POR Terri Windling

El destino de los cuentos –nos dice la autora de este artículo— es transformarse en cada nueva generación”. Así ha sucedido con la historia Bella y la Bestia, cuento que ha sufrido más cambios en el tiempo que el propio personaje monstruoso

Bella y la Bestia: la fealdad oculta en la oscuridad

Recientemente vi la versión animada de Disney del cuento de hadas Bella y la Bestia, junto con un amigo mío de cinco años. La película es una delicia visual –la animación es notable, las melodías estilo Broadway son ingeniosas, la bestia es lo suficientemente fea y entrañable, y Belleza es una heroína que lee libros. Como sucede con muchos de los mejores cuentos para niños, mi joven amigo y yo la disfrutamos, aun cuando nos reíamos por motivos diferentes. Sin embargo, la película me perturbó, por las grandes libertades que se tomaron los estudios Disney al cambiar los elementos clásicos de la historia. Esto lleva a preguntarse dónde precisamente se debe trazar la línea entre el uso y abuso de los cuentos de hadas en la incorporación del público moderno al arte. Es una pregunta que concierne sobre todo a aquellos que trabajamos en el campo de las artes míticas, que trabajamos diariamente con los cuentos de hadas, mitos y leyendas de muchas culturas.

Miedo a la vida real
Bella y la Bestia nos proporciona un ejemplo interesante a considerar, pues, mientras que generalmente creemos que es una historia anónima heredada de un pasado lejano, el cuento, de hecho, es una obra literaria creado por la escritora francesa Madame Gabrielle-Suzanne de Villeneuve, en 1740.
De Villeneuve fue parte de la “segunda ola” de escritores de cuentos de hadas franceses (Madame D'Aulnoy, Charles Perrault y otros escritores del cuento de hadas de salón, que incluye la “primera ola” ocurrida 50 años antes). Cuando se sentó a escribir Bella y la Bestia (una novela larga publicada por vez primera vez en La jeune ameriquaine, et les contes marins) fue influenciada por el trabajo de los autores de la “primera ola”, por la historia de Cupido y Psique y por las diferentes leyendas de noviazgos animales que existen en el folclore.
La historia de De Villeneuve es exclusivamente propia; sin embargo, aborda temas de interés para la mujer de su tiempo. El principal de ellos es la crítica a un sistema de matrimonio en el que las mujeres tenían pocos derechos legales: no tenían derecho a elegir su propio marido, a rechazar la cama matrimonial, a controlar sus propios bienes ni a divorciarse. A menudo las novias tenían 14 o 15 años y eran dadas a hombres que incluso les llevaban décadas de edad. Las esposas insatisfechas corrían el riesgo de ser encerradas en instituciones mentales o en conventos distantes. Las mujeres escritoras de cuentos de hadas de los siglos 17 y 18 eran generalmente criticadas por esa práctica, al promover las ideas del amor, la fidelidad y civilidad entre los sexos. Sus cuentos reflejaban las realidades que vivían y sus sueños de tener una mejor forma de vida. Sus historias de noviazgo animal, particularmente, corporizan los miedos de la vida real de aquellas mujeres que podían ser comprometidas a casarse con un perfecto extraño, y que no sabían si se iban a encontrar con una bestia o un amante en el tálamo matrimonial.

Un monstruo genuino

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Bella y la Bestia de De Villeneuve, con más de 100 páginas y dirigida a los lectores adultos, es algo diferente a la versión más corta que hoy conocemos. Al comienzo de la historia, el destino de Bella está en manos de su padre, quien la entrega a la bestia (para salvar su propia vida) y así sella su destino. La Bestia es una criatura verdaderamente feroz, no un alma gentil bajo una piel, una criatura perdida para el mundo humano que había sido suyo por derecho de nacimiento. El énfasis de este cuento es acerca de la transformación de la Bestia, que debe encontrar su camino de regreso a la esfera humana. Es un monstruo genuino, cambiado eventualmente por la civilidad, la magia y el amor, y es sólo entonces que Bella puede amarlo realmente. En esta historia, la transformación final no se produce hasta después de que Bella se casa con la Bestia, despertando en la cama matrimonial para encontrar a su lado a un príncipe humano.
Dieciséis años más tarde, madame Leprince de Beaumont, una mujer francesa que trabajaba como institutriz en Inglaterra, abrevió la historia de De Villeneuve y publicó una nueva versión en una revista para señoritas. Beaumont adaptó la versión para su público, suavizando la imagen sensual y la crítica implícita hacia los matrimonios forzados. También editó mucha de lo que consideró paja innecesaria para culminar con un cuento menos adulto y subversivo, pero también más directo y memorable. En la versión de Leprince de Beaumont (y recuentos posteriores) la historia se convierte en una historia más didáctica.
El énfasis se mueve de la necesidad de la Bestia por la transformación a la necesidad de la heroína por el cambio: ella debe aprender a ver más allá de la apariencia y reconocer al buen hombre en la Bestia. Con este cambio, vemos que la historia se desplaza de la crítica y la rebelión a una de edificación moral, dirigida los lectores más jóvenes, cómo los cuentos de hadas se deslizan lentamente de los salones de lecturas para adultos a las guarderías infantiles. Para el siglo 19, la forma monstruosa de Bestia es sólo una especie de traje que viste y que no representa ningún peligro real o amenaza sexual para Bella en las historias infantiles.

