Cronologia Historia Argentina 1851-1861
1851
En Londres se asiste a un acontecimiento extraordinario: La primera Exposición Universal. En Francia, en cambio, hay un golpe de estado, del cual queda como presidente vitalicio Luis Napoleón. Mariette descubre en Egipto el Serapeum; el inglés Longfellow escribe “La leyenda dorada”. Hay otro libro definitivo: “Moby Dick”, de Herman Melville, norteamericano. Y otros menores. “Charlas del lunes”, de Saint-Beuve; “La casa de los siete tejados”, de Hawthorne; y “Amalia”, de Mármol, En París, Labiche consuma una obra maestra de la farándula: “Un sombrero de paja de Italia”.
Aquí, las cosas se ponen feas para Rosas. El decidido marginador de indios, el experto diplomático en el trato con los cónsules extranjeros, el hombre fuerte de dos décadas, comienza a sentir el derrumbe de su imperio. La tormenta la desata un gesto irónico de Urquiza, quien acepta la renuncia formal que Rosas cada año presenta como encargado de las relaciones exteriores de la Federación. La actitud del caudillo entrerriano cae como una bomba en Buenos Aires, y el palacio de Palermo se estremece ante lo insólito. La legislatura bonaerense declara a Urquiza “traidor y loco”.
Pero el caldo de cultivo está maduro: desde meses atrás las provincias de Corrientes y Entre Ríos venían sufriendo nuevas medidas económicas adoptadas por Buenos Aires, y, por otra parte, la nueva alianza concretada con Brasil predecía amplio poder militar para hacer claudicar al caudillo del Río de la Plata. A la lentitud de Rosas en reaccionar sobrevino una inteligente maniobra de Urquiza. Al ya gastado lema de “Mueran los salvajes unitarios”, opuso el esperado “Mueran los enemigos de la organización nacional”, que tuvo inmediato eco. Además, logró que el gobernador Virasoro, de Corrientes, también desconociera a Rosas. Pronto hubo una proclama que no encontró eco en el resto del interior, el que ratificó su adhesión a Buenos Aires. Pero la alianza entre Brasil, Montevideo y Entre Ríos se consolidó, planificándose la pacificación de la Banda Oriental, para después dedicarse a destronar a Rosas. Con 7,000 hombres Urquiza aplasta a Oribe en el Uruguay, y arma entonces su gran ejército, que concentra en Diamante.
Para ese entonces, Buenos Aires ya había vivido un año pleno de acontecimientos de otra índole. Sobre la base de la denominada Camoatí, se funda la Bolsa de Comercio. Se produce también lo que se llamó “El incendio del siglo” al arder la droguería “Del Indio”, siniestro contra el cual se luchó durante dos días y dejó pérdidas asombrosas para 1851. Pero el suceso que tuvo en vilo a los habitantes, fue el robo de la Casa de la Moneda. Fue cometido por un individuo llamado Andrés Villegas, quien se presentó una noche con una orden falsificada por la cual ordenaba al titular de esa institución, Bernabé de Escalada, que diera al portador dos millones de pesos. Pese a la hora - las 9 de la noche - los funcionarios de la Casa de la Moneda dejaron sus sospechas a un lado al ver la firma del Restaurador al pie de la orden. Por lo demás, el tal Villegas se cuidó muy bien de apurar la entrega argumentando que le era necesaria a Rosas para afrontar gastos militares urgentes motivado por la actitud de Urquiza, que avanzaba hacia la ciudad. El hábil sujeto tuvo la serenidad suficiente, con el dinero en sus manos, solicitarle a Escalada que se lo envolvieran especialmente, pues estaba lloviendo. A poco de partir, Escalada envió a Palermo a un mensajero a fin de anunciar, a través de una esquela, que había cumplimentado la entrega del dinero. Sorpresa de Rosas e inmediata investigación. Toda la policía de la ciudad se desparramó hacia los caminos de salida. Muy pronto se lo detuvo “en la posada del globo, en la calle de Mayo” cuando ya tenía su pasaje para embarcarse en el vapor Prince, que debía partir hacia Montevideo. Con dos barras de grillos en sus pies, Villegas fue trasladado a la cárcel del Cabildo y fusilado en el tercer patio, 48 horas.
Poco tiempo antes de que esto ocurriera una sigilosa fragata - La Médicis - entraba al río de la Plata. En su interior tres pasajeros dispuestos a incorporarse al ejército libertador de Urquiza: Sarmiento, Mitre y Aquino. “La República Argentina ha hallado al fin su hombre, su brazo armado”, escribe el apasionado sanjuanino, ya frente al hombre de Entre Ríos, mostraría su primer desaliento. Urquiza no parecía interesado en solicitar el consejo de Sarmiento en cuanto a la campaña. Sin embargo, el autor de “Facundo” no puede con su genio y acepta integrar la expedición como Boletinero (cronista de guerra) del Ejército Grande. La considera misión importante y escribe a propósito de esto: "Soldado con la pluma o con la espada, combato para poder escribir, que escribir es pensar; y escribo como medio y arma de combate, porque escribir es realizar el pensamiento”. La suerte está echada, y Urquiza, en una maniobra militar sin precedentes, mueve a sus 30.000 hombres en busca de la ciudad de Buenos Aires. Son las postrimerías del año 1851, Y en un solo día 5.000 hombres y 10.000 caballos cruzan el Paraná, en una operación que arranca singulares adjetivos de fiesta en Sarmiento.