Cuentos, Reflexiones Para Pensar, (Amor, Odio, Etc)

Cuentos, Reflexiones Para Pensar, (Amor, Odio, Etc)


CuEnTos...

La indecisión

amor

Lo habían agarrado en flagrante delito de robo, y no existían circunstancias atenuantes que lo justificaran. A pesar de todas sus negativas no pudo evitar que la justicia lo mandara a la muerte.

Cierto, había tratado de mostrarse sereno y había logrado impresionar a sus mismos jueces. Todavía le quedaba un poco de humor, y decidió jugarse hasta la última carta. Trataría al menos de ganar tiempo, para vivir un rato más.

Cuando le leyeron la sentencia que lo condenaba a la horca, la escuchó con calma, y concluyó la sesión preguntado si tendría la oportunidad de expresar su último deseo. Era imposible que se lo negasen. Y así fue. Se lo concedieron, antes aún de averiguar de que se trataba.

-Quisiera — dijo — ser yo mismo quien elija el árbol en cuya rama tendré que ser ajusticiado.

Aunque la petición pareció a los jueces un tanto romántica para lo dramático de las circunstancias, no hubo inconvenientes en concedérsela. Le designaron un piquete de cuatro guardias para que lo acompañaran en el recorrido por el bosquecito de las afueras de aquella vieja ciudad medieval, en la que este suceso se desarrollaba conforme a las costumbres y procederes de la época.

Más de tres horas duró la caminata, que impacientó a todos, menos al interesado, que gastaba su tiempo desaprensivamente observando con superioridad e ironía cada árbol y cada gajo que podría ser su último punto de apoyo sobre esta tierra de la que se despediría en breve. Los miraba y estudiaba minuciosamente, para desecharlos luego casi con desprecio. No sería una miserable planta con tantos defectos la que tendría el honor de cargar con su partida. De esta manera fue pasando de árbol en árbol, hasta que hubo inspeccionado todos los posibles.

De nuevo ante el juez, expresó así sus conclusiones:

-¡Señor juez! ¿Quiere que le diga la verdad? No hay ninguno que me convenza.

Murió lo mismo. Y sin haber elegido.

Tengo dos amigos. Uno de ellos ha llegado a la convicción de que debería consagrar su vida a Dios. Pero todavía no ha encontrado ninguna congregación que lo convenza. El otro cree en el amor. Pero no cree en las mujeres.


