualizan una idea de duración y de diversidad para la conciencia humana, pero tratada no tanto por la inteligencia y la razón que toma instantáneas, sino desde algo más cercano a los objetos que van deviniendo otros, esto es, la intuición humana, entendida como un conocimiento humano que está cercanísimo al mundo en constante cambio y movilidad, por tanto, es de esperar que esta conciencia realice una apertura desde esta herramienta que hace caso a su fluir (también la del mundo), mostrando el contenido y el juego desde la literatura que acerca las individualidades humanas y sus emociones según la memoria de hechos que acaecen y que se mueven, penetrándose y yuxtaponiéndose para ver el tiempo


Duración, movilidad y cambio en los cuentos del tiempo de Cortazar y Kafka

Gianni Grondona Rodriguez 1

Seguros de qué, dime un poco, cuando yo, un pobre diablo con más pestes que el demonio debajo de la piel, tenía bastante conciencia para sentir que todo era como una jalea, que todo temblaba alrededor, que no había más que fijarse un poco, sentirse un poco, callarse un poco, para descubrir los agujeros. En la mano, en el diario, en el tiempo, en el aire: todo lleno de agujeros, todo esponja, todo como un colador colándose a sí mismo…

Resumen: el tiempo, en algunos cuentos de Kafka y Cortazar visualizan una idea de duración y de diversidad para la conciencia humana, pero tratada no tanto por la inteligencia y la razón que toma instantáneas, sino desde algo más cercano a los objetos que van deviniendo otros, esto es, la intuición humana, entendida como un conocimiento humano que está cercanísimo al mundo en constante cambio y movilidad, por tanto, es de esperar que esta conciencia realice una apertura desde esta herramienta que hace caso a su fluir (también la del mundo), mostrando el contenido y el juego desde la literatura que acerca las individualidades humanas y sus emociones según la memoria de hechos que acaecen y que se mueven, penetrándose y yuxtaponiéndose para ver el tiempo

Descriptores: Duración-movilidad-cambio-cualidad-tiempo


En algunos cuentos de Kafka y Cortazar se visualizan guiños que anuncian la aperturidad a ciertas problemáticas que nos acaecen cotidianamente cuando traspasamos los personajes, la escritura y lo que se narra; una suerte de desvelamiento de lo oculto en el lenguaje sutil de estos autores. Empero, cimientan en nosotros un gozo jamás baladí que nos sobrecoge de diversas maneras, más allá de la reflexión lógica abarcadora de la inteligencia, sino en la intuición de la conciencia inmediata que recoge aquello que tenemos de instintivo y que transformamos en una idea más acogedora.

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1 *Profesor de filosofía, Licenciado en Educación y filosofía, Magister (c) en filosofía por la Pontificia Universidad católica de Valparaíso.