La idea del destino

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A principios del siglo 19, la proliferación de imprentas contribuyó a que la versión de Beaumont de Bella y la Bestia se difundiera ampliamente en libritos de versos y en folletos, a menudo sin el crédito de Beaumont ni el de De Villeneuve. Betsy Hearne, en su estudio fascinante del cuento (Bella y la Bestia, publicado por Chicago University Press en 1989), señala que en este periodo el cuento tomó algunos elementos del siglo 19 ausentes en historias anteriores. En la versión poética de 1843 atribuida a Charles Lamb, así como en las posteriores ediciones victorianas suntuosamente ilustradas, es introducida la idea del destino (una obsesión metafísica de la época). Las acciones de Bella, como ir al castillo de la Bestia en lugar de ir en busca de su padre, no son simplemente atribuibles a su obediencia ciega (de Villeneuve) o al honor (De Beaumont), sino a la aceptación de la heroína del destino predestinado que se encuentra delante de ella.
En el siglo 20, nuevamente la historia se modificó sutilmente. En 1909, el dramaturgo francés Fernand Nozier escribió y produjo una versión para adultos de Bella y la Bestia con un sabor oriental de moda. La entrega de Nozier es humorística, pero debajo de su superficie la obra explora un subtexto claramente sexual, así como la dualidad cuerpo-espíritu. En esta versión, las tres hermanas se encuentran fuertemente atraídas por la bestia. Cuando el beso de Bella lo convierte en un hombre, ella reclama: “Debiste haberme avisado! Aquí estaba herida por un ser excepcional y repentinamente mi novio se convierte en un hombre común, en un joven distinguido!”

Magia y realidad

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Este es un problema que ha plagado a las representaciones más dramáticas del cuento. Bestia es un personaje tan convincente que con frecuencia decepciona cuando retoma su lugar de príncipe. El problema es particularmente notable en la magnífica película de Jean Cocteau Bella y la Bestia (1946), que se mantiene como la mejor representación dramática de la historia jamás contada. Filmada en blanco y negro con una cantidad asombrosa de arte, cuidado y amor, Cocteau creó una obra maestra de arte mítico, mezclando motivos mágicos con elementos poderosos de realismo, logrando una historia de gran vivacidad. Se esforzó en lo que llamó “lo sobrenatural dentro del realismo”, intercalando tomas del castillo encantado de Bestia con gallinas picoteando en el suelo y otras tomas de la vida ordinaria, aterrizando hábilmente el cuento de hadas en el mundo natural
Cocteau hizo la película en Francia después de la Segunda Guerra Mundial, un momento en que los apagones y la escasez de equipo fueron problemas cotidianos y cuando la idea de filmar un cuento de hadas fueron considerados por muchos como algo escandalosamente trivial. Pero Cocteau (a diferencia de muchos cineastas de hoy que trabajan temas de fantasía) evitó la trivialidad mediante un profundo conocimiento de su material original, así como una visión personal intensa y una atención casi fanática por los detalles de iluminación y diseño. Apostó, dijo, “por la línea esculpida de la poesía en lugar de la luz difusa de costumbre y el uso de la bruma para lograr los efectos mágicos”. El filme resultante ha resistido la prueba del tiempo y se ha convertido en un clásico del arte.
Aunque es una película que puede ser vista por los niños, el subtexto es poderosamente adulto. El rechazo nocturno a Bestia por parte de Bella y el lento despertar de la atracción y la sexualidad entre ambos son contrastados con la lucha de Bestia por contener su propia naturaleza animal. Él llega a su puerta, cubierto con la sangre de la caza, y con angustia ella le pide que se vaya. Ésta es una reminiscencia del cuento escandinavo de noviazgo animal East of the Sun, West of the Moon, en el que una joven es vendida por su padre a un gran oso blanco, aunque en el cuento popular escandinavo la sexualidad es mucho más explícita.
El novio animal llega a la cama de su joven esposa todas las noches, al amparo de la oscuridad. Bajo sus manos, ella siente la forma de un joven, no la del enorme oso, aunque tiene prohibido encender una lámpara o ver su cara. En el mito de Cupido y Psique, ésta se casa con una horrible serpiente voladora, que en realidad es Cupido bajo un hechizo. Por la noche, un hombre hace el amor con ella, pero a ella también le está prohibido mirar. Ella rompe ese tabú y es castigada con la pérdida de su marido, al que ahora ya ama. Debe cumplir con una serie de arduas tareas para ganar su regreso. En Bella y la Bestia no hay un tabú equivalente o insistencia en la obediencia. La tarea de Bella es lo contrario: mirar a donde otros no lo harán y percibir al hombre dentro de la bestia. La tarea de Bestia es la paciencia y la recuperación de lo humano dentro de sí mismo.