Me temo que los dos van a morir sin haber elegido


UN CUENTO DE AMOR

cuentos


Se trata de dos hermosos jóvenes que se pusieron de novios cuando ella tenía trece y él dieciocho. Vivían en un pueblito de leñadores situado al lado de una montaña. Él era alto, esbelto y musculoso, dado que había aprendido a ser leñador desde la infancia. Ella era rubia, de pelo muy largo, tanto que le llegaba hasta la cintura; tenía los ojos celestes, hermosos y maravillosos..
La historia cuenta que habían noviado con la complicidad de todo el pueblo. Hasta que un día, cuando ella tuvo dieciocho y él veintitrés, el pueblo entero se puso de acuerdo para ayudar a que ambos se casaran.
Les regalaron una cabaña, con una parcela de árboles para que él pudiera trabajar como leñador. Después de casarse se fueron a vivir allí para la alegría de todos, de ellos, de su familia y del pueblo, que tanto había ayudado en esa relación.
Y vivieron allí durante todos los días de un invierno, un verano, una primavera y un otoño, disfrutando mucho de estar juntos. Cuando el día del primer aniversario se acercaba, ella sintió que debía hacer algo para demostrarle a él su profundo amor. Pensó hacerle un regalo que significara esto. Un hacha nueva relacionaría todo con el trabajo; un pulóver tejido tampoco la convencía, pues ya le había tejido pulóveres en otras oportunidades; una comida no era suficiente agasajo...
Decidió bajar al pueblo para ver qué podía encontrar allí y empezó a caminar por las calles. Sin embargo, por mucho que caminara no encontraba nada que fuera tan importante y que ella pudiera comprar con las monedas que, semanas antes, había ido guardando de los vueltos de las compras pensando que se acercaba la fecha del aniversario.
Al pasar por una joyería, la única del pueblo, vio una hermosa cadena de oro expuesta en la vidriera. Entonces recordó que había un solo objeto material que él adoraba verdaderamente, que él consideraba valioso. Se trataba de un reloj de oro que su abuelo le había regalado antes de morir. Desde chico, él guardaba ese reloj en un estuche de gamuza, que dejaba siempre al lado de su cama. Todas las noches abría la mesita de luz, sacaba del sobre de gamuza aquel reloj, lo lustraba, le daba un poquito de cuerda, se quedaba escuchándolo hasta que la cuerda se terminaba, lo volvía a lustrar, lo acariciaba un rato y lo guardaba nuevamente en el estuche.
Ella pensó: "Que maravilloso regalo sería esta cadena de oro para aquel reloj." Entró a preguntar cuánto valía y, ante la respuesta, una angustia la tomó por sorpresa. Era mucho más dinero del que ella había imaginado, mucho más de lo que ella había podido juntar. Hubiera tenido que esperar tres aniversarios más para poder comprárselo. Pero ella no podía esperar tanto.
Salió del pueblo un poco triste, pensando qué hacer para conseguir el dinero necesario para esto. Entonces pensó en trabajar, pero no sabía cómo; y pensó y pensó, hasta que, al pasar por la única peluquería del pueblo, se encontró con un cartel que decía: "Se compra pelo natural". Y como ella tenía ese pelo rubio, que no se había cortado desde que tenía diez años, no tardó en entrar a preguntar.
El dinero que le ofrecían alcanzaba para comprar la cadena de oro y todavía sobraba para una caja donde guardar la cadena y el reloj. No dudó. Le dijo a la peluquera:
- Si dentro de tres días regreso para venderle mi pelo, ¿usted me lo compraría?
- Seguro - fue la respuesta.
- Entonces en tres días estaré aquí.
Regresó a la joyería, dejó reservada la cadena y volvió a su casa. No dijo nada.
El día del aniversario, ellos dos se abrazaron un poquito más fuerte que de costumbre. Luego, él se fue a trabajar y ella bajó al pueblo.
Se hizo cortar el pelo bien corto y, luego de tomar el dinero, se dirigió a la joyería. Compró allí la cadena de oro y la caja de madera. Cuando llegó a su casa, cocinó y esperó que se hiciera la tarde, momento en que él solía regresar.
A diferencia de otras veces, que iluminaba la casa cuando él llegaba, esta vez ella bajó las luces, puso sólo dos velas y se colocó un pañuelo en la cabeza. Porque él también amaba su pelo y ella no quería que él se diera cuenta de que se lo había cortado. Ya habría tiempo después para explicárselo.
Él llegó. Se abrazaron muy fuerte y se dijeron lo mucho que se querían. Entonces, ella sacó de debajo de la mesa la caja de madera que contenía la cadena de oro para el reloj. Y él fue hasta el ropero y extrajo de allí una caja muy grande que le había traído mientras ella no estaba. La caja contenía dos enormes peinetones que él había comprado... vendiendo el reloj de oro del abuelo.


“Si ustedes creen que el amor es sacrificio, por favor, no se olviden de esta historia. El amor no está en nosotros para sacrificarse por el otro, sino para disfrutar de su existencia.”