Sin más, el asunto que está detrás de algunos cuentos es el tiempo, de la mano fructífera de estos autores, que describen pinceladas de ideas en nosotros e imprimen para siempre en las personas el recuerdo, no tanto de éste o aquel personaje, sino de la construcción reflexiva-artística de lo cotidiano del suceso.
Bergson es quien acoge, según la presente propuesta, desde sus concepciones, el tiempo de los cuentos, donde todo fluye incesantemente y tiene una duración exquisita que se cierra con un final totalmente inaprensible por los lectores y los escritores, pues no está fijado, aunque el lenguaje podría decirnos lo contrario, pues al ser movilidad, sucesión-simultaneidad y tiempo que va aconteciendo, gracias a la conciencia pierda la fijeza típica de la inteligencia.
Los cuentos de Kafka y Cortazar duran, porque el tiempo y el hombre lo hacen también, al comprender la indivisibilidad de lo que está pasando, de lo contrario, padeceríamos, experimentaríamos y viviríamos cortes e inmovilidades, asunto que la inteligencia con la razón, el lenguaje y la lógica efectúan. En efecto, la inteligencia piensa la materia, pero la intuición el espíritu, como afirma Bergson, y ello quiere significar sin más que “…pensar intuitivamente es pensar en duración. La inteligencia parte ordinariamente de lo inmóvil y reconstruye, bien o mal, el movimiento con inmovilidades yuxtapuestas” .
Lo anterior es antesala a la cuestión que aquí nos convoca, a saber, el tiempo en los cuentos de Kafka y Cortazar, pues la narración misma de estos autores muestran la riqueza de los personajes, el corpus de la escritura y de aquello emergido del contenido de los cuentos, por ejemplo, lo narrado por el personaje del perseguidor, Johnny, acerca del tiempo “Esto lo estoy tocando mañana” o “esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados” .
Ocurre algo, es cierto, aunque el personaje padezca algo en el transcurso de la historia, vale decir, lo que usted desee, lo que interprete o…, en fin, precisemos, nos sitúa en un no contexto continuo o, si se quiere, en algo que está siendo y es infinito, aunque, es cierto, el personaje en cuestión está dañado psicológicamente, no obstante, no es relevante el pronunciarse sobre algo que se nos escapa al pensamiento de un opus tradicionalmente conocido filosóficamente, esto es, que inteligimos con un orden, sino que lo narrable y escrito es eso y no una volición esperable por la recta razón; una posición intuitiva donde aquella idea —continuidad— es un modo de conocimiento (confuso) arbitrariamente opuesta a la inteligencia por la tradición, pero que es contacto, coincidencia y visión del objeto que se da a la conciencia inmediata, es decir, a la inteligencia con un lenguaje esencialmente en apertura y, aunque por su limitación natural fija, la yuxtaposición intuición-inteligencia traspasa la relación con aquello que percibimos.
Kafka, en Un artista del hambre, Josefina, pretende sobrepasar con su “chillido” la cotidianidad del trabajo arduo de cualesquiera persona de esa extraña cultura explicitada por el personaje que narra, en cuanto a que su voz se apagaría e instauraría un caos en los contertulios, empero, sólo descansan cuando cantan y no la escuchan, puesto que están ensimismados en cada uno de ellos.
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2 Bergson, Henri, Obras escogidas. Serie biblioteca premios Nobel, Pensamiento y Movimiento, II, p.956. Aguilar, Ciudad de México, México, 1963.
3 Cortazar, Julio, Cuentos Completos, Las Armas Secretas, p. 229.
4 Ibíd., p. 230.

Lo que inquiere este cuento, es el transcurrir de voluntades de poder —en el sentido de creación en negación de estados “muertos”—, de deseos que invitan a que la escuchen aunque sea lega, pero que extrapola la obliteración de un pueblo que destruye-crea aquello que desea, por ende, estamos frente de un discurso superficial de antagonismo, pero resulta que es así lo que la conciencia atrae, esto es, contrariedades que se fijan sólo al repararse por un intelecto en quietud; que si es percibido e intuido lo pensado, ahora da cuenta de que aunque se fije, por debajo, encontramos posiciones distantes que atraen la disputa; que el reconocimiento de la compasión, entendida desde el estar-con, es alteridad.
Ahora bien, Bergson trabaja con la concepción de que el tiempo posee duración, el espacio materialidad y el movimiento movilidad para hacer notar que son distintos (el tiempo del espacio y el movimiento). Lo anterior, hace sentido en tanto que la duración está presente en la realidad mediante la aproximación del espíritu con su conciencia inmediata , la intuición y la percepción, herramientas mediante las cuales analizamos y yuxtaponemos aquello que recogemos del mundo, pues “He aquí el punto de arranque de su filosofía: el análisis del tiempo”5 . Pero resulta, que el tiempo de la ciencia se entiende como sucesión según nos retrata Zubiri del autor, pues hay determinación de los estados mentales de quienes lo pensamos. Frente a esto, está la duración que presenta al tiempo como libertad, pues, la multiplicidad de los hombres y de las cosas —en los sujetos—, al constar que los hechos de conciencia introducen la intuición y la percepción que recogen los hechos y lo vierten a la conciencia que es inmediata, se produce una aprehensión de la conciencia inmediata, pues ésta acoge esta multiplicidad como tiempo moviente..
Lo anterior se comprende en los cuentos de Kafka y Cortazar, cuando en La condena de Kafka, vemos cruzar la historia de varios personajes, pero de ellos, Georg, al escribir una carta al amigo que vive en Moscú y dar cuenta de los pormenores de su casamiento, deviene en la historia misma, cambios de relatos que apuntan no ya al contenido de la carta, sino a hechos de conciencia de Georg con respecto a los de su padre, esto es, la disputa de la verdad de ambos, asunto que es incipiente en toda la obra, pero se desarrolla al final, pues se considera lo que realmente sucede y no la escritura del texto. En el texto se ve el transcurrir del tiempo de la conciencia y no como se nos aparece, sino que se yuxtaponen recuerdos que se presentan, dando lugar a la unidad del relato. Como nos dirá Bergson:

[…] toda unidad es un acto simple del espíritu y que, consistiendo este acto en unir, es muy necesario que alguna multiplicidad sirva de materia […] en el momento que pienso cada una de estos unidades aisladamente la considero indivisible, puesto que se comprende que no pienso más que en ella. 6

Lo mismo sucede en Las babas del Diablo de Cortazar, donde parece que la historia se enfoca en lo que escribe Roberto Michel con su traducción o la observación de la pareja o lo que podría ser de la
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5 Zubiri, Xavier, Cinco Lecciones de Filosofía, Lección IV Bergson, p.161, Alianza Editorial en “El Libro de Bolsillo” 1992, Madrid, España.
6 Bergson, Henri, op cit. (nota 1), Ensayos inmediatos de la conciencia, II, pp. 101-102.

Zubiri, Xavier, Cinco Lecciones de Filosofía, Lección IV Bergson, p.161, Alianza Editorial en “El Libro de Bolsillo” 1992, Madrid, España.
Bergson, Henri, op cit. (nota 1), Ensayos inmediatos de la conciencia, II, pp. 101-102.

indivisibilidad y no del corte del tiempo vía la fotografía es un hecho de conciencia que traspasa la narración de Roberto y sigue sucediendo porque el tiempo transcurre, lo cual significa proyección de ideas. De hecho la imagen traspasa lo que la imagen muestra por los hechos de conciencia de Roberto Michel, puesto que lo que la fotografía arrojaba (una pareja juntos de un joven y una adulta), luego no lo era:

[…] El chico había agachado la cabeza, como los boxeadores cuando no pueden más y esperan el golpe de desgracia; se había alzado el cuello del sobretodo, parecía más que nunca un prisionero, la perfecta víctima que ayuda a la catástrofe. Ahora la mujer le hablaba al oído, y la mano se habría otra vez para posarse en su mejilla, acariciarla y acariciarla, quemándola sin prisa 7 .

En Kafka, en el último cuento citado, el asunto de la indivisibilidad de la conciencia inmediata mediante los hechos de conciencia intuidos, lo vemos cuando se le condena a ahogarse por la despreocupación, por la falta de visión de los hechos materiales que ocurrían ante sus ojos:

— ¡Cuanto tiempo has tardado en abrir los ojos! La pobre madre murió antes de ver ese día de júbilo; tu amigo está muriéndose en Rusia, ya hace tres años estaba amarillo como un cadáver, y yo ya ves como estoy. Para eso tienes ojos […] — Y ahora ya sabes que hay otras cosas en el mundo […] escúchame: ahora te condeno a morir ahogado 8 .

Es un solo texto, un solo cuento que es fragmentado para la comprensión humana “normal” en tanto entendimiento de los tiempos de aquél al descifrarlo, separarlo y analizarlo, pero resulta que es una unidad indivisible porque la realidad del cuento así se nos presenta, porque se iguala espacio y tiempo a la hora de conocer algo vía la inteligencia. El tema es hacerlo atando cabos mediante nuestra inteligencia y el lenguaje, pero visualizando, mirando los hechos acaecidos en la conciencia inmediata que lee con nuestro espíritu el tiempo como duración y no el espacio como la materialidad ahí que se cuenta inmóvil, siendo que el mundo se nos muestra como fluyendo, cambiando y deviniendo otra así mismo e idéntico a sí, si comprendemos la totalidad como un todo de diversidades que se encuentran.
La idea entonces es, mediante el espíritu, imaginar que se observa en la duración, o reteniendo (sensaciones sucesivas para organizarlas y agruparlas) o contando (disociando para dejar huellas) como medio del tiempo que realiza, no una medición del tiempo en el espacio, sino recordando un pasado en el presente para que esté aquí como un hecho de conciencia: el cuento de ambos autores (los últimos) tienen de cercanos la “interpenetrabilidad recíproca de los sentimientos, sensaciones e ideas que ocupa cada una

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7 Cortazar, Julio, op. Cit. (nota 2), pp.222-223.
8 Kafka, Franz, La Condena: relatos, La Condena, p. 23, Emecé editores, S.A., BBAA, Argentina, 1952.