Ecos de antiguos cuentos

la bella y la bestia

Una película estadounidense para televisión de Bella y la Bestia, filmada en los años setenta y protagonizada por Walter C. Scott como la bestia, falló notablemente al intentar mejorar la propuesta de Cocteau. Robin McKinley estaba tan enfurecida por esta producción que se sentó y escribió su primera novela, Bella. Al igual que Cocteau, McKinley entendió la importancia de vincular la magia y el realismo, y de utilizar una prosa limpia que hiciera eco de los cuentos viejos populares. McKinley alargó el relato en forma de novela sin recargarla con detalles falsos. La autora se tomó algunas libertades con el material original (las hermanas de Bella, por ejemplo, son simpáticas); sin embargo, se mantiene fiel al espíritu del original. Su heroína, a diferencia de la mayoría de versiones, es desgarbada, una joven mujer inteligente cuyo nombre es una ironía gentil. El tiempo de Bella en el castillo de Bestia es particularmente bien empleado y su éxtasis en la biblioteca de Bestia (que contiene las obras del futuro escritas por Browning y Kipling) fue sin duda la inspiración detrás de la historia que inspiró a Bella de la película de Disney. McKinley era muy joven cuando escribió Bella. Veinte años y varias novelas más tarde fue atraída una vez más por la historia, atendiéndola esta vez con la mirada nueva que da la experiencia y la madurez. Luego vendría la novela Rose Daughter, una nueva versión de Bella y la Bestia. Leer ambas novelas lado a lado es una experiencia fascinante, pues son altamente recomendables.