Helado para el Alma

reflexiones

La semana pasada llevé a mis niños a un restaurante. Mi hijo de 6 años de edad preguntó si podía dar las gracias. Cuando inclinamos nuestras cabezas el dijo: "Dios es bueno, Dios es grande. Gracias por los alimentos, yo estaría aún más agradecido si Mamá nos diese helado para el postre. Libertad y Justicia para todos. Amén"

Junto con las risas de los clientes que estaban cerca, escuché a una señora comentar: "Eso es lo que está mal en este país, los niños de hoy en día no saben como orar, pedir a Dios helado... ¡Nunca había escuchado esto antes!" Al oír esto, mi hijo empezó a llorar y me preguntó: "¿Lo hice mal? ¿Está enojado Dios conmigo?

Sostuve a mi hijo y le dije que había hecho un estupendo trabajo y Dios seguramente no estaría enojado con él.

Un señor de edad se aproximó a la mesa. Guiñó su ojo a mi hijo y le dijo: "Llegué a saber que Dios pensó que aquella fue una excelente oración".

¿En serio? - Preguntó mi hijo. - ¡Por supuesto! Luego en un susurro dramático añadió, indicando a la mujer cuyo comentario había iniciado aquel asunto: "Muy mal, ella nunca pidió helado a Dios. Un poco de helado, a veces es muy bueno para el alma".

Como era de esperar, compré a mis niños helado al final de la comida. Mi hijo se quedó mirando fijamente el suyo por un momento y luego hizo algo que nunca olvidaré por el resto de mi vida. Tomó su helado y sin decir una sola palabra avanzó hasta ponerlo frente a la señora. Con una gran sonrisa le dijo:
"Tómelo, es para usted. El helado es bueno para el alma y mi alma ya está bien".


Mi única noche con vida

Era una noche con gran talento aburrido, una noche donde los suspiros de los muertos eran espectáculos de remordimiento y pudor. Cada vez que la recuerdo no puedo pensar en nada más, sólo en que ocurrió y no volverá jamás. Que tristeza, que presidio, una noche donde nada puede ser repetido, solamente los recuerdos que cada día recuerdo, respiro a respiro... No fue tan horrorosa, porque sino no me gustaría, es horrorosa porque no se volverá a repetir algún día. El tiempo sigue pasando mientras yo sigo hablando y ni cuenta me estoy dando de que me muero, me muero y nadie me está ayudando. Calamida me hubiera ayudado, porque nunca me dejó de ayudar en ningún momento; siempre fue la misma rosa que conocí en el jardín, donde de casualidad buscaba una rosa olorosa, la cual en una semana parecía una podrida pomarrosa. ¡A donde te me fuiste Calamida! Como tuviste el valor y la valentía de dejarme solo todas estas noches. Donde solo sueño pesadillas y cuando despierto no sé si es la realidad o si desperté para meterme en otra pesadilla, por la cual me confunde y me pervierte la vida. Siempre me tuviste, siempre me quisiste, Calamida, porque te haz ido, y me haz dejado solo con el dolor de esta vida. Muchas veces me tocaste, al oído me hablaste, conmigo soñaste, pero nunca un beso en mis labios rozaste. Porque sin explicarme, Calamida, te convertiste en pez y te fuiste de este mundo sin aviso ninguno, dejándome solo como un vagabundo terrenal perdiendo dedos en raíces de suelos profundos. Nunca te lo dije, pero siempre te quise sin amarte en realidad. Hace años que se me gastaron de los ojos las lágrimas, por nacer, por sentirme como me sentí desde que nací. Desde que pude saber que tenia ya la capacidad para pensar, pensé.

Pensé en que podía pensar y en porque podía pensar. Sin darme cuenta comencé a pensar desde que era muy pequeño, sentado estaba, nunca lo olvido y lo recuerdo. Al instante no pude saber que no tenía padre y que no tenía madre, sino que era un pobre huerfanito desgraciado. Sentado en la esquina más asquerosa de ese pueblo, una esquina olorosa a perro muerto. Sin duda de ser tan bruto, comencé a caminar, y sentir que por el viento me dejaba llevar. Además sentía las flores en mis axilas como insectos en mis piernitas. Sin darme cuenta caminaba sobre un mar de naturaleza, por la cual mi fortaleza se fortalecía cada minuto más y más. En ocasión desprevenida mire a la izquierda y me di cuenta de que estaba en la cima de una palomita, con un miedo instantáneo me arrojé al vacío, despertándome y dándome cuenta cinco años después que empecé a pensar en mis propios sueños.