por separado, un lugar en el espíritu” 9, puesto que todo tipo de creación a partir de hechos de conciencia es un encuentro para saber algo e interpretarlo sobre el acontecimiento a mirar; es que el tiempo es movilidad, se escapa a la búsqueda de nosotros y no se encuentran las partes cuando queremos presentarlas o superponerlas, entonces hay que conservarlo mediante la mirada al pasado, hoy. Hay que crearlo continuamente porque el tiempo es lo que se hace para que nosotros realicemos algo.
Estudiar y analizar el tiempo es realizar la visión, mediante la intuición, de la duración, de la movilidad que se escapa y que no se encuentra de manera similar, entonces, hay que componer la realidad, tanto de la vida interior como de la vida exterior, mediante la observación del tiempo; de sus efectos. ¿Cómo? Haciendo un catastro de la evolución (interpretación) —y no desenvolvimiento (yuxtaposición)— de la historia de la filosofía, pues se ha visto que espacio y tiempo pertenecen al mismo género, por tanto, lo que se estudia en uno se traspasa al otro y así coinciden al igualar la materia con el espíritu; en otras palabras, lo que se ha construido es un lenguaje que resiste todo, sobre todo, el tiempo, sin embargo, se ha perdido el tiempo porque hemos llegado a que la simultaneidad entre en el tiempo para que exista sucesión de dos pedazos detenidos de movimientos de cosas, que no están en movilidad, pues se trata de mover algo con la inteligencia (pero que está inmóvil) para poder comprenderla y determinarla. Así, se coloca en el tiempo la materialidad del espacio que también es fijo. ¿Resultado? Se comprende lógicamente el tiempo, ese móvil que recorre una distancia en una línea inmóvil; que se mida el tiempo y que pase a través del lenguaje para expresarlo, en una palabra, sucesión. El problema es que el entendimiento ve esto y toma instantáneas del momento (no imágenes), gracias a que los momentos y los estados de la conciencia se lo permiten, así que la continuidad y la yuxtaposición de los objetos exteriores se dejan de lado y se sobreentiende que tiempo y movimiento son similares.
¿Cómo alcanza esta idea a los cuentos de Kafka y Cortazar? En este último, transcurren hechos que van fluyendo mientras se lee, que están ininterrumpidos y que se prolongan sin fin en la unidad del cuento. Hay aquello de donde se comprende la ilación, la yuxtaposición de la experiencia inacabada de la trama, pues hay creación incesante de tempos por parte de los personajes, como pequeños estadios particulares, como un radar individual que van tomando forma al retomar las historias diversas que siguen un curso continuo, es decir, que el entrecruzamiento de los cuentos cortazarianos nos señala una constante transmutación de objetos y hechos en la unidad, tanto espiritual de los lectores como de los personaje y, por supuesto, del autor. El tiempo real y la duración no se detienen, de hecho van cambiando por el transcurrir de las veces que se lee y se interpreta, por la cantidad de acontecimientos, de personaje y detalles titilando en nuestras consciencia cada vez más cercanas a los hechos mentales que acarreamos cuando leemos. La circunstancia es que leemos e interpretamos desde el texto y desde el recuerdo que nos adviene cuando queremos incansablemente retomar detalles interesantes de la trama, pero éstos no se detienen cuando realizamos el ejercicio de constituir una genealogía hoy, porque pareciese que partiéramos desde un punto fijo y arbitrario, ¡no!, recordamos los hechos como si corriésemos constantemente al intuir del mundo los objetos y lo expresamos en el presente, lo cual significa que siempre se retoma.

En la noche boca arriba, Cortazar nos muestra los vaivenes de la conciencia humana como Bergson lo comprende, pues desde un accidente y mirando desde su perspectiva (postrado en cama), va narrando la historia de él, dentro de él, pero mostrado desde el ensueño y la concepción de variados hechos intrincados entre sí, por la vigilia y el ensueño. Pues bien, el lugar, las narraciones y la visión del personaje se sitúan en

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Bergson, Henri, op. Cit. (nota 6), p. 107.

mirada, sin embargo, se presenta que la apertura de la imagen en el relato de la conciencia, vale decir, de la indivisibilidad y no del corte del tiempo vía la fotografía es un hecho de conciencia que traspasa la narración de Roberto y sigue sucediendo porque el tiempo transcurre, lo cual significa proyección de ideas. De hecho la imagen traspasa lo que la imagen muestra por los hechos de conciencia de Roberto Michel, puesto que lo que la fotografía arrojaba (una pareja juntos de un joven y una adulta), luego no lo era:

[…] El chico había agachado la cabeza, como los boxeadores cuando no pueden más y esperan el golpe de desgracia; se había alzado el cuello del sobretodo, parecía más que nunca un prisionero, la perfecta víctima que ayuda a la catástrofe. Ahora la mujer le hablaba al oído, y la mano se habría otra vez para posarse en su mejilla, acariciarla y acariciarla, quemándola sin prisa .