Versiones

Bella y la Bestia: la fealdad oculta en la oscuridad

Angela Carter es otra escritora abocada a explorar Bella y la Bestia. Carter comprendió cómo trabajar con los temas adultos en los cuentos de hadas mejor que cualquier otro autor moderno, y su muerte prematura por cáncer de pulmón fue un duro golpe en el campo del arte mítico. Además de su edición de varias colecciones del folclore, Carter escribió una serie de historias oscuras y góticas basadas en los cuentos de hadas, incluidas en The Bloody Chamber y (póstumamente) en Burning Your Boats.
Elementos de Bella y la Bestia y otros motivos de noviazgo animal son vívidamente abordados en dos de los mejores cuentos de Carter: la conmovedora Courtship of Mr. Lyon y la sensual Tiger´s Bride. En esta última, un padre despilfarrador pierde a su adorable hija en un juego de cartas y la entrega a los brazos a un enmascarado hombre rico, quien la encierra en una mansión en ruinas. Este es un tratamiento subversivo del tema, suave como el terciopelo negro y afilado como una espina. En ambas historias, Carter tiene el cuidado de mantener el carisma de la bestia hasta el final.
“Rusina, Not Quite in Love”, una novela encantadora del escritor italiano Gioia Timpanelli, publicada en Sometimes the Soul, ubica a Bella y la Bestia en Sicilia. Una pintora pobre se casa con un hombre rico, odiosamente feo, para pagar las deudas de su padre... para encontrar el alma principesca oculta por el exterior de la bestia. La novela de Susan Wilson, Beauty, también incluye una pintora en el papel de la heroína. Ambientada en Nueva Inglaterra es una obra interesante, aunque no del todo exitosa.
La obra de Tanith Lee, “Beauty”, publicada en su colección de cuentos de hadas para adultos Red As Blood, ubica a Bella y la Bestia más allá de los bosques encantados y en un futuro lejano. Lee conserva el rosa mágico, el padre díscolo, las dos hermanas y el pretendiente monstruoso que no debe ser rechazado. Pero Bestia en este caso es un ser extraño y el clímax de la historia es tramposo: la transformación se centra en la heroína y sus ideas acerca de sí misma y de su vida. Lee regresa al tema en su oscura y escalofriante historia “Bestia” (publicada en Ruby Slippers, Golden Tears), mezclando a Bella y la Bestia con elementos de Barba Azul y Mr. Fox.
“Skin So Green and Fine” de Wendy Wheeler (publicado en Silver Birch, Blood Moon) es una adaptación inusual de Bella y la Bestia, que incorpora vudú haitiano y posesión espiritual en la historia de la inocente hija de un panadero que está casada con un hombre misterioso y que es llevada a vivir en una plantación aislada de azúcar.
Jane Yolen es una mujer que ha trabajado en temas de los cuentos de hadas durante muchos años como escritora de ficción, académica y editora de colecciones del folclore. La meditación de Yolen sobre Bella y la Bestia se presenta en forma de un poema evocador, “Bella y la Bestia: un aniversario” (publicado por vez primera en The Faery Flag). El poema es desde el punto de vista de Bella, años después de haber acontecido la historia, reflexionando sobre sus años con Bestia y su vida solitaria, sin hijos. El cantante de folk inglés June Tabor ha registrado una bella versión del poema de Yolen en su CD Against the Streams, muy recomendable.
“Beast” por Donna Jo Napoli es una versión hecha a mano de la historia, rica, inusual y maravillosa. Inspirado por la tradición persa de los cuentos de hadas, el héroe de Napoli es un príncipe islámico transformado por una maldición en un león. Huyendo de las tierras de su padre, hace su camino hacia un castillo abandonado en Francia, donde un comerciante, una rosa y una joven valiente llevarán la historia a una conclusión adecuada. La novela se publicó en Young Adult, pero su prosa y la profundidad psicológica la hace recomendable no sólo para los jóvenes adultos.

El límite, la imaginación

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Varias de las versiones ilustradas para niños basadas en la historia de Bella y la Bestia son dignas de interés para los adultos. La mejor de las ediciones clásicas ilustradas incluye las acuarelas de Edmund Dulac, con texto de sir Arthur Quiller-Couch. Publicada originalmente en 1910, esta versión con sabor oriental es tan hermosa que la edición facsímil del libro todavía se pueden encontrar. La versión altamente estilizada de Walter Crane, publicada en 1875, es otra que se reimprime a menudo. De las ediciones modernas, la mejor es la de Mercer y Marianna Mayer, Bella y la Bestia, publicada en 1987. El texto de Marianna Mayer es libre y poderoso, y las ilustraciones de su marido son un deleite visual. Su ilustración climática, de Bella abrazando a la bestia moribunda, rebosa de emociones en bruto y vale por sí misma el precio del libro. Bella y la Bestia de Angela Barrett y Max Eilenberg, publicado en 2006, es también altamente recomendable. Ambientada en el siglo 19, la historia de Eilenberg es inteligente y fresca, mientras que las imágenes de Barrett son exquisitas.
Hay mil maneras a las que uno puede recurrir a los viejos cuentos de hadas para inspirar obras de arte moderno y ficción, como los libros anteriores lo demuestran claramente. Estas formas son limitadas solamente por la imaginación de los propios artistas. Ninguna versión de Bella y la Bestia puede considerarse la “correcta” o “definitiva”, porque, aunque la historia de De Villeneuve y Beaumont no comenzó como un cuento oral, tiene sus raíces en esa tradición. Y es el destino de los cuentos transformarse en cada nueva generación.


Tomado de: The Journal of Mythic Arts.
Traducción y edición: José Luis Durán King

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