Esos son los únicos recuerdos de mis sueños que con defectos los recuerdo. Cuando tuve que empezar a pensar de verdad y enfrentarme a esta vida, fue después de que me enteré que estaba vivo de milagro por un grave accidente de carro que pasé con el único familiar que me quedaba (ósea estaba muerto) y que además había perdido la mayor parte de la memoria.

Cuando salí del hospital, pasó uno de los momentos más felices de mi vida (para no decir, el único). Me he encontrado con la única mujer y doctora que recuerdo haber tenido en la vida. Flaca, talentosa y muy hermosa. Su nombre era Calamida, lo digo de nuevo y lo diré por siempre, como cielos de noches y truenos de día. Definitivamente desde que nos miramos supe que era amor a primera vista, al igual que las almas gemelas que se unen vida por vida. Seguíamos caminando sin dejar de mirarnos, hasta que de pronto chocamos y yo he caído de nalgas al suelo cuando tropecé con sus abundantes senos. Ella con cara de enamorada y disculpas me ayudo a levantarme; diciéndome perdón e invitándome a cenar. Me llevó a comer al mejor restauran cercano que había en el área. Después de que nos sentamos, le conté lo que recordaba de mí y lo que me había sucedido. A ella, se le salió una lagrima al escuchar mis penas; yo con una lagrima comenzando a ser victima de la gravedad, le pregunté- ¿Por qué lloras? Ella me contesta- Porque no tuve la suerte de haberte encontrado antes. Por par de segundos me quedé en blanco y con una sola respuesta que decía- Porque la suerte nos toco ahora, en el presente. Terminamos de comer, después de oír su voz contenida de muchos detalles los cuales me hacían recordar cosas que mi mente rechazaba. Recordando; llegue a la conclusión de decirle a esa hermosa dama que yo no le convenía, porque lo único que le voy a dar por naturaleza son complicaciones. Ella con optimismo me contestó- no te preocupes que a mi lado las complicaciones para ti, no existen.

Desde ese momento supe que cada detalle del pasado es un futuro relacionado, porque cuando dijo- para ti, no existen. Me di de cuenta al otro día después de esa noche, que era la pura verdad, solo para mí las complicaciones no existen, sino para los que me rodean. Todavía no me cabe completamente en la mente porque la vida la tiene contra mí en cada aspecto. ¡Porque!..

Salimos del área por la que caminábamos, alejándonos de la gente para que tuviéramos más privacidad y apoderarnos de un ambiente más romántico. De pronto veo una cafetería con maquina de mantecados y le ofrecí a Calamida con el único dinero que tenía. Ella me contesto- sí, pero no te acostumbres (riéndose). Fui a realizar lo dicho, que par de minutos después me di de cuenta que fue lo peor que pude haber hecho. Cuando iba caminando a distancia de manera que ya no la escuchaba. Un muchacho llamado Mateo, del cual ella me había hablado porque se puso muy extraño cuando le dio la noticia de que su perra había muerto por un derrame cerebrar. Dejándome llevar por lo que dijo Mateo en hipnosis después de ser atrapado. Cuando él la vio quiso besarla a la fuerza, al ser imposible para Mateo lo que deseaba, le espeta un puñal en la espina dorsal, la cual deja a Calamida paralítica al instante. Mateo con mucha confusión por lo ocurrido, la tira al lago que había bajo el puentecito donde ella me esperaba. Al Calamida caer de cantazo en el lago Mateo escapa, mientras Calamida gritaba mi nombre (lo más seguro), ya que se estaba ahogando indeseadamente. Mientras yo con mucha calma comprando los mantecados y a la vez pensando cuales serían mis próximas palabras hacia Calamida, seguí caminando hacia donde estábamos. Cuando me doy cuenta de que no estaba mi dama, pensé que se había escondido, pero cuando miré, observé y llegué, me preocupe. De momento escucho unas burbujas que salían de abajo y miré de donde salían con perplejidad al enterarme que la mano que veía sumergiéndose poco a poco era la de Calamida. Con electricidad interna e inexplicable sobre mi cuerpo me arrojé al lago buscando como un buzo trastornado. La encontré, poniéndola en la orilla y buscando ayuda. A la larga no pude salvarla. Lloré como si nunca fuera a terminar de soltar lagrimas y al mismo tiempo pensé- porque no fui yo el que me desaparecí de su lado. Después de enterarme de todo cuando atraparon a Mateo, el grandioso hijo de puta; me fui a pensar; a hacer el único talento y don que tenía, pensar a solas, acompañando a los muertos, a la naturaleza, al único amor que tuve y nunca amé, Calamida. Todo lo bueno que recuerdo de mi vida, fue solo una noche. Una noche por la cual lloro, una noche por la cual vivo, una noche por la cual muero si alguna vez se vuelve a repetir.