En Kafka, en el último cuento citado, el asunto de la indivisibilidad de la conciencia inmediata mediante los hechos de conciencia intuidos, lo vemos cuando se le condena a ahogarse por la despreocupación, por la falta de visión de los hechos materiales que ocurrían ante sus ojos:

— ¡Cuanto tiempo has tardado en abrir los ojos! La pobre madre murió antes de ver ese día de júbilo; tu amigo está muriéndose en Rusia, ya hace tres años estaba amarillo como un cadáver, y yo ya ves como estoy. Para eso tienes ojos […] — Y ahora ya sabes que hay otras cosas en el mundo […] escúchame: ahora te condeno a morir ahogado .

Es un solo texto, un solo cuento que es fragmentado para la comprensión humana “normal” en tanto entendimiento de los tiempos de aquél al descifrarlo, separarlo y analizarlo, pero resulta que es una unidad indivisible porque la realidad del cuento así se nos presenta, porque se iguala espacio y tiempo a la hora de conocer algo vía la inteligencia. El tema es hacerlo atando cabos mediante nuestra inteligencia y el lenguaje, pero visualizando, mirando los hechos acaecidos en la conciencia inmediata que lee con nuestro espíritu el tiempo como duración y no el espacio como la materialidad ahí que se cuenta inmóvil, siendo que el mundo se nos muestra como fluyendo, cambiando y deviniendo otra así mismo e idéntico a sí, si comprendemos la totalidad como un todo de diversidades que se encuentran.
La idea entonces es, mediante el espíritu, imaginar que se observa en la duración, o reteniendo (sensaciones sucesivas para organizarlas y agruparlas) o contando (disociando para dejar huellas) como medio del tiempo que realiza, no una medición del tiempo en el espacio, sino recordando un pasado en el presente para que esté aquí como un hecho de conciencia: el cuento de ambos autores (los últimos) tienen de cercanos la “interpenetrabilidad recíproca de los sentimientos, sensaciones e ideas que ocupa cada una por separado, un lugar en el espíritu” , puesto que todo tipo de creación a partir de hechos de conciencia es un encuentro para saber algo e interpretarlo sobre el acontecimiento a mirar; es que el tiempo es movilidad, se escapa a la búsqueda de nosotros y no se encuentran las partes cuando queremos presentarlas o superponerlas, entonces hay que conservarlo mediante la mirada al pasado, hoy. Hay que crearlo continuamente porque el tiempo es lo que se hace para que nosotros realicemos algo.
Estudiar y analizar el tiempo es realizar la visión, mediante la intuición, de la duración, de la movilidad que se escapa y que no se encuentra de manera similar, entonces, hay que componer la realidad, tanto de la vida interior como de la vida exterior, mediante la observación del tiempo; de sus efectos. ¿Cómo? Haciendo un catastro de la evolución (interpretación) —y no desenvolvimiento (yuxtaposición)— de la historia de la filosofía, pues se ha visto que espacio y tiempo pertenecen al mismo género, por tanto, lo que se estudia en uno se traspasa al otro y así coinciden al igualar la materia con el espíritu; en otras palabras, lo que se ha construido es un lenguaje que resiste todo, sobre todo, el tiempo, sin embargo, se ha perdido el tiempo porque hemos llegado a que la simultaneidad entre en el tiempo para que exista sucesión de dos pedazos detenidos de movimientos de cosas, que no están en movilidad, pues se trata de mover algo con la inteligencia (pero que está inmóvil) para poder comprenderla y determinarla. Así, se coloca en el tiempo la materialidad del espacio que también es fijo. ¿Resultado? Se comprende lógicamente el tiempo, ese móvil que recorre una distancia en una línea inmóvil; que se mida el tiempo y que pase a través del lenguaje para expresarlo, en una palabra, sucesión. El problema es que el entendimiento ve esto y toma instantáneas del momento (no imágenes), gracias a que los momentos y los estados de la conciencia se lo permiten, así que la continuidad y la yuxtaposición de los objetos exteriores se dejan de lado y se sobreentiende que tiempo y movimiento son similares.
¿Cómo alcanza esta idea a los cuentos de Kafka y Cortazar? En este último, transcurren hechos que van fluyendo mientras se lee, que están ininterrumpidos y que se prolongan sin fin en la unidad del cuento. Hay aquello de donde se comprende la ilación, la yuxtaposición de la experiencia inacabada de la trama, pues hay creación incesante de tempos por parte de los personajes, como pequeños estadios particulares, como un radar individual que van tomando forma al retomar las historias diversas que siguen un curso continuo, es decir, que el entrecruzamiento de los cuentos cortazarianos nos señala una constante transmutación de objetos y hechos en la unidad, tanto espiritual de los lectores como de los personaje y, por supuesto, del autor. El tiempo real y la duración no se detienen, de hecho van cambiando por el transcurrir de las veces que se lee y se interpreta, por la cantidad de acontecimientos, de personaje y detalles titilando en nuestras consciencia cada vez más cercanas a los hechos mentales que acarreamos cuando leemos. La circunstancia es que leemos e interpretamos desde el texto y desde el recuerdo que nos adviene cuando queremos incansablemente retomar detalles interesantes de la trama, pero éstos no se detienen cuando realizamos el ejercicio de constituir una genealogía hoy, porque pareciese que partiéramos desde un punto fijo y arbitrario, ¡no!, recordamos los hechos como si corriésemos constantemente al intuir del mundo los objetos y lo expresamos en el presente, lo cual significa que siempre se retoma.
En la noche boca arriba, Cortazar nos muestra los vaivenes de la conciencia humana como Bergson lo comprende, pues desde un accidente y mirando desde su perspectiva (postrado en cama), va narrando la historia de él, dentro de él, pero mostrado desde el ensueño y la concepción de variados hechos intrincados entre sí, por la vigilia y el ensueño. Pues bien, el lugar, las narraciones y la visión del personaje se sitúan en un espacio que se confunde con tiempos desde los estados que se materializan según sus momentos, entre inmerso en su sueño y la realidad de la vigilia, esto es, lo que afirma ver (realidad-sueño) con su estado en ese instante. Así, hay simultaneidad de sucesiones en un espacio determinado para la razón, puesto que hay una diferencia (lo he descrito anteriormente) del lector y de su interpretación para comprender qué acontece. No obstante, existen multiplicidades de hechos desde la cualidad de la duración que se muestran indivisibles al presentarse una unidad de relato, pero que aparece como si se midiera por momentos fijos para colocarlos simultáneamente según la sucesión cuantitativa de la razón humana, entonces, no es necesario ni suficiente, menos clarificador, distanciarnos de una duración de la experiencia misma en el tiempo.
Así, nos muestra Cortazar desde el tiempo el funcionamiento de la conciencia en ensueño y la vigilia:

[…] El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.
Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas 10.

Con respecto a Kafka, en su cuento En la colonia penitenciaria, se suceden una serie de hechos que narran la interacción de los personajes principales (el explorador y el oficial) y que descansan en que son una relación, una simultaneidad y sucesión de hechos materiales de conciencia, al estar palpando objetos y dialogando acerca de la máquina torturadora, No obstante, de lo que se trata es de los estados psicológicos del explorador y el oficial acerca de lo que significa la utilidad o no del artefacto; depende, como nos dirá Zubiri, mostrando la epistemología bergsoneana, del homo faber y locuax 11 , quienes nos dan la tecnicidad, la ciencia y el lenguaje respectivamente (con relación a la inteligencia y como se está con las cosas), asimismo, somos testigos de las aprehensiones de ambos, pues la descripción de los momentos del cuento nos da cuenta del funcionamiento de las estructuras inteligibles e intuitivas del contenido, esto es, lo que aparece aquí nuevamente son las sensaciones, los sentimientos, las emociones, en fin, experiencias vívidas que presentan cualidades temporales de la historia, por cuanto constituyen realidades heterogéneas, cualidades sensibles, donde la conciencia de sí intuye un cambio y un movimiento de las posibilidades anteriores y presentes que, sea de paso, duran y producen el todo de la historia. Sin el tiempo diverso, en cambio,

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10 Cortazar, Julio, op. cit. (nota 6), Final del juego, p, 387.
11 La entrada de la antropología nos muestra que el hombre con construcciones tanto dialógicas como técnicas, nos sitúa en un estadio donde la acción en el tiempo continuo de la conciencia, rescata lo que significa la com-pasión de seres encajados en dimensiones contrapuestas y vinculantes para así comprender sus propios reveses.


yuxtapuesto, recordado y en duración, no se entendería para la conciencia inmediata que lo que acontece es así holísticamente y no fijado en movimiento, vale decir, homogeneizado en el espacio.