top


Reflecciones


EL VALOR DE LA AMISTAD.

Odio

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: "¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? ¡Debe ser un "traga"!
Yo ya tenía planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido
de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.
Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él,
cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo. Vi que sus anteojos volaron y cayeron en el pasto como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus anteojos. Vi lágrimas en sus ojos. Le acerqué a sus manos sus anteojos y le dije, "¡esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto!".
Me miró y me dijo: "¡Hola, gracias!" Había una gran sonrisa en su
cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud. Lo ayudé con sus libros.
Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.
Caminamos hasta casa. Lo ayudé con sus libros; parecía un buen chico.
Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado, conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos.
Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme
pila de libros de nuevo. Me paré y le dije: "Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días". Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.
Durante los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la universidad de Georgetown y yo iría a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.
Kyle fue el orador de nuestra generación. Yo lo cargaba todo el
tiempo diciendo que era un "traga". Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso. Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era uno de esas personas que realmente se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos y se veía bien con sus anteojos. ¡Tenía más citas con chicas que
yo y todas lo adoraban! ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía
celoso...
Hoy era uno de esos días.
Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que, le di una
palmadita en la espalda y le dije: "Vas a ver que estarás genial, amigo".
Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió.
"Gracias" me dijo.
Limpió su garganta y comenzó su discurso: "La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos.
Yo estoy aquí para decirles a ustedes, que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir, y a propósito, les voy a contar una historia.
Yo miraba a mi amigo incrédulo, cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse.
Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros
con él; para que su mamá no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela.
Me miraba fijamente y me sonreía. "Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable". Yo escuchaba con asombro cómo este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad.
Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud.
Recién en ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras: "Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros, para impactarlos de alguna manera. Mira a Dios en los demás".
Ahora tienes dos opciones:


"Los amigos son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar cómo volar"


El Serrucho

Siempre fue débil y tembloroso. Ahora, con sus catorce años, su aspecto blanquecino y su contextura casi ridícula por lo blanda y desgarbada, empezaba a despertarle algún sentimiento extraño hacia sí mismo. No tenía amigos, es verdad, pero en el colegio veía y lo veían, y a menudo era objeto de burlas por compañeros de su edad, con espaldas anchas y barbas incipientes que eran contundente testimonio de virilidad.

Fue encogiéndose cada vez más. Su miedo no aumentó ni disminuyó: era en él casi connatural y solamente se encogía y temblaba con él.

Las primeras noticias del monstruo del serrucho lo tomaron casi sin sorpresa: sus compañeros de curso los tenían acostumbrados a todo. Inventaban cualquier excusa para hacer gala de valentía y poner en evidencia el temor de las muchachas (también el suyo, lamentablemente y para mayor alborozo de los graciosos mastodontes). Ellos seguramente estaban detrás de todo esto. ¿Por qué esos muchachones fuertes y seguros, triunfadores en todo, le dolían tanto? Un día comprendió que le recordaban a su padre. Nunca lo había notado antes, tal vez porque antes eran aún niños y ahora, con una estatura mayor, una voz más grave y esa actitud prepotente que nunca comprendió en su padre, la asociación se le hacía transparente, casi inevitable. ¿Por qué su padre lo habría despreciado siempre? Era él el menor de cuatro hermanos, pero él era el único varón. Cierto día se enteró, sin querer, que su padre sólo esperaba ‘el machito’. Absurdamente se sintió feliz: él había sido esperado especialmente por su padre. Luego, fue descubriendo que su padre no lo trataba como él hubiera creído y querido. Un día le dijo: “marica, más me hubiera valido otra hembra a semejante marica...” Allí comprendió: él era la decepción final. Cuando el varón tan esperado llegó, no era lo que su padre hubiera querido. ¡Qué feliz sería su padre si su hijo fuera como sus compañeros de curso!. Eso lo llenaba de una rara melancolía que a veces derivaba en rabia. Al recordar esto, volvía a dejarse llevar por sus angustias secretas vividas por años en el Colegio.

Lo peor eran los recreos: allí todo estaba a disposición para las destrezas, las bromas pesadas, la sutil competencia varonil ante las chicas del curso, que lo miraban a veces con lástima, otras con algún sentimiento que él no sabía o prefería no definir... Allí también, en los recreos, las bromas sobre el monstruo del serrucho daban pie para poner en evidencia su fragilidad, su desmembrada arquitectura corporal, su poquedad...

Un día ocurrió algo que cambió su intuición primera: Daniel, el ‘patrón’ del curso, llegó desencajado. Contó que el monstruo del serrucho lo había atacado. ¿Una chanza de Daniel? Parecía que no, porque no bromeó con ello en ningún momento. A partir de ese día, una obsesión anidó en su débil cerebro y ya no se movió de allí: él descubriría al monstruo. ¿Una patriada personal para demostrarse a sí mismo y a los demás que no era tan timorato como parecía? ¿Un modo de ‘escapar para adelante’, ya que el monstruo había comenzado a llenarlo de un temor extraño que proyectaba su sombra hacia las noches, y que robaba su sueño o lo llenaba de extrañas imágenes?

No se detuvo a investigar los motivos. Una extraña vitalidad corría ahora por sus venas con un ardor frío. Comenzó a informarse más. Ya eran muchos los que lo habían visto. En general, no le daban tanta importancia (al menos, no le daban tanta importancia como él le daba, o como él hubiera deseado, en fin: algo sufría en él cuando comprendía que no le daban al monstruo tanta importancia. Claro, cuando él lo descubriera, su triunfo sería mayor, su reivindicación social sería mayor cuanto mayor fuere el temor con que el monstruo tenía a todos acobardados). Supo que usaba una careta grotesca, que en la oscuridad aparecía como de leopardo, según algunos, como de un pobre diablo, según otros.

Desde que había decidido descubrirlo, sus antenas registraban todos los detalles y sus manos anotaban todo en un pequeño cuaderno que no mostraba a nadie.

Fue elaborando hipótesis que luego descartaba. Así pasaron por su mente sus compañeros de curso casi uno por uno. Menos Luis, casi tan infeliz como él mismo, y Raúl que tenía una extraña nobleza y nunca lo había mortificado directamente. Bueno, claro, sí indirectamente, porque Raúl era un ‘ganador’ en todo, y su misma presencia lo mortificaba... Pero eso era otra cosa. Él sabía distinguir. No, Raúl y Luis no. Menos aún cuando precisamente Raúl sufrió un ataque a manos del monstruo. Raúl tenía un rostro hermoso y varonil a la vez. A pesar de que solamente pudieron verlo luego de varios días, cuando ya la herida cicatrizaba, todos, pero especialmente las muchachas, se llenaron de espanto. Podría decirse que casi le abrió la cara en dos. Su mejilla fue ‘rehecha’ a duras penas y sin mucho éxito: ya nunca volvería a ser el mismo.