El relato cuenta que el instrumento torturador funciona en castigo de cualquier delito (hasta el más ínfimo dentro de la colonia penitenciaria), pero en el transcurso de los hechos, vemos que pierde base y aparece el descrédito por la aparición del explorador (para los superiores del oficial y la colonia), pues éste tenía la misión de revisar los resultados y la función en estos días. En consecuencia, trae una serie de consideraciones acerca de la crueldad y de la aceptación del artilugio por parte del oficial, pues a éste le es sin importancia los pacientes y sus condiciones; lo que él hacía era mecánico en el tanto de que, en cuanto tuviera apoyo para ejecutarlo y mantenerlo lo realizaba al comprender que la máquina purga un delito, haciendo de ella una herramienta de control.
En efecto, hay desesperación en los personajes por lo que ha ocurrido y está ocurriendo, pero también por lo que ocurrirá cuando se repare en esa verdad inminente traída desde la intuición hacia la conciencia, a saber, que no tiene ya sentido mantenerla, defenderla y aceptarla. Así comprenden que la emergencia del acontecimiento novedoso y creativo del autor trae implicaciones de la memoria acerca el espíritu y la materialidad del suceso, porque traer recuerdos de lo bueno que fue y engarzarlo con lo que pasa con el explorador, significa reconocer que el control y la crueldad hoy, está desprestigiado, que la apología ya no le es útil a alguien. Por eso el oficial se autotortura y comprende que debe un reconocimiento a las víctimas y a su servicio acéfalo (el tiempo circula y retrotrae recierdos, hechos y fines para que se comprenda en la diversidad, el epílogo de la historia).
Ahora bien, la idea según la cual las sensaciones son inextensas (y cualitativa) y que se yuxtaponen entre ellas para que como síntesis se hable de extensión—lo que como Kant prefiguraba, es la distinción entre la forma y la representación de las sensación—¬¬¬, nos implica la noción de espacio, pero no desde la cantidad, la multiplicidad y la materia, sino desde la intuición, el cambio y la duración; es como nos advierte Bergson:

[…] el espacio, sin ser extraído de las sensaciones, resultaría de su coexistencia (nosotros abrazamos la multiplicidad en una percepción única; si suprimimos el espíritu que realiza esta síntesis destruimos las cualidades o el aspecto bajo el cual se presenta a nuestra conciencia la síntesis de las partes elementales) […] este acto consiste esencialmente en la intuición […] 12 .

En efecto, la actividad del espíritu es heterogeneidad cualitativa, pero el espacio es homogeneidad cuantitativa y material; una superficialidad que inteligimos como identidad, simultaneidad y extensión de las cosas exteriores, esto es, nuestra representación de los objetos mediante nuestra actividad de la conciencia está espacializada y temporalizada. Así, podemos realizar acciones y hábitos según lo anterior y comprender la inserción del homo faber, como primero, al reparar en la exterioridad espacial de las cosas en vez de profundizar en las vivencias de lo que intuye el espíritu, pues éste ve su interioridad cuando percibe las

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12 Bergson, Henri, op. cit. (nota 5), p. 110.