Un día sintió que se estremecía: ¡su padre! ¿No tenía acaso su padre una herrería al fondo, donde nunca lo dejó entrar, porque ese lugar era “para hombres y no para maricas”? ¿Y no andaba el monstruo con un serrucho? Él mismo había visto cómo su padre reía y parecía disfrutar de todo lo perverso. Cuando le contaban cosas del monstruo parecía feliz. Era como si lo mirara a él. Sí: él sentía que su padre lo miraba como diciéndole: “marica, ¿tenés miedo? ¿No ves que esto es cosa de hombres?” Empezó a observar a su padre. Un extraño placer lo atormentaba pensando en ser precisamente él quien lo desenmascarara... ¿Por qué su padre salía siempre de noche? ¿Por qué ni siquiera su madre sabía dónde iba? ¿Por qué tantas veces, cuando volvía, oía llorar a su madre y hasta oyó varias veces que su padre la golpeaba? Claro, él nunca la defendió: se acurrucaba en un rincón de su camita y allí se quedaba. Ni siquiera lloraba, por temor a despertar contra él el enojo de su padre. Pero ¡claro!: ¿cómo no lo comprendió antes? Su madre conocía el secreto de su padre y por eso él le pegaba, para que callara. Por eso su madre no reía cuando contaban las andanzas del monstruo...

Desde que comprendió la verdad, la obsesión pareció ceder a otro sentimiento que nunca pudo definir. Era como un temor febril y un placer morboso. Observaba a su padre en todo momento. Sus gestos, sus fanfarronadas (que ahora le dolían menos que antes: él no era menos ya que conocía su secreto), sus movimientos, sus salidas.

Una noche soñó con el monstruo. Fue un sueño torpe, que parecía no tener relación directa con lo que había oído sobre el monstruo. Fueron imágenes confusas y de repente, el monstruo reía y él sentía que ya no podía huir de él. Estaba en sus manos y lo cortaba pero no con un serrucho: era algo así como una sierra de carnicería. Él veía con horror que su cuerpo era rebanado en rodajas gruesas, transversalmente, pero no sentía dolor ni se moría, solamente miraba impotente entre las manos poderosas. Allí lo vio con mayor claridad aún: eran las manos de su padre, era su indiferencia y su desprecio. Era él... Un grito sordo y largo hizo desvanecer las imágenes del sueño y se despertó oyendo, casi como un eco de la memoria, su propio grito... El sudor lo bañaba íntegro. La certeza, como un acero helado, abría su mente y se instalaba en el centro de su ser...

Aquella mañana de octubre, varios días después de aquel sueño revelador, sintió que su cuerpo se hacía trizas: su padre había sido encontrado descuartizado en un baldío. Era obra del monstruo, nadie lo dudaba.

Si el monstruo había asesinado a su padre, entonces el monstruo no era su padre... Sintió miedo. Por primera vez sintió miedo y decidió no seguir investigando.

No lloró por su padre, pero tampoco sintió alivio. No sabía lo que sentía. No sabía si aún sentía.

Esa misma noche, mientras en la habitación grande de la casa velaban a su padre, salió al patio. Allí, como en un extraño pacto consigo mismo, decidió renunciar a descubrir al monstruo.


En un rincón del patio, detrás de la herrería, quemó el cuaderno donde había anotado todos los detalles que iba ávidamente acopiando sobre el monstruo. En el aljibe profundo y abierto, rompiendo la paz de las estrellas que se ocultaban en el fondo, arrojó la máscara y el serrucho.