cosas y no lo ve como sólo lo exterior a él, sino una diversidad de hechos que duran como duran nuestras experiencias; en otras palabras, no frente a ellas, sino con ellas o en ellas, porque la extensión y especialización material de las cosas implica la idea cuantitativa de las cosas al fijar y medir en momentos las vivencias al pensarlas exteriores a nosotros.
Volviendo a la propuesta, se explicitó que hay duración en el mundo y en nosotros, entonces como “…la literatura estudia al alma en lo concreto sobre ejemplos individuales…”13 , entiendo la relación entre los cuentos como una propuesta de evolución creativa, esto es, de una interpretación de la realidad que muestre cómo se nos presenta las cosas temporalmente en el espacio, pero no una simultaneidad de éste por aquél, ya que son distintos y poseen elementos no coincidentes, empero que pueden yuxtaponerse al tomarse como memoria humana. Es ahí cuando la propuesta de la relación Bergson-literatura con respecto al tiempo, nos hace sentido, pues existe una continuidad de los elementos relatados y de los acontecimientos, no un corte móvil en el espacio extenso. Entonces, se pugna contra la tradición que arguye la inocencia de la propuesta al seguir viendo la intuición como diferente a la inteligencia, en vez de conciliar, simpatizar con el interior —el nuestro también—de los conceptos para unificar y distanciarnos del homo locuax que determina, porque no se supone lo dado, sino la libertad que nos entrega el cambio, la movilidad y la duración de los objetos.
Finalmente, la propuesta cuentista de Kafka y Cortazar, nos mueve a reflexiones distintas sobre la idea del tiempo (siempre en relación), y es que proponen desde dos visones personales, la preocupación, la inquietud y la apertura al juego temporal, que como tal, va variando, pero está en duración al ser indivisible.
Existe la visión desde el devenir del relato, desde el contenido del cuento y desde la vida interior de los personajes para colocarse como espectador viviente a su alrededor, es decir, la importancia de lo que se cuenta y cómo se realiza. Asunto que es no es baladí, puesto que no se reparan leyéndose o cuantificándose desde la escritura, sino que ajenos a la interpretación y la reflexión, acontece un cambio de aperturidad de la vida interior, del padecer en cada cual sobre la historia. Ésta siempre es una con el tiempo, es unívoca en el sentido de los juegos que se realizan, porque puede parecer incoherente o fragmentario, pero la idea es posicionarse desde la realidad intuitiva, receptora de los hechos y colocada en la conciencia de manera abierta, dentro de la fluidez y la movilidad de las circunstancias humanas, no ocultando el deseo de perseverar o de resolver dentro del análisis. En efecto, hay un nudo de la comprensión a veces dado por la propia inteligencia, pero que se desvela cuando se entiende que si lo está es porque se es inauténtico con el seguir de las circunstancias. Así, por ejemplo, en Sobremesa y Conversación con un suplicante —Cortazar y Kafka respectivamente—, proponen en las historias, un giro de lo esperable y de cómo se nos presenta en su conjunto el relato, cuando desde el diálogo entre personas (epistolar y presencial), vemos que se pretende saber algo que no necesita construir cada uno de ellos, sino desde la memoria hacer que se encuentren los hechos y las situaciones, por ende, lo buscado por los personajes.
La ocurrencia y la creación de juegos en el contenido va engarzado por lo subrepticio de lo que se pretende descubrir mediante la duda y la preocupación, asuntos que dejan huella en los espíritus humanos, los cuales desean participar no sobre los actos, sino en las circunstancias y los hechos. Que la molestia, la inquietud, la claridad y la solución del nudo en que nos encontramos, cuando buscamos, nos arroja a la especulación sobre lo ocurrido, es síntoma de que lo temporal en los hechos acaecidos es fundamental para

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13 Íd., Pensamiento y Movimiento, I, p. 949.

comprender la situación en penetración y organización entre sí —como en la música—; como resultado una diversidad cualitativa e indistinta, una imagen de la duración y la despedida de un medio homogéneo o una cuantificación de los hechos sucedidos (“…si se mide el tempo no hay sucesión”…).
Se cuenta, se descubre, se olvida, se enoja, etc., son algunas expresiones insertas en los diálogos de los cuentos, ¿el propósito buscado? simplemente sospechar de las visiones del otro acerca de algo que virtualmente desean expresar, pero que se oculta por la precariedad de la comprensión del interlocutor; duda, miedo, disgusto, etc., emociones proyectadas en las preocupaciones, puesto que para saber acerca de un suceso no debe entenderse algo que uno quiera escuchar por la premura de la atención, sino que lo acaecido ya está ahí para levantarlo en el tiempo y distanciarse cercanamente para empalmar los hechos.
El asunto del tiempo en Cortazar y Kafka está comprendido justamente del juego de posiciones de las diversas historias y personajes, pero, sobre todo, de lo que se quiere mostrar claramente, a saber, la multiplicidad de situaciones y posibilidades de un asunto particular, universalmente puesto ahí para abrir consciencias y liberar el pensamiento determinado y constantemente fijo con un móvil que es la conciencia, pero cortado por la inmovilidad material del espacio que llama y clama por la atención de su amanecer.

Bibliografía:
1.- Bergson, Henri, Obras escogidas, Editorial Aguilar, S.A., Ciudad de México, México, 1963.
2-. Zubiri, Xavier, Cinco lecciones de Filosofía, Alianza Editorial, S.A., en “libro del bolsillo”, Madrid, España, 1992.
3.- Cortazar, Julio, Cuentos completos, Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A., Buenos Aires, Argentina, 1996.
4.- Kafka, Franz, La Condena, Emece Editores, S.A., Buenos Aires, 1952

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3 comentarios - Los cuentos del tiempo de Cortazar y Kafka

@tonyjagger63 Hace más de 4 años



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Saludos.
@BlubuC Hace más de 1 año
muy bueno!
@DANIELXXX Hace más de 1 mes
Gracias!!! me salvaste la tarea