Solo con el Tiempo.....

pensar

SALUDOS.... Con el tiempo...te das cuenta que casarse
solo porque "ya me urge" es una clara advertencia de
que tu matrimonio sera un fracaso.

Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de
amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte,
puede
brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de
esa persona solo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabaras no deseando volver a verla.

Con el tiempo te das cuenta de que los amigos
verdaderos valen mucho mas que cualquier cantidad de
dinero.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son
contados, y que el que no lucha por ellos tarde o
temprano se vera rodeado solo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un
momento de ira pueden seguir lastimando a quien
heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo
hace, pero perdonar es solo de almas grandes...

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo
duramente, muy probablemente la amistad jamas volver
a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con
tus amigos, algún día lloraras por aquellos que
dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia
vivida con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o
desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá
las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al
cuadrado.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos
en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado
incierto para hacer planes.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o
forzarlas a que pasen ocasionara que al final no sean
como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo
mejor no era el futuro, sino el momento que estabas
viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo veras que aunque seas feliz con los que
están a tu lado, añoraras terriblemente a los que ayer
estaban contigo y ahora se han marchado.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir
perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que
necesitas, decir que quieres ser amigo.... ante una
tumba..., ya no tiene ningún sentido...

Pero desafortunadamente....SOLO CON EL TIEMPO....

Y como aun es tiempo... mando muchisimos saludos a
todos.. para los que ya no estamos juntos, por todos
los momentos buenos y malos que nos toco vivir.. y a
todos con los que ahora estoy pasando momentos
geniales..



¡¡¡ Nunca te detengas !!!

Post

Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío.
Mientras estés vivo, siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
Sigue, aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota.
Cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa el bastón.
Pero
¡¡¡ nunca te detengas !!!


joda

Un Verso....

'Si amas a alguien, déjalo ir; si vuelve, es tuyo, si no, nunca lo fue''

De todo

Versión pesimista: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si como era de esperarse, no vuelve, nunca fue tuyo''.

Versión optimista: ''Si amas a alguien, déjalo ir y no te preocupes, que seguramente volverá''.

Versión del desconfiado: ''Si amas a alguien, déjalo ir y, si acaso vuelve, pregúntale por qué volvió''.

Versión del impaciente: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si no vuelve en las próximas dos horas, llama a la Policía''.

Versión del paciente: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si no vuelve, ponte cómodo y sigue esperando hasta la eternidad, que algún día
volverá''.

Versión del juguetón: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si vuelve y todavía lo amas, déjalo ir otra vez; y así sucesivamente''.

Versión del vengativo: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si no vuelve, sal a buscarlo y pégale un tiro''.

Versión del abogado: ''Si amas a alguien, déjalo ir y busca en el Código Civil la parte que habla del abandono de hogar porparte de un
cónyuge''.

Versión del estadístico: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si el te quiere, las probabilidades que vuelva son de un 86.5 por ciento;si no te
quiere, tus relaciones con él caen en el campo de lo improbable, con un margen de error de un 3 por ciento''.

Versión del posesivo: ''Si amas a alguien, no lo dejes ir''.

Versión del psicoanalista: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si vuelve es porque su ego es muy dominante; si no se quiere ir, debe estar
loco''.

Versión del sonámbulo: ''Si amas a alguien, dejalo ir; si vuelve, es una pesadilla; si no vuelve, debes estar soñando''.

Versión del mercadólogo: ''Si amas a alguien, déjalo ir; si vuelve, es una pesona leal a su marca; si no vuelve, es hora de hacer un
re-lanzamiento en un nuevo mercado''.

na
Cuentos, Reflexiones Para Pensar, (Amor, Odio, Etc)

3 comentarios - Cuentos, Reflexiones Para Pensar, (Amor, Odio, Etc)

@JULIO89750
TOMA 10+ ! Y RECO PARA QUE SEA TOP
@jimennnnnn
un cuento de amor y odio ala ves pero de 60 palabras con el autor